Las personas que mueren no se van definitivamente, su alma sigue presente, principalmente en los días de muertos, en que regresan a sus casas para "saborear"






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fecha de publicación24.06.2015
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Las personas que mueren no se van definitivamente, su alma sigue presente, principalmente en los días de muertos, en que regresan a sus casas para "saborear" los platillos que sus parientes les han preparado. Los fieles difuntos arriban a su cita anual con familiares y amigos, para ser honrados después de haber recorrido el camino que una vez se los llevó, pero que ahora los conduce al "Hanal pixán".

El "Hanal pixán", o comida de las ánimas, es una tradición del pueblo maya que se lleva al cabo para recordar de una manera especial a los amigos y parientes que se adelantaron en el viaje eterno. Es un acontecimiento especial para los deudos de los difuntos, pues saben que, en estos días, del 31 de octubre al 2 de noviembre, las ánimas "reciben permiso" para visitar a sus familiares.

El primer día se dedica  a los niños y le llaman U HANAL PALAL. El segundo día, 1 de noviembre, está dedicado a los adultos muertos y le llaman U HANAL NUCUCH UINICOOB, y el tercer día es el U HANAL PIXANOOB llamado en algunos lugares "misa pixán" porque ese día se aplica una misa dedicada a las ánimas, por lo general en el cementerio de la población.

Se acostumbra, principalmente en el interior del Estado, que los niños usen durante esos días una cinta de color rojo o negro en la muñeca derecha, a fin de que las ánimas no se los lleven. También se acostumbra amarrar a los animales de la casa, porque podrían ver a las ánimas e impedirles el paso hacia el altar.  La tradición incluye varios ritos, pero el principal consiste en poner una mesa que funciona como altar, donde se coloca comida típica de la temporada: atole nuevo, mucbilpollos, jícamas, mandarinas, naranjas, dulce de papaya, coco y pepita, tamales de espelón y "vaporcitos", todo eso adornado con veladoras, flores, ramas de "ruda" y las fotografías de las personas fallecidas.

Las ofrendas para los niños difuntos se colocan en un altar decorado con un mantel bordado en tonos alegres, juguetes y comida de su preferencia, como chocolate, tamales, "pibes", dulces, frutas de la temporada, atole nuevo y yuca con miel, y se adorna con flores de "xpujuc" (de tipo silvestre y color amarillo), "xtés" en color rojo y "virginias".El día de los niños se pondrá, además de los alimentos y los dulces, juguetes.

El segundo y tercer días se ponen en la mesa comidas y bebidas, así como aguardiente y cigarros si es que los muertos que se recuerdan acostumbraban comer determinados guisos, beber o fumar.

Como se verá,el principal elemento de este ritual son los alimentos, cuyos nombres son palabras de origen maya. Por ejemplo:

BEBIDAS

Sa: atole, palabra de origen náhuatl; ak sa: atole nuevo; cikil sa: atole con pepita; tan chucuá: desleido de masa con chocolate. Puede referirse al atole con chocolate; keyem: pozole, es una palabra de origen náhuatl; chokó sakam: bebida hecha con masa de maíz hervida, y balché: bebida espirituosa que se hace con la corteza de un árbol que se llama así.

COMIDAS

Pib: asado o cocido bajo la tierra. También se le llama así a una especie de tamal grande cocido bajo la tierra, que también se denomina pibipollo o mucbipollo, pero estos dos últimos términos tienen la palabra española pollo; chachac wajes: especie de tamal colorado. Su nombre significa pan muy rojo, debido al achiote con que se prepara; chilmole: guisado hecho con chile quemado, carne, tomate y otras legumbres. El término es de origen náhuatl, ya que chil es chile y mole es salsa, caldo o guiso; chacbi nal: elote cocido en agua. Chacbil es cocer o cocido y Nal significa elote; pibi nal: elote cocido bajo la tierra; xek: mezcla comestible hecha con naranja, mandarina, jícama y otras frutas, así como chile molido o alguna cosa más; chay wah: tamal hecho con chaya picada; pin: tortilla gruesa, ya que PIN quiere decir grueso; buli wah: tortilla hecha con frijol nuevo o espelón, que se cuece a baño maría o en el horno; is wah: tortilla de maíz nuevo, dulce o salado y tostado; salbut: tortilla a la que se le pone debajo del ollejo carne y luego se fríe para comer. El nombre está formado por Sal: ligero, y But: embutir, es decir, ligeramente embutido.

Una semana después, se efectúa el Bix (Ochovario del día de finados, se dice también de la reunión o fiesta que se hace a los ocho días de algún acontecimiento) u octava, que es una especie de repetición menos complicada que la anterior. En las noches de esos días, en las puertas de las casas y en las albarradas se encienden hileras de velas para que las almas vean su camino al venir y al retirarse de la población al terminar los finados.

Hay la creencia de que algunos días antes de la ceremonia las almas vienen para lavar sus ropas y prepararse para recibir los homenajes, y esperan ser bien tratados por los seres vivientes, quienes se deben preocupar por la atención de las ofrendas de comidas, bebidas, etc., a las que los difuntos eran afectos, pues de otra manera no regresarían al mundo de los vivos.

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Entre las pocas tradiciones autóctonas que heredamos y que hasta nuestros días se conservan esta la celebración del DÍA DE MUERTOS.
Aun con la invasión de costumbres Anglo Sajonas que afectan a nuestras nuevas generaciones para atraparlas en la vorágine del consumismo y perderlas en la ciencia ficción con figuras amorfas ajenas a la morfología humana o del reino animal, todo esto para acostumbrarlos a la robótica y que en los cerebros se valla perdiendo la conciencia del respeto a la vida natural, para que algún día los humanos puedan aceptar como natural el que sus cuerpos sean manipulados y respondan con obediencia ciega, a las ordenes de algún tirano.

Por eso es digno de celebrar que esta costumbre persista, es parte de nuestra raíz autóctona y de nuestra idiosincrasia mestiza y Cristiana.

En la altiplanicie mexicana las Raíces Toltecas y Mexica de los pueblos Náhuatl, Otomí, Tarascos, Aztecas y Zapotecas, basaban su cultura en el culto a la muerte, de hecho sus manifestaciones arquitectónicas mas conocidas eran grandes Teocalis o cementerios. Tula, Xochicalco, Teposotlan y Teotihuacan fueron erigidas para ese fin.
Es costumbre que desde el día 31 de octubre inicien la celebración con la limpieza de los sepulcros y la instalación de sus altares, su principal elemento de adorno es la flor de Cempasúchil y los que pueden, también la gladíola.
Muchas familias acostumbran pasar la noche del día primero al dos de Noviembre acompañando a sus difuntos. Pero hay algunos pueblos en donde esta costumbre es tradicional y ahora hasta se montan alrededor de los cementerios ferias y verbenas.
Los lugares más famosos por esta tradición son: Mixquic pueblo cercano a Xochimilco y en la isla de Janitzio en el Lago de Pátzcuaro Michoacán, ahí en sus iluminadas canoas hacen su peregrinación nocturna.

Para la tarde del dos, las familias se reúnen y después de los rezos por sus seres queridos, meriendan con el tradicional Pan de muerto acompañado de chocolate y dulce de calabaza en Pacha. A los niños se les obsequia con las calaveritas de azúcar.

Aquí, por nuestra hermosa tierra del Mayab nuestros ancestros nos heredaron otras costumbres, su religión giraba hacia los diferentes ciclos de la vida, sus principales dioses eran los que dictaban las temporadas de lluvia, sol, la recolección de las cosechas y la maduración de la fruta; la cacería ligada con la luna.
Su alimento primordial era el maíz del que existe una enorme variedad de formas de prepararlo, desde el Elote sancochado y el Pibinal cocido en horno de tierra. El Atole nuevo, el Izhua y otros ricos bocadillos hechos de maíz tierno y el holoch, o sea la hoja del elote.

Con la maza de nixtamal además de las tortillas, sirve como base para infinidad de ricos alimentos regionales: Los pimitos rellenos, los polkanes, el pibihua que es parecido a la chalupa para rellenar. Y queédecir de los conocidos panucho y salbutes.

Después vienen la infinidad de tamales envueltos en hoja de elote como los vaporcitos torteados, el Brazo de Reina que se prepara con Chaya, los nada dietéticos tamales de especie o de cuchara (de suave consistencia).
Y por ultimo los horneados que son los utilizados en estos días de muertos: El Chachacua que viene siendo la porción individual del famoso Mucbilpollo que es un tamal tamaño familiar, algunos lo hacen cuadrado y otros redondo, a esta versión en Campeche le llaman Pibipollo. Aunque en realidad no es únicamente de pollo también lleva costillitas de puerco.
También es costumbre que la maza que envuelve el tamal se revuelva con Espelon, una especie de fríjol muy pequeño que le añade un sabor muy especial.

EL HANAL PIXAN, Así es como se conoce esta tradición en el idioma Maya y quiere decir COMIDA PARA LAS ANIMAS, ya que según las creencias, los muertos tenían una etapa de transición antes de emprender el viaje al mas allá y se alimentaban nada mas en esta época ya sea para esperar otro año o para tener fuerzas para el largo viaje.
De ahí la costumbre que las ofrendas se hicieran en los patios o en la puerta de la casa y se prendían velas de cera toda la noche para que vean su comida. Si desaparecía es que las animas comieron, pero la verdad es que o eran perros o algunos vivos con hambre.

Hay una vieja historia que contesta algunas preguntas: Dicen que existía una orden de frailes cuya misión era expiar los pecados de los difuntos, durante el novenario por las almas del purgatorio, peregrinaban todas las noches a los cementerios con su habito blanco y una vela de cera, oraban en voz muy baja y cargaban cadenas como penitencia, el sonido de estos a media noche era sepulcral y nadie se atrevía a salir a mirar, así que las especulaciones de los vecinos al día siguiente iban cargadas de supercherías y exageraciones, o al vez dándole vuelo a su imaginación.

Conforme pasaban los años, las historias acerca de estos misteriosos aparecidos por las fechas dedicadas a los muertos ya eran espeluznantes.
Lo cierto es que algunos de estos sufridos frailes, no aguantaban el obligado ayuno penitencial y los menos piadosos o mas hambrientos se escabullían de la procesión y se metían a las casas donde estaban las deliciosas ofrendas y ni tardos ni perezosos se las engullían.

Al otro día los así furtivamente visitados comentaban que los muertos entraron a sus casas De ahí que la gente adquirió la costumbre de poner los altares fuera de las casas o llevaban la comida directo al cementerio.
Yo viví durante mi niñez en Tizimín, pueblo muy respetuoso y creyente de las costumbres ancestrales, además de ser uno de los lugares más celosos de su tradicional gastronomía.
Pues bien, durante esas tenebrosas noches del HANAL PIXAN, con todo y las advertencias de la abuela, a media noche me escapaba a revisar los altares de los vecinos para escoger que manjar me gustaba más.
Dicen que el miedo no anda burro, pero el hambre es más canija. Y por eso estamos como estamos.

El homenaje a los difuntos, que alcanza su máxima expresión los días 1 y 2 de noviembre, es una de las tradiciones que el pueblo mexicano conserva desde tiempos precolombinos.

Aunque se manifiestan de manera diferente en cada una de las regiones del país, los ritos y ceremonias que se ofrecen en honor de los difuntos tienen, como común denominador, el sentimiento de respeto hacia los familiares ya fallecidos, y la creencia de que aún permanecen espiritualmente en esta vida.

En Yucatán, los habitantes de áreas rurales llaman "santo pixán" a sus familiares difuntos, según explica la antropóloga Hilaria Maas Collí, investigadora de la Unidad de Ciencias Sociales del CIR Hideyo Noguchi de la Uady.

-"Pixán" es un topónimo maya que significa vida, aliento, fuerza, todo lo que nos mueve. Para los pueblos mayas, los seres queridos que ya han muerto siguen presentes en sus hogares.

La especialista recuerda que el "Hanal pixán", o comida para las ánimas, con que los yucatecos conmemoran el día de los fieles difuntos, es una tradición que se conserva en las zonas rurales e incluso en las ciudades.

-Y no sólo es el hecho de preparar la comida especial de esos días, sino el sentido real de la tradición: el reencuentro con los seres queridos que ya están con Dios -apunta la entrevistada.

-La esencia del "Hanal pixán" es el respeto a los difuntos, el recuerdo del tiempo que estuvieron entre nosotros y de sus enseñanzas.

-La tradición también está vigente entre muchos jóvenes, sobre todo cuando en sus familias se conserva la costumbre.

-Hoy día, en las escuelas se promueven concursos de altares, para lo cual niños y jóvenes tienen que investigar al respecto, lo que es benéfico, ya que algo han de aprender sobre las raíces culturales, aunque muchas veces sólo estén interesados en el premio.

-Tal vez lo que se debería hacer es enfocar las calificaciones del jurado al apego a las tradiciones, más que a la estética o lo llamativo del altar de Hanal pixán.

-En los altares de las familias de zonas rurales se pone lo que tienen en casa: maíz de la milpa, comida a base de aves que crían en el patio y arreglos sencillos.

-Los altares son una demostración íntima y familiar de respeto y cariño a un ser querido. Por eso, cuando la gente de las comisarías viene a la ciudad a instalar sus altares para la muestra de "Hanal pixán", considero que están desvirtuando el sentido de esa costumbre: al perder su contexto, no hay a quién dedicarle el altar; es como decirle a los difuntos de Tecoh que vengan a Mérida porque aquí estarán sus ofrendas.

La Antrop. Ella Fanny Quintal Avilés, investigadora del Departamento de Antropología Social del Centro INAH Yucatán, advierte que los concursos de altares que se llevan al cabo en las escuelas pueden derivar en dos situaciones negativas, si no se manejan de manera adecuada.

-Al presentar el "Hanal pixán" desde una perspectiva escolar, los jóvenes que vienen del campo y que han participado de manera directa en esas tradiciones empiezan a deslindarse de ellas, cuando se refieren a las costumbres de los mayas como algo ajeno.

-Por otro lado, en los medios donde no existen raíces mayas directas, las costumbres culturales se observan desde una perspectiva en la que imperan los prejuicios contra los mayas actuales.

Sobre el "halloween", costumbre importada de Estados Unidos que adquiere cada vez más popularidad en la ciudad, la especialista advierte que este festejo es un "ritual de inversión": la gente se disfraza, se cubre con máscaras y hace cosas que normalmente no son permitidas.

-En cambio, el "Hanal pixán" es un ritual de seriedad, de culto al orden, cuyo propósito es recordar a los seres queridos difuntos.

EL Hanal Pixán

En todos los países civilizados es costumbre conmemorar el día de difuntos con diversas manifestaciones de duelo que dedican a sus deudos muertos.
Estas prácticas se concretan a oraciones, rosarios de ánimas, ofrendas florales y visitas a los panteones. Entre nosotros, en América, en casi todas partes, se encienden lámparas sobre los sepulcros y hay paseo general de campos santos e iluminan los lugares donde han enterrado a los muertos.

En Yucatán, entre los indios mayas, se observa una costumbre que viene desde sus ancestros: costumbre netamente maya mezclada, después de la conquista, a prácticas piadosas conforme al ritual católico. Obra es ásta, de los franciscanos; quienes, no pudiendo desarraigar de golpe, en la raza conquistada, sus antiguos ritos idolátricos, toleraron ciertas prácticas que no se oponían al dogma: como honrar a sus muertos, ofrecer presentes, encender velas y quemar resinas aromáticas. Existe, pues, hasta la fecha entre los indígenas mayas, una práctica piadosa que tiene por origen la sagrada veneración que el indio tiene por sus deudos muertos, a quienes sepultan en el interior de sus hogares.

Historiadores  y cronistas, como Fray Diego de Landa y Cogolludo,  aseguran, -estudiando costumbres de la raza aborigen,- que entre los mayas no exitían cementerios en sus ciudades. El maya,-dice el cronista-, sepulta sus muertos en su propia morada. El entierro de sus deudos lo hacía cada habitante a espaldas de su casa, en un recinto o patio libre de malezas y bien barrido, donde era abierta una fosa y en la misma tierra, sin ataúd, colocaban el cadáver introduciéndole en la boca cierta cantidad de masa de maíz bien cocida, llamada "keyem" para que pudiera alimentarse mientras reposaba.... Hecho el entierro, colocaban una señal para identificar la tumba. Generalmente consistía ésta en un corralejo de dos metros en cuadro, hecho de varillas o palos: "coloc-ch‚". Y en tiempos de la colonia marcaban aquellos sitios con una tosca Cruz de madera que colocaban dentro del cuadro.

Debido a esta práctica indígena de sepultar los muertos en casa para tenerlos cerca, a fin de poderles ofrendar presentes que consistían en alimentos, frutas y ceras, nació la costumbre de hacer en los días de difuntos los "pibil-uahes" o "mucbipollos: vianda en forma de tamales envueltos en hojas de plátano con que obsequian, en esos luctuosos días, a las almas de sus parientes muertos. De ahí el "Hanal-Pixan", que quiere decir: "banquete de las ánimas".

En las casas y en los campos, colocan los indios jícaras de atole nuevo y cajetes de comida dedicados a los difuntos; y creen firmemente que, invisibles, descienden las almas a tomar una parte de ella, que es lo que llaman "tomar la gracia".

Es costumbre tradicional en la República, como en todo el mundo, llevar en los días de muertos, ofrendas florales y coronas a los panteones.

En México, además de estos presentes, fabrican en las pastelerías un pan de harina de trigo, con mucha azúcar encima, llamado popularmente "Pan de Muerto"; así como que confeccionan calaveras de dulce, bien adornadas, que obsequian a sus amistades.

En Yucatán, esta costumbre es distinta a la del resto de la República y, quizás, de todo el mundo. Desde el 1o. de noviembre, día de Todos los Santos, y dedicado a los "chiquitos" (los niños muertos), se confeccionan unos bollos de harina de trigo, en forma de figurillas de animales y muñecos, para ofrecer a las almas de aquellos. El 2 de noviembre, día de los Muertos, fabrican los indios unos enormes pasteles redondos, como de treinta centímetros de diámetro, hechos de masa de maíz y manteca, rellenos de pollo y puerco y condimentados con tomate y chile, que resultan muy sabrosos.... Estas tortas de maíz envueltas en hojas de plátano, -como tamales-, son cocidos a guisa de barbacoa en un gran hoyo bajo de la tierra, o "pibil-pollos"; palabra híbrida muy popular.

Además de estos pasteles, entierran en el horno subterráneo, bien calentado con leños y piedras, calabazas grandes, de preferencia la "dzol", j¡camas, camotes, mazorcas de maíz tierno, (pibinales) y unas tortas de masa y frijoles llamadas: "pibil- xpelón". Y una vez cocidos estos alimentos y humeantes aún, los depositan en pequeñas mesas, alumbradas con velas de cera, debajo de los  árboles del patio y cerca de las sepulturas de sus familiares; así como sendas jícaras de sabroso "tan-chucua",atole que fabrican con masa de maíz, cacao, pimienta y anís, a modo de "champurrado".

Estas viandas pasan toda la noche del 1o. al 2 de noviembre, en esos pequeños altares, debajo de los árboles. Y cuando las almas de los difuntos "han tomado la gracia", los familiares de aquellos meriendan los "mucbilpollos", tómanse el atole y "pibilnales" entre libaciones de "balché‚" y otras bebidas embriagantes....
Así termina la ceremonia del "Hanal-Pixán" entre los mayas. Tal es el origen de esta costumbre tradicional entre los yucatecos, todos, hasta los que estamos lejos de nuestra tierra!.... Y tan arraigada está, que hasta las familias acomodadas, impelidas por la fuerza de la tradición, confeccionan estas exquisitas tortas, en el Día de los Difuntos, sin practicar la ceremonia india, naturalmente. Y no es raro ver en Mérida, la víspera del 2 de noviembre, a los criados de las casas, llevando por la calle, en enormes bandejas, estos ricos pasteles para obserquiar a sus amistades; costumbre de la que, hasta hoy, no ha prescindido nuestra creciente Colonia Yucateca en la capital.

Hanal pixan Página


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