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HOMBRE, HISTORIA Y CONCIENCIA


Con el hombre entramos en la historia. También los animales tienen una historia, la de su origen y desarrollo gradual hasta su estado presente. Pero, los animales son objetos pasivos de la historia, y en cuanto toman parte en ella, esto ocurre sin su conocimiento o deseo. Los hombres, por el contrario, a medida que se alejan más de los animales en el sentido estrecho de la palabra, en mayor grado hacen su historia ellos mismos, conscientemente, y tanto menor es la influencia que ejercen sobre esta historia las circunstancias imprevistas y las fuerzas incontroladas, y tanto más exactamente se corresponde el resultado histórico con los fines establecidos de antemano. Pero si aplicamos este rasero a la historia humana, incluso a la historia de los pueblos más desarrollados de nuestro siglo veremos que incluso aquí existe todavía una colosal discrepancia entre los objetivos propuestos y los resultados obtenidos, veremos que continúan prevaleciendo las influencias imprevistas, que las fuerzas incontroladas son mucho más poderosas que las puestas en movimiento de acuerdo a un plan. Y esto no será de otro modo mientras la actividad histórica más esencial de los hombres, la que los ha elevado desde el estado animal al humano y forma la base material de todas sus demás actividades -me refiero a la producción de sus medios de subsistencia, es decir, a lo que hoy llamamos producción social- se vea particularmente subordinada a la acción imprevista de fuerzas incontroladas y mientras el objetivo deseado se alcance sólo como una excepción y mucho más frecuentemente se obtengan resultados diametralmente opuestos. En los países industriales más adelantados hemos sometido a las fuerzas de la naturaleza, poniéndolas al servicio del hombre; gracias a ello hemos aumentado inconmensurablemente la producción, de modo que hoy un niño produce más que antes cien adultos. Pero, ¿cuáles han sido las consecuencias de este acrecentamiento de la producción? El aumento del trabajo agotador, una miseria creciente de las masas y un crack inmenso cada diez años. Darwin no sospechaba qué sátira tan amarga escribía de los hombres, y en particular de sus compatriotas cuando demostró que la libre concurrencia, la lucha por la existencia celebrada por los economistas como la mayor realización histórica, era el estado normal del mundo animal. Únicamente una organización consciente de la producción social, en la que la producción y la distribución obedezcan a un plan, puede elevar socialmente a los hombres sobre el resto del mundo animal, del mismo modo que la producción en general les elevó como especie. El desarrollo histórico hace esta organización más necesaria y más posible cada día. A partir de ella datará la nueva época histórica en la que los propios hombres y con ellos todas las ramas de su actividad, especialmente las Ciencias Naturales, alcanzarán éxitos que eclipsará todo lo conseguido hasta entonces.
Federico Engels
Cerebro y conciencia

El desarrollo de la corteza en el cerebro humano alcanza tal magnitud, que si la extendiéramos completamente en el suelo podríamos cubrir un espacio de 2 m2. Envuelve los dos hemisferios cerebrales, y debido a que no cabe ya en la caja craneana, se ve forzada a formar numerosos pliegues de aproximadamente 3 mm de grueso, a los que se los denomina cisuras y circunvoluciones. El córtex del cerebro humano contaría así mismo con unas 12 a 14 mil millones de neuronas, que son las células básicas del sistema nervioso, mientras el resto del cerebro apenas si llega a la mitad de ese número, y en todo el sistema nervioso existirían alrededor de 30 mil millones de células nerviosas. En la actualidad se habla ya de que sólo el cerebro podría tener alrededor de 100 mil millones de esas células.

Los estudiosos del cerebro han llegado a la conclusión de que, si bien es cierto no existe la certeza de que alguna parte del cerebro o su corteza tenga un lugar especial en el que se efectúe el pensamiento y la inteligencia, consideran mas bien que es el conjunto del cerebro el que procesa los estímulos recibidos, transformándolos en pensamientos e ideas. Se cree, sin embargo, que la parte frontal y prefrontal de la corteza cumplen una función muy importante en este proceso, toda vez que se ha establecido que el lóbulo frontal, por ejemplo, alcanza en el ser humano el 29% de la superficie total de la corteza, mientras en los monos alcanza el 16%, en el perro el 7% y en el gato el 3%.

Por su parte, la conciencia, como producto de la actividad del cerebro humano que se desarrolló a partir del trabajo, no es otra cosa que el reflejo de la realidad objetiva que le permite conocerla mejor, para transformarla y dominarla en su propio beneficio.

Campesino labrando la tierra.

Con el desarrollo del trabajo y la corteza cerebral, con la aparición de la conciencia como reflejo de la realidad objetiva, el humano empezó a dejar de ser un objeto pasivo de la naturaleza y se fue convirtiendo en un sujeto activo, dueño de sus actos y creador de su propia historia.

La invasión militar de EEUU contra Irak llevó destrucción y muerte a ese país.

Se dice, sin embargo, que el ser humano actual apenas está usando un 10% o un 12% de la capacidad de su mente, y solamente con ese pequeño porcentaje estamos viendo las maravillas (¡y los horrores!) que ha podido hacer.

La sociedad humana

Con la aparición y posterior desarrollo del trabajo, el ser humano primitivo empezó a agruparse y organizarse, ya no solamente con fines instintivos de supervivencia y procreación, sino también con el propósito premeditado de planificar una acción futura, en colaboración con sus otros congéneres. Así apareció la necesidad de comunicarse entre sí, de cuyo esfuerzo fue formando un lenguaje articulado y como resultado de ese esfuerzo apareció la palabra.

Con el aparecimiento del lenguaje y la palabra como instrumentos de comunicación, el humano dejó claramente establecida su diferencia con los otros seres vivos, y con la naturaleza.

Si en los otros seres vivos, desde la ameba hasta los mamíferos superiores, el medio ambiente natural actúa directamente sobre los órganos de sus sentidos, en el ser humano en cambio la palabra se convirtió en una especie de mediadora entre la realidad y su psiquismo. El ser humano no solamente conoce las cosas tal como las ve o las percibe, sino que también las puede manipular y darles un nombre, y, al nombrarlas y manipularlas, puede conocerlas mejor, y, al conocerlas mejor, puede cambiarlas y transformarlas para su beneficio.

Manifestaciones de protesta contra la invasión.

Por la palabra, no solamente puede apropiarse de su propia experiencia acumulándola progresivamente, sino que también puede apropiarse de la experiencia de los demás, aprendiendo de ellos a vivir en mejores condiciones.

Así fue como apareció el ser humano y la sociedad tan desarrollada de nuestros días. Un ser humano y una sociedad que, a pesar de todos sus progresos científicos y culturales, no ha logrado todavía dominar del todo a la naturaleza, poniéndola completamente a su servicio de manera racional. Así como tampoco ha podido superar sus propias limitaciones naturales de irracionalidad, causantes de su propia destrucción, o la ambición de unos pocos por tener poder y dominio sobre los demás, que es la causante del hambre, la miseria y las injusticias para la mayoría de la humanidad.

Estos cuadros de pobreza son “normales” en nuestros países.

Hay quienes dicen que el día que el ser humano aprenda a usar tan sólo el 50% de su capacidad mental, se acabarán los farsantes y los explotadores, y con ellos se acabarán las guerras, el hambre y la pobreza; así como podrían acabarse también la mayor parte de las enfermedades y sus padecimientos. Pero también hay quienes piensan que, siguiendo su tendencia de ser el lobo de sus propios hermanos, una mayor inteligencia podría generar mayor autodestrucción.



RESUMEN DEL TEMA

Cuando los simios más evolucionados bajaron de los árboles para andar erguidos en tierra firme, aprendieron a usar las manos ya no sólo para caminar, sino también para agarrar frutos, así como objetos que les servían como herramientas de subsistencia. El uso que empezaron a darle a las manos repercutió en el desarrollo de su cerebro, pero especialmente en el de su corteza, así como en un mayor perfeccionamiento en el uso de las propias manos.

Con las manos libres y hábiles, y una corteza cerebral con miles de millones de células nerviosas que se conectaban entre sí, estos seres empezaron a usar esas habilidades y esa capacidad, ya no sólo para sobrevivir, sino en planificar sus acciones futuras: entonces apareció el trabajo como su actividad fundamental, y con el trabajo el mono se transformó en ser humano.

El cerebro se convirtió entonces ya no sólo en un órgano procesador de estímulos y reacciones, sino más bien en un órgano que elabora ideas y pensamientos, convirtiendo al humano no en un esclavo de la naturaleza, sino en su dueño.

Por último, apareció el lenguaje y la palabra como mediadores entre los estímulos de la realidad y su conciencia. Por la palabra el ser humano, ya hecho y derecho, puede apropiarse mejor de la realidad y transformarla en su beneficio.

¿Y QUÉ MÁS PODEMOS HACER AHORA?

L@S ESTUDIANTES

  • ¿Crees tener la suficiente inteligencia y voluntad para ayudar a cambiar algunas cosas chuecas que hay en este mundo? Piénsalo.

  • Sería interesante que analizaras y discutieras algunas de las cosas que se dicen en el libro con tu grupo de amig@s.

L@S MAESTR@S EN EL AULA

  • Organizar un taller en el curso con grupos de 4 a 5 estudiantes, dándole a cada grupo preguntas claves relacionadas con los temas estudiados, con el propósito de que saquen sus propias conclusiones y las expongan luego en una plenaria mediante un papelógrafo, promoviendo a la vez un debate con los otr@s estudiantes en la misma plenaria.

Ejemplo de pregunta clave: “Si los seres humanos estamos en capacidad de transformar la realidad, busquemos un problema que tenga la comunidad en que vivimos, y propongamos alternativas de solución que nosotros mismos podamos ejecutar para superarlo en el mediano plazo”. Evaluar la creatividad en el problema seleccionado y en su solución, así como los niveles de solidaridad alcanzados.

  • Pedir a l@s estudiantes que escriban un ensayo sobre “La sociedad del año 3000”, explicando de manera detallada cómo podría estar organizada la sociedad en el plano económico (organización de la producción), social (organización de la educación, atención a la niñez, etc.) y político (organización de los poderes del estado), suponiendo que los seres humanos para esa época habríamos alcanzado ya a usar por lo menos el 50% de nuestra capacidad cerebral. Evaluar la claridad de la exposición, la solidez de los argumentos y la coherencia con lo estudiado.


El Hombre no sería capaz de verse a sí mismo

de manera completa fuera de la Humanidad,

ni la Humanidad fuera de la Vida,

ni la Vida fuera del Universo.
Pierre Teilhard de Chardin


II PARTE

(Fundamentos biológicos de la conciencia)

Quinto Qui-Bio


OBJETIVOS GENERALES DEL CURSO

Al finalizar el año lectivo, l@s estudiantes estarán en capacidad de:


  • Conocer las principales funciones de los sistemas nervioso y endocrino, como base del comportamiento humano.

  • Adquirir conceptos precisos acerca de las sensopercepciones, como medios de relación con el mundo objetivo y subjetivo.

  • Comprender que la conducta humana es una integridad biopsicosocial, producto de la interacción del individuo con su mundo físico, social y cultural.




EL ORIGEN DEL SER HUMANO

¿Hasta dónde queremos llegar con este tema?

  • Comparar el pasado con el presente de la humanidad.

  • Formular hipótesis sobre el futuro de la humanidad.

Algunas inquietudes iniciales

  • ¿Qué tan importante es conocer nuestro pasado, para comprender el presente y proyectarnos hacia el futuro?

  • Frente al caos y la incertidumbre del presente de la humanidad, ¿estaremos en capacidad de crear una sociedad más humana y más digna de vivirse?

Síntesis filogenética del sistema nervioso

En el curso pasado estudiamos detenidamente cómo fue evolucionando la conducta y el sistema nervioso en los seres vivos, desde la más simple ameba hasta el hombre actual. Retrocedimos en el tiempo incluso hasta la forma cómo se originó la vida y el Universo, desde la formación de los primeros átomos de oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y carbono, hasta el aparecimiento de la conciencia.

A este desarrollo evolutivo de las formas más primitivas del sistema nervioso, hasta la compleja estructura del cerebro humano, se le denomina filogénesis del sistema nervioso.

Recordemos, por lo tanto, que el Universo y la materia se originaron, según las teorías más actuales, aproximadamente hace unos 20 mil millones de años, como consecuencia de la concentración de energía e inmediatamente una gran explosión (el big bang), de la que se formó una cantidad infinita de galaxias, de una de las cuales forma parte nuestro sistema solar.

Recordemos, así mismo, que la Tierra y el sistema solar se fueron formando por la condensación y el enfriamiento de esa masa incandescente de átomos dispersos de oxígeno, hidrógeno, nitrógeno, carbono y otros elementos, que aparecieron durante esa gran explosión. Y que la vida surgió como consecuencia de la combinación, en formas cada vez más complejas, de estos elementos.

Big bang o gran explosión.

Una vez que apareció la vida aparecieron también las diferentes formas de conducta, y con ella el sistema nervioso en los seres vivos, desde un sistema nervioso difuso, como en las estrellas de mar o en las medusas, pasando por un sistema de ganglios en gusanos e insectos, hasta llegar a un sistema nervioso dividido en uno central y otro periférico en los vertebrados.

Abeja recogiendo polen.

En el desarrollo evolutivo de los vertebrados superiores, el sistema nervioso central va adquiriendo cada vez mayor importancia, especialmente el cerebro, que en los mamíferos se recubre por una corteza, constituyendo el centro de su psiquismo. Llegando por fin al ser humano, con una corteza cerebral extremadamente compleja, base orgánica de su conciencia.

Fundamentos biológicos de la conciencia

Vamos a concentrar nuestro estudio, en el presente año lectivo, en el análisis de otros aspectos que tienen que ver también con las bases en que se fundamenta la conciencia humana.

Vamos a estudiar, en primer lugar, la forma cómo se originó el ser humano y su sistema nervioso, a través de los cientos de miles de años de desarrollo evolutivo. Luego, analizaremos cómo se forma ese sistema nervioso en el desarrollo embrionario del individuo humano, así como la evolución de su psiquismo, desde el nacimiento hasta la adolescencia. Analizaremos también la función que cumple el sistema nervioso en nuestra vida de relación con el medio, y en nuestra vida vegetativa. Analizaremos su estructura y la estructura del sistema neurovegetativo y endocrino en relación con la conducta.

Por último, realizaremos un pequeño análisis del fenómeno psicológico del hombre, especialmente en lo que tiene que ver con el temperamento, el carácter, la personalidad y la conciencia.

Origen evolutivo del homo sapiens

A 140 años de la aparición del libro de Charles Darwin (1809-1882) sobre “El origen de las especies por medio de la selección natural”, y gracias al desarrollo de una joven ciencia biológica denominada Genética, que nace con los descubrimientos de Gregorio Mendel (1822-1884) sobre los factores hereditarios de los seres vivos, resulta ya demasiado necio continuar debatiendo sobre la veracidad de las teorías evolucionistas y creacionistas.

Y es que con el desarrollo de la Genética, que se ha producido durante los últimos 90 años, las hipótesis planteadas por el evolucionismo dejaron de ser simples hipótesis para convertirse en hechos irrebatibles. Como tan irrebatible es que la tierra gira alrededor del sol y no al contrario como dice la Biblia. Tan indiscutible es ya este hecho, que el sacerdote jesuita Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), basándose en las teorías evolucionistas, y en sus propias investigaciones sobre el origen del hombre, la vida y el Universo, plantea una reconciliación entre la fe y la ciencia, partiendo de su hipótesis de que esta evolución no es producto del azar, sino que es dirigida por una voluntad superior, que está al principio y al final de todo este proceso.

Pierre Teilhard de Chardin

Tan irrebatibles son ya estos hechos, que la propia Conferencia Episcopal Latinoamericana, en la Introducción a la Biblia Latinoamericana (edición de 1972), manifiesta claramente que: “Dios no había creado una colección de seres vivientes destinados a reproducirse siempre idénticos. Dios estaba creando la Vida y la Vida se desarrollaba”.

“Siendo la Vida obra de un Dios libre e inteligente, esta fuerza incontenible buscaba las herramientas que permitirían al animal ser más libre y más inteligente. La herramienta más eficaz fue el cerebro. Los seres más primitivos solamente tenían algunos núcleos de nervios, pero en una de sus familias se formó un verdadero centro de mando: el cerebro. A lo largo de quinientos millones de años el cerebro ya creado se fue perfeccionando. Aparecieron nuevas especies que tenían el cerebro más grande y mejor organizado. Después de los reptiles aparecieron los mamíferos, y dentro de éstos los ‘antropomorfos’, o sea, animales de forma humana, algunos de los cuales existen todavía y forman el grupo más destacado entre los monos. Y estos ‘antropomorfos’, llevados por las fuerzas creadoras al servicio del plan divino, progresaron en tal forma que su cerebro y su cuerpo ya pudieron ser los de un ser libre e inteligente.”

Esta cita textual, tomada de la Biblia Latinoamericana, nos libra de cualquier comentario adicional sobre el tema.

De los primates a los homínidos

Como ya analizamos en el curso anterior, los primates son un grupo de mamíferos que apareció hace aproximadamente 40 millones de años, con características muy particulares, tanto por su forma de vida como por su estructura anatómica: Vivían generalmente en los árboles, alimentándose de sus frutos, y usaban las extremidades delanteras ya no para caminar, sino para agarrarse de las ramas, lo que posibilitó un mayor desarrollo de sus manos y, como consecuencia, del cerebro.

De este grupo de mamíferos surge la familia de los homínidos, hace unos 4 millones de años, apareciendo primero los llamados Australopithecus, luego el Pithecanthropus (homo erectus), y por último el Homo Sapiens, con sus variantes el hombre de Neanderthal y el de Cromagnon.

Cráneo de un gorila frente al de un hombre actual.

Los Australopithecus: entre el mono y el ser humano

Los homínidos más primitivos ya habían dejado los árboles como su hábitat preferido, y empezaban a caminar con las plantas de los pies y con las manos semi libres, hace aproximadamente 1 millón y medio a 2 millones de años (otros lo ubican entre los 2 y los 3 millones de años). Y aunque muchos científicos opinan que por esa época ya aprendieron a fabricar herramientas de formas muy rudimentarias, lo más seguro es que, al igual que sus parientes más cercanos, solamente usaban de manera directa tales instrumentos, tal como los encontraban en la naturaleza (piedras, palos o huesos).


EVOLUCIÓN DEL CRÁNEO HUMANO



La capacidad del cráneo de los Australopithecus, como se denomina a estos primates que oscilaban entre el mono y el ser humano, estaba entre los 500cc y los 600cc. Mientras un gorila tiene entre 450cc a 600cc, y un chimpancé entre 350cc a 500cc. Esto nos muestra una muy poca diferencia entre unos y otros, en cuanto al volumen de su masa encefálica, aunque eran primates que ya habían dejado de andar trepados en los árboles, permitiéndoles un mayor desarrollo de la mano, y, en consecuencia, también del cerebro.

Junto a los Australopithecus, y del mismo tronco común, aparece el homo habilis, hace aproximadamente 1’750.000 años, con un cráneo cuya capacidad llegaba ya a los 650cc, y del que desciende de manera directa el próximo eslabón en la formación del ser humano (hominización), el Pithecanthropus que veremos en el próximo título.

Estos primeros homínidos ya no se alimentaban sólo de los frutos de los árboles, sino que aprendieron también a ser carnívoros, siendo la cacería una de sus principales actividades. La variedad de esta dieta contribuyó también notablemente a su fortalecimiento físico, pero especialmente repercutió en el aceleramiento del desarrollo del cerebro.

Cabe indicar que para poder determinar las fechas, las costumbres y los utensilios que usaban estos homínidos, los investigadores se basan en los datos proporcionados por ciencias tales como la prehistoria, la antropología, la arqueología, entre otras, y por el estudio minucioso de aquellos restos fósiles dejados por estos seres primitivos y encontrados en excavaciones en diversos lugares del planeta.

El Pithecanthropus: más humano que mono

Mientras el Australopithecus era más mono que humano, los rasgos de esta nueva especie de homínidos que apareció hace unos 600.000 o 750.00 años, eran en cambio más de humanos que de mono. Andaban ya completamente erguidos, razón por la que se les empezó a llamar homo erectus, con una capacidad craneal que casi doblaba a los Australopithecus (tenía entre 900cc y 1.000cc).

Estos homínidos más evolucionados ya sabían encender y usar el fuego, aprendiendo a cocinar sus alimentos, reduciendo el proceso de la digestión, así como empezaron ya definitivamente a lascar y tallar piedras, huesos, cuernos y madera, en la fabricación de hachas, martillos, lascadores, y flechas.

Continuaban subsistiendo de la caza y la recolección de frutos, pero practicaban así mismo el canibalismo entre ellos, gustando mucho del cerebro de los muertos como su golosina preferida.

Se cree que usaban trampas para cazar animales muy fuertes y más poderosos que ellos, lo que suponía un nivel mínimo de organización social y, como consecuencia, la utilización de un lenguaje primitivo. Sin embargo, aún no practicaban ninguna clase de rituales religiosos, ni enterraban a sus muertos, y mucho menos todavía elaboraban algún tipo de arte, aspectos estos que forman parte ya de la cultura de los pueblos primitivos.

Entre los Pithecanthropus más evolucionados están los Sinanthropus, con una capacidad craneal que oscilaba entre los 1.000cc y los 1.100cc.

El análisis de la capacidad craneal de cada uno de las etapas de la hominización, nos van conduciendo de manera progresiva hasta el humano actual, que en algunos casos llega hasta los 1.800cc.

El homo sapiens: Neanderthal y Cromagnon

Hace aproximadamente unos 100 mil años apareció por fin un ser humano verdadero, cuya capacidad craneal oscilaba entre 1.300cc a 1.600cc (como vemos, un poco por encima de la capacidad media del humano actual que es de 1.200cc a 1.600cc), pero con un pobre desarrollo de las circunvoluciones de la corteza cerebral, y de su parte prefrontal y frontal.

Era el hombre de Neanderthal. Su técnica del tallado era mucho más perfecta que los anteriores homínidos. Enterraban a sus muertos y realizaban la cacería por medio de rituales religiosos. Se pintaban el cuerpo y usaban amuletos. Dominaban la preparación de pieles para cubrirse del frío y vivían en cuevas de manera permanente.

Las tumbas donde enterraban a sus muertos las preparaban con un lecho de piedras, y los cuerpos eran atados para que no puedan perseguir o causar algún daño a los vivos.

Junto al hombre de Neanderthal vivió también el hombre de Cromagnon, de quienes se cree que incluso cruzaron sus razas, pero que hace aproximadamente entre 70 ó 40 mil años desapareció el primero, quedando como único representante del homo sapiens el de Cromagnon, con una capacidad de su cráneo que llegó hasta los 1.750cc, aunque con circunvoluciones menos complejas que las del humano actual.

Este representante del último estadio evolutivo del ser humano, presentaba ya rasgos faciales bien delicados en comparación que los anteriores homínidos, como una bóveda craneana con una frente alta, en comparación a la frente un tanto aplastada del hombre de Neanderthal.

Cráneos de hombres prehistóricos.

Al hombre de Cromagnon se le denomina también homo sapiens sapiens, y con él aparece ya definitivamente el arte, así como la aguja para coser, el arpón, el arco y la flecha.

Entre las expresiones artísticas del Cromagnon, destacan especialmente pequeñas estatuillas como las llamadas Venus auriñacienses, y las pinturas tan famosas como las de Altamira en España.

Para concluir diremos que durante los 30 ó 40 mil años posteriores al surgimiento del Cromagnon, el cerebro humano no ha sufrido cambios importantes en su estructura, y aunque apenas son unos pocos miles de años, en comparación a los 40 millones desde que aparecieron los primates y 4 millones desde los primeros homínidos, algunos biólogos creen que la parte prefrontal y frontal del córtex, continúan presionando sobre el cráneo humano con la firme intención de expandirse aún más.

Sin embargo, hay un hecho que, independientemente de esa posible expansión del córtex, deja en evidencia el abismo que separa al humano primitivo del humano del siglo XXI: su extraordinario desarrollo cultural.

Pareciera ser que la evolución biológica del cerebro cediera paso a la evolución del pensamiento, y con él al desarrollo de la ciencia y la tecnología. A tal punto que con la misma estructura, y la misma cantidad de masa encefálica, el humano ha evolucionado con extraordinaria rapidez, desde la fabricación de las primeras piedras talladas, hasta los viajes interplanetarios y la manipulación genética, encontrándose incluso a un paso de descubrir los secretos de la vida y el cosmos.



EL PAPEL DEL TRABAJO EN LA TRANSFORMACIÓN DEL MONO EN HOMBRE

(Fragmento)

El trabajo es, dicen lo economistas, la fuente de toda riqueza. Y lo es en efecto, a la par con la naturaleza, que se encarga de suministrarle la materia destinada a ser convertida en riqueza por el trabajo. Pero es infinitamente más que eso. El trabajo es la primera condición fundamental de toda la vida humana, hasta tal punto que, en cierto sentido, deberíamos decir que el hombre mismo ha sido creado por él.

Hace varios cientos de miles de años, en una fase que aún no puede determinarse con certeza de aquel periodo de la tierra a que los geólogos dan el nombre de periodo terciario, presumiblemente hacia el final de él, vivió en alguna parte de la zona cálida de nuestro planeta –probablemente en un gran continente, ahora sepultado en el fondo del Océano Índico- un género de monos antropoides muy altamente desarrollados. Darwin nos ha trazado una descripción aproximada de estos antepasados nuestros. Eran seres cubiertos de pelambre, con barba y orejas puntiagudas, que vivían en hordas, subidos a los árboles.

Estos monos, obligados probablemente al principio por su género de vida, que, al trepar, asignaba a las manos distinta función que a los pies, fueron perdiendo, al encontrarse sobre el suelo, la costumbre de servirse de las extremidades superiores para andar y marchando en posición cada vez más erecta. Se había dado, con ello, el paso decisivo para la transformación del mono en hombre.

Todos los monos antropoides que hoy conocemos pueden mantenerse erectos y desplazarse pisando exclusivamente sobre los dos pies. Pero siempre en caso de extrema necesidad y del modo más torpe. Su manera natural de andar es la posición semierecta, utilizando también las manos. La mayoría de ellos apoyan sobre el suelo los nudillos de la mano, haciendo oscilar el cuerpo con las piernas encorvadas entre los largos brazos, como el tullido que camina sobre muletas. En términos generales, todavía hoy podemos observar entre los monos todas las fases de transición que van desde la locomoción a cuatro patas hasta la marcha sobre los dos pies. Pero en ninguno de ellos ha llegado a ser esta última manera de andar más que un recurso utilizado en caso de extrema necesidad.

Para que la marcha erecta, en nuestros peludos antepasados, se convirtiera primeramente en regla y, andando el tiempo, en necesidad, hubieron de asignarse a las manos, entretanto, funciones cada vez más amplias. También entre los monos se impone ya una cierta división en cuanto al empleo de la mano y el pie. Ya hemos dicho que la primera funciona, al trepar, de distinto modo que el segundo. La mano sirve, preferentemente, para arrancar y agarrar el alimento, función para la cual ya los mamíferos inferiores se sirven de las patas delanteras. Con ayuda de la mano construyen algunos monos nidos en los árboles e incluso, como el chimpancé, techos entre las ramas para guarecerse de la lluvia. Con ella empuñan el garrote para defenderse contra los enemigos o bombardean a éstos con frutos y piedras. Y de ella se sirven, cuando el hombre los aprisiona, para ejecutar una serie de operaciones simples, aprendidas de él. Pero precisamente al llegar aquí se ve cuán grande es la distancia que media entre la mano incipiente del mono más semejante al hombre y la mano humana, altamente desarrollada gracias al trabajo ejecutado a lo largo de miles de siglos. El número y la disposición general de los huesos y los músculos son sobre poco más o menos los mismos en una y otra; pero la mano del salvaje más rudimentario puede ejecutar cientos de operaciones que a la mano de un mono le está vedado imitar. Ninguna mano de simio ha producido jamás ni la más tosca herramienta.
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