Aproximación a la cultura mafiosa en televisión como referente identitario






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Aproximación a la cultura mafiosa en televisión como referente identitario

Por Clara Riveros1

"Hay tres formas de hacer las cosas: como usted cree, como ellos creen y como yo digo"2.

Definir a Colombia resulta complejo, muestra un acaecer histórico lleno de amalgamas, híbridos y mixturas en lo que respecta a elementos históricos, sociales, jurídicos, económicos, políticos y religiosos que la llevaron a una modernización industrial tardía, hay modernización sin modernidad, se concatenan aspectos premodernos, modernos y postmodernos. En su esencia, puede definirse a Colombia como un Estado que fragmentado desde sus orígenes, transitó a una expresión más acabada de Estado mafioso, definido por la permeabilidad de sus instituciones y la inserción de agentes mafiosos que transitan constantemente entre legalidad e ilegalidad.

Diferentes estudios señalan la ausencia de una identidad nacional, es decir, se habla de identidades articuladas al escenario regional desde manifestaciones históricas violentas, partidistas, religiosas y carismáticas, y en este sentido, debido a la imposibilidad de consolidar un imaginario nacional en torno a referentes auténticos de sentido, la cultura política en el país ha sido demarcada por vínculos autoritarios y rurales y no por una conciencia política definida y tendiente a posturas democráticas, tolerantes, pluralistas en un marco de legalidad, donde primen el imperio de la ley y el Estado de Derecho.

Tampoco cabe hablar de una ciudadanía sólida en estricto sentido, sino de una ciudadanía en construcción. No se rompió la concepción feudal y rural de las lealtades y el intercambio de favores, por tanto, no cabe pensarse a Colombia desde la concepción de ciudadanía moderna y madura, sino en una sociedad cercana al accionar y al sentir mafioso y autoritario, cortoplacista, y en constante búsqueda del atajo, una sociedad que se mueve por un componente afectivo más allá de la racionalidad. Se trata de una sociedad clientelista donde priman las alianzas coyunturales, el pago de favores y la venta de lealtades y voluntades, se trafica con todo aquello que tenga valor de cambio, tráfico incluso de ilusiones, en una sociedad ampliamente seducida por el dinero fácil que hará lo que sea para adquirirlo, una sociedad afectiva, servil, emocional y visceral que se vende al mejor postor, que percibe a las élites emergentes como ejemplo de pujanza y de superación y las establece como modelo a seguir desde la cotidianidad y el habitus.

Estos referentes que caracterizan a Colombia como nación, como Estado y como sociedad procuraron, connaturalizaron y permitieron el ascenso social, político y económico de un personaje como Pablo Escobar, asimismo, la condescendencia frente a su accionar mafioso y la legitimación de sus métodos. Tras su muerte, asistimos a la emergencia del mito, valga decir por demás, que con la desaparición de éste, el fenómeno como tal, es decir, el narcotráfico, no desapareció sino que terminó por mutar, transformarse, reinventarse, consolidarse y asentarse como práctica social.

Han sido muchos los que le siguieron y le seguirán a Escobar, pero éste, es sin duda el gran exponente que dotó de sentido y de significado ese sentir, pensar y accionar mafioso, como destaca Omar Rincón3, se convirtió en nuestro gran relato: “El narco es nuestro gran relato. Y cuando de pensar país se trata, somos los hijos del narcotráfico: hemos vivido, soñado, comido de su negocio y su cultura. Sin narco no hay Colombia. Por eso nuestras grandes obras televisivas del siglo XXI han sido sobre nuestra alma narco, antes en versión no-oficial de los ilegales (El cartel), ahora en la versión oficial de la historia y los medios (Escobar)”4.

Escobar: El Patrón del Mal

"Quién no conoce su historia, está condenado a repetirla"5.

Jorge Santayana

El 28 de mayo de 2012, dentro de la franja de horario Triple A (21 horas), se estrenó en Colombia la serie televisiva, Escobar: El Patrón del Mal, registrando el rating histórico más alto para el estreno de una producción. Se destacó en los medios que registró un 26.9 de rating personas y 62.7 % de share, tal éxito en parte, por la gran campaña de expectativa que se hizo previa al estreno de la misma. Escobar: El Patrón del Mal, a diferencia de otras producciones obtuvo en su primer día los más altos índices de sintonía, tendencia que se mantuvo durante la mayor parte de sus capítulos, solo superada en pocas oportunidades por su enfrentado, un reality show de RCN. Ésta, no es la primer serie en que se abordan temas de narcotráfico, recuérdese otras como: El cártel de los sapos I y II (ahora llevada al cine), Sin tetas no hay paraíso (de la que también se hizo una película, francamente lamentable), Muñecas de la mafia, Rosario Tijeras (a la serie le antecedió la película del director mexicano Emilio Maillé) y El capo I y II.

Paralelo al éxito de la producción, se tuvo noticias de que salió al mercado en los sectores populares de Medellín, un álbum coleccionable con láminas adhesivas para seguir la historia y sus personajes, éste fue prohibido en esa ciudad, pero sí bien su circulación y distribución estaban al margen de la legalidad, es difícil precisar si dejó de venderse y los seguidores de la serie dejaron de adquirirlo6.

También desde las agencias de viajes tanto en Colombia como en el exterior se impulsó la venta de paquetes turísticos al estilo peregrinación, para visitar los lugares en que nació, vivió y murió este personaje. Sin embargo, la venta de paquetes turísticos a extranjeros, sólo se potenció porque es de conocimiento público que se llevó a la práctica hace varios años7.

Fue de conocimiento público que él hijo de Pablo Escobar, radicado en Argentina desde hace 20 años, aproximadamente, también explota comercialmente la imagen su padre, lanzó la marca Escobar Henao, denominada por algunos medios como narcofashion, se trata de una línea de camisetas y jeans, la fábrica, con sede en Medellín emplea a 8 personas. Señaló el hijo de Escobar que puso a la venta “diez mil remeras y tres mil jeans, que –a un precio de 65 a 95 dólares y 140 dólares respectivamente– prometen una facturación de más de un millón de dólares. En los estampados de las prendas se ven documentos originales del capo narco, como su cédula de identidad, su licencia de conducir o su tarjeta de crédito. La ropa se vende en Estados Unidos, México, España, Japón y otros países, pero no en Colombia. “Es una muestra de respeto a las víctimas. Es un mercado enorme que ignoramos a expensas de un costo muy alto para la empresa, ya que mi padre en Colombia es tan odiado como venerado”, afirma Sebastián Marroquín (ése es su nombre actual). El primogénito de Escobar asegura que su proyecto es todo lo contrario a hacer apología del crimen. “La marca busca ser testigo de una historia para que no se repita y enviar un mensaje de paz y reflexión a los jóvenes. Lo que les decimos es: ‘El narcotráfico no es chiste, no vale la pena meterse en eso’””8.

No piensan lo mismo las familias de las víctimas, quienes expresaron sus críticas a tal emprendimiento comercial. Por su parte, Sebastian Marroquín, “justifica su decisión de hacer dinero con la cara de Escobar. “La imagen de mi padre fue explotada comercialmente durante tres décadas por terceros que lo hicieron con absoluta irresponsabilidad. Como hijo, tengo prioridad legal para decidir si lucrar o no con su figura”, sostiene, y agrega que parte de las ganancias se destinarán a víctimas de la violencia en Medellín (...) Con la marca Escobar Henao, Marroquín siente haber hallado un “equilibrio” que, según dice, siempre buscó”9.

En lo que respecta a la serie como tal, Escobar: El Patrón del Mal, se concibió como la producción más grande y costosa en la historia de la televisión colombiana, es decir, que cada día de rodaje tuvo un valor de 300 millones de pesos, aproximadamente 130 mil euros, unos 170 mil dólares y un equipo compuesto por 1.300 actores, cerca de 500 locaciones exteriores ubicadas no sólo en Bogotá, también en los Llanos Orientales, en Medellín, en la Costa Atlántica y en Estados Unidos, específicamente en Miami.

Cabe señalar que algunas de las personas fallecidas o asesinadas que son representadas en la serie conservan su nombre real como es el caso de Pablo Emilio Escobar Gaviria, Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara Bonilla y Guillermo Cano, los familiares de las víctimas, permitieron el uso de los nombres verdaderos. En los demás casos, los nombres son modificados pero permiten al televidente sí tiene una leve noción histórica de los hechos acaecidos en la historia reciente del país, hacer la inferencia lógica del personaje que se está representando.

Lo anterior para dar vida y contar la historia de Pablo Emilio Escobar Gaviria (1949-1993), el narcotraficante más emblemático y reconocido en la historia de Colombia, de América Latina y del mundo en general, se trata del narcotraficante convertido en mito y referente identitario de grandes y chicos, diferentes sectores sociales y generaciones enteras rendidas ante la sagacidad e ingenio de Escobar, no sólo para llenar de cocaína a los Estados Unidos, sino por su capacidad de burlar la ley, las instituciones, el Estado y a sus gobernantes, su mano dura, y paralelo a esto, su bondad y generosidad con los desvalidos.

La serie, según su productora Juana Uribe, sobrina de Luis Carlos Galán, es una versión libre de La Parábola de Pablo, publicación del autor colombiano Alonso Salazar. En esta versión de la historia de Salazar, que también contó con la participación de Camilo Cano, hijo de Guillermo Cano, quien fuera director de El Espectador asesinado en 1986, se combinan la ficción, los documentos periodísticos y algunos testimonios reales, según destacaron medios nacionales al momento del estreno de la producción.

El inicio de la serie está marcado por la infancia de Escobar, donde vale la pena detenerse, porque evidencia como a su corta edad, en esos primeros años que serán determinantes para la vida del adolescente, el joven y el adulto, ya era alentado y reprendido por su madre no para que actuara de forma ética sino para que tuviera la “viveza” y la malicia para saber hacer las cosas sin dejarse “pillar” (término coloquial utilizado en Colombia para hacer referencia a ver, descubrir, etc,.), inmerso en esa cultura del atajo, del todo vale y del fin que justifica los medios, sin importar cuales sean, esos que nos han llevado a asumir y a convivir con una cultura mafiosa.

Sin duda, todos estos momentos van acaparando la atención del televidente y lo van adentrando en lo que sería la formación del capo, sus primeros trabajos como contrabandista, sus métodos y el perfeccionamiento de los mismos, su capacidad para burlar la ley, la importancia que otorga a la familia, sus comportamientos machistas, su vida, las mujeres, las fiestas, la riqueza, excentricidad, ostentación y excesos, su paso por la política nacional, hasta llegar a su muerte.

Se ha dicho por parte de sus productores10, que la serie surge de “la necesidad de contar la historia bajo la perspectiva de las víctimas”, sin embargo sí ese es el objetivo, considero que no se logra, en la medida que se otorga más atención a Escobar y a sus acciones en tanto que, pasan rápidamente los episodios en que cobran vida los personajes que representan a las víctimas del narcotraficante, y su incidencia en lo que ha sido la reciente historia política de Colombia. De tal modo, muestra a personajes como Guillermo Cano, Rodrigo Lara Bonilla y a Luis Carlos Galán, pero sin detenerse mucho y sin contextualizar al espectador para que pueda entender a cabalidad lo que ellos significaron para la vida nacional, si resulta precaria e insuficiente la contextualización para el televidente colombiano que se supondría un poco más documentado sobre la historia del país, peor aún, para los televidentes que desapercibidos o no documentados, vean la serie en el exterior.

Es pertinente destacar y reconocer que en el sentido de producción televisiva, es excelente, cuenta con los mejores y más destacados actores del país, las actuaciones son convincentes, a diferencia de las producciones mexicanas o venezolanas, las colombianas se caracterizan por las grandes actuaciones, son crudas y nos gusta ver eso, al televidente colombiano le gusta la sangre, el sexo y la violencia, pero que convenza, que se vea lo más real y genuinamente posible. Expertos han destacado ampliamente los avances de la serie, en lo que ha producción audiovisual se refiere: dirección, manejo de planos, fotografía, sonido, montaje de cámara, guión, libretos y ambientación.

El problema surge cuando se quiere vender la idea de que se hace desde la perspectiva de las víctimas, eso es problemático, como también resulta difícil manejar y separar las aguas en lo que es contar una historia y coadyuvar en potenciar el resurgir del mito y la legitimación del villano hasta situarlo como fuente de inspiración para el televidente que llega no sólo a identificarse con él, sino a sentir simpatía y condescendencia por ese líder mafioso, feudal, autoritario, mujeriego, carismático, mesiánico, que vivió y murió en su ley. Como mencioné en líneas anteriores, convertido en mito para muchos sectores de la sociedad, particularmente en las clases populares, que admiran de forma explícita su “verraquera”, su forma de hablar11, su inteligencia, su capacidad para reinventarse, enriquecerse y sacar de la pobreza a su familia, el no amilanarse ante nadie y burlar, cooptar, comprar o eliminar a quien se interpusiera en su camino, fuera quien fuera. No se afirma necesariamente una apología al delito y a la ilegalidad, pero los productores parecen olvidar que ésta, es una sociedad enferma, amante del dinero fácil, contaminada y proclive al sentir mafioso, capaz de encontrar inspiración en cualquier historia y personaje que muestre astucia, “malicia indígena” y capacidad para enriquecerse en corto tiempo.

Coincido, destaco y cito algunas observaciones puntuales de Omar Rincón, quien se refirió a la serie en diferentes oportunidades y artículos, días después del estreno y en los meses siguientes.

1. (...) “si querían una versión de las víctimas, de los buenos, y que Escobar fuese el mal encarnado, debieron haber presentado desde el inicio a los superhéroes Cano, Galán y Lara en paralelo con Escobar, las cuatro historias en simultáneo para amar a los héroes y odiar al villano (...) Pero no, dramatúrgicamente decidieron darle el reino a Escobar y poner a los buenos a caer sin historia cuando el televidente ya amaba a Escobar y no entiende a estos superhéroes envidiosos y aburridos. Por eso, cuando llegan los buenos, el rating cae. No solo están mal planteados dramatúrgicamente, sino que van en contra del sentimiento colombiano: los narcos son los buenos; los políticos, los malos. En conclusión, los productores querían rating, no contar la otra historia de Colombia, por eso plantearon la historia así: Escobar reinando y Galán y los otros, sin historia. Otra vez se demuestra que con Escobar, el mal sí paga, da rating y muchas portadas de revistas”12.

2.“(...) Se ha vendido que en la historia Escobar va a quedar como el villano que fue y hasta ahora es la de un joven que con ingenio, viveza y seducción típicos colombianos sale de la pobreza. Los sentimientos que se despiertan en los primeros capítulos son los que el televidente mantiene durante toda la serie”13. “Es el héroe a la colombiana: no se le puede odiar, solo respetar”14.

3. “(...) En las tres primeras semanas Escobar reinó solo: él era intuitivo, creativo, de pocas palabras, buen amigo, conquistador, activo para sacar a su familia de la nada, un exitoso emprendedor de un negocio ilícito y con un código ético claro: castigaba a los falsos y desleales, premiaba a los incondicionales, por la familia todo. Muy colombiano: emprendedor, trabajador informal al que no le gustan los jefes, familiar, creativo y exitoso. ¡Cómo no admirarlo!”15.

4. “Y para confirmar su éxito, es el galán del barrio que se lleva la mejor chica, la que todos quieren; es el man de la chica perdida de burdel; es quien conquista a la más bella de la farándula, a la bellísima Angie Cepeda. No es bonito; como todo colombiano, es feo y simplón, pero las deja a todas enamoradas por su buen talante. El sueño colombiano realizado en su totalidad: billete y las mujeres más bellas a su disposición”16. Todo esto aseguró el rating, no obstante cuando aparecen “los buenos de la historia” sin contexto alguno, descritos por Rincón como “el aburrido Cano, el ético Lara, el líder Galán” que “aparecen por arte de magia para montársela porque sí al colombiano ordinario que sale adelante con su talento” el rating descendió.

Al consultar a Omar ahora que la serie terminó, sí ¿considera que la serie pudo incidir de algún modo en que se arraiguen sentimientos de condescendencia hacia una cultura mafiosa en la audiencia tanto en Colombia como en los países que se está presentando actualmente? el crítico, enfatizó que: “más que influir esta serie hizo tres cosas:

1. Reconocer que en Colombia admiramos, apreciamos y comprendemos más al narco que al político: por lo menos del narco sabemos por qué hace lo que hace;

2. Revivió el mito de Pablo Escobar de quien todos pensamos: es un duro porque de la ignorancia a poner a USA y al mundo en jaque, (...) porque se ve que era un tipo malo pero coherente;

3. Para quienes no conocieron a Pablo, lo pudieron conocer y así el mito crece”. En ese sentido, “sólo confirmó, no hizo nuevos hallazgos””.

Para finalizar en lo que a Colombia respecta, vale la pena destacar la opinión de Antonio Caballero, periodista colombiano quien afirmó en una fuerte crítica que la serie es: “un canto al triunfo de un criminal, que es ya, por otra parte, un personaje casi mitológico, venerado como un santo en las comunas y los barrios populares de Medellín, desde donde se hacen peregrinaciones para orar y poner flores en su tumba. La cual es también escala habitual en los circuitos para extranjeros que organizan las agencias de turismo, pues no en balde se trata del colombiano más famoso en el mundo.

(...) Y es que Pablo Escobar, como se ha dicho de Adolf Hitler, ganó su guerra después de muerto. La ganó porque la Colombia corrompida y criminal de la que fue pionero, adoradora del dinero rápido a cualquier precio y olvidada de toda moral y todo escrúpulo, es la que se está imponiendo. Escobar murió a tiros (como sus víctimas). Pero tras su muerte el narcotráfico terminó por penetrar e inficionar todo: el campo y la ciudad, la guerrilla y el Estado, la banca, la política: ya no es Pablo Escobar el único narcoparlamentario. La televisión: lo estamos viendo. La lengua: media Colombia habla hoy la lengua de la mafia, mitad de sicario paisa, mitad de traqueto valluno: "¡Hágale!", "¡Sí o sí?". Y el ejemplo va calando, en la llamada 'colombianización' -o sea, escobarización- de México, de América Central, de la Argentina, del pacífico Uruguay, del Brasil”17
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