A propósito de “Californication”: diálogo psicoanalítico con una serie de tv






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fecha de publicación06.07.2015
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Trabajo para el seminario Cine y Psicoanálisis

Doctoranda: Susana Martínez
A propósito de “Californication”: diálogo psicoanalítico con una serie de TV

Introducción
En este trabajo pretendo reflexionar en torno a las características disfuncionales que adquiere la sexualidad en algunos pacientes que acuden a la consulta psicoanalítica actual. Sus relatos desplegados en el diván parecen quedar muy bien representados por las peripecias vividas por Hank Moody, personaje central de la serie televisiva Californication. Emitida por la productora estadounidense Showtime, se encuentra protagonizada por David Duchovny, actor que alcanzara la fama personificando al agente Molder del FBI en la también serie y luego película, Los archivos X. Se trata de una serie producida por el propio D. Duchovny junto a Stefhan Hopkin y el creador del guión, Tom Kapinos. Su primera emisión se remonta a 2007 estando actualmente en pantallas su sexta temporada. Se han emitido casi cincuenta episodios de aproximadamente treinta minutos de duración cada uno. Intentaré cierto nivel de articulación entre los avatares de los protagonistas principales de la serie, alguna viñeta clínica, así como con algunos conceptos psicoanalíticos.
¿“Apocalípticos” o “integrados”? : un diálogo posible entre la TV y el psicoanalisis
Me permito aquí una digresión que me apartará por algunos párrafos de la temática central que pretendo abordar, dedicándole unas líneas para introducir algún eje de análisis en relación al rol social cumplido por este tipo de productos televisivos que son las series. No se trata obviamente de productos con un nuevo formato, porque desde que aquella voluminosa caja de madera con perillas ruidosas y contundentes se instalara en las salas de los hogares ofreciendo sus imágenes en las gamas del gris, las series junto a su pariente pobre, las telenovelas, han ocupado por horas su pantalla, capturando la atención y devoción de millones de televidentes. Es así que hemos crecido con Bonanza, Combate, Hawaii 5.0, Misión Imposible, El zorro y un muy largo etcétera. Aquel artefacto mezcla de mueble con electrodoméstico ha devenido, tecnología mediante, en un sutil dispositivo electrónico que apenas sobresale de la pared, ofreciéndose ahora a la vista casi como una pintura de vistosos colores, ocultando pudorosamente controles y comandos. Se ha tornado real la “televisión mural” descrita por Ray Bradbury (1967) en aquella estupenda novela de ciencia ficción Fahrenheit 451, cuyo personaje central, Montag, era un bombero perteneciente a un cuartel que paradójicamente se dedicaba a provocar incendios, no a apagarlos, con la finalidad de destruir cualquier biblioteca o libro que fuera encontrado. Se habían convertido en objetos prohibidos por las autoridades dado que inducían a actividades de pensamiento condenando irremediablemente a los ciudadanos a la infelicidad. Las personas vivían en casas cuyas paredes enteras eran pantallas de TV (“televisión mural”) e introducían en sus oídos “radios auriculares”, permaneciendo inmersas en una especie de reality show permanente. Es imposible sustraerse a cierto estremecimiento frente a la relectura de esta novela de la década del sesenta, puesto que si hubiera sido escrita en la actualidad podría ser discutible su pertenencia al género de la ciencia ficción.
Hoy por hoy, desde esa superficie cada vez más plana, que paradójicamente ofrece la posibilidad de tridimensionalidad si tenemos tecnología 3D, seguimos siendo capturados por series y telenovelas. Sólo que aquellos argumentos de antaño desarrollados en las series más clásicas se nos aparecen ahora más ingenuos, simples y lineales. La línea divisoria entre los buenos, los malos, los sanos, los enfermos, los virtuosos, los inmorales, etc. aparece desdibujada y los personajes son complejos e intrincados en muchos de los productos actuales. Entonces la figura del médico abnegado de antaño, ejemplo de vida a seguir se ha convertido en un adicto, manipulador y sarcástico Dr. House. Un asesino serial como Dexter trabaja junto a la policía para ayudar a esclarecer crímenes y en cada episodio de la Ley y el Orden asistimos a una peligrosa implicancia emocional de los protagonistas en los sucesivos casos a los que se enfrentan. La familia clásica que persigue el progreso siguiendo una línea abnegada de virtud, que bien podría estar representada por la Familia Ingalls, fue sustituida por unos dibujos amarillos llamados Los Simpsons. También aquí correspondería agregar un largo etcétera, dentro del cual naturalmente cabe la serie Californication que será analizada más adelante.
En este mundo globalizado en que estamos inmersos, donde una de sus características es la facilidad y la velocidad con que accedemos a informaciones múltiples, parciales, contradictorias, confiables y falaces, se corre el riesgo de quedar sumergido en un caos que conspira contra un posicionamiento crítico y reflexivo. Este desarrollo vertiginoso y exponencial de los conocimientos y la tecnología, reviste los saberes contemporáneos con un manto de fugacidad tal que lo que se comprobó hoy, seguramente resulte caduco mañana.
La banalización de problemáticas complejas a la que nos tienen acostumbrados los medios masivos de comunicación actúa en contra de una apropiación creativa de la información. Basta recordar los variados programas de televisión acerca de los más diversos cuadros psicopatológicos, de intervenciones mágicas que controlan síntomas y alivian sufrimientos, los cientos de manuales de autoayuda con sus consabidas recetas para la acción rápida y eficaz junto a esa oferta violenta e intrusiva, prácticamente infinita de internet. Vivimos tiempos de vértigo, consumo y descarte, del “Fast food”. Sorprende entonces que en estos tiempos llamados posmodernos por algunos o de “modernidad líquida” según terminología acuñada por Zygmunt Bauman (2000) que toma las características físicas de la sustancia, en especial de los fluidos y las utiliza como metáfora explicativa del acontecer actual. Tiempo y espacio mutan, la instantaneidad y la virtualidad del espacio sin espacio (piénsese en Internet) atentan contra el estatuto de lo sólido como algo permanente y poco modificable. Tiempos de caídas de bloques ideológicos y de grandes paradigmas. Aún así, algunos de estos productos televisivos se han mantenido por años, incluso décadas como es el caso de Los Simpson. También se han rescatado viejos personajes de comics que han sido catapultados a la pantalla grande con éxitos arrolladores de taquilla. Claro que también han mutado en relación a sus versiones originales (Batman, Spiderman, etc.) Seguramente sea porque sus contenidos de algún modo reflejan, como dice Marcelo Viñar (2002), los modos de construcción de subjetividad del siglo XXI y van acompañando la denominada mutación civilizatoria.
Estamos en la era de las afamadas TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) ámbito donde es aún más exponencial el desarrollo, lo que ha llevado a que nuestra era también haya sido bautizada como la sociedad del conocimiento y la información. Fue para ilustrar este aspecto que líneas más arriba subrayaba el contraste entre las características físicas de la TV de antaño con la actual. Pasó más de un cuarto de siglo luego de ser inventada para que la TV pudiera trasmitir sus imágenes en color. En cambio en menos de cinco llegamos a la tecnología LED. Similar evolución han exhibido celulares y computadoras. Cada vez más pequeños pero con mayor capacidad. Cada vez con menos cables pero con mayor conectividad. Épocas de instantaneidad, virtualidad y paradojas.
A veces desacreditada en algunos ámbitos intelectuales, el de los “apocalípticos” al decir de Umberto Eco (1964) en virtud de las características descritas y de su poder para la manipulación de masas con fines espurios, la TV sigue siendo sin embargo la tecnología de mayor incidencia en la población. Frente a esta toma de posición pesimista se contrapuso la de los “integrados” lugar que reivindicaba el autor citado al decir “la televisión es uno de los fenómenos básicos de nuestra civilización (y por lo tanto es preciso no sólo alentarla en sus tendencias más válidas, sino también estudiarla en sus manifestaciones” (p. 307). En otras tiendas disciplinares de las ciencias humanas hace rato que se levantó este guante formando su estudio parte de las bases fundacionales de disciplinas más nuevas como el de las ciencias de la comunicación. Dentro del psicoanálisis en cambio parece haber habido cierta resistencia a ocuparse de la “caja boba” como la denominaban sus detractores. Los psicoanalistas nos hemos sentido más cómodos en usar expresiones artísticas literarias, plásticas o cinematográficas para poner a trabajar nuestros conceptos.
Sin duda tanto la literatura como el cine se han mostrado muy pródigos con el psicoanálisis, constituyéndose en fuentes donde a menudo abrevamos los psicoanalistas para construir, deconstruir o contrastar los conceptos surgidos de la empiria de nuestra clínica. Tal como lo plantean Michel Fariña y Jan Solbakk “El cine adquiere así la función que antaño correspondió al teatro griego” (2011 p.25) en tanto espacio en el que se representaban los dilemas que atravesaban a la sociedad. Este largo rodeo constituye entonces también un pretexto para justificar mi preferencia, en esta ocasión, por una serie de TV frente a alguna película como material de estudio. En este trabajo pretendo rescatar estas otras creaciones, también de estirpe cinematográfica por su condición de narrativa eminentemente visual, aunque menores por pertenecer a la desvalorizada “pantalla chica”. Constituyen de todos modos una sucesión de relatos insertos en un meta relato que los contiene y los resignifica, al estilo de creaciones literarias como los Cuentos de las Mil y una Noche. Si bien con otras leyes y otros recursos, tanto una película como una serie cumplen con los requisitos básicos que planteara Kenneth Burke (1945) para catalogar de historia a cualquier producción literaria. Siempre habrá un problema o conflicto productor del desequilibrio que se constituirá en el motor del desarrollo narrativo que avanzará hacia un desenlace posible.
Californication
Encontré esta serie por mero azar, fruto del zapping que realizo luego de finalizar la labor cotidiana en el consultorio, antes de entregarme a los brazos de Morfeo. No llegué mucho más allá de los títulos y la presentación, pero su nombre, “Californication”, llamó mi atención, por tocarme el morbo seguramente, pero también por la condensación implicada (California – fornication), concepto fundamental del psicoanálisis. Por otra parte me recordó a un paciente difícil que tenía en tratamiento y cuya sexualidad, se caracterizaba por una excitación permanente que lo llevaba a pasarse en lo que yo denominaba una fornicadera constante. Rondando la cuarentena había consultado inicialmente por sus dudas respecto de si establecer o no una relación de pareja con una mujer que había conocido en el extranjero. Ya había pasado por los mismos dilemas en similares situaciones. Las candidatas a novia vivían siempre en otros países. Mientras fantaseaba con la extranjera de turno, sumido en un mar de dudas acerca de si las amaba o lo atraía lo suficiente, mantenía vínculos parciales de naturaleza exclusivamente sexual con infinidad de mujeres. Curiosamente esta disfunción que resultaba evidente hasta para el más ingenuo de los observadores, era vivida inicialmente por él de forma ego sintónica. Se trataba para él de una mera “higiene sexual”, como le llamaba, mientras se decidía a ir por la mujer de sus desvelos o conocía a la adecuada. En algún punto también me hace acordar a Florentino Ariza el eterno enamorado de Fermina Daza en El amor en los tiempos del cólera, la novela de Gabriel García Márquez llevada al cine y protagonizada por Javier Bardem. También él mientras aguardaba a su “reina coronada”, espera que se postergara hasta entrado ya en su séptima década de vida, ocasión en la que la susodicha finalmente queda viuda, iba asentando la contabilidad de todas las mujeres con las que tenía relaciones sexuales. Tanto mi paciente como Florentino tenían una particular ligazón con sus madres que les dificultó la búsqueda del objeto exogámico. Sus padres por su parte tampoco se ofrecían como figuras interdictoras potentes. Veremos luego como se puede ir armando la novela infantil de Hank.
Repasemos primero el argumento de la serie. Hank Moody, el personaje central es un escritor neoyorkino cuya última novela titulada “God hates us all” (Dios nos odia a todos) alcanza el estatuto de best seller y es llevada al cine con el título “A crazy little thing called love” (Una cosita loca llamada amor). Al iniciarse la filmación se traslada junto a su pareja, Karen y la hija de ambos, Becca de 12 años, a la ciudad de Los Ángeles, California donde se instalan. La pareja no tarda en entrar en crisis y se separa luego de la infidelidad confesa por parte de la mujer. Karen se va adaptando progresivamente, desarrolla su profesión de arquitecta, construye una nueva pareja con Bill, quien también tiene una hija, Mia de 16 años, que le ha propuesto matrimonio y con quien planea casarse. Compromiso que Hank nunca quiso asumir, constituyendo un amargo reproche que con frecuencia Karen le hace escuchar. Becca en tanto, comienza a transitar su adolescencia, asiste a clases y comienza su despertar sexual. Hank en cambio cae en una crisis creativa, no logra escribir casi nada, entregándose a una vida de excesos, fundamentalmente en el plano sexual, pero condimentada también con el alcohol y las drogas. Detesta vivir en California y anhela volver a New York. Paralelamente persevera con insistencia en sus intentos de reconquistar a Karen y lucha denodadamente por mantener una figura de padre medianamente potable, cosa que naturalmente a menudo no logra.
Podemos decir entonces que sería un típico candidato a psicoanalizarse, en función de sus problemas para amar y trabajar. Sin embargo el predominio y el tenor de sus actuaciones, así como la presencia de adicciones parecen alejarlo de la presentación sintomática más clásica del neurótico. Posiblemente hoy lo ubicaríamos más hacia la frontera de la neurosis, si nos tomamos la licencia de jugar con los diagnósticos psicoanalíticos aplicados a un personaje de ficción. Por otra parte aunque obvio, creo necesario aclarar que estoy haciendo un recorte intencional al seleccionar a Hank para el análisis. Sería totalmente válida, incluso tal vez más rica, una lectura desde un abordaje vincular (pareja o familiar). Del mismo modo un análisis con el énfasis puesto en el plano sociológico podría aportar la dimensión de época que caracterizan los procesos de subjetivación actuales, así como las valoraciones actuales en torno a la familia, la fidelidad, la sexualidad, etc.
Volviendo al personaje, es notoria su disconformidad con la distancia existente entre su novela y el guión de la película, basado supuestamente en su creación literaria. Esta lejanía queda muy bien expresada en los títulos de las obras. El de la novela evoca algo al menos de tenor dramático, resultando prometedor en cuanto a alcanzar cierto nivel de profundidad o espesor. El de la película en cambio, conduce a pensar que se trataría de una comedia de dudosa calidad.
Psicoanalizando a Hank Moody aún contra su voluntad
Curioso subtítulo de un trabajo escrito para un curso de Ética y Psicoanálisis, que transgrede una de las reglas más elementales de cualquier Código de Ética. ¿Será cierto grado de identificación con este personaje transgresor? Es que luego de la sucinta descripción general, me propongo jugar un poco a ser la psicoanalista de Hank, a pesar de que en un episodio es invitado por Karen a acudir al psicólogo y él se niega rotundamente porque alega “que se saca la mierda escribiendo”.
Seleccioné algunas escenas de los episodios 1 (Pilot) y 8 (California Son) pertenecientes a la Temporada 1 que fuera emitida en el año 2007. Del primer episodio elegí la escena inicial por su valor en tanto síntesis de su padecer y de su conflictiva, así como algunas otras que muestran su disfuncionamiento. Las escenas del episodio número 8 en cambio, las trabajaré centrándome más en su encadenamiento narrativo dado que ilustra muy bien, según mi modo de ver, el proceso de metabolización psíquica que desencadena en el personaje la muerte de su padre.
Actuaciones e infidelidades: Primera escena del episodio inaugural en la Temporada 1 (Pilot):
Van corriendo los títulos y vemos a un descontracturado David Duchovny conduciendo un Porsche descapotado, de lentes oscuros y con su cabello al viento. Se apeará frente a una hermosa iglesia y apagando su cigarrillo de forma irreverente en la fuente del agua bendita caminará hacia el altar y comenzará con el siguiente diálogo:
- De acuerdo, grandulón, tú y yo. Nunca hicimos esto antes, pero tiempos desesperantes exigen medidas desesperadas. Mi nombre es Hank.
(Dichas estas palabras, entra en escena una monja, lo que provoca cierta perturbación en Hank, evidentemente por el tono inapropiado en que se estaba expresando).
- Hola Hank.

- Lo siento hermana. Estaba tratando de tener una charla con su esposo de allá arriba.

- ¿Puedo ayudarlo en algo?

- No, no quisiera molestar a nadie real con esto.

- No será ninguna molestia, Hank. De hecho, para eso estoy aquí

- El tema es este. Estoy pasando por lo que usted llamaría una crisis de fe. Para simplificarlo, no puedo escribir lo que en realidad afecta porque se supone que soy un escritor y uno profesional y parece que no soy capaz de producir ni una maldita oración. Lo siento, mis disculpas, la jodí… De nuevo, mis disculpas
(Se excusa con gestos en varias ocasiones por las maldiciones que se le escapan y por el tono)
- Bueno. Normalmente sugeriría muchos Padres Nuestros y algunas Avemarías pero no creo que con eso se solucione. ¿Qué le parece una mamada? ¿Una mamada haría que se sintiera mejor?

- ¿Una mamada de usted?

- Algo me dice que no se chupará sola, Hank.

- No, pero usted es una monja.
La monja contesta, sacándose la parte del hábito que cubre su cabeza, dejando a la vista una atractiva y provocadora mujer rubia:
- Una monja jodidamente ardiente.
La monja se le acerca y se deja insinuar una escena de sexo oral, mientras Hank tapa con su mano la imagen de Jesús crucificado para que no vea la escena y tampoco ver él la imagen y exclama:
- Bendito Jesús…Hank se irá al infierno.
Esta escena será sustituida por otra, donde se lo encuentra en un lecho despertándose con la monja devenida ahora en partenaire sexual que le continúa practicando sexo oral, denunciando el carácter onírico de la escena anterior y haciendo evidente el resto diurno que fue tomado para la construcción del sueño.
A pesar de tratarse de un sueño de un personaje de ficción y no de un paciente igualmente creo que resulta útil ensayar cierto análisis del mismo. Asistimos a un pedido de ayuda en un clima maníaco de trasgresión e irreverencia a un Dios – Padre que es interrumpido por una Madre – hermana obscena (monja) que lo seduce y lo hunde en un infierno incestuoso, frente a esa figura paterna que pretende ser borrada, muda y sin posibilidades de ejercer la prohibición. Por otra parte, es una escena fuerte, de alto impacto por el nivel de actuación sacrílega que implica. Exceso que sin embargo podrá ser resiginificada en el a posteriori del devenir de la serie y permitirá inferir luego su valor simbólico. Se parece a esos titulares de las primeras entrevistas de inicio de análisis que van adquiriendo sentido con el transcurrir del tiempo y merced al trabajo del après coup.
Continuemos con la escena. Ante la llegada del marido de esta amante ocasional deberá huir precipitadamente sin tiempo de calzar sus pantalones, subirá a su Porsche, que perderá un farol por el golpe que alcanza a dar el esposo agraviado y así, en boxer, recogerá a su hija que lo espera junto a su impaciente ex mujer, enterándose luego el espectador de que se trata de su día de visita. Arribados a su casa, la hija se encamina rápidamente al cuarto para ver una película junto a su padre, encontrándose con una mujer desnuda:
- Padre, ¿porque hay una señorita desnuda en tu cuarto?

(Hank se sorprende y se dirige con premura a la habitación)

- Espera, vendré en un momento.

(La adolescente agrega)

- No tiene pelos en la vagina, ¿crees que esté bien?

(Hank le contesta)

- Lo verificaré.
Se trata de la esposa del creador de la película basada en su libro con quien tiene un affaire. Intenta desembarazarse rápidamente de ella lo que enoja a la mujer reprochándole el hecho de haber sido simplemente el objeto para la venganza que se tomó “con quien convirtió su precioso librito en una película de porquería”.
El episodio continuará con más escenas de sexo explícito que ejercen cierto efecto de saturación en el espectador, situación que caracteriza a la serie y constituye un logro en tanto trasmite el carácter compulsivo de la actividad sexual del personaje, así como su marcada tendencia actuadora y transgresora. En este mismo episodio tendrá sexo, sin saberlo, con la hija del novio de su ex mujer que es menor de edad.
Una infidelidad que aún duele…
Promediando el mismo episodio asistiremos a una discusión entre Hank y la madre de su hija, Karen, quien le reprocha la exposición de Becca a las situaciones inadecuadas ya relatadas. Previamente habíamos asistido también a una inversión de roles, donde es Becca quien cuida y arropa a su padre mientras duerme su sueño de exceso de cerveza. Se da el siguiente diálogo donde Hank responde al ácido regaño de la siguiente manera:
- Tú empezaste cuando me engañaste.

- ¡Cállate! Yo no te engañé.

- ¿En qué universo cogerse a alguien cuando estás casado con otro no es engañar?

- El universo en el que nunca estuviste casado de verdad.

- Esa es una tontería técnica.

- Tú nunca te propusiste. No querías ser de ese tipo. No querías unirte al rebaño. Eso es lo molesto de ti. Imagina mi desilusión cuando resultaste un estereotipo de los grandes, sentado aquí, buscándote por Google a ti mismo. Te vi.

- Me busqué pero nunca te engañé. Nunca.
El episodio finaliza con Hank sentado a la máquina de escribir, donde sólo logra escribir “Fuck” (coger) en una hoja totalmente en blanco. Bajada de telón muy adecuada que da cuenta del fracaso de la sublimación que lo deja inhabilitado para la creación literaria y bajo el dominio pulsional pregenital y parcial. Crisis creativa, que lo precipita en un fracaso laboral que contribuye a crear un entorno disruptivo.
Otra infidelidad, más antigua, que también duele…(Episodio 8 de la primera temporada: California Son)
Una llamada de su hermana entera a Hank de la muerte de su padre. La estructura narrativa del episodio se encuentra armada como un encadenamiento de escenas presentes con recuerdos del pasado, adquiriendo casi la textura de una sesión analítica con abundante material asociativo.
Esta noticia evoca en Hank lo que posiblemente haya sido la última vez que vio a su padre con vida en ocasión de su visita a California. Recuerdo centrado más en el desencuentro que en el encuentro. Se trata de un anciano con apariencia de “viejo verde” que sólo comenta los atributos sexuales de la azafata y la calidad del alcohol ingerido en el vuelo. Es patente el disgusto que provoca en Hank, así como la rápida caída en la desavenencia.
A continuación continúa una escena en la que se encuentra bebiendo, ya ebrio, en un bar junto a la que a la postre resultará una prostituta aunque él inicialmente no cree que sea así. Entra Karen para convencerlo de que vaya al funeral.
Nuevamente surge un recuerdo de su padre, esta vez ubicado en el set de filmación. Éste asiste pasivamente a las discusiones de Hank con el director de la película, poniéndose incluso de lado del cineasta, desautorizando sus objeciones al film y manifestando el trabajo que daba cuando era chico. Por otro lado le dice que él nunca ha leído sus libros, que eso es cosa de la madre quien luego le comenta algo, pero que es bueno que sus libros estén en películas. Alaba la actuación del actor principal cuando a su hijo en realidad le resulta detestable.
La siguiente escena lo muestra inhalando cocaína sobre el cuerpo de la prostituta. Esta comienza a exigir el pago por los servicios prestados y descubre que no tiene dinero en efectivo.
Otro recuerdo se impone, una comida familiar en ocasión de esa visita del padre. Nuevamente se ve el enojo. La nieta invita a su abuelo a ir al parque, quien rechaza su invitación porque tiene que ir a San Diego supuestamente a ver un amigo. Esto indigna a Hank quien evidentemente piensa que su padre vino para encontrarse con alguna mujer. Ante el reclamo su padre le dice en tono condescendiente: “No seas una perra llorona, Hank”. Becca (la nieta) le dirá a su abuelo: “A veces él es una perrita llorona”. Comentario que también le resultará muy molesto y resultará regañada por ello. Al mismo tiempo lo coloca en una situación embarazosa frente a su mujer al mencionar a las atractivas mujeres del set de filmación y lo dispuestas que están para tener sexo con él. Ya en la cocina se suscita una discusión con Karen quien le señala lo desmedido del enojo. Hank le atribuye la muerte temprana de la madre a las infidelidades del padre y lo critica con amargura.
En la siguiente escena es golpeado por el proxeneta, acudiendo su amigo y agente al rescate, quien llora por la muerte de su padre y lo conmina a ir al funeral.
Nuevo recuerdo: conversando con el padre en un bar éste le dice que tiene una linda familia. Hank le reprocha sus infidelidades y el padre intenta explicarle que para él la familia siempre fue importante, que se casó joven y resultaron sexualmente incompatibles pero que él no se alejó nunca y le advierte no te alejes tanto del camino que luego no puedas volver. Ve la crisis conyugal por la que atraviesa su hijo y se lo advierte.
En la siguiente escena llega a su casa y toma una carta de su padre que nunca leyó.
Nuevo recuerdo: cuando Karen le confiesa su infidelidad, producto de la crisis que atravesaban y del abandono al que se sentía sometida. No hablaban, no tenían sexo y se hallaban muy distanciados. Es en ese contexto que encuentra la carta de su padre, pero la aparta de su vista sin leerla.
En la penúltima escena vemos a Karen arribando también y que lo encuentra con la carta en la mano, él se la da y con un gesto la invita a abrirla y comienza a leérsela. La voz del padre sustituirá a la de Karen en la medida que avanza en su lectura, al tiempo que Hank va evocando imágenes de su padre jugando con su nieta en el parque con un barrilete, bailando y correteando en un clima lúdico de disfrute. Leamos nosotros también lo que dice la carta:
Para mi hijo, el escritor”. “Algo que no te dije muy seguido: te amo”. “Mi padre tampoco me lo dijo a menudo” (voz de Karen). Y pensé que yo debería ser diferente, pero creo que no lo logré. Lo intenté pero en algún lugar de la línea recaíste en ya sabes qué y lo lamento. También lamento no haberte hablado por un tiempo, porque te extraño. Eres un buen chico, y uno divertido y además, mi único hijo. Dije que nunca había leído tus libros, pero mentí; los leí todos. Simplemente no sabía como hablar de ellos contigo. No me gustaban los padres en ellos. Sé que ustedes los escritores se toman ciertas libertades pero temía que no hubieras tomado ninguna. Pero de eso se trata, los chicos se convierten en hombres y estos en esposos y padres y hacemos lo mejor que podemos. Tú estás haciendo lo mejor que puedes. Lo hiciste bien. Tus libros estarán en las librerías después que tú o yo estemos muertos y eso es importante. Más importante es como tratas a tu familia. No fui un esposo perfecto, pero amaba a tu madre y me complace que hayamos pasado la vida juntos. Y estoy aquí, si me necesitas. Eso es todo lo que te quería decir. (Voz del padre que acompaña los recuerdos evocados) “Te ama, tu padre” (Voz de Karen y la escena vuelve a situarse en el presente)

PD: Ví un avance de tu película la otra noche. Parecía una basura, quizá tenías razón” (Voz de Karen)
Hank puede llorar, incluso reír con la post data y termina haciendo el amor con Karen de un modo muy diferente a su “fornicadera” habitual con las otras mujeres.
En la escena final se ve a Karen acompañándolo al aeropuerto y se despiden de forma amorosa, prometiéndole que lo seguirá en el próximo vuelo junto a Becca para acompañarlo en el funeral.
Hilvanando conceptos psicoanalíticos a la trama argumental
Como espectadores de las peripecias experienciales del personaje asistimos al encuentro del sujeto con el mundo de lo fáctico tanto externo como interno. El alcohol y la cocaína en tanto sustancias que actúan sobre el soma son provocadoras de eventos disruptivos de lo fáctico interno. Por otro lado también somos testigos de eventos disruptivos de lo fáctico externo que han adquirido verdadero valor traumatogénico, en tanto otros parecen haber sido mejor metabolizados (Benyakar, 2005).
Evidentemente su separación y la infidelidad que la provoca, constituyen eventos disruptivos traumatogénicos. Es a partir de allí que comienza esa loca carrera de “sexo, droga y rock and roll”. Escuchar el relato de su compañera sobre las relaciones sexuales mantenidas por fuera de la pareja parece constituirse en un bocado que no puede digerir. Pasándolo a los términos de Piera Aulagnier (2010), un contenido heterogéneo al psiquismo que no logra ser transformado.
Siguiendo con el planteamiento teórico de Moty Benyakar (2005), la confesión de infidelidad constituye un estímulo externo proveniente del objeto externo diferenciado que no puede ser metabolizado por el aparato psíquico. No lo ayuda seguramente las características de sus figuras materna y paterna introyectadas. De la madre lo expuesto de la serie no nos permite conocer mucho, salvo que está muerta y era afecta a la religión católica. En todo caso parece haber sido construida como una figura sufriente y devota. Sí se sabe más de la figura paterna. Es evidente el malestar que tiene Hank con su propio padre, infiel contumaz, causante, según él, de la muerte de la madre y crítico desdeñoso de sus acciones. El padre fáctico ha devenido, introyección mediante, en una figura poco apropiada para constituirse en modelo identificatorio. Parece en todo caso prevalecer una identificación por oposición, aunque paradójicamente luego terminará actuando como “el hombre más caliente que conocí” (así se refirió a su padre en una ocasión) y así actuará él cuando no puede parar con la actividad sexual compulsiva. Necesita por tanto de la declaración explícita de amor de su padre la cual será leída en su carta en forma póstuma, es allí entonces que las palabras devienen plenas y aúnan sentimiento, emoción y sensación. Es allí que puede recordar, llorar y reír, para finalmente poder asistir al funeral. De la lectura a través del tono de voz de Karen va pudiendo contactar con un padre amoroso que aunque no haya podido serlo con él, sí es cariñoso con su nieta. Es evidente la función de Karen como subrogado materno que le permite otro tipo de acercamiento a su padre. De hecho Hank lo explicitará diciéndole “Gracias por permitirme sacar la cabeza del trasero”.
Algunas palabras más en torno a la muerte del padre como evento disruptivo de potencial traumatogénico. La presencia de Karen que logra sostenerlo y lee la carta, muestra la función cometabolizadora que habilita a un mejor tránsito por la pérdida. Las reacciones iniciales de Hank frente a la noticia (embriaguez, salida con la prostituta sin dinero, cocaína) pronosticaban un funesto desenlace, donde la caída en un duelo patológico parecería inevitable. En esta ocasión su ex compañera no le reprochará su accionar como era lo habitual, su amigo pagará su deuda rescatándolo de la golpiza del proxeneta y llorará por él la muerte de su padre. Acciones todas cometabolizantes que lo ayudan en el proceso de transformación del estímulo doloroso.
Por otra parte creo necesario profundizar en el impacto provocado por la infidelidad confesa. Para quien no vio el episodio es importante la descripción del gesto de sorpresa, la incredulidad y estupor con que Hank recibe la noticia. Ello da cuenta de la falla en la articulación entre la representación y el afecto que componen esta vivencia. Sin embargo, también es necesario poner en relación esta experiencia vivida por el protagonista en relación a su propia historia infantil. Este evento disruptivo de la actualidad parece remitir a otro evento o entorno disruptivo, no queda claro en la serie, yo tendería más a pensar en un entorno disruptivo, generado por el clima de la infidelidad conyugal en la pareja de sus propios padres que daría lugar más a un vivenciar traumático, como proceso, que a una vivencia traumática. Experiencia vivida que parece llevarlo a descreer de la institución matrimonial, apartándose del discurso del conjunto que impulsa al matrimonio. Evidentemente ha pretendido apartarse de esta experiencia infantil en su vida adulta, aunque inexorablemente caerá en ella.
Otro evento disruptivo central en la serie es la producción de una película que claramente no respeta su novela y que, como ya lo mencionara, queda muy bien expresada en el contraste de los nombres. Característica que es explotada visualmente en la serie. Se repiten las escenas en librerías donde se encuentra su libro con el título en la portada (“Dios nos odia a todos”) y su foto en la contratapa, junto a gigantografías que exhiben el nombre de la película (“Esa cosita loca llamada amor”). Decepción narcisista que seguramente se anude con la herida al narcisismo que también le infligió la infidelidad sufrida. Esta infidelidad a su vez lo deja más del lado de la madre a través de una identificación que posiblemente lo conduzca a cierto nivel de indiscriminación que jaquea su alteridad, haciéndolo trastrabillar en su sentido de mismidad. Entramos así de lleno en el terreno de las denominadas patologías actuales, donde las estructuras borderline de personalidad parecen ocupar un sitial de privilegio y el pasaje al acto o las actuaciones constituyen un síntoma prevalente.
Dedicaré algunas líneas a este último aspecto, tomando los planteamientos teóricos de M. Benyakar en cuanto a su insistencia de diferenciar acto de actuación (2006). La serie se muestra muy pródiga en ilustrar este tipo de sintomatología. Hank comete excesos con las drogas, el alcohol y el sexo. Tríada de acciones muy presente en los pacientes borderline como decía, pero también es pendenciero, se toma a golpes de puño con facilidad, insulta y dice cosas inapropiadas en lugares inapropiados. Su pensamiento hace corto circuito con facilidad y el pasaje al acto se impone. Pero: ¿acto o actuación? Evidentemente no es fácil establecer la diferencia en ocasiones pero el acontecer de la trama, el suceder de los acontecimientos hace suponer que la actuación ocupa un espacio mucho mayor en este caso, porque el objeto parece estar presente siempre.

Referencias bibliográficas
Bauman, Z. (2000) Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.
Benyakar, M.; Lezama, A. (2005) Lo traumático. Clínica y paradoja. Tomo 1. El proceso traumático. Ed. Biblos. Buenos Aires.
Benyakar, M; Lezama, A. (2006). Lo traumático. Clínica y paradoja. Tomo 2. Abordaje clínico. Ed. Biblos. Buenos Aires.
Bradbury, R. (1967) Fahrenheit 451. Ed. Plaza & Janes Editores S.A. Barcelona.
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Castoriadis Aulagnier, P. (2010) La violencia de la interpretación. 2da. Edición. Ed. Amorrortu. Buenos Aires.
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