Las civilizaciones del asia oriental






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títuloLas civilizaciones del asia oriental
fecha de publicación24.09.2015
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INSTITUCIÓN EDUCATIVA

MARIA AUXILIADORA

FILOSOFÍA DÉCIMO

DEL MITO AL LÓGOS

LAS CIVILIZACIONES DEL ASIA ORIENTAL
La civilización india
Una gran civilización que ha perdurado a través de los siglos. La civilización india es una de las grandes civilizaciones de la historia universal. Sus orígenes se remontan a los mismos tiempos en que se formaron las de Egipto y Mesopotamia. Al igual que éstas, nació en un fértil valle fluvial. Pero mientras que las antiguas civilizaciones de los valles del Nilo, del Eufrates y del Tigris, después de milenaria existencia, finalmente declinaron y se extinguieron, la civilización de la India se ha mantenido viva hasta nuestros días. Ciertamente, también en la India se han producido grandes cambios. Han surgido y han caído reinos e imperios. Diferentes pueblos se han turnado en el dominio. Sin embargo, muchos elementos de las creencias, estructuras y mentalidades que se formaron en los albores de esta civilización se han mantenido a través de los tiempos. El apego a la tradición constituye un rasgo decisivo de la civilización india. Para el indio, lo absoluto y lo eterno han sido más importantes que las vicisitudes cambiantes y pasajeras de los tiempos.

La primera civilización superior en la India nació en el valle del Indo. Las excavaciones arqueológicas que se iniciaron hacia el año 1920 han demostrado que la primera civilización superior que se formó en la India nació a mediados del tercer milenio antes de Cristo en el valle del Indo. En un lugar que actualmente se llama Mo-henjo - Daro, "el lugar de la muerte", se descubrieron las ruinas de una ciudad que tenía amplias calles, un área comercial e industrial y casas construidas de adobes. Sus habitantes vivían principalmente de la agricultura que practicaban en los fértiles campos a orillas del Indo. También producían cerámica y tejidos de algodón y mantenían un activo comercio con otras ciudades. Los arqueólogos han descubierto los restos de más de sesenta ciudades.

A comienzos del segundo milenio antes de Cristo surgió en el sur de la India un segundo centro cultural. Sus creadores fueron los dravidas. Estos eran bajos y de piel obscura. Puede ser que ellos hayan recibido la influencia de la civilización de Mohenjo - Daro. Sin embargo, nada concreto se sabe al respecto, ya que la prehistoria de la India sigue siendo una gran incógnita. Hacia el 1500 a.C. la civilización de Mohenjo -Daro se extinguió súbitamente. En medio de las ruinas de Mohenjo - Daro se han encontrado pilas de esqueletos, como si los hombres hubiesen buscado refugio ante alguna amenaza. ¿Se produjo alguna catástrofe natural? ¿Fueron los hombres muertos por invasores extranjeros? No se ha conservado ninguna noticia. Pero parece que los dioses adorados por los habitantes de Mohenjo-Daro sobrevivieron y reaparecieron bajo nueva forma en las creencias religiosas de los siglos siguientes.

La invasión de los indo-arios. Hacia el 1500 a.C. los indo-arios, pertenecientes al grupo de los pueblos indoeuropeos, se separaron de los iranios, avanzaron desde el Irán hacia el este, descendieron por el valle de Kabul y extendieron su dominio sobre el valle del Indo. Ellos vencieron a los habitantes aborígenes y mataron a muchos o los hicieron esclavos. Los que se salvaron huyeron hacia el sur de la India.

La aparición de los indo-arios marcó el comienzo de la civilización védica que se extendió desde el 1500 hasta el 900 a.C. y que recibió su nombre de los Vedas, colección de himnos religiosos que constituye la obra literaria más antigua de la India.

Los arios, al llegar a la India, eran guerreros se-minómades que vivían principalmente de su ganado. Una vez establecidos en las fértiles llanuras del Indo, se hicieron sedentarios. La agricultura se convirtió en la base de su existencia económica. Su vida se concentró en las aldeas rurales, las que desde entonces han sido el núcleo fundamental de la sociedad y de la civilización de la India.

Los primeros invasores se vieron reforzados por nuevas oleadas de tribus indo-arias. Las distintas tribus se unieron bajo reyes o rajas que actuaron como jefes militares y sacerdotes.

A la Edad Védica siguió la Edad Épica que se extendió entre 900 y 500 a.C. Durante esta época los indo-arios avanzaron hacia el este y el sur y extendieron su dominio sobre los valles de los ríos Ganges y Yumma. Las montañas del centro de la India detuvieron su avance hacia el sur donde se mantuvieron los dravidas como pueblos independientes, conservando sus lenguas y sus tradiciones.

Economía, sociedad y cultura de los indo-arios. Durante la Edad Épica la mayor parte de la población siguió viviendo en el campo y en las aldeas rurales. Pero también se formaron ciudades en las cuales residían los rajas y donde se concentraron las actividades comerciales e industriales. Las ciudades estaban rodeadas de muros y fosos. En el interior se levantaban la mansión del rey, los edificios del culto, las lujosas mansiones de los nobles y las humildes casas de barro y de bambú de los comunes.

La base de la economía siguió siendo la agricultura, la ganadería, la pesca y la caza. Se practicaba la caza mayor: elefantes, leones y tigres. El elefante fue domesticado y se convirtió en auxiliar insustituible para todos los trabajos pesados. El caballo y el buey fueron usados como animales de tiro para el transporte y las faenas agrícolas. El perro era utilizado para la caza y para resguardar los rebaños. Se aprovechaba la leche de las vacas, ovejas y cabras. La vaca era un animal muy respetado. Estaba prohibido matarla y comer su carne.

Para regar los campos de cultivo se construyeron canales de regadío. Se labraba la tierra con un arado sencillo tirado por bueyes o carneros. Se cultivaban el trigo, la cebada, la caña de azúcar, el arroz y el algodón.

Con el tiempo se desarrolló un intensivo intercambio comercial. Se construyeron caminos que unieron las ciudades y se levantaron albergues para hospedar a los viajeros. Los comerciantes solían unirse en caravanas. Ofrecían sus mercaderías en los bazares de las ciudades: sedas, brocados, especias, perfumes, drogas, joyas y armas.

En un comienzo el comercio se basó en el trueque. Como referencia servía el valor de una vaca. Un hombre, para casarse, pagaba por su novia una determinada cantidad de vacas. Entre las familias ricas de la nobleza el precio de una novia podía ascender a cien vacas. Posteriormente, el trueque fue reemplazado por el pago con dinero y se acuñaron monedas de oro y de plata.

Temprano surgió una rica industria artesanal y se formaron oficios especializados. Los artesanos supieron trabajar muy bien el cobre, el bronce, la plata, el oro, el marfil y las piedras preciosas. Los artesanos se organizaron en corporaciones. Los oficios de mayor prestigio fueron los de los barberos, los astrólogos y los sacerdotes, los cuales debían ser consultados para todos los asuntos importantes de la vida. De gran popularidad gozaban los oficios que servían a la diversión: bailarines, acróbatas, tamborileros, flautistas, encantadores de serpientes, actores y narradores de cuentos.

En aquellos lejanos siglos quedaron establecidas tradiciones que se mantendrían casi sin variación a través de los tiempos.

Los arios, que eran altos y de cutis blanco, despreciaron a los dravidas, que eran de estatura baja y de piel obscura. Con el fin de impedir la mezcla, los arios prohibieron el matrimonio o una asociación más estrecha con los dravidas. La discriminación dio origen a un sistema que estableció claras distinciones entre los diversos grupos sociales.

La pirámide social estaba encabezada por los brahmanes, los "hombres de lo sagrado", que podían dedicarse a distintas actividades económicas, pero cuya función fundamental era de carácter religioso. Ellos debían recitar las oraciones, celebrar los ritos, dirigir el culto, celebrar los sacrificios, consultar a las divinidades, hacer los horóscopos y presentar las ofrendas a los dioses. Los brahmanes alcanzaron un gran prestigio, poder y riqueza, ya que su asistencia era indispensable. Todo acto importante de la vida privada o pública estaba siempre acompañado de algún rito o sacrificio que requerían de la presencia de los brahmanes.

El segundo lugar estaba ocupado por los kshatriyas, los nobles guerreros, que eran los dueños de las tierras más importantes y que se ocupaban de la administración y de la guerra.

Seguían los váidas, los "hombres libres", que se dedicaban al cultivo, al comercio y a la industria. Si bien eran considerados como hombres libres, debían servir de granjeros a los kshatriyas, debían acompañar a éstos en las guerras y debían pagar contribuciones.

El grupo social más bajo estaba formado por los sudras o siervos, los descendientes de los aborígenes derrotados, los individuos condenados por deudas y crímenes graves y los prisioneros de la guerra.

En un comienzo las barreras entre estos grupos no fueron rígidas. Los brahmanes y kshatriyas podían tomar por esposas a mujeres de los grupos inferiores y un sudra que se enriquecía gracias a su trabajo podía librarse de la servidumbre. Sin embargo, en el curso del tiempo, los grupos sociales se convirtieron en casias hereditarias, cada una separada de las demás por rígidas barreras. Dentro de cada una de las cuatro castas principales se formaron cientos de subcastas. Apareció una quinta casta, la casta de los sin casta, la casta de los parias o intocables. Estos eran considerados impuros. El contacto con ellos y aun con su sola sombra contaminaba. El que, por infortunio, era tocado por un intocable debía someterse a complicados ritos de purificación. Un brahmán debía frotar su cuerpo con polvo de guano de vacuno para recuperar su pureza.

Cada casta y subcasta tenían sus propias leyes y costumbres por las cuales se regía la vida entera. Cada casta tenía sus propios ritos de culto, sus ceremonias, su modo de celebrar el matrimonio, sus principios de educación, sus formas de preparar y de servirse la comida. Cada uno debía casarse con un miembro de la propia casta. Nadie debía probar comida preparada por un miembro de otra casta. Cada uno permanecía toda su vida dentro de la casta a la cual pertenecía por su nacimiento. Ningún esfuerzo, ningún mérito personal permitía ascender en vida de una casta inferior a una casta superior.

El sistema de castas, rígido e inflexible, confirió una gran estabilidad a las estructuras sociales de la India, pero perpetuó la división de la sociedad y restó dinamismo al desarrollo. Recién en el siglo XX, Ma-hatma Gandhi, el padre de la India moderna, redimió a los intocables del estigma que los marcaba. La República de la India, después de haberse librado del dominio colonial británico, abolió el sistema de castas.

Los indo-arios impusieron su idioma, el sánscrito, en todo el norte de la India, mientras que en el sur se mantuvieron los idiomas y dialectos de origen dra-vida. Las primeras obras literarias en sánscrito fueron los Vedas, entre los cuales se destacó como el más importante el Rig-Veda, el "Himno del Conocimiento Sagrado". Contiene 1.028 himnos en alabanza a los dioses. Durante largo tiempo estos himnos fueron transmitidos por la vía oral de generación en generación. Se cuenta que hubo brahmanes que sabían recitar de memoria más de 100.000 versos. Finalmente, los himnos fueron redactados por escrito. Los sabios formularon largos comentarios sobre los Vedas, las Upa-nishad, con hondas reflexiones sobre el origen del universo y del hombre.

Durante la Edad Épica fueron compuestos dos grandes poemas, el Mahabarata y el Ramayana que cantan las épicas hazañas de los héroes indo-arios. ElMfl-habarata ensalza, al igual que la Ilíada de Homero, las gloriosas hazañas de heroicos guerreros. En su composición intervinieron numerosos poetas anónimos. El Ramayana, que parece ser obra de un solo autor, el sabio poeta Valmiki, narra las desgracias y los triunfos del joven rey Rama y de su hermosa mujer Sita. Rama rescata, con la ayuda del dios-mono Hanumán, a Sita que ha sido raptada por Ravana, demonio maléfico. Rama y Sita han constituido, a través de los siglos, arquetipos ideales que encarnan al hombre valiente y justo y a la mujer virtuosa. Hanumán es una de las divinidades más populares del hinduismo.

El hinduismo se remonta a los antiguos tiempos védicos y, quizás, a los tiempos anteriores a la llegada de los arios. A diferencia del Islam o del budismo, el hinduismo no fue creado por una persona determinada, sino que fue el resultado de un largo proceso en el curso del cual se mezclaron los más diversos elementos. Es una religión politeísta con una inmensa variedad de dioses, espíritus, ídolos y fetiches. No se basa en un dogma único, ni cuenta con una organización centralizada común. Existen los más variados cultos regionales y locales. Los mismos dioses existen bajo nombres diferentes y son representados de distinta manera. La misma persona puede venerar a distintos dioses. Se mezclan la más alta especulación metafísica y los más primitivos sacrificios rituales.

Según el hinduismo existe un alma universal, Brahm, que confiere su unidad al universo y que está presente en todas las cosas y en todos los seres. Se encarna en los dioses a cuya cabeza figura Indra que en los Vedas aparece como el dios supremo. Al igual que el Zeus griego y el Júpiter romano, Indra gobierna en el cielo y en la tierra. El arroja el rayo, su arma infalible. Con el tiempo se acentuó la importancia de una tríada de dioses, Trimurti, formada por Brahma, el creador, Siva, el destructor, y Vishna, el mantenedor. Pero el panteón hinduista se compone además de un sinnúmero de otros dioses que se manifiestan en las formas más variadas: el dios-mono Hanumán, representado con figura de mono y adorado ante todo en las aldeas rurales; Ganesha, el dios-elefante, representado con cuerpo humano y cabeza de elefante, un dios de la sabiduría, al cual acuden con preferencia los estudiantes mientras se preparan para sus exámenes; hay dioses que se encarnan en un caballo o en un carnero. Las vacas, los monos, las serpientes son animales sagrados. El universo entero es dios, es Brahm.

Los hindúes erigieron para sus dioses grandiosos templos, adornados con un sinnúmero de figuras y relieves policromados que representan a los dioses y escenas de la vida de éstos. Al interior se encuentran las representaciones de las divinidades frente a las cuales los fieles rezan sus oraciones y depositan sus ofrendas. En cada casa existe un lugar sagrado con la imagen de algún dios. Allí el jefe de familia, rodeado de los suyos, honra a la divinidad, implora su „ ayuda y le entrega sus ofrendas: flores, frutas, obras de artesanía. Brahm, el alma universal, está presente también en el alma individual o atmán. Hay identidad entre el Yo y el universo. Sin embargo, en la existencia terrenal el alma personal está encerrada dentro de su cuerpo material y, por tanto, se encuentra separada del alma universal. El máximo anhelo y la tarea propia del hombre en su vida terrena consisten en alcanzar la fusión con el alma universal. Para lograr este fin el hombre debe esforzarse por cumplir plenamente con sukarma, la ley de su existencia. El alma individual se puede escapar de los males y sufrimientos de este mundo a través de sucesivas reencarnaciones. Según la doctrina hindú de la transmigración de las almas, el alma se encarna de nuevo después de que muera el cuerpo. Según la manera en que cada uno ha cumplido con su karma, el alma puede descender o ascender. El alma de quien no se ha perfeccionado se reencarna en un ser inferior: puede renacer como miembro de una casta inferior y aun puede reencarnarse en un animal, un ratón, una rana o un lagarto. En cambio, el alma de quien se ha perfeccionado y purificado mediante el estricto cumplimiento de las leyes espirituales y morales del hinduismo, renace como miembro de una casta superior. A través de sucesivas reencarnaciones puede ascender a la casta más alta y renacer como brahmán. Si en nuevas reencarnaciones como brahmán el alma alcanza la máxima perfección y santidad, se identifica con el alma universal y no regresa a la Tierra. Se ha cumplido definitivamente su karma y por eso queda liberado de él. Se ha producido la identificación del Yo con el universo.

La religión hindú es profundamente contemplativa. Mediante la contemplación, la mortificación del cuerpo y una rigurosa vida ascética, el santo hindú se eleva por encima del mundo con sus tentaciones y sus sufrimientos y procura identificarse con el alma del universo.

A través de los siglos, millones de piadosos peregrinos se han dirigido a Benares para sumergirse en las aguas sagradas del río Ganges y realizar allá sus oraciones y abluciones con el fin de purificar su cuerpo y su alma. Millones de enfermos y ancianos han pasado sus últimos días en Benares, ya que el que muere a orillas del río sagrado puede tener la esperanza de que su alma sea recibida inmediatamente en el seno de Brahm.

Los hindúes creman a sus muertos con el fin de que el cuerpo físico quede reducido a cenizas y de que el alma quede liberada para nuevas reencarnaciones.

Gautama Buda y el budismo. Con el tiempo el sistema de castas se tornó cada vez más rígido. Al mismo tiempo el hinduismo perdió su fuerza espiritual y cayó en un ritualismo meramente formal. Los brahmanes y kshatriyas se hicieron odiosos por su orgullo y su prepotencia. Contra ellos surgieron críticas y protestas. Hacia el año 500 a.C. levantó su voz Gautama Buda, quien enseñó una nueva doctrina religiosa.

Gautama (563-483 a.C.) fue hijo de un rey cuyos dominios se encontraban en el noroeste de la India, al pie de los montes Himalaya. A la edad de veintinueve años Gautama abandonó a su mujer y a su hijo y renunció a todos los placeres de la vida con el fin de encontrar una respuesta a la angustiosa pregunta: ¿por qué sufren los hombres? Un día, sentado bajo un árbol sagrado y dedicado a la meditación, sintió que la verdad había descendido sobre él. Luego empezó a recorrer las tierras de la India con el fin de enseñar una nueva doctrina. Los que lo escucharon y lo siguieron lo llamaron Buda, esto es, "el que ha despertado". Buda resumió su doctrina en Cuatro Nobles Verdades:

1. La vida humana, desde el nacimiento hasta la vejez y la muerte, es permanente sufrimiento y dolor; 2. El sufrimiento tiene su origen en el ansia de vivir y de gozar; 3. Se puede dejar de sufrir superando el deseo de vivir y suprimiendo los apetitos y las pasiones; 4. Con el fin de encontrar la paz del alma, hay que avanzar por el camino óctuple: la recta creencia, la recta intención, el recto hablar, la recta acción, el recto modo de vivir, el recto esfuerzo, el recto pensamiento y la recta meditación.

Avanzando por estos ocho senderos el hombre logra vencer el odio mediante el amor, y la mentira mediante la verdad, y aprende a practicar la caridad y la compasión frente a los hombres, los animales y las plantas.

El hombre que logra reprimir el ansia de vivir puede redimirse del sufrimiento y puede librarse del proceso transmigratorio con sus reencarnaciones, sus sucesivos renacimientos y su eterna repetición de dolor y muerte. El alma redimida ingresa a la Nada, la Nirvana, y allí se extingue encontrando la paz perfecta.

Buda aceptó las ideas hinduistas de la transmigración de las almas y de la existencia del Karma o destino al que el individuo está sometido, pero insistió en que el hombre se libera del Karma y del sufrimiento, no mediante el cumplimiento de un ritual, sino mediante la práctica de la virtud. Cada uno es responsable de su destino.

El mensaje de Buda estuvo dirigido a todos los hombres por igual y significó, por tanto, la negación de los principios fundamentales en que se basaban las castas de la sociedad brahmánica. Implicaba una revolución social.

En tiempos de Buda su doctrina se difundió por todo el norte y el centro de la India, siendo aceptada ante todo por los miembros de las castas inferiores. Buda fundó numerosos monasterios que se convirtieron en centros de la meditación y de la enseñanza.

El budismo original fue una religión muy peculiar, porque fue una religión sin dios, un ateísmo perfecto. Para Buda, la Nada lo era todo. Consecuentemente, el budismo originalmente no tuvo templos ni ceremonias. Sin embargo, a la postre la masa de los fieles no se pudo contentar con una religión puramente abstracta y acabó por divinizar al mismo Buda. Buda, llevado por su inmenso amor hacia los hombres, renunció a extinguirse en la Nada y optó por ayudar desde lo alto a los hombres en su esfuerzo por redimirse del sufrimiento y del dolor.

Asoka crea un gran imperio budista (siglo III a.C). Algún tiempo después de la Edad Épica, India sufrió una nueva invasión proveniente desde el noroeste. En el año 326 a.C. Alejandro Magno, después de haber triunfado sobre el rey persa, descendió al valle del Indo con el fin de incorporar los territorios de la India a su imperio universal. Logró vencer un ejército indio, pero sus soldados se negaron a seguir avanzando, de modo que él se vio obligado a regresar al Irán.

Poco tiempo después, en el año 321 a.C, un joven indio llamado Chandragupta Maurya se erigió en rey y estableció su capital en Pataliputra. Por medio de exitosas campañas logró extender su dominio sobre todo el norte de la India. Chandragupta fue el fundador de la dinastía Maurya que se mantuvo en el poder hasta el año 184 a.C.

El miembro más destacado de la dinastía Maurya fue el rey Asoka quien ascendió al trono en el año 273 a.C. Asoka continuó la política de expansión de sus antecesores y dirigió varias campañas militares, como resultado de las cuales extendió su dominio sobre la mayor parte del subcontinente. Sin embargo, los horrores de la guerra le causaron tan profunda aversión a la acción militar que juró no volver a empuñar jamás las armas. Se convirtió al budismo e hizo del mandamiento del amor de Buda la norma suprema de su acción como gobernante, concentrando todos sus esfuerzos en fomentar la paz y la justicia. Asoka enseñó a sus subditos, mediante el ejemplo y la palabra, a ser veraces, generosos y bondadosos. Mandó esculpir la figura de Buda y acciones de su vida en esculturas y relieves. En numerosos lugares públicos hizo elevar columnas de piedra en que estaban grabadas las enseñanzas de Buda. En memoria de los santos budistas hizo levantar grandes construcciones cupulares, las estupas, algunas de las cuales se conservan hasta hoy en día. Construyó numerosos monasterios. En conformidad con la doctrina budista de la no-violencia abolió los sacrificios de los animales en los cultos religiosos y prohibió comer la carne vacuna, fomentando la vida vegetariana. El rey construyó canales de riego, caminos y albergues para los viajeros, mejoró los servicios de salud y reformó la justicia penal, aboliendo los castigos más crueles que se venían aplicando desde tiempos inmemoriales.

Asoka envió misioneros budistas a Birmania, Siam, Tibet e Indochina. Uno de sus hijos que se hizo monje introdujo el budismo en Ceilán. El budismo se difundió por una gran parte del Asia oriental.

El emperador Asoka, una de las grandes figuras de la historia universal, dio a la India paz, justicia y bienestar. Sin embargo, después de su muerte, en el año 232 a.C, su reino empezó a decaer. El último rey de la dinastía Maurya fue asesinado en el año 184 a.C. La India cayó víctima de luchas internas y de nuevas invasiones extranjeras.

Tiempos de inestabilidad (siglos a.C.-IV d.C.) Siguió un largo tiempo de inestabilidad. El helenismo penetró en el noroeste de la India. Bajo su influencia floreció el espléndido arte de Gándara en que se mezclaron elementos griegos y orientales. El budismo se dividió en distintas escuelas y casi se extinguió en la India, pero se extendió victoriosamente hasta la China y el Japón. El budismo tradicional, llamado hinayana, prevaleció en Birmania, Siam, Malaya y Ceilán. El budismo mahayana, que se caracterizaba por la creencia en numerosas divinidades menores, los bodhisattvas, que ayudan al hombre a alcanzar el nirvana, se impuso en Tibet, Mongolia, China y Japón. El debilitamiento del budismo en la India coincidió con una vigorosa reacción del hinduismo, el cual volvió a imponerse ampliamente. Al mismo tiempo quedó restaurado completamente el sistema de castas.

Un nuevo apogeo: el imperio Gupta (siglos IV-VI d.C.). La dinastía Gupta gobernó entre los años 320 y 535 d.C. Su primer rey que provino, al igual que los Maurya, del noroeste de la India, logró extender su dominio sobre todo el valle del Ganges. El imperio Gupta alcanzó su mayor apogeo y su mayor extensión entre 380 y 443 d.C. durante el reinado de Chandragupta II.

Los reyes de esta dinastía gobernaron con poderes absolutos, pero fueron justos y magnánimos. Dispusieron de cuantiosos recursos provenientes de las minas y las tierras reales, de las contribuciones que pagaban los comerciantes, los artesanos y los campesinos y de los derechos portuarios. Las actividades económicas florecieron y hubo un general bienestar del cual participaron todas las clases sociales.

Durante el reinado de los Gupta se volvió a imponer ampliamente el hinduismo y se consolidó el sistema de castas, mientras que el budismo se extinguió casi completamente en la India. El hinduismo había echado raíces demasiado profundas y el pueblo sintió la religión hindú como la religión más propia y la expresión más auténtica del ser de la India. Los reyes Gupta y los brahmanes se apoyaron mutuamente.

El bienestar material estuvo acompañado de un general florecimiento de las ciencias, letras y artes. Los matemáticos y astrónomos Aryabatha y Varahami-dira elevaron sus ciencias a niveles desconocidos en el resto del mundo. Aryabatha discutió en versos el valor de pi. Los hombres de ciencia indios afirmaron que la tierra tenía forma de esfera, midieron la rotación, calcularon el diámetro de la luna y especularon sobre la ley de gravedad. Ellos fueron los primeros —juntos con los mayas de Yucatán— en usar el número cero, ellos crearon el sistema decimal y desarrollaron los símbolos de los números que posteriormente fueron dados a conocer en Europa por comerciantes árabes, por lo cual fueron llamados números arábigos, a diferencia de los números romanos. Los médicos indios supieron realizar complicadas operaciones de cirugía y sabían esterilizar las heridas. El acero producido por los artesanos era el mejor que había entonces en el mundo. Los tejidos de algodón y de seda eran de gran calidad y belleza.

Kalidasa, el más grande poeta de la época clásica de la literatura sánscrita, escribió poesías líricas, varios poemas y algunas piezas dramáticas, entre las cuales se destaca la obra Shakuntala, que tiene por trama el amor y el matrimonio del rey Dushyanta y la doncella plebeya Shakuntala. En aquel tiempo nació el cuento de Simbad el Marino que, posteriormente, quedó incluido en los Cuentos de Mil y Una Noches. Los escultores y pintores del período Gupta se libraron de la influencia helenista y crearon un arte genuinamente hindú, basado fundamentalmente en las tradiciones del hinduismo con su infinidad de divinidades.

Breve historia universal

Ricardo Krebs

Taller de lectura:

  1. Realice el glosario de los términos desconocidos.

  2. En un cuadro caracterice las tres civilizaciones que ocuparon la península del Indostán.

  3. ¿Cuáles son las características económicas, sociales, culturales, políticas y religiosas de los vedas?

  4. Realice un árbol genealógico de los dioses hindúes.

  5. ¿Cuál es la influencia del Budismo en la sociedad y en la religión Hinduista?

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