Santa Teresa en Toledo: las Moradas






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Santa Teresa en Toledo: las Moradas

Munich-Freising 
6 Septiembre 2014 

Excelentísmos Sres.

Queridos miembros de la milicia de Santa María

Queridos amigos

Vielen Dank für die Einladung, an diesem so wichtigen Internationalem Symposium teilzunehmen

“EN MIÉRCOLES, VEINTIOCHO DIAS DEL MES DE MARZO DE MIL QUINIENTOS Y QUINCE AÑOS, NASCIÓ TERESA, MI FIJA, A LAS CINCO HORAS DE LA MAÑANA, MEDIA HORA MÁS O MENOS, QUE FUE EL DICHO MIÉRCOLES CASI AMANECIDO. FUERON SU COMPADRE VELA NUÑES Y LA MADRINA DOÑA MARIA DEL AGUILA, HIJA DE FRANCISCO DE PAJARES”. Así registró D. Alonso a su hija Teresa.

Así escribe el orgulloso padre la llegada al mundo de esta niña, que con los años y los siglos se ha convertido en una persona extraordinariamente importante para la Iglesia y la cultura, desde aquel tiempo del siglo XVI hasta hoy que nos preparamos para el quinientos aniversario de este día que hoy recordamos.

¡Casi amanecido! Es decir, empezando la luz temprana, recibimos a la futura luminaria. Antorcha que sigue alumbrando hasta nuestros días, siglo tras siglo.

Era miércoles de Pasión, año segundo del papado de León X. Reinaba en España Fernando el Católico.

La madre Teresa es ESCRITORA DE RAZA..., no pasó por la Universidad. No tuvo más educación y cultura que la asimilada en la Casa de la Moneda, caserón de su padre, hidalgo culto que procuró formar una buena biblioteca para sus hijos.

Teresa era ya en vida una persona célebre, lo inusual de su trayectoria, la singular forma de entender la vocación femenina y religiosa, así como fundadora y escritora, MARCARON UN HITO QUE SIGUE EN PIE.

Estamos en el Siglo XVI, siglo donde ser escritor era tarea reservada a letrados, varones. La condición femenina, en la Iglesia y en la sociedad, está rebajada.TODO LLEVA UN SELLO VARONIL.

Teresa será juzgada por hombres y escribirá obedeciendo sus mandatos y será aprobada o condenada por ellos, pero desde las primeras páginas de sus escritos, se adivina que es de mujer la mano que sostiene esa pluma de ave que va rasgando los folios con un lenguaje que entienden las monjas, los letrados, los arrieros con los que viaja y nosotros, lectores de este siglo que con admiración leemos sus libros.

Escribe como habla, llana, sin culturismo ni latines, con el habla de las damas de Ávila.

Acusan a la Santa sus detractores de que se metió a escritora sin letras; nosotros, sus amigos, bendeciremos siempre a los confesores que le mandaron escribir por obediencia.

Ya monja de la Encarnación, forma en su celda una pequeña biblioteca. Presta libros a su padre, a sus amigos... Libros fuertes... San Agustín, San Jerónimo, San Gregorio, el tercer abecedario de Osuna que le ayuda a interiorizarse. Se compenetra con San Agustín y escribe con añoranza: “SI YO FUERA PERSONA QUE TUVIERA AUTORIDAD DE ESCRIBIR”... La tendrá como veremos hoy.

 “SIEMPRE FUI AMIGA DE LETRAS” nos dice.

 

Primer viaje a Toledo

Era la noche de Navidad en el Monasterio de la Encarnación de Ávila. Las monjas tenían preparado el regalo al Niño que iba a nacer. Una de ellas, Dª Teresa, guardaba para su Niño Jesús un regalo especial: una casita pobre como el Portal de Belén, donde esperaba encerrarse, en un corto tiempo, pues sólo faltaban las patentes,  para vivir la regla primitiva de su Orden.

UNA VEZ MÁS LOS CAMINOS DE DIOS NO SON NUESTROS CAMINOS, pensaría Teresa con sorpresa e inquietud.

Esa noche es ella quien recibe un inesperado y nada agradable regalo de sus superiores, que cambiará todos sus proyectos. Le piden dejar Ávila para viajar a Toledo.

Aun descendiente de toledanos judíos conversos, la joven Teresa no conocía la tierra de sus antepasados paternos.

Juan Sánchez, su abuelo, rico comerciante en paños, no quiso marcar a sus hijos con la tara de haber llevado el “Sanbenito” y trasladó su hacienda a Ávila. Los cuatro hijos casaron con señoras de sangre vieja, de familias enraizadas desde antiguo y D. Alonso, padre de Teresa, fundó su solar en la antigua Casa de la Moneda, donde vivió y educó a su numerosa prole.

Los hijos de D. Alonso hablarían el lenguaje Toledano que, por su pureza y perfección, hasta Gracián pudo afirmar “QUE MÁS DICE AQUÍ UNA MUJER EN UNA PALABRA QUE EN ATENAS UN FILÓSOFO EN TODO UN LIBRO”.

Los primeros días de Enero de 1562, en lo más crudo del invierno, se pone en camino. Una persona enferma desde su juventud, “nunca tuve salud, ni ganas de haberla”, acompañada de su amiga Juana Suárez emprende viaje en un carro entoldado y no por gusto.

Abandona bruscamente Avila, en los momentos más críticos para su reforma y por un motivo diametralmente opuesto a su proyecto de vida.

Trasladarse a un lujoso palacio, en lugar de a una casita con paredes sin labrar, convivir con la más alta nobleza a cambio de la humildad de cuatro pobrecitas que preparan sus toscos hábitos.

“PROCURAD, AUNQUE MÁS PENA OS DÉ, OBEDECER, PUES EN ESTO ESTA LA MAYOR PERFECCIÓN”.... nos recuerda la Santa que para todas las ocasiones encuentra un acertado pensamiento.

Un viaje largo.... tres días en carreta y dos noches en unas malas posadas....

Caminos y más caminos... La Santa usará de continuo la palabra “camino y caminar”.

Su libro “Camino de Perfección” es un mapa espiritual que ayuda a caminar a sus monjas hacia la trascendencia

EN SU PRIMER CAMINAR HACIA TOLEDO, da un paso más como peregrina que no dejó de caminar hasta que su corazón se paró en medio de otro camino...

Siempre buscó el CAMINO más perfecto para “dar contento a Dios” y aunque caminó con dificultades y contrariedades del clima y del terreno, afectada por continuas fiebres, cuartanas, tercianas, dolores de cabeza, catarros, vómitos y desmayos en lo humano, subió siempre por caminos ásperos en el espíritu.

“QUIEN HA LLEGADO CASI AL FIN DEL CAMINO DESCANSA PARA PODER MEJOR TORNAR A CAMINAR”, fue su consigna.

Y al caer el sol del tercer día contemplarían el perfil majestuoso de Toledo recortado contra la luz del invierno.

 

Dª Luisa de la Cerda

Dª Luisa de la Cerda, de nobilísima familia, hija del segundo Duque de Medinaceli, había contraído matrimonio con Arias Pardo y se acababa de quedar viuda en su palacio toledano.

La muerte de su marido, en la cumbre de la prosperidad y de la fama, le hundió en una terrible depresión que ni familiares ni amigos ni el cuidado de su cuantiosa hacienda conseguían recuperarla. Su salud se resintió gravemente. Conociendo que en Avila había una monja de gran virtud y de hechos extraordinarios, quiso tenerla con ella y usando de sus grandes influencias, no paró hasta conseguirlo.

Recordemos que éste fue el motivo por el que Santa Teresa viniera por primera vez a Toledo, patria de sus antepasados.

Ya están la Madre y su amiga en el Palacio de Doña Luisa, que hoy conocemos como Palacio de Mesa, sede de la Real Academia. Allí oiremos dentro de un rato hablar a la propia Santa.

Un palacio interesante por su historia y grandiosidad, decorado suntuosamente en el siglo XIV, según parece, pero quizás construido ya en los primeros tiempos de la reconquista de Toledo.

Pasará por distintas manos y finalmente, reformado y restaurado por Covarrubias, lo adquiere Arias Pardo, Señor de Malagón y marido de Dª Luisa de la Cerda.

LA SANTA PASÓ CON ELLA UN INVIERNO. Nos dice un contemporáneo suyo que “SI TRATABA CON GRANDES SEÑORAS, HABLABA Y ESTABA CON UN SEÑORÍO TAN NATURAL COMO SI FUERA UNA DE ELLAS”. Pero con humor nos dice “QUE DIOS NOS LIBRE DE LAS ATADURAS DE SER SEÑORA”.

Dª Luisa se recupera y las personas más principales acuden a su casa para tratar con la Santa.

Las amistades de Dª Luisa y sus influyentes contactos serán las llaves que abrirán y cerrarán los proyectos de la Madre Teresa. Moneda que con su cara y su cruz serán su consuelo y su desconsuelo.

La Madre a todos dará contento. En medio de brillos, sedas, reverencias, rencillas y protocolos, se moverá con elegancia girando siempre alrededor del eje que mueve su buen hacer: Cristo, su esposo, aposentado en lo hondo de su alma.

Cuando se retira a su estancia y cierra la puerta al mundo de fuera, se sentará a la luz de un candil, hará correr su pluma. Entre los lujos de su mundo, que no es el elegido por ella, ha empezado el relato de su vida. Una joven doncella la observa por el ojo de la cerradura y algo la impacta al verla escribir. Dejará su vida en Palacio para seguir a Doña Teresa en sus fundaciones. Sería una de las mejores “conquistas” de Teresa de Jesús.

MARÍA DE SALAZAR, que así se llama la doncella, será después una monja carmelita con el nombre de María de San José, priora y fundadora con la Santa del convento de Sevilla y después del de Lisboa.

Ella y la Santa se amaron tan tiernamente que será la destinataria de más de sesenta cartas que la Santa le escribe. En María de San José tiene Toledo una de sus más importantes glorias.

Doña Luisa no ha pasado en vano por su vida, la introduce en la sociedad influyente y la recomienda a Doña Leonor de Mascarenhas  y también a toda la corte.
En los últimos días de Julio se despide de Dª Luisa y de Toledo. La mandan volver a Avila y ahora sí podrá ultimar los preparativos de su reforma. Lleva ya con ella su cuadernillo. Lleva escrita la primera versión de su autobiografía: El Libro de la Vida. SE HA DICHO QUE EL LIBRO DE SU VIDA ES EL PRIMER LIBRO ESCRITO EN LENGUA CASTELLANA, QUE SIENDO DE MUJER, ENTRA EN EL PATRIMONIO CULTURAL DE OCCIDENTE.

 

Doña Leonor, aya del Rey nuestro señor D. Felipe, ahora vive en Madrid en la nueva corte.  

 

Los príncipes de Ebolí, Don Ruy Gómez de Silva y Doña Ana de Mendoza, por amistad con la Santa, fundaron un convento en su feudo de Pastrana. La Santa había prestado muy en secreto al príncipe el LIBRO DE SU VIDA, por el interés que tenía en leerlo. Cuando muere este repentinamente, Doña Ana en un arrebato de dolor abandona a su numerosa prole y entra monja en el convento carmelita, sin cambiar su estilo de vida ni su cortejo. Desorganiza la comunidad. La priora se queja a la Madre Teresa quien toma la decisión de cerrar el Monasterio en secreto y pide a la Comunidad que abandonen el convento de madrugada, evitando enfrentarse con la princesa. Al enterarse esta, como muestra de su venganza, arroja a los fosos de la Inquisición el Libro de Vida. El dolor de la Madre TeresaSU ALMA, como ella lo llama, desaparecer, no le mueve a decir ninguna mala palabra contra la caprichosa Doña Ana de Mendoza.

 

 

PASO POR MADRID

 

Cuando Teresa viaje de Toledo a Malagón, la recibirá en Madrid en el Palacio de Doña Leonor y alrededor de ella se reúnen las damas principales para conocerla. Esperan con impaciencia ver a una monja con visiones, arrobarse ante ellas y levitar al entrar en el Palacio; un espectáculo poco habitual. Acababa de morir la Reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II y seguramente se aburren en esta nueva “aldea real” de Madrid.

La Santa entra en el salón “con su rostro de mucha gracia que movía a devoción” y “con un particular aire y gracia en el andar” pero diciendo “que buenas calles tiene Madrid”... fue su comentario más elevado.

¡Qué Santa más poco interesante! ¡Qué desilusión! Solo tiempo después dijeron: “Hemos visto a una Santa a quien todos podemos imitar, que habla, duerme y come como nosotras, que conversa sin ceremonias ni melindres”.

 

Por Doña Leonor entrará en contacto con la familia Real a su paso por la Corte, ya que hospeda nuevamente en sus aposentos. Doña Leonor, al conocer la llegada de la Santa camino de Pastrana, le espera con gran interés para presentarle a otro dos huéspedes, curiosísimos personajes de novela de caballería..., dos italianos que viajan hacia Roma, para profesar como Basilios, pero al conocer a la Santa cambiarán de rumbo. Uno de los huéspedes, gran señor, amigo de soberanos y cortesanos europeos de familia noble, el otro, hijo de campesinos, aprendiz de pintor en el estudio de Sánchez Coello recomendado por la hermana del Rey. Las palabras de la Santa mudarán sus almas y entrarán carmelitas en Pastrana. Lo que más le impresiona al primero de ellos, Mariano Azzaro  es “VERSE MUDADO TAN PRESTO, EN ESPECIAL POR UNA MUJER”.

El futuro pintor no sabemos que pensó entonces. Años después, como Juan de la Miseria, realizaría el primer retrato de la Santa.

 

SEGUNDO VIAJE A TOLEDO

15 años después, el lunes 4 de en Junio de 1576 Santa Teresa llega a Toledo,  cansada, calumniada y enferma sale de Sevilla, bajo el sol abrasador del camino.Es el año más trágico y más glorioso de su vida.

La víspera de emprender el viaje, JUAN DE LA MISERIA, el carmelita pintor o un pintor que entró al Carmelo, allá en Pastrana, feudo de los Príncipes de Eboli, ha terminado su retrato. El único auténtico que tenemos.

Fray Juan de la Miseria está pintando la iglesia del convento y tiene urgencia en cumplir el encargo de terminar la iglesia el día 3 de Junio. La Fundadora abandonaría Sevilla el día cuatro, lunes, pero antes del viaje su retrato tiene que estar terminado. 

La Madre Teresa junta las manos en postura forzada y posa al sol sevillano, obedeciendo las indicaciones del artista, que realiza su obra con brusquedad y de forma apresurada. Cuando la madre Teresa mire el cuadro, dirá entre sorprendida y bromeando: “DIOS TE PERDONE, FRAY JUAN, QUE YA QUE ME PINTASTEIS, ME PINTASTEIS FEA Y LEGAÑOSA”.Hay innumerables reproducciones de este retrato, que se conserva en el convento de las madres carmelitas de Sevilla.

Después de este retrato, numerosos artistas verán a la Santa a la luz de sus propias inspiraciones. El arte plasmará su imagen en lienzos, tallas, esculturas, vidrieras, estampas, a lo largo de estos siglos, verdaderas obras de arte de artistas inmortales.

Ya vemos que ella no es como la ha retratado Fray Juan sino como la han descrito sus contemporáneos. Su amiga, la priora de Sevilla, María de San José (la toledana María de Salazar), la “LETRERA” como la Santa la llamó, hace un retrato perfecto  de la Fundadora.

“Era la Santa de mediana estatura, antes grande que pequeña. Tuvo en su mocedad fama de muy hermosa y hasta la última edad mostraba serlo. Era su rostro nada común, sino extraordinario, y de suerte que no se puede decir redondo ni aguileño; la frente ancha, igual y muy hermosa, las cejas color rubio oscuro, anchas y arqueadas, los ojos negros, vivos y redondos no muy grandes, más muy bien puestos. La nariz redonda y en derecho con los lagrimales para arriba, disminuía hasta igualar con las cejas, formando un apacible entrecejo. Era gruesa más que flaca y en todo bien proporcionada; tenía  muy lindas manos, aunque pequeñas; en el rostro, al lado izquierdo tres lunares, en derecho unos de otros, comenzando desde debajo de la boca el que mayor era, y el otro entre la boca y la nariz, y el último, en la nariz, más cerca de abajo que de arriba. Era en todo perfecta”.

Estando en su fundación de Sevilla, año 1577, en medio de los problemas agobiantes con sus superiores, recibe la orden de retirarse a un convento y dejar de fundar.Las calumnias contra ella han llegado a Roma cegando a su antiguo protector, que en su primera visita a España le exigió que saliese de su voluntario encierro en el primer “conventico” de Avila y “fundase tantos conventos como pelos tiene en la cabeza”. Y así lo hizo. De momento, elige su V fundación Toledo, de las once que ya tiene sembradas por los caminos. En Toledo, se siente con buena salud aunque el agua de Toledo era escasa y tan cara que cada cántaro costaba medio real, casi el precio de una gallina.

“Como una ciudad que volaba”, así la vió el Greco cuando llegó... “Un alto caballete” para un cuadro.

Domenico Theotocopulos, el Greco para nosotros y la Madre Teresa de Jesús coinciden entre sus muros. No sabemos si se cruzaran por las calles empinadas y misteriosas de este Toledo del siglo XVI. Los estudiosos no se ponen de acuerdo sobre si ambos personajes llegaron a conocerse. Lo que sí tengo que recordar hoy, es que este año, con gran esplendor, SE CELEBRA EL IV CENTENARIO DE SU MUERTE, CUANDO POR EL CONTRARIO ESTAMOS ENTRANDO EN EL V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE LA MADRE TERESA.

Ellos son dos almas influyentes, fuertes frente a la adversidad, amantes del arte, la belleza, la luz, la libertad y la verdad, sienten la necesidad de la presencia mística de Dios que expresan de diferente manera; ella con la pluma, él con el pincel. Desde Toledo los dos nos han legado sus obras inmortales.

Ahí en el Carmelo de Toledo sigue confinada todo un año, desde julio de 1576 hasta julio de 1577, con mala salud y mucho trabajo. A principios de junio, ha mejorado, pero siguen los ruidos de cabeza y la enorme flaqueza física.

Tiene ya 62 años. Descansa en su Quinta fundación, hace vida de comunidad. En medio de la tormenta, que los calzados parece que hacen naufragar la barquilla de su reforma, empuña el timón con fuerza y vive su vida conventual profundamente serena a pesar de toda la tormenta que la rodea. Siempre pendiente de los aconteceres de sus hijas e hijos y sufriendo por ellos.

Padre Gracián

Un día recibe en el locutorio al Padre Jerónimo Gracián, su querido hijo de la vejez,  que viaja deprisa a Madrid desde la Andalucía convocado por el nuevo Nuncio que le infringirá castigos y vejaciones. Delante de la reja, ambos conversan. La madre acaba de recuperarse de un fuerte achaque de salud y juntos recuerdan con nostalgia el Libro de la Vida, preso en la Inquisición dos años ha.

Gracián le propone que lo escriba otra vez, sin nombrar a quien le sucedieron esos fenómenos místicos y le apremia para que lo haga. De este diálogo, en aquella casa toledana que Alonso Sánchez vendió a una monja para fundar el convento de la Orden de nuestra Señora del Carmen, allí, nacerá la obra mística más sublime. 

Ella ha tiempo que se le antoja “VOLVER A REDACTAR EL LIBRO DE LA VIDA”, para completarlo con nuevas y ricas experiencias que vive ahora su alma pero… está tan cansada y enferma que ante esta orden inesperada del P. Gracián, ella se defiende con argumentos tan ingenuos como femeninos: “QUE ME DEJEN HILAR E IR AL CORO, QUE ESCRIBAN LOS LETRADOS QUE HAN ESTUDIADO, QUE TIENE RUIDOS EN LA CABEZA, QUE SOY UNA TONTA Y NO SABRÉ LO QUE ME DIGO... PONDRÉ UN VOCABLO POR OTRO CON QUE HARÉ DAÑO... HARTOS LIBROS SE HAN ESCRITO YA DE COSAS DE ORACIÓN. QUE ME DEJEN HILAR MI RUECA Y SEGUIR OFICIOS COMO LAS DEMÁS HERMANAS... QUE NO SOY PARA ESCRIBIR NI TENGO SALUD NI CABEZA PARA ELLO...”

Pero Gracián y su confesor, el doctor Velázquez, la convencen. Escribirá este nuevo libro, no como el de Vida para sus confesores, sino para lectores de sus Carmelos, gente sencilla que ella cree que por el amor que le tienen acogerán lo que salga de esa cabeza dolorida y cansada.

Vuelve a su celda, pequeña, alegre y apartada como una ermita, desde donde ve el campo y se sienta a escribir lo que buenamente pueda.

Quizá ahora, al verse sin inspiración, vengan a su mente los castillos que ha visto en la tierra de Toledo, el de Maqueda, San Servando o recuerda el viaje nueve años antes, cuando al salir de Toledo se hospeda en el castillo de Escalona.

También la Marquesa de Villena pudo estimular su viva fantasía al acompañarla por las distintas moradas de este lujoso castillo de D. Alvaro de Luna, le ayudan los libros de caballería que llegó en su juventud y que quizás ahora representan su imaginación.

EL CASTILLO INTERIOR o LIBRO DE LAS MORADAS va a nacer en uno de los momentos más aciagos de la vida de Teresa. El boceto del libro que ella tiene en la cabeza lo centra PARA COMENZAR CON ALGUN FUNDAMENTO, QUE ES CONSIDERAR NUESTRA ALMA COMO UN CASTILLO TODO DE UN DIAMANTE O MUY CLARO CRISTAL, ADONDE HAY MUCHOS APOSENTOS, ASI COMO EN EL CIELO HAY MUCHAS MORADAS, en un castillo de cristal, limpio y transparente en donde va recorriendo morada tras morada hasta llegar al centro donde habita su Señor.

El 2 DE JUNIO se ha puesto manos a la obra. Firma el prólogo en Toledo ese mismo día, y termina en Ávila el 29 de noviembre de ese mismo año con 63 de edad.

SERÁ UNA OBRA MAESTRA DE LA MÍSTICA DE TODOS LOS TIEMPOS… De los lamentos del prólogo pasa a escribir con la mayor fluidez 228 páginas como habla. ENTRE TOLEDO Y AVILA, en momentos de alta tensión interior, entre la rueca y la pluma. Con sabrosos ejemplos.

Dice el P. Tomás Álvarez que el libro de las Moradas es más que un libro, es un símbolo maravilloso del misterio del hombre.  Es el alma de su autora, Teresa de Jesús, que se va desplazando y elevando de Morada en Morada hasta llegar a la séptima morada Y DONDE DIEZ AÑOS ANTES DE MORIR, DEPOSITÓ EN ÉL LO MEJOR DE SU SABER.

LAS COSAS DEL ALMA PARA TERESA hay que verlas con anchura y grandeza. Las moradas o estancias del Castillo están situadas correlativamente y en alto y bajo con gran amplitud.

Dice la Madre: “QUIERO QUE ESTÉN DIVERTIDAS PARA APROVECHAR MUCHO Y SUBIR A LAS MORADAS QUE DESEAMOS, NO ESTÁ LA COSA EN PENSAR MUCHO SINO EN AMAR MUCHO (LAS MORADAS CUARTAS). EN ESTAS CUARTAS MORADAS AUN PUEDEN ENTRAR LAS SABANDIJAS APESTOSAS QUE SIEMPRE INTENTARÁN ATACAR AL HOMBRE. HAY QUE ESTAR ATENTOS A PESAR DE QUE EL GRADO DE ORACIÓN EN ESTAS MORADAS EMPIEZA A SER DE UNIÓN”

Ella misma lo escribe, A CUANTO YO PUEDO ENTENDER LA PUERTA PARA ENTRAR EN ESE CASTILLO ES LA ORACIÓN Y CONSIDERACIÓN.

Desde el símbolo del Castillo, nos dice a los lectores que cada HOMBRE ES COMO UN CASTILLO, que su interior es el alma y que la puerta de ingreso al castillo es LA ORACIÓN.

Sin embargo el CASTILLO de Teresa, es el interior de sí misma, que no solo da sentido a su vida, sino que la abre a la trascendencia y le permite comunicarse con Dios.

Leyendo esas palabras otra mujer, hija de Teresa, LA JUDÍA EDITH STEIN quedó al principio desconcertada y se preguntaba: ¿quiere decir esto que nosotros los filósofos y psicólogos no llegamos a entrar en el recinto interior del Castillo? pero pronto cayó en la cuenta de que la visión de Santa Teresa es la interioridad del hombre sagrada. El castillo está habitado por Dios y entrar en él es relacionarse con este Señor aquí de persona a persona. ORAR ES PASAR LA PUERTA DEL CASTILLO Y COMENZAR A RELACIONARSE EN FORMA PERSONAL CON DIOS.

Conócete a ti mismo, la sentencia de Sócrates la usa Teresa en versión cristiana porque jamás nos acabamos de conocer, si no conocemos a Dios: Mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza. Mirando su limpieza, veremos nuestra suciedad. Considerando su humildad, veremos cuan lejos estamos de ser humildes.

SIMBOLISMOS

Lo normal era que Teresa abriera para nosotros el interior de su alma, pero por recato, prefiere esconderse EN SÍMBOLOS. El símbolo protege su pudor sobre sus íntimas experiencias de Dios, a la vez que el símbolo dice veladamente su mensaje. Despierta la inteligencia del lector y su capacidad de escucha y comprensión.

Quizá para nosotros, la forma mejor de entrar en la lectura del Castillo sea confrontar a Teresa, escritora mística del siglo XVI con los escritores de hoy. Podríamos escoger a Kafka, ESCRITOR CHECO NACIDO EN PRAGA, quien es sin duda uno de los maestros EN EXPRESARSE EN SÍMBOLOS.

Kafka no es solo un autor importante en la literatura contemporánea y un novelista original; es además, UN ACONTECIMIENTO HISTÓRICO DEL ESTADO DE COSAS EN EL INTERIOR DE LA VIDA Y DE LA CULTURA EUROPEAS EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX.

Kafka era ajeno al mundo que le rodeaba. Al cristianismo, pues era judío, al judaísmo, pues su familia judía estaba  insertada en la población alemana de Praga. Era ajeno a su lengua, el alemán, pues  era checo. Tampoco encajaba en la vida familiar, teniendo un padre prepotente y distante. Para rematar el cuadro de obstáculos que lo cercaban, nunca gozó de buena salud: era hipersensible, débil de cuerpo y muy nervioso…

De todos los desencuentros que tuvo, el más grave, el más trágico, fue su desencuentro con Dios.

Kafka era esencialmente religioso. Su sensibilidad y su pensamiento se organizaban en torno a la necesidad de Dios, la idea de Dios. Pero su alma nunca halló salida ni descanso. Porque no tenía religión; PORQUE NO TENÍA VÍA HACIA DIOS. Dios era para él la presencia nunca presente, casi monstruosa a fuerza de ser inalcanzable.

Kafka solo se propuso expresar el drama personal de Franz Kafka haciendo buena literatura. Expresar desesperadamente toda su experiencia interior. La desolada visión de aquel joven judío del mundo que le tocó vivir se parecía cada vez más al drama cotidiano de los habitantes de su siglo y quizá de esta humanidad errante, sin horizonte y sin Dios.

Soy un camino entre la Nada y Dios y por ese camino que soy, avanzo retrocediendo”.

Santa Teresa y él coinciden en elegir el CASTILLO como símbolo de su interioridad.

ABRAMOS EL CASTILLO DE TERESA y encontremos el hombre en su grandeza para entrar a él tiene que atravesar el foso que lo rodea donde hay SABANDIJAS Y VÍBORAS PONZOÑOSAS que la Santa simboliza en el PECADO. Si no combate el hombre con estos molestos animales no avanza dentro de la primera y la segunda morada, pues dice la Santa QUE SI A UNO LE MUERDE UNA VÍBORA, SE EMPOZOÑA TODO Y SE HINCHA.

Las segundas moradas donde entraremos es un espacio de lucha y a partir de ahí Teresa nos irá guiando de morada en morada, donde hemos de vivir hasta llegar con nuestra batalla en contra del pecado a LA MORADA donde ella vive EL MATRIMONIO ESPIRITUAL, la Séptima, centro de la unión del alma con Dios.

El prólogo del CASTILLO normalmente empezaría con una descripción de la obra. ¿Pero cómo empezaría Teresa el prólogo  de un libro, que va a ser el máxima exponente de la mística? Pues empezaría contando QUE TIENE DOLOR DE CABEZA TRES MESES A CON UN RUIDA Y FLAQUEZA TAN GRANDE QUE AÚN EN LOS NEGOCIOS FORZOSOS.

Si el Libro de la Vida, comenzado en Toledo y concluido en Avila, lo envío con una carta al P. García de Toledo, con éste, El CASTILLO INTERIOR sobre el que hoy hablamos, lo enviará de la misma forma. Lo termina con una conversación con sus monjas. HABLANDO CON ELLAS EN LO QUE ESCRIBIRÉ. Va a ser un diálogo abierto con todos sus Carmelos y desde ellos, a través de los tiempos llegará a nosotros y a otras religiones. Traducido a otros idiomas como el coreano, el japonés y no me puedo privar de contar una anécdota que he vivido personalmente con su traductor al árabe.

(Contar Anécdota)

Kafka nos relata en la METAMORFOSIS y en LA MADRIGUERA, dos breves y terribles símbolos de su autobiografía, donde la visión de su vida personal, de la sociedad y de los hombres está en total contraste con los símbolos de Teresa. Lo mismo que Santa Teresa y Kafka coinciden EN EL SÍMBOLO DEL CASTILLO, también utilizan otras METÁFORAS O SÍMBOLOS. Para Santa Teresa son: EL GUSANO DE SEDA, EL AMOR ESPONSAL O EL JARDÍN CON FLORES.

El CASTILLO del novelista checo es un lugar inaccesible, misterioso sobre la cima de la colina, sin caminos de acceso a él, envuelto en nieblas y sin puerta de entrada.

Su protagonista el agrimensor K. acude a una aldea cuya vida gira en torno al castillo que la gobierna, a fin de incorporarse a un trabajo para el que cree haber sido llamado. Todo el relato ocupa la historia de sus inútiles esfuerzos para aclarar su situación y romper el círculo de soledad que le rodea.

En la relación con los personajes que van apareciendo destaca su centralidad y su búsqueda de la verdad al intentar llegar al castillo y adueñarse de él.  La angustia del personaje central K. sufre como su escritor el rechazo de la sociedad de la que depende su vida social y profesional.

La incapacidad de Kafka para vivir está marcada por la omnipresencia del padre, por la angustia y el aplastamiento, por el sentimiento de culpabilidad.

Ya en la escuela, Kafka era un niño perdido, gritando en el vacío.

En el LIBRO DE LAS MORADAS la escritora introduce como símbolo al GUSANO DE SEDA. Este animalito que va desprendiéndose de ese hilo viscoso que le envuelve llega a convertirse en una preciosa mariposa de alas transparentes que vuela hacia la luz de Dios. La historia de Kafka en la Metamorfosis es el contrapunto a este gusano que vuela hacia la luz. Su personaje es un enfermo, encerrado en un cuarto y marginado de la sociedad familiar y social. Acaba convertido en un ENORME ESCARABAJO destinado a morir, cuando lo lleven a un camión de basura barrido desde la casa por una familia que le ignora.

Teresa ya en el Libro de la Vida había escrito algo similar a otro símbolo de Kakfa, LA MADRIGUERA, donde reside un topo inteligente que sólo se asoma a la superficie para acumular sus presas en la despensa de su sótano.

Sin embargo el contraste con este agujero subterráneo, es el terreno que Teresa convierte en un jardín deleitoso lleno de flores y frutos, IMAGEN DEL ALMA QUE EL HORTELANO riega con el agua de la oración.

La Madre Teresa quiso escribir EL CASTILLO por dos motivos. Primero, porque hace ya doce años que escribió el libro de la Vida y a éste le faltaban nuevas experiencias de su vida mística. Y segundo, porque aquel libro, SU ALMA no se recuperaría nunca.

Y podemos añadir un tercer motivo: desde hace años ha entrado en la etapa final de su vida mística. Son los años en que ha tratado, día a día, con San Juan de la Cruz y que, juntos, han glosado un famoso poema: “Vivo sin vivir en mí”.

El CASTILLO no entró como La Vida, El Camino y las Fundaciones en la biblioteca de El Escorial. Afortunadamente el autógrafo del Castillo Interior se ha custodiado como un tesoro durante cuatro siglos en el Carmelo de Sevilla.

Lo recibe el P. Gracián, y lo llena de tachaduras, siempre con delicadeza para no traspasar la letra de la escritora pero sus retoques PASAN DE SETENTA. Lo lleva a Sevilla y lo regala a D. PEDRO DE CEREZO, en atención a sus múltiples servicios. Fué gran colaborador en la fundación del Carmelo de Sevilla y cuando el propio Gracián estaba cautivo y encarcelado en las mazmorras de Túnez, D. Pedro aportó para su rescate doblones de oro.

Esta joya se conserva actualmente encuardernada en terciopelo rojo en LAS TERESAS, como llaman en Sevilla a las Madres Carmelitas coloquialmente.

Siglos atrás, la Duquesa de Béjar, cuando entró monja carmelita entregó sus joyas a un experto orfebre cordobés para encuadernarlo en preciosas láminas de oro y plata. Así ha estado hasta hace unos años. En 1962 se hizo una nueva restauración.

El libro goza de muy buena salud al día de hoy, pero lo mismo que sus compañeros, el Libro de la Vida, Las Fundaciones y el Camino de Perfección, con el paso de los años y la tinta corrosiva, fabricada por la Santa, han preocupado su continuidad al experto carmelita Tomás Álvarez, quien a lo largo de estos últimos diez años ha elaborado por primera vez su facsímil, borrando las tachaduras y correcciones de toda mano ajena a la Santa. Aquí podemos ver uno de estos ejemplares.

A estas Madres encerradas en sus conventos, el Castillo les ofrece JARDINES Y FUENTES Y LABERINTOS Y COSAS DELEITOSAS y con humorismo les recuerda LECCIONES BÁSICAS DEL LIBRO. Que en la vida del alma hay cosas y moradas al alcance de la mano, que la vida interior es una aventura de ir subiendo hasta encontrarse con Dios y que, una vez en el Castillo, NO PODEMOS DEJARNOS DE AYUDAR A LOS HERMANOS, además de gozar de las estancias y moradas. Ser Marta y María al mismo tiempo.

Al enviarlo escribe: ACABOSE ESTO DE ESCRIBIR EN EL MONASTERIO DE SAN JOSE DE AVILA EL AÑO DE 1577, VÍSPERA DE SAN ANDRÉS PARA GLORIA DE DIOS, QUE VIVE Y REINA POR SIEMPRE JAMÁS, haciendo a sus lectoras tres peticiones, como si con ello pusiera precio al Libro:

 

1º QUE ALABÉIS MUCHO A SU MAJESTAD

2º QUE LE PIDÁIS EL AUMENTO DE SU IGLESIA Y LUZ PARA LOS LUTERANOS

3º Y PARA MI QUE ME PERDONE MIS PECADOS Y ME SAQUE DEL PURGATORIO, QUE ALLÁ ESTARÉ QUIZÁ, POR LA MISERICORDIA DE DIOS, CUANDO ESTO SE OS DIERE A LEER. AMEN

DOS AÑOS ANTES DE SU MUERTE, la Madre Teresa viaja por última vez a Toledo. Por poco tiempo. La Comunidad de Monjas al despedir a su Fundadora intuye con acierto que no la volverán a ver.

Esta última visita de una monja santa, llena de Dios y sabiendo que le queda poco que recorrer en los caminos terrenales, en nada se parece a Dª Teresa de Ahumada, monja de la Encarnación que en los primeros días de Enero de casi veinte años antes emprendía su primer viaje a Toledo.

Dice la tradición que se entristecieron y lloraron tanto que hasta una imagen del Niño Jesús derramó lágrimas. Desde entonces en el convento donde aún permanece le llaman el “LLORONCITO”.

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