Vida: Quien no tenga el valor de inventar su vida, sencillamente está perdido o se tiene que limitar a vivir sin vivir






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fecha de publicación03.04.2017
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Moral Sensitiva: Busca establecer la relación entre el universo físico y mental, el medio natural y el mundo moral, a través del intermediario de la sensación, determinando el ascendiente que las variaciones del tiempo y el espacio ejercen sobre el alma humana y el temperamento individual.
Las ciencias y las artes extienden guirnaldas de flores sobres las cadenas de hierro que esclavizan a los hombres. (Rousseau)
Para Rousseau, a medida que los pueblos se civilizaron, se uniformaron sus costumbres. Entonces nadie se atrevió a distinguirse de los demás, es decir, a parecer lo que se es. La pérdida de la transparencia llevó aparejado un cortejo de vicios, sospechas, sombras, temores, reservas, odio y traición, se ocultaron tras las buenas costumbres. Conforme las ciencias y las artes se perfeccionaron, creció la corrupción y la habilidad para el engaño, en definitiva la virtud se perdió. Entonces la vanidad y la presunción no esconden en realidad más que el vacío, el hueco y la ausencia de fundamento. (Alicia Villar)
Virtud: Virtud procede de “vir”, y lo que hay de más esencial en el hombre es el valor. (Cicerón)
La verdadera inocencia no tiene vergüenza de nada. (Rousseau)
El núcleo del hombre es inalienable.
Haz tu bien con el menor mal posible para el otro. (Rousseau)
Lo que constituye la miseria humana es la contradicción que se encuentre entre nuestro estado y nuestros deseos, entre nuestros deberes y nuestras inclinaciones, entre la naturaleza y nuestras instituciones sociales, entre el hombre y el ciudadano; convertid en uno y lo hacéis feliz tanto como lo pueda ser. Dadlo por completo al Estado o dejadlo por completo a él mismo, pero si compartís su corazón lo destrozáis. (Rousseau)
Para Descartes las pasiones son los principales instrumentos de nuestra conservación, por lo tanto querer destruirlas es una empresa vana y ridícula. (Alicia Villar)
Aquel que no consigue vivir como piensa no encontrará más que desdicha.
La esperanza todo lo embellece. (Rousseau)
La sola aceptación de la razón universal y objetiva convirtió al hombre en cosa, y las cosas no se comunican; el país donde mayor es la comunicación electrónica es también el país donde más grande es la soledad de los seres humanos. (Sábato)
Considérese el amor: el cuerpo del otro es un objeto, y mientras el contacto se realiza con el solo cuerpo no hay más que una forma de onanismo; únicamente mediante la relación con una integridad de cuerpo y alma el yo puede salir de sí mismo, trascender su soledad y lograr la comunicación. (Sábato)
El sexo puro es triste, ya que nos deja en la soledad inicial con el agravante del intento frustrado. (Sábato)
Para Heiddegger, en efecto, ser hombre es ser en el mundo, y eso es posible por el cuerpo; el cuerpo es quien nos individualiza, quien nos da una perspectiva del mundo desde el “yo y aquí”. (Sábato)
Podríamos ser Félix como animal o como espíritu puro, pero no como seres humanos. (Sábato)
El esfuerzo de corregir el desorden de nuestros deseos es casi siempre vano, y raramente es verdadero; lo que hay que cambiar, es menos nuestros deseos que las situaciones que los producen. (Rousseau)
El todo es anterior a las partes. (Aristóteles)
No se hace arte, ni se le siente, con la cabeza sino con el cuerpo entero; con el sentimiento, los pavores, las angustias y hasta los sudores. (Sábato)
El sabio debe por fin reconocer que no hay tal mentalidad primitiva o prelógica, como estado inferior del hombre, sino una coexistencia de dos planos. (Sábato)
Un poeta en nuestro tiempo es un semibárbaro en una comunidad civilizada. (Thomas Lowe)
Las fuerzas oscuras son invencibles, y si son reprimidas por un lado, reaparecen por otro, con el resentimiento de los perseguidos (…) Las fuerzas de las tinieblas son invencibles, y si se las proscribe, como lo intentó el iluminismo, se revuelven y estallan perversamente, en lugar de contribuir a la salud del hombre. (Sábato)
Contra esta deshumanización es natural que el artista, cuya creación tiene que ver radicalmente con el hombre concreto, se haya rebelado; también es explicable que su rebeldía se haya ejercido contra el pensamiento abstracto que es el responsable de la deshumanización. (Sábato)
La lógica no funciona ni para sus inventores. (Sábato)
Somos imperfectos, nuestro cuerpo es falible y mortal, nuestras pasiones nos enceguecen ¿Cómo no aspirar a un conocimiento que sea infalible y universal? (Sábato)
El fin de la civilización es más sentido por los jóvenes, que no quieren resignarse nunca al derrumbe de lo absoluto, y por los artistas, que son los únicos que entre los adultos se parecen a los adolescentes. Y así, este derrumbe de una civilización lo testifican esos muchachos desgarrados que recorren los caminos de occidente, y esos artistas que en sus obras describen, indagan y poéticamente testimonian el caos. (Sábato)

Cuanto más se instruye uno menos sabe, y se sorprende de que, en lugar de aprender lo que se ignoraba, se pierde incluso la ciencia que se creía tener. (Rousseau)

Existir para nosotros es sentir ya que nuestra sensibilidad es anterior a nuestra misma razón. (Rousseau)
Podemos dejar de vernos, pero no dejaremos de amarnos. (Rousseau)


Nuestros sentidos son los instrumentos de nuestro conocimiento. (Rousseau)
Desgraciadamente, lo que nos es menos conocido es aquello que más nos interesa conocer: el conocimiento del hombre. No vemos ni el alma de los demás, porque se oculta, ni la nuestra, porque no tenemos ningún espejo intelectual. (Rousseau)
Nuestros sentidos nos son dados para conservarnos y no para instruirnos, nos advierten de lo que nos es útil o perjudicial, y no de lo que es verdadero o falso. (Rousseau)
Queremos explicarlo todo, pero por todas partes encontramos dificultades inexplicables que nos muestran que no tenemos ninguna noción cierta de nada. (Rousseau)
Si la luz entra en las casas por las ventanas, los sentido son sede del entendimiento. Por el contrario, si la casa está iluminada por dentro, aunque cerrarais todo, la luz no dejaría de existir por estar retenida, pero cuanto más abrierais las ventanas más claridad habría y más fácil sería distinguir los objetos de alrededor. (Rousseau)
¿No habéis sentido jamás esa secreta inquietud e indignación que nos atormenta a la vista de nuestra miseria y debilidad, frente a las facultades que nos elevan? ¿No habéis experimentado nunca esos entusiasmos involuntarios que a veces un alma sensible capta en la contemplación de la belleza moral y del orden intelectual de las cosas; ese ardor devorador que lleva de repente al corazón a abrazar con amor las virtudes celestes, esos sublimes desvaríos que nos elevan por encima de nuestro ser, y nos llevan al lado del mismo Dios? ¡Ay!, si ese fuego sagrado pudiera durar, si ese noble delirio animara a nuestra vida entera, ¿Qué acciones heroicas asombrarían nuestro valor? ¿Qué vicios osarían tentarnos, que victorias no lograríamos sobre nosotros mismos y qué cosas grandiosas podríamos obtener por nuestros propios esfuerzos? Mi respetable amigo, el principio de esta fuerza está en nosotros, se muestra en un momento, para excitarnos a buscarla sin cesar. Ese santo entusiasmo es la energía de nuestras facultades que se desprenden de sus lazos terrenos, y que quizá sólo de nosotros dependa mantener siempre en ese estado de libertad. Sea como sea, al menos sentimos en nosotros mismos una voz que nos impide rechazarla, la razón se arrastra pero el alma se eleva; si somos pequeños por nuestras luces, somos grandes por nuestros sentimientos, y cualquiera que sea el lugar que ocupemos en el sistema del universo, un ser amigo de la justicia y sensible a las virtudes no es abyecto por naturaleza. (Rousseau)
Observé que en vano se busca la propia felicidad lejos, cuando se deja de cultivar en sí mismo, pues aunque provenga de fuera, sólo puede hacerse sensible cuando se encuentra en el interior de un alma dispuesta a estimarla. (Rousseau)
¿Acaso no se trata sólo de entrar en sí mismo, de examinar, al margen de todo interés personal, a qué nos conducen nuestras inclinaciones naturales? ¿Cuál es el espectáculo que más nos honra, el de las desgracias o el de la felicidad de los demás? ¿Qué hacemos más gratamente y nos deja una impresión más agradable: un acto bueno o un acto de maldad. (Rousseau)
Aunque las ideas nos vienen de afuera, los sentimientos que las aprecian están en nuestro interior y sólo por ellos conocemos la conveniencia o desconveniencia que existe entre nosotros y las cosas que debemos buscar o evitar. (Rousseau)
Existir es para nosotros sentir y nuestra sensibilidad es indiscutiblemente anterior a nuestra misma razón. Sea cual sea la causa de nuestra existencia, ha contribuido a nuestra conservación proporcionándonos sentimientos conformes a nuestra naturaleza, y no se podría negar al menos que éstos no fueran innatos. Con respecto al individuo, esos sentimientos son el amor de sí, el temor al dolor y a la muerte, y el deseo de bienestar: Pero si, como no se puede dudar, el hombre es un ser sociable por naturaleza, o al menos hecho para serlo, no puede serlo más que por otros sentimientos innatos relativos a su especie. (Rousseau)
No es trabajo de un día saber estar solo en medio del mundo. (Rousseau)
Limitémonos en todo a los primeros sentimientos que encontramos en nosotros mismos, pues siempre es a ellos a los que el estudio nos conduce cuando no nos ha perdido por completo. (Rousseau)
Cuando veo a cada uno de nosotros ocupado sin cesar en la opinión común y apagar, por decirlo así, su existencia alrededor de ella sin reservar prácticamente nada al propio corazón, me parece ver a un insecto formar una gran tela con su propia sustancia, por medio de la cual sólo parece sensible, pues de otro modo se pensaría que está muerto en su agujero. La vanidad del hombre es la tela de araña que tiende sobre todo aquello que le rodea. La una es tan sólida como la otra, al tocar el menor hilo el insecto se pone en movimiento; se moriría de languidez si se dejara la tela tranquila, y si se la desgarra con un dedo, más que rehacerla rápidamente, se dedica a destrozarla. Comencemos por volver a nosotros, por circunscribir nuestra alma en los límites que la naturaleza ha dado a nuestro ser; comencemos en una palabra, por recogernos donde somos, para que, al buscar conocernos, al tiempo se nos manifieste todo lo que nos constituye. A mi juicio, aquel que mejor sabe en que consiste el yo humano es el que está más cerca de la sabiduría, y al igual que el primer trazo de un dibujo se forma de líneas que lo definen, la primera idea que se puede tener del hombre es separarlo de todo lo que no es él. (Rousseau)
Nos os digo: abandonad la sociedad; tampoco os digo: renunciad a la disipación y a los vanos placeres del mundo. Sino que os digo: aprended a estar solos sin aburriros. Sin esto nunca oiréis la voz de la naturaleza, ni os conoceréis jamás. (Rousseau)
Los pies de los patos son cortos, pero si pretendes alargarlos será con dolor. Los pies de las gruyas son largos pero si los acortas, será también con dolor. Así lo que naturalmente es largo no necesita acortarse y lo que naturalmente es corto no necesita alargarlo. De esta manera no será preciso quitar penas. (Chuang Tzu)
Querer regular todo con cartabón, cuerda, compás y escuadra es vulnerar a la naturaleza. (Chuang Tzu)
Los hombres vulgares sacrifican sus vidas por las ganancias. (Chuang Tzu)
El marido de la esclava y el hijo de la familia ambos cuidaban ovejas. Ambos las perdieron. Preguntado el marido de la esclava cómo había sido, dijo que se había llevado un libro para estudiarlo. Preguntaron al hijo como fue y dijo que estuvo jugando a tantos. Los dos se dieron a una cosa distinta, pero los dos coincidieron en perder las ovejas. (Chuang Tzu)
A los que han muerto por la bondad y la equidad, la costumbre les califica de hombres virtuosos y a los que han muerto por los bienes y por las riquezas, la costumbre les llama hombres ruines; siendo así que los dos sacrificaron igualmente sus vidas. El uno es un hombre virtuoso, el otro un hombre ruin; pero en arruinar la vida y causar un grave peligro a su naturaleza son iguales (…) ¿A qué vienen esa distinción de hombre virtuoso y hombre ruin? (Chuang Tzu)
La verdadera virtud es preservar en uno mismo. (E.G.N.)
Somos hechos para vivir y morimos sin haber vivido. (Ave Inmemorial)
Las gentes tienen su natural y constante modo de obrar (…) Las gentes, en aquellos tiempos en que más floreció la virtud, tenía andares reposados y mirar tranquilo y simple (…) En los tiempos en que más floreció la virtud se vivía en comunidad con los animales, formando una única familia con todos los seres ¿Qué se sabía entonces de la diferencia de hombre virtuoso y hombre ruin? En aquella común ignorancia o inocencia, no había diferencia de talentos y era común la ausencia de ambición. Era la sencillez pura y auténtica. La naturaleza de las gentes se lograba. (Chuang Tzu)
Los caballos pacían en el campo de heno y bebían el agua. Si estaban contentos se frotaban los cuellos y se frotaban mutuamente. Si se enfadaban, se propinaban coces mutuamente. Esto era todo lo que sabían hacer. Pero cuando se les impuso el yugo, se les enjaezó la cabeza con el parejo de forma de luna, es cuando aprendieron a mirar de reojo, torcer el yugo, respingar, tascar, beber el freno, substraerse de las riendas. Así el haber aprendido el caballo todas esas malas artes y maneras de hurtarse el cuerpo es pecado. (Chuang Tzu)
Cuanto más vaya degenerando la sabiduría en falacias y se embrolle más con cuestiones tales como si el duro y el blando (son distintos), y los sofismas de igualdades y distinciones más se multipliquen, la plebe andará más confusa con estas distinciones. Así la culpa de todas las confusiones del mundo la tiene el afán de saber. En el mundo todos saben inquirir lo que no conocen y nadie sabe buscar lo que ya conoce. (Chuang Tzu)
Pero resuelto a decidirme al fin sobre aquellas materias en que la inteligencia humana tiene tan poca influencia, y encontrando por todas partes misterios impenetrables y objeciones insolubles, adopté en cada momento el sentimiento que me pareció directamente mejor fundado, el más fiable en sí mismo, sin detenerme ante las objeciones que no podía resolver pero que se replicaban con otras objeciones no menos fuertes en el sistema opuesto. El tono dogmático en estas materias sólo conviene a charlatanes; pero importa tener una impresión para uno mismo, y escogerla con toda la madurez de juicio que se pueda tener. Si pese a esto caemos en el error, no podría más sufrir castigo en buena justicia, puesto que no tenemos culpa. Tal es el principio inquebrantable que sirve de base a mi seguridad. (Rousseau)
Si hay que ser justos con los demás, para con uno mismo hay que ser verdadero: es un homenaje que el hombre honesto debe hacer a su propia dignidad. (Rousseau)
Cada cosa tiene su propio tenor y se llama naturaleza. Perfeccionando la naturaleza, se vuelve a la virtud. Lograr la virtud en su grado supremo es identificarse con el origen. Identificarse es volver al vacío y el vacío es grandeza. (Chuang Tzu)
Quien posee el Tao tiene la plenitud de su virtud, y quien tienen la plenitud de su virtud, guarda la entereza de su cuerpo, el que guarda entero y sano su cuerpo, conserva entero su espíritu; conservar entero el espíritu es la sabiduría de los santos. (Chuang Tzu)
No seré yo el que llame éxito al suyo. Si quedar aprisionado se puede llamar también triunfo, pero la tórtola o alondra quedándose enjauladas ¿se podrá llamar también éxito? Ese andar tomando y dejando (seleccionando) los tonos y los colores los han cercado y bloqueado por dentro. Los gorros de pieles, los sombreros de plumas de martín pescador, los cetros de jade que llevan en sus cinturas y sus anchas fajas los han atado en su exterior. En su interior quedan aprisionados en sus jaulas y al exterior atados con muchas vueltas. A pesar de estar en sus prisiones, están tan obcecados que creen haber triunfado. Si este es su triunfo, el del prisionero, que ha quedado con las manos atadas y los dedos agarrotados o el del tigre o la pantera metidas en un saco o enjaulados, lo será también. (Chuang Tzu)
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