Selección poética






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títuloSelección poética
fecha de publicación09.06.2016
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tipoLección
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SELECCIÓN

POÉTICA
WALT

WHITMAN




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Como Adán al amanecer
Como Adán al amanecer,

Salgo del bosque fortalecido por el descanso nocturno,

Miradme cuando paso, escuchad mi voz, acercaos,

Tocadme, poned la palma de vuestra mano

sobre mi cuerpo cuando paso,

No tengáis miedo de mi cuerpo.


Creo que una brizna de hierba…
Fragmento de "Hojas de Hierba"

Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros

y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena...

y que el escuerzo es una obra de arte para los gustos más exigentes...

y que la articulación más pequeña de mi mano es un escarnio para todas las máquinas.

Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas.

Creo en tí alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante tí,

ni tú debes humillarte ante el otro.

Retoza conmigo sobre la hierba, borra el freno de tu garganta.
(...)
Creo que podría retornar y vivir con los animales, ellos son tan plácidos y autónomos.

Me detengo y los observo largo rato.

Ellos no se impacientan, ni se lamentan de su situación.

No lloran sus pecados en la oscuridad de un cuarto.

No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios.

Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos.

Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios.

Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra.

Así me muestran su relación conmigo y yo así lo acepto.
(...)
No pregunto quién eres, eso carece de importancia para mí.

No puedes hacer ni ser más que aquello que yo te inculco.

Me celebro y me canto a mi mismo…
Me celebro y me canto a mí mismo.

Y lo que yo asuma tú también habrás de asumir,

pues cada átomo mío es también tuyo.

Vago al azar e invito a vagar a mi alma.

Vago y me tumbo sobre la tierra,

para contemplar un tallo de hierba.

Mi lengua, cada molécula de mi sangre formada por esta tierra y este aire.

Nacido aquí de padres de cuyos padres nacieron aquí y

cuyos padres también aquí nacieron.

A los treinta y siete años de edad, gozando de perfecta salud,

comienzo y espero no detenerme hasta morir.

Que se callen los credos y las escuelas,

que retrocedan un momento, conscientes de lo que son y

sin olvidarlo nunca.

Me brindo al bien y al mal, me permito hablar hasta correr peligro.

Naturaleza sin freno, original energía.


Mira el mar infinito…
Mira el mar infinito.

Sobre su pecho sale a navegar un navío

que despliega sus velas, incluidas las de gavia.

Su pendón ondea en lo alto mientras aumenta

su velocidad de manera majestuosa.

Debajo, las olas rivalizan,

rodean al barco, apiñándose,

con brillantes movimientos circulares y espuma.


¡Oh yo…vida!
¡Oh yo, vida! todas estas cuestiones me asaltan,

Del desfile interminable de los desleales,

de ciudades llenas de necios,

De mí mismo, que me reprocho siempre pues,

¿quién es más necio que yo, ni más desleal?.

De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos

despreciables, de la lucha siempre renovada,

De los malos resultados de todo, de las multitudes

afanosas y sórdidas que me rodean,

De los años vacíos e inútiles de los demás,

yo entrelazado con los demás,

La pregunta ¡Oh, mi yo! la triste pregunta triste que

vuelve: ¿qué hay de bueno en todo esto?

Respuesta:

Que estás aquí, que existe la vida y la identidad,

Que prosigue el poderoso drama y que, quizás,

tú contribuyes a él con tu rima.


Yo soy aquel a quien atormenta…
Yo soy aquel a quien atormenta el deseo amoroso,

¿No gravita la Tierra? ¿no atrae la materia,

atormentada a la materia?

Así mi cuerpo atrae a los cuerpos de todos aquellos

a quienes encuentro o conozco.


Como están provisto de lo necesario…
Cómo están provistos de lo necesario sobre la tierra, manifestándose a intervalos,

cuán queridos y terribles son para la tierra,

cómo se avezan a sí mismos y a los demás; qué paradójico parece su tiempo,

cómo la gente repara en ellos sin conocerles,

cómo hay algo de inexorable y permanente en el destino de ellos,

cómo cada época escoge mal sus objetos de adulación y recompensa,

y cómo el mismo precio inexorable ha de pagarse aun por la misma compra.


Cuando leí el libro
Cuando leí el libro, la célebre biografía,

me dije: «¿Es esto entonces lo que el autor llama una vida de hombre?

¿Escribirá alguien así mi vida, una vez muerto yo?

Como si algún hombre conociera realmente algo de mi vida,

cuando de hecho a menudo yo mismo pienso que poco o nada se de mi vida,

salvo vagas nociones, débiles y difusas imágenes,

que persigo para poder exponer aquí.


Mientras recorro playas que no conozco
Mientras recorro las playas que no conozco

mientras escucho la endecha

las voces de los hombres y mujeres náufragos

mientras aspiro las brisas impalpables que me asedian

mientras el océano, tan misterioso,

se aproxima a mí cada vez más

yo no soy sino un insignificante madero abandonado por la resaca,

un puñado de arena y hojas muertas

y me confundo con las arenas y con los restos del naufragio.

¡Oh! desconcertado, frustrado, humillado hasta el polvo,

oprimido por el peso de mi mismo

pues me he atrevido a abrir la boca

sabiendo ya que en medio de esa verbosidad cuyos ecos oigo

jamás he sospechado qué o quién soy

a no ser que, ante todos mis arrogantes poemas

mi yo real esté de pie, impasible, ileso, no revelado

señero, apartado, escarneciéndome con señas y reverencias burlonamente amables

con carcajadas irónicas a cada una de las palabras que he escrito

indicando en silencio estos cantos y, luego, la arena en que asiento mis pies.

Ahora sé que nada he comprendido, ni el objeto más pequeño

y qué ningún hombre puede comprenderlo.

La naturaleza está aquí a la vista del mar


¡Oh capitán, mi capitán!...

¡Oh Capitán, mi Capitán!

Terminó nuestro espantoso viaje,

El navío ha salvado todos los escollos,

Hemos ganado el codiciado premio,

Ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas, ya el

pueblo acude gozoso,

Los ojos siguen la firme quilla del navío resuelto y audaz,

Mas ¡oh corazón, corazón, corazón!

¡Oh rojas gotas sangrantes!

Mirad, mi Capitán en la cubierta

Yace muerto y frío.

¡Oh Capitán, mi Capitán!

Levántate y escucha las campanas,

Levántate, para ti flamea la bandera,

para ti suena el clarín,

Para ti los ramilletes y guirnaldas engalanadas,

para tí la multitud se agolpa en la playa,

A tí llama la gente del pueblo,

a tí vuelven sus rostros anhelantes,

¡Oh Capitán, padre querido!

¡Que tu cabeza descanse en mi brazo!

Esto es sólo un sueño: en la cubierta

Yaces muerto y frío.

Mi Capitán no responde,

sus labios están pálidos e inmóviles,

Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso, ni voluntad,

El navío ha anclado sano y salvo;

Nuestro viaje, acabado y concluido,

Del horrible viaje el navío victorioso llega con su trofeo,

¡Exultad, Oh playas, y sonad, Oh campanas!

Más yo con pasos fúnebres,

Recorreré la cubierta donde mi Capitán

Yace muerto y frío.
¿Quién contiene a la diversidad?
(Cosmos)
Quién contiene a la diversidad y es la Naturaleza

quién es la amplitud de la tierra y la rudeza y sexualidad de la tierra

y la gran caridad de la tierra, y también el equilibrio

quién no ha dirigido en vano su mirada por las ventanas de los ojos

o cuyo cerebro no ha dado en vano audiencia a sus mensajeros

quién contiene a los creyentes y a los incrédulos

quién es el amante más majestuoso

quién, hombre o mujer, posee debidamente su trinidad de realismo

de espiritualidad y de lo estético o intelectual

quién después de haber considerado su cuerpo

encuentra que todos sus órganos y sus partes son buenos

quién, hombre o mujer, con la teoría de la tierra y de su cuerpo

comprende por sutiles analogías todas las otras teorías

la teoría de una ciudad, de un poema

y de la vasta política de los Estados

quién cree no sólo en nuestro globo con su sol y su luna

sino en los otros globos con sus soles y sus lunas

quién hombre o mujer, al construir su casa

no para un día sino para la eternidad

ve a las razas, épocas, efemérides, generaciones.

El pasado, el futuro, morar allí, como el espacio

indisolublemente juntos.


Yo tranquilo o serenamente plantado...
Yo tranquilo, serenamente plantado ante la Naturaleza,

amo de todo o señor de todo, sereno en medio de las cosas irracionales.

Imbuido como ellas, pasivo, receptivo, y también silencioso como ellas,

conocedor de que mi ocupación, mi pobreza, mi notoriedad

y mis debilidades son menos importantes de lo que creía,

hacia el mar mexicano, en el Manhattan o en el Tennessee,

o lejos en el norte o tierra adentro,

hombre de río u hombre de montes o de granjas de estos estados,

ribereño del mar o de los lagos de Canadá,

Yo, dondequiera que viva mi vida, quiero hacer frente a las contingencias

y encarar la noche, las tormentas, el hambre, el ridículo, los accidentes

y los rechazos, como lo hace el animal.
Walt Whitman


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