El 12º planeta






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fecha de publicación08.01.2016
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Tanto los textos antiguos como las evidencias arqueológicas atestiguan los estrechos lazos culturales y económicos que había entre estas dos civilizaciones de valles fluviales por una parte y la civilización sumeria por otra. Además, existen evidencias, tanto directas como circunstanciales, que han convencido a muchos expertos de que las civilizaciones del Nilo y el Indo no sólo estaban conectadas entre sí, sino que eran, además, descendientes de la civilización más antigua, la mesopotámica.


Se ha descubierto que los monumentos más impresionantes de Egipto, las pirámides, son, por debajo de su «piel» de piedra, imitaciones de los zigurats mesopotámicos, y existen razones para creer que el ingenioso arquitecto que diseñó los planos de las grandes pirámides y supervisó su construcción era un sumerio al que se veneraba como un dios. (Fig. 162)



El antiguo nombre de Egipto en su propio idioma era el de «Tierra Levantada» y en su memoria prehistórica se afirmaba que «un dios muy grande apareció en tiempos antiguos» y encontró aquella tierra bajo el agua y el lodo. Este dios llevó a cabo grandes obras de restauración, levantando literalmente a Egipto desde debajo de las aguas. La «leyenda» describe con pulcritud el bajo valle del Nilo después del Diluvio; este dios de antaño, se puede demostrar, no fue otro que Enki, el ingeniero jefe de los nefilim.


Aunque se sabe aún relativamente poco de la civilización del valle del Indo, sabemos que ellos también veneraban el doce como número divino supremo, que representaban a sus dioses como seres de aspecto humano que llevaban tocados con cuernos, y que reverenciaban el símbolo de la cruz -el signo del Duodécimo Planeta. (Figs. 163,164)





Si estas dos civilizaciones eran de origen sumerio, ¿por qué son diferentes sus lenguajes escritos? La respuesta de los científicos es que los lenguajes no son diferentes. Esto se reconoció ya en 1852, cuando el reverendo Charles Foster (The One Primeval Language) demostró hábilmente que todas las lenguas antiguas descifradas entonces, incluido el chino primitivo y otras lenguas del lejano oriente, provenían de una única fuente primitiva -que, después, resultaría ser el sumerio.


Los pictogramas similares no sólo tenían significados similares, lo cual podría ser una coincidencia lógica, sino que también compartían los mismos significados múltiples y los mismos sonidos fonéticos -cosa que sugiere un origen común. Recientemente, los expertos han demostrado que las primeras inscripciones egipcias empleaban un lenguaje que indicaba una elaboración escrita previa; y el único lugar donde se había desarrollado previamente un lenguaje escrito era Sumer.


Así pues, tenemos un único lenguaje escrito que, por algún motivo, se diferenció en tres lenguas: mesopotámica, egipcia/camita e indoeuropea. Es posible que esta diferenciación acaeciera por sí misma con él tiempo, la distancia y la separación geográfica, pero los textos sumerios afirman que ocurrió como consecuencia de una decisión deliberada de los dioses; una decisión auspiciada, una vez más, por Enlil. Las historias sumerias sobre el tema se corresponden con la bien conocida historia bíblica de la Torre de Babel, en la cual se nos cuenta «que toda la Tierra era de un mismo lenguaje y de las mismas palabras». Pero, después de que la gente se estableciera en" Sumer, de que aprendiera el arte de hacer ladrillos, de construir ciudades y de levantar altas torres (zigurats), planearon hacerse un shem y una torre para lanzarlo. De ahí que «el Señor embrollara la lengua de la Tierra».


La deliberada elevación de Egipto desde debajo de las fangosas aguas, las evidencias lingüísticas y los textos bíblicos y sumerios apoyan nuestras conclusiones de que las dos civilizaciones satélites no se desarrollaron por casualidad. Al contrario, fueron planificadas y puestas en marcha de forma deliberada por los nefilim.


Temiendo, evidentemente, una especie humana unificada en cultura y objetivos, los nefilim adoptaron una política imperialista: «Divide y vencerás». Pues, mientras la Humanidad alcanzaba niveles culturales entre los que se daban, incluso, los esfuerzos aeronáuticos -tras lo cual «nada de cuanto se propongan les será imposible»-, los nefilim eran un grupo en declive. Hacia el tercer milenio a.C, hijos y nietos, por no decir nada de los humanos de parentesco divino, se aglomeraban entre los grandes dioses de antaño.


La agria rivalidad entre Enlil y Enki la heredaron sus hijos principales, y con ello sobrevinieron feroces luchas por la supremacía. Hasta los hijos de Enlil -como vimos en capítulos anteriores- luchaban entre sí, al igual que los hijos de Enki. Al igual que sucediera en la historia humana que conocemos, los señores intentaban mantener la paz entre sus hijos dividiendo la tierra entre sus herederos, y, en al menos un caso conocido, un hijo de Enlil (Ishkur/Adad) fue apartado deliberadamente por su padre de aquel ambiente enrarecido enviándolo como deidad local al País de la Montaña.


Con el transcurso del tiempo, los dioses se convirtieron en señores, guardando celosamente cada uno de ellos el territorio, la industria o la profesión sobre la cual se les había dado dominio. Los reyes humanos eran los intermediarios entre los dioses y una humanidad que seguía creciendo y expandiéndose. Las demandas de los antiguos reyes para que fueran a la guerra, conquistaran nuevas tierras o sojuzgaran a pueblos distantes «por orden de mi dios» no se podían tomar a la ligera. Los dioses conservaban los poderes para dirigir los asuntos exteriores, pues estos asuntos involucraban a otros dioses en otros territorios, de modo que tenían la última palabra en materias de guerra o paz.


Con la proliferación de pueblos, estados, ciudades y villas, se hizo necesario encontrar fórmulas para recordarle al pueblo quién era su señor o «elevado» particular. En el Antiguo Testamento resuena el problema de hacer que la gente se adhiera a su dios y no «se prostituya con otros dioses». La solución consistió en establecer muchos lugares de culto, y en poner en cada uno de ellos los símbolos y la semejanza de los dioses «correctos». La era del paganismo había comenzado.


Los textos sumerios nos dicen que, después del Diluvio, los nefilim sostuvieron prolongadas reuniones para sopesar el futuro de los dioses y del Hombre en la Tierra. Como resultado de estas reuniones, «crearon cuatro regiones». En tres de ellas -Mesopotamia, el valle del Nilo y el valle del Indo- se instaló el Hombre.


La cuarta región era «sagrada» -un término cuyo significado literal original era «dedicado, restringido». Dedicado sólo a los dioses, era una «tierra pura», una zona a la que sólo se podía acceder con autorización; entrar en ella sin permiso podía llevar rápidamente a la muerte, propiciada por fieros guardianes con «armas terroríficas». A esta tierra o región se le llamó TIL.MUN (literalmente, «el lugar de los misiles»). Era la zona restringida donde los nefilim habían vuelto a construir su base espacial después de que la de Sippar hubiera sido arrasada por el Diluvio.


Una vez más, la zona se puso bajo el mando de Utu/Shamash, el dios encargado de los cohetes ígneos. Los héroes de la antigüedad, como Gilgamesh, se esforzaron por encontrar este País de Vida, para ser llevados en un shem o un Águila hasta la Morada Celeste de los Dioses. Recordemos la súplica de Gilgamesh a Shamash:

Déjame entrar en el País, deja que me eleve en mi Shem...

Por la vida de mi madre diosa que me dio a luz,

del puro y fiel rey, mi padre-¡dirige mis pasos hacia el País!
Los relatos antiguos -incluso la historia escrita- recuerdan los incesantes esfuerzos de los hombres por «alcanzar la tierra», por encontrar la «Planta de la Vida», por lograr la dicha eterna entre los Dioses del Cielo y la Tierra. Es éste un anhelo que se encuentra en el núcleo de todas las religiones cuyas raíces se encuentran en Sumer: la esperanza en que el ejercicio de la justicia en la Tierra vendrá seguido por una «vida después de la vida» en una Divina Morada Celeste.


Pero, ¿dónde se encontraba esta esquiva tierra del contacto divino?


Se puede responder a esta pregunta. Las pistas están allí. Pero, más allá, aparecen otras preguntas. ¿Se ha vuelto a encontrar a los nefilim desde entonces? ¿Qué sucederá cuando se les vuelva a encontrar?


Y, si los nefilim fueron los «dioses» que «crearon» al Hombre en la Tierra, ¿fue solamente la evolución en el Duodécimo Planeta la que creó a los nefilim?

FUENTES

I. PRINCIPALES FUENTES PARA LOS TEXTOS BÍBLICOS

A. Del Génesis al Deuteronomio: The Five Books of Moses, nueva edición, revisada por Dr. M. Stern, Star Hebrew Book Company, sin fecha.

B. Para la última traducción e interpretación basadas en los descubrimientos sumerios y acadios: «Génesis», de The Anchor Bible, trad. de E. A. Speiser, Garden City, N. Y.: Doubleday & Co., 1964.

C. Para dar un toque «arcaico»: The Holy Bible, King James Versión, Cleveland y Nueva York: The World Publishing Co., sin fecha.

D. Para la verificación de interpretaciones recientes de los versículos bíblicos: The Torah, nueva traducción de las Sagradas Escrituras según el texto masorético, Nueva York: Jewish Publication Society of America, 1962; The New American Bible, traducción de los miembros de la Asociación Bíblica Católica de América, Nueva York: P. J. Kennedy & Sons, 1970; y The New English Bible, diseñada y dirigida por la Iglesia de Inglaterra, Oxford: Oxford University Press; Cambridge: Cambridge University Press, 1970.

E. Para referencias sobre ayudas de uso en comparación y traducción: Veteris Testamenti Concordantiae Hebraicae Atque Chal-daicae de Salomón Mandelkern, Jerusalén: Schocken Books, Inc., 1962; Encyclopedic Dictionary ofthe Bible, una traducción y adaptación de la obra de A. van der Born, de la Asociación Bíblica Católica de América, Nueva York: McGraw-Hill Book Co., Inc., 1963; y Millon-Hatanach (hebreo), Hebreo-Arameo de Jushua Steinberg, Tel Aviv: Izreel Publishing House Ltd., 1961.

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II. Principales fuentes para textos de Oriente Próximo

BARTON, George A. The Royal Inscriptions of Sumer and Akkad.1929.

BORGER, Riekele. Babylonisch-Assyrisch Lesestücke. 1963.

BUDGE, E. A. WALLIS. The Gods of the Egyptians. 1904.

BUDGE, E. A. W., y KING, L. W. Annals of the Kings of Assyria. 1902.

CHIERA, Edward. Sumerian Religious Texts. 1924.

EBELING, E.; MEISSNER, B.; y WEIDNER, E. (eds.). Reallexikon der Assyrologie und Vorderasiatischen Archaology. 1932-1957.

EBELING, Erich. Enuma Elish: die Siebente Tafel des Akkadischen Weltschópfungsliedes. 1939. ----.Tod und Leben nach den Vorstellungen der Babylonier. 1931.

FALKENSTEIN, Adam, y W. VON SODEN. Sumerische und Akkadische Hymnen und Gebete. 1953.

FALKENSTEIN, Adam. Sumerische Goetterlieder. 1959.

FOSSEY, Charles. La Magie Syrienne. 1902.

FRANKFORT, Henri. Kingship and the Gods. 1948.

GRAY, John. The Cananites. 1964.

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JEAN, Charles-F. La religión sumerienne. 1931.

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-----. Babylonian Penitential Psalms. 1927.

-----. Die Neu-Babylonischen Kónigsinschriften. 1912.

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SAYCE, A. H. The Religión of the Babylonians. 1888. SMITH, George. The Chaldean Account of Génesis. 1876.

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THOMPSON, R. Campbell. The Reports of the Magicians and Astrologers ofNineveh and Babylon. 1900.

THUREAU-DANGIN, Francois. Les Inscriptions de Sumer et Akkad. 1905.

-----. Die sumerischen und akkadische Kónigsinschriften. 1907.

-----. Rituels accadiens. 1921.

VIROLLEAUD, Charles. L'Astronomie Chaldéenne. 1903-1908.

WEIDNER, Ernst F. Alter und Bedeutung der Babylonischer Astro-nomie und Astrallehre. 1914.

-----. Handbuch der Babylonischen Astronomie. 1915.

WITZEL, P. Maurus. Tammuz-Liturgien und Verwandtes. 1935.

 

III. Estudios y artículos consultados en varios números de LAS SIGUIENTES REVISTAS

Der Alte Orient (Leipzig)

American Journal of Archeology (Concord, Mass.)

American Journal of Semitic Languages and Literatures (Chicago)

Annual ofthe American Schools of Oriental Research (New Haven)

Archiv für Keilschriftforschung (Berlín)

Archiv für Orientforschung (Berlín)

Archiv Orientalni (Praga)

Assyrologische Bibliothek (Leipzig)

Assyrological Studies (Chicago) Das Ausland (Berlín)

Babyloniaca (París)

Beitrage zur Assyrologie und semitischen Sprachwissenschaft (Leipzig)

Berliner Beitrage zur Keilschriftforschung (Berlín)

Bibliotheca Orientalis (Leíden)

Bulletin of the American Schools of Oriental Research (Jerusalén y Bagdad)

Deutsches Morgenlandische Gesellschaft, Abhandlungen (Leipzig)

Harvard Semitic Series (Cambridge, Mass.)

Hebrew Union College Annual (Cincinnati)

Journal Asiatique (París)

Journal of the American Oriental Society (New Haven)

Journal of Biblical Liter ature and Exegesis (Middletown)

Journal of Cuneiform Studies (New Haven)

Journal of Near Eastern Studies (Chicago)

Journal of the Roy al Asiatic Society (Londres)

Journal of the Society of Oriental Research (Chicago)

Journal of Semitic Studies (Manchester)

Keilinschriftliche Bibliothek (Berlín)

Kónigliche Museen zu Berlín: Mitteilungen aus der Orientalischen

Sammlungen (Berlín) Leipziger Semitische Studien (Leipzig)

Mitteilungen der altorientalischen Gesellschaft (Leipzig)

Mitteilungen des Instituts für Orientforschung (Berlín)

Orientalia (Roma)

Orientalische Literaturzeitung (Berlín)

Proceedings of the American Philosophical Society (Filadelfía)

Proceedings of the Society of Biblical Archeology (Londres)

Revue d'Assyrologie et d'archéologie oriéntale (París)

Revue biblique (París)

Sacra Scriptura Antiquitatibus Orientalibus Illustrata (Vaticano)

Studia Orientalia (Helsinki)

Transactions of the Society of Biblical Archeology (Londres)

Untersuchungen zur Veróffentlichungen der deutschen Orient-Gesellschaft (Berlín)

Vorderasiatische Bibliothek (Leipzig) Die Welt des Orients (Gottingen)

Wissenschaftliche Veróffentlichungen der deutschen Orient-Gesellschaft (Berlín)

Zeitschrift für Assyrologie und verwandte Gebiete (Leipzig)

Zeitschrift fur die alttestamentliche Wissenschaft (Berlín, Gissen)

Zeitschrift der deustschen morgenlandischen Gesellschaft (Leipzig)

Zeitschrift für Keilschriftforschung (Leipzig)

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