Taller de lectura y escritura de poesía






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títuloTaller de lectura y escritura de poesía
fecha de publicación28.07.2016
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Taller de lectura y escritura de poesía.
Lugar a desarrollarse: Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.
Fundamentos.

Nadie niega la importancia ni la conveniencia de participar en un taller de lectura y escritura. Las razones por las que alguien puede acercarse a este tipo de propuestas son diversas, algunos porque tienen una afición por la lectura pero prefieren que les presenten un recorrido, otros porque pretenden mejorar su redacción, a veces una persona puede estar aburrida, a otra la convenció un amigo que ya lo hizo. Estos ejemplos, claro, no son exhaustivos, pero sí reflejan en parte, cuán diversas motivaciones pueden estar detrás de esta decisión. Ahora bien, como se inscribe este taller en un ámbito deportivo; en un lugar, en donde la cinética del cuerpo pareciera detentar la hegemonía frente a otras actividades?. Pues bien, nuestra propuesta no está en contradicción con esa cinética, sino que agrega, como por otra parte fuera pensado por los fundadores de este club, que un cuerpo sano solo puede desarrollarse y tomar sentido junto a una mente sana y ejercitada.

Existe una expresión, seguramente un tanto vulgar, para referirse a ciertas personas que privilegian ante todo la lectura: “ratas de biblioteca”. Tales seres parecieran ser humanos abocados, exclusivamente a roer ordenados signos, generalmente obscuros y uniformes, con solitaria fruición. Si damos lugar a esta mitología, por que no pensar la posibilidad de un tipo de fauna fabulosa, cuyos hábitos la ubiquen en la orilla contraria a los primeros. Podemos incluso barruntar tales entes, verlos desplazar irremisiblemente pesos que se multipliquen hasta la enajenación. Una constelación de músculos, tendones y huesos provocando vehemencia y repetición al infinito. Nominalmente serían algo así como “las hormigas de la palestra”, sin ánimo de ofender a estos animalitos infatigables y laboriosos.

Si dentro del campo de lo insólito, es lícito imaginar tales exuberancias, también lo es dentro de lo real, conjeturar posturas que privilegien con tesón, ya el campo de la ejercitación física, ya el de las letras; olvidando el deseado equilibrio que entre ambos excesos debiera existir, tal como lo pensara, hace algunas centurias, la civilización griega; cuna del modo de ser occidental.

Porque obviando tanto lúdico disparate, nuestra propuesta de taller dentro de un club deportivo tiene ese fin: el de acercar instancias que a primera vista se manifiestan escindidas; el de lograr, sin falsas retóricas orientalistas, una cierta armonía, un atisbo de unidad.

Seguidamente, queda por develar por que este taller se refiere tan solo a poesía. En principio, se debe a que toda propuesta necesita un recorte, dada la infinitud de posibilidades. Salvando esta obviedad... existe aún otra: el humilde autor del taller tiene una predilección que quisiera compartir. Ahora bien, desde una perspectiva menos caprichosa, entendemos que el espíritu del deporte y del de la poesía no están tan alejados como a primera vista pudiera suponerse; no solo porque ambos privilegien una expresividad del yo tan fervientemente, sino también porque los dos incluyen un narcisismo visible o, para expresarlo en términos más alejados de lo patológico, una cierta afirmación positiva del ente. En ese sentido, ambas expresiones son coincidentes, pues el deporte es netamente vital; es, para decirlo en una expresión: un movimiento hacia el ser. También la poesía tiene este matiz, pues entre todos los géneros de la palabra escrita, es palabra que implica necesariamente. Raro es el poema cuyos versos, como bellos cristales, no transparenten a su autor.

Por esto creemos que poesía y deporte son rumbos paralelos que tienden a la autoreferencialidad y al autoconocimiento; que son, primordialmente, una forma de existencia que se prueba a sí misma.

Este taller entonces, tiene el objeto de compartir unas poéticas, con personas que piensen todo esto, aunque también, con aquellas a las que simplemente les guste leer y escribir; con las que se aburran e incluso con las que vengan producto de la recomendación de un amigo.

Sea como fuere, intentaremos dar sustento a la leyenda que hace más de cien años, está fijada bajo el escudo del club: “Mens sana in corpore sano”

Los encuentros.
Encuentro 1 Desmitificación de lo poético.
Desde una mirada algo prejuiciosa, estamos acostumbrados a creer que los poemas se refieren a cosas sublimes. Entonces nos parece, que en última instancia una poesía solo puede hablar acerca del amor, la muerte, la soledad, la tristeza, etc. A fin de relajar esta perspectiva, la propuesta para el primer encuentro es rastrear algunas poesías que no impliquen los contenidos antes mencionados, sino que se refieran a hechos de la vida cotidiana. En este sentido, lo que se intenta trabajar es que casi todo acto o suceso puede ser poético, o tema de inspiración para una poesía.
Cosas de uno
Yo digo ¿no?
esta mano
que escribe mil doscientos
y transporte
y Enero
y saldo en caja
que balancea el secante
y da vuelta la hoja
esta mano crispada en el apuro
porque se viene el plazo
y no hay tu tía
que suma cifras de otros
cheques de otros
que verdaderamente pertenece a otros
yo digo ¿no?
esta mano
¿qué carajo tiene que ver conmigo?
Mario Benedetti.

Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias
o como pasas de higo;
un cutis de durazno
o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportar
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí!
y en esto soy irreductible
no les perdono, bajo ningún pretexto
que no sepan volar.
Si no saben volar pierden el tiempo conmigo.

Oliverio Girondo.


Consigna de escritura.

En este caso los participantes del taller deberán escribir en unos papelitos una frase, verso o título para escribir un poema que se refiera a un acto de la vida cotidiana, como por ejemplo: el “desayuno de ayer”, o “ida al trabajo” etc. Estos papelitos serán reunidos en una caja o bolsa y luego cada uno de los talleristas deberán retirar al azar un papel con el que deberán intentar construir una poesía con las características mencionadas.

Segundo encuentro. La poesía: forma fijada o lugar de exploración.

Existen una cantidad ingente de crítica literaria a la que le fascina sistematizar todo lo escrito. Cuando se lee algo acerca de sus clasificaciones, análisis, interpretaciones, etc, nos parece que la escritura posee una cantidad determinada de géneros, con unas puntualidades exactas. Lo que se olvida, por momentos, es que este cientificismo es a posteriori, y sirve someramente y sólo hasta que una nueva voz viene a patear el tablero y los castillos artificiales que eruditos y estudiosos erigen con tanto empeño y exactitud.

En la poesía se suele proceder con la misma rigurosidad. Así se establece que un poema está inscripto en tal tradición, que utiliza unos recursos puntuales, que se refiere a tal o cual cuestión. Pero la poesía, como otros géneros, es mucho más que eso, es también un lugar creativo para explorar e innovar no sujeto a priori a normas estéticas específicas. Sin dudas, una poesía puede referirse a una cuestión puntual, a un sentimiento o estado del que lo escribe, pero no hay que olvidar dos cuestiones fundamentales de todo arte en sí y de la poesía en particular: la primera se refiere a la polivalencia, así más allá de si un poeta tuvo una idea determinada al configurar una poesía, esa forma puede tener múltiples significaciones. La otra cuestión es que la obra de arte se completa en su interacción con el receptor (si tal término todavía es válido). Si aceptamos esto, estaremos diciendo de alguna forma que una creación puntual tiene tantas posibilidades como sujetos interactúen con ella, más allá que, en muchos casos, las diferencias puedan ser sutiles.
Para este encuentro trataremos de que los participantes del taller puedan considerar estas cuestiones y dar lugar a la creación de unos textos que surjan de esas reflexiones.
En la primera parte del encuentro, se presentaran a los talleristas unas poesías que se diferencias de alguna manera de los textos de estilo clásico. Pensamos en una poesía surrealista de Bacon y un caligrama de Apollinaire, pero podrán incluirse otras. Luego de su presentación se les pedirá a los participantes que escriban individualmente cuáles son, para ambas poesías; el mensaje, el tema, el destinatario etc, más cualquier observación que les produzca la lectura de ambos poemas.

Una vez finalizada dicha actividad, se les pedirá que lean o simplemente compartan sus conclusiones con el resto del grupo. En este sentido, por las características puntuales de sendas poesías, creemos que habrá diferencias de peso; más que las que surgirían de la lectura de, por ejemplo, un soneto. De esta forma, se alentará un debate que tenga que ver con las formas, la “poeticidad” de los textos, y principalmente el peso de la subjetividad a la hora de valorar una obra artística.



Apollinaire
Mi mujer con cabellera de incendio de bosque

con pensamiento de centellas de calor

con talle de reloj de arena

mi mujer con talle de nutria entre los dientes del tigre

mi mujer con boca de escarapela y de ramillete de estrellas de última magnitud

con dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca

con lengua de ámbar y de vidrios frotados

mi mujer con lengua de hostia apuñalada

con lengua de muñeca que abre y cierra los ojos

con lengua de piedra increíble

mi mujer con pestañas de palotes de escritura de niño

con cejas de borde de nido de golondrina

mi mujer con sienes de pizarra de techo de invernadero

y de vaho en los cristales

mi mujer con hombros de champaña y de fuente con cabeza de delfines bajo el hielo

mi mujer con muñecas de fósforos

mi mujer con dedos de azar y de as de corazón con dedos de heno segado

mi mujer con axilas de marta y de bellotas de noche de San Juan de alheña y de niño de escalarias con brazos de espuma de mar y de esclusa y de mezcla de trigo y de molino

mi mujer con piernas de cohete con movimientos de relojería y desesperación

mi mujer con pantorrillas de médula de saúco

mi mujer con pies de iniciales con pies de manojos de llaves con pies de pajarillos que beben.

André Bretón

Como consigna de escritura se les pedirá a los participantes del taller que escriban una poesía corta o una serie de versos sueltos cuya cantidad no supere los ocho. A continuación deberán sentarse en grupo y construir un poema en grupo que incluya la mayoría de los versos de cada uno.

Antes de dar por concluido el encuentro, se les pedirá a los concurrentes que busquen y traigan para la próxima vez, una serie de escritos que les agraden o llamen la atención. Entre ellos podrán figurar poesías, noticias periodísticas y de opinión, cuentos, refranes, etc.


Tercer encuentro. Robo a pluma descubierta.
En este encuentro nos proponemos trabajar cuestiones relativas a la intertextualidad y la intergenericidad.

La primera parte estará dedicada a la lectura de una poesía de Roal Dahl cuya claro intertexto es el cuento clásico “la cenicienta”. La poesía es por demás interesante, porque establece un complejo juego con su texto fuente, en donde lo cuestiona como falso y relata otra historia diferente a la conocida, a la vez que refiere todo esto en verso desafiándola así, incluso desde lo genérico.

Como de costumbre, antes de iniciar la consigna de escritura se intentará llevar a debate estas cuestiones para que a través del diálogo grupal puedan discutirse las propuestas.

En este caso la consigna girará sobre los textos que los talleristas hayan encontrado para este encuentro. Con ellos deberán construir una poesía. Las posibilidades serán amplias: Podrán realizar una poesía a partir de un cuento o noticia periodística, incluir versos recortados de las poesías que hayan conseguido, utilizar la aliteración de poemas de otros autores, etc.

"¡Si ya nos la sabemos de memoria!",

diréis. Y, sin embargo, de esta historia

tenéis una versión falsificada,

rosada, tonta, cursi, azucarada,

que alguien con la mollera un poco rancia

consideró mejor para la infancia...
El lío se organiza en el momento

en que las Hermanastras de este cuento

se marchan a Palacio y la pequeña

se queda en la bodega a partir leña.

Allí, entre los ratones llora y grita,

golpea la pared, se desgañita:

"¡Quiero salir de aquí! ¡Malditas brujas!

¡¡Os arrancaré el moño por granujas!!".

Y así hasta que por fin asoma el Hada

por el encierro en el que está su ahijada.

"¿Qué puedo hacer por ti, Ceny querida?

¿Por qué gritas así? ¿Tan mala vida

te dan esas lechuzas?". "¡Frita estoy

porque ellas van al baile y yo no voy!".

La chica patalea furibunda:

"¡Pues yo también iré a esa fiesta inmunda!

¡Quiero un traje de noche, un paje, un coche,

zapatos de charol, sortija, broche,

pendientes de coral, pantys de seda

y aromas de París para que pueda

enamorar al Príncipe en seguida

con mi belleza fina y distinguida!".

Y dicho y hecho, al punto Cenicienta,

en menos tiempo del que aquí se cuenta,

se personó en Palacio, en plena disco,

dejando a sus rivales hechas cisco.
Con Ceny bailó el Príncipe rocks miles

tomándola en sus brazos varoniles

y ella se le abrazó con tal vigor

que allí perdió su Alteza su valor,

y mientras la miró no fue posible

que le dijera cosa inteligible.

Al dar las doce Ceny pensó: "Nena,

como no corras la hemos hecho buena",

y el Príncipe gritó: "¡No me abandones!",

mientras se le agarraba a los riñones,

y ella tirando y él hecho un pelmazo

hasta que el traje se hizo mil pedazos.

La pobre se escapó medio en camisa,

pero perdió un zapato con la prisa.

el Príncipe, embobado, lo tomó

y ante la Corte entera declaró:

"¡La dueña del pie que entre en el zapato

será mi dulce esposa, o yo me mato!".

Después, como era un poco despistado,

dejó en una bandeja el chanclo amado.

Una Hermanastra dijo: "¡Ésta es la mía!",

y, en vista de que nadie la veía,

pescó el zapato, lo tiró al retrete

y lo escamoteó en un periquete.

En su lugar, disimuladamente,

dejó su zapatilla maloliente.
En cuanto salió el Sol, salió su Alteza

por la ciudad con toda ligereza

en busca de la dueña de la prenda.

De casa en casa fue, de tienda en tienda,

e hicieron cola muchas damiselas

sin resultado. Aquella vil chinela,

incómoda, pestífera y chotuna,

no le sentaba bien a dama alguna.

Así hasta que fue el turno de la casa

de Cenicienta... "¡Pasa, Alteza, pasa!",

dijeron las perversas Hermanastras

y, tras guiñar un ojo a la Madrastra,

se puso la de más cara de cerdo

su propia zapatilla en el pie izquierdo.

El Príncipe dio un grito, horrorizado,

pero ella gritó más: "¡Ha entrado! ¡Ha entrado!

¡Seré tu dulce esposa!". "¡Un cuerno frito!".

"¡Has dado tu palabra. Principito,

precioso mío!". "¿Sí? -rugió su Alteza.

--¡Ordeno que le corten la cabeza!".

Se la cortaron de un único tajo

y el Príncipe se dijo: "Buen trabajo.

Así no está tan fea". De inmediato

gritó la otra Hermanastra: "¡Mi zapato!

¡Dejad que me lo pruebe!". "¡Prueba esto!",

bramó su Alteza Real con muy mal gesto

y, echando mano de su real espada,

la descocó de una estocada;

cayó la cabezota en la moqueta,

dio un par de botes y se quedó

quieta...
En la cocina Cenicienta estaba

quitándoles las vainas a unas habas

cuando escuchó los botes, -pam, pam, pam-

del coco de su hermana en el zaguán,

así que se asomó desde la puerta

y preguntó: "¿Tan pronto y ya despierta?".

El Príncipe dio un salto: "¡Otro melón!",

y a Ceny le dio un vuelco el corazón.

"¡Caray! -pensó-. ¡Qué bárbara es su alteza!

con ese yo me juego la cabeza...

¡Pero si está completamente loco!".

Y cuando gritó el Príncipe: "¡Ese coco!

¡Cortádselo ahora mismo!", en la cocina

brilló la vara del Hada Madrina.

"¡Pídeme lo que quieras, Cenicienta,

que tus deseos corren de mi cuenta!".

"¡Hada Madrina, -suplicó la ahijada-,

no quiero ya ni príncipes ni nada

que pueda parecérseles! Ya he sido

Princesa por un día. Ahora te pido

quizá algo más difícil e infrecuente:

un compañero honrado y buena gente.

¿Podrás encontrar uno para mí,

Madrina amada? Yo lo quiero así...".
Y en menos tiempo del que aquí se cuenta

se descubrió de pronto Cenicienta

a salvo de su Príncipe y casada

con un señor que hacía mermelada.

Y, como fueron ambos muy felices,

nos dieron con el tarro en las narices.

Cuarto encuentro. La palabra vedada
En este encuentro, pensamos trabajar acerca de la relación elíptica, que muchas veces, se establece entre un poema y el supuesto tema al que se refiere. Sucede entonces que la textualidad de tal género evita, en muchos casos, las referencias directas respecto de aquello manifesta, y formara con ello lazos indirectos que se agazapan y solo se vislumbran parcialmente a través de ciertas implicaturas.

La idea para este encuentro es la lectura de dos poesías de Federico García Lorca y un debate posterior acerca de las mismas, en donde, grupalmente, se acuerden (fundamentadamente) los temas a que dichos poemas se refieren. Posteriormente se realizará una actividad de escritura en relación con esta cualidad.

Los textos son:
Romance de la luna, luna
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.

Romance sonámbulo
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

*

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

*

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los montes de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

*

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

*

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

*

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

El planteo del debate como se dijo, será intentar establecer, un posible hecho a que el poema se refiera y sostener dicha opinión con fundamentos, en este sentido se aceptará cualquier conclusión siempre que pueda relacionarse con la textualidad del texto. Si bien tal vez, no hay palabras que expresen exactamente lo que sucede en ellos, si posiblemente haya algunas cuyas connotaciones proponen cierta interpretación. Los talleristas deberán determinarlas.
Actividad de escritura.
La propuesta es la creación de un poema, por parte de los participantes del taller, cuyo texto no posea referencias directas respecto del hecho o tema al que se refiera. Así, por ejemplo, si la poesía se refiere por ejemplo al pensamiento de un hombre en un día de tormenta; en ese texto no podrán figurar palabras como justamente tormenta, pero tampoco tempestad, lluvia, inclemencia, etc.

Además se propone una dinámica grupal, que necesita de al menos 8 participantes. Cada uno de ellos elegirá un tema que intentará versificar y deberá compartirlo con el resto del grupo. Cada uno de los restantes talleristas establecerá dos palabras vedadas, que serán anotadas en una pizarra. De esta manera la persona, deberá componer un poema con el tema manifestado evitando el uso de las catorce palabras que sus compañeros hayan pensado.

Quinto encuentro. Metáforas. El tratamiento de lo sexual.
En este encuentro se leerán poesías en donde existan metáforas sexuales, para luego tratar de incluir, al menos tres de ellas en las poesías que en el primer encuentro hayan creado.

Las poesías son


El último y el primero:
rincón para el sol más grande,
sepultura de esta vida
donde tus ojos no caben.
Allí quisiera tenderme
para desenamorarme.
Por el olivo lo quiero,
lo persigo por la calle,
se sume por los rincones
donde se sumen los árboles.
Se ahonda y hace más honda
la intensidad de mi sangre.
Carne de mi movimiento,
huesos de ritmos mortales:
me muero por respirar
sobre vuestros ademanes.
Corazón que entre dos piedras
ansiosas de machacarte,
de tanto querer te ahogas
como un mar entre dos mares.
De tanto querer me ahogo,
y no me es posible ahogarme.
¿Qué hice para que pusieran
a mi vida tanta cárcel?
Tu pelo donde lo negro
ha sufrido las edades
de la negrura más firme,
y la más emocionante:
tu secular pelo negro
recorro hasta remontarme
a la negrura primera
de tus ojos y tus padres,
al rincón de pelo denso
donde relampagueaste.
Ay, el rincón de tu vientre;
el callejón de tu carne:
el callejón sin salida
donde agonicé una tarde.

La pólvora y el amor
marchan sobre las ciudades
deslumbrando, removiendo
la población de la sangre.
El naranjo sabe a vida
y el olivo a tiempo sabe.
Y entre el clamor de los dos
mis pasiones se debaten.
El último y el primero:

Náufrago rincón, estanque

De saliva detenida

Sobre su amoroso cauce.
Siesta que ha entenebrecido
el sol de las humedades.
Allí quisiera tenderme
para desenamorarme.
Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, nadie.
Miguel Hernández.

Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose,

lento juego de luces, campana solitaria,

crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca,

caracola terrestre, en ti la tierra canta!
En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye

como tú lo desees y hacia donde tú quieras.

Márcame mi camino en tu arco de esperanza

y soltaré en delirio mi bandada de flechas.
En torno a mí estoy viendo tu cintura de niebla

y tu silencio acosa mis horas perseguidas,

y eres tú con tus brazos de piedra transparente

donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida.
Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla

en el atardecer resonante y muriendo!

Así en horas profundas sobre los campos he visto

doblarse las espigas en la boca del viento.
Pablo Neruda.

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.

Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas y
ramas de pino verde.

*

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira a la niña tocando
una dulce gaita ausente.

Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre
.

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.


Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.

¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por donde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

*

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra el
viento, furioso, muerde.


Federico Garcia Lorca.
Consigna de Escritura: La idea sería que los talleristas reescriban sus producciones anteriores o intercalen, si el contexto lo permitiese, metáforas que tengan que ver con el plano sexual, evitando, claro está, como en los poemas que figuran, las obscenidades





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