Sabemos muy bien que el tiempo no para… y que una nueva Navidad ya está cerca. La Navidad es principalmente una solemnidad, pero también constituye un tiempo






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fecha de publicación04.04.2017
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NAVIDAD

Sabemos muy bien que el tiempo no para… y que una nueva Navidad ya está cerca. La Navidad es principalmente una solemnidad, pero también constituye un tiempo festivo y como tal debe distinguirse del tiempo del Adviento que es el que la precede y la prepara. Es por eso que en estos días las celebraciones deben ser más festivas (flores, luces, cantos, etc.) y recordar que este tiempo festivo se prolonga hasta la fiesta del Bautismo del Señor, inclusive.
El hecho de que el tiempo de Navidad constituya un período festivo prolongado, no puede hacernos nunca olvidar la supremacía del tiempo Pascual y la necesidad de lograr un equilibrio entre Navidad y Pascua, equilibrio que debe manifestarse en la manera de celebrar.
Esta faceta hay que trabajarla pastoralmente en muchas de nuestras comunidades, ya que es una realidad innegable de que, para muchos, Navidad continúa siendo la fiesta más importante del año y se la sitúa de modo equivocado como igual o incluso por encima de la Pascua.
En concreto:
La ambientación del espacio celebrativo: Es recomendable colocar durante estos días una imagen del Niño Jesús, del Belén o Pesebre en un lugar oportuno, pero teniendo en cuenta el principio primario de que nunca ofusque los elementos litúrgicos sacramentales (sede, ambón, altar), es decir, nunca deberíamos armar el Belén o colocar la imagen del Niño Jesús sobre o delante del altar, por ejemplo.
Una ubicación significativa podría ser el lugar que ocupó la corona de adviento en su momento, por ejemplo, readornarla, iluminarla con más cirios o adornos ya propios de la Navidad.
Además del Belén o Pesebre y de la imagen del Niño Jesús, hay otro signo que se ha convertido en característico de la Navidad: el Árbol y que sin miedo podemos decir que forma parte de nuestra cultura latinoamericana, ¿o no hay casas o familias que no tengan su “arbolito de Navidad” armado el 8 de Diciembre? Por eso, no debemos temer de incorporarlo a la ornamentación del Aula eucarística, todo esto puede relacionarse muy fácilmente con el acontecimiento de la Navidad y así el árbol no aparece opuesto al Belén o Pesebre, sino como un complemento simbólico y pedagógico de la teología de la Navidad.
Su origen lo podemos situar hacia fines del siglo XVI y ya desde el principio tuvo una clara intención cristiana. El árbol, por una parte nos recuerda el árbol del Paraíso, según el libro del Génesis: árbol de vida y fecundidad. Por otra, el árbol que, según el libro del Apocalipsis estará plantado como símbolo de vida y fecundidad, en el cielo. Y en medio está el árbol de la Cruz, en el que nos ha salvado Cristo.
Además del simbolismo de la vida y de los frutos (adornos), se le une a este árbol el de la luz (lucecillas que se le colocan). Cristo es la Luz y la estrella guió a los Magos de Oriente a donde estaba el recién nacido. No olvidemos que en el Bendicional encontramos una oración para bendecir el Árbol de Navidad y también otra para el Belén o Pesebre.
Para la ambientación del Aula eucarística, no debemos adelantarnos demasiado, será mejor que poco a poco el lugar se vaya preparando para la Solemnidad del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, todo a su tiempo con paciencia. Importante: no dejarnos llevar por la vorágine de lo comercial y externo.
Preparar bien la celebración de la Eucaristía: Es una buena ocasión para reunir y hacer intervenir a gente diversa de la parroquia. No se trata de reunirse para inventar algo nuevo, sino para facilitar que todos entiendan el sentido de lo que celebramos y será un elemento que nos ayudará a acercar la Misa a la vida de la comunidad que celebra. Por ejemplo, donde sea apropiado se puede hacer una breve vigilia con un canto o una poesía que acompañen la colocación del Niño Jesús antes de la entrada del celebrante y los ministros.
Claro está que la propia celebración merece todas las atenciones: buenos lectores, ministros suficientes para acompañar al presidente, cantos abundantes y conocidos, proclamación de la Calenda, adoración del Niño Jesús con villancicos, donde es costumbre.
Algo a tener en cuenta en el tiempo de Navidad es saber distinguir entre los cantos de contenido adecuado para la celebración Eucarística y los villancicos. Hay que tener bien en claro el criterio de elección para cada momento. Se puede preparar un cancionero con las letras de los cantos y villancicos e incluso ¿por qué no?, convocar a los niños y jóvenes paras los días del tiempo de Navidad a un encuentro festivo para tomar algo juntos y cantar villancicos.
Después del día de la Navidad: Siempre se constata que las celebraciones del tiempo de Navidad parece que se agotan el mismo 24 de Diciembre. Es por eso que debemos esforzarnos para orientar nuestras capacidades para que el ambiente festivo en la quincena Navidad-Epifanía, no bajen el tono.
La Calenda o Anuncio de la Navidad: Su proclamación en todas las misas del 24 y 25 será un elemento para solemnizar la Navidad, proveniente de la antigua liturgia romana y recuperada en el pasado Jubileo del año 2000. Es un elemento válido de ambientación pedagógica de la Navidad.
La comunidad contesta a este anuncio con el canto del Gloria.
El Anuncio se puede proclamar de la siguiente manera:


  • Procesión de entrada con un canto de entrada largo y vivo.

  • Saludo del celebrante.

  • Monición introductoria del monitor y anuncio de la Calenda.

  • Sube un lector al ambón, se crea un silencio expectante.

  • El lector proclama el Anuncio.

  • Terminado se canta el Gloria.


Texto:
Les anunciamos, hermanos una buena noticia,

una gran alegría para todo el pueblo;

escúchenla con corazón gozoso.

Habían pasado miles y miles de años

desde que, al principio, Dios creó el cielo y la tierra

e hizo al hombre a su imagen y semejanza;

y miles y miles de años desde que cesó el diluvio

y el Altísimo hizo resplandecer el arco iris,

signo de alianza y de paz.

Cerca de dos mil años después de que Abrahán,

nuestro padre en la fe, dejó su patria;

1250 años después de que los israelitas,

guiados por Moisés, salieran de Egipto;

mil años después de la unción de David como rey;

en el año 752 de la fundación de Roma;

en el año 42 del imperio de Octavio Augusto,

mientras sobre toda la tierra reinaba la paz,

hace 2010 años,

en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel,

ocupado entonces por los romanos,

en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada,

de María virgen, esposa de José,

de la casa y familia de David,

nació Jesús,

Dios eterno, Hijo del eterno Padre y hombre verdadero,

llamado Mesías y Cristo,

que es el Salvador que la humanidad esperaba.

Agregamos también el anuncio de las fiestas del Año que se hace el día de la Epifanía, el 6 de Enero, después del Evangelio, así lo recomienda el Ceremonial de los Obispos (CE 240), su sentido es conectar la celebración de la Navidad con la Pascua y con el desarrollo de todo el año litúrgico. En algunos sitios se acostumbra a colgar este anuncio en la puerta de la Iglesia desde la Epifanía hasta el Domingo anterior a la Cuaresma.
La gloria del Señor se ha manifestado en Belén

y seguirá manifestándose entre nosotros,

hasta el día de su retorno glorioso.

Por eso les anuncio con gozo, hermanos y hermanas,

que así que como nos hemos alegrado en estas fiestas

de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo.

Nos alegraremos también en la gran celebración pascual

de la Resurrección de nuestro Salvador.

Así, pues, recordemos que este año

la ejercitación de la Cuaresma,

que nos prepara para la Pascua,

comenzará el día…de …,miércoles de Ceniza,

y del … al… de …celebraremos con fe

la muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesús,

en el Triduo Pascual.

Al cabo de cincuenta días,

al término de la gran fiesta de la cincuentena pascual,

el domingo… de ….,

celebraremos la solemnidad de Pentecostés,

el don que Jesús resucitado hace a su Iglesia:

su Espíritu Santo.

Cada domingo nos reuniremos para celebrar la Eucaristía

conmemorando la Pascua del Señor.

Y veneraremos también la memoria de la Virgen en sus fiestas,

y de tantos hermanos santos y santas

que nos acompañarán en nuestro camino.

Y ya al finalizar el año,

el día…de ...,

iniciaremos un nuevo año litúrgico

con la celebración del domingo primero

del Adviento de nuestro Señor Jesucristo.

A él todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Bueno, queridos amigos, espero que todo esto nos ayude a celebrar la Pascua de Jesús en el misterio de una nueva Navidad. A él todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos…

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