El “disegno” manierista de C. P. Kavafis *






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fecha de publicación17.04.2016
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El “disegno” manierista

de C. P. Kavafis *



Una vez el ingenioso señor Constantino Kavafis manifestó su propósito de fabricar “con palabras, buena cara y modales”, “una espléndida armadura”, para hacer con ella frente “a los malvados”, que por entonces habían empezado a molestarle. El poeta esperaba que una vez cubierto de “mentiras” o “apariencias” inventadas, podría así engañar a sus adversarios, quienes buscaban su “punto vulnerable”. (Véase su poema “Emiliano Monaes, Alejandrino”, 1918). La advertencia, a parecer, ha sido olvidada y la mayoría de los mal/bien intencionados hacia la obra y la vida del alejandrina, se ocuparon de lo estrictamente filológico y anecdótico, pasando por alto en sus minuciosos análisis, los aspectos estilísticos, o limitándose a fichar a Kavafis como parnasiano o simbolista. No obstante, uno de estos bien intencionados adversarios, que había vivido también algún tiempo en Alejandría, escribió un día los siguientes apuntes:



“En Kavafis hay una segunda naturaleza que no es máscara, ni mimo, ni parnasianismo, ni simbolismo, ni historicismo {...} hay en él una tendencia psíquica a ver la historia como un presente inmediato, y las cosas que el poeta siente a diario se desplazan en el pasado, se convierten en historia, incluso las cosas insignificantes”.
La cita es de Seferis, de su ensayo sobre Kavafis y T. S. Eliot. Aunque Seferis no la nombra, esta “tendencia psíquica”, también común en el poeta anglosajón, es un indicio del “disegno” manierista de kavafis, estilo que aplica de forma “espontánea” en su obra.
Cuando hablo de manierismo no me refiero a ningún tipo de amaneramiento superfluo, sino a aquel admirable movimiento estilístico mediterráneo, del siglo XVI, que en este país tiene dos máximos representantes: Dominicos Theotokópoulos, El Greco, en la pintura, y Góngora en la poesía de su primera época, (para no hablar de Cervantes, de Gracián, de Herrera, etc). Es sabido que el manierismo, el cual tiene su origen en la Alejandría helenística – fuente principal de la poesía de Kavafis – y en la Roma de Adriano, desde su cumbre “clásica” (1520-1600), nunca ha dejado de influir en los nuevoas movimientos estilísticos, excepto el neoclasicismo y el naturalismo. Su incidencia en el arte y en la literatura europeas se manifiesta de forma muy destacada a partir de 1880 –época en que Kavafis empieza a escribir- y se prolonga

Hasta hoy día, con una fuerza extraordinaria, pasando, como una corriente subterránea, por los movimientos estilísticos de siglo XX, especialmente el surrealismo.
Kavafis, paralelamente a recibir cualquiera otra influencia estilística predominante en su tiempo –y gracias a ella- es sobre todo manierista en los planteamientos de su quehacer artístico, tanto en su poesía como en prosa –la última tan poco conocida-, y también en su pensamiento y sus manifestaciones de carácter ideológico y vital. Sin ir más lejos, Kavafis es manierista:


  • por su anti clasicismo y anti naturalismo

  • por su culturalismo y el uso extenso de las fuentes historico-literarias

  • por su búsqueda del detalle, a veces trivial, raro, exótico

  • por la pluritemática e intertextualidad de muchos de sus poemas

  • por su ironía y sentido de humor

  • por su intelectualismo y lo artificioso de sus composiciones

  • por su repudio a lo “sano”, a lo “normal”, a lo “natural”, a lo “ordenado”, a lo “convencional”, a lo “legal”

  • por su neoplatonismo y su visión de la belleza, accesible sólo a través de la revelación o de la imaginación

  • por su dandismo y repudio a todo lo vulgar

  • por sus rodeos y desplazamiento a un nivel secundario del tema principal, en varios de sus poemas

  • por su inclinación a lo maravilloso y a lo fantástico, especialmente en su prosa

  • por su preferencia por las viejas casas con sus antiguos mueble, lámpara, relojes, espejos, velas, piedras preciosas y mágicas, animales domésticos, y en general por los ambientes donde reina el misterio y la penumbra

  • por su lenguaje popular y erudito

  • por sus alegorías, ambivalencias y “conceptos”, aunque menos por sus metáforas

  • por su sexualidad “invertida”

  • por la frialdad de su emoción y la falta de la inspiración y espontaneidad

  • por su insistencia a lo parcia y lo fragmentario

  • por su ser alenjandrino y su modo de ser.


Esta postulaciones, un tanto asistemáticas y genéricas y sin ningún orden valorativo, intentan sólo indicar, y no analizar, las tendencias manieristas de Kavafis. Es lamentable que hasta hoy ninguno de los estudiosas de su obra haya mostrado interés en llevar a cabo un análisis desde el punto de vista teórico manierista. Los pocos que han hablado de una cierta “maniera” en Kavafis lo hacen de forma peyorativa, porque no piensan en otra cosa que en un “amaneramiento” superfluo y en este caso inexistente.
Aunque no soy la persona más indicada para este tipo de análisis, quisiera amplia aquí, de modo parcial y fenomenológico, alguna y otra de las observaciones anteriormente expuestas.
Antinaturaliusta y artificioso. En un sentido claramente anticlásico, Kavafis repudia a la Naturaleza, no reconoce en ella signos de belleza, descarta toda su validez como origen y fuente de la creación verdaderamente artística, considerándola como “vulgar”, “perecedora”, “accidental”, “irrelevante”. Revelador, entre muchos ejemplos, es aquí su poema “Flores artificiales”. El poeta pide “Flores de jardines maravillosos, de otro mundo,/ donde moran contemplaciones, Estilos y Saberes”. “Flores hechas de oro y cristal/fieles dones de un arte fiel”. “Viene su gracia de una estética sabia y purísima no brotan de la sórdida tierra ni de barro”. Esta negación de la Naturaleza lleva también a Kavafis a la negación de la realidad inmediata, y a la escasa utilización de imágenes y metáforas de signo paisajista y natural. En los pocos poemas en los que Kavafis se refiere positivamente a la Naturaleza, o a ciertos aspectos/elementos naturales, lo hace, por lo general, de una forma ambigua, débil, transfiguadora, opaca, degradada. Ejemplo su poema “Mar de la mañana”, del cual Seferis comenta: “este mar no es el mío”. Cierto, no lo es.
No hace falta recurrir a los tratadistas del manierismo del siglo XVI, del tipo de Zúcarri, para encontrar precedentes de esta postura cavafiana. El alejandrino es un poeta del “fin del siglo”, y tan moderno como, por ejemplo, Baudelaire, o ese otro extremista del antinaturalismo Oscar Wilde. (Recuérdese los aforismos de éste último: “Donde quiera {...} que ha vuelto a la Naturaleza, el arte se ha hecho vulgar”, y lo “conceptista”: “La Naturaleza imita al arte, y no al contrario”). La negación de la Naturaleza tiene su contrapunto en la gran preferencia de Kavafis por la ciudad, tanto por su artificiosidad como por las delicias que en ella se encuentran más accesibles. No obstante, este mismo ambiente urbano el poeta consigue transformarlo a un nivel más alto de artificiosidad, a través de sus vivencias y de su arte, como él lo manifiesta en el poema “En el mismo lugar”. En este contexto deberíamos subrayar también el repudio de Kavafis por la luz del día. El poeta prefiere quedarse en la soledad de su casa, con las ventanas cerradas, contemplando en la penumbra alguna obra de arte – preferentemente un cuadro de Gustav Moró - , o flotando en su mundo de imaginación y de recuerdos. Alguien ha consignado:
“Hice ayer una visita {...a Kavafis} para dar con él un paseo por la ciudad. El tiempo era hermoso, con un delicioso sol de primavera que alegraba a todo el mundo. Toda la ciudad parecía una fiesta, pero al entrar {...} quedé estupefacto a ver las cortinas tan completamente echadas, que a duras penas podían distinguirse los objetos. Él estaba sentado en un sillón y no trabajaba ni dormía. No quiso salir conmigo, porque la luz del día turbaba su luz interior”.
El engaño ha sido siempre una de las cualidades básicas e inofensivas del manierismo. En consecuencia me he permitido aquí un pequeño truco: La cita pertenece al Julio Clovio y se refiere a El Greco, cuando el cretense estaba en Roma, en fechas que coinciden con la cumbre del manierismo, la década del 1570. En la obra y en la vida de Kavafis tenemos muchos ejemplos que recuerdan esta postura, antinaturalista, del gran pintor manierista.
Juguetón e irónico. En un rarísimo poema de Kavafis que pertenece en el hábeas de sus “Inéditos”, el poeta expresa su deseo de tener una “Casa con Jardín”, en el “campo”, (esta última palabra la sustituye con la frase “cerca de la ciudad”, como se ve en su manuscrito de 1917). Su propósito es tener en su posesión algunos animales:
Siete gatos por lo menos – dos enteramente negros,

y dos enteramente blancos como la nieve, por con

traste.

Un loro de postín, para oírlo

decir cosas con énfasis y petulancia.

De perros creo que con tres me bastaría.

Quisiera también dos caballos (que hermosura los

Potrillos).

Y, por supuesto, tres o cuatro de esos excelentes

Y simpáticos animales, los asnos,

Reposando indolentes y meneando con gracia sus

Cabezas”.
(trad. Pedro Bádenas)
“por supuesto”! Aquí la ironía de Kavafis es tan evidente que me inclino a pensar que su motivación por tener animales en casa, tiene como objetivo el proporcionar un retrato supermanierista, a la Archimboldo, para burlarse de la naturaleza humana, quizás de la Humanidad entera, que por entonces estaba en plena guerra mundial.

La ironía, en humor refinado y a veces negro, la invención juguetona, sus bromas, chistes, y anécdotas, son rasgos claves de la fisionomía de Kavafis, y responde a su “disegno” manierista, - un manierismo, podríamos decir, innato. En 1908 Kavafis confiesa:

“Es difícil para mí parecer serio y no respeto la seriedad {...} Me gustan las bromas, la burla, la ironía con palabras inteligentes, el engaño {...} Los animales {...} tienen caras verdaderamente más serias que muchos hombres aparentemente serios
La ironía la emplea en los personajes históricos o inventados de su poesía. La utiliza también en la vida, en su vida, y llega hasta la auto-ironía. Kavafis es hombre de “agudos dichos”, para recordar la observación de Pacheco sobre El Greco.
El detalle – lo parcial y lo fragmentario. El alejandrino es maestro del detalle, raro, trivial, anecdótico, aparentemente insignificante. Lo recoge de donde quiera que lo encuentra o, a veces, lo inventa para emplearlo , de modo alquimista, en las alegorías de su poesía y de su prosa. No le preocupa is este detalle conserva hasta el final su carácter de parcialidad. Como manierista Kavafis no aspira a conseguir el ideal de la unidad clásica. Al contrario, busca la tensión, y como otros maestros de esta corriente estilística, pintores y poetas, subraya estos detalles con mucho énfasis. Como la mano en el famoso autorretrato de Parmigianino, lo parcial inunda el poema de Kavafis y desplaza intencionadamente el tela principal a planos o niveles secundarios, a veces en los últimos dos o tres versos. Esta es una actitud tipicamente manierista, cosa que encontramos tan a menudo en los primeros sonetos de Góngora. La obsesión de Kavafis por el detalle, lo parcial y lo fragmentario parece ser no sólo un condicionamiento estético/intelectual, sino una postura vital. El poeta vive la vida parcialmente y la contempla de este modo. Así lee un libro, escribe una reseña, contempla una obra de arte, recorre una ciudad. Aparte de sus poesías, tenemos pruebas de esta tendencia en sus prosas, sus diarios, sus confesiones y declaraciones.
Lo parcial en Kavafis adquiere un cierto sentido trágico. ¿Qué es la experiencia humana sino una mera parcialidad, “unas caras y unas líneas medio vistas”? ¿Qué es el poeta mismo o sus personajes sino una mezcla de parcialidades, a veces contradictorias? “En parte pagano, en parte ligado al cristianismo”. “No soy griego”, declara Kavafis, “soy helénico”, o sea “criatura del mundo cultural y espiritual del Helenismo”. En este modo, alejandrino/helenístico el poeta se siente “medio griego, medio sirio” sin ningún complejo de inferioridad. Es esta mezcla, este mestizaje de donde emana la fuerza seductora de su arte.
Relativista y antidogmático. La tendencia a lo parcial llevará a Kavafis a formar una cosmovisión esencialmente relativista y antidogmática. El cuenta:
Estimo las observaciones que hacen los grandes maestros pero no comparto sus conclusiones {...} No tengo mucha confianza en el valor absoluto de una conclusión. De los mismos factores uno llega a formar cierta opinión y otro la contraria. No obstante, es posible que ambas opiniones sean correctas {...} Con esto no quiero decir que los escritores deben ser indecisos. De ninguna forma. Eso sería absurdo. Lo único que quiero decir es que no me gusta ser demasiado dogmático”.
Kavafis no puede ser seguidor de ningún absolutismo, ni siquiera el de la bellaza. Tenía sus propias opiniones, sus ideas y sus preferencias pero nunca llegó a estar totalmente comprometido con nada. El mismo dirá: “No me comprometí, me dejé y me fui”. Su relativismo le hace dudar y ser escéptico, incluso sobre la validez artística de su poesía. Llega así a un momento en el que sus valores e ideales –sean los que fueran: el arte, la belleza, el placer – pierdan algo de su validez como factores o fuerzas duraderas de salvación. Itaca incluso no existe, pero como idea/pretexto “le había dado el buen viaje”. Con eso basta. Este pesimismo trágico es un elemento fundamental en la poesía de Kavafis, y algo muy común dentro del arte y la literatura modernas. Kavafis es un escritor, ante todo un poeta, de una angustiosa modernidad, lo cual le sitúa al lado de los más relevantes demiurgos literarios del siglo XX, como Eliot, Joyce, Proust, Kafka, Beckett, Borges y nuestro Juan Gil Albert. Todos ellos de inequívoca raíz manierista.
Sarantis Antíocos

*Ponencia en el

Congreso internacional de

Escritores de Mediterráneo





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