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Versión ligeramente aumentada del artículo publicado en junio de 2012 en Gaudichaud, Frank, Amérique latine: émacipations en construction. Les Cahiers de l’emancipation, Paris, Syllepse, 2012. Traducción del francés al español: Rosa Maria Blanca, Nadia Rosso y Movimiento Contra el Feminicidio. Revisión final de la autora.

Mujeres y feministas contra la violencia masculina, neoliberal y bélica en México

Jules Falquet*


Durante los días 7 y 8 de marzo de 2012, se llevó a cabo en Chiapas la primera pre-audiencia del capítulo mexicano del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP)1 sobre feminicidios y violencias masculinas. Esta notable iniciativa de un conjunto de mujeres, feministas y asociaciones de la sociedad civil, tiene como objetivo responder a la nueva oleada de violencia que ha golpeado a México – ya muy maltratado por las políticas de ajuste estructural de los años 80, el Tratado de Libre Comercio firmado en 1994 con Estados Unidos y Canadá, y ahora sumergido en un verdadero baño de sangre por la "guerra contra el narcotráfico", lanzada en 2007 por el presidente Calderón.

Volveré aquí sobre la historia política y económica reciente de México, antes de mostrar cómo las mujeres y las feministas se encuentran entre las primeras en organizarse para denunciar y poner fin al continuo de la violencia patriarcal, racista y capitalista, que ahora toma el rostro de una "violencia narco-militar-neoliberal".


México: un país que se hunde en la narco-militarización neoliberal contra-insurgente

A lo largo de los años 80 y luego con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (TLC) en 1994, México puso en práctica políticas de ajuste estructural que han destruido sistemáticamente la economía rural y las comunidades indígenas del país. Para rebatir las múltiples revueltas y luchas estimuladas por el surgimiento del movimiento zapatista, el gobierno ha implementado de forma continua una estrategia contra-insurgente de "guerra sucia", creando en la mayoría de las regiones indígenas, bases militares de ocupación y grupos paramilitares. Las mujeres indígenas constituyen los primeros blancos de la violencia contra-revolucionaria, como lo demuestran tres casos particularmente emblemáticos, impunes hasta ahora. En primer lugar, las tres jóvenes indígenas Tzeltal, cuya violación sexual en un retén militar en Altamirano, el 4 de junio de 1994, marcó el comienzo de la guerra sucia. Luego, la masacre de 34 mujeres y niñas, así como de 12 hombres indígenas, por paramilitares en Acteal, el 22 de diciembre de 1997. A las cuatro mujeres que estaban embarazadas, les rajaron el vientre y les arrancaron el feto para "acabar con la semilla”. Finalmente, en 2007, en la Sierra de Zongólica (Guerrero), la violación y el asesinato de Ernestina Ascensión Rosario, mujer Nahua de 73 años, también cometido por militares –que las autoridades presentaron con muerte natural a pesar de todas la evidencias de ser un crimen.

Tampoco el norte de país, región de grandes plantaciones agro-industriales y de zonas francas para la exportación, ha estado a salvo de la violencia de los años 90. Mientras que las migraciones nacionales y centroamericanas hacia los Estados Unidos van creciendo, cruzar la frontera cada vez más significa arriesgar hasta la misma vida. Para quienes quedan atrapad@s en el cinturón de las maquiladoras, la explotación se intensifica. A partir 1993, en Ciudad Juárez, se comienza a encontrar cadáveres de mujeres jóvenes horriblemente torturadas y violadas, asesinadas y abandonadas en el desierto, a veces en los vertederos, en la más total impunidad (Washington, 2005). Poco a poco, grupos de mujeres, especialmente de madres, se organizan para denunciar la inacción de los poderes públicos y exigir justicia, a pesar de las amenazas y los asesinatos que también ellas empiezan a sufrir. Aparecen los términos "feminicidio", derivado del trabajo de Diana Russell (Radford y Russell, 1992) y "feminicidio serial sexual" (Mónarez Fregoso 2011) para nombrar estos asesinatos. El fenómeno se extiende gradualmente por todo el país, entre otros en Chiapas, donde arrecia la lucha contra-revolucionaria, y en el Estado de México (Lagarde 2006, Olivera 2008).

A partir de la Conferencia sobre "La Mujer", organizada por la ONU en 1995 en Beijing, el gobierno mexicano, al igual que otros muchos, parece "actuar en pro" de las mujeres. Primero, en lo que se refiere a las políticas públicas. Por ejemplo, el programa Progresa, lanzado en 1997, se distingue por el hecho de que el Estado remite directamente a las mujeres de las familias pobres una asistencia financiera en efectivo - extremamente modesta por cierto (Magaña García 2009). En 2001, es supuestamente para no lastimar los derechos de las mujeres indígenas, que el gobierno se niega a modificar la Constitución para incluir el respeto a los "usos y costumbres indígenas", alegando que algunos de éstos violarían los derechos de las mujeres2. En otro orden de ideas, en 2005, fue aprobada con bombos y platillos una ley integral contra la violencia hacia las mujeres, creando un Sistema nacional contra la violencia.

Desgraciadamente, en la práctica real, en diciembre de 2006, el presidente Calderón, apenas elegido, declaró la "guerra" al narcotráfico, lanzando a las calles al ejército y la marina, para reemplazar a la policía, impotente y corrupta. Cinco años después, los resultados son dramáticos. La guerra ya ha dejado 60.000 muert@s, entre presunt@s delincuent@s, sicarios, policías, soldad@s, marinos pero también civiles, much@s de est@s últim@s implicad@s en la defensa de los derechos humanos3, incluidas mujeres activistas4. Los carteles de la droga y organizaciones paramilitares se han multiplicado y fortalecido, entre otros los Zetas, inicialmente un grupo de “élite” del ejército destinado a combatir el narcotráfico y que ahora gangrenó la policía, el ejército, la justicia y el mundo político (Proceso 2012). Cada día los periódicos muestran fotos de cadáveres ensangrentados, quemados, decapitados, colgados por debajo de los puentes, mientras que se extiende en la sociedad una nueva cultura "narco", incluyendo un nuevo y extenso culto a la Santa Muerte.
De hecho, existen en México al menos 7 millones de jóvenes entre 15 y 29 años, nombrad@s “ni-nis”, de l@s cuales el 30% son mujeres, que no tienen acceso ni al trabajo ni al estudio (OCDE, 2011)5. Intentar dejar el país para buscar un mejor porvenir en otro lugar, significa exponerse en el camino a todo tipo de violencias, extorsión, violación sexual e incluso la muerte - México es sin embargo el segundo país expulsor de mano de obra en el mundo. Involucrarse en el narcotráfico puede entonces parecer una opción más razonable que el sector informal, el matrimonio, el trabajo sexual o la entrada en la policía o el ejército. En todo el país, y sobre todo en el campo, la miseria ha aumentado masivamente, agravada por las medidas neoliberales, golpeando en primer lugar a las mujeres. Ante la caída drástica de los precios agrícolas (debida al fin del proteccionismo), cada vez más y más mujeres indígenas se ven orilladas a producir en serie artesanías en sus casas, y a endeudarse para poder comprar sal y azúcar -cuando no son obligadas a partir para buscar trabajo en el Norte, o incluso a vender a sus hijas6.
En cuanto a la violencia, según un estudio del propio Instituto Nacional de las Mujeres, de la Asamblea y de la ONMujeres, 34,000 mujeres fueron asesinadas por el solo hecho de ser mujeres en los últimos 25 años, mientras que el 70% de las mujeres reportan haber vivido alguna forma de violencia durante su vida (Martínez, 2004). Según las Procuradurías de 18 estados del país, entre las 1,728 mujeres asesinadas entre enero del 2009 y junio del 2010, al menos 1,076 constituyen feminicidios probados. 40 casos solamente fueron objeto de un juicio -sin que se sepa si hubo condena7. En 2009, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió una sentencia histórica, llamada del “Campo algodonero”, que corroboró absolutamente la responsabilidad del Estado mexicano en los feminicidios (Melgar, 2011). Sin embargo, el gobierno no aplicó ninguna de las recomendaciones de la CIDH y la impunidad de las violencias contra las mujeres sigue siendo casi total, acreditando la idea de una complicidad gubernamental en la normalización de la barbarie y una política de pura simulación sin ninguna intención de real procuración de justicia (Saucedo y Melgar, 2011). Emblemático es el caso de Marisela Escobedo, asesinada de una bala en la cabeza el 12 de diciembre de 2010, mientras protestaba desde hacía dos semanas frente al palacio de gobierno del estado de Chihuahua para exigir justicia para su hija Ruby Marisol, quien fue asesinada en 20088. Hasta ahora, la justicia no ha movido ni un dedo para castigar los culpables.

Cuando las mujeres y las feministas retoman la iniciativa
Desde mayo de 2011, en torno al personaje de Javier Sicilia, un poeta cuyo hijo fue asesinado, se inició un amplio movimiento social contra lo que hay que llamar de verdadera guerra interna. Curiosamente, fue necesaria la muerte de un joven varón y el duelo de un padre, para que la indignación “calara”, mientras que el dolor de cientos de madres que habían perdido a sus hijas, no desembocó más que en la estigmatización de las jóvenes como “putas” y de las madres como unas “pobres amas de casa afligidas” - a pesar del sobresaliente activismo de las mujeres de Ciudad Juárez (Mónarez Fregoso, 2011) y del resto del país9.
Es en este marco que un conjunto de activistas de diferentes horizontes consiguió la apertura de un capítulo mexicano del Tribunal Permanente de los Pueblos. Entre 2012 y 2014, se tendrán, pues, un conjunto de audiencias sobre 7 temas: feminicidios, migración, medio ambiente, maíz y vida rural, trabajo, medios, guerra sucia, violencia y derechos humanos. Las mujeres de Chiapas fueron de las primeras en retomar el proyecto, organizando la primerísima preaudiencia, sobre la cuestión de la violencia contra las mujeres. Pues tienen una larga historia de movilización.
Los dos primeros grupos de mujeres de San Cristóbal de las Casas aparecieron en 1989: el CIAM (Centro de Investigación y Acción para la Mujer), sobre todo universitario, y el COLEM (Colectivo Encuentro entre Mujeres), o Grupo de mujeres de San Cristóbal, creado precisamente a consecuencia de una serie de violaciones sexuales. Surgió despues, en 1990, la Comal-Citlalmina, que se reivindica claramente feminista. Desde aquel entonces, muchos otros grupos se desarrollaron, entre otros con la aparición del movimiento zapatista, que estimuló la organización de las mujeres indígenas, como también con diversas iniciativasunitarias entre mujeres, feministas, indígenas y mestizas. Así, en 1994, la Convención Estatal de Mujeres Chiapanecas reúne la mayor parte de los grupos. En 1999, 3000 mujeres se reunieron para un Encuentro contra la violencia, la impunidad y la guerra, recibiendo más de 300 denuncias de diversas violencias. El 25 de noviembre de 2001, se forma el MIM (Movimiento Independiente de Mujeres), que organiza la formación de defensoras populares. En 2002 aparece el Colectivo Feminista Mercedes Olivera. En 2003 se forma tras la estela de MIM, el Centro por los derechos de las mujeres de Chiapas (CDMDH). Surgiendo despues, entre otras, un capítulo chiapaneco de la Marcha mundial de las mujeres, así como un grupo de lesbianas feministas, Lesbrujas.
Son principalmente el CDMDG y la COLEM, respectivamente representados por dos feministas implicadas desde hace mucho tiempo en la investigación y las luchas contra las violencias y los feminicidios, la socióloga Mercedes Olivera y la abogada Marta Figueroa, quienes organizaron la preaudiencia de marzo de 201210.
Durante dos días, en el Teatro de la ciudad, más de doscientas mujeres y algunos hombres escucharon ocho casos particularmente relevantes, agrupados alrededor de cuatro ejes: feminicidios y contra-insurgencia, violaciones al debido proceso, violencia sexual y doméstica, y finalmente violencia estructural. Las mujeres testimoniaron en tzeltzal, tzotzil y español, algunas con el rostro descubierto, otras detrás de una pantalla. Denunciar las violencias, especialmente la violencia la sexual, es siempre muy difícil y doloroso. Aquí, las mujeres mostraron una doble dosis de valentía, ya que muchas habían sido amenazadas por sus violadores, los asesinos que denunciaban, la policía o los militares. El miedo volvía como un leitmotiv, asimismo se repetía de caso en caso la arbitrariedad y la impunidad de los hombres, de los ricos, de los mestizos, de los funcionarios públicos, de los jueces, de las fuerzas armadas, de los guardias de prisión. Al mismo tiempo surgía una fuerza nueva. Enunciar públicamente la violencia y la injusticia, frente a doscientas personas, incluyendo abogadas y juezas de conciencia mexicanas, costarricense, guatemalteca, chilena y francesa, era ya un comienzo de la reparación, al afirmar y reconocer públicamente que había ocurrido algo anormal, y que no estaban sola y que era posible reaccionar. Confrontarse a este conjunto de casos también permitió a cada una discernir mejor las lógicas estructurales que organizan estas violencias, a primera vista tan incomprensibles como intolerables.
De hecho, la preaudiencia posibilitó el análisis de las violencias masculinas contra las mujeres –privadas y públicas; familiares, comunitarias, militares y estatales; ambientales y económicas– como un todo, como un continuum que forma un sistema y que une también las violencias sexistas, racistas y de clase. En otro momento, mostré que la violencia contra las mujeres nada tenía de accidental, que no resultaba de ninguna pulsión sexual masculina innata, ni de frustraciones o disfuncionamientos individuales. Al contrario, se trata de un poderoso medio de control social, organizado hasta el más alto nivel por las políticas públicas y sus omisiones (Falquet 1997).
La preaudiencia permitió dar un paso más en el análisis, confluyendo tanto con los trabajos más recientes sobre los feminicidios y los análisis provenientes de todo el continente (CLADEM 2007, Fregoso & Bejarano 2010, Sanford 2008). Por todos los lados, constatamos la existencia de lazos profundos entre:

  • las violencias ejercidas durante los “conflictos internos” (frecuentemente etnocidas, particularmente direccionados hacia mujeres Indígenas y Negras) y su impunidad durante la “democratización” de pos-guerra

  • la crisis económica, política, social y moral de los periodos pos-conflicto, agravada por los ajustes estructurales

  • el desarrollo de técnicas de control social mal llamadas de “baja intensidad” ligadas a la lucha contra el “terrorismo”, el narcotráfico y la migración

  • y las violencias contra las mujeres, desde las más cotidianas hasta las más “espectaculares” -habiendo contribuido los feminicidios y su impunidad a insensibilizar la opinión pública y a poner en evidencia la descomposición del estado de derecho (sobre México : Melgar 2011).


Mientras que en otras regiones del mundo, las potencias occidentales que imponen el neoliberalismo practican una guerra abierta de ocupación, la estrategia para la América Latina y el Caribe parece ser de promover la militarización, paramilitarización y narcomilitarización (Olivera, 2012). Dicho de otro modo, el continente sufre también un embate bélico, una guerra, pero se trata de una guerra que no dice su nombre, y que es esencialmente dirigida contra la populación civil para romper su resistencia política, obligarla a trabajar cada vez más sin protestar y/o sacarla de sus tierras. Dada su posición geoestratégica, México posee el dudoso privilegio de ser el “laboratorio” por excelencia de esta estrategia.
A primera vista, las principales víctimas de esta nueva “narco-paramilitarización” parecen ser los hombres, acribillados por millares. Sin embargo, este análisis hace caso omiso de las madres, hermanas y sobretodo viudas que se quedan a cargo de l@s niñ@s, con perspectivas profesionales y salariales deplorables, cuando no son perseguidas por el estigma social de ser presuntas viudas de narcotraficantes. De esta manera, estos asesinatos “espectaculares” y “sobrevisibilizados” por los medios sensacionalistas no deben engañarnos: la violencia desplegada por/para imponer la mundialización neoliberal es esencialmente una violencia masculina, racista y clasista que indirectamente y directamente golpea principalmente a las mujeres, sobretodo las más empobrecidas y “racializadas”.
Como ya lo analicé en otro trabajo (Falquet 2008), son las mujeres quienes constituyen la fuerza de trabajo más rentable y más explotada de la mundialización: su trabajo en el campo, en sus casas y en casas ajenas, en sus países y en el extranjero, en las fábricas, en las calles. Sus manos, sus úteros, sus vaginas, sus senos11 se volvieron una de las principales fuentes de enriquecimiento ajeno, al igual que las semillas que ellas han pacientemente seleccionado, la tierra, los árboles, el subsuelo y el agua que preservaron con la sabiduría y la perseverancia de las poblaciones originarias y/o rurales que no tenían muchas alternativas (Shiva 1996). Es entonces contra ellas que el continuum de violencia se orienta prioritariamente, para garantizar una máxima explotación/extracción de la plus-valía. Es también porque son ellas quienes protestan con más valor, de espalda a la pared y muchas veces con más lucidez: los análisis feministas de la mundialización neoliberal que engloban la imbricación de las relaciones sociales de sexo, “raza” y de clase son entre los más esclarecedores. Estos análisis muestran nítidamente como los hombres a título individual, los Estados y las Instituciones internacionales, en especial financieras, organizaron una red estrecha de connivencias tácitas y de complicidades político-jurídicas para garantizar la impunidad del continuum de las violencias físicas, sexuales y económicas, como lo reveló de manera tan deslumbrante el “caso” de Dominique Strauss Kahn, ex director del FMI y violador en serie (Falquet, 2012).
Actualmente en un México puesto a sangre y fuego por las políticas neoliberales, más allá del miedo, del sufrimiento y la arbitrariedad, las mujeres y las feministas alzan la cabeza contra la impunidad y exigen más que nunca la justicia. Su valor, su determinación y sus análisis llegan en el momento preciso para recordar que Francia estábien ubicada entre los países en donde la impunidad de las violencias masculinas estalla a la vista y al conocimiento público. Mientras Francia envíe a hombres como Strauss Kahn a la cabeza de las instituciones financieras internacionales o los ensalza como especialistas de la economía, el continuum de la violencia masculino-neoliberal tendrá gloriosos días por delante. Igual que en 1994 con el levantamiento zapatista, en la actualidad l@s mexican@s nos muestran la vía: otro mundo es necesario, otro mundo es posible.

Bibliografía:
CLADEM. (2007, March 2). Executive Summary: Monitoring of Femicide/Feminicide in El Salvador, Guatemala, Honduras, Mexico, Nicaragua and Panama. http://209.85.173.104/search?q=cache:1WK0hrK00IsJ:www.cladem.org/english/REGIONAL/Violenciadegenero/Docs/CLADEMMonFemiEnglish.pdf+chile+femicide&hl=en&ct=clnk&cd=27&gl=us
Jules Falquet, « La violence domestique comme torture, réflexions sur la violence comme système à partir du cas salvadorien », Nouvelles Questions Féministes, 18, 3-4, pp. 129-160. 1997. En ligne : http://www.reseau-terra.eu/article541.html
Jules Falquet, De gré ou de force. Les femmes dans la mondialisation, Paris, La Dispute, 2008.
Jules Falquet, “L’Etat néolibéral et les femmes. Le cas du “bon élève” mexicain” dans Jules Falquet, Helena Hirata, Danièle Kergoat, Brahim Labari, Nicky Lefeuvre et Fatou Sow (dirs.) Le sexe de la mondialisation. Genre, classe, race et nouvelle division du travail, Paris, Les Presses de Sciences Po, pp 229-242, 2010.

Jules Falquet, DSK ou le continuum entre les violences masculines et les violences néolibérales, Nouvelles Questions Féministes, 2011.

Rosa-Linda Fregoso & Cynthia Bejarano (dir.), Terrorizing Women. Feminicide in the Americas, Durham, Duke University Press, 2010.
María Guadalupe Huacuz Elías (coord.), La bifurcación del caos. Reflexiones interdisciplinarias sobre violencia falocéntrica, México DF, UAM, 2011.
Marcela Lagarde, « Presentación », dans La Violencia feminicida en 10 entidades de la Republicana mexicana, Congrès de l’Unión, Camara de diputados, México DF, 2006.
Celia Magaña García, La « genderisation » des politiques sociales au Mexique (1989-2005), images des femmes dans le Progresa et dynamique locale d’un « rancho » à l’ouest du Mexique, thèse, Université de Guadalajara/ Paris 1, 2009.
Fabiola Martínez, « Durante últimos 25 años, 34 mil feminicidios en el país: estudio », La Jornada, 7 mars 2012.
Lucía Mélgar, « Tolerancia ante la violencia, femincidio e impunidad : algunas reflexiones », In : Huacuz Elías, María Guadalupe (coord.) La bifurcación del caos. Reflexiones interdisciplinarias sobre violencia falocéntrica, México DF, UAM, pp 135-160, 2011.
Lucía Mélgar, « Ni ‘un poquito de justicia’ ? El feminicidio en Ciudad Juárez y la sentencia del caso del ‘campo algodonero’ », in : Irma Saucedo & Lucía Melgar (coords.), ¿Y usted cree tener derechos? Acceso de las mujeres mexicanas a la justicia, UNAM, Mexico DF, 2011, pp 8-109.
Julia Estela Mónarez Fregoso, « El continuo de la lucha del feminismo contra la violencia … » In : Huacuz Elías, María Guadalupe (coord.) La bifurcación del caos. Reflexiones interdisciplinarias sobre violencia falocéntrica, México DF, UAM, pp 109-134, 2011.
OCDE, Employment Outlook, rapport, 2 Septembre 2011. http://www.oecd.org/document/46/0,3746,en_2649_33729_40401454_1_1_1_1,00.html
Labrecque Marie France, Féminicides et impunité. Le cas de Ciudad Juárez, Montréal, Ecosociété, 2012.
Mercedes Olivera (coord.), Violencia feminicida en Chiapas. Razones visibles y ocultas de nuestras luchas, resistencias y rebeldías, San Cristobal de Las Casas, Unicach, Colección Selva Negra, 2008.
Proceso [un de los principales diarios mexicanos] n° 1843, 26 febrero de 2012 : “Los Zetas infiltran al ejército, la PGR, la AFI, la PF…”
Jill Radford & Diana E.H. Russell (Eds.), Femicide: The Politics of Woman Killing, New York : Twayne Publishers ; Buckingham, England, Open University Press, 1992.
Victoria Sanford, Guatemala: del genocidio al feminicidio, Cuadernos del presente imperfecto, Guatemala, 2008.
Irma Saucedo & Lucía Melgar (coords.), ¿Y usted cree tener derechos? Acceso de las mujeres mexicanas a la justicia, UNAM, Mexico DF, 2011.
Vandana Shiva, Ethique et agroindustrie. Main basse sur la vie, L’Harmattan, « Femmes et Changements », Paris, 1996.
Diana Washington Valdés, Cosecha de mujeres. Safari en el desierto mexicano, México, Oceano, 2005.

1* http://julesfalquet.wordpress.com/

 Fundado en 1979 en Italia, el TPP es un organismo no-gubernamental que resulta del Tribunal Russell sobre Vietnam (1966-1967) y contra las dictaduras latinoamericanas (1974-1976). Permite visibilizar las violaciones masivas de los derechos humanos y de los derechos de los pueblos que no encuentran respuesta institucional en el plan nacional ni internacional. En efecto, la Corte Penal Internacional, creada en 2002, ha excluido de sus competencias los crímenes económicos – aunque estos últimos se han convertido en la causa principal de la violación de los derechos humanos en los últimos veinte años.

2 Aunque pueda ser cierto, recordemos que la violencia racista, sexista y neoliberal ejercida contra las mujeres indígenas por el gobierno y la sociedad mestiza desde hace más de 500 años es por lo menos igual de grave (Falquet 2010).

3 Según el semanario Zeta de Tijuana, retomado por Proceso. Mendoza Hernández, Enrique, "Cinco Años de guerra, 60 mil muertos", Zeta, 10 de diciembre de 2011, en: Proceso, No. 1832.

4 Específicamente: Digna Ochoa, del Centro para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos, asesinada en 2001; Teresa Bautista y Felicitas Martínez, jóvenes indígenas Triqui, animadora de una radio popular, en 2008, Josefina Reyes, madre de desaparecido, en 2010; Bety Cariño, indígena mixteca y directora del Centro Comunitario Cactus, en 2010, Susana Chávez, defensora de derechos humanos y autora de la consigna contra los feminicidas "Ni Una Muerta Más”, en 2010; Marcela Yarce y Rocío González, periodistas independientes, en 2011; así como Alí Cuevas, Ana Laura Suárez, Claudia González, Ernesta Asencia, Natalia Gaitán, Sabina Patricia, Tatiana Trujillo, Natalia Bribiesco, Esmeralda Herrera, Rubí Marisol Frayre, Laure Berenice, Tleriberta Castro.
De acuerdo a "Feminicidios, crímenes políticos", Sarah Daniel, documento para el debate "El sistema patriarcal asesina mujeres, la resistencia feminista se organiza”, festival Latinodocs, Toulouse, 7 de noviembre de 2011.

5
 Ver también: http://justiceinmexico.org/2011/09/26/debate-over-number-of-ni-nis-as-oecd-releases-new-report/ (sitio consultado en el 11 de marzo de 2012).

6
 Testimonios delante del TPP.

7
 Según el Observatorio Ciudadano Nacional de Feminicidios, citado en: Ramírez Guadarrama, Ana Isabel, “Buscando Justicia. Nos deben una vida libre de violencia”. Reportaje. Documento difundido durante la preaudiencia de TTP. http://cronicadesociales.org/2011/07/05/buscando-justicia-nos-deben-una-vida-libre-de-violencia/

Sitio consultado el 11 de marzo de 2012.

8
 El asesino de Ruby Marisol Frayre Escobedo, su ex compañero, había reconocido su crimen, sin embargo fue liberado por “falta de pruebas”.

9
 Se pueden consultar por ejemplo los sitios de las siguientes organizaciones:

Casa Amiga (México) http://www.casa-amiga.org/

Nuestras Hijas de Regreso a Casa (México) http://www.mujeresdejuarez.org

10
 Forman parte de los grupos organizadores: COLEM, Semilla del Sur, CDMCH, Jumaltik Equidad Sur, SERAPAZ, Ixim Antsetik Casa de la Mujer Palenque, con la participación de la Brigada feminista por la autonomía, del colectivo feminista Casa de apoyo a la mujer Antsetik.

11
 Los fabricantes de prótesis mamarias y los cirujanos ganan fortunas operando millones de mujeres en el mundo, sin tener en cuenta su salud. Para mover la industria de la pornografía, muchas de las trabajadoras gastan una buena parte de su salario en las mesas de operaciones y se arriesgan a morir, como Caroline Berger, alias Sexy Cora, la estrella porno falleció en el 20 de enero de 2011 a los 23 años, después de una operación para pasar de la copa F a la copa G [tamaño de brassier]. http://sciencextra.over-blog.com/article-cora-star-du-x-morte-pour-grossir-ses-seins-65446808.html (sitio consultado en el 6 de mayo de 2012).

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