ORÍgenes de la prosa medieval






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títuloORÍgenes de la prosa medieval
fecha de publicación30.06.2015
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ORÍGENES DE LA PROSA MEDIEVAL
El desarrollo de la prosa medieval en lengua vernácula fue muy tardío en toda Europa. Ello se debió a que desde la época clásica el uso de la prosa quedó reservado a las obras de carácter no literario, y muy especialmente a las de carácter historiográfico y filosófico ( incluyendo en este grupo a las obras teológicas ).
Este carácter sapiencial de los textos provocó que en ellos se utilizase la lengua de cultura en la Edad Media, es decir el latín. Así, en toda Europa se produjo un gran número de obras en prosa latina, en especial en el campo de la teología, que contribuyeron a la expansión de la cultura religiosa.
Sin embargo, la secularización de la cultura acaecida desde finales del siglo XII propició que la prosa en lenguas vernáculas fuera abriéndose camino progresivamente como vehículo de cultura, aun cuando en un principio su campo de acción siguió siendo muy local. En efecto, una de las principales causas del desarrollo de la prosa vernácula en la Península debemos encontrarla en la necesidad de fijar las leyes, no sólo locales (los fueros), sino las comunes a los territorios de los reinos peninsulares. Surge así una prosa que podríamos llamar utilitaria: leyes, crónicas, etc.; encaminada más a facilitar la labor de jueces y gobernantes locales que a crear verdaderamente un género.
La prosa ficcional no alcanzó un desarrollo pleno hasta que esta prosa utilitaria no cobró una cierta autoridad. En Europa, esta aparición se dará hacia mediados del siglo XII, aproximadamente un siglo antes que en la Península Ibérica, aunque los primeros testimonios verdaderamente importantes (las obras de Dante y Boccaccio, fundamentalmente) deberán esperar a ver entrado ya el siglo XIII.
Una posible razón para explicar este retraso debemos encontrarla en la necesidad que tuvo esta prosa de ficción de despojarse de los componentes didácticos. En efecto, el carácter sapiencial de la prosa reservaba su uso a cuentos, digámoslo así, "con moraleja", con una finalidad de carácter ético o moral que se observa ya en la cuentística popular.
De cualquier manera, esta liberación del didacticismo fue sólo parcial, pues durante mucho tiempo nos encontraremos el uso del relato asociado a obras de tipo didáctico: recopilaciones encaminadas a la predicación, como las colecciones de enxiempla, por ejemplo.
En el caso de Castilla, y hasta la aparición de Alfonso X, los pocos testimonios de que disponemos se limitan a algunas traducciones de textos latinos y árabes, la obra conocida como Fazienda de Ultramar y diversas colecciones de cuentos que analizaremos más tarde.
- La cuentística medieval

Si bien la aparición de la novela y otras formas mayores de prosa es más bien tardía en el ámbito castellano, las formas breves -y, en concreto, la cuentística- sí experimentaron un importante desarrollo, en especial a partir del siglo XII.
Ello debemos achacarlo a la influencia árabe. En efecto, fue a través de los árabes asentados en la Península como llegó un amplio corpus de cuentos procedentes de muy diversas tradiciones -en especial la persa y la india.
La expansión del Islam hacia el este desde la Península Arábiga permitió que ntrase en contacto con la literatura persa, que había desarrolaldo ya una importante tradición cuentística. Son de origen persa los relatos recopilados en las Mil y una noches, tal vez una de las recopilaciones más importantes de la Edad Media. Los persas, además, habían asimilado la tradición cuentística hindú, adaptándola a sus propias formas aunque respetando los argumentos y desarrollos narrativos propios de la India.

Pasan así a la tradición persa los relatos de animales recogidos en el Panchatantra, obra del siglo V que recoge diversas historias protagonizadas por animales que pretendían ejemplificar diversos comportamientos humanos con una finalidad moralizadora. La traducción persa de esta obra recibió el título de Calila y Dimna por el nombre de dos de sus protagonistas, y con él se extendió por el mundo musulmán, llegando a la Península hacia el siglo IX, aunque no disponemos de versiones castellanas anteriores al siglo XIII.

Estas historias de animales entroncaron en la Península con la tradición fabulística de origen grecolatino, lo que facilitó en gran medida su éxito. Pero, además, su intención moralizadora hizo que fuesen ampliamente utilizados debido al carácter principalmente didántico de la prosa medieval; lo que llevó a estos cuentos a ser utilizados como ejemplos -tanto positivos como negativos- de comportamiento en el seno de la predicación religiosa. De este carácter ejemplificador proviene el nombre de "enxiemplos" (ejemplos) con el que estos relatos fueron conocidos a lo largo de la baja edad Media.

La utilización religiosa llevó pronto a un uso "laico" de estas historias, principalmente como medio de formación de los príncipes y jóvenes de la nobleza. El cuento era así utilizado como un medio para perpetuar en el poder a las clases gobernantes al ofrecerles ejemplos de actuación ante casos concretos y generales. Así, la difusión de la prosa cuentística en las diferentes cortes se convirtió en algo habitual como instrumento didáctico -siguiendo la norma del "delectare et prodesse" (deleitar y aprovechar)- ya propugnado por los latinos.

Las dos recopilaciones más importantes serán Calila e Dimna y el Sendebar.

Calila e Dimna, derivado directamente del Panchatantra, es una recopilación de relatos de animales, muchos de los cuales sirven de marco a otros relatos incrustados en ellos. La obra presenta una clara intención didáctica, no sólo encaminada a la formación de los príncipes, sino como modelo de conducta universal dentro de una ética civil encaminada a facilitar las relaciones sociales. Muchos de los cuentos recogidos han pasado al acervo popular o bien han sido versionados por autores posteriores en forma de fábulas.

El caso del Sendebar es bastante diferente. De origen incierto (aunque muy probablemente hindú), el otro título con el que conocemos la obra -Libro de los engaños e los asayamientos de las mugeres- es suficientemente expresivo de su contenido. En efecto, la obra se inserta dentro de la corriente de la misoginia medieval, que consideraba a las mujeres como la causa de la aparición del mal en la tierra y les atribuía la capacidad de realizar las más inimaginables canalladas. Destaca esta obra, fundamentalmente, por la abundancia de narradores, cuyas historias en ocasiones se entrecruzan en un esquema muy similar al de las Mil y una noches.

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