Jorge iván carvajal posada licenciado en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia






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Sanar la Vida V

Los puntos de máxima sensibilidad son los instantes de máxima humanidad; en ese momento nos estábamos humanizando, estábamos recibiendo una lección única y feliz. Y de pronto encontramos instantes intensos en la vida y empezamos a reconocer que el tiempo tiene una dimensión vertical. En ese paradigma causa-efecto veíamos cómo el tiempo estaba acostado, la corriente de la vida nos llevaba del pasado hacia el futuro. Pero hubo momentos de anclaje en que el tiempo se vuelve intenso, ese tiempo se volvió vertical, ese es el tiempo de la conciencia. Es un tiempo profundo, un tiempo interior, un tiempo que se ancla en el corazón, mucho más intenso que extenso. No es el tiempo del dolor sino el tiempo de la vida, de la intensidad y cuando entran en ese tiempo de la intensidad están aprendiendo lecciones desde la totalidad, no desde el intelecto. Para el intelecto: el tiempo es horizontal, para el sentir: el código de lectura es total, el tiempo es vertical, te toca todo, te toca la piel, toca tu manera de ver el mundo, toca tu corazón, toca tu fisiología, te transforma, te hace humilde si eras duro, te fractura la vida pero te hace tomar conciencia de ti. Ese es el tiempo en que te caes del caballo, mientras vayas montado en el caballo no vas a poder aterrizar a lo que tu eres, te confundes con el caballo. El lío del hombre es que en la historia se ha confundido con el caballo: el caballo son sus emociones, son los placeres, es la fuerza, el motivo, aquello que le da a la vida intensidad, pero nosotros no somos el caballo, el caballo apenas es nuestro instrumento. Cuando vivíamos en el tiempo de la historia, en el tiempo horizontal, nosotros consagrábamos la vida al caballo, pero cuando nos caemos del caballo entonces somos nosotros. Y obviamente no podemos dejar escapar el caballo, es necesario, sino no llegamos a ninguna parte. Pero ya sabemos que el caballo es nuestro instrumento, es nuestro amigo, es nuestro hermano. Frecuentemente después de la caída del caballo surge la mentalidad formística y hacemos una regresión al pasado. Entonces nos volvemos tiranos y le damos garrote al caballo. Y mientras más garrote le damos al caballo, más se enoja y más se nos desboca y más nos tumba. Entonces empezamos a reprimir a Eros, a reprimir las emociones, empezamos a atacar al mundo, al demonio y a la carne. Empezamos a disociar el mundo de Eros y el cielo. En todas las Cosmovisiones antiguas, los demonios y los dioses estaban en el mismo templo y era un sendero de ascenso. Y realmente Lucifer, el demonio, aquello que veíamos en la sombra también era una chispa de Dios, era su otra polaridad. Y en todas esas cosmovisiones era imposible reconocer la luz, sin reconocer la sombra. Pero nosotros nos caímos un día del caballo, negamos nuestros impulsos, nuestros instintos, nuestra fuerza, la sombra y nos inventamos religiosidades, no religiones, sino religiosidades para reprimirnos. Y obviamente mientras más escuálido el caballo mucho menos fácilmente vamos a llegar al objetivo. Buena parte de nuestra cultura es la de un caballo desnutrido: negamos la emoción, negamos el placer, negamos el código del sentir, embotamos los sentidos o los desnutrimos de tal manera que negamos nuestra sexualidad, congelamos nuestra pelvis, congelamos las caricias en nuestra piel, tuvimos vergüenza de nuestro cuerpo, salimos del paraíso del sentir, nos pusimos una hoja de parra pero esa hoja de parra no está en los genitales sino en todo el cuerpo y en todos los sentidos y nos impedimos percibir la luz del sol, la luz de la vida, cerramos los ojos y entonces vamos ahí como víctimas porque el caballo nos tumbó. Pero llega el día en que el hombre aprende a ser amigo del caballo y surge el centauro. Pero un día el hombre aprende a liberarse del caballo y surge Pegaso, el caballo alado y surge Sagitario. Y entiende que el caballo es la flecha, la dirección de su vida que puede apuntar en torno de una meta. Y más allá, un día el hombre dispara su flecha y encuentra su propio corazón y da en el blanco de su propio corazón, ese día él regresa desde ese zodiaco, de ese símbolo de la historia para descubrir que las causalidades son circulares: toda flecha que yo lanzo se devuelve. Y empieza a descubrir simbólicamente que todo regresa a su punto de partida porque la Tierra es redonda, porque la conciencia es redonda y empieza a descubrir el sendero de la espiral: todo regresa pero en una dimensión superior cuando hemos aprendido la lección, cuando hemos aprendido el significado. Así empezamos a regresar al mundo de las causas para cambiar las causas. Al mundo del karma para cambiar el karma, estamos aquí para cambiar el karma no para seguir repitiéndolo. Y cambiamos el karma cuando somos conscientes de los significados y cuando aprendemos lecciones. Y cuando aprendemos lecciones obviamente no nos condenan a repetir el mismo año, ya aprendimos la lección y entonces nos promueven al año siguiente. No quiere decir que cuando terminamos una lección llegamos a la meta, no, llegamos a otro punto de partida que nos señala un sendero mas amplio, un mundo más abierto. Llegamos a un portal mayor, a una más amplia visión y por ende a una mucho mayor responsabilidad. No se nos acaban las responsabilidades, crecen tus responsabilidades porque eres mucho más inclusivo, más incluyente. Así que cuando tú eres el maestro de tu historia y no el que lleva al hombro la historia, no el que está sufriendo la historia, cuando te sensibilizas a la historia y empiezas a mirarla atrás ves que lo que en su momento fue una catástrofe era lo mejor que te podía pasar. Y como nosotros no tenemos la perspectiva global nos quejamos, pero resulta que cuando tú te fracturas el pie tal vez te están evitando con la fractura del pie una fractura de la columna cervical, y te están protegiendo. Alguna vez yo tuve una paciente que quería tener hijos, estuvo nueve años haciendo lo posible y lo imposible, con inseminaciones, con todos los métodos para tener hijos. Al fin de cuentas, después de un método “bioenergético”, pero uno no sabe porque hay tantas variables que pueden incidir en esto, simplemente porque estaba maduro su karma para tener el hijo, engendró un hijo, fue maravilloso, lo tuvo, hasta los nueve meses un niño lleno de salud y a los nueve meses ese niño hizo una displasia sanguínea, una enfermedad del sistema hemático que en dos, tres meses se llevó al niño. Ella me decía llorando, yo aprendí la lección, pero fue muy duro aprenderla. Porque yo me sentía muy infeliz de no ser madre y ahora me siento terriblemente infeliz de haber podido ser madre, porque es peor el dolor de este hijo que perdí después de luchar nueve años. Así que nosotros no tenemos todo el contexto y como no tenemos todo el contexto nos rebelamos y al rebelarnos negamos el significado de nuestra historia y no aprendemos la lección. La lección es que tú no puedes estar sino donde estás. Porque si tú no das el paso donde estás no puedes llegar a ninguna parte. El ahora y el aquí son el único lugar y el único tiempo que existe, la única oportunidad desde el punto de vista de la conciencia. Si te pierdes esa oportunidad no te pueden dar otra. Aquí viene el problema de la aceptación: aceptarse es aceptar el significado de las cosas pero en presente. Es que si nosotros no aceptamos lo que somos ahora y aquí no podemos evolucionar. Es que si nosotros tenemos la conciencia en el deber ser o en el debería ser, no evolucionamos. En síntesis: si nosotros no queremos lo que tenemos no podemos tener lo que queremos. Esa es una frase que puede ser un hilo conductor para la ley de la causalidad y acceder al proceso del karma: Uds. modifican su karma, modifican su historia, modifican la ley de la causalidad cuando toman posesión de su instrumento. Es decir, cuando aprenden la lección que tienen que aprender en un momento y en un lugar. Lo que en otros términos quiere decir, cuando quieren lo que tienen. Porque si no quieren lo que tienen entonces al tener lo que quieren realmente lo que van a generar es un obstáculo para la evolución, un lastre. Mientras más tengan lo que quieren sin querer lo que tienen, más obstáculos van a tener a su evolución. Así que yo puedo querer todas las posesiones del mundo, pero lo que necesito para llenar el vacío en mi corazón no es poder, ni posesiones, ni mas carros, desafortunadamente andamos dormidos y como tenemos una sensación inmensa de vacío, entonces tenemos un vacío en el plexo solar y comemos y comemos; o conseguimos y conseguimos; o estudiamos y estudiamos. Pero ese vacío no se llena con conocimientos porque ese es un vacío de sentido y el vacío de sentido se llena con una vida significativa. El vacío de sentidos se llena con significados, no se llena con ninguna otra cosa, ni siquiera los ojos de la amada te pueden llenar un vacío de sentido. Ni siquiera Dios, un Dios externo, te puede llenar un vacío de sentido, porque mientras Dios no sea significativo en tu interior, apenas va a ser una imagen externa de la cual vas a desarrollar una adicción. Y esa adicción como toda adicción es muy peligrosa porque cada vez vas a sentir una distancia mas grande entre tu dios y tú de tal manera que vas a estar congelada en la visión del dios del Antiguo Testamento, un dios que premia o castiga, un Dios trascendente, y te vas a perder la aventura de conversar con Dios en tu propio corazón, o de conversar con Dios cuando estás conversando con tu hijo. Vemos entonces la importancia de rescatar los hechos de nuestra historia, de hacer nuestra biografía. De volver a leer nuestra vida en términos significativos. Y ahora vamos a hacer un pequeño ejercicio. Vamos a cerrar los ojos y cada uno va a recorrer en presente, recordemos que estamos en presente, su historia. Como primera parte del ejercicio, durante tres, cuatro minutos cada uno va a detenerse en los hechos significativos y en su cuaderno o libreta de apuntes va a hacer una pequeña señal: estos hechos son significativos para mí. Segunda parte: van a ubicarse en ese tiempo y van a decir, cómo lo viví, cómo lo sentí y luego van a ubicarse en este tiempo y van a decir cómo lo siento, cómo lo vivo. Luego la tercera parte del ejercicio, después de ser conscientes de los dos códigos de lectura, los dos códigos del sentir, van a poner un “igual” para designar la lección, sin meter el intelecto. ¿Qué me quiere decir esto, qué me quiso decir esto, qué lección aprendí?, ¿qué lección no he aprendido, qué lección tengo que aprender? Entonces, tres fases: ir a la historia, encontrar los hechos significativos. Los hechos significativos no son hechos intelectuales, siempre son aquellas cosas que se marcaron en el código del sentir más intensamente, aunque ahora los hayan reprimido y los rechacen. Segundo, ver cómo lo sienten en este momento, eso mismo que vivieron en ese entonces cómo lo sienten en este momento. Y tercero qué significado tiene, qué significado tuvo, qué lección pueden aprender, si es que la aprendieron. Y por último, después de esto van a entrar en otra dimensión y esa dimensión es: en qué cosas he tenido que repetir la lección que no aprendí de este evento, ¿qué cosas se asocian a esa lección que yo no aprendí? Porque ese no aprendizaje los ha condenado a Uds. en su vida a repetirse en múltiples sectores sin que se hayan dado cuenta. El que yo no aprenda la lección de la autoridad y la lección del padre me lleva a tener líos toda la vida con la figura masculina. Es decir, con el esposo, con el hijo mayor, con quien represente la autoridad, con el gobierno, es un conflicto con la autoridad pero que está en mi interior. Y así vamos encontrando el riel, el hilo conductor de nuestros conflictos, porque si encontramos ese foco iterativo que se va multiplicando como un foco de Hammer, se va inscribiendo en el cuerpo, en el alma, en la mente, en los sentimientos, en nuestra manera de ser, entonces podemos volver a ser maestros de la historia desde nuestra visión de las causas y podemos cambiarlas. A eso se le llama hacer este eje: Pasar de la causalidad, del mundo de la forma, (este es el mundo de la forma y este es el mundo del alma) a la derecha en este esquema tienen el mundo de la forma y aquí el mundo de la cualidad. Nosotros tenemos que darle un sentido a la forma, es decir, traducirla en términos de calidad o de cualidad, en términos del alma. Y para traducir la causalidad en términos del alma, para darle sentido, tenemos que ir al pasado y regresar a nosotros. Es decir, hacer la causalidad circular, a eso se llama el pasado en presente. Este es el ejercicio, el pasado en presente para llenarlo de sentido. Vamos a estar entonces cada quien recogido, ojalá con los ojos cerrados, como un ritual sagrado, tómenlo así, conságrense, háganlo como un ritual sagrado porque lo que nos estamos jugando es el contenido o significado del pasado, lo que significa jugarnos la calidad de la vida. O cambiamos la historia del pasado, que estamos cargando, aprendiendo la lección, o estamos condenados a repetirla indefinidamente. Así que para aprender el significado de la historia vamos a hacer este ejercicio. Ahora estamos en grupo y el hecho de que haya un vórtice de conciencia grupal lo facilita, entonces lo hacemos, dedicándole unos diez minutos. Y luego obviamente Uds. lo van a anotar y lo van a seguir repitiendo en la casa. Siempre que tengan un conflicto pregúntense de dónde viene, de dónde traigo esta carga, de dónde traigo este código, cómo puedo cambiarlo, ahora, en este momento. Siempre que el espejo de la relación en la vida los confronte ante una persona o ante un hecho entiendan que frecuentemente el conflicto no nace de afuera sino es su manera de percibir las cosas. Y esa manera de percibir las cosas es aprendida, es un condicionamiento. Encontrar de dónde partió ese condicionamiento es encontrar la piel sensible de la historia. Los puntos críticos o de crisis son las ventanas del alma: el alma se expresa a través de la crisis. Entonces al hacer el ejercicio cerramos los ojos, estamos un ratico en esas circunstancias, las recorremos desde el sentir, no desde el intelecto. Sentimos nuestra historia, pasamos por nuestras edades y luego de unos minutos vamos anotando. Vamos a ver cómo lo sentimos antes, cómo lo sentimos ahora y qué significado podemos sacar de todo esto. Diez minutos. Los que sintieron alguna diferencia en los hechos que se vivieron, en la historia, y los que se sienten en este momento levanten la mano. ¿Quiénes percibieron alguna diferencia?, son muchos. Allí donde hay una diferencia estamos creciendo, estamos evolucionando, esos son hechos que no se quedaron congelados, son hechos que han ido rescatando su significado, que han sido reinterpretados en el código de la vida. Aquellos hechos que se siguen viviendo hoy de la misma manera, por ejemplo si yo te pregunto por tu madre que se murió e inmediatamente se te encharcan los ojos, haces un rictus de amargura y vuelves a vivir esa herida como si tu madre se estaba acabando de morir, yo sé que ese es un hecho congelado en tu vida, que es un hecho del que no aprendiste el significado, que es un hecho al que no te has adaptado, del que no has aprendido la lección. Y ahí tenemos que cambiar el significado de la historia porque si no vas a seguir leyendo la vida desde tu herida. Es como una espina, vamos cojos por la vida. De pronto alguien vivió una espina dolorosamente y se la sacó, o ya hizo un granuloma de cuerpo extraño, y ahora se acuerda del dolor pero ya no le importa: aprendió que no podía caminar sobre las espinas. Pero hay otro que tiene una espina y se la cuida y se pone esparadrapos y no permite que se la toquen y toma analgésicos pero cuida su espina, cuida su dolor cuidadosamente todos los días, entonces se queja porque va coja por la vida. Obviamente si tienes una espina en el pie y la estás cuidando tienes que cojear. Pero no cojeas ya frente a tu madre, frente al dolor o el recuerdo de tu madre sino que cojeas frente a tu maternidad, cojeas frente a tu hijo, cojeas frente a la muerte de la vecina. Cojeas en todas aquellas cosas que te aproximen a la muerte, vives con terror de la muerte, es decir, que has hipotecado tu vida. Muchos de nosotros tenemos una hipoteca en el pasado que no somos capaces de pagar. Hemos hipotecado nuestra vida y el precio que pagamos por esa hipoteca es la vida misma. No nos damos cuenta. Esa es la imperiosa necesidad de descongelar en el pasado, desde el código del sentir. Porque si lo haces desde el código intelectual lo único que pones es otra curita, otro analgésico, u otro anestésico. A veces entendemos pero no comprendemos. La diferencia entre entender y saber está en el sentir. Mucha gente entiende pero no sabe porque no vive, porque no siente. Si tú entiendes y no sientes, no has comprendido. Entonces no sabes. Dar significatividad es sentirlo, no sólo entenderlo sino sentirlo, porque cuando lo sientes lo bajas de la cabeza al corazón, lo anclas en tu corazón. Entonces vamos a hacer una caricatura, algunos de nosotros hacemos eso al comienzo. Se fueron al pasado como se va uno a la cacería de un ratón, ¿no?, se fueron con una escoba en la mano, prendieron todas las luces, ¿si?, están alerta desde el intelecto a ver donde salta el ratón. Obviamente los ratones se escondieron, la mayoría de los ratones se escondieron porque ellos no son bobos, ¿no? Ellos se van a su cueva, esperan que esté oscuro, que esté oscuro en su conciencia, que Uds. no se defiendan, que el ego no esté alerta y en observación crítica y entonces por la noche, cuando Uds. no se dan cuenta, salen y los muerden, eso es lo que nos pasa en la vida. ¿Por qué hacemos lo que no queremos hacer? ¿Por qué nos dejamos arrastrar de nuestros impulsos? Simplemente porque hemos fortalecido los impulsos al reprimirlos. Entonces los reprimimos y generamos un aumento de la presión de esos impulsos hasta que se desbordan y viene un desbordamiento de la represa y literalmente nos posee, literalmente nos arrastra. Y el problema de pelear con la bestia es que siempre llevamos perdida la batalla. Esa es la historia de una falsa religiosidad, es la historia de creer que soy superman contra el mal, contra los impulsos y los sentimientos, es por eso que tenemos adicciones, por eso hay tanto dolor en las relaciones humanas, porque hacemos lo que no queremos hacer, desde la conciencia. Y hacemos lo que no queremos hacer, nos dejamos poseer de los impulsos porque esos impulsos están profundamente reprimidos. Yo les pongo un ejemplo y así lo vamos entendiendo: hay una entidad en la clínica conocida como hipertensión arterial maligna, son presiones arteriales elevadísimas, muy difíciles de controlar que a veces no ceden a los antihipertensivos más poderosos, que inclusive frecuentemente generan insuficiencia renal e insuficiencia cardíaca. Es algo que atañe a la vida, al pronóstico de la calidad de la vida. Cuando analizamos desde el punto de vista de la investigación, estos pacientes tienen una cosa muy particular y aparentemente paradójica, es que si Uds. los ofenden ellos dicen que no se sienten ofendidos. Es que cuando Uds. los llevan a un laboratorio y empiezan a chuzarlos y obviamente hacer que les duela, a diferencia de todos los pacientes que uno chuza que protestan, ellos no sólo no protestan sino que se les eleva ligeramente la presión arterial y de sobremesa dicen desafiantes que no les dolió. Eso hacemos frecuentemente en la vida, desafiamos: No me duele, no, a mí no me duele. Pero te duelen tus arterias, te duele en el endotelio vascular, se te sube la presión, destroza tu corazón, destroza tu riñón y tú crees que no te duele, tú crees que no te pasó nada. Creemos que no nos duele por la capacidad de reprimir que tenemos. Y sin embargo arrastramos dolores muy agudos desde la primera infancia, desde dolores o traumas que vienen desde el parto, dolores que se remontan al tiempo en que estabas en el vientre de tu madre, que se retrotraen a la tristeza, o el resentimiento, o el rechazo que tu madre sintió mientras te tenia en el vientre. Dolores que datan desde los primeros encuentros entre papá y mamá que tú no pudiste controlar, desde la violación, el abuso sexual. Alrededor del sesenta, sesenta y cinco por ciento de las mujeres americanas adultas sufrieron abuso en la infancia. Es decir, que el abuso no es la excepción, el abuso es la regla. Muchos de nosotros no aprendimos la lección dolorosa del abuso y desarrollamos un mecanismo que realmente es un mecanismo de cambiar de personalidad. Cambiamos de personalidad, es decir, este problema no existe, nos negamos el problema, enterramos el problema, lo reprimimos profundamente, pero ese problema está en nuestros intestinos, en nuestro sistema vascular, está vivo. Mientras más grande nuestra capacidad de reprimir y de sublimar y de entender intelectualmente, mucho más grande es la posibilidad de ejercer un daño sobre la presión arterial o sobre otros órganos. Entonces encontramos muchos dolores del alma profundamente reprimidos que no nos permiten rescatar el significado del pasado y aprender la lección. Cuando uno ve la historia del abuso de niños, se encuentra dos tipos de historia diferente: unos que siguen cargando el cuento toda la vida y ni siquiera se dan cuenta de que lo están cargando y otros que no solo lo redimieron sino que se volvieron las mejores personas, se volvieron servidores del mundo, personas capaces de una compasión infinita. Entre la gente más compasiva y más generosa del planeta hay grandes traumas humanos, la diferencia no es el trauma, la diferencia es la capacidad de aprender la lección. Uds. me preguntarán, bueno, y entonces cómo hacemos para regresar a la historia, para regresar al pasado, para resolver eso. Porque no tienen que esperar a que aparezca un psicoanalista, o un jungiano, o un mago que les resuelva el problema. Eso es seguir cayendo en el círculo vicioso de la dependencia: creer que haya una sola persona que desde afuera pueda resolver ese tipo de situación. Realmente el terapeuta es un catalizador, pero si tú no te asumes, si no lo asumes, si no tomas el rol de ser tu propio psicólogo, tu propio médico, tu propio psiquiatra; si no te desplazas hacia la tensegridad que es el núcleo de ese esquema que tenemos allá, (dibujo) hacia la autogestión, estás perdido, porque has desplazado una dependencia y la has cambiado por otra. Cambiaste la dependencia del padre o de la madre o de Dios o de la religión, por el psicoterapeuta jungiano o el psicoanalista o el de la nueva era o el de la antigua, de todas maneras es una nueva forma de dependencia y estamos aquí para liberarnos. Ahora la propuesta es cómo liberarnos. Ahí nos introducimos en un territorio sensible que es el territorio del alma, y el territorio del alma es el territorio de la psicología. Ese territorio de la psicología es el de todas las escuelas de psicología. Y podemos ver cómo las escuelas de psicología, han ido creando diferentes territorios de la conciencia en el hombre. Para la escuela Reichiana, para la bioenergética de Reich, en general Ud. es el cuerpo, es decir, que todo lo que Ud. piensa, hace, dice, sobretodo siente, está inscrito en la coraza neuromuscular. Y ahí lo podríamos encontrar. De hecho se puede hacer un masaje y liberar una tensión, una angustia, una ansiedad. Ahora abrazaba a alguien muy querido aquí y yo sentía que su diafragma convulsionaba, es decir, que el abrazo le mueve en el seno del cuerpo algo reprimido en el plexo solar que busca espasmódicamente salir hacia su corazón para darle significado. De pronto encontramos dentro de esa teoría de Wilheim Reich, de Lowen, de Pierracos de todos los maestros de la bioenergética que podemos entender cosas como que a alguien se le haga un masaje, empiece a llorar y se le quite un sarcoma. En la historia de la medicina hay casos bien particulares, yo en este momento recuerdo que alguien estaba haciendo alguna vez una terapia de rolfing, haciendo masajes profundos, y esta persona a la que le estaba haciendo rolfing empezó a dar un grito de dolor desesperado y con el dolor se acuerda de un evento: de pequeño estaba en misa, se cayó un muro, le cayó sobre la tibia, la fracturó pero él no se atrevió a decir esta boca es mía en ese momento porque estaba en un recinto sagrado. Pues bien, ese grito congelado ocasionó una degeneración celular y un sarcoma, esta persona lo que tenia era un sarcoma óseo, una entidad maligna y lo especial es que cuando él regresó y vivió esa circunstancia y gritó como debería haber gritado entonces y liberó esa energía, el sarcoma desapareció. Así que cuando nosotros regresamos y vivimos de nuevo, dándole un significado a aquello que dejamos congelado, generamos la más poderosa de las revoluciones en la vida, Uds. no saben la energía atómica que es un sentimiento reprimido. Pero si con un sentimiento cambiamos la historia, si con un sentimiento de ira y de venganza contra los españoles y contra el oprobio, se produce la independencia de países enteros y se derrama sangre. ¿Uds. saben lo que es un sentimiento de estos reverberando al interior?, incidiendo sobre los neurotransmisores, sobre los neuropéptidos, sobre las moléculas maestras de las emociones, sobre los núcleos celulares: eso es pavoroso. Así que empezamos a entender la importancia de regresar a estos puntos nodales porque la conciencia es quántica, tiene puntos de cruce o puntos nodales que están determinando toda nuestra historia y la calidad de la vida y si volvemos a esos puntos críticos o de cruce o puntos nodales y volvemos a vivir desde el sentir, transformando el significado empezamos a aprender la lección. Aprender la lección es sanarse, y aprender es vivir, porque la vida no es sino un proceso de aprendizaje. Yo lo llamo “aprender”, en el sentido también de “encender”: la vida es una invitación: “vamos a prender un fuego interior”, prendemos ese fuego cuando desde el código total del sentir aprendemos el significado de los eventos. Pues bien, retomemos a Lowen y Pierracos y toda la psicología envuelta en la frontera del cuerpo, y en los anillos caracterológicos. Vamos a ver un poquito esos anillos, y cómo los manejamos ya que ahí quedan congelados buena parte de nuestros traumas, pero también congelado en forma de colagenosis, de enfermedades auto inmunes, de enfermedades del endotelio vascular. Muchas enfermedades son simplemente las máscaras de antiguos traumas que no se pudieron drenar, que no pudieron vivirse, a los que no se les pudo encontrar significado. Pero encontramos otro territorio que es el territorio freudiano y nos ubicamos en el contexto histórico en que aparece toda la teoría psicoanalítica, es una edad victoriana caracterizada por la represión. Es una edad en la cual el tema de la sexualidad es un tabú y obviamente un momento histórico en el que alrededor de esto se produce una gran patología. Entonces encontramos una teoría en la que regresando al inconsciente y encontrando esos núcleos de estancamiento de la libido en el pasado nosotros podemos liberar al individuo. Vemos entonces que ya saltamos del cuerpo físico y empezamos a encontrar el alma, la psique humana, en la caverna del inconsciente. Pero paradójicamente en la misma época en que Freud vive, viven Jung y Assagioli. Como era una época victoriana y la gente estaba más preparada para oír los asuntos del inconsciente oscuro y de los impulsos, entonces Freud ocupa la primera plana y nos olvidamos de Jung y nos olvidamos del otro territorio del inconsciente que es el inconsciente colectivo, el inconsciente universal, el mundo de los arquetipos, el mundo del alma. Y por la misma época en que Jung interviene para darnos toda una teoría de esa piel sensible del alma inscrita en nuestros distintos territorios, aparece Roberto Assagioli, el psiquiatra italiano que crea la Psicosíntesis. Posteriormente viene Víctor Frankl y nos dice que la clave está en el sentido: la neurosis en este momento no es una neurosis de placer, no es una neurosis de poder sino una neurosis de sentido. Cuando la gente hace un intento de suicidio y se les pregunta después por qué intentaron suicidarse, es bien claro que no fué porque no tenían sexo, tenían sexo, no fué porque no tenían dinero, tenían todo el dinero del mundo, no fue por la falta de un papá o una mamá o una figura de esas, intentaron suicidarse porque su vida no tenía sentido. Así Frankl empieza a descubrir que la vida tiene un sentido, que el alma está en el cuerpo, en las emociones, en la mente para dar un sentido y cuando lo perdemos caemos en la neurosis del siglo XX que es una neurosis del sentido. Empezamos a encontrar entonces dentro de la nueva psicología todas aquellas escuelas que nos trasladan al mundo de lo transpersonal y empiezan a decirte que el sentido de la vida no está solo en ti. La vida es la vida, es una corriente de la que tú participas, pero participas con todo el planeta, con toda la evolución. Y empieza a demostrarse que en ti está el reptil, la conciencia del reptil, del mamífero, del humano pero también la conciencia del alma, y que en el alma todas esas conciencias son simultáneas y que todos somos responsables de todos y esta vida apenas es una pequeña respiración en el contexto de la gran vida. Y miren cómo entonces empieza a cambiar la perspectiva de la historia, pero toda esta introducción es simplemente para decir: ¿Yo qué me gano con las historias del alma y los arquetipos y el inconsciente colectivo y el subconsciente si yo no tengo con qué pagarme la terapéutica? y al fin de cuentas ¿de qué sirve la terapéutica si muchos de quienes la hacen entienden por qué están mal, pero no resuelven el problema? Yo puedo entender qué me pasa pero si no lo resuelvo estoy tal vez incluso peor. El problema de la conciencia no es el de hacer conciencia, no es el del consciente. La conciencia es algo total que involucra cada una de tus células. Entonces viene Roberto Assagioli, el psiquiatra italiano y nos propone la psicosíntesis. La propuesta en la Psicosíntesis es que tú mismo seas tu terapeuta y que integres en el territorio de tu ego, en vivo y en directo, todas aquellas fuerzas o pulsiones contrarias que te mueven como una marioneta por la vida. Y te propone volver a asumir el control de tu vida para que tengas una dirección, es decir, tomar posesión de tu voluntad. Pero tomar posesión de tu voluntad de una manera muy distinta a como siempre la hemos entendido: no la voluntad como una fuerza, no la voluntad como la capacidad de resistirse sino la voluntad como la capacidad de fluir en la dirección de tu propia corriente, del viento y de la corriente de tu vida. La voluntad como la capacidad de estar consciente de la dirección de tus corrientes para mantener el timón en esa dirección; no como la capacidad de luchar contra el volcán, sino como la capacidad de contemplar el volcán a la debida distancia para que la lava no te queme y hacer también del volcán, de la erupción, una parte del paisaje de tu vida, ya no el drama de tu vida.
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