I. Una ambigüedad de las teorías de los datos sensoriales






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Wilfrid Sellars

“El empirismo y la filosofía de lo mental” (Ciencia, percepción y realidad, pp.139-210); Madrid, Tecnos, 1971; Trad.: V.Sánchez de Zábala

Estas notas están escritas al hilo de la lectura del artículo de Sellars. Por otra parte, me referiré a veces a los comentarios de Robert Brandom en su “Study Guide” que apareció como epílogo en la publicación de este artículo en forma de libro en 1997 (W. Sellars Empiricism and the Philosophy of Mind, Cambridge, (Mass.), Harvard University Press). Aparte de esta interesante guía de estudio de Brandom, también son de gran interés las discusiones de Rorty en La filosofía y el espejo de la naturaleza (Madrid, Cátedra, capítulo IV, sección 3) y de John McDowell en Mente y mundo (Cambridge (Mass.), Harvard University Press, 1994) en distintos lugares indicados en el índice analítico de ese libro.

I. Una ambigüedad de las teorías de los datos sensoriales


1. La crítica de la idea de inmediatez o del carácter dado (givenness) no implica negar la diferencia entre inferir y ver (es decir entre saber algo inferencialmente y saberlo percepualmente). La existencia de algo dado en este sentido no es controvertida, sólo el compromiso teórico y epistemológico que esa distinción pueda acarrear necesita ser criticada. Lo que Sellars critica es el intento de fundamentar nuestro sistema de justificaciones en algo que no necesita justificación.

“En la primera sección, el Mito de lo Dado aparece bajo la guisa de la idea de que algún tipo de hecho no epistémico acerca de sujetos cognoscentes pueda entrañar hechos epistémico acerca de ellos” (Brandom 121). Brandom señala que apelar a lo dado borra la distinción entre ‘ser sintiente’ y ‘ser sapiente” (sentience/ sapience), es decir entre estar consciente en el mero sentido de estar despierto (algo que compartimos con animales no discursivos y no conceptuales) y ser consciente en el sentido de saber algo que potencialmente puede justificar un juicio.

Brandom, en su análisis del mito de lo dado, distingue dos tesis: primero, hay algunos estados para los que el conocerlos es equivalente al estar en esos estados, y segundo, este conocimiento es independiente de la posesión de conceptos. De ambas se sigue “(...) que uno puede ser consciente en [el segundo sentido] con independencia de, y anteriormente a, captar y manejar cualquier concepto (paradigmáticamente a través dl aprendizaje lingüístico)” (Brandom 122). Sellars argumenta contra la defensa de las dos tesis simultáneamente: “sólo lo que tiene contenido proposicional y está conceptualmente articulado puede servir como (o, igualmente, necesitar) justificación, y así sostener el conocimiento o constituir conocimiento” (íbidem). En palabras de McDowell, el ‘espacio de las razones’ no puede extenderse más allá del ‘espacio de los conceptos’.

Sellars empieza su argumentación con una crítica de las teorías de los datos de los sentidos (sense-datum theories; a partir de ahora “ds”) sólo como primer paso de una crítica general de la idea misma de dado.
2. Las teorías de los ds distinguen entre el acto de ser consciente o percatarse (the sensing, el experimentar sensorialmente) y su objeto (the sensed, the sensum, el dato sensorial). Ser un dato sensorial es una propiedad relacional de lo experimentado sensorialmente, una propiedad que hace mención esencial al carácter de contenido de un acto sensorial.
3. Se supone que lo dado juega el papel epistemológico de fundamento. Sin embargo lo experimentado sensorialmente son entidades singulares, particulars, mientras que el conocimiento, incluyendo el conocimiento no inferencial es de la forma “algo es así y asá”. Por tanto, parece que los contenidos sensoriales no pueden constituir conocimiento, inferencial o no. De acuerdo con Sellars, el teórico de los ds tiene que elegir entre (a) reconocer que lo experimentado son particulares, que no implican lógicamente la existencia de conocimiento, pero que la existencia de conocimiento sí implica lógicamente la existencia de ds, y (b) mantener que lo experimentado son hechos en lugar de particulares y así defender que el experimentar sensorialmente contenidos sensoriales es conocimiento no inferencial.

Brandom señala que la opción (b) entraña la existencia de ‘justificadores’ anómalos no justificados, es decir, entidades que están justificadas sin necesidad de ser justificadas. Brandom enfatiza la dificultad de decidir si la relación entre “las experimentaciones de contenidos sensoriales” y las “creencias no inferenciales” es causal (no epistémica, como la que habría entre objetos físicos y experimentaciones sensoriales) o racional (epistémica, como la que habría entre creencias no inferenciales y creencias inferenciales).

Es una característica importante de los ds que no sólo juegan un papel justificador, sino que son el fundamento de toda nuestra red de creencias.
4. Hay una opción abierta a los teóricos de los ds que se basa en la distinción entre conocimiento por descripción y por familiaridad (o presentación). Experimentar sensorialmente es un hecho cognitivo o epistémico a pesar tener particulares como contenido. Simultáneamente conocemos contenidos sensoriales (porque son experimentados sensorialmente) y sabemos no inferencialmente algo sobre ellos (e.g., que son rojos).
5. El teórico de los ds puede (aunque normalmente no lo hace) retener la idea de que el contenido sensorial es un datum diciendo que su carácter de dado sólo puede ser definido contextualmente en términos de un conocimiento no inferencial de hechos sobre ese contenido. En este sentido, el carácter de dado no sería el concepto básico o primitivo de la teoría. “Experimentar sensorialmente un contenido sensorial x es creer que tiene alguna (no importa cuál) característica F. (...) Lo que es importante notar en este análisis es que las nociones epistémicas están presupuestas, no explicadas en términos de la experimentación de un contenido sensorial que se supone una noción no epistémica comprendida con anterioridad (...)” (Brandom 128-9). De otra forma, la conexión lógica entre experimentar sensorialmente y conocer se vería cortada, esto es, dejaría de ser epistemológica. Esto es así porque la idea de que los hechos epistémicos puedan ser completamente reducidos a hechos no epistémicos es un error radical, idéntico a la ‘falacia naturalista’ en ética”.
Las secciones 6 y 7 son centrales para la argumentación de Sellars. Una forma interesante de verlas es, según sugerencia de McDowell, bajo la luz del lema kantiano que aparece al final de esta cita:
Si a la receptividad de nuestra mente, su poder de recibir representaciones cuando se ve afectada de alguna forma, la hemos de llamar sensibilidad, entonces el poder de la mente de producir representaciones por sí misma, la espontaneidad del conocimiento, debe ser llamado el entendimiento. Nuestra naturaleza está constituida de forma tal que nuestras intuición sólo puede ser sensible, es decir sólo contiene el modo en el cual somos afectados por objetos. Por otra parte, la facultad que nos permite pensar los objetos de la intuición sensible es el entendimiento. Ninguna de estas capacidades tiene preferencia sobre la otra. Sin sensibilidad ningún objeto nos sería dado, y sin entendimiento ninguno sería pensado. Los pensamientos sin contenido son vacíos, las intuiciones sin conceptos son ciegas. (Crítica de la razón pura, A51/B75)
6. Si el teórico de los ds mantiene que experimentar sensorialmente no es algo adquirido, ¿cómo puede el experimentar sensorialmente presuponer la posesión de habilidades adquiridas (como sugieren las secciones 4 y 5)? Para ello habría que suponer que la habilidad de tener conocimiento no inferencial es ella misma no adquirida. El dilema de las teorías clásicas de los ds es o (1) abandonar la idea de que experimentar sensorialmente entraña conocer no inferencialmente (haciendo del experimentar sensorialmente un hecho no epistémico que puede ser condición necesaria, pero no suficiente, del conocer), o (2) abandonar la idea de que experimentar sensorialmente no es adquirido, o (3) aceptar que conocer no es adquirido y verse forzado a explicar qué conceptos son innatos y cuáles no.
7. El concepto clásico de ds surge de la mezcla de dos tipos de ideas: (1) la idea de que existen ciertos procesos internos, tales como sensaciones de rojo, que pueden darse en animales sin ningún proceso previo de aprendizaje o formación de conceptos; y (2) la idea de que existen ciertos procesos internos que consisten en conocimiento no inferencial de que ciertas cosas son, por ejemplo, rojas, y que estos procesos son necesarios para todo conocimiento empírico.

(1) proviene del intento de explicar la percepción sensorial científicamente. Estas sensaciones son producidas principalmente por la presencia en las proximidades del que percibe del objeto físico adecuado, y mientras los bebés pueden tenerlas sin “ver que ...” o sin “parecerle que ve que ...”, los adultos ven que ..., o les parecer ver que ..., cuando la sensación está causada. De esta forma, tener la sensación de un triángulo rojo no es un hecho cognitivo o epistémico.

La combinación de (1) y (2) nos deja en una situación de perplejidad:

“¿Debemos considerar que las sensaciones en cuestión son un tipo de particular (estructurado como un triángulo) o un tipo de creencia (estructurados como una oración)?

¿Es la capacidad de tener conocimiento empírico como éste adquirida por experiencia, o anterior a la experiencia?

¿Es anterior al resto de nuestro conocimiento en el orden de la causalidad o en el orden de la justificación?” (Brandom 131)

Es tentador asimilar las sensaciones a los pensamientos y atribuir a los primeros la intencionalidad de los segundos. Una forma de evitar esta asimilación es considerar a las sensaciones sui generis, ni epistémicas ni físicas. Pero esto tiene consecuencias desafortunadas: dado que las experiencias, tales como ver ostensiblemente una superficie física roja, son, a veces, no verídicas, la fundamentación del conocimiento empírico no puede apoyarse en ellas; por tanto esta fundamentación deber reposar en otra cosa, sensaciones, que se ven asimiladas en su intencionalidad a los pensamientos (y, así, convertidas en epistémicas) y que están, por hipótesis, mucho más íntimamente ligadas a los procesos mentales que a los objetos físicos externos. Sellars critica tanto el que se asimile la sensación al pensamiento como que no se tenga en cuenta la posibilidad de que las sensaciones puedan ser no verídicas (una posibilidad que ha de existir si queremos decir de ellas que son verídicas).
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