Los lenguajes del deseo






descargar 1.04 Mb.
títuloLos lenguajes del deseo
página1/30
fecha de publicación15.07.2015
tamaño1.04 Mb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Biología > Documentos
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   30

LOS LENGUAJES



DEL DESEO

CLAVES PARA ORIENTARSE


EN EL LABERINTO

DE LAS PASIONES
Enrique Rojas

ENRIQUE ROJAS es catedrático de la Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid (Facultad de Psicología, Campus Villanueva) y director del Instituto Español de investigaciones Psiquiátricas.
Pertenece a la generación de médicos humanistas que tanta tradición ha tenido en España y en el resto de Europa. Premio Conde de Cartagena de la Real Academia de Medicina de Madrid por sus trabajos sobre la depresión, y Médico Humanista del Año en España (1995) Su obra ha sido traducida al francés, italiano, ruso, portugués, polaco, alemán, y turco, y se encuentra en preparación la edición en inglés.
Sus trabajos de Investigación se han centrado en tres temas: las depresiones, la ansiedad y los trastornos de la personalidad. En cuanto al ensayo, ha abordado sobre todo tres vertientes: el amor y el desamor, la sexualidad y la voluntad




INDICE




  1. ¿SE PUEDE EDUCAR EL DESEO?


El vocabulario del deseo
El deseo es una mirada
El buen gobierno del deseo
Del deseo a la felicidad
Los deseos y la realidad
La educación del deseo



  1. DESEAR Y QUERER


La selva del lenguaje
La visión inteligente de la afectividad
El deseo es necesidad y fuerza
Pasado, presente y futuro
El deseo y la esperanza para los grandes autores
La felicidad por el placer y la satisfacción de los deseos
Una posición intermedia para conseguir la felicidad
Educar es apetecer lo necesario



  1. LAS CINCO VERTIENTES DE LA AFECTIVIDAD


¿Qué es la afectividad?

Estados de ánimo



Análisis de los sentimientos: la vía regia de la afectividad



Clasificación de los sentimientos



Teoría de las emociones



Evolución de los sentimientos



Las pasiones



Las motivaciones

Las ilusiones



  1. EL DESEO SIN AMOR


El impuso animal en el ser humano
La vida sexual
La historia del amor
La sociedad del desafecto
La crisis de la pareja
La educación es la clave



  1. EL DESEO EN EL AMOR


Vida pública y privada
La dimensión sexual
Vivencia del placer en la sexualidad
La importancia de los sentidos
El rito en la relación sexual
Comunicación verbal y no verbal
Espontaneidad en lo sentimental
Principales posturas
Frecuencia en las relaciones sexuales
La sexualidad armónica
El romanticismo maduro



  1. LOS DESEOS Y SUS TERRITORIOS


Biología de los deseos
Clasificación de los deseos
La cultura como estética del conocimiento
La espiritualidad: la ética de lo mejor
La formación es criterio



  1. EL DESEO SEXUAL Y SUS LENGUAJES


La incultura sentimental
La incapacidad para expresar sentimientos
La magia de lo efímero



  1. EL DESEO EN EL MUNDO VIRTUAL


El síndrome del mando a distancia
El síndrome del exceso de información
Un mundo de héroes sin mensaje



  1. LA PERSONA: SU CUERPO Y SUS MENSAJES


La anorexia-bulimia
El lenguaje del pensamiento
Las obsesiones estéticas



  1. LAS ALTERACIONES DE LOS DESEOS AMOROSOS


Los amores eólicos
El síndrome del penúltimo tren
El síndrome amaro



  1. LOS DESEOS SEXUALES DESORIENTADOS


Pornografía
La masturbación
La permanente invitación al sexo en los medios de comunicación



  1. MEDIOS PARA EDUCAR EL DESEO


El valor de la educación
La personalidad madura
Los indicadores de la personalidad sana
Elogio de la sencillez y la armonía

EPÍLOGO. LA EXPERIENCIA DE LA VIDA

A mi hermano Luis: modelo de identidad.

Tus lenguajes me seducen, con el pensamiento te retengo
CAPÍTULO I.
¿SE PUEDE EDUCAR EL DESEO?

EL VOCABULARIO DEL DESEO

A lo largo de este libro iremos utilizando una serie de conceptos cuyo significado preciso sería conveniente aclarar antes que nada. Se trata de términos como educar, desear, querer, aspirar, buscar, sentir y muchos otros que, pese a la banalización del lenguaje cotidiano, son de una enorme importancia para el desarrollo del ser humano. Vayamos por partes.
Educar es introducir en la realidad con amor y conocimiento. Educar es convertir a alguien en persona. La educación es la base para edificar una trayectoria personal adecuada. Etimológicamente significa «acompañar» y «extraer», pero os algo más: educar es cautivar con argumentos positivos, entusiasmar con los valores, seducir con lo excelente. Esto implica comunicar conocimientos y promover actitudes. En resumen, la educación es una suma de información y formación.
Educar no es sólo impartir ciertas materias, como literatura o contabilidad, sino preparar a una persona para que viva su vida de la mejor manera posible. La educación correcta incluye reglas de urbanidad y convivencia, hábitos positivos para no ser sujeto masa, anónimo e impersonal, así como valores morales.
Si la educación es la estructura del edificio personal, la cultura es la decoración. La primera enseña a nadar para no verse arrastrado por las mareas de todo tipo que amenazan al ser humano; la segunda enseña a vivir. La cultura es la estética de la inteligencia. Hablamos ya de un nivel superior, que empuja a caminar hacia unos objetivos verdaderamente dignos. Por eso la cultura es libertad, el espesor del conocimiento vivido, lo que queda después de olvidar lo aprendido.
Educación y cultura forman un entramado de influencias recíprocas, con fronteras difusas y linderos mal definidos. De ahí que, a la hora de ocuparnos del deseo, sea preciso hacer una serie de matizaciones previas. El deseo es la tendencia del pensamiento y de la conducta que proporciona alegría o que termina con algún tipo de sufrimiento. El deseo consiste en apetecer algo que depende de sensaciones exteriores. Hay unos mecanismos que se disparan de forma más o menos inmediata y que empujan en una dirección determinada. Hay ejemplos clarificadores, como los instintos o las tendencias básicas, el hambre, la sed, la sexualidad, etc. El deseo es apetito, una inclinación que impulsa a la acción.
El deseo es cosa característica del vivir hacia delante del ser humano: en él se basa esa proyección hacia el futuro que es la dimensión más viva de nuestra existencia. Cicerón introdujo la doctrina de las pasiones fundamentales dividiéndolas en dos clases: los bienes, que pueden ser presentes (alegría) y futuros (deseo); y los males, que también pueden ser presentes (tristeza) y futuros (temor o más bien, como diríamos hoy, ansiedad).
La teoría se puede completar indicando que hay deseos que dependen de uno mismo, mientras que otros están más relacionados con las circunstancias. Si cada uno de nosotros es un haz de deseos -ya que son tantas las cosas hacia las que corremos- es importante poner en claro cuáles son las que de verdad interesan y posponer las otras. La persona superior, la que se sabe gobernar, no debe dejarse llevar por las pasiones, sino que las domina y controla. La administración inteligente del deseo es propia de los que tienen una visión panorámica de la realidad. Levantan la mirada y ven más allá de lo que aparece delante de sus ojos.
Hay otra palabra próxima cuyo significado conviene precisar. Me refiero al término querer, que en el lenguaje coloquial se suele confundir con desear. Querer es verse motivado a hacer algo que nos mejora y nos eleva hacia planos superiores. El querer brota de vivencias más profundas que el deseo. Entra de lleno en este ámbito la voluntad, esa pieza clave que nos hace capaces de renunciar a lo inmediato por lo lejano, capacidad para aplazar la recompensa próxima buscando bienes de mayor calado.
La voluntad es la capacidad de elegir, y elegir es anunciar y renunciar. El que elige correctamente apuesta por cosas que tardarán en llegar, pero cuya posesión será más enriquecedora. Esto complica las cosas, porque requiere un mayor grado de madurez. Querer es tener determinación, y por eso necesita del apoyo de una voluntad firme, templada en la lucha y el esfuerzo. Hay una nota característica de este concepto: buscar, es decir, intentar conseguir algo con ánimo firme, resuelto, y poner todos los medios posibles para alcanzarlo.
En la práctica desear y querer aparecen mezclados, como veremos en otro capítulo de este libro. Sin embargo, en la teoría es bueno distinguirlos, para saber qué terreno estamos pisando. Es precisa una mirada cartesiana sobre la realidad tumultuosa que nos asedia, por estar inmersos en una sociedad de consumo que trata de vendernos un producto detrás de otro, creándonos necesidades que realmente no tenemos.
Tanto el desear como el querer buscan la felicidad, pero los caminos son distintos y los medios ofrecen recortes y matices rescatados de esfuerzos continuados. La felicidad es un resultado, la consecuencia de lo que hemos ido haciendo con nuestra vida. Siguiendo este curso de ideas, la felicidad es un sentimiento de equilibrio entre lo que hemos querido y lo que hemos conseguido, entre los objetivos y los resultados, entre los sueños juveniles y las metas conquistadas.
Los antiguos contemplaban la vida desde dos puntos de vista: ocio y negocio. El ocio permite saborear la existencia, lo humano y sus derroteros. El negocio está lleno de esfuerzo por alcanzar un cierto nivel de vida, un determinado bienestar, a través de un trabajo profesional concreto. La felicidad busca un territorio intermedio entre ambos. Hay en esa travesía toda una ingeniería de la conducta que cada uno debe saber diseñar.
Es más fácil desear que querer. Desear es más superficial e inmediato; querer es más profundo y lejano. El deseo va al corto plazo, con mirada fragmentada. El querer va al largo plazo, con una visión alargada, extensa, espigada, que se sitúa en los aledaños del futuro.
¿Qué es lo que hace que apuntemos hacia esa dirección, qué es lo que nos arrastra? Sentirnos motivados por lo que nos interesa. La motivación es la representación anticipada de la meta, todo lo cual conduce a la acción. A través de la motivación nos sentimos empujados a realizar algo valioso que hemos elegido. El problema está en saber cómo fomentar la voluntad para buscar lo que uno quiere, cuando hay otros muchos deseos que nos sacan del camino emprendido y nos distraen del sendero que conduce a la meta.
¿Cómo no cansarse cuando el objetivo, que es bueno y valioso, está lejos, tardará en llegar y es costoso ya de entrada? Yo daría la siguiente respuesta: teniendo claro lo que uno quiere, concretando al máximo su contenido y evitando la dispersión; y a continuación, sabiendo hacer atractiva la exigencia.

Esto se logra mirando siempre fijamente al horizonte de las ilusiones del porvenir, poniendo una mirada inteligente, sublimando esfuerzos, no dándose uno por vencido cuando las cosas van mal o aparecen el cansancio y las dificultades, creciéndose uno ante los problemas con una fortaleza que se va haciendo rocosa. Ese es el método: la educación del deseo, que iremos describiendo en los capítulos siguientes.
Los esfuerzos y las renuncias de ahora tendrán su recompensa. Sólo el que sabe esperar es capaz de utilizar la voluntad sin recoger frutos inmediatos. La vida feliz aspira a desarrollar de forma equilibrada el proyecto personal, cuyo envoltorio es la ilusión y cuyo contenido está habitado de amor, trabajo y cultura.
El hombre actual está cada vez más perdido. Nunca había tenido tanta información sobre tantos temas y, al mismo tiempo, nunca había flotado sin asidero como en los tiempos que corren. Veo a mucha gente que no hace pie en lo fundamental en nuestros días. Y es que los modelos de identidad que nos presentan los grandes medios de comunicación social son cada vez más pobres, menos sólidos.
Pueden tener una nota sorpresiva de entrada, pero poca consistencia de salida. Pensemos en los cantantes, los artistas folclóricos, los futbolistas, los presentadores de televisión y, en general, muchos de los que aparecen en los grandes medios de comunicación, en especial en la televisión. Si los vemos y analizamos en la cercanía, se nos desmoronan enseguida. La televisión fabrica personajes famosos sin fondo. No perdamos de vista la diferencia entre la fama y la popularidad, entre tener una consistencia o, simplemente, ser conocido.
La educación es ante todo educación de los deseos. Pensemos en el sexo convertido en un bien de consumo, de usar y tirar, sin casi ningún componente afectivo y de compromiso personal, que convierte esas relaciones en algo anónimo y vacío. La sexualidad consumista no busca al otro, sino el cuerpo del otro como objeto de placer. Igual ocurre en todos los aspectos del consumismo: tener y acumular como meta.
Hoy en día los educadores se las ven y se las desean para transmitir valores. La vida ejemplar sigue siendo una lección abierta, pero los medios de comunicación las silencian y sólo los buscadores de tesoros las encuentran. Hay que ir más allá de las apariencias, del ruido que hacen los que comunican, perforar superficies y encontrar allí ingredientes valiosos
Los valores son bienes y realidades positivas que merecen un aprecio general: realidades estimables. En la filosofía clásica se hablaba de «los universales»: el bien, la verdad, la belleza, la unidad. Son cualidades esenciales que no son un medio, sino fines en sí mismos. Miran al ser humano con amor y aspiran a un cierto ideal que es una mezcla de categoría, exquisitez, maestría, calidad humana y culminación de lo que puede llegar a dar de sí la condición humana.
Hoy asistimos a una cierta dictadura de la mediocridad: exaltación de lo vulgar, presentación hasta la saciedad de personajes vacíos y sin ningún tipo de mensaje, lucha contra cualquier tipo de excelencia. Y en consecuencia los deseos y las formas de querer que inspiran son de una gran pobreza.
El primer gran comunicador es la televisión, sobre la que según parece no hay control ni gobierno que valga: casi todo lo que toca la televisión se convierte en banal. Ante tal situación hay que alimentarse de otros modelos, y la lectura nos ayuda a buscar personajes auténticos, prototipos ideales, verdaderos espejos en los que mirarse, paradigmas que sirvan de norte, unos pasados y otros de mayor actualidad.
Querer es la mejor manera de descifrar la realidad, esa pirotecnia de propósitos concretos que, al reducirse a unos pocos, aterrizan en objetivos claros, que nos seducen con su carisma y están bien delimitados. El que no sabe lo que quiere no puede ser feliz. Si utilizamos la voluntad, lo iremos consiguiendo, porque su sombra es larguísima y sus frutos sabrosos.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   30

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Los lenguajes del deseo iconLa educación como industria del deseo la educación es sobre todo educación del deseo

Los lenguajes del deseo iconLos mil lenguajes de la protesta social

Los lenguajes del deseo iconUD2: elementos configurativos de los lenguajes visuales

Los lenguajes del deseo iconPrefacio dadá (por y contra los lenguajes)

Los lenguajes del deseo icon1. los medios de comunicacion de masas. Los lenguajes periodístico...

Los lenguajes del deseo iconEl muerto, el fantasma y el que "está vivo" en los lenguajes contemporáneos

Los lenguajes del deseo iconMediante un gesto consistente en darle un centro, en referirla a...
«Los lenguajes críticos y las ciencias del hombre», el 21 de octubre de 1966 (La escritura y la diferencia, Anthropos, Barcelona,...

Los lenguajes del deseo iconHombre rotos. La emoción, el dolor, la enfermedad, el deseo de vivir...

Los lenguajes del deseo icon190 aniversario de la fundación del instituto
«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» y tomé la decisión que ese sería el lema de los hermanos. Mi más grande deseo...

Los lenguajes del deseo iconAprendiendo a silenciar la mente
«saber vivir». Sus más apreciados valores -el ego, el deseo, la búsqueda del éxito y el afán de riqueza- son, precisamente, y según...






© 2015
contactos
l.exam-10.com