Buawaigaai ayuyisaa "argentina" do ia kaawaea ummooemmi ia oyagaa* Autor : Alejandro C�sar Agostinelli Buenos Aires, Argentina 32 p�ginas






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títuloBuawaigaai ayuyisaa "argentina" do ia kaawaea ummooemmi ia oyagaa* Autor : Alejandro C�sar Agostinelli Buenos Aires, Argentina 32 p�ginas
fecha de publicación15.06.2015
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BUAWAIGAAI AYUYISAA "ARGENTINA" DO IA KAAWAEA UMMOOEMMI IA OYAGAA* Autor : Alejandro C�sar Agostinelli ** Buenos Aires , Argentina 32 p�ginas ************************************************************************************************************************************************************************************************************************************ 1. Cuando "2001" abraz� a DEI-98 (o el nuevo periodismo m�gico-espacial ante el misterio) En la Argentina, la primera gran caja de resonancia de la venida de los ummitas a la Tierra fue la revista "2001". Lo que no parec�a m�s que un v�stago marginal de la fiebre alien�gena de finales del '60, el �ltimo grito del contactismo (telef�nico, epistolar, unilateral y menos mesi�nico que racional) fue un asunto que se transform� en cliente regular del m�s representativo y exitoso producto editorial dedicado a temas fant�sticos y espaciales de la �poca (1). Bajo el subt�tulo "periodismo de anticipaci�n", "2001" era una revista con llegada en Espa�a, desfilando por sus p�ginas varios de sus m�s representativos voceros ufol�gicos. Veamos tres ejemplos que muestran por qu� esta revista fue el veh�culo paradigm�tico del nuevo mito en gestaci�n: "2001" fue la primera en preguntarse desde la portada (ilustrada con un gran isotipo del UMMOALEWE) si �sta no ser�a la prueba de que los extraterrestres estaban entre nosotros, en el correo de los lectores sol�an aparecer notas y cartas de A. Ribera, E. de Vicente, F. Ares, D. L�pez, I. Darnaude, J. L. Jord�n Pe�a, entre otros, y se lleg� a publicar una historieta de ciencia ficci�n en varios cap�tulos protagonizada por una pavorosa raza de extraterrestres invasores que utilizaba un emblema inspirado en el de Ummo. En un comienzo la publicaci�n -verdadera pionera del realismo cient�fico-fant�stico en la Argentina- acogi� la pol�mica con mesura y algunas dudas, aunque con el tiempo adopt� la historia en toda su espectacularidad. La "punta de la enagua" asom� un mes antes que los astronautas dieran el peque�o gran paso en el Mar de la Serenidad. Antonio Ribera, en una entrevista simult�nea a la salida de "Un caso perfecto" (literatura obligada de la �poca), se refer�a a los casos de Aluche y San Jos� de Valderas sin revelar la relaci�n que exist�a entre ambos episodios y un cierto enrevesado affaire de extraterrestres aficionados a escribir cartas con remitente desconocido (2). Pero el primer misteriecillo de la saga no tard� en develarse: apenas un mes despu�s, Eduardo Azcuy, en un art�culo titulado "Los ovnis: �Factor de poder?" (3), se lucir�a mostrando las imperfecciones del caso que se pretend�a perfecto y establecer�a el nexo que un�a una historia con la otra, basando sus dudas en informes enviados por los corresponsales de la revista, en deducciones propias y en las indiscreciones del padre Enrique L�pez Guerrero (4). Por entonces, Azcuy escrib�a: "Nuestros amigos espa�oles dicen que existe 'un caso perfecto'. Nosotros estimamos que no, y entendemos que el problema ha comenzado a complicarse hasta tal punto que nos inquieta la posible utilizaci�n del ovni, con otros fines que no sean los que determina la estricta indagaci�n de fen�menos de �ndole desconocida" (cursiva en el original). Ummo no es mencionado ni una sola vez en todo el art�culo. Pero Azcuy enlazaba el signo visible en la panza del platillo de Valderas con las "revelaciones" del contactado F. Sinod (5) y con la intrigante dedicatoria "a DEI-98 y a su grupo" del libro firmado por Ribera y Rafael Farriols. Al periodista de 2001 le llam� la atenci�n de que Sinod, aparte de hablar de su amistad personal y telep�tica con un extraterrestre llamado "Francisco Atienza", difundiera la existencia de un grupo de "extranjeros cuyo planeta orbitar�a alrededor de la estrella Wolf 424" y anunciara formar parte de una red de diecinueve corresponsales que estar�an recibiendo "complejos informes cient�ficos", a quienes, adem�s, se les habr�a entregado "un distintivo de metal desconocido con el sello del planeta remoto" (6). Azcuy a�ad�a que Oscar A. Bacqu�, un militar que de cuando en cuando oficiaba como corresponsal de 2001 en Espa�a, "tuvo la oportunidad de observar ese distintivo en la solapa de los se�ores Sinod y Farriols". Hoy es caer en un soberbio facilismo se�alar los desaciertos de las conjeturas de Azcuy, que le supuso a Sinod m�s protagonismo del que ten�a y exager� la nota al declarar que detr�s del asunto hab�a "fuerzas de gran poder econ�mico". Pero tambi�n asegur�: "O individuos que desconocemos han usurpado una incre�ble identidad y han sorprendido a los m�s responsables investigadores espa�oles o bien una oscura confabulaci�n se ha puesto en marcha" (3). Quienes conocimos a Azcuy sabemos que �l adher�a a la primera opini�n, mientras que la hip�tesis del complot era mero tributo al misterio, en un medio donde exaltarlo era requisito sine qua non para que sus notas fueran publicables. El correo de los lectores de "2001" tambi�n reflej� una pol�mica entre Ribera y Azcuy, donde cada uno fij� posici�n en torno de la autenticidad de las fotos de San Jos� de Valderas y sus respectivas presunciones respecto de la importancia del affaire ummita. "Considero que el asunto 'ummo' no es la v�a que nos habr� de permitir entreabrir las puertas del gran enigma del siglo XX", apostrofaba en una carta fechada el 5/9/69. Ribera, por su parte, no disimulaba su simpat�a hacia la hip�tesis extraterrestre en primer grado. Pero ese nuevo periodismo -cuyas ambiciones de �xito comercial se encarnaban en una subcultura en la que las mitolog�as m�gicas germinaban a la sombra de la carrera espacial, en un tard�o remedo nacional y popular de la Planete de Pauwels y Bergier)- no se limit� a ofrecer una mera superficie donde la controversia asome el cogote. All� se anticiparon algunas claves que hoy, a la luz de datos actuales y un poco m�s libres de los atavismos que impuso el contexto de aquella belle epoque, podemos comenzar a discernir y tambi�n -por qu� no- a disfrutar. 2. Los esp�ritus burlones de Jos� Luis (o cuando los "ummanos" muestran la hilacha) 2001 volvi� a echar "ummo" entre enero y marzo de 1970 (7). El art�culo m�s significativo, sin duda, se public� en el Nro. 20 (marzo), que incluye una extensa carta titulada "Los extraterrestres guardan su bomba de tiempo", con la firma de Fernando Eguizabal, supuesto periodista vasco radicado en M�xico. El colaborador espont�neo afirmaba que su inter�s por el tema "se inicia en 1964, cuando un buen amigo m�o especializado en mec�nica cu�ntica recibi� por correo a�reo unos singulares documentos fechados en Adelaida (AUSTRALIA)" y revelaba poseer "pruebas incontrovertibles que don Fernando Sesma s�lo tuvo acceso accidental al affaire Oummo cuando �ste ya estaba 'coci�ndose' a�os antes en otros pa�ses (M�xico en 1964, Australia 1964, Francia 1959, Canad� 1963, Espa�a 1965, U.S.A. 1963)". Eguizabal pon�a especial esmero en descargar tintas contra Sesma, que "devel� todo el misterio de los agentes de Oummo mediante un libro burdamente editado y peor escrito donde el autor mezcla sus ingenuos y mediocres comentarios con los p�rrafos menos interesantes y m�s superficiales de los textos Oummitas llegados a su poder". Si lo disculpaba en algo era porque "en los escritos que (los Oummitas) le remitieron se advierte un estilo y un car�cter cient�fico de escaso valor, como corresponde al bajo standard intelectual de las personas que habitualmente forman su c�rculo". Entre los elementos presentados por el "antiguo periodista espa�ol" se destacaba un "grabado en sobrerrelieve a gran presi�n" que apareci� "impreso borrosamente en las paredes de un inmueble en ruinas", hallado en las cercan�as del Rancho "El Caney" (vecino a San Jos� de Valderas), copias de una "monograf�a ummita recibida el 8 de octubre de 1964 por un profesor de f�sica en Monterrey (M�xico)", y mencionaba muchas otras "pruebas que obraban en su poder" pero que nunca aport�. Entrando ahora en el terreno de las conjeturas, en el texto de "Eguizabal" (fechado el 28/1/70) es perceptible un cierto esfuerzo por enderezar el rumbo entre r�stico y folkl�rico con que Sesma "desprestigiaba" el "clima de seriedad" que tanto trabajo le hab�a costado infundir al laborioso estratega original del fraude ummita. Detr�s de ese art�culo parec�an rumiar las mismas musas, los mismos objetivos, en una palabra: el mismo cerebro creador del affaire Ummo. (Curiosamente, las copias de la monograf�a ummita enviada por el tal "Eguizabal" a 2001 lleg� bajo la forma de negativos fotogr�ficos, el mismo sistema que por entonces utilizaban los sospechosos embajadores de Wolf 424). Para ser breves y directos, aventuramos que el esp�ritu general del texto "huele como a familiar"; y si dejamos de lado peque�os aunque reveladores detalles literarios (construcciones gramaticales, "soltura" en el manejo del tema, giros estil�sticos, ubicaci�n de par�ntesis y may�sculas, etc.), es exactamente lo que hubiera escrito Jos� Luis Jord�n Pe�a para reforzar la credibilidad de los informes justo cuando empezaban a surgir las primeras dudas, alentadas por la creciente (�y acaso inesperada?) influencia del bizarro Sesma, que acababa de publicar "La l�gica del visitante del espacio" (8). Visto en perspectiva, esta carta podr�a haber formado parte de la hornada de "testimonios independientes" (an�nimos o con nombres falsos) que, como los casos madrile�os o las cartas del "mecan�grafo", parecieron haber sido creados para apuntalar el mito ummita desde otros frentes. En mayo del '70, "2001" comienza a publicar "�Guerra de los Antartes!", presentada como "la primera historieta argentina de ciencia ficci�n", aunque en realidad exist�a un antecedente notable, "El Eternauta" (1957-1959). Ambas historietas ten�an en com�n que fueron concebidas por el mismo guionista (H�ctor Germ�n Oesterheld, considerado el mayor escritor de aventuras que prohij� estas tierras) y que eran sendas invasiones extraterrestres ambientadas en la ciudad de Buenos Aires. El emblema Antarte era un s�mbolo cuasi-ummita que aparec�a en el pecho, en la frente de los seres, y en la trompa de las naves, que semejaban tanques espaciales. Diez a�os despu�s, el comic ser�a republicado en Clar�n, el diario con mayor circulaci�n del pa�s. Oesterheld y el dibujante Napoo hab�an puesto su granito de arena para que el �cono popular reci�n importado de la Madre Patria consiguiera implantarse en el imaginario extraterrestre argentino (9). Al fin del segundo cap�tulo de "�Guerra..." se pod�a leer la carta-presentaci�n de la neonata Agrupaci�n de Estudios Cosmol�gicos Eridani, en la que sus directivos (F�lix Ares de Blas [Director t�cnico], Jos� L. Jord�n Pe�a [Presidente] y David G. L�pez [Dtor. Dpto. Investigaci�n] se pon�an a disposici�n de los interesados en los ovnis para iniciar un intercambio. Tal era entonces el nivel de integraci�n ufol�gico-cultural entre Espa�a y la Argentina... (10). La revista que fue el espejo de una generaci�n que matizaba sus intereses entre los platillos voladores, los fen�menos psi, la conquista espacial, el hippisimo y las revoluciones social y sexual, en su primera etapa alcanz� una tirada de 67 mil ejemplares, todo un record para la �poca. En una entrevista reciente, Roberto Mart�nez, por entonces redactor de las p�ginas dedicadas a la "coheter�a modelo", cuenta que el affaire Ummo les cay� literalmente del cielo porque les ahorr� mucho trabajo a la hora de "inventar historias" (11). Mart�nez no puede evitar una sonrisa cuando recuerda que en la redacci�n de 2001 se recibieron "un mont�n" de informes ummitas. No retiene datos precisos y supone que ese material se perdi� cuando MBH (la empresa editora) se fue a la quiebra y tuvo que vender los archivos. "El ritmo del asunto era incre�ble; nos desconcertaba el hecho de que las cartas llegaran selladas en distintas partes del mundo. Me acuerdo que cuando Vignati (el jefe de redacci�n) revisaba la correspondencia dec�a: '�Carta ummita desde Inglaterra!' o '�Carta ummita desde Australia!' Una vez pusieron dentro del sobre un recorte de tela de alumino y pl�stico, espejada de ambos lados. Despu�s supimos que ese material se usaba para construir unos globos tipo Mailard. Pero nos dimos cuenta de que la 'joda' pasaba por otro lado cuando, en una de las cartas, los tipos escribieron que adher�an al Che Guevara y a la revoluci�n social en Am�rica Latina", se�al� Martinez, quien ignora por completo la tesis que hoy sostiene el uf�logo franc�s Renaud Marhic (12). Digamos de paso que no hace falta salir a marcar con el dedo a "agentes de la KGB" si recordamos los aires pol�ticos que entonces se respiraban. No hay que ir tan lejos: la l�nea editorial de "2001", por ejemplo, a partir del n�mero 41, sufri� una mutaci�n radical, dejando de ser "periodismo de anticipaci�n" para convertirse en "periodismo de liberaci�n". En los albores del '70, en sus p�ginas coexist�an los revulsivos graffitis de la contracultura del mayo franc�s, el pacifismo ecologista de los muchachos de pelo largo y las �nfulas transgresoras que promet�an un Hombre Nuevo en un Mundo Nuevo, donde lo imposible era potencialmente real. Desde el aterrizaje masivo de los extraterrestres hasta la supresi�n definitiva de los tab�es sexuales; desde el sue�o imposible de las sociedades telep�ticas hasta el alucinante deseo de que la Revoluci�n Cultural mao�sta se propagara por el mundo. En 2001, periodismo de liberaci�n se pod�an leer los poemas de Ernesto Cardenal y los cuadernos de campo del comandante Guevara... y descubrir que el pie de imprenta editorial segu�a informando que sus "servicios especiales" eran Flying Saucer Review, Ph�nomenes Spatiaux y The Apro Bulletin... La ideolog�a ummita -m�s que responder a "servicios de inteligencia"- llevaba en el orillo la marca registrada de una �poca donde los intelectuales le hab�an declarado la guerra al nazi-fascismo -aun cuando su autor haya incurrido en el anacronismo de imaginar una civilizaci�n extraterrestre que no estaba libre de concepciones totalitarias. Bajo el escudo protector del UMMOALEWE, alguien se hab�a hecho pasar por otros que lograron hacer realidad el mito terrestre del Progreso Indefinido, recreando una utop�a social que entronizaba una Ciencia con may�scula. Los sue�os y los avatares que estimulaban esos sue�os eran parte del mismo continumm cultural, y as� como la escenograf�a platillista de los "casos reales" no se diferenciaba tanto de la imaginer�a est�ndar de aquello que cab�a esperar de visitantes extraterrestres, la utop�a encarnada por los UMMOOEMMI tampoco consegu�a despojarse de una m�stica uniforme y espartana, pariente cercana de la moral media de la sociedad en la que se hab�a estado fermentando. 3. Corresponsales en la dimensi�n desconocida (o los argentinos que tuvieron el privilegio) Hasta donde se sabe con certeza, el inventor Ariel Ciro Rietti, el sacerdote jesu�ta Segundo Benito Reyna, el escritor Luis Anglada Font y el ufote�logo Pedro Romaniuk, fueron los primeros platill�logos argentinos que recibieron informes ummitas de la fuente original, despachadas desde Berl�n oriental (Alemania) el 30 de agosto de 1969. Los cuatro contaban con m�ritos suficientes para ser honrados con esa distinci�n. En 1957 Rietti era vicepresidente de la Sociedad Argentina Interplanetaria, un grupo privado dedicado a temas aeroespaciales. Ese a�o conoci� al empresario de origen franc�s Christian Vogt, que acababa de publicar el libro "El misterio de los platos voladores" (13), y pronto fundaron la CODOVNI (Comisi�n Observadora de Ovnis), que public� hasta 1965 un bolet�n informativo anual que enviaba a revistas y c�rculos platillistas de todo el mundo. Durante la d�cada del '60, el padre Reyna, astr�nomo amateur pero famoso en la Argentina por su dedicaci�n a temas ovnil�gicos, mantuvo relaciones epistolares con varios investigadores ib�ricos y sus opiniones aparec�an citadas con frecuencia en la prensa espa�ola (14). Con Rietti hablamos del tema en febrero de 1994. A�n atesora amorosamente el sobre, los textos y las transparencias ummitas. Jam�s prest� los originales a nadie, y justifica sus precauciones evocando el final que hall� la carta a Reyna, que en un descuido de �ste fue a parar a manos de un uf�logo amante de la propiedad ajena y nunca m�s la pudo recuperar. Los sobres inclu�an una tarjeta de salutaci�n con los cr�pticos caracteres made in Ummo con el sello )+( y cinco negativos. Las fotos reproducen tres carillas mecanografiadas, el s�mbolo junto con la imagen del platillo de San Jos� de Valderas y el esquema del corte transversal de la espacionaves ummitas. La carta es una presentaci�n general del tema en un todo similar a las primeras recibidas en Espa�a y Francia. Con una salvedad: O los ummitas traspapelaron el env�o, o ignoraban que en la Argentina se habla la lengua de Cervantes, o son unos seres definitivamente desatentos: menos la tarjeta de salutaci�n, los documentos dirigidos a Rietti y a Reyna estaban redactadas en franc�s (15). Rietti no disimula el orgullo de haber merecido la atenci�n de los presuntos corresponsales alien�genas y se mostr� interesado en conocer los detalles de la confesi�n de Jord�n Pe�a. "Mi actitud fue cient�fica; siempre pens� que hab�a que realizar alg�n tipo de comprobaci�n o esperar, porque el tiempo todo lo aclara". Y no le faltaba raz�n. Lo que ni Rietti ni nadie sab�a era que ser�an nada menos que �27! los a�os de espera. El pionero de la ovnilog�a argentina no oy� hablar de otros receptores aparte de Reyna, pero recuerda bien el revuelo que se arm� cuando el diario Clar�n, en abril de 1979, se ocup� del tema (16). Rietti -conocido entre el p�blico en general por haber desarrollado el primer auto solar nacional, y entre los aficionados a los ovnis en particular por su "sistema de detecci�n", un aparato sensible a variaciones del campo electromagn�tico- recuerda que trat� el tema con el padre Reyna durante un viaje que hicieron juntos a Bah�a Blanca a fines de los '70, donde participar�an de un programa en la televisi�n local. Hasta entonces, cada uno cre�a que su respectiva carta era la �nica del pa�s. A comienzos de 1979 corri� una versi�n de que el uf�logo Luis Anglada Font -ex piloto de guerra durante la segunda guerra mundial de la Real Air Force y autor del libro sobre ovnis argentino mejor escrito de la �poca (17)- recib�a los informes ummitas desde el '66, asunto en el que habr�a estado vivamente interesado -pese a que en su libro no le dedica al tema un s�lo p�rrafo. En febrero de 1980, dos investigadores (que luego se convertir�an en protagonistas) localizaron a �l, a su madre y a su hija, quienes desgranaron una historia con los ingredientes justos para que mereciera una menci�n de honor en el anecdotario platillista local. No era para menos: el mismo Anglada atribuy� las dolencias que luego lo llevaron a la muerte con su inter�s por el tema Ummo, a partir de un encuentro que dijo haber tenido con uno de los legendarios Men in Black. Cuando uno de los uf�logos le coment� que preparaba una monograf�a sobre Ummo, Luis repiti� varias veces: "Si yo fuera usted, no lo escribir�a. �ste es un asunto muy peligroso. Mire lo que me han hecho a m�, el estado lamentable en el que me han dejado". Su hija, Montserrat Anglada, record� que en 1968, poco despu�s de publicarse su libro, acompa�� a su padre a una cita en el bar de una estaci�n ferroviaria con un misterioso hombre que dijo llamarse P�rez. Tras algunos rodeos iniciales, le sugiri� que abandone sus investigaciones sobre Ummo ("�Usted no tiene miedo? Ver�, don Luis, en estos temas especiales hay que tener cuidado... usted tiene familia, una hija preciosa...") y extrajo de su malet�n una fotograf�a de la barcelonesa monta�a Montserrat (�?). El sujeto, flacucho y con gafas negras, vest�a como un MIB, hablaba como un MIB, y sab�a todo lo que se supone deb�a saber un buen MIB. Cuando se despidieron, el cruz� la avenida en forma un tanto irresponsable y estuvo a punto de ser atropellado por un taxi. Pero aqu� viene lo mejor: esquiv� la embestida pegando un sobrehumano salto acrob�tico, para luego seguir caminando lo m�s campante. En 1970, Anglada Font sufri� un derrame cerebral que le provoc� una sordera aguda y le hizo perder gradualmente sus capacidades del habla y la escritura. Tanto este hecho como las causas de su fallecimiento fueron atribuidos a aquel encuentro. La madre de Anglada recuerda que tras el ataque no hizo m�s que repetir una especie de quejido ummita: "Aioumma, aioumma..." (18). La narraci�n del extraterrestre P�rez reedita rumores y temores tan antiguos como la g�nesis del mito de los platillos volantes. Con diferencia de matices, pueden encontrarse decenas de versiones similares a estos "desprendimientos benderianos" en casi todos los cl�sicos de la literatura especializada. Lo que s� interesa destacar es que, en el foklore ufol�gico de la �poca, la aparici�n de Hombres de Negro que amedrentaban a los investigadores que "met�an sus narices donde no deb�an" estaba muy asociada con la imaginer�a paranoica que comenzaba a forjarse alrededor del concepto seg�n el cual "los ummitas est�n entre nosotros" (19). Alg�n d�a habr� que rendir cuenta de la ambivalente mezcla de miedo y fascinaci�n que alimentaba las fantas�as que hab�a respecto de la posible presencia de extraterrestres infiltrados en la sociedad, en especial entre mediados de los '60 y principios de los '70. El temor a lo desconocido, e incluso el desconocimiento de que tanto las historias en las que se cre�a como algunos comportamientos asumidos eran consecuencia de ese temor, bien pudo ser la fuente del estilo que caracteriz� a toda una era de amantes de la ufolog�a, marcando a fuego las creencias de las nuevas generaciones. Si se toma en serio esta hip�tesis, no pocas claves habr�n de hallarse estudiando el papel que desempe�� el repertorio del cine y la tev� de ciencia-ficci�n que se concentr� en ese per�odo ("Dimensi�n desconocida" [1959-1965], "Rumbo a lo desconocido" [1963-1965], "El tunel del tiempo" [1966-1967], "Perdidos en el espacio" [1965-1968], "Los invasores" [1967-1968], "Viaje a las estrellas" [1966-1969], "2001, una odisea del espacio" [1968], etc.). P�rrafo aparte merecen las intervenciones de don Pedro Romaniuk, santo patrono del contactismo que posiblemente fue el cuarto receptor local de los informes ummitas. En un art�culo sin fechar publicado en el bolet�n de la "Asociaci�n Adonai" (Desojo, Navarra, Espa�a) asegura haber recibido, entre otros, el sellado en Berl�n del 30/8/68. All� "rechaza de plano todas las cartas" por tratarse de una "grosera e infantil tentativa de hacer quedar mal a seres extraterrestres" aunque admite que "los habitantes de Ummo (...) existen y son reales. Se comunicaron (...) pero jam�s por carta que no son necesarias sino mentalmente". El autor de "Texto de Ciencia Extraterrestre" (Ed. Ibal�, Bs As., 1978) efectu� una investigaci�n en la que "se complementan el an�lisis anal�tico con las comunicaciones mentales en niveles on�ricos y catal�pticos, que llevamos a cabo bajo el flujo piramidal del �nico L�ser Natural de Fotones en uso en el mundo", otra a trav�s de "sensitivos o hiper-sensitivos paranormales (captando) efluvios vibracionales" quienes le revelaron que los t�rminos del idioma ummita "no guardan entre s� la energ�a s�nica vibracional de toda lengua com�n" y, por �ltimo, a trav�s de "los verdaderos seres superiores" que "nos hicieron ver la falsedad premeditada y nefasta de la mayor�a de esta correspondencia...". Entre estos seres estar�a el comandante ummita "Kallowait", con quien asegura mantener contacto mental desde el 30 de marzo de 1970. En 1978, Romaniuk le escribi� a Ignacio Darnaude que a partir de febrero de ese a�o el contactado argentino de origen ruso Eustaquio Zagorsky (inspirador del Varkulets, celeb�rrimo Idioma Universal) comenz� a recibir la visita de un ummita que jur� "ser enviado de Rojas Darnaude de Sevilla". La criatura era alta y delgada y "atravesaba la puerta sin problema alguno, masajeando el bajo vientre de Zagorsky para curarlo de su par�lisis" y le convers� sobre "un libro Kindya... que apareci� entre 1916/19 como un manuscrito en una jerga Rusa, en el Convento de Sta. Catalina, al pie del Monte Sina�" (20). Seres de ultramundos, tel�patas del bien y corresponsales del mal, alien�genas sanadores y temibles criminales de las vestiduras negras, cerros sagrados en fotos y en sue�os... Piezas de colecci�n de un rompecabezas que se une en la... dimensi�n desconocida. 4. Los ojos telecaptores del enigma ( o el nacimiento de la ummolog�a-aventura) El "destape" ummita del diario Clar�n en 1979 tuvo gran repercusi�n. Pero la pol�mica tom� un cauce completamente inesperado cuando la revista Siete D�as trajo bajo el brazo las "alucinantes revelaciones del hombre sindicado como el 'contacto' del planeta Ummo" (Ver Cap. 5) y las explosivas declaraciones de la "licenciada en Antropolog�a" Martha Gonz�lez y las del investigador Adalberto Ujvari (de 23 y 20 a�os de edad, respectivamente), que por esos d�as hab�an comenzado a recibir llamados telef�nicos donde una extra�a voz "con fonemas ummitas"�les dec�a: "No sigan investigando, mejor que no sigan investigando" (21). No cuesta nada imaginarse a los editores del semanario frot�ndose las manos. Martha Beatriz Gonz�lez, bella y casi excluyente representante femenina de la ufolog�a argentina, y Adalberto Carlos Ujvari, interesado en el affaire desde 1973, hab�an ca�do ingenuamente en la trampa del cronista, que desobedeci� (sin duda para levantar la temperatura del misterio) el pedido de mantener en reserva el asunto del asedio telef�nico alien�gena. El tratamiento sensacionalista del tema origin� una nota en la revista Humor, donde el periodista Aquiles F�bregat opinaba que los textos ummitas "tienen un tufo a prefabricado que voltea", le tomaba el pelo a los umm�logos y fustigaba el exagerado centimetraje que el diario "Clar�n" y la revista "Siete D�as" le hab�an dedicado a la cuesti�n (22). Gonz�lez y Ujvari (en adelante, G y U) se presentaron en la revista humor�stica "hechos unos basiliscos" y el jefe de redacci�n les dio derecho a r�plica "para que se explayen como Wolf manda" (23). En la respuesta -un modelo de sobriedad, altura y mu�eca diplom�tica-, G y U se�alaron que las llamadas fueron "simplemente bromas efectuadas por gente que tiene demasiado tiempo que perder". A�adieron que, a su juicio, el asunto Ummo "re�ne ciertas connotaciones importantes" pero que no volver�an a hablar m�s del tema "hasta que no se consigan los medios confiables donde darlas a conocer". A pesar del tard�o reconocimiento de G y U de que hab�an sido v�ctimas de una broma, las cintas con las "llamadas ummitas argentinas" no tardaron en recorrer el mundo ufol�gico, ya que los "damnificados" enviaron copias a Ignacio Darnaude (que las registr� en el delicioso Ummocat), al Grupo de Madrid y al doctor Jean Pierre Petit, Director de Investigaciones del CNRS (24). Naturalmente, el incidente no se hab�a manejado con la frialdad del t�cnico sino con el fervor del embanderado. El asunto alcanz� cierto grado de patetismo cuando Martha se convenci� de que aquella era una voz que "nunca hab�a escuchado en su vida" ya que pose�a "un leve acento extranjero, que podr�a ser eslavo o ruso". Los temores fueron in crescendo cuando la pareja descubri� que el asedio telef�nico se hab�a incrementado mientras Ujvari recorr�a Albacete, investigando uno de los cap�tulos m�s siniestros de "la historia ummita seg�n ellos mismos". Adalberto Carlos Ujvari (Licenciado en Ciencias de la Comunicaci�n por la Universidad del Salvador) es, sin ninguna duda, el umm�logo argentino por antonomasia. En su adolescencia form� con un grupo de amigos la Asociaci�n Para la Observaci�n y Localizaci�n de Ovnis (APOLO) y ten�a 14 a�os cuando se top� en una librer�a con "un librito de tapa celeste" firmado por Ribera y Farriols. La misteriosa dedicatoria a "DEII-98" lo cautiv�. Al poco tiempo ya estaba en contacto con Darnaude, quien (con su transoce�nica generosidad) comenz� a inundarlo de informes y a afiatar su romance con el affaire. "Estar fuera del guiso, como observador externo, me permit�a analizar objetivamente los informes", se�alaba Adalberto a fines del '89, poco antes de partir a Austria, donde ahora vive con su familia. Las andanzas, las haza�as y los infortunios que vivi� Adalberto a lo largo de los 20 a�os en que se entreg� con honradez, candor y dedicaci�n a la causa merecer�an un art�culo aparte, o quiz� el libro que nunca lleg� a publicar. Convencido hasta los tu�tanos de la procedencia extraterrestre de los ummitas, afront� el desaf�o de comprobar la exactitud de los informes por el camino m�s dif�cil. A fines de 1980, �l y Martha recorrieron Espa�a entrevist�ndose con la mitad m�s uno de los personajes involucrados en el affaire, incluyendo a Jord�n Pe�a en su calidad de "testigo principal" del caso de Aluche. En Albacete continuaron la b�squeda emprendida por Darnaude tras la punta de la madeja del escabroso "misterio de la mano cortada" (25) y fue all� donde el mismo Adalberto se incorpor� al mito: algunos vecinos soplaron a uf�logos no identificados que tiempo atr�s hab�a estado merodeando por la zona un j�ven con apellido alem�n y aspecto n�rdico, que hizo muchas preguntas (en perfecto espa�ol) sobre la intrusi�n ummita en la vida de do�a Margarita Ruiz de Lihori... Y as� fue como el bueno de Adal pas� a la historia como uno de los primeros argentinos (porque, como se ver� m�s adelante, hubo otros) sospechosos de prestar servicios para los agentes de Ummo. El v�a crucis de Ujvari y Gonz�lez tambi�n abarc� Digne y La Javie (donde ascendieron al pico Cheval Blanc tres veces por diferentes costados para chequear los datos contenidos en los informes que dan cuenta del aterrizaje de los adelantados de Ummo en Francia) y viajaron hasta la pen�nsula escandinava (Suecia y Noruega) para tratar de comprobar qu� hab�a de cierto en la historia de la se�al en c�digo Morse presuntamente emitida por un buque noruego en febrero de 1934, gracias a la cual los ummitas se enteraron de que en la Tierra hab�a vida inteligente... Visitaron institutos de investigaciones geof�sicas y universidades sin hallar ni rastros del famoso radiograma. Esto no desanim� a Adalberto, ya que "a lo mejor no buscamos en los lugares adecuados (...) El tiempo y los medios eran escasos y no nos pod�amos dar el lujo de agotar TODAS las posibilidades en, por ejemplo, tres semanas" (26). En 1991, el tenaz umm�logo porte�o no descartaba retomar aquella investigaci�n y a�n pensaba que "quien se tome el trabajo de leer un par de documentos seleccionados se dar� cuenta de que TIENE que haber una inteligencia superior detr�s de esto. Extraterrestre o no, no se puede tratar de un simple bromista". Tambi�n sosten�a que no pod�a echarse por tierra a la totalidad del caso por el fiasco de San Jos� de Valderas ya que quiz� "sea una estrategia interna de los de Ummo para desacreditar el tema", t�pico argumento infalsable fomentado en su momento por Rafael Farriols, quien sospechaba que "todo ello fue un montaje cuidadosamente preparado por los ummitas, previendo incluso que los Williams Spauldings (por el director de la Ground Saucer Watch) de este mundo saldr�an un d�a con la 'prueba' de que todo era un fraude" (27) (���!!!). En diciembre de 1981, Adalberto ya hab�a pasado en limpio con una m�quina de escribir el�ctrica 400 p�ginas que representaban 1.000 folios de los escritos ummitas. Ese mismo a�o, cre� junto con Hugo Borda el llamado Grupo de Buenos Aires, reuniendo a especialistas versados en diferentes materias para que opinen sobre el alegado contenido cient�fico de los informes. La actividad p�blica del grupo lleg� a su punto caliente en 1983, cuando comenz� a reunirse en el c�ntrico caf� Tortoni el tercer s�bado de cada mes cual tard�o eco porte�o de las tertulias de "La Ballena Alegre". Las primeras dudas de Ujvari respecto de la identidad alien�gena de los corresponsales comenzaron cuando un soci�logo de ese Grupo le hizo ver que "todos los datos eran te�ricos, incomprobables, no nos dicen '2 + 2 = 4 y si no nos cree haga la cuenta'...". En 1987, casi ten�a terminado un libro de 18 cap�tulos y m�s de 300 p�ginas que, por razones comerciales, tambi�n ser�a firmado por Antonio Ribera (28). El manuscrito casi no dejaba aspecto por tratar: varios an�lisis sobre la tipograf�a y los contenidos pol�ticos, tecnol�gicos, comunicacionales de los informes, y hasta un repertorio de la presunta presencia ummita en la antig�edad. Lo cierto es que -hoy no se sabe si por suerte o por desgracia- "Ummo: �Extraterrestres entre nosotros?" sigui� juntando polvo en los cajones del venerable patriarca de la ufolog�a ib�rica (29). Lejos de curarse de la ummofilia, tras su inserci�n en el kliqu� (mundillo) ufol�gico austr�aco, capitaneado por Reinhardt Habek del grupo "Interkosmos", Adalberto no tuvo mejor idea que ejercitar sus conocimientos del alem�n traduciendo los informes ummitas, donde eran completamente desconocidos (26). Otro es el caso de Martha Gonz�lez. En 1973 fund� el Grupo de Investigaci�n de Vida Extraterrestre (GIVE) y manten�a relaciones fraternales con grupos como el Centro de Estudios de Fen�menos A�reos Inusuales (CEFAI), coordinado por Roberto Banchs y Oscar Uriondo. M�s tarde escribi� un libro que nunca lleg� a ver publicado, "Humanoides en la Argentina: introducci�n a una antropolog�a in�dita". Carism�tica, generosa y sensual, virtudes a las que se agregaba una amplia y variada cultura platillista, Martha estableci� infinidad de contactos, siendo Aim� Michel y Jacques Vall�e sus amistades ufol�gicas m�s preciadas. Su inter�s por el affaire Ummo se remonta al tiempo que comparti� junto a Adalberto Ujvari, si bien aport� su propio anecdotario. A fines de los '80, por la misma �poca de las llamadas wolfianas, Martha confes� a varios habitu�s de la colonia ufol�gica (inclu�do el autor de estas l�neas) que cierta vez crey� haber sido acosada por un MIB mientras le�a un informe ummita en un metro -aunque pudo tratarse de un ummita (recu�rdese que para el folklore de la �poca, ambas entidades eran intercambiables). En otra ocasi�n, le pidi� al uf�logo Heri Janosch que pase la noche en su casa: ten�a miedo de quedarse sola porque el d�a anterior hab�a visto flotar en su cuarto varias bolitas de colores que atribuy� a las famosas c�maras-esp�a ummitas (UULODOO, para los entendidos). Martha trat� de conjurar previsibles suspicacias ofreciendo a su madre de testigo: "�Qu� son esas pelotas que ten�s en tu pieza, nena?", le habr�a dicho. Ella lleg� a la habitaci�n con la lengua afuera; pero los "ojos telecaptores" ya hab�an desaparecido (30). Enti�ndase que estos comentarios carecen de todo �nimo peyorativo hacia la persona de Martha Gonz�lez: quien esto escribe no duda de su buena fe ni de su honestidad, e incluso piensa que jam�s hubiera sido importante dar estas menudencias a conocer si no fuera porque su actividad alcanz� gravitaci�n p�blica mientras el asunto Ummo fue uno de los ejes de su vida. Lo que s� es cierto es que sirven para completar el perfil de alguien con creciente influencia en Espa�a, donde reside desde hace varios a�os. Gonz�lez, la misma que hoy dice ser venezolana y haber recibido por escritura autom�tica mensajes del "Comando Ashtar", hace poco sali� al cruce de la vertiente m�s apocal�ptica del movimiento contactista se�alando: "Yo no pienso huir de mi planeta cuando queda tanto por hacer aqu� abajo..." (31). Para el final de este cap�tulo dejamos dos piezas de la ummoman�a argentina que ofrecen interesantes �ngulos de an�lisis. Una de ellas relaciona al affaire con el contactismo tradicional; la otra, con la idea de la inexistencia del azar, que bajo las designaciones populares de "causalidad" o "sincronicidad" se han convertido en una forma muy extendida de pensar, que es casi estructural entre los creyentes en lo paranormal. En enero de 1989, la pediatra Alicia Lombardi le revel� al umm�logo Hugo Borda que ella estaba relacionada con un grupo de contacto afincado en la localidad de San Nicol�s (Buenos Aires) que manten�an comunicaci�n telep�tica con seres de Ummo. De acuerdo con la profesional, los ummitas se vieron forzados a emigrar porque un planeta vecino estaba perturbando la bi�sfera, habiendo llegado a la Tierra en su b�squeda de seres de otros planetas que pudieran socorrerles. Contradictoriamente, la doctora Lombardi asegur� que "cuando la conflictividad terrestre alcance un nivel cr�tico los ummitas evacuar�n a los elegidos" (�a d�nde?). La �nica pizca de "originalidad" que contiene el relato es que "muchos ni�os contempor�neos son h�bridos terrestre-ummitas", cruza que habr�a causado "una enfermedad importada de Ummo, que ataca a la m�dula espinal y provoca una fragilidad �sea"... (32) Se advierte que el fantasma persecutorio de los extraterrestres-manipuladores gen�ticos merodea m�s de una variante del mismo mito. El segundo caso resulta ilustrativo a la hora de observar la conducta de personas altamente compenetradas en la din�mica de sistemas de creencias m�gicos donde "todo es posible". La adhesi�n compartida de que los ummitas eran quienes dec�an ser, cre� una situaci�n que termin� uniendo las historias de una umm�loga espa�ola, un colega argentino y una "sensitiva" rosarina. En setiembre de 1988, la uf�loga ib�rica -de quien s�lo daremos sus iniciales, G. L.- inici� un intercambio postal con un integrante del Grupo de Buenos Aires. La j�ven madrile�a (por entonces contaba con 24 a�os de edad) le revel� que ten�a buenas razones (algunas "inconfesables") para pensar que toda su vida hab�a estado signada por el asunto. Cuando alud�a a los autores de los informes se refer�a a "nuestros hermanos de UMMO" y -aunque no lo dec�a directamente- G. L. insinuaba ser "alguien especial"... como por ejemplo, qui�n sabe, alguien que por sus venas corre sangre ummita... "UMMO penetr� en m� desde mi infancia" (quiz�s porque) "siendo muy peque�a fu� testigo de un avistamiento O.V.N.I. a muy pocos metros de distancia y (por) ciertos episodios (posteriores) que han coincidido con la estancia de estos Sres. en Espa�a.", escribi� en una carta del 26/9/88. A fines de agosto del '89, el umm�logo -de quien ni siquiera daremos sus iniciales- escribi� en un papel el nombre completo de G. L. ante la citada "vidente amateur" (es decir, no una charlatana sino una creyente sincera en sus poderes parapsicol�gicos), de modo que hiciera un esfuerzo mental para tratar de captar una "im�genes telep�ticas de su aura". Veamos algunos p�rrafos de la "videncia": "(Ella) tiene una inteligencia 'rara', no com�n. Quiz� tenga algo especial. (...) Est� conectada con una fuente de informaci�n que no es de la Tierra. Tiene un 'gancho' o 'canal' (...) Su aura tiene una especie de 'tubo' en la espalda, hacia arriba." Tras �se y otros "sorprendentes resultados" �a la postre inverificables, pues la entrevista no fue grabada y careci� de los controles m�s elementales�, el umm�logo escribi� que se le puso "la piel de gallina" cuando comenz� a buscar �y, por supuesto, a encontrar� una serie de paralelismos "numerol�gicos" entre fechas clave de G. L., la "vidente" y la suya propia, llegando al rampl�n empirismo de sospechar que "eso no pod�a ser obra de la casualidad" (33). 5. Los milagros de la cl�nica extraterrestre (o cuando los ummitas atend�an en Ca�uelas) A fines del '70, la controversia reaparec�a en escena por el costado menos esperado. En Ca�uelas, un pueblito de la provincia de Buenos Aires, hab�a funcionado, desde 1961 hasta 1976, una "Planta de Investigaciones M�dico-Cient�ficas" a la que se le atribu�an cualidades dignas de llevar al set una pel�cula que mezcle lo caminos menos trillados de la ciencia-ficci�n tradicional con el condimento siniestro de los trillers de suspenso, estilo "Coma". Hace poco, el caso recobr� un cierto primer plano ufol�gico al ocupar un lugar destacado en uno de los �ltimos libros de Jacques Vall�e, para quien �sta fue "la m�s curiosa y ominosa parte de la historia Ummo que nunca antes hab�a sido publicada" (34). Son pocos los protagonistas que se pueden jactar de haber vivido esta historia desde adentro. En enero de 1975, el doctor Analberto "Beto" Alcaraz ten�a 27 a�os. Necesitaba trabajar y juntar experiencia. Un a�o atr�s se hab�a recibido de m�dico y no consegu�a empleo, justamente porque carec�a de contactos y curr�culum. Por eso, cuando ley� el aviso clasificado en el diario Clar�n pidiendo m�dicos j�venes, no dud� un segundo. La cl�nica que hab�a colocado el anuncio estaba en un p�ramo, a un costado de la ruta nacional n�mero 3, a la altura del km. 77 de la localidad de Ca�uelas. Una joven con acento espa�ol lo hizo esperar en la recepci�n de la cl�nica que se parec�a a cualquier cosa menos a la recepci�n de una cl�nica. Ejemplo: en una pared descuidada del sal�n, en vez de diplomas, hab�a fotos de platillos voladores. Al rato se acerca un hombre alto, de ojos peque�os y vivaces, que lo mira mientras se mesa una barbita entrecana, recortada a lo Freud. Era Carlos Eduardo Jerez, director y propietario del establecimiento. No le dice m�s que lo necesario y le entrega un formulario con cuatro �tems: "1) Simbolice a la Tierra; 2) Simbolice a su madre; 3) �Usted cree que se puede curar el c�ncer?; y 4) �Usted cree en los extraterrestres?". La �ltima pregunta, claro, le pareci� un tanto desorbitada. El j�ven m�dico respondi� que s�: "Despu�s de ver los cuadros de la sala de espera, si digo que no me echan a patadas", pens�. Reci�n recibi� el telegrama un a�o despu�s. Al llegar, Jerez le explic� que ocupar�a un puesto de m�dico de guardia y se entretuvo mostr�ndole una sala colmada de monitores de televisi�n, consolas, osciloscopios y un enjambre de cables que se conectaban a una campana met�lica suspendida sobre una silla. "Este es el 'Secuenciador de Neuronas' -le dijo-, y con �l logramos diagn�sticos en siete minutos, mejores que con una tomograf�a computada, y con el que curamos todas las patolog�as". Beto, que hasta entonces escuchaba en silencio, le pregunt� cu�l era el origen de los aparatos. "De afuera. No son de ac�", respondi� Jerez, trazando una estela de intriga en el aire. "�Desean tomar algo?", interrumpi� la j�ven asistente. "A m� tra�me azufre", dijo Jerez, ante la mirada at�nita del m�dico. "Y volc� un sobre de azufre en polvo dentro del vaso de agua y se lo tom� de un trago; pens� en salir corriendo, pero me gan� la curiosidad y acept� quedarme, m�s como pr�ctica que por el dinero. Me llam� la atenci�n ver un osciloscopio Monfrini de primera generaci�n, un instrumento que entonces era caro y raro. Le ped� que me pague solamente los vi�ticos y empec� el mismo d�a." (35). La exitosa afluencia de p�blico a la "cl�nica de Ca�uelas" (tambi�n se la llam� "Planta de Investigaci�n Cient�fica Argentina Internacional de Neurolog�a") responde a las mismas razones por las cuales suscit� la curiosidad de los uf�logos. Si acordamos en que la primera impresi�n es la que cuenta, el atractivo se reduc�a, ante todo, a una mera cuesti�n de impacto visual. Esto es f�cil de comprender con s�lo echar un vistazo a las fotograf�as que entonces publicaron diarios y revistas: "Aterrizado" frente al edificio (de unos 300 m.2 de superficie cubierta) se apostaba un "verdadero" plat�volo, construido con un metal bru�ido y rodeado por una decena de ventanillas de acr�lico azul. Debajo del artefacto se emplazaba un monolito con una plaqueta de granito en la que se hab�a grabado el logo ummita junto con la siguiente inscripci�n: "El servicio de inteligencia HONO (sic) a la memoria de los fundadores de esta planta - 1901", y una enigm�tica lista con 15 nombres. El emblema tambi�n estaba en un gran cartel y flameaba en una bandera verde y blanca estaqueada frente al port�n de la planta, al lado de la ense�a patria... Antes de que la noticia llegara a los diarios, la existencia de la "cl�nica de los milagros" era un secreto a voces: all� se atend�an pacientes aquejados por enfermedades neurol�gicas, oncol�gicas, card�acas, y no faltaban enfermos que aseguraban haber experimentado mejor�as notables. A ese rumor le segu�a el otro, no menos provocativo, seg�n el cual los "sofisticados equipos" con los que se curaba las m�s diversas patolog�as "radiaciones gamma" mediante eran... extraterrestres. Los instrumentos, faltaba m�s, eran "monitoreados" por sus propios due�os. Cuando Beto Alcaraz empez� a trabajar en la cl�nica, la r�plica del platillo todav�a no hab�a sido construida. "Yo me opuse a que lo hiciera. Pero �l se tomaba el asunto a pecho; su sue�o era trasladar todos los equipos al plato para atender a la gente ah� adentro. Ese aparato seguro que no era extraterrestre; se lo encarg� a fines del '75 a un viejito que ten�a una zinguer�a..." Carlos Jerez es un personaje que no ha reparado en gastos a la hora de crear a su alrededor una cautivante aureola de misterio. Pacientes, vecinos, y m�dicos de la zona sab�an que hab�a logrado convencer a mucha gente, o que al menos tomara en serio la posibilidad, de que �l mismo era mitad argentino, mitad extraterrestre. Como las banderas de la entrada. Los vecinos comentaban que en una conferencia afirm� que las maquinarias hab�an sido ideadas en Gan�medes. Pero cuando los periodistas sondeaban en esa direcci�n, Jerez lo negaba, sonre�a para hacerse el sospechoso, o zafaba con evasivas. "Enseguida me dijo que varios de los aparatos eran extraterrestres -recuerda Alcaraz-, pero despu�s empez� a mezquinar informaci�n. 'Los conocimientos van a aparecer solos. Yo no te puedo decir todo, son cosas secretas', me dec�a. Yo no preguntaba demasiado porque no quer�a que desconfiara de m� y porque me d� cuenta de que ment�a para desconcertar. Hablaba con una seguridad pasmosa; era la seguridad del loco. Lo m�ximo que me lleg� a decir es que hab�a otra 'central' oculta en la cordillera de los Andes". Las calderas de la leyenda eran alimentadas por varios activistas de la fauna platillista local. Entre los promotores m�s o menos estridentes estuvo don Pedro Romaniuk. En 1978 dec�a que en la 'cl�nica' se hab�an tratado "16.500 casos de 'enfermedades incurables ya deshauciadas' por la medicina cl�sica (...) hab�a 5 estaciones de radioaficionados y m�s de 100 aparatos, uno m�s extra�o que el otro... todo ello necesitaba como un mill�n de Voltios de energ�a el�ctrica y... estaba situada en el medio de un campo de 100 kms. donde no llegaba un solo cable de electricidad (...) La cabeza de todo era (es, me comunico con �l cada semana) un joven de 37 a�os que es un sabio casero, y estoy en conversaciones a nivel del presidente para que no se lo lleven fuera del pa�s. Carlos (Jerez) habla de los oummitas como yo puedo hablar del almacenero..."�(36) Romaniuk y muchos otros entusiastas se hac�an eco de los dichos del "sabio" al pie de la letra, cuando no los exageraban o embellec�an, y ni siquiera se tomaban la molestia de averiguar si la 'planta' pose�a o no generador el�ctrico propio (como lo pose�a efectivamente). Jerez naci� en 1939 en la localidad de Baradero (Buenos Aires), y sus conocimientos de medicina eran tan planos como el electroencefalograma de una momia. "Una vez se compr� una enciclopedia de anatom�a porque ni siquiera sab�a donde estaba el es�fago", evoca Alcaraz. En realidad, Jerez era t�cnico en radio y televisi�n y, por si queda alguna duda, la aparatolog�a que usaba en la cl�nica hab�a sido constru�da con sus propias manos. Se declaraba heredero de un "proyecto de investigaci�n qu�mico-m�dico-f�sica" que inici� en Francia, en 1901, Gaspar Asprella, su abuelo materno. Seg�n Jerez, su abuelo, hijo de un franc�s y una espa�ola, lleg� a la Argentina en 1937, reuniendo a la gente que figura en la plaqueta, que mand� a hacer en 1976. Jerez se hizo cargo de la planta a partir de 1955 y �sta funcion� en distintos pueblos del conurbano bonaerense hasta 1961, cuando se instal� en Ca�uelas. En distintos reportajes dijo que la iniciativa hab�a contado con importantes apoyos pol�ticos (que iban desde Juan Domingo Per�n hasta el general Juan Carlos Ongan�a) y financieros (desde Porcelanas Hartford hasta Mercedes Benz). Pero cuando comenz� el asedio judicial, no pudo probar que nada de esto fuera cierto, y la verdad es que viv�a del arancel que cobraba a quienes acud�an a su establecimiento. "El estaba seguro de que su t�cnica funcionaba -explica Alcaraz-, y, de hecho, todo lo que ganaba lo invert�a en equipos y en continuar sus experimentos. Ven�an entre 20 y 30 personas por tarde, y casi todos los pacientes eran gente de clase media para arriba". En las primeras l�neas de un informe que entreg� a un grupo ufol�gico, Jerez explicaba la filosof�a de su "t�cnica" de esta manera: "Se comienza a investigar a trav�s de un proceso de esquizofrenia, y con el prop�sito a fin de comprobar la teor�a del abuelo; el hombre cient�ficamente no existe, es un elemento recargable-humano y transmisible; si es un elemento tiene dos polos y un punto medio; o sea -Cef�lico Positivo-Medio: Yutron-Pod�lico Negativo; en definici�n: una pila con comportamiento matem�tico-para tal prueba se encuentra el n�cleo del �tomo y se empieza a alimentar nuestra madre con Potacio-Magnesio y Azufre; produciendo un n�cleo infraestructural energ�tico compensatorio..." (Se respetaron subrayados y horrores gramaticales y ortogr�ficos del original. Aqu� se comprende su gusto por el azufre) (37). El estilo s�per-califragil�stico-espialidoso de la oratoria de Jerez consegu�a asombrar a pacientes, uf�logos, y a todos aquellos unidos por la esperanza de que algo de cuanto dec�a contuviera al menos una miga de verdad. Su megaloman�a surge patente en un p�rrafo que luego tuvo el pudor de tachar. Observado por sus destinatarios a trasluz, el texto revelaba que "en secreto he creado en el mundo un servicio de inteligencia con el �nico prop�sito de saber si yo era inteligente rondaba en las opiniones extranjeras vertidas sobre qui�n soy en realidad; utilic� un signo en forma de herradura en mi impresi�n digital; y me dirig� a todos los grandes Cient�ficos del planeta con mis diatermas, y esper�, la espera fue efectuosa y triunf�; en el planeta se dec�a y se escrib�an libros de mi persona, siendo mis temas y teor�as Inteligentes..." Jerez rubricaba su papeler�a usando su pulgar como sello, colocando entre el dedo entintado y el papel el emblema ummita... Beto Alcaraz reconoce en �l a un tipo astuto: "S�lo atend�a a los que ven�an con una nota de recomendaci�n de un coronel, de un legislador o de un obispo para arriba; y con eso se cubr�a. A m� y a Eduardo Salatino, el otro m�dico, que era home�pata y radiestecista, nos hab�a contratado para que la cl�nica tuviera una fachada legal." Entre otras proezas, Jerez presum�a de controlar un rayo capaz de detener a los autom�viles que pasaban por la ruta (experiencia que habr�a sido comprobada por el propio padre Reyna, fallecido a principios de los '80), y de pronosticar la aparici�n de ovnis. "Dec�a que 'reflectoreaba' el cielo con un aparato y que se contactaba con ellos por radio. Una noche predijo que se ver�an cerca de la laguna de Lobos. Fu� con mi familia en una casa rodante y ah� esperamos hasta las 3 de la madrugada. No pas� nada y nos fuimos a dormir. A la ma�ana apareci� �l con su Chevy y nos dijo que hab�a visto pasar a las naves a las 4..." Las actividades de Jerez saltaron por primera vez a la prensa en junio de 1976, cuando el Ministerio de Bienestar Social clausur� la planta. Ante las insistentes consultas de uf�logos y periodistas, Jerez respond�a que la Secretar�a de Salud P�blica de la provincia de Buenos Aires lo hab�a obligado a bajar las persianas al comprobar que los dos m�dicos que se desempe�aban en ella carec�an de matr�cula provincial (37, 38). Esto era verdad. Pero a eso se le sumaba que Jerez no pod�a ser el director si no era m�dico. El establecimiento, adem�s, no estaba legalmente habilitado (39). Desde octubre de 1974, los C�rculos M�dicos de Mor�n y Ca�uelas ven�an denunciando que Jerez era un charlat�n y que all� se practicaba liso y llano curanderismo. "Los m�s ignorantes dicen curar con sapos, naipes y yuyos" -declar� a "Siete D�as" el doctor Somaiel Har�n, del CMC. "Estos, en cambio, usan un secador de cabellos y lucecitas de colores". Mientras tanto, los medios hab�an comenzado a difundir las protestas de los familiares de pacientes "considerados deshauciados por la medicina ortodoxa", y reclamaban que se les permitiera continuar con el "tratamiento" que hab�an iniciado (40). En su libro "Revelations", Vall�e afirma que Jerez "desapareci� sin dejar rastros". En realidad, estuvo "desaparecido", pero solamente tres meses y por obra y gracia de la dictadura militar. "Lo pasaron a buscar una noche a las 4 de la ma�ana -revela Alcaraz- y fue acusado de terrorista. Los militares lo torturaron y casi no cuenta el cuento. Despu�s de tres meses, un grupo de pacientes averigu� donde estaba detenido. Tocaron a alg�n 'pez gordo' que influy� para que lo pusieran a disposici�n del Poder Ejecutivo, que fue su pasaporte de supervivencia. Cuando lo fu� a visitar a la c�rcel me cont� que le hab�an dado con todo... Lo largaron a los dos meses". Regres� a Baradero, su pueblo natal, y desde entonces trabaja en una papelera con un empresario que -agradecido porque Jerez "lo hab�a sanado de un mal incurable"-, le regal� la mitad de las acciones. La moraleja es significativa: la empresa fabricaba papel higi�nico y la marca del producto era "HONO", luciendo el elegante logotipo ummita en su envoltorio. En febrero de 1983, el 'sabio casero' que descubri� en el affaire ummita un punto de anclaje para hacer m�s llamativa su "alternativa terap�utica", no perd�a la esperanza de reiniciar sus "estudios". Pero lo cierto es que sigui� visitando las c�rceles argentinas durante alg�n tiempo m�s. Aunque parezca incre�ble, no pocos umm�logos llegaron tomar en serio la posibilidad de que Jerez fuera "la conexi�n argentina" del ya legendario fraude de los corresponsales an�nimos. En 1979, Alcaraz coment� a Ujvari y Janosch que cre�a que "el 90 por ciento de los relojes, l�mparas, amper�metros y volt�metros que se ve�an en los paneles estaban de adorno". En mayo de 1980, ambos uf�logos le refirieron el detalle a Vall�e cuando �ste visit� la Argentina. Y el autor de "El colegio invisible", en vez de suponer un m�vil m�s simple, se qued� escuchando entre pensativo y fascinado; a lo mejor, porque el asunto de los displays se ajustaba maravillosamente a su teor�a de la conspiraci�n terrestre... Pero... �Vale la pena detenerse a conjeturar que la parafernalia de Carlos Jerez pudo formar parte de una "operaci�n clandestina", como insin�a Vall�e en su libro? El uf�logo que pas� a la historia encarnado en el papel del doctor Lacombe en "Encuentros Cercanos...", el film ufol�gico m�s representativo del siglo XX, se saltea cont�nuamente algo que sus colegas llaman "rasero de Occam" o, mejor, principio de parsimonia. El hilo, como siempre, se corta por lo m�s delgado: No hay ninguna raz�n para descartar que Jerez haya adoptado el logo inspir�ndose en las notas publicadas por 2001, en los fasc�culos de Ciclope, o en cualquier otro libro o revista espa�ola de la �poca; la mujer de Jerez era de esa nacionalidad, nativa de Pontevedra, y el emblema lo empez� a usar a mediados del '70. Pero ante todo, �es cre�ble que una "agencia terrestre" aficionada a implementar t�cnicas de confusi�n e intoxicaci�n decida confiar el futuro de sus ambiciosos "proyectos de investigaci�n" en un bizarro conjunto de personajes que recorren el amplio espectro que incluye austeros esp�ritus religiosos, cr�dulos sinceros, charlatanes profesionales, fan�ticos religiosos, y hasta d�biles mentales? Esa muestra de "apertura mental" (o, mejor, de "expansi�n mist�rico-delirante") es sin duda admirable en un autor de periodismo fant�stico, estilo J. J. Benitez, pero imperdonable en alguien que se presenta como investigador cient�fico. No hace falta hilar tan fino. Jerez personific� el mito cient�fico del sabio-genial-pero-incomprendido que lleg� a verse a s� mismo como una especie de Dr. Frankestein de la era espacial. El �mbito donde operaba con "m�quinas desconocidas para el hombre" no era funcional sino pura escenograf�a, un montaje donde no prevalec�an criterios de utilidad sino una verdadera est�tica del enga�o. Jerez parec�a conciente de que s�lo lograr�a incrementar su �xito y colmar sus ansias de celebridad social introduciendo elementos fant�sticos (tanto en el contenido platillista de su discurso como en la concepci�n de su "laboratorio") y -quiz�- tambi�n fue v�ctima de autoenga�o cuando la mejor�a circunstancial de algunos de sus "pacientes" lo convencieron de que sus recursos pod�an ser eficaces. En el "caso Ca�uelas" confluyeron los mismos soportes espont�neos que surgen cuando un sitio se transforma en leyenda: la fuerza de un personaje carism�tico con recetas secretas y una misi�n salvadora, el poder milagroso de tecnolog�as de origen c�smico, el "toque de seriedad" a cargo de autoridades cient�ficas y ufol�gicas convalidando el potencial car�cter sobrenatural del enigma, la simpat�a subterr�nea de multitudes que necesitan aferrarse a lo imposible, y la inevitable intervenci�n combinada del Poder (l�ase el gobierno, la justicia y la ciencia) tratando de sepultar las creencias supersticiosas; con exordios ministeriales, el C�digo Penal y la fuerza brutal de las armas, los unos; con argumentos racionales e indignaci�n moral, los otros. Quedan fuera de este racconto "Tl�n, Uqbar Orbis Tertius", un magn�fico cuento de Jorge Luis Borges con fuertes reminiscencias ummitas (al que Vall�e dedica otro apartado especial, sin mencionar que Janosch fue quien le hizo notar los paralelismos en 1980) (41) y la instructiva broma-experimento realizada por Ujvari, Gonz�lez y Alcaraz en 1981, revelada por Janosch en 1987 (42) y ampliada por Ujvari m�s adelante (43). No hay de qu�. 6. Conclusiones a punta de pistola (o cuando el lector pide clemencia) Si bien en la Argentina el affaire Ummo no alcanz� los niveles de popularidad que s� tuvo en Espa�a, hemos visto que no tiene nada que envidiarle en cuanto a la calidad dram�tica que fueron recreando sus m�ltiples guionistas. Por m�nima que haya sido su influencia, nadie nos quita lo bailado: creemos que vali� la pena repasar los vericuetos de su presencia social en la Tierra del Plata porque siempre es �til mostrar el heterog�neo y sin embargo conexo sinf�n de embrollos que puede desencadenar un disparador suficientemente espirituoso, ya sea un enigma aut�ntico o, como en este caso, m�s que humano y artificial. Ahora bien; cuando se acerca el punto final, los autores de textos ufol�gicos suelen afanarse por rematar el texto con una idea fuerte y, en lo posible, dejarlo todo en suspenso, tanto como para no cauterizar definitivamente el misterio. Por desgracia, �ste no es el caso: la maravillosa historia de Ummo, antes que un "experimento cuidadosamente dise�ado", evoca la escena de una familia de gatos jugando con un ovillo de lana. Una vez que la madeja empieza a enredarse, llega una instancia en que hablar de "inteligencias externas" o "internas" (visitantes de mundos fant�sticos, maquiav�licas agencias paraoficiales o un contubernio de cient�ficos lun�ticos), que invirtieron tiempo y fortuna para someter a su capricho un f�rrago de creencias que en realidad pueden emerger y prosperar con la cooperaci�n premeditada de unos pocos (y las bromas, los fraudes, la inocencia y la necesidad de creer de unos cuantos), no s�lo es est�ril e innecesario: tambi�n puede ser un perfecto acto de cretinismo intelectual. Es lo que pasa con los misterios de apariencia bella y compleja, que calan profundo en diversos entrelazamientos sociales, y con los misterios modestos que, por su efecto espectacular, perduran con el correr de las d�cadas. Esta observaci�n se intensifica cuando caemos en la cuenta de que el c�mulo de evidencias sugiere que los hombres son bastante dados a manipular sus propias creencias hasta volverlas mamarrachos irreconocibles, entramp�ndose en las telas de ara�a que, casi inadvertidamente, tendieron ellos mismos. Antes del fin, es preciso insistir en que para entender la naturaleza de estos procesos no hacen falta estrategas geniales ni uf�logos cu�nticos, sino cient�ficos sociales preparados para descifrar el entramado de conductas, estados de �nimo, y costumbres de hombres y mujeres que llegan a enamorarse tanto de las buenas historias que el d�a menos pensado dejan de ser espectadores para convertirse en protagonistas. Alejandro Agostinelli, Buenos Aires, marzo de 1994. Notas y referencias: 1) La revista "2001" comenz� a salir en octubre de 1968. Una primera etapa, casi completamente platillista, fue dirigida por dos periodistas hist�ricos, los Enriques Loiacono y Llanas. Pero la revista, en verdad, era "protagonizada" por Alejandro Vignati, uno de los primeros periodistas argentinos especializados en ovnis que vivi� varios a�os en la Espa�a de los '70 y encontr� el final de su vida en Caracas, en octubre de 1982. El estilo de las cr�nicas de Vignati era poco pulido, emotivo y superficial. Su mayor m�rito consist�a en "hacer vivir" al lector el clima de sus investigaciones, infundiendo un contagioso esp�ritu de aventura. Aunque en sus reportajes muchas veces invocaba a la "objetividad period�stica", el "loco Vignati" (como lo llamaban sus amigos) se esforzaba por enfatizar la naturaleza extraordinaria de los hechos. La carga "ideol�gica" reca�a en el escritor y poeta Eduardo Azcuy, un intelectual argentino que sigui� maravillado con los ovnis hasta su deceso, en enero de 1992. 2) 2001 N� 11, junio de 1969, Buenos Aires, pp. 8-15. 3) 2001 N� 12, julio de 1969, Buenos Aires, pp. 8-15. 4) ABC, 17/9/68. La noticia lleg� a la Argentina a trav�s de la agencia ANSA y fue reproducida en el diario La Raz�n el 18/9/68. 5) La Actualidad Espa�ola, 12/12/68. Curiosamente, el "ET" Atienza le inform� a Sinod (seud�nimo de Francisco Donis Ortiz) que si bien hab�a nacido en el planeta Urln, �l era descendiente de espa�oles raptados en la Argentina en el siglo XVII. (Ver Cabria, Ignacio; "Entre Uf�logos, Creyentes y Contactados", Ed. CdU, Santander, 1993, p. 52.). El truco de ilusionismo mediante el cual Sinod intent� convencer a los uf�logos de sus facultades telep�ticas fue desenmascarado por D. G. L�pez y F. Ares de Blas en "El �ltimo cap�tulo de Urln", 2001 N� 20, marzo de 1970, Buenos Aires, p. 49. 6) En el informe con fecha 28/2/69 dirigido a Francisco Donis Ortiz, los ummitas �se toman en serio los contactos de �ste con los seres de Urln! y desmienten haber sido ellos los donantes de tales insignias. 7) 2001 Nros. 16, 17, 18 y 20. 8) Ed. Tesoro, Madrid, 1969. Cita perteneciente al rubro "tentaciones irresistibles": El mismo nro. 20 de 2001 incluy� una carta abierta de Sesma donde hac�a las reflexiones m�s agudas que jam�s tuve ocasi�n de leer en otro texto de la �poca: "Los investigadores cient�ficos de los OVNIS no hacen otra cosa que una especie de coleccionismo de casos con comentarios m�s o menos habituales y escamoteando siempre el hecho m�s desconcertante y fundamental de que LOS EXTRATERRESTRES SE CONTRADICEN". Los "espirituales o m�sticos" tambi�n ten�an su merecido, pues de ellos "s�lo podemos decir que se reducen a recibir mensajes para que seamos buenos y la Humanidad no se destruya, olvid�ndose de que el consejo es lo m�s f�cil de decir y lo m�s dif�cil de hacer". En las justas palabras de Antonio Ribera, �se era el "bueno, idealista y sincero" de Fernando Sesma. 9) El primer cap�tulo de "�Guerra de los Antartes!" se public� en el N� 22 (mayo de 1970) y el �ltimo en el N� 31 de 2001 (febrero de 1971). 10) 2001 N� 23, junio de 1970, Buenos Aires, p. 66. 11) Entrevista del autor, Buenos Aires, 23/3/94. "�Sab�s c�mo se nos ocurri� tocar el asunto de los Hombres de Negro? Est�bamos alrededor de la mesa discutiendo temas para el pr�ximo n�mero y Vignati no llegaba. Al rato, aparece agitad�simo cont�ndonos que se entretuvo conversando con un tipo de un aspecto siniestro, que le hab�a tocado el timbre de la casa. La charla ven�a bien hasta que vio unos cables que asomaban de la botamanga del pantal�n. '�Listo!', dijimos, '�Ah� estaba el tema!'" 12) Marhic, Renaud; "L' Affaire Ummo: Les extraterrestres qui venaient du froid". Les Classiques du Myst�re, 1993. 13) Ed. La mandr�gora, Buenos Aires, 1956. 14) Cabria, Ignacio; Op. cit. p. 33. 15) Copias de estos mismos informes fueron recibidas desde Berl�n oeste los franceses Ren� Fou�r�, Aim� Michel y al italiano Gianni Settimo. (Ver Ribera, Antonio; "�De veras los OVNIS nos vigilan?", Plaza & Janes, Barcelona, 1976, p. 99.) En su "Special Ummo" de mayo de 1992, la revista Ovni Presence (N� 47) resucita las cartas y sobres enviados a Fou�r�, director de la revista gala Ph�nom�nes Spatiaux, y a Settimo, director de Clypeus, donde se advierte que son id�nticos a los recibidos en la Argentina, despachadas tambi�n el 30/8/69 desde Berl�n. (Ver Fou�r�, Francine; "Une lettre parmi tan d' autres", pp. 31-34 y Mancusi, Bruno; "Ummo en Italie", p. 36. En "La lettre de Berlin" [pp. 32-33], el redactor de OP Dominique Caudr�n se�ala que hab�a "numerosas faltas de ortograf�a y gramaticales en el original, que fueron corregidas en la versi�n publicada por Ribera".) 16) Arver�s, Jos� (Seud.); "Los que vinieron de Ummo", Clar�n, 10/4/79, Buenos Aires. 17) Anglada Font, Luis; "La realidad de los OVNI a trav�s de los siglos", Ed. Kier, Buenos Aires, 1" ed. 1968, 2" ed., 1979. 18) Entrevistas de Martha Gonz�lez y Adalberto Ujvari. Apuntes del autor de abril de 1979, m�s otros datos "recuperados de la memoria" (por entonces �ramos tozudos cientifistas y despreci�bamos las historias m�s jugosas, sin conciencia de su valor folkl�rico). Ver resumen por I. Darnaude de las cartas de Ujvari (20/2 y 27/3/80) en Ummocat, ref. N� 2.375. 19) V�anse, por ejemplo, las ref. N� 2.020 y 2.022 del Ummocat de I. Darnaude. Cita el encuentro en un caf� del centro de Madrid entre el productor de la pel�cula "El hombre que vino de Ummo" (Fregonese, 1968) y "Paco, un individuo muy alto, con gafas oscuras y embutido en un abrigo negro abrochado hasta el cuello". El MIB le sugiri� cambios en el gui�n y le entreg� unos sobres cerrados con documentos ummitas, que el productor jam�s abri�. 20) Carta de P. Romaniuk a Darnaude, Bs. As., 3/4/78.Ummocat, ref. N� 276. 21) Taboada, Jorge; "�Encuentro Cercano de Tercer Tipo en Ca�uelas?", Siete D�as N� 619, Buenos Aires, 8/5/79. 22) Fabregat, Aquiles; "�Ahora resulta que los extraterrestres vienen de 'Ummo'! La Era Espacial y la Era del Macaneo", Humor Registrado, Buenos Aires, mayo de 1979, pp. 59-61. 23) Ujvari, A.; Gonz�lez, M.; "Los ovn�logos se defienden con ufos y dientes", Humor Registrado, junio de 1979, p. 20. (Imperiosa digresi�n personal: Es preciso aclarar que siento tanto aprecio por Martha y Adalberto, responsables de mi ingreso en los ambientes platillistas, que deb� hacer un esfuerzo extraordinario para que mis sentimientos afecten lo menos posible la fidelidad del presente cap�tulo.) 24) "Llamadas ummor�sticas", en Bolet�n Ufol�gico A�o II, N� 3, marzo 1980, p. 22 y Ummocat, ref. N� 2.372. En febrero de 1980, el que suscribe descubri� que los autores de los telefonemas recibidos por G y U desde setiembre de 1979 hasta octubre de 1980 eran dos respetables uf�logos, Alejandro E. Chionetti y Guillermo C. Roncoroni, como luego lo admitieron. Los impostores se limitaron a imitar la voz pausada y gangosa que le supusieron a los ummitas, logrando cierto efectismo con un grabador descompuesto. (Curiosamente, por la misma �poca nuestro amigo Chionetti tambi�n andaba por la calle con un sobretodo enroscado hasta la nariz, sinti�ndose observado y vigilado por presencias extra�as.) 25) Ribera, Antonio; "Ummo: la incre�ble verdad", Plaza & Janes, Barcelona, 1985, pp. 173-221 26) Ujvari, Adalberto; Comunicaci�n personal, St. P�lten, Austria, 12/5/91. 27) Ribera, A.; Op. cit. p. 162. 28) "Libro en preparaci�n de Adalberto Ujvari", Ummocat, ref. N� 476. 29) Ujvari, Ref. cit. ref. 25. "El libro nunca sali� porque sus ex amigos del Grupo de Madrid lo amenazaron con llevarlo a juicio si insist�a con el tema. Finalmente, el juicio lo hizo la editorial por no entregar el material prometido." 30) Carta de Ujvari a Darnaude en Ummocat, ref. N� 2.372. 31) Carballal, Manuel; "El plan de evacuaci�n. �Se acerca el final de los tiempos?", M�s all� de los OVNIs, Ed. Heptada, Madrid, 1993, Tomo 1, Cap. 5, p. 114. 32) Ummocat, ref. N� 596. 33) Copias del intercambio postal se conservan en el archivo del autor. Las razones del anonimato son obvias: se trata de correspondencia privada, confiada por un miembro del Grupo de Buenos Aires. 34) Vall�e, Jacques; "Revelations. Alien contact and human deception", ver cap. "Strip Tease: Ca�uelas, Argentina, 1979", 1991, pp. 117-121. 35) Entrevista del autor, Buenos Aires, 18/3/94. 36) Carta a I. Darnaude, agosto de 1978. 37) Carta de Jerez dirigida al director del bolet�n ufol�gico Canopus, fechada el 21/6/76, que adjuntaba un informe titulado "Nacimiento de la planta del pa�s". 38) Taboada, Jorge; Op. cit. ref. 20. 39) Copia de la Resoluci�n Nro. 2913-1000/75 suscripto por la Asesor�a General de Gobierno, Ministerio de Bienestar Social. (Archivo Roberto Banchs). 40) Algunos t�tulos de las noticias publicadas en junio de 1976: "Ha Sido Clausurada en Ca�uelas una Extra�a Planta Donde Seg�n se Informa se Atend�a a Enfermos que no Ten�an Cura" - "Intervienen las Autoridades en un Caso Extraordinario que se Ha Registrado en Ca�uelas (La Raz�n) - "Proceso a la cl�nica de los milagros" (Siete D�as, 11/6/76). 41) Vall�e, Jacques; Op. Cit., ver cap. "Strip Tease: Buenos Aires, Argentina, 1947", 1991, pp. 121. 42) Janosch, Heriberto; "El origen de un estremecedor informe ummita al fin es revelado", en Cachetazo al ego, A�o 1, N� 1, Buenos Aires, marzo de 1987, pp. 10-13; republicada con el t�tulo "Ummo: La incre�ble verdad" en Cuadernos de Ufolog�a N� 5, 2" �poca, abril de 1989, Santander, pp. 46-47. 43) Ujvari, Adalberto; "La verdad sobre 'Ummo: La incre�ble verdad'", Cuadernos de Ufolog�a N� 7, 2" �poca, enero de 1990, Santander, pp. 46-47. Agradecimientos: A Adalberto Ujvari, porque fue el �nico uf�logo que supo mantener viva mi llamita de inter�s en Ummo a�n cuando nunca pude digerir la historia / A Ariel Ciro Rietti, por su amistad y su confianza al permitirme revisar sus originales / A Luis R. Gonz�lez y Jos� J. Montejo, por sus comentarios y su asistencia bibliogr�fica / A Roberto Banchs y Analberto Alcaraz, por sus materiales sobre la cl�nica de Ca�uelas / Al admirable Ignacio Darnaude, por su Ummocat , tit�nico diario del mito* / A Martha Gonz�lez, porque fue ella quien me inici� en la Ufolandia 2000**, sana costumbre que pueden cultivar los chismosos... pero tambi�n, como demostr� Ignacio Cabria, los antrop�logos del mito. * Una nota de color sobre la obsesiva pulcritud del enciclop�dico cat�logo darnaudeano: �la entrada N� 2.391 registra hasta una horrible caricatura que hice en mayo de 1980 de Adalberto Ujvari a punto de dar el tijeretazo al cord�n que sostiene el plato de San Jos� de Valderas! ** Expresi�n inventada por Martha que alud�a a la revista Radiolandia 2000, dedicada a cotilleos de la far�ndula art�stica. 1 8

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