Traducción de Javier Guerrero






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Supermodelo.

Ellie pareció adorablemente confundida.

—Estás de broma, ¿no?

—Eh... ¿sobre qué?

—Sobre ti. —Me señaló con indignación—. Estás muy buena, Joss. Vale, no pareces una de las perchas con las que suele salir Braden, pero tienes esos ojos asombrosos, esa voz ronca de teléfono erótico, una talla de sujetador por la que mataría, y esa actitud distante y meditabunda que es completamente opuesta a la persona interesante y divertida que eres. Créeme, he oído hablar a los tíos. Eres diferente, y los tíos siendo tíos no pueden evitar verte como un reto. Estás cañón.

Estaba estupefacta, eso es lo que estaba.

¿De verdad era así como me veía la gente? Avergonzada, cogí mi tenedor, murmurando entre dientes.

Percibí la sonrisa de mi compañera de piso sin siquiera levantar la mirada.

—Necesitas un espejo.

Me encogí de hombros.

Entonces Ellie se quedó en silencio y me encontré a mí misma levantando la mirada para asegurarme de que estaba bien. Ahora no estaba sonriendo.

—No importa lo mucho que lo niegue, Braden está interesado en ti, Joss. Me pregunta mucho por ti, lo cual nunca había hecho con nadie, y créeme, he perdido al menos tres amigas con las que ha salido y ha quitado de mi vida. No le cuento mucho...

«Le hablaste de mi familia.»

—... porque no dices mucho, así que por supuesto ha estado muy intrigado. Y ya te he dicho que Braden normalmente consigue lo que quiere.

—Por favor. —Estaba enfurruñada—. Dame un poco más de crédito. No voy a caer en la cama de un tío bueno solo porque está acostumbrado a conseguir lo que quiere. ¿Sabes qué? Yo también estoy acostumbrada a conseguir lo que quiero. Y lo que quiero es no caer en su cama.

Pero fue como si Ellie ni siquiera me hubiera oído.

—Si no logras resistir, solo ten cuidado con él, ¿vale? Lo han tratado mal antes, y no quiero que ocurra eso otra vez.

Con los ojos como platos, oí que mi tenedor resonaba en mi plato después de que mis dedos lo soltaran por decisión propia. Estaban asombrados, como el resto de mí.

—Espera. ¿Estás preocupada por que yo le haga daño?

Ella sonrió a modo de disculpa.

—Eres una buena persona, lo que hace que el hecho de que no confíes en nadie resulte realmente duro para la gente a la que le importas. Y en el caso de Braden, cuando una persona le importa, tiene que saberlo todo para poder cubrir todas las posibilidades y protegerla. Ha de ser un tipo en el que la gente confíe. Es su forma de ser. Si empezara algo contigo, se sentiría herido cuando le cerraras tu alma.

Solo lo capté en parte. Sobre todo, no dejaba de oír: «Eres una buena persona, lo que hace que el hecho de que no confíes en nadie resulte realmente duro para la gente a la que le importas.»

—¿Te estoy haciendo daño, Ellie? —No quería reconocer lo mucho que me asustaba su respuesta.

Ella suspiró profundamente y pareció sopesar sus palabras.

—Al principio sí. Pero saber que no quieres hacerme daño ayuda. ¿Me gustaría que confiaras más en mí? Sí. ¿Voy a presionarte? No. —Se levantó—. Solo quiero que sepas que si alguna vez decides confiar en mí, estoy aquí. Y puedes contarme lo que sea.

Sentí que se me cerraba la garganta y solo pude asentir. En un esfuerzo por conjurar el momento, Ellie sonrió desde arriba.

—Esta noche voy a salir con Braden y Adam. He estado bien con Adam hoy. Se ha cabreado.

«Hum, ¿qué pretendes, jovencita?»

—¿Te andas con jueguecitos con él?

Puso cara de pocos amigos.

—Ayer descubrí que había avisado a Nicholas que no me pidiera una cita cuando quería hacerlo. Así que sí que me ando con jueguecitos.

—Uf, espera. —Empujé mi plato hacia atrás, totalmente confundida. Había conocido a Nicholas. Era uno de los amigos de Ellie que se pasaba a veces por el apartamento. También era profesor en su departamento—. ¿Que Adam hizo qué?

—Hice una broma ayer diciendo que no había tenido una cita en meses y Nicholas dijo que a lo mejor habría tenido una cita si Adam dejara de amenazar a posibles candidatos. Estaba completamente confundida, así que Nicholas se explicó. Nick llevaba meses pensando en proponerme una cita y fue a pedirle consejo a Adam sobre adónde llevarme. —Apretó la mandíbula al pensar en ello—. En lugar de responder, Adam amenazó a Nicholas con hacerle daño. Le dijo que se mantuviera lejos de mí. Sin ninguna explicación. Solo «no te acerques».

Me reí con incredulidad.

—Y por supuesto la corpulencia de Nicholas parece un chiste al lado de la de Adam, así que Nick retrocedió.

—Exactamente.

—¿A qué demonios juega Adam?

—Eso es lo que quiero saber. Me ha jodido, y por eso voy a disfrutar jodiéndolo a él.

Tenía que reconocer que me gustaba ese lado de Ellie. La gente pensaba que podía salir airosa con ella, pero se equivocaba. Le sonreí.

—Así que indiferencia, ¿eh?

Ella me sonrió con descaro, y me recordó un ángel diabólico.

—A tope esta noche. Incluso podría coquetear con alguien al azar para ver si se irrita un poco. Luego puedo preguntarle a qué demonios está jugando. Era él el que no quería que fuéramos nada más que amigos.

—Bueno, normalmente no apruebo los jueguecitos, pero en este caso se lo merece. No puedo creer que esté amenazando a los tíos a tu espalda. Espero el siguiente informe, señorita Carmichael.

Ellie rio y se apresuró a prepararse para la noche, dejándome que terminara la cena para poder meterme en la ducha antes de irme a trabajar.

Craig estaba de turno conmigo junto con Alistair, otro camarero con el que había trabajado antes unas cuantas veces. Los chicos estaban de buen humor y el local estaba lleno. Los dos se esforzaban al máximo por hacerme reír, y así los minutos iban pasando deprisa. Me estaba divirtiendo. Nuestro buen humor revitalizó la atmósfera del club y la gente había empezado a reunirse en torno a la barra a tomarse sus copas y disfrutar no solo de su charla, sino también de la mía con los chicos.

—Yo me encargo de este cóctel —me gritó Craig desde el fondo de la barra—. Y tú cedes de una vez y echamos un polvo esta noche, Joss.

Los clientes se rieron primero con disimulo y luego abiertamente cuando yo le devolví la sonrisita a Craig, sirviendo dos Jack Daniel’s con Coca-Cola a las chicas que tenía delante.

—Ni hablar, Tom Cruise.

Craig tenía grandes reflejos. Sin duda perdería la partida.

—Me estás rompiendo el corazón, cielo —dijo imitando al actor de Hollywood.

Le hice un gesto de desdén, pasando las bebidas a mis clientes y cogiendo su dinero.

—¿Y qué me dices a mí, Joss? —Alistair me lanzó una sonrisa insinuante, pero sabía que solo estaba bromeando.

Alistair estaba felizmente comprometido con una chica irlandesa que estudiaba en la Universidad de Napier. Aun así, podía ser fiel, pero coqueteaba tanto como Craig.

—Hum, lo pensaré —respondí en tono provocativo, lo bastante alto para que Craig lo oyera.

Craig gruñó en fingido tormento e hizo pucheros ante la atractiva chica a la que estaba sirviendo.

—Me está matando.

La chica sonrió, con los ojos brillantes en él. Yo puse los ojos en blanco cuando Craig cogió la mano de la chica y la puso en su propio pecho.

—¿Notas esto? Es mi corazón que se rompe.

—Oh, tío. —Puse los ojos en blanco, encogiéndome—. ¿No podías ser más cursi?

—Por supuesto que podía.

Alistair resopló.

—Créelo o no, esa es una de sus mejores frases.

Craig lo azotó en la cabeza con un trapo.

Riendo, pasé al lado de Craig para coger un ron y me puse de puntillas para darle un beso en la mejilla. Eso le valió unos cuantos vítores y un abucheo de Alistair.

Haciendo el idiota, la siguiente hora pasó volando y el bote de las propinas se llenó deprisa. El club estaba aún más lleno, así que mi atención estaba completamente centrada en el trabajo y en mis colegas. El hecho de que sintiera sus ojos en mí entonces, decía mucho...

Sentí un cosquilleo en la piel, levanté la cabeza y miré a través de la multitud hacia la entrada y mi interés pasó rozando a Adam y Ellie, que seguían a Braden hacia el interior; Braden, que iba caminando al lado de una morena alta que le enlazaba el brazo.

Nuestras miradas conectaron y él ni siquiera hizo ademán de reconocimiento. En cambio, bajó la cabeza y susurró algo al oído de la morena que la hizo reír.

Algo desagradable me revolvió el estómago y eché un vistazo a Ellie. Ella estaba mirando con cara de pocos amigos a Braden y luego a Adam, apartándole la mano y caminando con paso firme hacia su hermano. Este había logrado convencer a un grupo de gente sentada a una mesa para que se echaran a un lado del sofá de cuero, y así él, su chica misteriosa, Ellie y Adam pudieran sentarse.

Todos se deslizaron en el sofá excepto Ellie, que en ese momento estaba fulminando con la mirada a todos ellos. Adam le dijo algo. Ellie negó con la cabeza, con aspecto de estar extremadamente cabreada, y la expresión de Adam se oscureció. Su mano salió como un látigo y envolvió el brazo de Ellie, obligándola a sentarse a su lado. Mi amiga pugnó por desembarazarse de él, pero el brazo masculino se deslizó en torno a su cintura, con la mano en su cadera; era un gesto aparentemente despreocupado, pero estaba claro que la sujetaba con fuerza, y lo que le susurró al oído hizo que ella dejara de debatirse.

Sin embargo, no eliminó su expresión pétrea.

Preocupada, mis ojos vagaron a Braden, pero él no había visto nada de eso. Estaba demasiado ocupado charlando con la morena.

Me volví con rapidez, porque no estaba en absoluto preparada para el torrente de sangre en mis oídos y la opresión en mi pecho.

Sinceramente, no sabía qué terreno pisaba con ese tío. En un momento me miraba con ojos cargados de deseo y al siguiente ni siquiera reconocía mi presencia. Bueno, no iba a dejar que pudiera conmigo. Serví a mi cliente y miré a Alistair.

—He visto a unos amigos. ¿Podéis ocuparos de la barra mientras les llevo unas copas?

—Claro.

Sin hacer caso del cosquilleo en mi estómago, me dirigí a la pista, dando estúpidamente gracias a mi jefe por el top tan sexy que me hacía llevar. Si tenía que estar un poco sudorosa y en desventaja en comparación con la morena del vestido brillante, al menos sabía que el top me quedaba bien.

Al acercarme, la mirada glacial de Ellie se fundió y me sonrió, aliviada de verme.

—Eh, chicos —me anuncié en voz alta para que se me oyera por encima de la música—. ¿Puedo traeros unas copas?

—Oh, no hay necesidad —me dijo Adam con una sonrisa—. Darren nos las va a traer.

Señaló detrás de mí y yo me volví para ver a un tipo alto y de pelo corto, pelirrojo, esperando para abrirse paso entre la multitud hacia la barra.

Yo puse ceño en un gesto inquisitivo.

—¿Darren?

—Mi marido.

La respuesta vino de la morena y yo la miré con sorpresa, derramando mi atención sobre la mujer sentada al lado de Braden, con mi cerebro tratando de entender la imagen que tenía delante y de dar sentido a lo que ella acababa de decir. Capté la mirada de Braden y él me dedicó una sonrisita fría, para darme a entender que sabía que yo había dado por sentado que la joven era una de sus Barbies.

—Ella es Donna, la mujer de Darren. Darren es el gerente de Fire.

Oh.

Bueno, me sentía avergonzada.

Y entonces vi otra vez los ojos de Braden y su sonrisa se profundizó.

Recordé las sospechas anteriores de Ellie. «Bueno, solo para que lo sepas, tengo la impresión de que está planeando algo.»

Maldito fuera. Me había hecho creer que Donna era su cita. Quería ver el alivio destellando en mis ojos al darme cuenta de que no lo era. Y Dios me maldijera, porque yo se lo había concedido.

—Me alegro de conocerte. —La saludé con la cabeza—. Volveré a mandarte a tu marido, porque va a pasarse allí la vida. Le preguntaré lo que queréis y os lo traeré.

—Gracias, Joss. —Ellie sonrió lánguidamente.

Torcí el gesto, odiando verla tan incómoda. Estiré el brazo y le apreté el hombro de manera tranquilizadora, notando la mano de Adam todavía aferrada con fuerza en su cadera. Le lancé una mirada de advertencia por encima de la cabeza de mi amiga que hizo que Adam arrugara el entrecejo en un gesto de desconcierto. Sin hacer caso de Braden y del jueguecito que tramaba, caminé pavoneándome hasta Darren, me presenté y lo mandé de vuelta con los otros una vez que memoricé las bebidas.

—Ha vuelto —me dijo Craig al oído, inclinándose en torno a mí al agitar un cóctel.

—¿Quién?

—El tipo con el que Jo ha estado flipando desde que estuvo aquí.

—Braden —asentí, mirándolo. No me había dado cuenta de lo cerca que estaba, nuestras caras a centímetros de distancia—. Jo quería convertirlo en su siguiente papito.

—Por cómo siento las dagas clavadas en mi espalda diría que él está interesado en ser el papito de otra.

Me separé, poniendo los ojos en blanco.

—No necesito papito, Craig.

Craig lanzó una mirada a Braden.

—Me molesta. La última vez que estuvo aquí te miró como si fueras de su propiedad y esta noche lo mismo. ¿Hay algo entre vosotros dos?

—Nada. Ya te he dicho que no necesito un papito.

Los ojos de Craig se estrecharon y volvió hacia mí con una sonrisa traviesa.

—A lo mejor yo necesito una mamita.

Y acto seguido estaba besándome, con una mano en mi nuca para mantenerme allí mientras su lengua se deslizaba en mi boca y su cuerpo se apretaba al mío. El asombro me mantuvo paralizada y luego el sorprendentemente agradable tacto de sus labios en los míos. Craig sabía besar, eso desde luego. Los silbidos y vítores interrumpieron el momento, y yo me separé de él poniéndole una mano en el pecho.

—Eh... —Pestañeé, tratando de entender lo que estaba pasando—. ¿Qué acaba de pasar?

Craig me hizo un guiño.

—Solo hemos cabreado al señor Dinero de ahí pasando un buen rato al hacerlo.

Negué con la cabeza en ademán de incredulidad y lo aparté, captando la sonrisa de Alistair cuando Craig pasó caminando con fanfarronería a su lado, obviamente complacido consigo mismo. Al volver a preparar las bebidas de mis amigos, me obligué a no levantar la mirada. No quería saber si Craig tenía razón respecto a Braden. No quería reconocer los sentimientos que pudiera tener por mí y viceversa. Pero maldición, me complacía saber que alguien más había reparado en su interés en mí además de una optimista y romántica recalcitrante como Ellie. Al menos sabía que no estaba imaginando cosas.

¿Y acaso yo no era solo un manojo de hormonas confundidas?

Puse las bebidas en una bandeja, me alejé de la barra sin hacer caso del «Eh, cielo» de un cliente que obviamente había presenciado el show de Craig, y esquivé a la gente para poder llevar las bebidas a Ellie y compañía sin derramar ni una gota.

—Aquí tenéis. —Puse la bandeja en la mesa y empecé a repartir las bebidas.

—Eh, ¿qué ha sido eso? —preguntó Ellie con ojos como platos al coger la bebida.

No sé qué me poseyó para pensar que hacerme la tonta era la forma de actuar.

—¿Qué ha sido qué?

Adam gruñó.

—El tipo que te ha metido la lengua hasta la garganta.

Ni siquiera pude mirar a Braden, porque podía sentir que su mirada quemaba, mejor dicho, que me quemaba. Me encogí de hombros.

—Solo es Craig.

Y entonces salí corriendo antes de que pudieran preguntarme nada más.

Pero Craig no estaba satisfecho solo con meterme la lengua hasta la garganta. En los siguientes minutos incrementó el flirteo, besándome el cuello, dándome palmadas en el culo y provocándome sin clemencia con charla sexual.

Supongo que no estar más enfadada por el hecho de que me besara le hizo pensar que podía. Y la verdad es que yo no hice nada para que creyera lo contrario. Había decidido que quería enviar un mensaje a Braden.

No éramos amigos.

Y nunca íbamos a ser nada más que no amigos.

Así que... no éramos nada.

—¡Tu descanso, Joss! —Alistair me dio un golpetazo con el trapo al volver de su descanso.

Suspiré.

—Voy a quitarte ese maldito trapo si no dejas de usarlo como un arma. En serio, ¿era necesario?

Me sonrió.

—¿Qué? ¿Habrías preferido un beso con lengua?

—Qué gracioso.

Me volví de puntillas y salí por la parte de atrás de la barra en dirección a la zona de personal. Había un pequeño vestuario con un sofá, una máquina de caramelos y algunas revistas. Una puerta situada a la derecha daba a la oficina de dirección, pero Su casi nunca estaba los fines de semana porque trabajaba a tiempo completo durante la semana. Cuando cerrabas la puerta de Su, el ruido del bar desaparecía. Con la cabeza zumbando y la adrenalina bombeando por Braden y Craig, entré con una lata de Coca-Cola y me apoyé en el escritorio.

Dar esperanzas a Craig era una mala idea. Siempre habíamos tonteado, pero esa noche había cruzado la línea y yo le había dejado, y todo porque Braden me estaba sacando de quicio. Odiaba el puñetazo en las tripas que había sentido al pensar que Donna era su pareja. Odiaba que supiera que sentía algo. Odiaba sospechar que él lo había orquestado todo.

Tenía que encontrar una manera de hacerle saber de una vez por todas que nunca iba a ocurrir nada entre nosotros.

Levanté los ojos de la moqueta cuando se abrió la puerta. Me enderecé. Los nervios se apoderaron de mi estómago en cuanto Braden entró y cerró la puerta.

Sus ojos estaban calculando al enfocarse en mi cara. Tenía las facciones duras, empañadas.

Parecía cabreado.

—¿Qué estás haciendo aquí?

No respondió y mis ojos volvieron a hacer lo mismo... perdiendo el control, recorriendo su cuerpo, asimilando el elegante suéter negro de cuello cisne y los pantalones negros de sastre. El único accesorio que llevaba era un caro reloj deportivo de platino. Su estilo sencillo y el hecho de que no se había afeitado en varios días contribuían a un conjunto muy sexy.

Sentí ese apretón en lo más hondo de mi cuerpo y apreté la mandíbula. ¿Por qué tenía que calentarme tanto? No era justo.

Tomé un trago de mi refresco para cubrirme.

—¿Y pues?

—No me gusta compartir.

Mis ojos volaron a los suyos y, si era posible, él parecía más enfadado que nunca. En esa minúscula habitación, Braden era enorme e intimidante, y la comparación entre nuestros tamaños más notable. Podía aplastarme como un insecto si quería hacerlo.

—¿Qué?

Sus ojos se entornaron.

—He dicho que no me gusta compartir.

Pensé en Vicky.

—No es lo que he oído.

—Deja que lo reformule. —Dio un paso tranquilizador hacia mí—. Cuando se trata de ti... no me gusta compartir.

No hubo tiempo de procesar eso. Un momento estaba mirándolo con incredulidad y al siguiente la lata de refresco estaba en el suelo y mi trasero en el escritorio cuando Braden colisionó conmigo. Su calor y su fortaleza me arrollaron cuando me agarró por la nuca con una mano grande y con la otra mano arrastró mi muslo izquierdo hacia arriba para poder situarse entre mis piernas y posicionarme sobre el escritorio. Su boca se aplastó en la mía y el deseo que mi cuerpo había estado albergando por él durante semanas se apoderó de mí. Me aferré a él, con las manos clavadas en su espalda, mis piernas trepando por sus caderas al tiempo que mis labios se separaban en una exhalación de alivio que permitió que su lengua entrara para provocarme. El olor de Braden, el gusto a whisky en su lengua, la sensación de sus manos cálidas agarrándome con fuerza... todo ello me dominó y se me escapó ese sonido gutural que no podía controlar.

Su beso borró todo recuerdo del de Craig.

La mano de Braden se tensó en mi nuca y lo oí gemir. La vibración de su gemido se transmitió, pasó rozando mi cuerpo como manos incitando mis pezones, susurrando en mi estómago y deslizándose hasta aposentarse entre mis piernas. Sus besos se hicieron más intensos, más demandantes: largos besos que me drogaban y me dejaban sin respiración. Estábamos jadeando y tirando de la boca del otro como si no pudiéramos llegar lo bastante profundo, con mis uñas clavadas en su suéter para instarlo a apretarse más.

Cuando reparé en su erección clavándose en mi estómago ya estaba perdida. Mi vientre se encogió y gimoteé con mi boca pegada a la suya, con las bragas empapadas de deseo. La necesidad se acrecentó cuando Braden subió una mano por mi cintura, rozándome el pecho y deteniéndose en el tirante ancho del
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