Capítulo una extraña clase de magia






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SUFÍES

La Gente

Del

Camino

Charlas sobre sufismo

OSHO

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MA GYAN DARSHANA
osho_library@gruposyahoo.com


ÍNDICE
Capítulo 1. UNA EXTRAÑA CLASE DE MAGIA

A Uwais le preguntaron. “¿Cómo te sientes?”.

Él contestó: “Como alguien que se ha levantado

por la mañana y no sabe si por la tarde estará muerto”.

El interlocutor dijo: “Pero esa es la situación de todos

los hombres”.

Uwais contestó: “Sí, ¿pero cuántos de ellos lo

sienten?”.

Capítulo 2. A ESCONDIDAS

El sufismo ha surgido como una rebelión en contra del

sistema islámico o es anterior al islam?

¿Por qué los sufíes se disfrazan y se ocultan deliberada-

mente?
Capítulo 3. TARIQA. EL MÉTODO

A Shah Firoz, recordado como el maestro de muchos

sufíes distinguidos, a menudo le preguntaban por qué no

les enseñaba más rápido.

Él contestaba: “Porque incluso la voluntad más aplicada,

hasta cierto punto de comprensión, no es en absoluto

enseñable. Él está presente en cuerpo, pero en todos

los demás sentidos está ausente”…
Capítulo 4. EL CANTO SILENCIOSO

Un hombre fue a ver a Bahauddin Shah y le dijo:

“Primero he seguido a este profesor y luego a ese otro.

Después he estudiado esos libros, y luego aquellos.

Siento que aunque no sé nada de ti y de tus enseñanzas,

esta experiencia me ha estado preparando poco a poco

para aprender de ti”.

El Shah contestó: “Nada de lo que has aprendido en el

pasado te servirá aquí. Si te quedas con nosotros, ten-

drás que abandonar todo orgullo en el pasado. Lo cual

es una forma de autofelicitación…”.
Capítulo 5. DE LA “ROBOPATOLOGÍA” A LA ILUMINACIÓN

Najrani dijo: “Cuando dices que “casi puedes entender”,

estás diciendo una tontería”.

Un teólogo, a quien le gustó esta frase, preguntó:

“¿Puedes ofrecernos una analogía de eso en la vida coti-

diana?”.

“Seguro”, contestó Najrani. “Es como decir que algo es

“casi un círculo”.
Capítulo 6. ESTA EXPERIENCIA DE INFINITA MUTUALIDAD

Un día, estando Rabiya sentada entre un grupo de

contempladores, vino Hassan y le dijo: Yo tengo la ca-

pacidad de caminar sobre el agua. Ven, vayamos ambos

a aquel lago y llevemos a cabo nuestra discusión espiri-

tual sentados sobre el agua”.

Rabiya contestó: “Si deseas separarte de esta augusta

compañía, ¿por qué no te vienes conmigo, volamos, nos

sentamos flotando sobre el aire y hablamos?”.

Hassan repuso: “Yo no puedo hacer eso, porque no po-

seo el poder que tú mencionas”.
Capítulo 7. EL CONOCIMIENTO ES UNA BARRERA

¿Por qué solía decir Gurdjieff que, si quieres desha-

certe de la religión, vivieras cerca de un sacerdote?

No lo tengo claro. ¿Ser sufí es una cuestión de vo-

luntad? ¿Es una bendición? ¿O es otra cosa?

¿No podemos amar y aceptar nuestra cabeza, nues-

tra mente y nuestro ego como parte de la vida?

¿Por qué rechazarlos?

¿Por qué olvidamos nuestra divinidad? ¿Qué significa

eso?

Yo he estudiado literatura religiosa durante muchos

años y también he estudiado tus libros durante tres

años. Y a través de todos estos estudios he progresa-

do mucho en el camino. Osho, ¿podrías decirme qué

es lo siguiente que debería hacer?

¿Por qué solo me acuerdo de Dios cuando estoy su-

friendo?
Capítulo 8. LA GENTE ESTÁ DURMIENDO

Hassan le preguntó a Ajami: “¿Cómo has alcanzado

tu actual altura espiritual?”.

Ajami contestó: “Blanqueando el corazón en medita-

ción, no ennegreciendo el papel con la escritura”.
Capítulo 9. NO JUZGUÉIS

Hassan de Basra cuenta:

“Me había convencido a mí mismo de que era un

hombre de humildad y más que humilde en mis

pensamientos y actos hacia los demás.

Pero un día vi a un hombre que estaba sentado en

la orilla del río. A su lado había una mujer y delante

de ellos dos una botella de vino.

Pensé: “Si tan sólo pudiera reformar a ese hombre y

hacer que fuera como yo en vez de la degenerada

criatura que es”.
Sobre el Autor
Sobre Osho Internacional Meditation Resort
CAPÍTULO 1
Una extraña clase de magia
A Uwais le preguntaron: ¿Cómo te sientes?”.

Él contestó: “Como alguien que se ha levantado por la mañana y no sabe si por la tarde estará muerto”.

El interlocutor dijo: “Pero esa es la situación de todos los hombres”.

Uwais contestó: “Sí, ¿pero cuántos de ellos lo sienten?...”.
Una vez un musulmán erudito vino a verme y me preguntó: “Tú no eres musulmán, ¿entonces por qué hablas de sufismo?”. Yo le contesté: Yo no soy musulmán, obviamente, pero no obstante soy sufí”.

Un sufí no tiene por qué ser musulmán. Un sufí puede existir en cualquier lugar, de cualquier forma; porque el sufismo es el núcleo esencial de todas las religiones. No solo tiene que ver con el islam en particular. El sufismo puede existir sin el islam; el islam no puede existir sin el sufismo. Sin el sufismo, el islam es un cadáver. Solo con el sufismo adquiere vida.

Si una religión está viva, es por el sufismo. Sufismo simplemente significa una relación amorosa con Dios, con lo esencial, una relación amorosa con el todo. Significa que uno está preparado para disolverse con el todo, que uno está dispuesto a invitar al todo a entrar en su corazón. No sabe de formalidades. No está limitado por ningún dogma, doctrina o credo o iglesia. Cristo es un sufí, como lo es Mahoma, Krishna es un sufí, como lo es Buda. Lo primero que me gustaría recordaros es que el sufismo es el núcleo –como lo es el zen o el Hassidismo-. Estos solo son diferentes nombres de la misma relación suprema con Dios.

La relación es peligrosa. Es peligrosa porque cuanto más te vas acercando a Dios, más te vas evaporando. Y cuando realmente tú estás muy cerca ya no eres. Es peligrosa porque es suicida… pero el suicidio es bello. Morir en Dios es la única forma real de vivir. A no ser que mueras, a no ser que voluntariamente mueras en el amor, vivirás una existencia simplemente mediocre; tú vegetas, tú careces de sentido. En tu corazón no brota la poesía, la danza, la celebración; tú vas a tientas en la oscuridad. Vives en el mínimo, no rebosas éxtasis.

Ese éxtasis solo ocurre cuando tú no eres. Tú eres la traba. el sufismo es el arte de quitar la traba entre tú y tú, entre el ser y el ser, entre la parte y el todo.

Algunos comentarios acerca de esta palabra “sufí”. Un antiguo diccionario persa da la definición en rima y dice así: sufí chist – sufí, sufist. ¿Qué es un sufí? Un sufí es un sufí. Esta es la bella definición. El fenómeno es indefinible. “Un sufí es un sufí”. No dice nada y, sin embargo, lo dice bien. Dice que el sufí no puede ser definido; no existe otra palabra para definirlo, no hay otro sinónimo, no hay ninguna posibilidad de definirlo lingüísticamente, no existe ningún otro fenómeno indefinible. Puedes vivirlo y puedes conocerlo, pero a través de la mente, el intelecto, no es posible. Te puedes convertir en un sufí; esa es la única manera de saber lo que es. Tú mismo puedes probar la realidad, está disponible. No tienes que ir al diccionario, puedes ir a la existencia.

Una vez me contaron…
Un niño estaba jugando en el jardín. Era un niño muy pequeño y le tenía mucho miedo a un bulldog muy grande que había en el patio contiguo al suyo.

Un día, sintiéndose aventurero, el niño saltó la verja, el bulldog vino corriendo y le lamió la cara. El niño empezó a gritar y la madre apareció casi inmediatamente.

“¿Te ha mordido, cariño?”.

“No”, dijo el niño sollozando, “pero e ha catado”.
Si no estás preparado para darle un mordisco al sufismo, por lo menos puedes catarlo.

Y eso es lo que voy hacer posible para ti: una pequeña cata. Y una vez que hayas probado aunque solo sea una gota del néctar llamado sufismo querrás más. Por primera vez empezarás a sentir un gran apetito de Dios.

Estas charlas no te pueden explicar qué es el sufismo, porque yo no soy un filósofo. Tampoco soy un teólogo. Y en realidad no estoy hablando acerca del sufismo, hablaré sufismo. Si estás listo, si estás dispuesto a entrar en esta aventura, entonces llegarás a catarlo. Es algo que empezará a ocurrir en tu corazón. Es algo así como un capullo abriéndose. Empezarás a sentir cierta sensación en el corazón –como si algo en él se volviera alerta, despierto; como si el corazón hubiera estado durmiendo mucho tiempo y ahora aparecieran los primeros rayos de sol- y entonces tendrás la cata.

El sufismo es una clase especial de magia, una extraña clase de magia. Solo puede ser transferido de persona a persona, no desde un libro. No puede ser transferido por medio de escrituras. Es, al igual que el zen, una transmisión más allá de las palabras. Los sufíes tienen una palabra especial para esto: lo llaman silsila. Los sufìes llama silsila a lo que los hindúes llaman parampara. Silsila significa transferencia de un corazón a otro corazón, de una persona a otra persona, es una religión muy, muy personal.

No puedes tenerlo si no te relacionas con un maestro iluminado; es la única forma. Puedes leer toda la literatura que exista acerca del sufismo y perderte en la jungla de palabras. A no ser que encuentres un guía, a no ser que te enamores de un guía, no lo catarás.

Yo estoy dispuesto a llevarte en este viaje a tierras lejanas, si eres valiente, aventurero. Espero que lo seas, porque solo la gente valiente se siente atraída hacia mí. Este lugar no es para cobardes; este lugar no es para los mal llamados religiosos; este no es un lugar para los mal llamados temerosos de Dos; este es un lugar para los que yo llamo amantes de Dios. Y estos poseen una cualidad completamente diferente. Una persona temerosa de Dios nunca entra en los profundos dominios de la religión, no puede –por su temor-.

La expresión “temor de Dios” es tan absurda. ¿Si temes a Dos, entonces dónde vas a amar? ¿A quién vas a amar? Si ni siquiera puedes amar a Dios, no podrás amar en absoluto. Si incluso con Dios te relacionas por medio del miedo, entonces eso no puede ser una relación amorosa.

Pero nos han enseñado a temer a Dios. De hecho, lo único que nos han enseñado ha sido a tener miedo de todo. Nuestra vida es un temblor, un miedo, una cobardía: miedo al infierno, miedo a Dios, miedo al castigo. Si somos buenos, virtuosos, es porque tenemos miedo. ¿Qué clase de virtud es aquella que está basada en el miedo?

¿Y cómo puedes amar a Dios si tu enfoque básico es a través del miedo? El amor nunca surge del miedo; eso es imposible. Y del amor nunca surge el miedo. Cuando amas a una persona, todos los miedos desaparecen. Y cuando tienes miedo, todo amor desaparece. Si le tienes miedo a una persona, puedes odiarla, pero no puedes amarla. Al hombre se le ha enseñado durante siglos a temer a Dios, y el resultado final ha sido que Nietzsche declaró que Dios había muerto. Ese es el resultado final de la mente orientada al miedo. ¿Cuánto tiempo puedes tolerar a este Dios? ¿Cuánto tiempo puedes seguir temiendo? Un día u otro tendrás que matarlo. Eso es lo que hizo Nietzsche. Cuando él dice: “Dios ha muerto y ahora el hombre es libre”. ¿Cómo puedes ser libre con Dios si Dios solo es una fuente de miedo? El miedo no puede darte libertad.

La gente que viene a mí es gente amante de Dios. Cuando yo digo “amante de Dios” quiero decir que está en la búsqueda. Quiere saber. Y quiere saber automáticamente, no quiere tener un conocimiento prestado. Quiere catarlo. Quiere encontrar, quiere ver a Dios, quiere mirarlo a los ojos.

Pero antes de que seas capaz de mirar a los ojos a Dios, tendrás que ser capaz de mirar a los ojos a un maestro. Desde ahí puedes despegar. Empieza el viaje.

Yo me pondré a tu disposición. El sufismo solo es una excusa. No voy hablar acerca del sufismo, voy a hablar el propio sufismo. La palabra “sufismo” también es hermosa. Tiene muchos significados, y todos son hermosos. Y no me gustaría enfatizar en un significado u otro, como se ha hecho muchas veces. Algunas personas eligen un significado, otras elige otro, pero yo entiendo que todos esos significados son hermosos tengo algo especial que decir. Yo los acepto todos.

Un viejo maestro sufí, Abul Hassan, dijo: “El sufismo fue una vez una realidad sin nombre y ahora es un nombre sin una realidad”.

Durante muchos siglos el sufismo existió sin un nombre. Existió como una realidad. Por eso yo digo que Jesús fue un sufí, al igual que Mahoma, Mahavira o Krishna. Cualquiera que haya llegado a conocer a Dios es un sufí. ¿Por qué digo esto? Intenta entender la palabra “sufí” y lo verás claro.

La palabra “sufí” es un nuevo cuño, un cuño germánico, de la escuela germánica. No tiene más de ciento cincuenta años. En árabe la palabra es tasawwuf. Pero ambas vienen de la raíz suf que significa lana.

Parece muy extraño. ¿Cómo es que la lana se convirtió en el símbolo del sufismo? Los eruditos dicen que es porque los sufíes llevaban ropa de lana. Eso es verdad. Pero ¿por qué? Nadie ha respondido a esto. ¿Por qué iban a vestir ropa de lana? Mahoma dice en el Corán que incluso Moisés llevaba ropa de lana cuando se encontró con Dios. Cuando Dios habló con él toda la ropa que llevaba era de lana. Pero ¿por qué?

Hay un gran simbolismo en ello. El simbolismo radica en que la lana es el ropaje de los animales y un sufí es aquel que se ha vuelto tan inocente como un animal. El sufí tiene que alcanzar la inocencia original. Tiene que abandonar toda clase de civilización, tiene que abandonar toda clase de cultura, tiene que abandonar todos los condicionamientos, tiene que volver a convertirse en un animal. Entonces el símbolo adquiere un enorme significado.

Cuando el hombre se convierte en animal no está retrocediendo, se está elevando. Cuando el hombre se convierte en animal no es solo un animal. Eso no es posible. No puedes retroceder. Cuando un hombre se convierte en un animal se convierte en un santo. Sigue siendo consciente, pero la consciencia ya no lleva la carga de ningún condicionamiento. Ya no es hindú, ni musulmán, ni cristiano. Su afinidad con la existencia es tan profunda como la de cualquier animal. Ha abandonado toda clase de filosofías, su mente no está cargada de conceptualizaciones, su mente no contiene nada. Él es, pero ya no es la mente. Ser sin mente: ese es el significado de la ropa de lana. Ser inocente como los animales, no saber qué está bien y qué está mal… y entonces surge el bien más elevado, el summum bonum.

Cuando sabes lo que está bien y lo que está mal, y eliges el bien en vez del mal, te mantienes dividido. Cuando eliges, entra la represión. Cuando dices “haré esto, esto tiene que hacerse, esto debe hacerse”, esto se convierte en un “deber”. Entonces, naturalmente, tienes que reprimir: tienes que reprimir lo que has condenado como malo. Y la parte reprimida permanece dentro de ti y va envenenando tu sistema. Y tarde o temprano saldrá, tarde o temprano se vengará. Cuando explote, te volverás loco.

De ahí que toda la gente civilizada esté siempre al borde de la locura. Esta tierra es un gran manicomio. Unos cuantos ya se han vuelto locos, y otros cuantos están potencialmente preparados. La diferencia entre tú y la gente loca no es cualitativa, solo es cuantitativa, solo de grado. Puede que ellos hayan sobrepasado los cien grados y tú estés un poco por debajo –noventa y ocho o noventa y nueve-, pero en cualquier momento, cualquier situación puede empujarte por encima del límite. ¿No lo ves? ¿No puedes observar tu mente? ¿No puedes ver la locura que va por dentro? Está constantemente ahí. tú no quieres darte cuenta; te mantienes ocupado con mil y una cosas para no darte cuenta. No quieres verlo, quieres olvidarlo. Es tan espeluznante, tan aterrador. Pero está ahí; y está creciendo quieras darte cuenta o no. Está acumulando impulso constantemente. Puedes llegar al clímax en cualquier momento. Cualquier pequeño evento puede provocarlo. Cuando eliges, tienes que reprimir.

El animal no elige. Es lo que es. El animal simplemente lo acepta; su aceptación es total. No conoce elección.

Lo mismo le pasa al sufí. El sufí no conoce la elección. Él es consciente de una forma en que las elecciones no tienen cabida. Lo que sea que ocurra él lo acepta como un regalo, como algo que viene de Dios. ¿Quién es él para elegir? Él no confía en su mente, él confía en la mente universal, por eso cuando te encuentres con un sufí, en sus ojos, en su ser, verás una inocencia animal; una libertad tal, una alegría tal, que solos los animales conocen; o los árboles, las rocas, las estrellas.

Idries Shah criticó la definición “sufí” de suf –lana- exactamente por los mismos motivos por los que yo la defiendo. Él dice que siendo los sufíes tan cuidadosos con los símbolos, ¿cómo pudieron elegir la lana como símbolo? La lana representa al animal e Idries Shah dice que los sufíes no pudieron elegir al animal como símbolo. Son gentes de Dios, ¿por qué iban a elegir al animal? Parece muy lógico, y puede que para mucha gente tenga sentido.

Pero yo entiendo la definición exactamente por los mismos motivos. Para mí, ser un animal significa ser inocente, no conocer la moralidad, no conocer la inmoralidad. Ser un animal no es una crítica. Un santo es más como un animal que como tú, que como los mal llamados seres humanos. Los seres humanos no son seres naturales, son muy innaturales, artificiales, de plástico. Toda su vida es una vida de engaño. Si intentas tocar la cara de alguien, nunca lograrás tocar su cara, solo tocarás su máscara. Y recuerda, tu mano tampoco es real. Lleva puesto un guante. Ni siquiera los amantes se tocan entre sí; ni siquiera en el amor eres inocente; incluso en el amor llevas máscara. Pero cuando quieres amar a Dios no tienes que llevar máscara. Tienes que dejar todos los engaños. Tienes que ser lo que eres auténticamente, sea lo que sea, tienes que ser sin elegir lo que quiera que seas. Dios desciende en esa inocencia primal.

Así que las razones por las que Idries Shah critica la definición de que “sufí” viene de suf son exactamente las mismas por las que yo la defiendo.
Una vez me contaron…

Un sacerdote católico estaba intentando convertir a su fe a un judío.

Le dijo: “Lo único que tienes que hacer es decir tres veces “yo era judío, ahora soy católico. Yo era judío, ahora soy católico. Yo era judío, ahora soy católico”.

Él lo dijo, pero el sacerdote pensó que sería mejor pasarse por su casa un viernes para controlar.

El judío estaba friendo pollo. “Bien, ya sabes que no puedes comer pollo en viernes”.

“Sí que puedo”, le replicó. “Lo he metido en la sartén tres veces diciendo “antes era un pollo, ahora soy un pescado”.
Así es como vivimos.

Toda nuestra religión es exactamente así: solo verbal. No penetra en tu ser. Y tú sabes que harás exactamente lo opuesto a lo que digas. Piensas una cosa, dices otra, y haces otra diferente. Tú no eres uno, eres una trinidad. Y esas tres personas van en direcciones diferentes. Eres una multitud; de ahí el sufrimiento.

El animal es uno, de ahí la bienaventuranza del animal. El animal no tiene nada en absoluto por lo que estar feliz. No tiene un gran palacio en el que vivir ni tiene televisión ni radio ni nada de eso. No tiene nada y, sin embargo, en él encontrarás una gran paz, silencio, alegría, celebración. ¿Por qué? Hay una cosa: el animal no elige.

El sufí no elige. Si eliges, engañas; si eliges, empiezas a ser falso; si eliges, te empiezas a volver de plástico.
Un hombre iba a una fiesta de disfraces vestido de diablo. En el camino empezó a llover, así que se metió en una iglesia en la que había gente congregada. Al ver su disfraz de diablo, la gente empezó a escapar por la puerta y las ventanas.

A una señorita se le enganchó la manga de su abrigo en uno de los bandos y cuando el hombre se acercaba a ella, se defendió diciendo: “Satán, he sido miembro de esta iglesia durante veinte años, pero en realidad siempre he estado de tu lado”.
Y esa es la situación de todas las señoritas y de todos los caballeros: de palabra están al servicio de Dios, pero básicamente están rendidos al diablo. El diablo está más profundo porque ha sido reprimido. Cuando reprimes algo, se mete más profundamente en tu ser; te vuelves un hipócrita.

Instaurado el símbolo del animal, los sufíes están declarando: “Somos gente sencilla. No sabemos qué es el bien y qué es el mal. Solo conocemos a Dios, y lo que sea que ocurra es regalo suyo. Lo aceptamos. Nosotros no somos hacedores a nuestra voluntad”. Este es el primer significado de la palabra “sufí”.

Hay otra posibilidad: la palabra “sufí” puede derivar de sufa: pureza, limpieza, purificación. También esa es buena. Si vives una vida sin elegir, surge una pureza natural. Pero recuerda, esta pureza no contiene nada de moralidad. No significa puro en el sentido de ser bueno; significa puro en el sentido de ser divino, no en el sentido de ser bueno. Puro simplemente significa puro de toda idea, buenas y malas ambas. Pureza significa trascendencia. Uno no tiene ideas en absoluto, no tiene prejuicios. Uno confía en la vida tan plenamente que no necesita tener ninguna idea, uno puede vivir sin ideas. Cuando hay ideas en la mente, estas crean impureza, crean heridas. Cuando estás demasiado lleno de ideas, estás lleno de suciedad. Todas las ideas son suciedad. Sí, incluso la idea de Dios es una idea sucia, porque las ideas son sucias.

Para un sufí, Dios no es una idea, es la realidad que vive. No es alguien que está sentado en un trono en los cielos, no; está aquí-ahora, está en todas partes, en todos los lugares. Dios es simplemente un nombre para la existencia en su totalidad.

Pureza significa mente descontenta; así que, por favor, no te disfraces con la palabra “pureza”. No significa hombre que tiene buen carácter. No significa hombre que se comporta de acuerdo con los diez mandamientos. No significa hombre respetado por la sociedad como una buena persona.

El sufí nunca ha sido respetado por la sociedad. El sufí vive una vida tan rebelde que la sociedad casi siempre ha estado asesinando sufíes, crucificándolos, porque el sufí te hace consciente de tu falsedad. Se convierte en un constante sermón en contra de tu artificialidad, en contra de tu fealdad, en contra de tu inhumanidad hacia los seres humanos , en contra de tu máscara, en contra de todo lo que tú eres y representas. El sufí se convierte en un constante aguijoneo para la mal llamada sociedad y para la mal llamada gente respetable.

He oído… en cierta ocasión Abu Yasid, un místico sufí, estaba rezando –esto es una parábola, no es un hecho histórico- y Dios le habló diciéndole: “Yasid, ahora te has convertido en uno de mis elegidos. ¿Debo declararlo públicamente?”. Abu Yasid se rió. Le contestó: “Sí, puedes; si quieres que me crucifiquen. Decláralo. ¿Qué ocurrió cuando declaraste eso acerca de Al-Hillaj? Lo crucificaron. Siempre que declaras que alguien lo ha conseguido, la gente lo crucifica inmediatamente. Ellos no te aman y no pueden tolerar a tu gente. Así que si quieres que sea crucificado, decláralo”. Y se dice que Dios nunca declaró lo de Abu Yasid. Se lo calló.

Esto es lo que ha ocurrido.

Alguien preguntó a Al-Hillaj Mansoor, el más grande místico de todos los tiempos: “¿Cuál es la experiencia última sufí?”. Al-Hillaj contestó: “Mañana verás cuál es la experiencia última sufí”. Nadie sabía qué iba a ocurrir al día siguiente. El hombre le preguntó: “¿Por qué no hoy?”. Al-Hillaj contestó: “Tú simplemente espera. Ocurrirá mañana, la última”. Y al día siguiente fue crucificado. Y cuando estaba siendo crucificado llamó a gritos al amigo que le había hecho la pregunta. Dijo: “¿Dónde te escondes entre la multitud? Ahora ven y observa lo último del sufismo. Es esto”.

Si empiezas a vivir en Dios, te vuelves intolerable para la mal llamada sociedad. La sociedad vive en hipocresía. No puede tolerar la verdad. La verdad tiene que ser crucificada. Puede amar a la iglesia, pero no puede amar a Cristo. Puede amar al Papa del Vaticano, pero no puede amar a Jesús. Ahora que Jesús se ha ido, entonces es bueno; puedes adorarlo. Cuando Mansoor se haya ido podrás hablar de él. Pero cuando está ahí es un fuego. Sólo aquellos que estén dispuestos a ser consumidos por el fuego estarán preparados para enamorarse de Mansoor.

“Sufa” significa pureza; pureza en el sentido de que en la mente ya no hay contenido alguno. La mente ha desaparecido. No hay mente, no hay pensamiento. Es un estado de satori, samadhi.

Hay otra posibilidad, y también es hermosa. Y yo acepto todas estas posibilidades. La tercera posibilidad es que viene de la palabra “sufía”, que significa: elegido como amigo por Dios.

Los sufíes dicen que no puedes buscar a Dos a no ser que él ya te haya elegido. ¿Cómo puedes buscar a Dios si él no te ha elegido antes? Toda intuición viene del lado de Dios. Él te está buscando, él te está deseando, él te busca a tientas. “¿Dónde estás?”. Solo cuando él elige a alguien, este puede empezar a elegirlo a él. Puede que tú no lo sepas; porque, ¿cómo vas a saber tú cuándo elige él?

Lo mismo ocurre con el maestro. ¿Acaso crees que tú eliges al maestro? ¡Eso es una tontería! Es siempre el maestro quien te elige a ti. La propia idea que tú eres quien elige al maestro es egoísta. ¿Cómo puedes tú elegir a un maestro? En primer lugar, ¿cómo puedes tú saber quién es un maestro? ¿Cómo lo vas a decidir? ¿Con qué criterio? Tú no puedes elegir a un maestro, el maestro te elige a ti.

Tú has llegado hasta mí desde tierras lejanas; muchos más están viniendo, están en camino. Pronto este lugar estará atestado, porque yo he elegido a muchos que todavía no se han dado ni cuenta de ello. Pero ellos han empezado a moverse. Ellos creen que están buscando un maestro; creen que son buscadores. Y es natural. Puede perdonarse. Pero ellos han sido elegidos por alguien.

Y en última instancia eso ocurre con Dos. Dios elige primero, entonces tú empiezas a sentir apetito por él. Y solo los sufíes lo han dicho. Ninguna otra tradición ha dicho tan claramente que el hombre no puede elegir a Dios, que es Dios quien elige al hombre. Es una bendición. Incluso sentir sed de Dios es una bendición. Deberías sentirte feliz por haber sido elegido, porque Dios ya te haya llamado. La primera llamada siempre es oída en el inconsciente profundo, así que no sabes descifrarla; qué es eso, de dónde viene. Lo sientes como si viniera de ti.

El hombre no puede tomar la iniciativa. ¿Cómo va a tomar la iniciativa? El hombre es tan impotente, está tan desvalido. El hombre no puede empezar el viaje a no ser que sea atraído, a no ser que alguna fuerza magnética tire de él hacia alguna meta desconocida. Tú solo puedes elegir lo que conoces. ¿Cómo vas a elegir a Dios? Tú puedes tomar la iniciativa para otras cosas, porque las conoces. Tú puedes tener idea de cómo comparar una hermosa casa o de cómo conseguir a una mujer para que sea tu esposa o a un hombre para que sea tu esposo, o de cómo tener más dinero, más poder, más prestigio; puedes elegir esas cosas. ¿Cómo puedes elegir a Dios? Tú ni siquiera lo has vislumbrado, ni siquiera en sueños. ¿Cómo vas a elegir algo completamente desconocido para ti?

Pero tú no eres desconocido por Dios. Él te puede elegir. Cuando él te elige, surge en ti un gran deseo de encontrarlo. Esa es la señal de que él te ha elegido. Te has convertido en un sufí: elegido como amigo por Dios.

La cuarta posibilidad es que procede de la palabra griega sophia. ¿sophia? Significa sabiduría. Sabiduría no es sinónimo de conocimiento; el conocimiento viene de las escrituras, de otros, es prestado. La sabiduría surge en ti mismo; tú eres una luz para ti mismo. Sabiduría significa que sabes, no que crees. El conocimiento es creencia. Alguien dice “Dios existe” y tú crees. Tú crees a ese hombre, así que crees que tiene que estar diciendo la verdad. Jesús dice “Dios existe” y tú crees; yo digo “Dios existe” y tú crees; eso es conocimiento. Tú me amas, confías en mí, empiezas a creer, pero eso no es conocimiento.

Un hombre se convierte en un sufí solo cuando ha conocido, cuando él mismo ha conocido, cuando él mismo ha tocado la realidad, cuando él mismo ha visto la cara de Dios, entonces se convierte en un sufí. Se ha vuelto sabio. Ya no eres simplemente un hombre con conocimientos, ahora se trata de su propia existencia.

El término “filosofía” también procede de la raíz sophia pero se ha alejado. Sufí también procede de la misma raíz sophia, pero no se ha alejado. La filosofía se ha convertido en especulación: pensar y pensar y pensar, sin llegar nunca a ninguna conclusión. Y si no llegas a ninguna conclusión, tu vida no se va a transformar. Sólo pensando nadie se transforma; solo creces cuando llegas a alguna conclusión experimentada. La filosofía es un juego con palabras y lógica; un bonito juego. Si quieres, puedes jugarlo, pero permaneces igual. Nunca te cambia.

Por esa razón la ciencia tuvo que divorciarse de la filosofía. El día que la ciencia se divorció de la filosofía empezó a crecer. Se volvió experimental, se volvió objetiva. La ciencia ya no depende del pensamiento, depende de la experimentación. Esa posibilidad surge por el divorcio de la filosofía.

Otra de las posibilidades que surge por ese divorcio es el sufismo. La ciencia se dirige hacia el objeto y se convierte en experimentación, el sufismo se dirige hacia el sujeto y se convierte en experiencia. Pero ambas están concernidas con la realidad: la ciencia con la realidad exterior y el sufismo con la realidad interior. Ambos se han divorciado de la filosofía.

La ciencia depende del experimento, porque el experimento objetivo es posible; el sufismo depende de la experiencia, porque la consciencia interior sólo puede ser experimentada, no se puede experimentar con ella. No se trata de un objeto, se trata de tu subjetividad.

Y la última posibilidad es que proceda de la raíz hebrea ain sof, que significa lo absolutamente infinito, la búsqueda de lo absolutamente infinito, la búsqueda más allá de lo relativo, la búsqueda de lo ilimitado, lo eterno, lo intemporal.

Sí, exactamente eso es el sufismo. El sufismo es todas esas cosas y más. Para indicar ese más, repetiré la definición del diccionario persa: sufí chist – sufí, sufist. ¿Qué es un sufí? Un sufí es un sufí. No se puede decir nada más acerca de eso.

Pero puedes entrar en el templo del sufismo y probarlo.

Antes de entrar en esta pequeña historia de hoy explicaré algunas cosas que ayudan a comprender. Servirán de base.

El Corán dice que hay tres cualidades básicas que el corazón del buscador tiene que albergar. La primera es khush. Khushu significa humildad, modestia. La segunda es karamat. Karamat significa caridad, compartir, el gozo de dar. Y la tercera es sijd. Sidj significa sinceridad, autenticidad, no aparentar, sino ser lo que se es. Estas tres cualidades son los tres pilares del sufismo.

La humildad a la que khushu se refiere no es la mal llamada modestia. El hombre modesto común es egótico. Su ego es un nuevo tipo de ego: el de ser modesto. Él piensa: “Nadie es tan modesto como yo. Yo soy la cima de la humildad”. Pero sigue comparando. El ego no ha cambiado, el ego solo ha tomado una nueva postura, un nuevo gesto, es más sutil.

Antes el ego se mostraba en su forma más grosera. Ibas por ahí presumiendo de tu dinero. Era una forma muy grosera. Luego, un día, renuncias a tu dinero y empiezas a presumir de que has renunciado a todo. Ahora la fanfarronada es muy sutil, pero no deja de serlo. Antes decías: “Yo soy alguien”. Intentabas demostrar que eras alguien de mil y una formas. Más tarde, viendo la futilidad, dejas eso, das un giro, adoptas otro gesto; con la cabeza agachada empiezas a decir: “Yo no soy nadie”. Pero el “yo soy” permanece. La antigua reivindicación de ser alguien ahora es de no ser nadie. Antes había una reivindicación de ser alguien ahora es de no ser nadie. Antes había una reivindicación y ahora también la hay. Lo que pasa es que ahora ha tomado una forma sutil.

Humildad, khushu, significa que se han comprendido todos los caminos del ego. Y entendiendo todos los caminos del ego, el ego desaparece. No hay ninguna reivindicación, ni siquiera la de ser humilde. Cuando no hay reivindicación, hay humildad, hay khushu.

Esta es una de las principales cualidades para aquellos que quieren dirigirse hacia Dios, porque si eres demasiado sólido no te moverás. Tienes que ser líquido, tienes que fundirte; no puedes permanecer congelado en tu ego. Solo cuando te fundes puedes empezar a moverte. Y cuando empiezas a moverte, ¿a qué otra parte puedes ir? Todo movimiento va hacia Dios. Solo aquellos que están osificados no llegan a Dios; por el contrario, si te mueves, te estarás moviendo hacia Dios. No existe ningún otro movimiento.

La segunda es caridad, karamat. Caridad no significa que des y te sientas muy bien por haber dado, eso no es karamat, eso no es caridad. Caridad es cuando das y te sientes agradecido porque el otro haya tomado; es cuando das sin la idea que el otro tenga que estar en deuda contigo en ningún sentido; cuando das porque tienes demasiado, ¿qué otra cosa puedes hacer? No se trata de que los otros necesiten. Caridad es cuando as desde tu riqueza, cuando das desde tu abundancia. No se trata de que el otro tenga necesidad y tú le estés ayudando; el otro no tiene nada que ver. Das porque tienes, ¿qué otra cosa puedes hacer? El capullo florece y la fragancia de la flor se expande por el aire, ¿qué otra cosa puede hacer la flor? La lámpara se enciende y comparte su luz, expande su luz. La nube está llena de agua y se convierte en lluvia, ¿qué otra cosa puede hacer?

Sólo cuando das desde tu abundancia se puede llamar caridad. Y entonces no te preocupas de quién es digno de recibir, esa no es la cuestión en absoluto.

Debes haber leído esa hermosa parábola de Jesús. En cuanto a parábolas se refiere, Jesús es incomparable. Un hombre, un hombre rico, contrató a unos cuantos para que trabajaran en su huerto. Al mediodía se dio cuenta de que no serían suficientes para acabar el trabajo al atardecer. Así que contrató a más trabajadores. Pero por la tarde se dio cuenta de que incluso con estos no serían suficientes, así que contrató a unos cuantos más.

Al atardecer, el patrón les pagó por el trabajo que habían realizado. Pero le pagó a todos lo mismo: tanto los que vinieron por la mañana como los que vinieron al mediodía y los que vinieron justo antes de que el sol se pusiera recibieron la misma cantidad. Naturalmente, los trabajadores que empezaron por la mañana se enfadaron. Protestaron. Dijeron: “Esto es injusto. Nosotros vinimos por la mañana, hicimos un día entero de trabajo y recibimos la misma recompensa que los otros, que acaban de llegar y no han hecho casi nada. Eso no es justo”.

El patrón se rió y les dijo: “¿Acaso lo que habéis recibido no es suficiente por el trabajo que habéis realizado?”. Ellos contestaron: “Es suficiente. ¿Pero por qué hemos cobrado lo mismo que estos otros que no han hecho casi nada?”. Y el patrón les replicó: “Les he dado desde mi abundancia. ¿Acaso no puedo dar mi dinero? Es mi dinero. Vosotros habéis cobrado. Habéis cobrado por vuestro trabajo. ¿Es que acaso no puedo tirar mi dinero? ¿Por qué la protesta? ¿Por qué os debería preocupar?”.
Y Jesús solía decir: “Este hombre es un hombre de caridad. Da desde su abundancia”.

Eso es lo que los sufíes llaman karamat.

Y la tercera es sinceridad. No significa decir la verdad, significa ser la verdad. Decirla solo es la mitad del camino; la verdadera cuestión es serla. Puede que digas la verdad algunas veces cuando no te perjudique, eso es lo que hace la gente. Cuando la verdad no les perjudica se vuelven sinceros. Y aunque algunas veces la verdad perjudique a otros, ellos persisten en ser muy pero que muy sinceros. Pero cuando la verdad no te favorece, entonces la abandonas, entonces ya no eres importante.

Por eso la gente dice: “La mejor estrategia es la honestidad”. Pero recuerda, aquel que dice: “La mejor estrategia es la honestidad” no es un hombre honesto. ¿Estrategia? La propia palabra es deshonesta. La verdad no puede ser una estrategia, y tampoco la honestidad. Sólo puede ser tu mismo corazón, no estrategias. Las estrategias se pueden usar y tirar. Las estrategias son política. Cuando la honestidad es rentable, eres honesto, eso es lo que significa. “La mejor estrategia es la honestidad”. Cuando no es rentable, te vuelves deshonesto. Tú no tienes ninguna relación con la honestidad. Tú la utilizas. Eso es lo que quieres decir por estrategia.

Sijd es una palabra sufí que quiere decir: ser sincero, ser verdad. No se trata tan sólo de una estrategia. Se trata de ser la verdad, por cruda que esta sea, sin pensar en absoluto en el resultado, ocurra lo que ocurra, a pesar de cualquier resultado, arriesgarlo todo por la verdad, eso es sijd. Arriesgarlo todo por la verdad, porque si se salva la verdad, se salva todo, y si se pierde la verdad, se pierde todo.
Ahora esta pequeña historia.
A Uwais le preguntaron: ¿Cómo te sientes?”.
Uwais es un maestro sufí.
Él contestó: “Como alguien que se ha levantado por la mañana y no sabe si por la tarde estará muerto”.

El interlocutor dijo: “Pero esa es la situación de todos los hombres”. Uwais contestó: “sí, ¿pero cuántos de ellos lo sienten?...”.
Aquí hay muchas cosas que tiene que ser entendidas.

Primero cuando Uwais dice: “Como alguien que se ha levantado por la mañana y no sabe si por la tarde estará muerto”, está diciendo muchas cosas. Esta es una frase preñada de significado. Tendrás que profundizar en ella.

Lo primero que está diciendo es que un sufí vive momento a momento; no le preocupa lo que pueda ocurrir en el siguiente momento; no le preocupa lo que pueda ocurrir en el siguiente momento. No tiene un plan para el siguiente momento. El sufí no tiene futuro. Este momento lo es todo. Vive en él, vive totalmente en él, porque no hay ningún otro lugar adonde ir. Si tienes un futuro, no puedes vivir con totalidad en el momento; es natural, una parte de tu ser estará fluyendo hacia el futuro. Si tienes un pasado, no puedes vivir en el presente, parte de tu mente estará fluyendo hacia el pasado. Te fragmentarás. Una gran parte de tu ser se quedará colgada en alguna parte del pasado y el resto ya se habrá movido a algún lugar en el futuro. No quedará nada para el presente. Y el presente es tan pequeño, tan atómico, que puedes perdértelo muy fácilmente. La gete se lo está perdiendo. La gente tiene pasado y tiene futuro, pero no tiene ningún presente.

El sufí vive en el presente. Vivir en el presente es la premisa básica para separarte del pasado y del futuro. Entonces aparece una concentración de energías, entonces este pequeño momento se vuelve luminoso, vuelcas toda tu energía en él; entonces hay dicha y bendición. Si eres desgraciado, es porque vives en el pasado y el futuro. Un hombre desgraciado tiene un pasado y un futuro, un hombre que vive en la gloria solo tiene el momento, este momento. Vive en el ahora.

Ashley Montagu acuñó una palabra nueva, comprenderla servirá de gran ayuda. Él dice que esta novedad, este constante estar en el momento, este constante abandonar el pasado y no saltar al futuro, es un gran arte. Él llama a ese arte neoteny. Neo significa nuevo, teny significa estirado, extendido.

Un hombre puede vivir toda su vida en novedad, un hombre puede vivir toda su vida como un niño, un hombre puede tener la cualidad del niño extendida toda su vida; el arte es vivir en el momento. La persona que vive en el momento nunca envejece. Madura, pero nunca envejece. En realidad crece. Envejecer no es realmente crecer. Envejecer solo es morir lentamente; envejecer solo es ir suicidándose. El hombre que vive el momento nunca envejece en el sentido en que la gente envejece. Nunca se vuelve resabiado; es siempre inocente, maravillado, apasionado, lleno de curiosidad. Cada momento le trae una nueva sorpresa. Siempre está viviendo una aventura. Es un explorador. Nunca está harto de la vida. Nunca está aburrido.
En una iglesia un sacerdote comunicó que después de los servicios habría una reunión de la junta. Se marcharon todos excepto los miembros de la junta. Pero justo en la primera fila había un extraño.

El sacerdote se sintió un tanto perplejo. Le dijo: “¿Señor, no ha entendido? He dicho que sería una reunión de la junta”.

Y el extraño contestó; “Sí. ¿Y quién es más aburrido que yo?”.*
* En inglés la palabra borrad significa junta, y la palabra bored, que significa aburrido, suenan muy parecidas. (N. del T.).

Mira a la gente. Mira a los ojos de la gente. No tienen el brillo de la sorpresa. Mira a sus caras. Sus caras dicen que ya no va a ocurrir nada más. Están aburridos, completamente aburridos. Si no se suicidan es solo porque son cobardes. Parece que no haya alegría. Simplemente ve a la calle y observa a la gente. Todos parecen estar llenos de polvo.

¿Por qué sigue viviendo la gente? Porque tienen miedo de suicidarse. Porque la vida no tiene alegría. O a lo mejor están tan aburridos que sienten que ni siquiera en la muerte vaya a ocurrir algo. Están tan aburridos, piensan que nada va a ocurrir nunca. Nunca ocurre nada. ¿Y la razón? La razón es que van cargando con el pasado.

El sufismo dice: “No cargues ni con el pasado ni con el futuro. Este momento es precioso, ¿por qué malgastarlo pensando en cosas que ya no existen o en cosas que todavía no existen? Deja que este momento sea un momento de gran dicha”.

Y esa dicha se convierte en oración, esa dicha se convierte en zikr, esa dicha se convierte en un recordatorio de Dios. Repetir Alá, Alá, Alá, no sirve de nada; repetir Ram, Ram, Ram, no sirve de nada. Cuando estás repleto de dicha es cuando recuerdas a Alá en lo más profundo de tu ser. No es que lo repitas verbalmente, sino que toda tu existencia dice Alá, cada una de tus células, cada una de las fibras de tu ser, dice Alá. No es que tú lo repitas; no es verbal, es esencial. Está ahí, está constantemente ahí. se convierte en tu clima interior. Empiezas a vivir en esa salsa, en esa dicha.

Así que lo primero que Uwais dice es: “Así es como lo siento. Yo vivo momento a momento, sin ningún plan o futuro. Yo no sé qué va a ocurrir esta tarde, puede que la muerte”. Cuando dice muerte, él simplemente está diciendo que cualquier cosa es posible, incluso la muerte es posible. “Yo vivo en la sorpresa, yo vivo maravillado, yo vivo en el misterio. Y el mayor de los misterios es la muerte”.

Sólo hay dos misterios: la vida y la muerte. Y sin duda alguna el mayor de ellos es la muerte; porque la vida se extiende y la muerte es muy intensa. La vida ocurre en setenta, ochenta o cien años. Naturalmente se extiende. La muerte ocurre en tan sólo un momento, es muy intensa. La muerte es la culminación el crescendo. La muerte es el mayor orgasmo que existe; por eso, dicho sea de paso, la gente también tiene miedo a los orgasmos. O, si los tienen, son orgasmos locales, no muy orgásmicos; por miedo. El momento orgásmico es un momento de muerte. Y en la muerte ocurre el orgasmo final. En ese momento desapareces completamente en la nada. Es la mayor de las experiencias.

Uwais dice: “Yo no sé qué es lo que va a ocurrir, puede que la muerte”. La muerte es una puerta a Dios. Aquellos que saben cómo morir saben cómo entrar en Dios. Los que se aferran a la vida nunca saben que Dios existe, porque no permiten la muerte. Y la muerte viene todos los días. Según va pasando cada momento, algo está muriendo. Si tienes treinta años, has estado muriendo constantemente durante treinta años. Si reúnes esos momentos de treinta años, esos momentos muertos que ya has vivido, entonces llevarás una carga. Entonces empezarás a envejecer. Entonces, llevando una carga tan pesada, ¿cómo vas a participar de la danza? Esa carga no te lo permitirá. Si puedes dejar esa carga cada día y volver a estar fresco, volver a ser inocente, volver a ser un niño, entonces, y sólo entonces conocerás la muerte que está ocurriendo cada día; la vida y la muerte ocurriendo ambas juntas.

Y luego, un día, viene la muerte final y uno la acepta, le da la bienvenida, la celebra, uno desaparece en la danza. Tu comportamiento en el momento de la muerte mostrará cómo has vivido. El momento de tu muerte será tu testamento.

Uwais está diciendo: “Yo estoy siempre dando la cara a la muerte y esperándola. Y me siento emocionado por la posibilidad de que ocurra”. Pero afrontar la muerte requiere vivir valientemente. La gente elude la muerte. Han eludido incluso la propia idea. Saben que todos los demás mueren, pero piensan que ellos no van a morir.

Si vives en esa inocencia, vives en la ignorancia. La ignorancia es una gran cualidad religiosa. Un hombre de conocimiento no puede volverse religioso, pero un ignorante puede volverse religioso muy fácilmente.

Uwais dice:
Como alguien que se ha levantado por la mañana y no sabe si por la tarde estará muerto”.
Nada es seguro, nada es previsible; todo está abierto. Para un sufí todo es posible. Nada es absolutamente seguro, todo es posible; eso es lo que significa estar abierto, tener una mente abierta.
El interlocutor contestó: “Pero esa es la situación de todos los hombres”.
Todo el mundo se va a morir, pero no sabe cuándo.

El interlocutor no ha entendido la respuesta de Uwais. Nosotros sólo entendemos en nuestro propio plano.
Uwais contestó: “Sí, pero cuántos de ellos lo sienten?”.
Se van a morir.

Lo desconocido penetra en la vida a cada momento; eso es la muerte. Pero no lo sienten. No se dan cuenta de ello. La gente vive en una especie de sueño, una especie de aletargamiento. La gente es casi sonámbula.
El pasajero de un taxi estaba algo más que embriagado. Mirando a su reloj vio que eran las siete en punto. Un poco después vio un reloj en una joyería que decía que eran las siete menos cinco.

Entonces preguntó al taxista: “¿Qué hora es?”.

“Son las siete menos diez”, contestó el taxista.

“Pare y dé la vuelta”, le ordenó el pasajero, “¡vamos en la dirección equivocada!”.
La gente está casi dormida, borracha; no hay ni siquiera un rayo de consciencia.

Ocurrió una vez…

Era el primer papel que le habían dado en los últimos cinco años. Es cierto que solo era un pequeño papel, pero ya era algo. El héroe tenía que entrar en escena y decir: “¿Vio usted cómo mataban a este hombre?”. Su papel consistía en mirar al héroe directamente a los ojos y contestar: “Lo vi”.

Ensayó esas dos palabras durante semanas –lo vi, lo vi, lo vi-, estudiando la elocución, ensayando expresiones faciales y entonaciones. Entonces llegó el gran día. El héroe entró mirando al cadáver que había sobre el suelo, luego miró a nuestro actor y le preguntó: “¿Vio usted cómo mataban a este hombre?”.

Mirando directamente a los ojos del protagonista contestó claramente: “¿Yo?”.
La gente no está atenta en absoluto. Está durmiendo. Una especie de embotamiento, una especie de neblina rodea tu ser. Todo está muy nublado y confuso. Muy raramente estás alerta, muy, muy raramente; son raros esos momentos. Gurdjieff solía decir que siete de esos momentos es más de lo que un hombre puede esperar a lo largo de toda su vida. Muy raramente.

Algunas veces, en momentos de gran peligro, te pones alerta. Alguien viene a matarte y te pone un revólver en el pecho; entonces, durante un breve momento, la niebla desparece. La muerte está ahí. o, si estás conduciendo a ciento sesenta, ciento ochenta kilómetros por hora, y de repente aparece una curva y ves que todo se ha acabado, durante un instante en accidente parece seguro, absolutamente seguro; la niebla desaparece. De ahí la atracción del peligro, porque sólo en el peligro algunas veces sientes que existes. De ahí la atracción por la guerra. Cuando la gente va a la guerra y entra en las garras de la muerte, algunas veces vienen raros momentos. Pero aparte de eso, en una vida ordinaria cómoda, confortable, la gente sigue roncando.
Un viajero le preguntó a un borracho el camino a la oficina de correos. El borracho era un lugareño de la ciudad.

“Bien, tome la segunda calle a la derecha… no, la segunda a la izquierda… no, eso tampoco es correcto, tome la primera a la derecha y luego la primera… La verdad, señor, no creo que desde aquí pueda llegar a la oficina de correos”.
La gente vive en esa neblina. Y no es que se te nuble todo sólo cuando has bebido, cada momento estás bebiendo mil una clases de alcohol. Unos están locos por el dinero, entonces el dinero es su alcohol. Otros están locos por el poder, entonces beberán poder y se emborracharán. Y hay diferentes tipos de gente loca. Pero cada uno tiene su particular clase de alcohol que lo emborracha.

¿Has visto los ojos de un avaro mirando a su dinero? Mira al dinero como si estuviera mirando a su amada. Toca el dinero con tanta ternura. Trata los billetes con tanto amor y cuidado. Y cuando está con el dinero se olvida del resto del mundo.

Fíjate en cualquier político: loco del poder. Está borracho. No necesita ninguna otra bebida alcohólica, ninguna otra droga. Él ya está drogado por el poder. Puede que incluso está en contra del alcohol y las drogas, quizá esté promoviendo su prohibición, pero él mismo es un borracho. Y sin duda alguna el alcohol que produce el poder es mucho más peligroso que el que producen las uvas. Estos maniáticos del poder son gente muy peligrosa para el mundo.

Y todo el mundo está borracho. Toman diferentes clases de bebidas pero todos están borrachos. Sufí es aquel que no está borracho; a eso se refiere Uwais cuando dice: “Sí, ¿pero cuántos de ellos lo sienten?”.

Recuerda, hay una diferencia. Si la misma pregunta se la hubieran hecho a Bodhidharma o a Rinzai, ellos hubieran contestado: “¿Cuántos son conscientes de ello?”. Uwais dice; “¿Cuántos de ellos lo sienten?”. Esa es la diferencia entre los dos caminos básicos: el camino de la consciencia, de la meditación, y el camino del amor, del sentimiento.

El sufismo es el camino del amor, del sentimiento. Si le hubieran preguntado a Bodhidharma, él hubiera contestado: “¿Cuántos son conscientes de ello?”. Él hubiera usado la palabra “conscientes” no “sienten”. Ningún maestro zen usaría la palabra “sentir”; esa es la diferencia básica, aparte de esa no hay ninguna otra diferencia.

El sufismo es un despertar del corazón: el despertar de los sentimientos. El Corán dice: “No son los ojos los que están ciegos sino el corazón”. Cuando dice “corazón” se refiere a la facultad de percibir lo trascendente, lo amado. A los sufíes se les conoce como aquellos que tienen corazón. Dice A-Hillaj Mansoor: “He visto a mi señor con el ojo del corazón. Le pregunté “¿Quién eres tú?”, y él respondió: “Tú”. El ojo del corazón…

Recuerda esto. El sufismo es el camino del amor. Es más de danzar que el zen, es más de cantar que el zen. Es más celebrativo que el zen. Por eso en los países en los que ha habido sufismo se ha escrito la mejor y más bella poesía que jamás haya existido en el mundo. La lengua persa se volvió muy poética y ha generado los mejores poetas del mundo. La misma lengua se volvió poética, la misma lengua se volvió muy graciosa, porque en el sufismo se piensa en Dios como el amado.

Eso también tiene que ser entendido: lo último por hoy. para la gente del zen no hay Dios, tu propia consciencia es lo supremo. El zen proviene de la visión de Gautama Buda. El sufismo proviene de la relación amorosa de Mahoma con Dios.

Ocurrió una vez…

En el año 610 d. de C. Mahoma estaba en una cueva en el monte Hira. Allí recibió su primera experiencia espiritual y tuvo miedo de haberse vuelto loco o, como él decía, poeta. Llegó hasta su mujer temblando de miedo y diciendo: “¿Qué soy yo, un poeta o un poseso?”. Incluso pensó en despeñarse desde una roca alta para matarse. Fue un trauma tremendo, era una descarga de amor de mucho voltaje. Estuvo durante tres días temblando constantemente con una fiebre peligrosamente alta.

Y lo que temía era haberse vuelto loco o poeta. De esta experiencia de Mahoma nace el río del sufismo. Siempre se ha mantenido poético y poseso. Él era ambas cosas. Se volvió poeta y se volvió poseso. Se volvió loco y se convirtió en un místico.

Debes haber oído algo acerca de la hermosa leyenda sufí de Majnu y Laila. No es una historia de amor corriente. La palabra Majnu significa loco, loco por Dios. Y laila es el símbolo de Dios. Los sufíes piensan en Dios como el amado; laila significa el amado/a. todo el mundo es un Majnu y Dios es el amado. Y uno tiene que abrir su corazón, los ojos del corazón.

Por eso Uwais dice: “Sí, ¿Pero cuántos de ellos lo sienten?”. La gente ha perdido por completo la facultad de sentir, no siente en absoluto. Se han saltado su corazón. No van a través del corazón. Han llegado a la cabeza. Han evitado el corazón, por eso, parece que en la vida no hay bendición. Solo a través del corazón florecen las flores, sólo a través del corazón nace el canto de los pájaros, sólo a través del corazón llegas a ver la vida no como una seca consciencia sino como una celebración. Yo te invito a celebrarlo conmigo.
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