A la memoria del poeta gallego aurelio aguirre






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fecha de publicación11.03.2016
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Rosalía de Castro

Poemas sueltos


     [Nota preliminar: Edición digital a partir de Obras completas, ed. Manuel Arroyo Stephens, Madrid, Fundación José Antonio Castro, 1993, t. II, pp. 557-592 y Obra completa, ed. Mauro Armiño, Madrid, Akal, 1980, t. I.]

ÍNDICE





  • A LA MEMORIA DEL POETA GALLEGO AURELIO AGUIRRE

  • POESÍA

  • EN UN ÁLBUM

  • HOJAS MARCHITAS

  • REGINA

  • A ***

  • MI TIERRA

  • A PILAR CASTRO Y ALVÁN

  • PREDESTINADOS

  • DESOLACIÓN



A LA MEMORIA DEL POETA GALLEGO AURELIO AGUIRRE


Lágrima triste en mi dolor vertida,

perla del corazón que entre tormentas

fue en largas horas de pesar nacida,

en fúnebre memoria convertida

la flor será que a tu corona enlace;

las horas de la vida turbulentas

ajan las flores y el laurel marchitan;

pero lágrimas, ¡ay!, que el alma esconde,

llanto de duelo que el dolor fecunda,

si el triste hueco de una tumba anega

y sus húmedos hálitos inunda,

ni el sol de fuego que en Oriente nace

seco su manantial a dejar llega

ni en sutiles vapores le deshace,

¡y es manantial fecundo el llanto mío

para verter sobre un sepulcro amado

de mil recuerdos caudaloso río!

*****

POESÍA


ÁNGEL

Todo duerme... del aire, el soplo blando

callado va, con temeroso vuelo

el aroma esparciendo de las rosas;

brilla la luna, y sueñan con el cielo

los niños que reposan, contemplando

flores, luz y pintadas mariposas.
¡Niños!, al soplo de mi tibio aliento,

dormid en paz, que os cubren con sus alas

los blancos y amorosos serafines,

y adornándoos a un tiempo con sus galas

hacen que en ondas os regale el viento

blando aroma de lirios y jazmines.
Y, en tanto, el astro de la noche, lento,

pálido, melancólico y suave,

del aire azul recorre los espacios,

globo de plata o misteriosa nave,

vaga a través del ancho firmamento,

por cima de cabañas y palacios.
Su tibia luz refléjase en la tierra

como del alba la primer sonrisa

que va a alegrar las aguas de la fuente;

y al rizarse los mares con la brisa,

cuanto su seno de hermosura encierra

muéstrase allí, brillante y transparente.
Las plantas y los céfiros susurran

con blando son, y acentos misteriosos

lanza, al pasar, el murmurante río,

y a través de los árboles frondosos

las estrellas inmóviles fulguran

chispas de luz en su ámbito sombrío.
Todo es reposo, y soledad, y sueño...

sueño aparente y soledad mentida,

en el mundo del hombre... ¡hermoso mundo

cuando, mintiendo, a amarle nos convida!

Y es que en que fuese amado puso empeño,

quien llena cielo y tierra, y mar profundo.
Mas... ¿qué pálida sombra cruza el prado...

errante, sola, fugitiva y leve?

Como si fuese en pos de un bien perdido,

apenas al pasar las hojas mueve.

Y vaga al pie del monte y del collado

cual tortolilla en torno de su nido.
Virgen parece por la undosa falda

y por la blonda y larga cabellera,

que el viento de la noche manso agita;

bello es su rostro y dulce la manera

con que pisa la alfombra de esmeralda,

mientras su seno con ardor palpita.
¡Pobre mujer!... ¿Qué culpa, qué pecado

como aguijón la ha herido en su inocencia,

que el calor de su lecho así abandona?

Yo sondaré el dolor de tu conciencia,

que no en vano a la tierra he descendido,

en nombre del Señor que la perdona.

MUJER

¡Qué dulce, qué serena atmósfera respiro,

qué perfumado ambiente llenando el aire va!

Parece que las flores, de amor en un suspiro,

exhalan sus olores, y que con blando giro

danzan al son del beso que el céfiro les da.
¡Qué soplo en torno vuela de celestial frescura

calmando de mi seno el penetrante ardor!

Mas yo no busco calma; yo busco la amargura,

la acritud y el fuego, y la soberbia dura

que engendra con el odio el pálido rencor.
Rencor.. ¿en dónde, en dónde se encuentra tu morada,

que voy buscando en vano la huella de tu pie?

¿Cómo llamarte, dime, cómo mi voz airada,

por el gemir ya ronca, por el llorar cansada

podrá llegar vibrante do tu morada esté?
Sin ti, rencor sañudo, sierpe que en cieno anida,

sin ti, ¿quién es el hombre que en sierpes se engendró?

Hoja que va y que viene del árbol desprendida,

juguete a todo viento, fuente que así convida,

al que sus aguas limpia y a quien las enturbió.
¡Rencor, ven!, y que siempre pueda vivir contigo,

en lo profundo escóndete del débil corazón,

que no le ablande el llanto del pérfido enemigo,

desprecie sus caricias y niéguele su abrigo,

y la de paz, suavísima, palabra de perdón.
Mas, ¡qué templada brisa sobre mi frente pasa,

qué aroma, qué deleite de inexplicable bien!

Cálmase el fuego ardiente, que mi mejilla abrasa,

velos en torno giran de transparente gasa,

y con sus pliegues tocan mi palpitante sien.
¿Es magia o vano sueño... es ilusión que miente

esa azulada lumbre o matinal fulgor,

esas doradas nubes de un fuego transparente,

que en los espacios flotan, que inflaman el ambiente,

que errantes me circundan como una luz de amor?

ÁNGEL

¡Pobre niña! ¿Qué serpiente,

con malicia tentadora,

ha tornado pecadora

a la paloma inocente?
¡Tú, fuente límpida y pura,

buscar sin paz ni reposo

el áspid más venenoso

bajo la peña más dura!
Detén la osada carrera,

vuelve a tu nido, paloma,

¡guay si en tu seno de aroma

su presa el milano hiciera!
Rosa que el céfiro mece,

¿qué harás si aquilón te abruma?

Ampolla de blanca espuma

serás, que nace y perece.
Deja a los fieros instintos

llenar fieros corazones:

corderillos y leones

van por caminos distintos.
Naciste para gustar

las dichas del bien querer;

si amargo es aborrecer,

¡cuán dulce cosa es amar!

MUJER

Ángel, tu voz de alegrías

llega a mi agitado seno

como raudal puro y lleno

de secretas armonías.

Murmurios siento de amor

inefable, y me parece

que ancho río en torno crece

con suavísimo rumor.
Sus aguas son como el cielo,

azules, cada onda leve,

pureza de blanca nieve,

muestra con casto recelo.

Y salpicando mi frente,

de nubes oscuras llena,

cada gota una azucena

hace brotar de repente.

¡Ésta es la paz!... La comprendo

ahora, por vez primera.

¡Quién, ángel, contigo fuera

las esferas recorriendo!
Mas yo en el mundo... y tú allá...

vives, ángel, junto a Dios,

somos distintos los dos:

tú eres luz, yo oscuridad.
Eres de un mundo mejor

que éste en donde yo nací;

gloria es amar, para ti;

para mí, sólo dolor.

ÁNGEL

Fruto humano es verde fruto

que va a madurar al cielo;

sólo allí se halla consuelo,

sólo aquí quebranto y luto.
Mas, el que salvo del mar

del mundo quiera salir,

ni le ha de cansar sufrir,

ni fatigarle llorar.
Que el llanto de un mártir sube

hasta Dios, cual puro incienso

de holocausto, el cielo inmenso

llenando en forma de nube.
¡Feliz el átomo leve,

que rueda entre el polvo vano,

a quien hiere toda mano,

y a quien todo pie se atreve!
¡Y feliz también aquel

que en su humildad confundido

no supo herir si fue herido,

dando dulzuras por hiel!

Guarda, pues, niña inocente,

guarda el perdón en tu seno,

que él te limpiará del cieno

que arrojen sobre tu frente.
Y deja al rencor sañudo

dormir su sueño de horrores,

donde angustias y temores

se enlazan con fuerte nudo.
Dios te lo ordena: «ama y llora,

perdona siempre y espera»,

y serás alta palmera

que el sol en las cumbres dora.
Y las santas, tus hermanas

vírgenes que guarda el cielo,

bordaránte el casto velo

que aleja sombras profanas.
Del hombre el brazo más fuerte

sólo es en la humana vida

aura que corre perdida

hacia el seno de la muerte.
¡Belleza... poder.. ventura...!

Humo todo, y sólo eterno

el mal que vuelve al infierno,

el bien que torna a la altura.
No olvides esto, y al lecho

vuelve, que casto te espera.

¡Paloma, no el cielo quiera

que halles tu nido deshecho!

.... .... .... .... .... .... .... .... .... ....

Y limpia y sin pecado

poco después la niña se dormía,

que cariñoso el ángel,

con sus alas de nácar la cubría.

*****

EN UN ÁLBUM


Te vi una vez de niña;

me pareciste flor de primavera

o capullo de rosa que exhalase

su virginal esencia.

Ahora dicen todos

que eres mujer bella...

¡Quiera Dios que en el lecho de las vírgenes

por largo tiempo en largo sueño duermas!
¡Que es el sueño más dulce

que duermen las hermosas en la Tierra!

*****

HOJAS MARCHITAS


Las rosas en sus troncos se secaron,

los lirios blancos en su tallo erguidos

secáronse también,

y airado el viento arrebató sus hojas,

arrebató sus hojas perfumadas

que nunca más veré.
Otras rosas después y otros jardines

con lirios blancos en su tallo erguidos

he visto florecer;

mas ya cansados de llorar mis ojos,

en vez de llanto en ellos, derramaron

gotas de amarga hiel.

*****

REGINA


Los ángeles en la Tierra

no están bien y se van presto.
Regina, entre las donosas

la más donosa doncella,

la más hermosa y más bella

entre las bellas y hermosas;

la más fresca entre las rosas,

la más pura entre las puras,

y estrella de las alturas

que brilla en sereno cielo,

era fuente de consuelo

en abismo de amarguras.
Era a un tiempo, cual la brisa,

breve y ligero su paso;

como sol en el ocaso

era triste su sonrisa;

inspirada pitonisa,

su mirar lleno y profundo,

y en el fulgor sin segundo

que en su pupila brillaba

llamas de amores guardaba

para aniquilar el mundo.
Era el color de su frente

rayo de pálida luna;

como ella no hubo ninguna

tan serena y transparente.
Al par que altiva, imponente;

al par que dulce, severa;

larga y blonda cabellera

la adornaba con decoro,

apiñando conchas de oro

sobre su busto de cera.
Su voz, toda melodía,

daba músicas al viento:

todo perfumes su aliento,

al aura los repartía.

Y cuando al morir del día

luz y tinieblas luchaban

y a su paso levantaban

del miedo torvas visiones,

al rumor de sus canciones

temerosas se ocultaban.
Aun más blanca que la nieve,

envidia al cisne causara,

y un ángel se conturbara

al notar su sombra leve.

Y así, cual del cielo llueve

rocío para las flores,

tal de sus ojos, de amores

tibias lágrimas llovían

y en el corazón caían,

lenitivo de dolores.
Cual hija del mar, salada,

nacida entre las espumas,

se ocultaba entre las brumas

de una ribera ignorada.

Y allí, cual ninfa encantada,

suelta la melena undosa,

tan liviana como hermosa,

tras de las ondas corría

y en ellas humedecía

sus pies de color de rosa.
Fatigada de tal suerte,

viéndola en calma dormida,

creyérase que a tal vida

no se atreviera la muerte;

mas como a brazo tan fuerte

todo se dobla y se inclina,

también la pobre Regina

pagó su amargo tributo,

lirio vestido de luto,

rayo de sol que declina.
Cubrióla el ángel sombrío

bajo sus gigantes alas

y arrebataron sus alas

aguas del eterno río;

de la tumba el viento frío

se agitó sobre su seno,

y lo que fuera sereno

astro de radiante lumbre,

convirtióse en podredumbre,

foco inmundo de veneno.
Gimió la tierra de espanto

al contemplar tanto duelo,

mas brilló radiante el cielo

tras del azulado manto;

eco de armonioso canto

resonó por las alturas,

que allá a las regiones puras

un ángel llegó por suerte,

despojado por la muerte

de terrenas ligaduras.

*****

A ***


Ya que me abandonaste, ¡oh tú, esperanza!,

«volved a mí», les dije a mis recuerdos;

mas mi voz resonó hueca y profunda

en un sepulcro abierto.
Cuando me veas pensativo y triste,

no indagues en qué pienso;

del ángel de las tumbas,

tú, ángel de luz, ¿pudieras tener celos?

Ella alzó entonces los rasgados ojos

y preguntó con miedo:

«¿Será verdad que alguna vez, bien mío,

resucitan los muertos?»

*****

MI TIERRA


A un tiempo, cual sueño

que halaga y asombra,

de los robles las hojas caían,

del saúco brotaban las hojas.
Primavera y otoño sin tregua

turnan siempre templando la atmósfera,

sin dejar que no hiele el invierno,

ni agote el estío

las ramas frondosas.
¡Y así siempre! en la tierra risueña,

fecunda y hermosa,

surcada de arroyos,

henchida de aromas;
que es del mundo en el vasto horizonte

la hermosa, la buena, la dulce y la sola;

donde cuantos he amado nacieron,

donde han muerto mi dicha y mis glorias.

*

De vuelta está la joven primavera;

mas ¡qué aprisa esta vez y cuán temprano!

¡Y qué hermosos están prados y bosques

desde que ella ha tornado!
Ha vuelto ya la primavera hermosa;

siempre vuelve la joven y hechicera;

mas ¿en dónde, decidme, se han quedado

los que partieron cuando partió ella?

Esos no tornan nunca,

¡nunca!, si es que nos dejan.
De sonrosada nieve, salpicada

veo la verde hierba,

son las flores que el viento arranca al árbol

llenas de savia, y de perfumes llenas.
¿Por qué siendo tan frescas y tan jóvenes,

a semejanza de las hojas secas

en el otoño, cuando abril sonríe

ellas también sobre la arena ruedan?

¡Por qué mueren los niños,

las flores más hermosas de la tierra!

*

En sueños te di un beso, vida mía,

tan entrañable y largo...

¡Ay!, pero en él de amargo

tanto, mi bien, como de dulce había.
Tu infantil boca cada vez más fría,

dejó mi sangre para siempre helada,

y sobre tu semblante reclinada,

besándote, sentí que me moría.
Más tarde, y ya despierta,

con singular empeño,

pensando proseguí que estaba muerta

y que en tanto a tus restos abrazada

dormía para siempre el postrer sueño

soñaba tristemente que vivía

aún de ti, por la muerte separada.

*

Sintióse agonizar, mil y mil veces,

de dolor, de vergüenza y de amargura,

mas aunque tantas tras de tantas fueron

no se murió ninguna.
Embargada de asombro

al ver la resistencia de su vida,

en sus horas sin término pensaba,

llena de horror, si nunca moriría.
Pero una voz secreta y misteriosa

la dijo un día con acento extraño:

Hasta el momento de tocar la dicha

no se mueren jamás los desdichados.

*****

A PILAR CASTRO Y ALVÁN


Recuerdo al 13 de junio de 1876.
Cuando al morir el día

sólo cantan el grillo y la cigarra,

y los insectos bullen y se pierden

en la niebla dorada.
Yo pienso que del cáliz de la rosa

la veo salir envuelta en leve gasa,

y que sus negros ojos fijan en mí

su lánguida mirada.
Y sueño en el silencio

de la noche callada

que a mi lecho se acerca

como una sombra voluptuosa y blanca;

que me besa en la frente,

que me sonríe y habla

y que me dice: «Vengo

de regiones extrañas

para traerle a tu enervado espíritu

la codiciosa calma».
Ven, báñate en las ondas de la muerte,

mi cariñosa hermana;

depón las terrenales ligaduras.

Ven conmigo... y.. descansa.

Padrón, 13 de junio de 1884.
*

¿Dónde fueron la gloria, el sentimiento

que amaba la verdad, el claro día,

la blanca nube, el bello pensamiento

lleno de fe, radiante de alegría?
Entre la sombra del ramaje oscuro

veo el rincón del lecho solitario;

aun queda el rastro del recuerdo impuro

como envolviendo el que da el sudario.

*****

PREDESTINADOS


Es el abismo el que le atrae

desde su fondo más oscuro,

para que deje esta vida tan triste

que él ve cubierta de eterno luto.
No bien una sombra se disipa

otra se agranda... se agranda y le envuelve

sin que adivine por qué ha venido,

por qué le busca, ni qué le quiere,

pero le aterra y le acobarda

y a donde va le sigue siempre.
Si algún dolor abandona su alma,

otro más vivo y más intenso,

en sus entrañas haciendo el nido,

para él inventa nuevos tormentos,

mucho más hondos y más terribles

siempre los últimos que los primeros.
Un mal espíritu, algún demonio

de cuantos hay el más cruel

ha presidido su nacimiento

y oculto guía siempre su pie

hacia los bordes de la alta sima

a ver si puede verle caer.
Vacila su planta ya... y sus ojos

vagos se fijan en lo infinito,

que él cree imagen de la nada;

pero le atrae... le atrae el vacío

en donde flotas, genio invisible,

siempre llamándole hacia el abismo.
Y cae al fin... y nadie sabe,

ni nadie pregunta por qué ha caído.

*****

DESOLACIÓN


Del luto de mi noche

mi ángel funesto

tejió un velo pesado,

tupido y denso

más que las sombras

que en los hondos abismos

eternas moran.
Negóme desde entonces

el sol su brillo,

¡ay!, negóme la luna

su fulgor tímido,

y la esperanza

no alumbró más el yermo

de mis entrañas.
Por eso todo, todo...

para mí ha muerto.

Mudas pasan mis horas

tal como espectros...

Cabe mi oído

sólo se agita el soplo

de los olvidos.

*

Hiende el rayo al peñasco en el monte,

a la nave en el mar la tormenta,

en el aire, el halcón prende al pájaro.

Y en el mar, en el aire, en la tierra,

todos prenden y acosan al hombre

de desgracia acusado y pobreza.

*

Es obligado tema de sensibles cantores

el amor y sus penas, el beso o la mirada

del dulce ser querido, la dicha malograda

o la esperada dicha con sus vagos temores.
Después vienen los pájaros, el mar o el arroyuelo,

la tempestad que brama o la brisa sonora

que hace hablar al follaje mientras nace la aurora

o alza la mariposa el inconstante vuelo.
*

Mas ¿qué nube es aquella que, elevada,

llena de luz, por el oriente asoma,

virgen que viene en su pudor velada,

temprana flor con su primer aroma?

¿Quién la que en tronos de zafir sentada,

blanca, pura y sin hiel, dulce paloma,

desciende hacia la tierra en raudo vuelo,

abandonando por la tierra el cielo?
¡Es ella! ¡Una mujer! Fuente de vida,

diosa inmortal de pensamiento altivo,

del seno de los ángeles venida

para librar mi corazón cautivo:

es fruto de verdad, fuente querida

de quien mi libre inspiración recibo;

es la que, madre de las madres, lleva,

¡nombre de bendición!, el nombre de Eva.
Como las auras del abril, liviana;

como la luz del sol, fuerte y hermosa,

es ella de quien dicen flor temprana,

fuente sellada, estrella misteriosa:

su rostro del color de la mañana,

suelta la blanda cabellera undosa,

la palabra suave, el paso leve

que a su ligero andar las flores mueve.
Mas hay en su mirada una tristeza

de inefable amantísimo delirio,

que aumenta el resplandor de su belleza,

la llama santa de un feliz martirio,

¡oh pura fuente de inmortal limpieza,

sobre las ondas desmayado lirio!

¡Oh cuán amada por tus penas eres,

mujer en quien esperan las mujeres!

*

En medio del silencio, allá en la noche,

madre de los misterios,

llenaban el espacio ecos suavísimos,

armónico concierto

de entrecortadas frases y caricias,

de suspiros, de quejas y de besos.
¡Ay! Eran él y ella.

Espíritus de fuego,

almas que envueltas en ardiente llama

devoraban placeres y deseos.
-La vida es breve... Amémonos -decían.

-¡Tan veloz corre el tiempo!...

Y en su ansia loca, y en su afán ardiente

más que el viento esta vez corrieron ellos.
Tras de las largas misteriosas noches

un sol primaveral brilló sereno,

y uno al otro en silencio se miraron

con espanto y con miedo...
-Pero si ésta es la vida,

-murmuraron después- ¿a qué ir más lejos?

Y cual duerme un cadáver en su tumba

uno en brazos del otro se durmieron.
*****


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