“Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones”






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fecha de publicación05.07.2015
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Consejos especiales
En cuanto a las reacciones emocionales, se debe ayudar a que el afectado comprenda, que las reacciones emocionales tan fuertes que han vivido y que les sobrepasan son normales y habituales tras un suceso catastrófico.

Entre estas reacciones están las expuestas en la fase de shock o/y reacción: miedo, sensación de desesperanza, tristeza, nostalgia, por los que se han ido, sentimiento de vergüenza, culpa, enojo, preguntarse por qué él ha sobrevivido, recuerdos y reminiscencias sistemáticas de las personas que ha perdido, sentimientos de decepción, etc. También hay que ayudarle a comprender que dichos sentimientos son particularmente fuertes, si mucha gente ha muerto, si las muertes fueron súbitas o violentas, si los cuerpos no han sido recuperados, si existía una relación muy estrecha con la persona que falleció, o si la relación con la persona que murió estaba en un estadio difícil. , y explicarles que se necesita tiempo, para ir enfrentando ese impacto.

Existen ciertas cosas que no se deberían hacer en una intervención en crisis como:

• No ponerse de ejemplo

• No enfatizar los aspectos positivos “Podría haber sido peor”

• No minimizar el hecho “no pasa nada”

• No bromear

• No dramatizar

• No engañar

• No favorecer la culpa

• No actuar a la defensiva

• No favorecer dependencias directas

• No insista con preguntas más allá del punto en que la persona no desea hablar.

• No trate de interpretar las motivaciones ocultas de un comportamiento.

• No moralice o sermonee.

• No intente progresar demasiado rápido en el proceso de intervención en crisis.

• No considere superficialmente las amenazas de suicidio u homicidio.

• No aliente a alguien a hacer algo que en realidad no quiere hacer.

• No irnos hasta que otra persona pueda continuar con el soporte emocional (familiar, amigo, psicólogo…)

• Evitar preguntas cerradas

• No obligar a que tome decisiones, no es el momento

• No asumir que es imposible comunicarse con la víctima, hasta que lo hayas intentado.

• No ofrecer algo que no pueda cumplir.

• No le tenga miedo al silencio, ofrezca tiempo para pensar y sentir.

• No se sienta inútil o frustrado. Usted es importante y lo que está haciendo vale la pena.

• No muestre ansiedad ya que ésta puede ser fácilmente transmitida a los afectados.

• No ofrezca respuesta, más bien facilite la reflexión.

• No permita que el enojo u hostilidad de la persona lo afecte.

• No los presione a hablar de Dios, sea comprensivo con las creencias religiosas.

• No tenga miedo de admitir que el afectado necesita más ayuda de la que usted le pueda brindar.

• Puede referirlo a profesionales especializados (Psicólogos)

• No permita que las personas se concentren únicamente en los aspectos negativos de la situación.

• No muestre demasiada lástima o paternalismo. Tampoco se exprese de manera autoritaria o impositiva. Busque un punto intermedio entre estas dos posiciones.

• No espere que la víctima funcione normalmente de inmediato.

• No confronte a una persona en crisis si este se va a sentir amenazado.

• No insista con preguntas más allá del punto en que la persona no desea hablar.

• No trate de interpretar las motivaciones ocultas de un comportamiento.
Las cosas que si se deben hacer en una intervención en crisis son:
• Ser realista y objetivo.

• Favorecer la dignidad y libertad para que las víctimas trabajen en sus problemas.

• Fortalecer la confianza y seguridad.

• Estar alerta sobre las oportunidades de dar énfasis a las cualidades y fuerzas de la persona.

• Aceptar el derecho de los afectados de sentirse así.

• Realice preguntas saludables y efectivas.

• Pida una retroalimentación para ver si está usted comprendiendo.

• Ser cortés, honesto y transparente; ganarse la confianza y cooperación del afectado (s).

• Desarrollar el sentido de escucha-responsable. Escuchar atentamente, sintetizando brevemente los sentimientos del afectado. Hágalo sentir que usted lo entiende y comprende por lo que está pasando, esto es la empatía.

• Ser cortés, honesto y transparente; ganarse la confianza y cooperación del afectado.

• Ser realista y objetivo.

• Favorecer la dignidad y libertad para que las víctimas trabajen en sus problemas.

• Favorecer la confianza y seguridad.

• Estar alerta sobre las oportunidades de dar énfasis a las cualidades y fuerzas de la persona.

• Aceptar el derecho de los afectados de sentirse así.

• Realice preguntas saludables y efectivas.

• Pida una retroalimentación para ver si está usted comprendiendo.

• Escucha responsable: escuchar atentamente y cuidadosamente.

• Permitir la libre expresión de la persona, en primer término.

• Transmitir la necesidad de aceptar lo ocurrido, pues ya no se puede modificar.

• En un segundo momento, realizar una conversación limitada y lo más abierta posible. No excederse en un “interrogatorio fiscal”.

• Realizar resúmenes periódicos de la exposición de la persona: organización del pensamiento.

• Proveer información.

• Orientar en lo necesario pero evitando los “Consejos Directivos”

• Aceptación de las personas tal y como son, respetando su dignidad y sus derechos.

• Empatía, que significa ponerse en el lugar del otro, comprender lo que le está sucediendo.

• Crear una atmósfera cálida y humana alrededor de la víctima.

• Posibilidad de desarrollar reuniones grupales con diversas personas que pasaron por lo mismo.

• Desarrollo de actividades para el manejo del estrés.

• Reducir la atención y la pena

• Apoyar y buscar centros de ayuda

• Poner a la persona en zona de seguridad

• Proveer contacto social con los familiares o conocidos importantes

• Empalizar con sinceridad

• Ganarse la confianza de la persona

• Evitar comentarios inadecuados

• No minimizar

• Favorecer el desahogo emocional (catarsis)

• Transmite confianza

• Mira a los ojos mientras hablas

• Muestra interés por lo que te habla pero no en exceso.

• Actuar lo más rápidamente posible sin mostrar agitación

• Dedicar tiempo a la víctima

• Ten paciencia y calma

• Muestra confianza en los recursos de la víctima

• Hablar cara a cara en un lugar tranquilo y sin la presencia de otras personas.




Clasificación de las víctimas en situaciones de desastre
- Víctima de 1° Grado; aquellas que sufren el impacto directo del desastre.
- Victima de 2° Grado; los familiares directos de las de primer grado.
- Victima de 3° Grado; los integrantes de los equipos de primeras respuestas.
- Victima de 4° Grado; la comunidad envuelta en el desastre.
- Victima de 5° Grado; aquellas que se ven implicada por conocer el suceso.
- Victima de 6° Grado; aquellas que no se encontraban en el lugar del impacto del desastre por motivo de viaje.

Conclusiones

Tal parece que nos hemos vuelto temerosos de la tristeza y el dolor. Se ha puesto tanto énfasis en la felicidad, en el pensamiento positivo y en la autoestima, que corremos riesgo de olvidar que para ser personas plenas necesitamos aprender a sobrellevar también los momentos difíciles.
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Sabemos que las emociones “positivas” son más disfrutables y las aceptamos sin reparos, pero es absolutamente normal sentirnos invadidos de vez en cuando por el pesar, o agobiados de angustia, duda o desilusión. Todas estas emociones tienen algo que enseñarnos acerca de nosotros mismos, y sin ellas jamás sabríamos lo que es la felicidad.
Sin embargo, no todos tenemos el mismo concepto de “felicidad”, así que empecemos por el principio. El filósofo griego Aristóteles enseñaba que la vida ideal era buscar la eudaimonía, palabra que suele traducirse como “felicidad”. Pero no se refería a una vida de placeres sensoriales, ni tampoco a una existencia desligada de la realidad por la falsa creencia de que las cosas son (o deberían ser) mejores de lo que son realmente.

Su concepto de felicidad se acerca mucho más a la idea de “plenitud” que a ese sentimiento a menudo autocomplaciente y basado en el placer que llamamos “felicidad”. Para Aristóteles, la eudaimonía significaba vivir en concordancia con la razón; satisfacer nuestro sentido de propósito; cumplir con nuestro deber cívico; cultivar la virtud; estar totalmente comprometidos con el mundo y, sobre todo, experimentar la riqueza del amor y la amistad humanos.

¿“La riqueza del amor y la amistad humanos”? Todo el mundo sabe que eso no es ningún lecho de rosas. Las relaciones personales pueden ofrecernos las satisfacciones más profundas y hacer una aportación enorme a nuestro sentido de plenitud, pero, en esencia, son desordenadas, impredecibles y, muy a menudo, nuestra mayor fuente de decepción, angustia y tristeza. Justo por eso es que tienen mucho que enseñarnos.
Cuando nos sentimos tristes o desanimados, llegamos a pensar que la vida es cruel o injusta, así que es fácil entender por qué, en esos momentos, la felicidad nos parece la mejor meta de vida o el estado “natural” por alcanzar. Sin embargo, eso pasaría por alto una importante verdad sobre la experiencia humana: la tristeza es una emoción tan auténtica como la felicidad. Los momentos de dicha y alegría, y también la sensación más profunda de bienestar que a veces nos envuelve, sólo tienen sentido porque representan un agudo contraste con nuestras experiencias de decepción, sufrimiento y tristeza, o incluso con esos momentos en que nos sentimos atrapados en una tediosa rutina.
Cuando las personas experimentan cambios repentinos y drásticos —un divorcio, la pérdida de un ser querido, la estrechez económica, una enfermedad grave—, su ansiedad aumenta y comúnmente sienten estrés, tristeza y, a veces, incluso pánico.

Nunca se está realmente preparado para una catástrofe, accidente o momento de crisis, sin embargo entre más se permita a usted mismo sentir y conocer las diferentes emociones experimentables, tendrá un punto de referencia para las situaciones posteriores. Tome las experiencias de su vida (buenas y malas) como un impulso, un aprendizaje; saque de usted mismo las herramientas para sobreponerse y al mismo tiempo, permita que otros le recuerden y descubran las posibilidades de ayuda que usted mismo encierra.
Y recuerde, que los baches también forman parte del camino…

Bibliografía

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