Estaba como asfixiada y tenía que tomar aire Alcé la cara y me ví reflejada en el espejo que tenía al frente mío; si me comparo con la mujer que era 4 años






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títuloEstaba como asfixiada y tenía que tomar aire Alcé la cara y me ví reflejada en el espejo que tenía al frente mío; si me comparo con la mujer que era 4 años
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fecha de publicación30.03.2017
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Paulina.
Estaba como asfixiada y tenía que tomar aire... Alcé la cara y me ví reflejada en el espejo que tenía al frente mío; si me comparo con la mujer que era 4 años atrás, no me hubiera reconocido jamás. El sudor me caía por la espalda hasta llegar a mis voluptuosas nalgas. Mientras tanto, un tipo me lo metía por detrás, estrellándome los testículos contra mi culo en cada embestida. De repente volví a la realidad... "Muévete más rápido perra inmunda! No he pagado toda esta plata para hacer todo el trabajo yo!", gritó el hombre que me comía. Se notaba que le excitaba hablarme sucio, porque todo el tiempo me decía "perra", "zorra", "prostituta barata", "sucia", ETC... Sin poner reparos incrementé el movimiento de mis caderas para darle más placer. Su verga salía y entraba hasta mi matriz. Al ratico la sacó y me volteó para metérmela por delante mientras me tocaba las tetas y me mordía los pezones. Seguía y seguía insultándome hasta que, finalmente, se vino adentro del condón (las putas caras lo hacemos con él). Se lo quitó y me dijo que si me tragaba la leche del preservativo me daba 50.000 pesos más de propina. Sin dudarlo un segundo me la tragué porque necesitaba la plata. Mi cliente se puso tan, pero tan arrecho, que se emparoló de nuevo diciéndome que me quería comer por detrás. Le puse otro condón utilizando mi boca y unos instantes después la sentí de un solo empujón por mi culo. Levanté mi cara otra vez, y me vi gritando con aquel animal perforándome los intestinos, empapada en sudor y con el maquillaje todo corrido. A los quince minutos eyaculó de nuevo y me tomé hasta la última gota de sémen del caucho; luego le limpié la verga con mi lengua haciendo pequeños círculos. Estábamos en un hotel de 5 estrellas cerca al Parque de la 93 y el tipo me había pagado para estar conmigo toda la noche. Como estaba tan cansado de trabajar y tirar conmigo, se quedó dormido; así que aproveché y prendí un cigarrillo. Allí, fumando y mirándome en el espejo, empecé a recordar todo lo que me ha pasado en estos últimos 4 años...

Me llamo Paulina, y esta es mi historia:
Siempre fuí la típica niña bien, de clase alta, estudié en el Mary Mount de Bogotá, hija única (mi mamá después de tenerme se quedó sin la posibilidad de tener más hijos). Después entré a la Javeriana y terminé Derecho, haciendo finalmente una Maestría en Boston; esto me abrió las puertas para trabajar en una importante auditora. Aparte, con las palancas de mi papá, gané desde el principio un buen sueldo. A mi esposo Sebastián, lo conocí a los 18 años, se puede decir que era el amor de mi vida, mide 1.82 cms, pelo castaño, buen cuerpo, es Ingeniero y trabajaba por aquellas épocas en una Multinacional. Nos casamos cuando cumplimos los 25. Yo nunca había estado con otros hombres, y a los 10 meses de matrimonio tuve un niño. Se puede decir que éramos la familia perfecta, vivíamos en un apartamento divino en Los Rosales, teníamos muchacha, hacíamos el amor cada 15 días, los domingos íbamos a almorzar donde nuestras familias, ETC... Yo sabía llevar la vida profesional con la familiar de manera ejemplar: me levantaba a las 6:30 A.M. a bañar el niño, vestirlo, darle el desayuno y llevarlo al Jardín. A las 6 de la tarde lo recogía y lo llevaba al parque a jugar, o nos íbamos al apartamento y me ponía a hacer la comida. También limpiaba lo que la empleada del servicio no dejaba bien. Después del parto, me dí cuenta que la regla no me llegaba de forma puntual cada mes sino que se retrasaba o se anticipaba. Esto me preocupaba porque quería tener otro bebé dentro de un par de años y no sabía si podría. Un septiembre, después de vacaciones, decidí ir al ginecólogo, sin saber que esto me cambiaría la vida de forma irreversible... Cuando ví por primera vez a Diego (así se llama), me quedé como hipnotizada, era un hombre que mediría 1.90, pesaría unos 80 Kilos, pelo negro engominado, morenito, de unos 40 años, ojos azules; en fin, mi marido que no estaba mal, era del montón en comparación a éste hombre!. Le conté cual era mi problema mientras me miraba de forma penetrante, luego procedió a realizarme las típicas preguntas de un reconocimiento médico. Yo contestaba pensando en que en algún momento me iba a tener que desvestir delante de él, mientras se me humedecía mi ropa interior.

Edad? 28 años. Casada? Sí. Me pesó y me talló: 51 Kilos, 1.72 metros. "Estás muy delgada", dijo secamente. Me preguntó si tomaba pastillas y le dije que no. También si fumaba o tomaba: "No he fumado nunca en mi vida, pero de vez en cuando sí me tomo uno que otro cóctel". Me mandó a desvestir detrás de un biombo y luego a que me recostara sobre la camilla ginecológica con las piernas abiertas. Sentía que me estaba empapando... Supongo que sería por la situación y porque el tipo estaba buenísimo. Creo que él se dió cuenta rápido de mi situación y empezó a tocarme con unos guantes de látex. Me metió la mano por la vagina y el culo (todavía vírgen); me dí cuenta que me estaba masturbando pero no dije nada. Usaba las manos de forma impresionante, estuvo así unos 10 minutos, tuve varios orgasmos, y sacó una muestra del fluido vaginal para analizarlo. "Todo está normal, puedes vestirte", concluyó. Me mandó a hacer unos exámenes de sangre y una mamografía, diciéndome que volviera cuando tuviera los resultados. Cuando salí del Consultorio, me dí cuenta que jamás en mi vida había disfrutado tanto, sólo fueron 10 minutos y tuve los tres mejores orgasmos de mi vida!. En los días que pasaron mientras me hacía las pruebas no podía dejar de pensar en él, en el trabajo, en el hogar y en cualquier actividad cotidiana. Esos días hice con más frecuencia y pasión el amor con mi marido pero pensando en el ginecólogo. Estaba ansiosa por volver a la consulta. A los quince días volví, vestida de una forma más llamativa que la primera vez y con una ropa interior que le daba más contorno a mis atributos. Él miró las distintas pruebas y dijo que todo estaba bien y de acorde a una persona sana que nunca había cometido excesos. Luego me mandó a desvestir y a acostarme en el sillón ginecológico con las piernas abiertas. Empezó a tocarme suavemente las tetas, pellizcando los pezones que estaban durísimos como piedras. "Vas a ser una putica muy fácil", comentó. Le contesté con la voz en alto: "¿Qué se está creyendo?¿Qué le pasa? Respete!". Entonces me pegó un manotazo y me mandó a callar. No pasaron dos segundos cuando me volteó y empezó a meterme los dedos por el culo, untándome gel. "Te voy a comer, pero no por delante porque no estás tomando pastillas y te puedo dejar embarazada; y como no me gusta usar condón te lo voy a meter por detrás"... Me puse más malgeniada, y me agarró a correazos en la cola. Apenas me quedé quieta me clavó la verga de un solo empujón hasta que sentí sus pelotas en la entrada de mi culo. Después descubriría que la tenía de 20 cms. (mi marido la tiene de 12 cms). Me desmayé del dolor pero me puso una especie de sales en la nariz para despertarme y así poder sentir todo. Se demoró en llegar unos 15 minutos, pero durante los últimos 5 el dolor desapareció, dándole paso al placer... Tuve un orgasmo impresionante. Luego me bajó de la camilla, me puso de rodillas y me ordenó que le limpiara el pene con la boca. Yo nunca había hecho sexo oral y me negué, me pegó otra cachetada y empecé a chupársela, con asco al principio mientras me goteaba leche por el culo de la derramada anterior. Quería llegar otra vez pero en mi boca, se reía porque yo era una inexperta... Me fue dando instrucciones para hacerlo mejor y me obligaba mirarle a la cara todo el tiempo mientras me la tragaba.
Acto seguido, me dijo que le lamiera los testículos cogiéndole la verga con una mano. Después tenía que pasar la lengua desde los testículos hasta el glande lentamente, y luego empezar a mamársela rápido moviendo la cabeza hacia arriba y abajo. Cuando notó que reducía la intensidad me agarró la cabeza y, literalmente, empezó a comerme por la boca, diciéndome que hiciera todo lo que él decía o sería peor. A los 20 minutos de haber empezado me llenó la boca de sémen; el cual me obligó a tragar mientras le limpiaba toda la cabeza. Todo el tiempo me obligó a masturbarme con la otra mano. Jamás me había sentido tan sucia y perra...
Después me tiró la tanga y el resto de la ropa para que me vistiera, sin siquiera dejar que me limpiara. Yo en mi vida había disfrutado tanto... Me trató como a una puta dominándome a todo momento, incluso por la fuerza. Una vez vestida prendió un cigarrillo y me hizo un gesto para que me sentara. Me dijo que se había dado cuenta desde el principio que era una auténtica bandida, pero que a lo largo de mi vida no había tenido las compañías adecuadas, por eso hasta ahora mi vida había sido ejemplar. Mi voluntad estaba totalmente doblegada por ese hombre y quizás tuviera razón en que si hubiera conocido el mundo del sexo sucio no sería una madre ejemplar ahora, sino una degenerada. Me echó de la consulta, diciéndome que si quería volver a verlo, me daba un plazo máximo de una semana, pero que volvería para hacer todo lo que me pidiera sin tregua alguna, lo que supondría un gran cambio en mi vida, ya que iba a sacar de mi la puta que llevaba dentro.
Salí del consultorio y me fui a trabajar. Apenas llegué a mi oficina me metí en el baño a arreglarme. Me maquillé un poco el morado que me dejó en la cara y me pinté con el pintalabios la boca donde me la había partido. También limpié mi ropa interior del sémen que salía de mi adolorido culo. Al final del día me fui para mi casa y cuando llegué, ya estaban mi hijo y mi marido que me dio un beso en la boca al verme. Sólo pensaba qué pasaría si hubiera sabido que esa misma tarde había tenido el semen de otro hombre en mi boca.
Los días siguientes fueron una tortura, no podía dejar de pensar en mi ginecólogo. Podía no volver a visitarlo y seguir como venía hasta ahora; con una vida acomodada, segura y sin emociones... O volver con él y someterme a lo que me mandara hacer. ¿Qué consecuencias podría tener en mi vida familiar o laboral? No lo sabía, pero en el peor de los casos nunca podría haberme imaginado lo que iba a suponer. Esos días hice el amor con mi marido pero me faltaba algo, ya había probado los placeres del sexo y necesitaba más. Una semana después, llamé a pedir cita. A la enfermera le dí mi nombre y me dio cupo ahí mismo. Cuando llegué me temblaban las piernas, por las consecuencias que este paso que estaba dando iba a significar para mi vida y la de mi familia... Sin embargo, tenía los calzones empapados por la incertidumbre de no saber qué iba a hacer Diego conmigo. "Qué bien que hayas venido, veo que no me equivoqué contigo", fue lo primero que me dijo. "Éres consciente que al dar el paso que estás dando no hay marcha atrás?". "Sí, Doctor", respondí. Entonces me explicó lo que tenía que hacer en los próximos meses, porque me iba a transformar tanto física como mentalmente, en el modelo de mujer que a él le gustaba.

"A partir de ahora, en tu vida, lo más importante voy a ser yo; harás todo lo que yo te diga, y estarás siempre disponible para garantizarme placer. Lo más importante después de mí será el sexo y tú. Quiero que te conviertas en una mujer egoísta y caprichosa que sólo piense en si misma; es decir, en vivir a tope sin importante los demás y mucho menos tu familia, por lo que para ti va a cobrar una gran importancia la plata".

Me dio un par de consoladores de 25 cms cada uno y unas bolas chinas. Me indicó que me masturbara a diario, que me fuera dilatando con los consoladores hasta el punto de poder meterme los dos al tiempo por el culo y la cuca. Las bolas chinas debía usarlas siempre que pudiera, para estar continuamente excitada. "Empieza a comerte a los hombres mejor casados, séle infiel a tu marido, pero siempre con condón; porque yo soy el único que te lo hará sin él y no quiero contagiarme de algo. Hazte a la idea que eres un ser bisexual, empieza a mirar a las mujeres con deseo, quiero que dejes de ser virgen también en ese campo", agregó. "Tu físico no está mal, por eso me fijé en ti, pero estás muy delgada y esas medidas que tienes 80-52-80, dejan mucho que desear de mi modelo de mujer. Vas a seguir un tratamiento de hormonas durante un año para incrementar esas medidas, te voy a poner una dieta para que ganes Unos 8 Kilos en tres meses. Con todo esto ganarás medidas en tu cadera y cintura. Como estamos en octubre y el tratamiento necesita tiemp o para cambiarte, pasarás por el quirófano para un implante de busto. En unos meses más, pasarás para un engrosamiento de labios y una elevación de pómulos. Una puta tiene que tener unos labios carnosos. Todo esto lo financiarás con tu plata por supuesto. El tratamiento hormonal te cambiará el metabolismo y lo que engordes ahora no lo bajarás, por lo que luego tendrás que seguir una dieta como le pasa a casi todas las mujeres para no ganar peso". "Tendrás que hacerte una ligadura de trompas, pues las pastillas están contraindicadas con el tratamiento hormonal. Cuando te coma por la cuca quiero tener la seguridad que no vas a quedar embarazada. El sábado vete a esta clínica, con tu marido, dile que has tenido una hemorragia vaginal, con esa disculpa te operaré y así evitaremos problemas". "irás a un Instituto de belleza, este de la tarjeta, te vas a depilar con láser todo el cuerpo salvo la cabeza y cejas, es una depilación casi definitiva , con unas cuantas sesiones, y vas a empezar a tomar rayos UV, 3 veces por semana, me gustan las mujeres tostadas. Allí tienen peluquería, tu color de pelo castaño no me dice nada, tíñetelo de rubio para que se note bien que es teñido, y para que contraste con el bronceado. Córtatelo hasta la altura de los hombros". "A partir de ahora te quiero siempre muy maquillada, y usando ropa cara bien femenina. Usarás ropa interior de marca pero siempre tanga o hilos dentales que se marquen bien a través de la ropa y ligueros. El brasier será siempre tipo Wonderbra. El color de la ropa interior que contraste con la de fuera para que se transparente. Los buzos serán ceñidos, marcando bien las tetas, minifaldas, jeans súper-descaderados, y toda la ropa de una talla menos para que marque bien las curvas que vas a tener pronto". "La mujer que quiero tiene que tener vicios, luego vas a empezar a fumar y a tomar, no para que acabes borracha todos los días pero si para que acostumbres tu organismo a una dosis de alcohol diaria. Al principio te costará, como cuando te dí por el culo, pero luego te gustará, a las drogas se les toma gusto en seguida. Quiero que hagas ejercicio para que tengas la carne dura. En el centro de belleza tienen gimnasio, apúntate en spinning. Tu cuenta corriente las vas a pasar con tu nómina a un banco por Internet, para que tu marido no la vigile; control que yo llevaré pero sin tocar un peso. Quiero que vivas al día y a crédito, que te pulas el sueldo, todos los meses lo comprobaré".
- "¿Cuánto ganas?", me preguntó.

"2´800.000 mensuales", contesté.

"Pues muy pronto te va a parecer poco"...

"Qué carro tienes?".

"Un Mazda Allegro modelo 97´".

"Te vas a comprar un carro nuevo financiado esta misma semana que no baje del 2002".
Más adelante comprendí que hacerme una compradora compulsiva, amante de la plata y las tarjetas, saciaría sus planes para entregarme a él del todo. Me pidió el celular para tenerme siempre localizada y cuando vió mi viejo Nokia 2260, me dijo que me comprara uno nuevo que ese era una porquería de panela. Por último, me dijo que después de la operación del sábado no quería volver a verme hasta después de navidad, en que el tratamiento hormonal, la dieta, el paso por el instituto de belleza y el tabaco y el alcohol, me hubieran acercado a su ideal de belleza, indicándome que mis datos bancarios se los mandara por email y que lo pagara todo con tarjeta, porque quería controlar donde gastaba.
Después de enumerarme cada una de las pautas, me dijo que me fuera. Curiosamente no me tocó a pesar de que estaba que me lo comía con la mirada. Cuando me iba me dijo que no me culearía de nuevo hasta que me acercara a su modelo de mujer. Lo peor de todo er a que lo de la operación de trompas no me gustaba para nada, pero teniendo en cuenta la vida que iba a llevar, lo mejor era que no tuviera más niños...


Era miércoles y apenas habían pasado unos días desde la primera consulta con Diego, mi ginecólogo; sin embargo, quería que el sábado cuando nos volviéramos a ver ya notara los cambios que me había sugerido. Me dí cuenta que a partir de ahora iba a necesitar mucho tiempo para mí, así que tenía que contratar una muchacha de tiempo completo para que estuviera todo el día en el apartamento y atendiera a mi niño. Por obvias razones yo ya no iba a poder llevarlo al jardín ni recogerlo, cocinarle, ETC... Así que llamé a la empleada de siempre, que trabajaba por horas, y le comenté la posibilidad de ampliarle el horario, argumentando que mi trabajo no me dejaba tiempo para nada. De inmediato aceptó por la subida de sueldo (que pagaría mi marido, claro). De camino a la oficina me compré un paquete de tabaco rubio y un briquet, prendí uno y me dio un mareo tenaz... Pero después de los 5 primeros comprobé que me gustaba fumar. Mis compañeros de oficina se sorprendieron mucho al verme fumar; me preguntaron que qué hacía fumando y yo simplemente dije que era por el estrés laboral. A las seis de la tarde me fuí al Instituto de Belleza que en realidad era un spá con todo. Me afilié (150.000 pesos mensuales). Les expliqué todo lo que tenían que hacerme: la depilación, la tintura y corte de pelo, las sesiones de Rayos UV y demás. Tengo que admitir que cuando estaba sin ropa en la depilación y en la sesión de rayos UV, estaba muy caliente... Me mandaron a quitar la ropa interior para depilarme bien la cuca. Me abrí bien de piernas para que me cortaran primero con unas tijeritas los pelos púbicos, luego me aplicaron una crema bien suave con una brocha que me hacía cosquillas, y la depiladora empezó a pasar una máquina que iba despojándome de los pelitos. Al sentir las yemas de los dedos sobre mi ingle o en mis muslos, me sentí demasiado excitada. La niña continuaba con la maquinita hasta dejar mi vagina sin bello. Posteriormente mojó una toalla en agua tibia y la colocó entre mis muslos y encima del vientre. Me tuvo así unos minutos y luego trajo una toalla nueva, suave como el terciopelo. A continuación me secó y echó una crema hidratante. Tuve un orgasmo, yo creo que ella se tuvo que dar cuenta porque me miró a la cara y se rió.

Al salir del spá me fui directo a una droguería a comprar los medicamentos para el tratamiento hormonal y la comida que me había mandado Diego para ganar peso: Queso alto en grasa, chocolates, pasteles, harinas para desayunar, leche condensada y otras cosas más como Whisky, ginebra, y cerveza. No me quedó tiempo para comprar ropa, así que lo dejé para el día siguiente. Cuando llegué al apartamento, como a las 10 de la noche, el niño casi que ni me conoce.... Ni hablar de mi marido Sebastián, que estaba histérico por llegar tan tarde; no obstante, se calmó cuando le dije que me había puesto linda para él. Se quedó como una piedra cuando prendí un cigarrillo y abrí una cerveza en lata... Le tuve que explicar que llevaba fumando un año en el trabajo y que ahora iba a necesitar fumarme un cigarrillo todas las noches para relajarme debido al estrés.
Al día siguiente, empecé la dieta y el tratamiento hormonal; también me cambié de banco a uno por Internet, para que Diego controlara mis gastos. Al mediodía, en hora de almuerzo, fui a Comcel a comprarme un celular más moderno y luego a buscar. Por la tarde me fui a un concesionario de Vols wagen y saqué un Escarabajo Concept modelo 2003. De ahí me fui al spá a darme otra sesión de Rayos UV, y empecé a integrarme con las mujeres que iban allí, todas bastante superficiales y adineradas. Aprendí a perder el pudor de quedarme sin ropa delante de otras mujeres, que por cierto me alabaron el depilado de mi cuca, que había quedado como la de una nena de 4 años.
Otra vez volví a llegar a casa pasadas las 10 P.M.... Sebastián me echó otra cantaleta al tiempo que quedó sorprendido por el vestuario y el bronceado que empezaba a tener. Estuve de buenas que lo pude calmar en la cama con una buena mamada, de hecho nunca se la había chupado! Y por lo arrecho que se puso al verme la cuca depilada, me comió dentro de sus limitaciones como nunca, aunque lo obligué a usar condón, pues lo que menos quería era otro hijo. Al día siguiente, un viernes, caída la tarde llamé a mi marido y le dije que había tenido una hemorragia vaginal, así que me iba a la clínica donde el ginecólogo a que me hicieran un chequeo. Me hospitalizaron y el sábado Diego me operó haciéndome la ligadura de trompas. Después de la cirugía, mi ginecólogo se reunió con Sebastián y le contó que mi problema habían sido unos quistes en los ovarios y que me los había tenido que quitar. "Créame que yo sé lo duro que es, pero a partir de ahora no van a poder tener más hijos. Es necesario que le brinde, como marido, todo su apoyo a Paulina ya que puede caer en una depresión y manifestarla con cambios en su personalidad", concluyó Diego. Cinco días más tarde volví al trabajo y recogí mi carro nuevo en el concesionario. Cuando mi marido lo vió casi se enloquece del mal genio, pero yo le dije que era que estaba muy deprimida por la operación y que hacía compras para levantarme la moral; que no se preocupara que lo iba a pagar yo. Me hice la víctima y le dejé bien en claro que a partir de ahora mi sueldo iría íntegro para mis caprichos y que el suyo para pagar la hipoteca, la muchacha y, en general, todos los gastos del hogar y del niño.
Transcurrido el primer mes los cambios eran notables, estaba bien bronceadita a pesar de no ir nunca a tierra caliente debido a los Rayos UV. Esto hacía un bonito contraste con mi pelo mono y mis ojos verdes (el color de ojos si es natural). Había ganado 3 kilos que se habían quedado sobre todo en caderas. Ya me fumaba un paquete diario y me tomaba todos los días un par de whiskys y uno que otro vino. Me dí cuenta que los hombres me miraban de otra forma, los atraía, y yo estaba todo el día caliente... Me imagino que por las hormonas, las masturbadas con los consoladores (ya me cabían los dos al tiempo) y por usar siempre que podía las bolas chinas.

Empecé a provocar a los hombres, con mis posturas, mis frases de doble sentido, mi manera de vestir, mis miradas directas al bulto, ETC... Donde trabajaba, había un tal Pablo, que venía de vez en cuando a la oficina para preparar los cronogramas de auditoría. Él era un hombre de unos 40 años, estatura mediana, flaco y casado (llevaba anillo) y trabajaba para una importante entidad bancaria. Era bastante atractivo, así que me propuse comérmelo, pues Diego quería que empezara a serle infiel a mi marido con otros hombres. Cuadré con Pablo una cita para organizar unos pormenores laborales, citándolo a la una de la tarde. Lo hice esperar unos 20 minutos, para que todo se prolongara hasta la hora del almuerzo e ir juntos. Me había preparado especialmente para la ocasión. Tenía un vestidito de tirantes de punto calado muy ajustado, de esos que te pones por la cabeza, de color vinotinto que marcaba mucho el contraste entre cintura y caderas. Un Wonderbra negro, que dejaba ver sus tirantes al aire por los hombros, un tanga negra transparente (que dejaba entrever mi cuca depilada) con medias y liguero negro. La falda tapaba por poco la parte de arriba de las medias, pero dejaba ver el liguero cuando me sentaba o abría las piernas. Lo recibí en mi despacho y le ofrecí algo de tomar. Tan pronto entró, me dí cuenta que no quitaba sus ojos de mi pecho y mi cola.
Lo llevé a una mesita tipo café que tengo en el despacho con unos butaquitos bastante bajos para hablar de forma distendida. Empezamos a fumar y a hablar de temas de trabajo. Mientras tanto, yo abría y cerraba las piernas cada dos por tres, dejando ver el liguero... Fumaba sensualmente pasándome la lengua por los labios. Creo que llegó a ver mis depilados labios vaginales a través de la tanga transparente, porque hubo un momento en que se quedó como mudo. Llegaron las dos de la tarde y me pidió que fuera a comer algo con él. Le contesté que encantada, él se levantó y yo me quedé sentada unos segundos para que pudiera ver el canal de las tetas, luego me levanté caminando hacia el perchero para coger el abrigo; pero a mitad de camino dejé caer el paquete de tabaco, y me agaché haciéndome la distraída para recogerlo, se me levantó la falda del vestido y pudo ver mis nalgas separadas por el hilo dental y el liguero. Cuando me paré ví cómo se le iban los ojos sobre mi culo, tenía que estar muy arrecho. Si no me lo comía esa tarde era porque le gustaban los hombres! Al salir, le dije a mi secretaria que estaría toda la tarde con Pablo y que de pronto no volvería. Al mismo tiempo lo miraba mojándome mis labios rojos. La verdad es que un mes atrás hubiera sido incapaz de seducir a un hombre y ahora parecía una zorra buscando echarme un polvo a como diera lugar. En el restaurante nos tomamos un par de cervezas antes de empezar a comer. Pablo no paró de hablarme de lo linda que estaba, que le gustaba mucho mi cambio de imagen, puesto que era mucho más femenino y sensual.

No dejaba de pensar en Diego mi ginecólogo, tenía que cumplir con la dieta y los puntos pactados. Pablo empezó a decirme que no le quedaban claros algunos puntos de la auditoría y que sería mejor tratar esos puntos en privado, y que aunque ambos éramos casados que sería bueno que nos conociéramos mejor, ETC. Yo lo miraba con una risita burlona mientras se fumaba otro cigarrillo. Total, me dijo que por qué no nos tomábamos unas copas en un apartamento que tenía cerca y que era muy discreto. Me hice un poco la difícil diciéndole que tenía mucho trabajo atrasado en la oficina y que no sabía, me contestó que su empresa era muy buena cliente y que nadie diría nada si estaba con él. Le contesté que bueno pero que sólo una copa. Desde luego me quedaba la impresión que si tenía un sitio sólo para llevar mujeres debía ser bastante putero... Y parecía que nunca había roto un plato!
Nos montamos en su Audi A6 y arrancamos para el apartamento, ubicado en cerca al Parque de la 93. Me senté con las piernas abiertas y con el vestido bastante subido, mientras no paraba de mirarme de reojo. Empezamos a hablar un poco del trabajo, de lo estresados que estábamos, que nuestras parejas no nos comprendían y demás. Cuando llegamos al sótano del edificio cogimos el ascensor e intenté excitarlo rozándolo con la cadera. También me agaché un poco como para colocarme las medias y que pudiera apreciar mis tetas. Ví su pantalón y parecía que la verga se le iba a reventar. Nos servimos un par de whiskys y nos sentamos enfrentados a hablar. Yo, mientras tanto, crucé distraída las piernas y dejándole ver mi pelada y sonrosada cuca. Lo miré fijamente y le dije sonriendo: "¿Y este apartamento para qué lo usas?". Pablo no se pudo aguantar y abalanzándose sobre mí me contestó que para tirar con viejas como yo. Me tiró del vestido hacia abajo, y como sólo lo sujetaban los tirantes me quedé directamente en mi conjunto de ropa interior. La tanga no me la quitó, la rompió por un lado y solita cayó al suelo. "Qué rica tienes esa cuca depilada! Y pensar que hace unas semanas parecías una mosquita muerta y lo que eres es una zorra deliciosa", exclamó. Luego empezó a meterme los dedos, mientras yo goteaba de lo mojada que estaba. Se quitó los pantalones, se enfundó un condón y me la metió de una por delante. Me arrancó el brasier mientras me culeaba con fuerza, intentando hacerme daño aunque estaba menos dotado que Diego... Me mordía los pezones y no paraba de insultarme, llamándome puta, mamadora, zorra, ETC... Después de un rato, me volteó y me la metió por el culo, afortunadamente yo ya lo tenía bastante entrenado (Qué manía la de los tipos de culear por el culo!) y no me dolió mucho. Pablo aguantaba bastante, me hizo tener un par de orgasmos, me clavaba durísimo y me pegaba palmadas en mis nalgas. Se dio cuenta que no era virgen por el culo, y me dijo: "Quién se iba a imaginar que una madre de familia tan joven iba a ser tan zorra de tener el culo desvirgado". Se derramó, se quitó el condón y me ordenó limpiarle la verga de rodillas hasta dejarla sin nada de sémen. Se la limpié y como ví que se volvía a parar, empecé a chupársela salvajemente mirándolo siempre a los ojos empleando la técnica que me había enseñado Diego. Yo creo que el tipo se puso todavía más arrecho cuando vio que mientras tanto me masturbaba. Cuando ya estaba bien erecto su pene, empezó a comerme literalmente la boca, para venirse de nuevo y obligarme a tomarme todo.
Nos recostamos en la cama y nos pusimos a fumar. Me dijo que nunca había tirado con tanto morbo, a pesar de haberse acostado con secretarias y putas. Que jamás se hubiera imaginado que una mujer casada, madre, brillante profesional, post grado y demás, fuera mejor en la cama que una prostituta de las pagas. Mientras me daba un beso en la boca, me dí cuenta por primera vez que me estaba metiendo en una espiral de vértigo de la que difícilmente podría salir. Después de todo hasta la fecha le había sido infiel a mi marido con dos hombres en el último mes y ya me decían que lo hacía como una perra. Me paré de la cama, me quité las medias, el liguero y me metí en la ducha. Me tuve que lavar la cabeza ya que tenía restos de sémen hasta en la cabeza, me sequé y salí del baño. Prendí otro cigarrillo y empecé a vestirme. La tanga no me la pude poner porque estaba rota, así que tendría que devolverme a casa sin calzones; me puse las medias, el liguero, el Wonderbra y el vestido. Como eran las 10 de la noche, le dije a Pablo que me llevara a la oficina a recoger mi carro. Se vistió y me llevó. En el camino no paraba de decirme que quería volver a verme. Yo me hice la cariñosa y le contesté que estábamos hablando.
Llegué al apartamento a las 11, todavía con el pelo mojado; así que me tocó decirle a mi esposo que era que estaba en el Club con unas amigas y que me había duchado después del sauna. Para variar, me regañó pero me puse bien tierna y con un buen polvo lo tranquilicé. Por segunda vez le chupé el pene y él, atontado, me preguntó dónde había aprendido eso. Le contesté que viendo películas porno en Sky, y que hacía rato quería hacerle esas cosas.
En los dos meses siguientes seguí tirando habitualmente con Pablo y ganándome a Sebastián en la cama, había perdido una esposa y madre responsable pero había ganado una puta que tenía siempre disponible, y digamos que empezó a tolerar mi ritmo de vida. Por su parte, Pablo era un tipo con bastante experiencia y bien degenerado; no entendía muy bien mi comportamiento con respecto a él en la cama, había sobrepasado todas sus expectativas, y un día me propuso hacer un trío con una puta. Me dijo que quería presentarme como si yo fuera su mujer, que eso lo volvía loco. Entonces me acordé que Diego me había dicho que debía considerarme bisexual y que le gustaría que me acostara con alguna mujer antes de volver a verlo. Así que acepté la propuesta de Pablo, pero eso sí, le hice ver que para mí era un sacrificio enorme porque yo no era una vagabunda y le iba a tocar recompensarme con un buen regalo. Con él siempre me mostré caprichosa y le saqué todo lo que pude mientras tuvimos sexo.
Citamos a la prostituta en un bar cerca al apartamento de Pablo. Era brasilera y se llamaba Katia. Medía 1,78 con tacones, era rubia natural, e iba vestida como lo que era, una minifalda de cuero, medias negras y un top marcando las tetas. Tenía 90 de busto, no llevaba brasier, el pelo suelto y bastante maquillada. Hay que reconocer que estaba muy buena. Cuando llegó prendimos unos cigarrillos y pedimos unos vodkas con limón, la verdad es que estaba un poco nerviosa, iba a ser mi primera vez con alguien de mi mismo sexo.
Acabamos los tragos y nos fuimos al apartamento. Una vez en el cuarto, Pablo dijo que en primera instancia sólo quería mirar. La puta empezó a desvestirme con mucha delicadeza, primero la chaqueta y luego la falda. Me dejó en ropa interior. Mientras me metía la lengua en la boca se empezó a quitar la ropa. Desde luego tenía un cuerpazo, y las tetas eran naturales. Luego se acercó a mi, me tocó el cuello y empezó a atraer su boca hacia la mía besándome ahora más profundamente mientras me acariciaba las tetas. Yo estaba como ida y me dejaba hacer de todo...
Empezó a lamer cada esquina de mi cuerpo, las dos teníamos la cuca depilada en su totalidad. Yo permanecía inmóvil, obedeciendo dócilmente la orden de cruzar mis manos en la espalda y colocarme tendida sobre la cama con las piernas abiertas, para que pudiera besarme el clítoris. De vez en cuando dejaba escapar la lengua por mi culo, metiendo algunos dedos en el mismo. Al final no pude evitar venirme. Pablo se hacía la paja sentado en un sillón. De repente se paró y me metió la verga en la boca para que se la mamara. Yo estaba en cuatro, entonces Katia se hizo abajo mío, me cogió del pelo por detrás y puso su boca sobre mis pezones. Su mano se metió entre mis piernas, y tras acariciar mi piel morena que contrastaba mucho con el blanco de la suya, empezó a tocar mis labios vaginales, introduciéndose donde no había llegado antes su lengua.
Yo respiraba profunda y aceleradamente, aunque se me hacía un poco difícil por el hecho de tener un pene en la boca. Al mismo tiempo, abría mis piernas para recibir los dedos de la puta adentro mío. La excitación se reflejaba en lo duro de mis pezones y volví a llegar. Pablo sacó la verga de la boca y le ordenó a Katia que me enseñara cómo se comía un clítoris, así que metí mi cara entre sus piernas y empecé a chupárselo y a meterle los dedos como ella me decía. Mientras tanto, Pablo me daba por el culo con todas sus ganas. No debía hacerlo mal porque noté como la brasilera se venía en mi cara, mientras Pablo hacía lo propio en mi culo. Lo sacó y Katia se tomó glotonamente toda la leche que había en el condón.
Luego Katia me volteó, poniéndome de espaldas. Acercó su vientre a mi culo, levantándose cuanto podía y comenzó como a "clavarme". Sentía como su clítoris se excitaba con el roce, y estuvo mucho tiempo embistiéndome, con mucha fuerza, hasta que se vino quedando tirada encima mío y chorreando sudor. Minutos después, la puta le colocó el condón a Pablo con la boca sin usar las manos (me quedé anonadada), y él la puso en 4 metiéndosela por la cuca hasta los güevos. Yo abrí mis piernas delante de Katia para que me chupara otra vez la cuca. Nos vinimos los tres otra vez, de forma salvaje y Katia se tomó de nuevo el sémen de Pablo.
Cuando terminamos eran las 10 de la noche, ella se fue a la ducha y Pablo y yo nos quedamos fumando en la cama. Ella se fue con el afán de querer seguir trabajando. Pablo la pagó 300.000 pesos que, obviamente, valieron la pena.

Mientras regresaba a mi apartamento manejando, pensé en lo que había pasado, y la verdad es que me gustó la dulzura que implicaba el hacer el amor con una mujer, desde aquel día ya no volví a mirar a las mujeres igual, las mujeres hermosas me empezaron a atraer tanto como los hombres.
Cuando llegué a casa eran las doce y mi marido ya estaba durmiendo, cada vez me acostaba más tarde y me resultaba más difícil levantarme para ir a trabajar. La verdad es que a mi hijo sólo lo veía un rato los fines de semana. Estaba perdiendo a mi familia...
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