Nº 50, Julio, Agosto y Septiembre 2011 la guerra contra el narcotráfico en méxico. Debilidad del estado, orden local y fracaso de una estrategia






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títuloNº 50, Julio, Agosto y Septiembre 2011 la guerra contra el narcotráfico en méxico. Debilidad del estado, orden local y fracaso de una estrategia
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El trastocamiento del orden local
El propio Fernando Escalante lanza otra hipótesis que se debe rescatar. Si bien podemos concluir que el cambio súbito en los índices de violencia tras 2007 debe buscarse en los factores coyunturales, y entre estos, el más patente es la “guerra contra la delincuencia” y el amplio despliegue de elementos del Ejército, marina, y policía federal en diversos municipios, lo que Escalante prueba es que “en los estados y regiones en que ha habido operativos conjuntos ha aumentado de manera escandalosa la tasa de homicidios, y ha aumentado después del despliegue de las fuerzas federales, y no antes. Es decir, que no va el ejército porque haya aumentado el número de homicidios, sino que va el ejército y a continuación aumenta el número de homicidios” [16].
Ahora bien, falta averiguar el cómo: ¿de qué manera este despliegue produce violencia? (Escalante, 2011). Hay una correlación innegable entre aumento de homicidios dolosos y presencia el Ejército, pero no podemos decir aún que esto sea un nexo de causalidad. Aquí el autor brinda otra conjetura: que la puesta en marcha de operativos militares está trastocando el orden local de los municipios en donde estos se llevan a cabo y ello de alguna forma dispara la violencia. El sociólogo parte de que la intervención de las fuerzas federales y armadas en tareas de seguridad pública responde, al menos en parte, a una crisis del poder municipal, de la policía municipal en particular, que en varias ciudades se ha visto desmantelada por medio de arrestos a elementos corruptos, vinculados con el crimen, o con el despido de otros tantos agentes. De ahí la militarización, además de otras propuestas como la del mando único policial [17], pues se considera a la policía local el eslabón más vulnerable y menos eficaz de toda la estructura de seguridad.
El problema radica en que esta policía local que ha sido dejada de lada, tan “corrupta, ineficiente y abusiva como puede ser, tiene que organizar los mercados informales y los mercados ilegales” (Escalante, op. cit., 49). En México y en cualquier otro sitio, pues una fuerza pública arraigada localmente es necesaria para organizar estos múltiples mercados que existen desde siempre e implican transacciones cotidianas y regulares de las que forma parte un porcentaje importante de la sociedad. Se trata de todos esos mercados y fenómenos que florecen en los márgenes de la legalidad y del Estado, precisamente porque son márgenes.
No es nada extraño ni nuevo, “pues el viejo sistema de intermediación política del país (en el que se basó el régimen del PRI) se basaba en la negociación selectiva del incumplimiento de la ley” (loc. cit.). Así funciona(ba)n comercio, relaciones laborales, contrabando… en suma, todo el país. Cuando funcionaba bien, la amenaza de la fuerza detrás de este orden era invisible, pero al extirpar uno de los agentes garantes de este complejo, abigarrado y frágil orden como era la policía local y al intentar sustituirlo por una policía ajena o por un ejército “cuya virtud es la intransigencia” el resultado se presenta como perfectamente previsible: un aumento de la violencia producto de la incertidumbre. No solo entre narcotraficantes y policías, sino entre todos los actores armados que toman parte de la situación actual del país, cuya variedad nos recuerda Escalante: comuneros, contrabandistas, ambulantes, policías privadas, etc. Y concluye: “en el empeño de imponer el cumplimiento de la ley, en el empeño de imponer el Estado de derecho a la mala, desde el ejecutivo federal, se han roto los acuerdos de orden local y cada quien tiene que proteger lo suyo de mala manera” (loc. cit.). La crisis del orden local, para cuya comprensión cabal hace falta mucho trabajo etnográfico, parece (aunque para corroborarlo falta, como se ha dicho, una rigurosa investigación) un factor decisivo para explicar los niveles de violencia del México actual y el que la labor del ejército esté resultando contraproducente.

6. REFLEXIONES FINALES
Tras la revisión de la historia del régimen prohibicionista, la relación entre el Estado mexicano, el narcotráfico, y los Estados Unidos. Tras desmontar las causas esgrimidas como urgentes para sacar al Ejército de los cuarteles a las calles contra el narco (aumento del consumo, de la violencia, penetración, y una muy discutible idea de lo que es una amenaza para la seguridad nacional), y tras dar un recuento de las múltiples consecuencias negativas de la “guerra” (desequilibro entre el poder civil y el militar, problemas de ejecución y coordinación en labores de seguridad, violaciones de derechos humanos e impunidad de las mismas, surgimiento de un nuevo paramilitarismo, aumento de la violencia, desplazamiento de la misma, y una restructuación de las organizaciones criminales que las hace más peligrosas), el fracaso de la estrategia contra el narcotráfico parece claro. A nadie debería sorprender: ¿por qué los militares mexicanos iban a triunfar en una batalla que llevan perdiendo los de Estados Unidos por casi un siglo?
El problema, y de ahí la pertinencia de la crítica a la estrategia del Gobierno de uso predominante de la fuerza, es que el plan se ha centrado en lo militar y en lo policial, buscando la erradicación. Empantanados como estamos en un paradigma importado y en cuyo nacimiento influyó un puritanismo moral que luego hizo simbiosis con una naciente burocracia antinarcóticos y que se utilizó como forma de presión unilateral, la solución seguirá estando lejana mientras no salgamos del mismo, como apuntan diversos expertos.
Vale la pena reproducir una extensa cita de Mónica Serrano (2010: 185-186) sobre el particular: “Contrariamente a las interpretaciones del problema de la droga que colocan a la oferta en la base del mismo, en la actualidad, tanto los expertos, como los responsables de las políticas públicas en la región han identificado a las políticas represivas como la variable fundamental. A esta conclusión llegó la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, dirigida por tres distinguidos ex presidentes, Fernando Henrique Cardoso (Brasil), César Gaviria (Colombia) y Ernesto Zedillo (México). El informe que publicó esta comisión en febrero de 2009 declara de manera enérgica el fracaso de la guerra contra la droga. El reporte de la comisión no sólo subraya los límites y los riesgos de las políticas represivas de control de la oferta, sino que expone con exactitud la forma en que la violencia del crimen y la gran corrupción, provocadas a su vez por la prohibición de las drogas, están socavando la democracia en la región”
¿Qué se desprende de informes como esos y la exposición hecha? Que hay que asumir, tal como está ocurriendo en los Estados Unidos, que el problema del narcotráfico es un problema social y de salud pública, que el consumo de drogas ha sido y seguirá siendo una constante en la sociedad, y que hay que aprender a vivir con él. Y darse cuenta de que las estrategias punitivas, además de estar abocadas al fracaso, traen consigo unos costes extremadamente onerosos, tanto en términos materiales como humanos.
Los dos nexos explicativos que uso en este trabajo (tomadas de Michael Mann y Fernando Escalante) entre la situación actual del fracaso de la estrategia federal y sus causas (la debilidad del Estado mexicano y el trastocamiento del orden local) apuntan en este sentido. Es decir, no son argumentos catastrofistas sino que gráficamente impelen a pensar en otro tipo de acciones, en un plan de mediano y largo plazo. El diagnóstico debe servir para repensar una estrategia abocada al fracaso, y dejar de medir el éxito de la misma a granel, en toneladas decomisadas, pistoleros muertos, o en capos extraditados. Ahora bien ¿qué elementos debería tener esta nueva estrategia, este nuevo enfoque? Creo, junto con otros, que de entrada debe buscar, en lugar de la total erradicación, la contención, el mantenimiento del crimen organizado ajeno a las estructuras del Estado y la reducción de la violencia: minimizar los “daños colaterales” del narcotráfico hacia la sociedad y las personas.
Para esto se necesita un plan que contemple acciones cuyos efectos se verán solo en el mediano y largo plazo como la prevención de consumo, educación, cultura de la legalidad, cultivos alternativos, la formación de una policía eficaz y confiable, la desmilitarización de las tareas de seguridad y procuración de justicia, y una cierta despenalización del consumo de drogas. Hacia ese camino avanza la estrategia de Estados Unidos, pero no la del Gobierno mexicano, que siguen pensando el problema en términos de seguridad y dispuesto a poner los muertos en una guerra que nació perdida.
Además, es necesario acercarnos a las zonas de alta criminalidad por medio el Estado, pero no en la forma de uniformados, sino en la de vías de comunicación, de funcionarios, de escuelas. Hay que hacer que la política social incida en esas regiones. Recuperar los espacios públicos, fomentar los programas de empleo hacia los jóvenes para dotarles de oportunidades. En suma, lo que se ha dado en llamar la “restauración del tejido social” [18].
Sin embargo, es evidente que también hacen falta acciones a corto plazo. No les falta razón a quienes advierten que centrarse exclusivamente en las políticas a mediano y largo plazo puede provocar que, para cuando debieran dar frutos, el país se haya podrido. No es una cuestión o un juego de suma cero, sino de complementar estrategias pero de muy distinta forma a la planteada hasta ahora. En el terreno de la inmediatez y en términos operativos, me parece adecuada una idea de Leonarzo Curzio, quien aboga por actuar sobre dos capas de la estructura delincuencial impresindibles para su recomposición: “La primera es lanzarse con vigor sobre las estructuras administrativas de las organizaciones y todas sus ramificaciones para hacer lavado de dinero. Todo el ejército de contadores y lavadores de los que dispone un cártel no son su estructura más violenta, y, en ausencia de los capos que los protegían y/o los amenazaban, se les debe arrinconar sin clemencia. Pueden dar información clave […]. La segunda es la capacidad de reclutar sicarios. Si las pandillas y los desheredados perciben que el costo de ingresar a las estructuras criminales es más elevado, es probable que se desplacen a otros destinos y su efecto amenazador se diluya” [vid. nota 15].
Planteadas estas ideas y propuestas, no me queda más que refrendar mi convicción de que criticar la estrategia del gobierno federal no es un ejercicio estéril. Y mucho menos, como señala Gustavo Hirales (op. cit.) que criticar sea “hacerle el juego al narco”, que apuesta por el cansancio de la sociedad. Tampoco creo que el fracaso de una estrategia particular (a todas luces errada y costosísima) como la implementada por el presidente Felipe Calderón implique la derrota del Estado mexicano y que de declararse fallida seguirá indefectiblemente la capitulación total hacia el crimen. No. Los críticos sabemos que no existen alternativas perfectas ni infalibles, como advierten Aguilar y Castañeda (op. cit.), pero creemos firmemente que la búsqueda y construcción de esas mismas alternativas consecuencia de una crítica seria de la estrategia actual será siempre una tarea más redituable que poner los recursos al servicio de una causa perdida, con razones, medios y fines equivocados.

NOTAS
[1]: ‘El Gobierno se declara en guerra contra el hampa; inicia acciones en Michoacán’, La Jornada, 12 de diciembre de 2006, disponible en:

http://www.jornada.unam.mx/2006/12/12/index.php?section=politica&article=014n1pol
[2]: ‘Un ejecutado cada hora durante 2009’, Milenio Diario, 2 de enero de 2010. México.
[3]: ‘Se disparan los casos de tortura en México, informan a grupo de trabajo de la ONU’, La Jornada, 22 de marzo de 2011, México, disponible en:

http://www.jornada.unam.mx/2011/03/22/index.php?section=politica&article=018n1pol
[4]: ‘Marisela Morales, la PGR, y el Michoacanazo’, Cambio de Michoacán, 5 de abril de 2011, disponible en: http://www.cambiodemichoacan.com.mx/editorial.php?id=4697
[5]: ‘Greg Sánchez, detenido en Quintana Roo’, El Universal, 25 de mayo de 2010. México
[6]: ‘Calderón usa guerra contra narco con fines políticos por debilidad: WikiLeaks’, SDP Noticias, disponibe en:

http://cablesearch.org/cable/view.php?id=09MEXICO3423&hl=calderon
[7]: ‘Avanza cambio de civiles por militares en las SSP’, El Universal, 28 de febrero de 2011, disponible en: http://www.eluniversal.com.mx/estados/79716.html
[8]: Sanjuana Martínez (2011): ‘Si agarro a un zeta lo mato; ¿para qué interrogarlo?: jefe policiaco’, La Jornada, 13 de marzo de 2011, disponible en:

http://www.jornada.unam.mx/2011/03/13/index.php?section=politica&article=007n1pol
[9]: ‘Existe descoordinación entre agencias de seguridad. Cable 10MEXICO83’, La Jornada, disponible en: http://wikileaks.jornada.com.mx/cables/narcotrafico/existe-descoordinacion-entre-agencias-de-seguridad-cable-10mexico83/
[10]: ‘Sedena, la que acumuló más quejas en 2010: Plasencia’. La Jornada, 9 febrero de 2011, disponible en :

www.jornada.unam.mx/2011/02/09/index.php?section=politica&article=007n1pol
[11]: ‘Militares sin tendencias por daños colaterales’, Animal Político, 31 de enero de 2011, disponible en: http://www.animalpolitico.com/2011/01/militares-sin-sentencia-por-danos-colaterales/
[12]: ‘Cable sobre cómo militares mexicanos entrenados por EE UU se pasaron al cartel de los ZETAS’, El País, 23 de enero de 2011, disponible en:

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Cable/militares/mexicanos/entrenados/EE/UU/pasaron/cartel/ZETAS/elpepuint/20110123elpepuint_5/Tes
[13]: ‘Desertan soldados de elite y no saben donde están’, El Diario de Ciudad Juárez, 3 de abril de 2011, disponible en:

http://www.diario.com.mx/notas.php?f=2011%2F04%2F03&id=813d80ca159ec9634452994714bc2645
[14]: Javier Estrada y Hanako Taniguchi (2011): ‘Las cifras de un sexenio violento en México’, CNN México, 2 de febrero de 2011, disponible en:

http://mexico.cnn.com/nacional/2011/02/02/el-efecto-capo
[15]: Leonardo Curzio (2010): ‘Muerto el perro… ¿y la rabia?’ En El Universal, 15 de noviembre de 2010, disponible en http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/50632.html
[16]: Fernando Escalante, ‘Correlaciones’ en La Razón, .19 de febrero de 2011, disponible en: http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=65702
[17]: ‘Propone Calderón al Congreso crear el mando único policial’, La Jornada, 7 de octubre de 2010, disponible en:

www.jornada.unam.mx/2010/10/07/index.php?section=politica&article=009n1pol
[18]: Gustavo Hirales, ‘Lo que está cambiando en la guerra contra el narco’, 8 de febrero de 2011 en Blog de la redacción de la revista Nexos, disponible en:

http://redaccion.nexos.com.mx/?p=2594
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