La performatividad parece ser afiliada o motivada únicamente por la definición de performance en su definición teatral. Sin embargo el trabajo de Butler






descargar 129.39 Kb.
títuloLa performatividad parece ser afiliada o motivada únicamente por la definición de performance en su definición teatral. Sin embargo el trabajo de Butler
página2/3
fecha de publicación04.07.2015
tamaño129.39 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Documentos > Documentos
1   2   3

Libretos de género

Si bien Butler en esta primera etapa de su producción intelectual realiza un inminente esfuerzo por demostrar que la performance no equivale a representar un papel de connotación voluntarista, varios años más tarde, aclara que:

En verdad, la palabra “actor” carga una resonancia teatral que sería muy difícil de ser adoptada en mi trabajo, debido a la tendencia de leer “performatividad” como un proyecto goffmanesco de colocar una máscara y escoger representar un papel.19
No obstante, tiempo antes a esta confesión, más aún previamente a Cuerpos que importan, Butler se encaramó insistentemente sobre el discurso teatral con una idea controvertida: la postulación de “libretos género”. Tal como pretendemos argumentar en aquella época Butler le daba la significación de acervo textual disponible, códigos culturales de lo legible. En definitiva, los libretos parecen tener la misma connotación que las normas. Es decir, los imperativos sociales que si bien tienden a ser coercitivos, pueden ser actuados, interpretados, re-presentados de manera disruptiva.

Ahora bien, del mismo modo que la constitución del propio género no es un proyecto individual, cuando utilizamos la noción de libreto debemos estar atentos a no suponer que el texto fue escrito por alguien que lo dota de origen. En el horizonte de la práctica ritual, ya hemos visto que cada acción se delinea en función de sus imitaciones precedentes en cuyo caso no hay estrictamente un autor. Tampoco debemos presuponer que el libreto fije el texto sin permitir introducir una variable novedosa. Ya hemos visto también que en cada reinvocación ritual es posible (sino, necesario) introducir algún componente nuevo, aunque semejante al anterior. Así, el libreto exento de determinismo y de voluntarismo simplemente significa un marco textual, la herencia discursiva a la que estamos sujetos. Vale decir, a nuestro juicio, el libreto sobrevive a los actores en cuanto texto, pero depende de éstos para que adquiera realidad. En otras palabras, para que se re-presente. Entendido de esta manera, el género es una performance, justamente, porque vive bajo la condición de ser actuado pero no tiene sentido más allá de su aplicación.

Al igual que un libreto puede ser actuado de diferentes maneras, y al igual que una obra requiere a la vez texto e interpretación, así el cuerpo sexuado actúa su parte en un espacio corporal culturalmente restringido, y lleva a cabo las interpretaciones dentro de los confines de directivas ya existentes. 20

Si el libreto de género es de hecho la restricción binaria, en la que desarrollamos nuestra subjetividad; si queremos inscribirlo en algún momento temporal preciso, hemos de fracasar. No hay modo alguno de confirmar quién fue el primero que trazó tales marcas. Como siempre, Butler abandona los análisis de los orígenes. Los libretos, ante todo, parecen ser el resultado de dichas marcas, el suelo ontológico signado por el tránsito ritual, el efecto de esta señal, una memoria corporal que re-invoca los significantes del pasado, la pista por donde devenimos sociales ¿A qué nos conducen estos habituales caminos? ¿Qué afirman estos libretos? ¿Cuál es su contenido? Según la autora, el libreto de género opera diagnosticando una presunta naturalidad. El contenido textual, sin embargo, se deja ver, en su aplicación. Más específicamente, según Butler, en la heterosexualización de las prácticas, en el sujeto discreto, en la representación de mujeres femeninas y de varones masculinos; en el libreto de continuidad y coherencia propio de la metafísica de la sustancia.

Al igual que los productos de la matriz de inteligibilidad en su condición de ritual social los libretos de género marcan y constituyen las diferencias jerárquicas: lo verdaderamente real y lo falso, lo original y la copia.

Las identidades heterosexuales coercitivas, fantasmas ontológicamente consolidados del “hombre” y la “mujer”, son efectos teatralmente producidos que pretenden ser los fundamentos, orígenes, la medida normativa de lo real.21

Sharon Marcus, citada por la propia Butler en El género disputa, en su interesante artículo denominado “Cuerpos en lucha. Palabras en lucha” 22 muestra cómo los libretos sociales arrastran a las mujeres a vivir dicha condición como sinónimo disponibilidad corporal, serviles a la agresión sexual. En el mismo sentido, pero de un modo más abstracto, los libretos de género butlerianos producen asimismo el signo de devaluación, de lo extraño. En especial, marcan con la figura de la falsedad a los sujetos que actúan incoherentemente el dispositivo de continuidad que resguarda la metafísica sustantiva. Tal como las mujeres intermedias de Rivière, las mujeres con genitales masculinos, o las mujeres lesbianas, parecen sufrir el castigo y la violencia por desobedecer o interpretar inadecuadamente estos libretos.

Mediante un argumento deconstructivo, Butler en otro artículo de la misma época, “Imitación e insubordinación de género”, arguye que el libreto de género heterosexual depende en gran medida de la autoafirmación performativa de llamarse original. Para ello, estos libretos normativizantes pretenden diferenciar las malas copias de las buenas representaciones del género. En otras palabras, existe una coerción performativa que funciona creando el reino de lo forcluido, lo irrepresentable, lo no mencionable. Mediante esa coerción algunas performances de género no se terminan de decodificar en tanto tales porque quiebran el paradigma sustantivo. En esta superficie de legibilidad, la existencia lesbiana, travesti o la performance drag se construye en el discurso como la falsedad permanente, en tanto sombra de lo real. 23

1.3 ¿Performance subversiva?

Recordemos que subversión en los términos propositivos de Butler implica aprovechar la debilidad de la norma, su fracaso. Por lo cual, la performance drag es el ejemplo emblemático que patentiza la posibilidad de habitar los rituales del género burlándolos.24 Presentaremos entonces la potencia disruptiva, desestabilizadora que la performance drag promete en El género en disputa.

Allí, Butler en sus novedosas hermeneusis se interesa por una contradicción señalada por la antropóloga Esther Newton25 cuyo objetivo es el desbaratamiento de los límites de “lo interno” y “lo externo”. En particular, proyecta una aporía que afecta la distinción entre sexo anatómico, actuación de género y orientación sexual. Mediante este gesto, Judith Butler abandona un paradigma de la identidad travesti concebida como una visión poco crítica o estereotipada de lo femenino para reinstalarla bajo una concepción positiva. Vale decir, ya no como una feminidad devaluada sino como la muestra efectiva de la ausencia de códigos culturales para leer positivamente diferentes identidades.

La contradicción citada por Butler que formula Newton versa de la siguiente manera:

En su forma más compleja, [la vestida] presenta una doble inversión que dice: «Las apariencias engañan». La vestida afirma [curiosa personificación de Newton]: «Mi apariencia "exterior" es femenina, pero mi esencia "interior" [del cuerpo] es masculina». Al mismo tiempo se simboliza la inversión opuesta: «Mi apariencia "exterior" [mi cuerpo, mi género] es masculina, pero mi esencia "interior" [yo] es femenina».26

En otras palabras, en apariencia exterior, “la vestida” pareciera ser femenina, pero en su interior corporal, es masculino. Al mismo tiempo y de manera contraria, la apariencia exterior corporal anatómica es masculina pero su “yo” interno, femenino. Por lo cual, concluye Butler, este modo de simbolizar no resulta demasiado eficaz, en tanto “Ambas afirmaciones de la verdad se contradicen y, así, desplazan toda la práctica de las significaciones de género en el discurso de la verdad y falsedad.”27

Las pensadoras hallan que dicha aporía manifiesta la ineficacia del sistema heterosexual para esgrimir argumentos a favor en uno u otro de los sentidos. Butler lleva un poco más allá el argumento e infiere que la distinción delineada entre espacio interno (“yo”) y el espacio externo (“cuerpo”) no puede ser más que una metáfora topológica. La contradicción, bajo la óptica butleriana, muestra que lo interno y lo externo se subvierten de modo tal que burlan las fronteras anulando toda posibilidad de acudir a estos “espacios” como criterios teóricos.28

En segundo lugar, Judith Butler, considera que la contradicción newtoniana logra desplazar los sentidos de verdad y falsedad del discurso hegemónico de género. Vale decir que deja sin sentido la pregunta sobre “qué es en verdad” impidiendo ubicar la construcción identitaria en algunos de los nichos lógicos. Desde esta segunda inferencia, Butler realiza el gesto más fuerte y problemático. A saber, la idea de género qua drag. En sus palabras “Afirmar que todo género es como el travesti o está travestido sugiere que la imitación está en el corazón mismo del proyecto heterosexual.”29

Judith Butler apunta de manera directa sobre la actuación naturalizada, representativa y mimética del género que el propio sistema heterosexista se esmera en borrar. En este sentido, supone que la presencia travesti desnaturaliza el género mostrándolo en tanto tal. Revela que es una performance, una serie de actuaciones y estilizaciones corporales sin clivaje fundacional. El género se manifiesta organizado en base a la actuación imitada de ciertos clichés; históricamente condicionado e independiente ontológicamente de la anatomía. Por ello, en palabras de la autora:

Al imitar el género, la vestida implícitamente revela la estructura imitativa del género en sí, así como su contingencia. De hecho parte del placer, la frivolidad de la actuación, está en el reconocimiento de una contingencia radical en la relación entre sexo y género frente a configuraciones culturales de unidades causales que suelen considerarse naturales y necesarias. En lugar de la ley de coherencia heterosexual vemos el sexo y el género desnaturalizados mediante una actuación que acepta su carácter distinto y dramatiza el mecanismo cultural de su unidad inventada.30

La fuerza crítica que Butler le adscribe a la performance drag es notable. Frente a la presencia drag se nos produciría, según parece afirmar en esta cita, el pensamiento crítico. La actuación drag nos incitaría a una reflexión acerca de los parámetros representacionales de género, y de este modo, se nos efectivizaría su desnaturalización.

No obstante, como advierte Linda Zerilli, para poner en cuestión estos parámetros primero se debe tener conciencia de ellos. Es decir, para impugnar el género natural debemos apoyarnos al menos en otra serie de creencias, tales como la contingencia, la discontinuidad y la performance. Pero además, y este es el argumento epistemológico más interesante que arguye Zirilli: “En la performance drag no hay nada que garantice que yo veré la drag y el género como la misma clase de objeto […] Es probable que yo vea la drag cuando vea la drag y vea el género cuando vea el género.”31 En nuestras palabras, la ausencia de códigos de legibilidad bien puede atraer una inclusión excluyente. Es decir, al quebrar con el orden de la representación semiótica la drag no accede necesariamente al status de persona generizada y al goce de derechos. Percibida como drag, y no como sujeto legítimo sigue estando bajo el peligro y la marca de la exclusión. Si esto es así, la presencia drag no es en sí misma subversiva, ni desnaturalizante, puesto que ante todo sigue siendo ininteligible. Podemos admitir que la drag desafía las representaciones instituidas, los códigos de la matriz heterosexual, los límites (siempre móviles) del sujeto del feminismo. En suma, creemos junto con Butler que la drag provoca un replanteamiento radical de nuestras creencias en torno al género. Pero, de allí a su desnaturalización como factum, argumentamos, hay un salto. Bajo la guía de Femenías y Zerilli, podemos sostener que la performance drag no llega a desenmascarar una verdad empírica y ontológica como la diferencia sexual naturalizada. En tanto figura de lo pensable, la drag no puede capturarse entre lo verdadero y lo falso, pues, como afirma Butler, se encuentra fuera de la economía discursiva.

Desde nuestro punto de vista, la contribución de la performance drag es la posibilidad -y necesidad- de revisar nuestros propios esquemas conceptuales. Este es uno de los aportes butlerianos no siempre tenido en cuenta, como tampoco, su contrapartida, la inclusión de estos debates al corpus filosófico cuyas voces trans comienzan a ser escuchadas (impugnando también y lúcidamente el nuevo género que Butler conceptualiza).32 Si ahora la transgenericidad es un tópico que debemos pensar en el interior y el exterior de la academia, ello se lo debemos en buena parte, aunque no completamente, a Judith Butler. Una intelectual lesbiana, circunscripta a una realidad social local de la que tenazmente procura dar cuenta. En sus palabras autobiográficas:

¿Por qué el drag? Bueno, hay buenas razones biográficas, ya que la única forma de describirme durante mis años de juventud en Estados Unidos es como una lesbiana de bar que se pasaba el día leyendo Hegel y la noche en un bar gay que, ocasionalmente, se convertía en un bar drag”.33

1.4 Performances locales

Hemos encabezado este capítulo con una introducción al performance art, allí hemos arrojado luz sobre los quiebres dicotómicos del tipo público-privado; mueso-calle; espectador-actor. Quisiéramos seguir la huella de la performance, para desplazar las interpretaciones más liberales y voluntaristas de esta concepción. Estamos insinuando que, la performance drag (y no la drag performer) se ubica dentro de la tensión determinismo-voluntarismo, en un sitio donde las prácticas subversivas existen grupalmente y no como la lucha que ofrece un sujeto individual. Focalizando en la performance drag, también podemos tener una visión en panorama de las relaciones de fuerza operando contextualmente.

Bajo la óptica de la práctica artística, podemos interpretar en qué medida una performance drag puede objetar los límites del género. Si revisamos el argumento butleriano y nos figuramos la emergencia de un sujeto colectivo que impugna democráticamente el sistema sexo-género excluyente, quizá allí podamos encontrar una pista explicativa acerca de por qué la filósofa afirma que las performances drag son subversivas. También, acaso, sugerir que cuando Judith Butler afirma el género qua performance está reproduciendo ese gesto que le permite posicionarse como una teórica del género “críticamente subversiva”.

Si la performance drag es un ejemplo más entre otras tantas prácticas críticas, y no “el modelo” de impugnación podemos ver precisamente que el género, entendido como sistema normativo y heterosexual general, puede ser refutado, al menos potencialmente por cualquier práctica cultural. Es allí, creemos, donde tanto el discurso de Butler como la performance art tienen el poder de la manifestación colectiva. La performance drag, analizada como una práctica cultural intencionalmente crítica emerge dentro de los colectivos que buscan reconocimientos y derechos de ciudadanía; surge en el marco del activismo de gays y lesbianas, junto con las campañas de concientización por la lucha contra el HIV-sida y la despatologización de la homosexualidad. En suma, teniendo en cuenta las condiciones de producción de El género en disputa la necesidad de plantear el género como no-natural y disponible para hiperobolizar parece tener sentido.

Hiperbólica como la parodia, a fines de los ochenta en Nueva York y California, la sexualidad requería ser visibilizada para detener el HIV-sida. Lograr la atención pública y denunciar la falta de financiación gubernamental destinada a la investigación sobre la epidemia y su expansión formaban parte de sus objetivos. Las performances fueron la intervención política afín, la mejor estrategia para reclamar públicamente y abogar por la legitimación de las demandas.

La actuación hiperbólica de la muerte en la práctica de “die-ins” y la exterioridad teatral mediante la cual el activismo queer rompió con la distinción encubridora entre el espacio público y el espacio privado hicieron proliferar sitios de politización y una conciencia del sida en toda la esfera pública.34

Estas performance no se limitan repetir o reproducir miméticamente los sufrimientos de algunos sujetos, no pretenden ser representacionales sino, más bien, escenifican de manera hiperbólica la muerte y el comportamiento ofensivo, como una estrategia por donde se permite encauzar la ira y el dolor de una comunidad. Es ahí, en ese movimiento colectivo, hilarante, público y político, que una práctica que no tiene un único creador como centro, el actuar el género hiperbólicamente tiene la potencia de la lucha. Así, se extienden los espacios de legitimidad sobre las vidas que se han considerado falsas o ininteligibles. De este modo, visibilizar hiperbólicamente el dolor de la exclusión, emerge como una alternativa contextuada y políticamente subversiva colectiva.
1   2   3

similar:

La performatividad parece ser afiliada o motivada únicamente por la definición de performance en su definición teatral. Sin embargo el trabajo de Butler iconEn sentido amplio, el concepto de existencialismo es confuso y oscuro....

La performatividad parece ser afiliada o motivada únicamente por la definición de performance en su definición teatral. Sin embargo el trabajo de Butler iconEduardo Wilde nació en Tupiza, pequeño pueblo del sur de Bolivia,...

La performatividad parece ser afiliada o motivada únicamente por la definición de performance en su definición teatral. Sin embargo el trabajo de Butler iconSolución: Se sabe por definición

La performatividad parece ser afiliada o motivada únicamente por la definición de performance en su definición teatral. Sin embargo el trabajo de Butler iconTaller, y casi dos meses de trabajo entre la comunicación del equipo...

La performatividad parece ser afiliada o motivada únicamente por la definición de performance en su definición teatral. Sin embargo el trabajo de Butler iconDefinición del modernismo
«bárbaras», orientales, nórdicas, etc. Poémes barbares (1862)-, donde el exotismo va unido a una exactitud en la documentación y...

La performatividad parece ser afiliada o motivada únicamente por la definición de performance en su definición teatral. Sin embargo el trabajo de Butler iconArtículo 1 : Todo intento de reducir al ser humano a una definición...

La performatividad parece ser afiliada o motivada únicamente por la definición de performance en su definición teatral. Sin embargo el trabajo de Butler icon“Aunque todos los hombres no tienen precisión de ser oradores, ni...

La performatividad parece ser afiliada o motivada únicamente por la definición de performance en su definición teatral. Sin embargo el trabajo de Butler iconUn retiro puede ser muy distinto a otro, cuando hablamos de su metodología;...

La performatividad parece ser afiliada o motivada únicamente por la definición de performance en su definición teatral. Sin embargo el trabajo de Butler iconEn los procesos de divorcio por separación de hecho el monto de la...

La performatividad parece ser afiliada o motivada únicamente por la definición de performance en su definición teatral. Sin embargo el trabajo de Butler iconDefinición: Manifestación religiosa, política y artística de la crisis...






© 2015
contactos
l.exam-10.com