Jorge iván carvajal posada licenciado en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia






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Sanar la vida II

No nos hemos dado cuenta que si no moríamos no podíamos volver a nacer, que si no expirábamos no podíamos volver a inspirar, que si no nos entregábamos era imposible el éxtasis, que sin la renuncia a mí mismo es imposible completarme. Solamente cuando renuncio me completo, solamente cuando me desnudo y me hago vulnerable y me acepto tal como soy, le estoy dando mi nota al mundo. El mundo no me necesita mejor de lo que soy, el mundo no me necesita perfecto, ya me hizo perfecto, yo soy una nota única e irrepetible y vine a dar esa nota. Pero sólo puedo cumplir mi parte templando las cuerdas del instrumento, porque si mi instrumento está destemplado no emito la nota que vine a emitir, y si está templado por el perfeccionismo tampoco daré ninguna nota ya que mi cuerda se revienta. Vinimos a reconocer nuestro justo medio, el de nosotros, el noble sendero del medio, la complementariedad entre los opuestos, el abrazo de la vida. Cuando yo abrazo la vida encuentro mi otra cara pero cada uno de Uds. es la otra cara que yo necesito, cada uno de los otros es otra cara desconocida, es una aventura cósmica que Uds. tienen ahí para realizarse, para completarse, para complementarse, para darle sentido a la vida. Cada uno de los seres de la naturaleza es tu maestro y cuando tú eres sensible, cuando eres el aprendiz, cuando estás dispuesto a aprender la lección, entonces no sólo toleras la piedra sino que la incorporas, la haces parte de ti. Entonces el fuego no te quema y la vida no te destruye porque eres blando como el agua y te dejas permear de todas las cosas y empapas todas las cosas. La primera lección para sanar la vida es entonces tener un punto de partida. Generalmente tenemos objetivos y metas y deber ser. Tenemos una frontera del deber ser, tenemos un debería ser, tenemos una máscara que hemos construido. Una máscara de orgullo espiritual, una máscara de espiritualidad, una máscara de ciencia, de conocimientos. Una máscara de poder, una mascara de placer. Tenemos un Ego exterior que es el que mostramos al mundo y eso que mostramos al mundo es apenas una estrategia de adaptación. Es la cáscara, es el barniz, es la cara que le mostramos al otro para enamorarlo o para capturarlo o para atraerlo. Debajo de esa máscara existe la Sombra, allí donde está realmente lo que somos, nuestros impulsos, nuestras tendencias, nuestro egoísmo, todas aquellas cosas que hemos considerado negativas, todos los prejuicios que traemos desde la infancia, todas las cargas están debajo de esa superficie. Pero mas allá y al interior recóndito, oculto, muy dentro de ti, en el fondo de tu corazón, expresión del alma, está tu unidad nuclear, tu Ser, aquello que tú eres, aquello que tiene la nota clave, aquello que te da el sentido de vivir, aquello que te permite tener una dirección, un objetivo, hacer de la vida algo significativo. El problema es que desde la máscara es imposible reconocer al ser. El lío es que si no aceptas tu sombra no puedes reconocer tu luz. Si no pasas a través de esa capa intermedia del Ego con todas sus programaciones, es imposible acceder al núcleo de tu conciencia interior. Así que tenemos un punto de partida y ese punto de partida se llama la aceptación. La aceptación es que yo me acepto tal como soy, incondicionalmente. Grande o pequeño, blanco o negro, malgeniado o de buen genio, con tendencias e impulsos que no controlo, de todas maneras me acepto como soy. Porque aquellas cosas que no acepto están fuera de mi control. Aquellas cosas que no comprendo no me dan poder. Todas aquellas cosas que he reprimido, precisamente porque he reprimido tienen mucho mas poder. La Sombra tiene poder sobre nosotros porque la hemos escondido y la hemos reprimido. Si dejáramos de reprimirla y controlarla, automáticamente perdería su capacidad de controlar. Nosotros hemos creído que controlar es posible reprimiendo, hemos creído que las tendencias o los impulsos las podemos eludir. Ninguna cosa dentro de nosotros puede ser eludida, absolutamente ninguna. Todo está ahí manifiesto, controlándote, controla tu cuerpo, controla tus emociones, controla tus relaciones, controla tu salud, controla tu hígado, tu bazo. Todas las iras reprimidas están ahí actuando, la ira no es sino una autoafirmación. La ira no es negativa, lo negativo de la ira es no dejarla salir, es volverla una tendencia permanente de irascibilidad e irritabilidad, pero si tú no la contienes y la dejas salir, la ira tiene un propósito. Todos los sentimientos son buenos sentimientos, aun aquellos que hemos considerado malos, son buenos sentimientos. Se convierten en malos sentimientos cuando se vuelven resentimientos, cuando los dejamos atrapados. El miedo está ahí congelando tus riñones, actuando sobre tus huesos, sobre tu energía ancestral. La obsesión está ahí actuando sobre tu páncreas, sobre el metabolismo del azúcar, sobre el bazo y el chacra del bazo, sobre toda la circulación de la energía. El exceso de exaltación que no es alegría sino manía, está sobrecargando tu corazón. Todas las emociones se están inscribiendo en nuestro cuerpo y no sólo en nuestro cuerpo sino en el patrón de nuestras relaciones, así que no ganamos nada reprimiendo nuestras emociones. Si nosotros no liberamos la sombra no podemos reconocer la luz. Cada uno de los sentimientos negativos es apenas una sombra o una parte no desarrollada de un sentimiento positivo. En la ira está todo tu potencial. Una persona iracunda es una persona que tiene una energía ni buena ni mala, una energía que puede volver autoafirmación. Una persona obsesiva es una persona que puede tener consagración y tenacidad. Aquella persona consagrada es un obsesivo en términos positivos. Lo que es obsesión en término de Eros, es consagración en término de Logos. Todas las cosas tienen dos polos. Si nosotros negamos el polo inferior, negamos nuestras raíces, y no podemos ascender a las flores. Lo primero es que reconozcamos la tierra, el reino mineral en nosotros, nuestras raíces, nuestro fundamento, la infraestructura a partir de la cual podemos crecer. Y volvamos a ser sensibles entonces a esa raíz que es nuestro cuerpo y convirtamos nuestro cuerpo en el templo del espíritu, nuestro cuerpo es sagrado. Ascender a la espiritualidad realmente es descender al cuerpo y reconocer en nuestro cuerpo una evidencia cierta de la inteligencia evolutiva que nos habita. La inteligencia en nuestro cuerpo es la misma danza de Dios, es la inteligencia del creador que se mueve en nuestra propia naturaleza. Nuestra tarea es aceptar esa naturaleza, aceptando primero que todo su vulnerabilidad, aceptando que es una naturaleza blanda, a eso lo llamamos la naturaleza humana: “es tan humano que se conmueve”. “Es muy humano porque puede llorar”, “es muy humano porque puede sentir”, “es muy humano porque es vulnerable”. Esa es la genuina condición humana. La vulnerabilidad es lo que nos permite sentir el mundo y procesar al mundo. Desde ese sentir total entonces vamos a tratar de hacer un recorrido por las antenas de los sentidos, y por el territorio del cuerpo tratando de comprender los sentidos de otra manera. Vamos a empezar, entonces, por la visión: Y empezamos por la visión porque la clave de nuestras relaciones con el mundo es nuestra visión del mundo. ¿Como vemos el mundo? El mundo es así como nosotros lo estamos mirando. El mundo es del color de los anteojos con que nosotros lo veamos. Cuando la gente descubre una cosa, siente que eso aparece pero todas las cosas estaban ya, las leyes todas están ahí. Einstein no descubrió la Ley de la Relatividad, no hemos descubierto cosas de entropía y negentropía, todas las cosas hace miles de millones de años que están ahí creadas. Lo que descubrimos es simplemente, una nueva manera de ver las cosas. Antes las veíamos de una manera mecánica, luego de una manera relativa, luego desde un orden implícito, después desde un orden teleológico, vemos cosas llenas de sentido. Luego vemos que el universo atomizado en miles de partes y partículas es íntegro, y rescatamos la visión de la integridad desde la diversidad. Pero todas esas cosas han estado ahí. Simplemente nosotros a través de una nueva forma de mirar el mundo descubrimos un nuevo mundo, un nuevo mundo no existe. Existen nuevas maneras de mirar el mundo. Así que lanzarnos en la aventura de la humanización es descubrir nuevas maneras de ver el mundo y es descubrir sobre todo nuevas maneras de vernos, de percibirnos, de mirarnos nosotros mismos. Por eso vamos a hablar de la visión. Los ojos son el instrumento de la visión y son un bello símbolo del universo. En cada uno de los globos oculares Uds. tienen un universo completo. En cada uno de los globos oculares Uds. tienen una parte central, aparentemente pasiva, que es el cristalino. Y ese nombre es muy bonito, se llama cristalino, no es por azar, es porque es cristal, porque es cristalino, porque deja pasar la luz. Y empezamos a aprender lecciones muy hermosas de la evolución. Si la evolución es el movimiento de la conciencia, esa conciencia está en todas partes, en todas las cosas y obviamente también está en el Reino Mineral. Cuando el Reino Mineral evoluciona deja pasar la luz, se vuelve transparente a la luz. La parte más evolucionada del Reino Mineral son las gemas y las gemas tienen valor porque brillan, porque reflejan la luz, porque refractan la luz, porque dejan pasar la luz, porque son un prisma para revelar la belleza de la luz. Eso es una gema. O sea que la parte más bella del mineral es su parte blanda, no su parte dura. Nosotros vemos la consistencia, la materia, la dureza del diamante, pero un diamante no es valioso porque es duro, es sobre todo valioso porque tiene un comportamiento muy especial frente a la luz, por los visos que da. Y un diamante no es bello por su cantidad sino por su cualidad. Y su cualidad está determinada por el tallado del diamante, es decir, por lo que hemos sacrificado del diamante. Esa chispa de diamante es producto de algo mucho mas grande, de una piedra mucho mayor. En la medida en que sacrificamos todo lo que sobraba para ganar la perfección que es el dejar pasar la luz y el reflejar la luz obtenemos un diamante muy valioso. Así aprendemos la primera lección de la conciencia: en la evolución, lo más valioso es aquello que deja pasar la luz, que procesa la luz, que enriquece la luz. Y vamos a ver la evolución en términos de luz, vamos a ver que literalmente todos los seres y las cosas son estrategias para procesar la luz, para enriquecer la luz, para dejar pasar la luz. Lo primero, entonces, es dejar pasar, lo primero es tolerar, lo primero es dejar ser. Lo blando del diamante es su permeabilidad a la luz, lo duro del diamante es su materia. Tenemos que ser duros desde el punto de vista de la materia, tener un cuerpo físico sólido, pero desde el punto de vista de la conciencia tenemos que ser blandos, es decir permeables a la conciencia, permeables al otro, permeables a la luz. Y vamos a ver que esa luz que en el diamante son fotones, se vuelve luz virtual cuando el Reino Vegetal ya no deja pasar la luz sino que atrapa la luz, procesa la luz. Inicia el proceso de fotosíntesis y capta la luz y la almacena amorosamente pero para regalarla y permitir el milagro de la evolución. El milagro de la evolución es posible, porque primero el Reino Mineral se hizo sensible a la luz y luego el Reino Vegetal siendo más sensible diseñó mecanismos para almacenar la luz en moléculas químicas y luego el Reino Animal se nutrió de esas moléculas para volver a liberar la luz como instinto y después el Reino Humano hizo la síntesis de la luz mineral, vegetal y animal para liberar la luz del intelecto y en este momento como humanidad estamos ascendiendo a ese estado de síntesis en que vuelve a arder en nuestro corazón el fuego de esa misma luz para elevarnos al Quinto Reino, el Reino de las Almas. He ahí la historia de la sensibilidad, que también es la historia de otra visión del mundo, es leer el mundo con otros ojos. Si yo te mirara con otros ojos descubriría en cada segundo un ser diferente, una aventura para conquistar y no caería en la rutina. Si yo te miro siempre con los mismos, no ojos, sino anteojos, obviamente me voy a aburrir muy pronto en la relación. La relación va a durar lo que dura la luna de miel porque yo no me he cambiado los anteojos del enamorado y quiero seguir viendo en ti solamente la imagen congelada en el pasado. Pero si yo puedo cambiar la visión, yo te estoy cambiando a ti y estoy ayudando en tu transformación y me estoy transformando. Lo único que tenemos que hacer para sanar la vida inicialmente es cambiar de visión, ser sensibles a una nueva visión. ¿Cómo hemos visto el mundo hasta ahora?, lo hemos visto desde los fundamentos, creemos que el mundo son partículas atómicas y subatómicas, muros, civilizaciones, autopistas, tecnología, pero no vemos la magia del mundo que se mueve por encima de las autopistas, dentro de los edificios, en el espacio vacío es donde se genera ese movimiento de la conciencia que permite hacer de éste un mundo que a cada instante se renueva, un mundo mágico. La clave del mundo es que está vivo y que podemos participar en él. Lo importante del mundo no es ese mundo afuera en el que nosotros nos asentamos y que nos da soporte, sino ese mundo adentro, ese mundo vivo en el que nosotros participamos. Adquirir una nueva visión del mundo es entrar de lleno en la corriente de la participatividad. Aquello que es participativo es vivo. Debemos preguntarnos siempre en nuestras relaciones: ¿Esto genera más participatividad? ¿Esto genera competencia o entra en la dimensión del compartir? ¿Esto aísla la luz o expande la luz? El mundo de la participatividad es un mundo de expansión de la luz: cuando tú compartes estás expandiendo la luz. Cuando tú dejas de compartir, estás oprimiendo la luz, la estás ensombreciendo, estás cerrando un ojo del cosmos; tú eres un ojo del cosmos y el cosmos deja de ver cuando tú cierras tu conciencia al compartir. Entrar en ese mundo de la participatividad es comprender que cuando miramos creamos el mundo. Cada vez que realmente vamos más allá de la mirada y podemos ver que estamos recreando la creación, estamos creando el mundo. El mundo no es el mundo que miramos, el mundo es en buena parte el mundo que creamos. Cuando yo te miro con ojos de odio yo te estoy creando y estoy creando odio. Cuando yo te miro con una mirada de miedo estoy creando el miedo en tu corazón. El hombre no sabe que cada una de sus acciones es un acto de creación. El hombre es un creador, un creador en materia mental y para ello utiliza sus sentidos y eso nos conduzca a un sentido muy grande de responsabilidad. Todos participamos del bienestar o malestar de los otros. Todos estamos determinando el pronóstico de las enfermedades de los otros. Nuestra actitud significa un ojo interior, un ojo total, un ojo que revela nuestro corazón y con esa actitud nosotros estamos programando al mundo. Volvamos a tomar, entonces, el símbolo del ojo y pensemos en el cristalino. Así como hay un cristalino que deja pasar la luz y la enfermedad del ojo es que ese cristalino se opacifique, así en la relación cada uno de nosotros podemos ser o no transparentes. Si no somos transparentes no pasa la luz y no hay relación, no hay visión. La transparencia en términos humanos se llama honestidad. Y la honestidad es una consecuencia de la aceptación porque si tú no eres honesto contigo, si no te conoces, no puedes conocer al otro, no te puedes relacionar.

Sanar la Vida III

Ejercicio: Vamos a visualizar una velita, puede ser incluso un sol, aquella imagen que Uds. puedan mantener más constantemente y mientras la observamos vemos todas las características de la llama, sus tonos rojizos, azules, amarillos, también sentimos su calor, también somos conscientes de que el fuego siempre transmuta, siempre eleva, siempre asciende y por eso es un símbolo de la evolución de la conciencia que evoluciona hacia la síntesis. Somos conscientes por un instante de que el fuego todo lo transmuta tomando la gravedad de la materia y convirtiéndola en levedad. Así como esa llama es nuestra vida, nosotros ascendemos desde el cuerpo al alma, desde la gravedad a la levedad, de las leyes de la materia, a las leyes de la conciencia, ascendemos al aire que es la mente universal, allí donde tiene existencia el Templo de la Sabiduría que es el Templo del Alma. Ahora no sólo observamos la llama, la sentimos con su calor, con su brillo, con sus propiedades, como símbolo de la evolución y vamos repitiendo mentalmente “yo estoy en la luz, yo estoy en la luz”. Lo repetimos mentalmente en forma continua hasta que literalmente nos sintamos adentro de esa luz, nos confundamos con la luz. Proyectamos esa luz al interior, la hacemos penetrar a través de nuestra frente, como si la encendiéramos en todo el centro de nuestra cabeza, en el lugar que ocupa la epífisis, la glándula pineal, en el centro geométrico de nuestra cabeza, y sintiendo esa llama interior arder en nuestra cabeza repetimos mentalmente: “la luz está en mi, la luz está en mi, la luz está en mi”. Sentimos ese fuego interior transmutador, que nos lleva siempre a la evolución, a la síntesis, que es el norte, la brújula de nuestra vida, es aquello que nos puede dar sentido. Comprendemos que la iluminación tiene que ver con la luz al interior, con el despertar. Permitimos que esa luz despierte cada uno de los recónditos rincones de nuestro cerebro. Todos aquellos sitios que reprimimos, todos aquellos sentimientos que inmovilizamos, todas aquellas inteligencias congeladas, toda esa música cósmica dormida al interior de nuestro cerebro, despierta con la luz. Proyectamos ahora esa luz al corazón, sentimos el corazón como una llama de amor ardiente. Dejamos que su fuego inunde todo nuestro torrente sanguíneo. Que ese fuego llegue a los lugares más recónditos del cuerpo, a los lugares internos, lugares congelados, desconectados. Llevamos esa tea de amor ardiente por todos los espacios. El alma es lo que ve por nuestros ojos, es aquello que siente desde la totalidad en nosotros. Los ojos no ven, los ojos son una cámara fotográfica, los ojos son como microscopios o telescopios que el alma utiliza. Nadie ha podido lograr que un ojo enucleado vea, ¿no? El ojo ve porque está en ti, pero tú ves y eres tú porque en ti está el alma. El alma es lo que siente, es lo que se abre, es lo que es sensible y también es lo que sana en ti. Cuando hablamos de sanación, de sanar la vida, estamos por ello hablando del alma. No podemos sanar la vida desde el instrumento. Sanamos la vida porque la vida es música. Obviamente que sin el instrumento no tendría sentido la música, apenas seria una partitura. La vida es un programa que es música, el alma es el intérprete y el cuerpo, la personalidad, es el instrumento. Ella necesita templar las cuerdas del instrumento, para eso necesita empezar a reconocer la visión, necesita empezar a utilizar los ojos. Imagínense que alguien aparece en mitad del seminario muy probablemente piense que es una cosa de locos y se devuelva. Frecuentemente nosotros hacemos lo mismo, entramos y vemos sin perspectiva la locura del instante, vemos gente que se abraza como locos, lloran, sonríen, sin motivo, y lo calificamos de arbitrario. Si viésemos desde un marco mayor, si comprendiésemos que es precisamente porque no hay un motivo visible, porque es sin motivo, porque hay entrega que yo te abrazo, no por ser quien eres, sino porque me nace del alma, comprenderíamos eso que vemos. Las cosas que nacen del alma, son aquellas cosas que están llenas de sentido, que integran la vida. Ahora vamos a ver que la visión es lo que nos da el sentido, el ojo es el órgano del sentido que maneja las máximas frecuencias, el sonido tiene una frecuencia menor, el tacto tiene una frecuencia menor, son vibraciones de frecuencia mucho más baja. Pero el ojo procesa la luz y a la velocidad de la luz se acaban el espacio y el tiempo, a la velocidad de la luz no existen los relojes. Cuando ustedes entonces ven desde la conciencia, se implican; cuando no ven con el ojo del intelecto separado del ojo de la intuición; cuando pueden enfocar, a la unión de ambos se llama el enfoque. Cuando no hemos unificado los dos ojos vemos doble, casi todos nosotros vemos doble. Vemos los sentimientos de una manera, vemos la materia de otra manera; la familia de un modo, la religión de otro modo y andamos por el mundo con mil ojos y mil imágenes distintas. Cuando logramos tener un punto de enfoque, creamos una imagen única, una imagen holográfica, una imagen llena de sentido. Cada persona, cada personalidad, cada aspecto de la personalidad tiene una manera de mirar el mundo. Así que nosotros no estamos viendo el mundo sino que estamos viendo pequeñitos mundos esquizofrénicamente separados y sin sentido, porque desde el intelecto yo veo las cosas de una manera, desde el afecto las veo de otra manera, desde las expectativas y la programación de otra manera, desde el egoísta las veo diferente que desde el generoso. Tenemos muchas subpersonalidades, es decir, un zoológico muy grande de personalidades dentro de nosotros, cada una con una visión del mundo diferente. Cuando se entra en la conciencia, en la luz, se accede al director de orquesta, el director de orquesta de todas las hormonas es la hipófisis. El director de orquesta del hombre es el sexto chacra, el sexto centro, ¿por qué razón? Porque allí se hace una síntesis de la personalidad; porque allí, los instrumentos, las subpersonalidades, los cuerpos, el cuerpo físico, el emocional y el mental empiezan a responder a un solo señor. Y porque ahí entonces, aquello que era ruido se convierte en una sinfonía. Antes, los violines que son muy buenos y los tambores y las cuerdas y los vientos, entraban cada uno a su antojo, esa descoordinación es lo que da cuenta del frecuente fenómeno de la clínica en lo cotidiano: el de que la gente, va a donde el médico y no le encuentran nada, el riñón está bien, el hígado está bien, el bazo está bien. El endocrinólogo dice que todo está bien y el gastroenterólogo también, pero todo funciona mal y así a veces la gente se muere de “nada”, los exámenes no muestran nada, las analíticas no muestran nada, pero se muere. ¿Por qué razón?, Porque es que la vida es un patrón de orden, un patrón de organización. Lo importante no son los factores, sino el orden de los factores, porque en la vida el orden de los factores sí altera el producto, porque en la vida cada cosa debe ocupar su lugar. Y el que ocupe su lugar significa también que ocupe su tiempo. La vida tiene tiempos, cada órgano tiene tiempos, cada glándula, cada hormona tiene ritmos y tiene tiempos. El amor tiene un tiempo, el descanso tiene otro tiempo, el trabajo tiene otro tiempo. La vida tiene ritmos, tiene estaciones. La vida es una danza rítmica del Creador, escrita en nuestro cuerpo. Esa danza rítmica se armoniza en nuestro sexto centro. Cuando ascendemos a nuestro sexto centro, podemos decir, el hombre asciende al Creador que ya existe en él, el hombre asciende a su programa, cuando ese estadio se alcanza se habla de: “el hombre en Dios” y cuando el hombre está en Dios, Dios desciende al hombre. El primer movimiento, es un movimiento de transmutación, ascendemos la materia para revelar su belleza. Ascendemos el carbono para revelar un diamante. Cuando somos un diamante y por eso el símbolo del sexto centro es el diamante, entonces la luz del espíritu pasa a través de nosotros. Es decir, Dios puede estar en el hombre cuando el hombre asciende a Dios. Cuando nosotros formamos un vórtice de atracción magnética para atraer la luz, entonces la luz desciende, no antes. Tenemos que hacer atractiva nuestra personalidad al alma. Tenemos que poner bonito nuestro cuerpo, no para consagrar la vida al cuerpo sino para consagrar el cuerpo a la vida, para consagrar el templo al espíritu. Entonces adquiere otro sentido la belleza y adquiere otro sentido la ética y entendemos aquello de lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero que empezaremos a mirar en la dimensión de Sanar la Vida. Sanar la Vida es hacerla bella, también el cuerpo. También pintar el cuerpo, también vestirlo bonito, también nutrirlo adecuadamente, rescatar la armonía. La armonía es el sentido de las proporciones. Porque cuando hay sentido de las proporciones hay resonancia. Todas las resonancias están hechas de proporciones y proporcionalidades. Cuando yo pierdo el sentido de las proporciones pierdo la belleza en la vida. La vida es buena y hay bondad cuando hay ética y vamos a hablar un poquito de la ética de las relaciones. La vergüenza se refiere al yo, la bondad se refiere al nosotros y lo verdadero se refiere a la emergencia de la luz, a la conciencia, al significado. Lo bello y lo bueno cobran un significado cuando se transmutan y ascienden y así entonces nosotros podemos conquistar lo que se llama la Vida, el Agua Abundante de la Vida, se conquista cuando realizamos lo bueno, lo bello y lo verdadero. La belleza empieza por los sentidos, por los ojos cuando el código de lectura no es exclusivista. El exclusivismo es la negación de la belleza. Todas las cosas armónicas tienen dos polaridades y tienen un punto de encuentro, tienen un sendero del medio en que se realiza su conciencia. El Universo es polar, como es arriba es abajo, hay comunicación y hay resonancia cuando hay correspondencia, hay correspondencia cuando hay polaridades. Hay correspondencia en nosotros cuando no disociamos el masculino o el femenino; cuando no vemos el padre o la madre afuera sino que lo vemos al interior, en nuestro corazón. El punto de correspondencia del hombre es el corazón, es el punto de encuentro, es el punto de síntesis entre los pares de opuestos. Así realizamos permanentemente la síntesis. Vamos a ver entonces que eso depende de la visión y vamos a ver el símbolo de la visión, ¿cómo aprender a leer las cosas de diferente manera? Si yo te veo solamente desde el código exclusivista de la forma yo solamente voy a ver las proporciones de tu forma, yo solamente voy a ver el tamaño de tu nariz, yo solamente voy a ver el código del almanaque y el código de la moda. Pero si yo te veo desde la perspectiva del corazón, la belleza en ti no es la visión externa, sino la visión interna que yo tengo de ti. Así que aunque estés viejita, encorvada y arrugada, yo veo la ternura en tus ojos, veo la sonrisa en tus ojos aunque no tengas dientes, no busco tus dientes, busco tu sonrisa. Veo el calor en tus manos, aunque tus manos estén deformadas. La belleza desde el código interior es lo que mueve tu corazón, lo que te conmueve, aquello que te permite aprender una lección. Cuando asumes la actitud del Aprendiz siempre vas a reconocer lo bello en todas las cosas porque estás yendo más allá del mundo de la cantidad y de la apariencia y estás entrando en el mundo de la cualidad y el mundo de la esencia, que es el mundo del alma. Son los ojos del alma aquellos que ven la belleza desde la actitud del Aprendiz. Y esos ojos del alma en el seno del cuerpo se centran en el corazón, desde donde tú puedes ver lo que es esencial. Cuando solamente veas la fealdad, cuando tú veas los excrementos y no adivines detrás de los excrementos, está la vida orgánica y abonada por ellos, una flor que puede florecer y una armonía que puede surgir, entonces estás viendo con los ojos de la personalidad, con los ojos de la máscara. Esa es la clave de la armonía interior. Somos disarmónicos cuando no revelamos la armonía de las cosas que vemos. Las cosas no son feas, todo tiene un propósito. Y ese propósito significa que hay una coherencia interior. No solo que hay un destino sino que hay una esencia armónica al interior que podemos reconocer. Los ojos de la personalidad tienen una visión local y los ojos del alma tienen una visión global ambos son necesarios, los ojos del alma y los ojos de la personalidad, para llegar a unirlos en un sentir total. Así que la primera propuesta para Sanar la Vida, respecto de la visión, es que a veces somos hipermétropes y a veces somos miopes. O tenemos las cosas muy cerca y los árboles no nos dejan ver el bosque, o tenemos las cosas en una perspectiva tan distante, que los bosques nos impiden reconocer los árboles, las frutas, las semillas y la siembra. ¿El ojo qué está haciendo permanentemente? Él está acercando, él mira a lo lejos y luego se acerca, aleja y acerca las imágenes. El ojo es como un corazón que está oscilando, está pulsando permanentemente. Cuando tenemos entonces una visión miope, realmente tenemos que acercar demasiado las cosas para poderlas ver y solamente vamos a poder contemplar los detalles. ¿Cómo entonces acomodarnos? En términos médicos a eso se le llama acomodación, el cristalino se acomoda, el cristalino tiene músculos y actúa como un corazón, cambia su forma para centrar la imagen exactamente en la retina. Si las cosas están muy lejos, él tiene que hacer que los rayos de luz coincidan exactamente en la retina y para ello él cambia su forma, si están muy cerca también cambia su forma, y sino se desenfoca. El problema de nuestra vida es que andamos desenfocados, es que no tenemos punto de enfoque. Si yo no tengo un punto de mira, si no tengo un punto de enfoque, si no tengo un horizonte, si no tengo una perspectiva, realmente no sé dónde estoy. No sabemos para dónde vamos porque no sabemos dónde estamos. Punto de partida: dónde estamos. Y el “dónde estamos”, lo da lo que llamamos, la correcta visión. Y la correcta visión es una visión que conjuga la visión de la izquierda y la derecha, la del cerebro izquierdo y la del derecho, la del masculino y la del femenino, la del pensar y la del sentir. La correcta visión es aquella que te permite aproximar tu sentir al corazón porque es el sentir el que permite armonizar el pensar global con el actuar local. Pensar globalmente, movimiento de expansión, a eso lo llamamos el contexto, sin contexto, ningún texto es válido. Todos los textos son válidos porque hay un código para leerlos y el código para leerlos sale del contexto y el contexto se llama visión global, regresar al contexto, ¿dónde estoy?, ¿en qué contexto me muevo en la relación? Si tú no te pones en el contexto de la relación, te vas a relacionar de memoria. Cada quien exige que individualices tu relación con él. Él es único y tú no te puedes relacionar con una persona como te relacionas con los otros. Tú tienes cuatro hijos y no los puedes tratar de la misma manera, eso sería lo más injusto del mundo. Cada uno de ellos es un contexto y un universo diferente y tú tienes que aprender a entrar en la magia de ese contexto. Cuando rescates la individualidad y la irrepetibilidad de cada relación humana entonces estás naciendo a una genuina relación. Entramos en el contexto cuando podemos mirar a lo lejos, cuando podemos quitar los ojos del suelo, cuando podemos inspirar y podemos reposar. Sin el reposo, sin la inspiración, sin la visión del paisaje, y ese es un ejercicio, es imposible entrar en el contexto. Si te sitúas mirando por la carretera de Sitges, aquí alrededor del mar, esa es exactamente igual a las de Colombia, a las de Barcelona, a las de París. Y frecuentemente vamos por todos los sitios del mundo mirando al suelo, es decir, mirando los almacenes y lo concreto, aquí hay los mismos almacenes que hay en Barcelona y los que hay en Ruanda y en todas partes del mundo, una sociedad consumista tiene almacenes más o menos del mismo tipo. Pero si yo me doy la oportunidad de hacer un paseo, dejándome llevar, sin pensar en nada más, a la orilla de la playa, entonces yo voy a entrar en el contexto de lo que es Sitges y entonces las calles y los apartamentos y las gentes y las otras cosas me van a parecer distintos porque ya le he dado un marco al paisaje. Entonces, ¿cuál es el marco del paisaje de mi acción? Esa es una pregunta bien importante. ¿Dónde la enmarco?, ¿Dónde la encuadro? A las cosas hay que enmarcarlas y encuadrarlas para darle un fondo y una perspectiva. Ninguna imagen tiene un sentido sino tiene un paisaje de fondo, es una imagen muerta sin un paisaje de fondo. La visión puntual es la visión de las formas que se delinean. La visión global es una visión de profundidad, de sentido, de contenido, de significado. Así que nosotros tenemos que unir las dos visiones. Si yo caminara solamente mirando mis pies, rápidamente me caería o me tropezaría con algún obstáculo, pero si yo solamente caminara mirando al horizonte, rápidamente me iría a un hueco que hay en la calle, de tal manera que tenemos que combinar las dos cosas. Pero si yo caminara sin sentir mi cuerpo, perdería rápidamente el equilibrio. Entre la visión global y la acción local hay una instancia de un sentir total que es lo que permite el equilibrio. Así que tú no vas pensando que estás viendo el horizonte. Tú no vas pensando que tienes que caminar con tus pies aquí, tú vas sintiendo. Y en el momento en que dejes de sentir ya pierde también su sentido la visión global y el actuar local. Hay dos tipos de personas en el mundo: unos los soñadores, aquellos que andan resolviendo todos los problemas del Universo, que sueñan, que hacen poemas, que discuten de Filosofía pero que nunca hacen nada y otros los activistas, aquellos que hacen y hacen y hacen pero nunca saben para dónde van, lo hacen sin sentido. Pero existe una humanidad que es aquella que es capaz de traducir los ideales en términos concretos, a eso lo llamamos la magia. El hombre es un creador cuando puede traducir sus sueños, sus esperanzas, sus alegrías, sus ideas, en términos concretos. Y es bien importante porque nos permite evaluar si realmente estamos avanzando en el camino, si realmente nos estamos sanando. Si algo transforma tu vida, si algo transforma tus relaciones, si algo transforma tu manera de ver el mundo, si algo aumenta tu margen de tolerancia, si algo ensancha tu visión, si algo te da un enfoque mucho más transparente, si algo produce cosas nuevas en tu vida, si algo materializa, si aparecen hechos nuevos, digamos una casa, un apartamento, un libro, una nueva relación con el mundo o un viaje es porque realmente tú estás adquiriendo una visión más amplia, porque estás progresando desde tu visión, porque estás sensibilizando tus ojos.
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Jorge iván carvajal posada licenciado en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia iconPor: Iván Galvis Gómez, Filósofo de la Universidad Nacional de Colombia






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