Movido por el Mar: el papel del mar en la poesía de Vicente Aleixandre






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Casey VanTassell

05/11/2012

Mary S. Vásquez

SPA 350

Movido por el Mar: el papel del mar en la poesía de Vicente Aleixandre

Para siempre, la humanidad ha tenido una fascinación por el mar. Hay algo en el, con su olor y él ruido rítmico de las olas, que tiene el poder de despertar emociones en nosotros. Es fascinante de ver, siempre en movimiento, reflejando el cielo. Mirando hacia el horizonte, su inmensidad y profundidad son magníficas y nos hacen pensar en la falta de límites de eternidad, espacio, y dentro de nuestras propias psiques. A veces es pacífica, pero otras veces es cruel e implacable en su poder ilimitado. Nadie sabe qué tipos de vida contiene o qué otros secretos esconde. Su influencia en la vida humana ha sido incalculable, probando nuestros poderes humanos. Su fuerza es manifiesta en edades de literatura, especialmente en poesía. Para el poeta Vicente Aleixandre, la atracción del mar era ineludible y su imagen ocurre una y otra vez en su obra.

Aleixandre nació en Sevilla en 1898, pero pasa su infancia en Málaga, donde el Mar Mediterráneo y la luz hermosa fueron imprimidos en su conciencia. Era una ciudad a la que el poeta llama en su obra "el Paraíso". En 1909, la familia Aleixandre se instaló en Madrid, donde el futuro poeta cursó el bachillerato. Cuando tenía dieciocho años, viviendo en un pueblo en la Sierra de Ávila, se hizo amigo del poeta Dámaso Alonso, quien le prestó un libro de poesía de Rubén Darío. En este libro, descubrió su amor por la poesía, que se convirtió en la pasión de su vida. Gracias a los consejos de Dámaso, empezó a leer a los grandes poetas del pasado reciente, como el romántico Gustavo Adolfo Bécquer y el modernista Rubén Darío; pero también a otros autores extranjeros de gran renombre, como los simbolistas franceses. Sintió, a partir de entonces, la necesidad de escribir poesía.

Poco después, se enfermó y lo forzó a retirarse al campo por dos años. Su vida enfermiza marca indeleblemente sus poemas, “cantos desesperados de amor insatisfecho…poesía de un hombre acostado que ve pasar por los cielos las fantasmagorías de su imaginación” (Aub). En 1932, sufrió una nueva enfermedad que era casi fatal. Padeció una tuberculosis y en 1932 se le tiene que extirpar un riñón y pasó un largo período de convalecencia, enferma y sola (Schwartz 220). A escribir poesía era su escape de su realidad, pero en sus días de soledad y meditación tenía una conciencia aguda de las asociaciones entre vida y muerte, placer y dolor, y deseo y miedo.

Desde el principio, su poesía fue marcada por influencias indelebles. Imágenes de la naturaleza aparece como poesía Romántica, y el deseo de integrarse con el medio ambiente para lograr unidad del mundo sugiere un tipo de panteísmo místico. Para obtener esta fusión con la gran fuerza cósmica, sin embargo, la destrucción del individuo es necesaria. En esta destrucción o muerte, Aleixandre cree que hombre puede trascender la vida humana, una vida que es solamente imperfección, dolor y angustia. En esta manera, su poesía es casi existencialismo y pesimista. Como miembro de la Generación de 1927, surrealismo era un movimiento dominante. A pesar de Aleixandre no se consideraba una ortodoxa surrealista, él reconoció la influencia surrealista en su propia poesía, diciendo “siempre he escrito mis versos con la conciencia creadora de que lo hacia, aunque es cierto que me contagie de algunas técnicas surrealistas, sobre todo por el gusto de la poesía onírica” (García Díaz 10). Aunque su poesía tiene presencia surrealista, figurando imágenes surrealistas y asociaciones freudianas del subconsciente, no es consideraba “escritura automática.”

Sus primeras obras, Ámbito (1928), Espadas como labios (1932) y Pasión de la tierra (1928-29), desarrollan progresivamente su cosmovisión. Él se separó de la llamada poesía pura y adoptó la experiencia “renovadora” del surrealismo, con una visión panteísta de la naturaleza y un erotismo romántico. Aleixandre asimiló tan bien las técnicas y el estilo propios del surrealismo que, según muchos críticos, fue el principal poeta surrealista español. Esta misma línea sigue La destrucción o el amor (1935), que mereció el Primer Premio Nacional de Literatura (Bousoño 49). También fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1977 para la totalidad de su obra.

La destrucción o el amor es la culminación del cosmovisión del Aleixandre, “señala el punto apical de ese impulso hacia la totalidad que, desde sus inicios mismos, había marcado los rumbos poéticos aleixandrinos” (Jiménez 45). Su clave es “solidaridad amorosa del poeta, del hombre, con todo lo creado” (Bousoño 49). La naturaleza es a la vez destruida y ha creado en un universo misterioso. El amor humano es fugaz y sólo una fusión final con la tierra será un amor satisfactorio. Pero solamente puede obtener el amor por destruirse a sí mismos.

La imagen del mar aparece en numerosas ocasiones en La destrucción o el amor. Manuel Duran sugiere que el mar en la poesía aleixandrina es “a la vez atractivo y feroz,” y que el poeta va “al mar a morir, o quizá a renacer una vez mas” (Reynolds 157). Según Bourne, “to long for death in the sea is to love in such a way that a new sense of life is revealed” (Reynolds 157). A través de un análisis de varios poemas de esta obra, voy a demostrar el papel del mar en la poesía de Aleixandre y cómo el mar participa en el desarrollo de su literaria visión del mundo.

“LA SELVA Y EL MAR”

En “La selva y el mar,” el hablante poético está en un densa selva llena de vegetación y animales salvajes. Los animales son amenazando, “el tigre,” el “león cazador,” “la cobra,” y “el pequeño escorpión” se arrastran alrededor de él. El paisaje es una representación de su psique, y busca a encontrarse sí mismo entre sus laberínticos. Los animales representan un tipo de amor, pero es erótica y destructiva, para que la psicosexual vida interior del hombre está conceptualizada bajo la apariencia de un vasto paisaje (Murphy 159). Las bestias con sus espadas, colmillos y los dientes-- instrumentos de la muerte-- que representan el amor en busca de placer que el título de la obra equivale con la destrucción. Pero él no puede determinar si son buenos o malos, “no se sabe si es el amor o el odio.” A través del poema, el hablante poético lucha dentro de sí mismo sobre si va a entregarse a estas fuerzas sexuales o si va reprimir a los impulsos animales y socialmente inaceptables. Él tiene éxito en tomar control de su mente por enfocando su imaginación en la forma ideal de amor, adecuado y puro. Lo deja el “sordo rumor de fieras solitarias” por debajo cuando su psique, representado por el “pájaro de la dicha,” echa a volar en las alas de la imaginación y “inventa los ramajes mas altos,” una visión del amor de “esperanza siempre verde.” Pero contra el telón de fondo de este escape de la selva espera el mar. El pájaro se escapó es “frente al mar remotísimo que como la luz se retira.” El flujo y reflujo del mar sugiere que la fuga es temporal. Las fuerzas eróticas de la naturaleza y los deseos sexuales de los seres humanos son cíclicos y, inevitablemente, va a volver. El mar es una manifestación de un destino sexual, una inevitabilidad de la condición humana. “La selva” femenina de la mente y la capacidad de dominio de si mismo están a merced de “el mar” masculino del destino.

El mar en "La selva y el mar" también representa el paso final hacia la unidad que Aleixandre aspira a obtener a través su poesía. Después de enumerar las muchas bestias de la selva hay la palabra condensando: “todo,” un retrato de la selva en su totalidad. Pero, “no se detiene, en ese gesto, este movimiento dirigido a la unidad. Ese todo unificante se alza (se alza literalmente) y se precipita hacia otro elemento, situado mas alla e inaccesible y remoto, y hasta ahora no enuciado”: el mar (Jimenez 45). En el poema, “Todo suena cuando el rumor del bosque siempre virgen / se levanta como dos alas de oro, / élitros, bronce o caracol profundo, / frente a un mar que jamás confundirá sus espumas con las ramillas tiernas.” El mar, el símbolo de la unidad, siempre múltiple y único a la vez, es algo que el hombre siempre busca, pero es un destino “remotísimo,” inalcanzable y lejanísimo. Mientras que la marea se retira, el sueño de la unidad parece inaccesible, siempre más allá de alcance. Pero su retorno trae esperanza de la promesa de la unidad y el amor con toda la creación.

“SOY EL DESTINO”

Tal vez el poema que más representa su deseo de fusión con la naturaleza es “Soy el destino.” El comienzo del poema está marcado por el miedo y el cinismo. El hablante poética rechaza el amor y la comunión con otros seres humanos y prefiere permanecer aislado, porque teme el dolor de la vida. “¿Por qué besar tus labios,” el pregunta, “si sabe que la muerte está próxima?”. En última instancia, la muerte es inevitable, y el amor es sólo un escape temporal. Además, el amor normalmente aumenta el dolor de la vida, con el rechazo y el engaño. Para Aleixandre, la consumación del amor corresponde a una inmersión en la naturaleza. Por lo tanto, mientras el habla poética rechaza reconocer el amor, al mismo tiempo rechaza a verse a sí mismo en la naturaleza, “renuncio a ese espejo que dondequiera las montanas ofrecen, / pelada roca donde se refleja mi frente.” No va a ser uno con la tierra, “No quiero, no; renuncio a tragar ese polvo, esa tierra dolorosa, esa arena mordida, / esa seguridad de vivir con que la carne comulga.” Su miedo a la mortalidad esta agravada por su certeza de que no hay una presencia sobrenatural, no significa para el mundo, ninguna promesa de la salvación, solamente hay “los cristales de esos inmensos cielos / tras los que nadie escucha el rumor de la vida.”

Pero en la sexta estrofa, hay un cambio en su actitud. La estructura paralela de las estrofas, que comienzan con un rechazo (“no quiero…”), cambia abruptamente de “quiero vivir.” El hablante poética sabe que el amor y la vida pueden traer dolor y la destrucción. Pero hay una creciente conciencia que viviendo en el miedo y el aislamiento, aunque puede ser seguro, lo nos impide de disfrutando de alguno parte de la vida y experimentando felicidad. Sólo por abrazando la destrucción, lo que puede alcanzar su plenitud de sí mismo. Él acepta el caos y la incertidumbre del futuro, “como el futuro de un niño que todavía no nace,” y comienza a identificarse de nuevo con los elementos de la naturaleza, los “verdaderos dechados de perfección” (Bousoño 67).

Las estrofas séptima, octava y novena demuestran la fusión definitiva con la naturaleza, la afirmación de la vida. El hablante poética toma su miedo a vivir, su miedo a amar, su miedo de un universo sin Dios y sin sentido, y lo convierte en una toma de control. Él se convierte en su propio destino. Cuando el “deja de mirar a los cielos y mira a la tierra, se ve a si mismo, vivo y consciente, y por un momento se siente el centro del universo…consciente de la grandeza de esa sustancia unificadora que es el amor” (Urtasun 120). Hay libertad en la incertidumbre; a tomando un riesgo y estando vulnerable es la única manera de experimentar la vida con todo lo que tiene a ofrecer, placer así como dolor. De manera típica de Aleixandre, la realización de sí mismo y la afirmación de la vida son demostrada, como dice Bousoño, por “el deseo del poeta de fundirse con la naturaleza o disolverse en ella.” El hablante poético dice: “Soy” estos elementos de la naturaleza, como “la música…que hace el mundo,” “mar único,” “el cabello…el león…la gacela.” No es simplemente una metáfora, es una fusión completa. La vida es una amalgama de experiencias innumerables, algunas violentas, como el avasallador tigre, y algunas pacíficas, como la gacela y “El amor es entonces algo así como una explosiva fuerza moral que anula el desorden de la diferenciación” (Bousoño 73).

La estrofa final presenta una imagen directa y brusca de la posición vulnerable el hablante poética afirma. Un hombre, “en medio de las flechas gritadas” con “su pecho transparente…que nunca será cristal a pesar de su claridad,” él es frágil y va a ser herido constantemente. Pero, en medio de la violencia de la realidad, “nadie puede ignorar la presencia del que vive.” La vida debe ser vivida al máximo, a pesar de sus desafíos.

El poema recibe su título del verso importante:

Soy el destino que convoca a todos los que aman,

mar único al que vendrán todos los radios amantes

que buscan a su centro, rizados por el círculo

que gira como la rosa rumorosa y total.

El hablante poética es el destino de todo lo que ama y vive en el universo, y el destino es el mar. Todos “han de llegar a él—como destino—todos los seres, toda la vida, como al mar han de fluir las vidas (ríos) y como al centro del circulo han de converger sus radios” (Cabrera 130). El mar es la fuente de toda la vida así como el punto de retorno, el centro círculo del mundo, la culminación unificadora del amor. Como el mar, el hablante poética puede asumir el papel de la concepción romántica del poeta, “mediador entre el mundo y su sentido, vidente y sacerdote” (Urtasun 120). En este poema, el mar es el destino, el origen del mundo por todo el amor, la conciencia y la vida.

“SIN LUZ”

En “Sin luz,” el mar es un símbolo del mundo psicológico del poeta. Aleixandre describe un pez espada inmóvil que es incapaz de escapar las sombras frías bajo el mar, forzado a “sentir en su carne la frialdad del fondo de los mares donde el negror no ama.” El hablante poético, como el pez espada, esta perdido en las profundidades del océano oscuro de su mente y una resaca está tirando de él hacia atrás. Él se esfuerza por la luz del sol, la libertad y el amor representada por el “frescas algas amarillas que el sol dora en las primeras aguas.” Él está lleno de una “tristeza gemebunda” y una lágrima inadvertida cae de su ojo para mezclar con la desesperación que rodea. Él está desilusionado y decepcionado con el mundo, y filtra con sus branquias “un barro…la fantasía de un sueño.” (Ilie 111).

La sensación de desesperanza se acentúa con una acumulación de negaciones exagerada, “Ese profundo obscuro donde no existe el llanto, / donde un ojo no gira en su cuévano seco, / pez espada que no puede horadar a la sombra, / donde aplacado el limo no imita un sueño agotado.” El efecto es: “cargar la expresión de lenta, de pesada melancolía, sentimiento en que se traduce a veces el pesimismo cósmico del poeta” (Bousoño 410). Las negaciones “se resuelve en resignación dolorosa frente al humano transcurrir” (410). La repetición y la anáfora de otras palabras, como “cuyos” y “donde” aumentan la sensación de quedara trabada o detenida en su progreso (409). Él está anquilosado, se pega con “los profundos pies de fango” y quiere de “desarraigarse del abismo, / de alzarse con unas alas verdes sobre lo seco abisal / y escaparse ligero sin miedo al sol ardiente.” Pero él no puede volar lejos, el mar ha aplastado “un ala de ruiseñor ahogado, / un pico que cantaba la evasión del amor.” El ruiseñor simboliza el amor, y como el canto del ruiseñor es aplastado, la posibilidad de que el amor es destruido. La supresión de los verdaderos sentimientos, de amor, lleva a la devastación.

El mar es una manifestación del subconsciente y de su funcionamiento, un “fondo” sumergida. En el contexto de la poesía surrealista de su época, este poema es un intento de ilustrar la realidad interior y supra-sensorial, a pintar un paisaje interior. Esto responde también a la intención de crear nuevas perspectivas, nuevas imágenes y nuevas formas de ver la vida. A través de su imagen del pez en el mar, él expresa estados emocionales como tristeza, soledad, y angustia, pero también construye un mundo surrealista, un mundo de conciencia dual. Los surrealistas creían que al alejarse de los razonamientos conscientes se descubre el verdadero funcionamiento de la mente, y las imágenes sueños en el poema construyen un ambiente del estado intermedio entre la vigilia y el sueño. En la realidad fluida del agua, el pez espada con su “cansancio” se acomoda en su cama, el fondo del mar. La atmósfera inmóvil es ocasionalmente perturbada por visiones, el “polvillo fino / que se alborota mintiendo la fantasía de un sueno,” las crestas del monte “se agitan / como penacho –sí- de un sueño oscuro,” y la sombra del mar “donde aplacado el limo no imita un sueño agotado.”

Este poema también representa el pesimismo existencial de la visión del mundo de Aleixandre. Hay una sensación de futilidad para el pez debilitado; movimiento, luz y calor, y amor son inalcanzables. El poeta esta buscando por su identidad, representada por “una frente gozosa,” pero es “de nada sirve.” El poeta está atrapada en su propia mente, “como un solo pez abandonado.” es incapaz de ver su propia belleza y de conectarse con otros, “las juveniles dichas,” y finalmente falla a lograr “ese unirse,” el amor. El mar ya no es una fuerza unificadora. Sería mejor para las distinciones entre las cosas desaparecer, como “sus peces entre espumas como si fueran pájaros,” pero en este universo marino, la muerte y los límites son inescapables. Los únicos elementos que son ilimitados son el espacio y el tiempo. El “mar inmenso entero” tiene una “milenaria columna” aplastamiento en el “profundo obscuro.” Aplastado por el tiempo y perdido en las vastas aguas de su mente, el hablante poético se siente impotente. Quizás este poema tiene un elemento biográfico. Porque la vida de Aleixandre fue definido por la enfermedad, sus sentimientos de estar atrapado dentro de su propio cuerpo se traducen en sus poemas.

“MAR EN LA TIERRA”

En “Mar en la tierra,” la muerte es bienvenida, “la oscura dicha de morir.” El hablante poética se ha dado cuenta de que la vida y el mundo son insignificantes, pequeñas partículas de polvo que se disuelven en la inmensidad del mar que es el destino. En este poema, la influencia de Freud sobre la poesía de Aleixandre es evidente. Aleixandre dijo, “Pero he de confesar la profunda impresión que la lectura de un psicólogo (Freud) de incisiva influencia me produjo en 1928, y el cambio de raíz que en mi modesta obra se produjo” (Schwartz 150). Freud creía que agua simboliza la fuente original de nacimiento, la creación del individuo. Esto era porque tanto el mar es el origen vital de la que derivan todas las especies animales y también porque el útero de una madre es como un mar, el desarrollo del niño en el líquido (223). En la poesía de Aleixandre, en la muerte, el hombre vuelve al lugar de donde vino, al mar en el que nació, un lugar oscuro y feliz.

En este poema soñador, la imagen del pecho está conectada con la imagen del mar. Esta combinación recurrente ha contribuido a lo que académico Kessel Schwartz llama el la teoría de “sueño pantalla.” Para Aleixandre, el mar es en una superficie sobre a proyectar sus imágenes. El “pecho gigante” en el poema es un versión de la pantalla. Al igual que un bebé durmiendo, proyectando sueños en el pecho de su madre, por lo tanto Vicente sueña, proyectando sus sueños y los pensamientos inconscientes sobre la superficie del mar madre. En el poema, sin embargo, ambos el mar y el pecho están secos. El mar se ha convertido en un desierto sin vida, “yace en lo seco como un pez que se ahoga” y el pecho se ha convertido en una “gota de arena.” El alivio de la sed abrumadora es en la forma de la muerte. La muerte dichoso es “agua divina,” un “mar inmenso,” y al morir, todos los volverá a unir en su unidad, desintegrando y disolviendo en fusión con el mar en la felicidad oscura.

“LA MUERTE”

En el último poema de La destrucción o el amor, “La muerte,” la influencia del mar es inconfundible. El mar representa la muerte, pero una muerte que también es vida. Esta muerte aparece como un elemento salvaje de la naturaleza con el cual el poeta lucha para obtener la unión mística con el universo. El hablante poético, parado en la playa, dirige al mar enorme y amenazante en términos de “tú,” invocando al mar para que le destruya. Este uso de prosopopeya y anáfora hace que el mar aparece cercano, como una persona que el hablante poética debe enfrentar.

En los dos primeras estrofas, el protagonista prepara al lector para la lucha que va a ocurrir entre el y el mar de las fuerzas fatales. El mar, “eterno nombre sin fecha,” es como el amor y la muerte, no tiene límites espaciales ni temporales (Romero 130). El verso “como un amor que con la muerte acaba,” el poema resume el tema de toda la obra, la muerte es la etapa final de todo amor. El amor de la vida no es bastante fuerte para resistir las fuerzas de la muerte, y la muerte acaba por ser el amor final del poeta (130). Su enfrentamiento con el “mar-muerte” estará íntimo y apasionado, pero el placer que promete el mar tiene que terminar en la aniquilación del hablante poético. Para Aleixandre, para sentir plenamente este amor amoroso, para convertirse en uno con la tierra y el cosmos, la muerte es necesaria.

El hablante poético manda al mar para matarlo, queriendo esta muerte, para ser consumido por el “fuego destructor” de pasión y unir en éxtasis con el resto del mundo. La destrucción feroz es necesaria para reintegrar al difunto en el cosmos (133). Él habla con el mar como un amante, diciendo “quiero morir frente a ti, mar.” La conexión entre el acto erótico y la muerte hace hincapié en el concepto del “la destrucción, o el amor.” Después de su unión violenta con el mar, el mar “se retira apresurándose,” y el protagonista es se le deja en la playa con “solo unas conchas, unas frías escamas de unos peces amándose,” los restos del amor destructivo. Él ha amado y muerto al mismo tiempo, y ha logrado su sueño panteísta. Él es parte del “puñado de arena,” despojado de su individualidad en comunión con la naturaleza. La muerte es un nacimiento en nueva existencia, una forma más del mundo natural. En esta muerte, el hablante poético ha trascendido los límites de la vida humana, reincorporado al cosmos.

Eugenio de Nora dice de este ultimo poema de La destrucción o el amor: “Pues la muerte es una última aventura gozosa, es la consumación del definitivo amor a la tierra y la identificación de la propia vida, pasajeramente individual, con la gran fuerza inconocible pero intuida: la muerte, al final de La destrucción, toma forma de lucha con el mar, en el que finalmente el poeta se anega… [con] el mar que no existe. Consumada la muerte y abolida la conciencia, los nombres y los limites cesan” (Reynolds 158).

En la busca de la armonía universal de Aleixandre, el mar juega un papel central. Es la fuente de todo: la vida y la muerte, la creación y la destrucción, el amor y el odio. La línea del horizonte que separa el mar del cielo aparece como un espacio de transición, entre la tierra y los cielos: el lugar de transición del hombre por su unidad en la naturaleza y el cosmos. En los poemas de La destrucción o el amor, la exploración de Aleixandre de los misterios de la creación del hombre y de la existencia de la naturaleza lo llevó más cerca y más cerca de una comprensión. El amor, el deseo, la soledad y la muerte están íntimamente vinculados a la tierra, mar y cielo. El hombre puede destruir a los límites que lo aíslan y se integran en la naturaleza y el universo, trascender la soledad de la vida humana y alcanzar el verdadero amor. En su aventura “hacia la ascensión del vivir,” se desnuda su alma y descubre su verdadera identidad. A través la lectura de sus palabras hermosas, nosotros también podemos acercarnos a la verdad, nuestra salvación.

Obras Consultadas

Aleixandre, Vicente. Espadas como labios; La destrucción o el amor. Comp. José Luis Cano. Madrid: Ed. Castalia, 1986.

Aub, Max. La poesía española contemporánea. México: Impta Universitaria, 1964.

Bousoño, Carlos. La poesía de Vicente Aleixandre. Madrid: Biblioteca Románica Hispánica, 1956.

Cabrera, Vicente, and Harriet Boyer, eds. Critical Views on Vicente Aleixandre's Poetry. Lincoln: Society of Spanish and Spanish-American Studies, 1979.

Cabrera, Vicente. Tres poetas a la luz de la metáfora: Salinas, Aleixandre Y Guillén. Madrid: Gredos, 1975.

Fernández Urtasun, Rosa. La búsqueda del hombre a través de la belleza: un estudio comparado sobre el surrealismo literario Francés Y Vicente Aleixandre. Kassel: Reichenberger, 1997.

García Díaz, Ángeles. Una aspiración a la luz: La poesía de Vicente Aleixandre. Kassel: Reichenberger, 2001.

Ilie, Paul. "Descent and Castration." Vicente Aleixandre: A Critical Appraisal. Ed. Santiago Daydi-Tolson. Ypsilanti: Bilingual, 1981.

Jiménez, José Olivio. Vicente Aleixandre: una aventura hacia el conocimiento. Madrid: Ediciones Júcar, 1982.

Murphy, Daniel. Vicente Aleixandre's Stream of Lyric Consciousness. Lewisburg: Bucknell UP, 2001.

Reynolds, Alice Hall. El Tema De Amor En La Poesía De Vicente Aleixandre. Thesis. University of Georgia. Ann Arbor: University Microfilms International, 1979.

Romero, Héctor R. Nuevas Perspectivas Sobre La Generación Del 27: Ensayos Literarios. Miami: Ediciones Universal, 1983.

Schwartz, Kessel. Vicente Aleixandre. New York: Twayne, 1970.

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