El derecho político, su historia y sus conceptos fundamentales






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SAN AGUSTÍN

El cristianismo, desde su inicio con San Pablo, analiza y estudia la relación, entre el Poder celestial y el Poder terrenal” con el axioma: “Dad al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”. Sin embargo, San Pablo, no propugna la desobediencia a la “ley del imperio”, agregando que cumplirla, es una virtud cristiana. Posteriormente, él filosofo del imperio Celso, cuestiona con énfasis, a los cristianos que se resisten a cumplir las órdenes y disposiciones de Roma yen consecuencia, el cristiano se encuentra confundido entre, seguir a Dios, o seguir al César.

Cuando el emperador Constantino se convierte al cristianismo, determina por lo menos en teoría, él vinculo de fe entre el Emperador, y el sucesor de San Pedro, lo que por otro lado, no quiere decir, que el poder administrativo y militar, se integre a la autoridad espiritual del Obispo de la Ciudad Santa. Mientras, esa situación tiende a agravarse, cuando el Imperio Romano, se ve presionado por todas partes, y en espacial por el este, debiendo en consecuencia, concentrarse en la organización y defensa de carácter militar, y Roma se convierte en la capital del cristianismo, desarrollando una política no solo espiritual, sino organizativa, sin perjuicio de su influencia en cuestiones del Poder temporal. Posteriormente, el Rey visigodo Alarico, convertido a la sexta cristiana de “arrio” conquista Roma en el año 410, lo hace matando y saqueando, entonces San Agustín, en ese momento Obispo de Hipona, entiende que se debe esclarecer y ordenar la fe y la doctrina de la Iglesia, redactando su libro “la Ciudad de Dios”, cuya elaboración duró 14 años.

Con la caída del Imperio Romano, atribuida al cristianismo por los emperadores de la época, y los filósofos al servicio de la autocracia, emergieron de inmediato de la oscuridad de la resistencia organizada, los que se dieron en llamar: “los Padres de la Iglesia”, entre los que cabe destacar las figuras de los filósofos, sociólogos y politólogos: San Agustín y Santo Tomás, los que estudiaremos en sus fructíferas vidas y obras. Y fueron estos, “los Padres de la Iglesia”, los que divulgaron a todo el mundo, que la caída del Imperio Romano se debió entre otras muchas cosas, la gran corrupción, a la falta de patriotismo, de moral, de ética y sobre todo de fe y de esperanza en la justicia. Y a este respecto, otro de los famosos padres de la iglesia: San Ambrosio, concluyo en una formula de hierro, con este pensamiento: “la justicia confirma la legitimidad del poder, la injusticia la destruye”.

Esta premisa indestructible, tan vigente ayer, hoy y siempre, adoptada y defendida con fuerza por el cristianismo a través de los siglos, ha tenido sin duda avances y retrocesos, pero su llama jamás se ha apagado. El cristianismo desde su génesis, ha tenido un gran sentido místico, interpretado mejor que nadie por la sensibilidad inigualable de San Agustín, nacido en el año 354 en la ciudad de Tagaste (Numidia), y seguidor en un principio de la secta “maniqueísta”, para luego abrazar a instancias de su madre, la religión de Cristo, y aunque muchos han escrito sobre su vida, la mejor radiografía de ella, se encuentra en esas: sus “confesiones”, que no solamente declaran sus equívocos, sino también, su entrega total a Jesucristo.

Se dedico de lleno a la literatura, accediendo a una importante cátedra de retórica en la Universidad de Milán y escribiendo dos tratados denominados: “de las costumbres de la iglesia católica, de las costumbres de los maniqueos y de libero arbitrio”, convirtiéndose muy pronto en uno de los doctores mas famosos de la iglesia y colaborador cercano del obispo. El carácter de su trabajo fue esencialmente religioso y político. Pero o que le hizo trascender a la historia de las Ideas Políticas, fue sin duda alguna: “Civitates Dei”, cuyo contenido entre muchas cosas, enfoca los problemas relativos al Estado imperial que se esforzaba en atribuir a la voluntad de sus dioses, tanto sus victorias, como sus derrotas. Mientras los “Apologistas Cristianos”, señalaban que desde la venida de Cristo al mundo, durante el reinado de” Augusto”, el Imperio Romano estaba en su mayor esplendor.

Como lo dijimos anteriormente, San Agustín, dedico a su libro “Civitates Dei”, los mejores catorce años de su vida y lo termino apenas cuatro años antes de su muerte, para enfocar temas tan importantes como, una apología, una teología, una enciclopedia, una filosofía de la historia y por último, un tratado de ética. Este bien estructurado recuento de los acontecimientos históricos, va desde la “creación”, hasta el “juicio final”, detallándose los distintos esquemas filosóficos, hasta las Utopías de Platón.

Cada una de las partes arriba indicadas, fueron publicadas por separado y en tiempos escalonados. Siendo los primeros cinco libros, los referidos a la Historia de Roma, donde argumenta la idea de que los dioses del paganismo eran incapaces de asegurar la felicidad terrenal. Mientras que en los demás libros, combate a las religiones politeístas, para probar que el paganismo tampoco otorga la felicidad luego de la muerte. Sus doce libros siguientes, se refieren a las dos ciudades que el autor esquematiza: “la celestial y la terrenal”, o sea, “civitatis dei” y “civitas diaboli”, cuyo enfrentamiento abarca toda la Historia y divide a los hombres, destinándolos a la salvación, o a la condenación eterna.

En su parte primera, San Agustín se ocupa de la victoria de Alarico sobre Roma, manifestando que Alarico, por su condición de cristiano, respeto a las Iglesias y a las personas que en ellas, se habían refugiado, fuesen o no cristianos. Haciendo hincapié en los beneficios que otorgaban a la población en general la nueva religión. Describiendo a continuación las atrocidades cometidas por los vencedores, sobre los derrotados. Tampoco los griegos, que se proclamaban ser los más civilizados en ese momento histórico de la guerra de Troya, se sustrajeron al instinto brutal de no respetar Templos, Iglesias, haciendas y por sobre todo vidas humanas. Muy distinto, según San Agustín, al proceder de un bárbaro movido por sentimientos cristianos como Alarico.

También para San Agustín, “la Ciudad de Dios”, no es exactamente la Iglesia, pero a menudo se confunde con ella. Mientras la “Ciudad del Diablo”, no es el Estado pagano, pero por lo común, se confunde también con él. El Estado, según nuestro politólogo, tiene innumerables falencias, como la corrupción, la injusticia, la falta de moral y de ética. El Estado siempre imperfecto. No pudiendo ser de otra manera, puesto que esta institución esta dirigida por los hombres, siempre ambiciosos, interesados y egoístas. Concluyendo: el hombre fue, es y será imperfecto, la perfección esta única y exclusivamente en Dios. Tampoco San Agustín estima, que los hombres puedan ser todos iguales, porque dentro de la ley natural, es necesario que un hombre comande y los otros acaten. Ratificando en” la Ciudad de Dios,” que sin jefe un pueblo no puede ser gobernado, base de lo que fue posteriormente “el Pacto Social”.

Para San Agustín, la Justicia es superior a todo Gobierno y se cierne sobre todos ellos. Agregando: “si el Rey es injusto, un tirano; en la aristocracia, si los jefes son injustos se convierten en una facción, y en la democracia si lo es el pueblo, no deja por eso de existir una tiranía” “si desaparece la justicia, desaparece el Estado y su razón de ser”. San Agustín, nos relata luego un dialogó asentado por cicerón en: “La Republica”, llevado a cabo entre el emperador Alejandro el Magno y un pirata. Donde el primero de ellos le increpa al delincuente: si con que derecho infestaba de ese modo el mar, a lo que el pirata altivamente le respondió: “mi derecho sobre este lugar, es el mismo que tu te arrogas sobre el universo entero”. “Solo que yo, como no tengo sino un pequeño navío, soy llamado bandido, mientras que a ti que posees una gran flota, se te da el titulo de conquistador”.

Por último San Agustín, da a su base política,” la idea de Dios, por sobre todas las cosas, agregando que es él, el que otorga el poder a los príncipes de la tierra, quien inspira la redacción de las leyes justas, quien sostiene a la patria y decide la suerte de la guerra.”“El Rey, el Legislador, el Juez, deben considerarse como mandatarios de Dios, deben convencerse de que su autoridad, no es sino una delegación y deben cumplir en todo momento la voluntad divina, sin orgullo, sin excesos de poder y sin violencia injustificada. Dios no es un soberano temporal, su reino no es de este mundo y su Ley nunca a abolido definitivamente e! gobierno teocrático”.
SANTO TOMÁS

Fue otro de los grandes “padres de la iglesia”, porque con su vida y sus obras defendió al cristianismo de las injurias propaladas por los hombres del imperio romano. Nace Santo Tomás según estimaciones cerca del año 1225, en el reino de Naples (hoy Italia), y todavía niño, fue remitido para su educación de carácter religioso, a la renombrada Abadía de Monte Cassino, bajo la dirección de Abate Sinibaldo.

Para la especialización de sus estudios, fue a la Universidad de Nápoles, y a los diecinueve años, ingreso a la orden de los Dominicos, donde después de tomar los hábitos, partió a Paris (Francia), e inmediatamente accedió a la dispensa de doctor en Teología. De Francia, Santo Tomás pasó de nuevo a Italia, para ocupar la cátedra de Teología en la Universidad de Nápoles. Infelizmente, Santo Tomás murió sin completar muchas de sus ilusiones, a la edad de cuarenta y nueve años, siendo canonizado medio siglo después por Juan XXII, quien manifestó: “Santo Tomás ilustro a la iglesia, mas que todos los doctores, y en sus escritos se aprende más en un año, que en todos los de aquellos, en toda la vida”.

Una de sus obras principales fue la “Summa Theologica”, de contenido tan variado como la Psicología, Metafísica, Ética, Moral y por sobre todo la “Política”, que en este caso nos ocupa. Otra de sus importantes obras de carácter Político es el “Tratado de las Leyes” contenido en la Summa, donde comienza diciendo que: “LA LEY ES LA REGLA Y MEDIDA DE LOS ACTOS HUMANOS, SEGUN LA CUAL EL HOMBRE SE VE OBLIGADO A OBRAR, O A ABSTENERSE DE OBRAR, concluyendo que: “Lex” deriva de “ligare”,añadiendo que: “la Ley es algo perteneciente a la razón y que carece de sentido la interpretación de lo manifEstado por “Ulpiano,”que dice “AQUELLO QUE PLACE AL PRINCIPE, TIENE FUERZA DE LEY”.

En él artículo cuarto, se refiere a la promulgación de la Ley, lo que considera indispensable para que tenga fuerza como tal, para continuar diciendo Santo Tomás que “la ley natural lejos de carecer de promulgación, ha sido impresa en la razón del hombre, y que además fue solemnemente revelada como Ley divina por primera vez en el Monte Sinaí, bajo la forma de Ley de Moisés y por segunda vez en el día de Pentecostés, bajo la forma de Ley evangélica”.
NICOLÁS DE MAQUIAVELO

El transcurrir de los años 1453, y más, nos entrega una gran tormenta política, con interesantes cambios, que se inicia con la caída de “Constantinopla”, y el ocaso de la Edad Medía. Otorgando luz verde, al ingreso inatajable, de lo que se ha venido en llamar: “La Edad Moderna “, con sus grandes inventos, como la brújula, la pólvora, la imprenta y el descubrimiento de las nuevas tierras. La Escolástica, con sus sabias construcciones espirituales había sido superada. Europa ya perfilaba un nuevo aspecto político, social, industrial, y sobre todo económico. La idea nacional, emergía en todos lados. Y lo más importante: “el Sacro Imperio,” ya no se esperanzaba en continuar siendo romano. Europa se estaba empezando a modernizar.

Y la “Florencia”, integrante de la península italiana, no podía quedar atrás. Allí surgió un fuerte movimiento republicano, que sustituyo a la autocracia, por la República, llamada así, porque todas sus autoridades fueron designadas por elección popular. Siendo elegido para uno de los cargos más importantes, Nicolás de Maquiavelo, secretario de la “Signoria”, en fecha 14 de julio de 1498, prestando servicio en el “consejo de los diez”, por él termino de un año. Pero su sabiduría, eficacia y eficiencia, determinaron su confirmación en el cargo, por más de catorce años. En ese momento Histórico, la “Signoria” de Florencia, se encontraba en guerra con Pisa, aijada de Venecia, y a los efectos impulsar la diplomacia, Nicolás de Maquiavelo fue designado jefe de la delegación, con misiones en Francia y Alemania, donde pudo observar, estudiar y analizar el carácter social y político de las poblaciones donde trabajo.

Y es allí, donde Nicolás de Maquiavelo adquirió mucha experiencia diplomática, en sus relaciones directas con los Príncipes, Monarcas y hombres de Gobierno. Sus teorías políticas se estaban madurando y consolidando, afirmando que las “Ciencias Políticas”, son totalmente independientes de la Moral y de la Ética, y que no responde a preceptos, ni a reglas preestablecidas y que por lo tanto evoluciona empíricamente, siendo por consiguiente, una Ciencia Natural y no una Ciencia Moral. Dentro de este entendimiento de la evolución permanente, también fue derrocado el ensayo republicano de Florencia, aunque en forma pacifica en el año de 1512. Retomando el poder los “Médicis”. Lo que llevo a la llanura a Nicolás de Maquiavelo, siendo condenado al destierro por él término de un año, tiempo permanentemente incumplido, porque el Gobierno emergente, lo convocaba cortantemente, a consultas de carácter político y diplomático.

Pero la tranquilidad de Maquiavelo no duraría mucho, pues las autoridades, sospechando de la existencia de una fuerte conspiración, lo apresaron, sometiéndole inclusive, a torturas continuas a pesar de las cuales, fue declarado inocente. Después de las penurias y persecuciones policíacas, alejado ya del Poder, Maquiavelo, se dedico a escribir sus múltiples experiencias, de muros y extramuros, insistiendo en la parte Política, Social y Económica. Siendo entre otros, su primer y principal trabajo: “El Príncipe”, obra, de poco volumen, pero de gran significación, en lo que hace a su pensamiento político. Maquiavelo era ante todo, un observador muy realista, puesto que describe al “Estado” y al “hombre” que lo conduce, tal como es, y no como debería ser.

Mas adelante, Maquiavelo manifiesta: “prefiero decir la verdad como es, a como nos imaginamos que es”, en contraposición a muchos filósofos y politólogos, que imaginaron la Ciudad ideal, el Estado ideal, la Nación ideal, y por sobre todo: “el hombre ideal” y diagramar “Principados y Repúblicas”, que nunca se vieron en la realidad, “los han soñado mucho en su fantasía” pues, “es tan grande la diferencia que hay entre como vive uno, a como debe vivir, que el que prefiera lo que debe hacerse, a lo que hace en realidad, en la vida corriente, camina a su ruina, antes que a su rehabilitación, y el hombre que quiera conducirse con honestidad en todos los casos fracasara necesariamente, entre tanto bellaco”. Agregando sinceramente: “así pues, el Príncipe debe ser bueno o malo, según lo aconsejen las circunstancias”.

Pero Maquiavelo, con su política altamente realista y dura, cosecho mucho antagonismo en todas las épocas, comenzando con: “Voltaire”, que se presentaba ante el mundo, como el príncipe intachable. “Su gobierno sirve para demostrar que sabia practicar todo lo que parecía condenado” “debiendo preferir el soberano sobre todo la grandeza y la felicidad de su pueblo, en lugar de ser amo absoluto de aquellos que están bajo su dominio, él es su primer servidor y debe ser el instrumento de su felicidad, como ellos son, el instrumento de su gloria”.

Indudable es que la Ética y la Moral de los tiempos en que nos toca vivir, podrían volverse firmemente contra el pensamiento de Maquiavelo, que pensó y escribió en tan especial momento político y social, relatando sin que nadie pueda negar, la exactitud de reflexiones, como las siguientes: “los hombres suelen ser ingratos, versátiles, dados a la ficción, esquivos al peligro y muy amigos de las ganancias. “Si les favorecen, se dicen absolutamente tuyos, y te ofrecen su sangre, sus bienes, sus hijos y hasta su vida, cuando como ya he dicho, no haya peligro alguno de que las tales cosas puedan resentirse.” “Como peligren, se podrán enfrente de ti”. “El príncipe que descansa en la promesa de los hombres y no cuenta con otros medios que tales promesas, esta perdido, porque el afecto que se compra y no se alcanza, por la nobleza de animo dejan de existir cuando los contratiempos de la vida, lo ponen a prueba. De modo que no puede contarse con él. Los hombres ofenden antes a los que aman, que al que temen, porque la amistad, como es lazo moral, se rompe muchas veces por los malvados. En cambio, “el temor hace que piensen en un castigo, que trataran de esquivar”.
En otro momento, Maquiavelo aconseja al Príncipe: “No quedarse nunca con las haciendas de sus súbditos, porque los hombres podrán olvidar la muerte del padre, pero no la pérdida del patrimonio”. Este pensamiento de nuestro politólogo, no por el hecho de ser muy duro y cruel deja de ser verdad, desde nuestro humilde punto de vista.

Y sobre el mismo punto político, Maquiavelo en su libro: “Décadas de Tito Livio” dice: que él sabe bien que en este mundo no hay nada más peligroso, que decir algo nuevo, en el pueblo en que se vive, y que quien se aventure a hacerlo, será victima de su pensamiento, porque la mayoría de la gente cree que los hombres son un juguete de Dios y de la ciega fortuna”“no niego dice, que en parte eso deba ocurrir, pero la fortuna ciega y la voluntad del ser supremo gravitan sobre los hombres como un torrente desbordado que lleva un caudal inmenso, y cuya corriente arrastra cuanto se pone a su paso. Mas el desborde pasa, y una vez que ha pasado, el hombre se dedica a evitar nuevas calamidades, que pueda traer un nuevo desborde, y pone vallas a la invasión del torrente”, para continuar diciendo: “cuando haya un interés superior, el hombre de Gobierno debe seguir ciegamente ese interés superior, o en otros términos, debe seguir el partido que salve la vida y mantenga la libertad”. Con este pensamiento descubrimos a Maquiavelo como no adicto a la Tiranía, ni a la Monarquía absoluta, manteniendo el objetivo supremo de la libertad, siendo su pensamiento básicamente democrático.

Nicolás de Maquiavelo, dedico su obra cumbre: “El Príncipe”, a Lorenzo de Médicis, Duque de Urbino, enemigo de la República y de sus pensamientos democráticos. Basando su proceder en que los hombres se organizan sin responder a preceptos predeterminados, y solamente según las necesidades de cada día, y a la tendencia colectiva. En el Príncipe, también el autor defendió y propugnó, el esquema Político de que Florencia, sea la cabeza de la unificación de Italia. Y la posteridad lo reconoció así, al cumplirse cuatrocientos años de su nacimiento, el 3 de mayo de 1869, fue descubierta una placa, en la casa familiar con la inscripción inmortal que reza: “ a Nicolás Maquiavelo; de la unidad italiana, precursor audaz y profético; y de los ejércitos propios y no mercenarios, fundador y maestro. “Italia una y en armas”. Poco tiempo después, las ideas políticas y patrióticas de Maquiavelo, se realizaban integralmente, para gloria eterna de su nombre.

La “Historia de Florencia”, es otra de las obras importantes de Nicolás de Maquiavelo, porque con ella nació, lo que vino en llamarse: “La Historia Política”. Reduciendo a los límites estrictamente necesarios, LOS SUCESOS DE CARÁCTER GUERRERO. DESTACANDO LA TRASCENDENCIA DEL SIGNIFICADO HISTORICO, DE LOS FENÓMENOS POLÍTICOS Y SOCIALES.
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