Literatura : las fuentes literarias que influyen están muy claras, ya que son un referente histórico y literario. Los autores del 98 se interesan por los clásicos de nuestra literatura, como el






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La narrativa en el siglo XX.

La trayectoria novelística de Miguel Delibes (epígrafe de PAU, 2014-2015).

  1. La novela anterior al 36


La narrativa española antes de 1939 pasa por diversas etapas:

  • Desde 1898 a 1914 aproximadamente el Modernismo y la Generación del 98, corrientes inconformistas que reflejan la crisis de la conciencia burguesa y se oponen al Realismo del siglo XIX.

  • Desde 1914, el Novecentismo o Generación del 14, movimiento cultural de intelectuales universitarios que se opone a todas las anteriores tendencias y que propugna un arte deshumanizado.

  • Alrededor de los años veinte, las Vanguardias, movimientos efímeros y rompedores que introducen curiosas experimentaciones en la novela.

  • A partir de los años treinta la narrativa inicia un camino de rehumanización que culminará en la novela social de los años 50.



1.1Novela del 98


La novela es el género más importante de cuantos cultivaron los miembros de este grupo. Los temas principales de los autores de esta generación, además de los relacionados con la regeneración del país y el problema de España, serán dos: la reflexión sobre el sentido de la vida y de la muerte y el paso del tiempo. Estas preocupaciones existenciales estarán representadas fundamentalmente por Unamuno, aunque los demás autores también dan muestras de ellas en su obra. Y el otro gran tema es la religión, aunque no hay unanimidad entre ellos: desde los católicos fervorosos como Azorín y Maeztu, los agnósticos como Baroja, pasando por los dubitativos como Unamuno, vemos representadas en la Generación del 98 posturas muy diversas en relación con la religión. Su amor a España les llevó a analizar las causas de tanto declive a través de tres contenidos fundamentales:

  • El paisaje: viajaron por España y la describieron, especialmente Castilla, como una re-creación del paisaje. Había que empezar de cero, y esto no era otra cosa que mirar con ojos nuevos lo que les rodeaba. Castilla simbolizaba a toda España.

  • La historia: no se interesan por la Historia con mayúscula, es decir, la de los grandes hombres y las grandes batallas, sino por la historia del pueblo, de las personas que trabajan día a día, la de los hechos cotidianos, la del trabajo, la de las costumbres, la de “los millones de hombres sin historia”, calificada por Unamuno como intrahistoria.

  • La literatura: las fuentes literarias que influyen están muy claras, ya que son un referente histórico y literario. Los autores del 98 se interesan por los clásicos de nuestra literatura, como el Poema de Mío Cid, Gonzalo de Berceo, el Arcipreste de Hita, Jorge Manrique, Fray Luis de León, Cervantes, Góngora, etc.

Estos autores evolucionan desde el compromiso social y político de su juventud hasta la evasión por medio de la literatura a medida que van envejeciendo. Azorín poseía de joven una ideología anarquista radical para, posteriormente, evolucionar a posturas conservadoras; Baroja se mostraba contrario a todo –era anticlerical, antimilitarista, anticristiano, antijesuita, antimasón, antisocialista y anticomunista–; Unamuno estuvo afiliado al partido socialista; Maeztu se consideraba anarco-socialista. Todos asistían a las mismas tertulias o a los mismos actos como elemento ideológico común: realizaron una visita en común a la tumba de Mariano José de Larra (considerado por algunos como un precedente de su Generación), fueron de excursión a Toledo en 1902, asistieron al estreno de la obra de teatro Electra, de Galdós. Antonio Machado y Valle-Inclán fueron más bien modernistas en su juventud (Valle-Inclán, además, simpatizaba con el carlismo tradicionalista) y poco a poco evolucionaron hacia compromisos de tipo progresista en su madurez.

En cuanto a la forma, estos autores se basan en la simplicidad y la claridad. Huyen de la retórica vacía y de los largos periodos oracionales. Lo más importante es el argumento, el fondo, y la forma no debe ser un obstáculo para la comprensión del mensaje implícito en la novela. Las innovaciones que presentan estas obras son:

  1. La historia pierde importancia: es más importante cómo se cuenta ya que se centra en el mundo interior del protagonista.

  2. La narración se fragmenta en estampas con elipsis y saltos temporales.

  3. Es muy importante el diálogo de los personajes; de esa manera, el narrador pierde importancia.


Entre los miembros de la Generación del 98, los principales novelistas son: Miguel de Unamuno, Ángel Ganivet, Pío Baroja, Valle Inclán y Azorín. Estos autores publicaron sus novelas durante las tres primeras décadas del siglo XX, es decir, hasta el comienzo de la Guerra Civil, con lo que desempeñaron una especie de magisterio sobre los autores más jóvenes que se iniciaban en la narrativa.
Miguel de Unamuno (1864-1936).

Considerado el guía de la Generación del 98, Miguel de Unamuno fue una figura intelectual de primera línea en el primer tercio del siglo XX. Poseía una gran cultura filológica, antigua, filosófica y literaria, lo cual hizo de él un referente claro no sólo para sus compañeros de generación, sino también para los escritores que le sucedieron. Cultivó todos los géneros literarios: poesía, novela, teatro y ensayo. Evidentemente, el problema de España fue uno de los temas predilectos de Unamuno. Su preocupación por la situación del país le llevó a analizar todos los aspectos que habían conducido a la patria a ese estado de postración. La descripción del paisaje castellano se convirtió en uno de sus objetivos, así como de sus gentes. Unamuno escribió una serie de ensayos sobre el tema de España, como En torno al casticismo (1895), Por tierras de Portugal y España (1911) y Andanzas y visiones españolas (1922). En ellos, el autor refleja su emoción ante el paisaje e intenta ofrecer su propia interpretación del papel que Castilla ha representado a lo largo de la historia. En Vida de don Quijote y Sancho (1905) analiza la gran obra cervantina como un modelo de idealismo, el de don Quijote, que puede ayudar a hacer salir al país de su dejadez y cobardía. Destacan otros dos ensayos de Unamuno, aunque de una temática muy diferente: Del sentimiento trágico de la vida (1913) y La agonía del Cristianismo (1925). Aquí, la preocupación fundamental del autor es la búsqueda del sentido de la vida. El contenido de estos ensayos es eminentemente filosófico y se ha visto en ellos un adelanto al existencialismo moderno. Unamuno se movió durante toda su vida entre la fe y el agnosticismo religioso, sin terminar de decantarse por ninguno de ellos. Además, el tema de la muerte (o de la inmortalidad) ocupó, junto al anterior, un puesto principal entre los tratados por Unamuno. Publicó su primera novela en 1897, titulada Paz en la guerra. Se encuentra muy cerca todavía del Realismo, imperante en el último tercio del XIX. En 1914 encontramos una de sus grandes novelas, Niebla, inicio de lo que él llamó nivolas: la presentación de las pasiones humanas desconectadas de los paisajes o los ambientes. Otras dos novelas destacadas son Abel Sánchez (1917) y La tía Tula (1921). En 1931, Unamuno publica su gran obra maestra: San Manuel Bueno, mártir (narra la historia de un párroco entregado al servicio de su comunidad). Unamuno es un modelo en el empleo del idioma. Utiliza un lenguaje sobrio pero vivo, expresivo e intenso. Huye del retoricismo e incluye una gran cantidad de términos populares con la finalidad de revitalizar el sentido de ciertas palabras.

Ángel Ganivet (1865-1898).- Considerado por unos como precursor de la Generación y por otros como miembro de pleno derecho de la misma, Ángel Ganivet se presenta como una figura fundamental para entender las preocupaciones de estos intelectuales de principios de siglo. Su obra principal fue publicada en 1897, titulada Idearium español, en la cual analiza la historia de España, sus males y errores y la situación contemporánea en comparación con Europa. Cree en la necesidad de una renovación espiritual inmediata como punto de partida. Dos novelas destacan de la producción de Ganivet: La conquista del reino Maya por el último conquistador Pío Cid (1897) y su continuación Los trabajos del infatigable creador Pío Cid, del mismo año. Ganivet puede ser considerado un puente directo entre el Regeneracionismo y los autores del 98, ya que sus inquietudes políticas y sus preocupaciones nacionales entroncan con las de los autores de la Generación que nos ocupa.
Pío Baroja (1872-1956).

Se entregó por entero al cultivo de la novela, concebida por él como un cajón de sastre donde cabía todo; lo importante es la naturalidad y la espontaneidad. En sus novelas aparecen anécdotas, pensamientos del autor o episodios de la narración de una manera constante. Baroja ha sido criticado precisamente por esto: parece que improvisa a medida que va escribiendo, y se le ha achacado despreocupación en cuanto a la construcción de la novela. De todos modos, es indudable el mérito y la claridad que alcanza en su prosa, compuesta de frases cortas y párrafos breves. Hay dos aspectos fundamentales en sus novelas: las descripciones, breves pero absolutamente concisas, y los diálogos entre los personajes, auténticos y creíbles. La influencia de la novela realista del XIX es indudable sobre nuestro autor. En sus obras aparecen personajes enfrentados por alguna razón a la sociedad, que basan su vida en la acción y el movimiento. Aparecen una gran cantidad de personajes secundarios que dan color a la narración, además de contribuir al ambiente general de la novela. Escribió más de sesenta novelas, además de ensayos y unas largas memorias tituladas Desde la última vuelta del camino (1944). Agrupó sus novelas en trilogías, aunque estas agrupaciones, en ocasiones, son bastante arbitrarias ya que no hay relación entre las obras que las integran, destacan las siguientes:

--Dentro de la trilogía titulada “La lucha por la vida”, encontramos tres de las novelas más importantes del autor: La busca (1904), Mala hierba (1904) y Aurora roja (1905). Estas tres novelas se desarrollan en Madrid con un mismo personaje protagonista, Manuel. Se desarrollan en ambientes suburbiales.

--La trilogía titulada “Tierra vasca” incluye La casa de Aizgorri (1900), El mayorazgo de Labraz (1903) y Zalacaín el aventurero (1909). Esta última es una de las grandes novelas de Baroja. Narra la vida de Martín Zalacaín, un muchacho de origen campesino que, a través de múltiples aventuras, participa activamente en la guerra carlista. Se han visto reminiscencias picarescas en esta novela, en concreto podemos destacar la influencia de El Lazarillo de Tormes (1554).

--La trilogía “La raza” está formada por La dama errante (1909), La ciudad de la niebla (1909) y El árbol de la ciencia (1911). El árbol de la ciencia es una de las novelas más importantes de Baroja no sólo por sus valores estéticos, sino también por los elementos autobiográficos que encierra. Además, las preocupaciones de los del 98 aparecen claramente expresadas a través de su protagonista, Andrés Hurtado.

--Las veintidós novelas que componen Memorias de un hombre de acción (1913-1935), en las que el autor narra las aventuras de un antepasado suyo, Eugenio de Aviraneta, encuadradas en la guerra de la Independencia y las guerras carlistas.

Baroja es el novelista por excelencia de la Generación del 98 y su influencia en la novela española del siglo XX es determinante a causa de la sobriedad de su estilo y de sus extraordinarias dotes de creador.
Ramón del Valle-Inclán (1866-1936).

Aparte de destacar como excepcional dramaturgo es un novelista muy original. No es fácil clasificar su obra a causa de su personalísimo estilo. Indudablemente, los inicios son modernistas. Entre 1902 y 1905 publica las Sonatas (de primavera, estío, otoño e invierno), que cuentan las aventuras del marqués de Bradomín, descrito por Valle como “un don Juan feo, católico y sentimental”. El tema común es el amor y los ambientes bucólicos y bohemios de finales del XIX. Podemos asociar esta prosa a la poesía de Darío en lo que respecta al decadentismo, al lujo y a los ambientes refinados. Es la mejor muestra de la prosa modernista española. En la trilogía La Guerra Carlista (1908-1909), compuesta por Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera y Gerifaltes de antaño, narra cómo se desarrollaron las sucesivas guerras carlistas que asolaron el norte de España en el siglo XIX. Aún se nota un cierto tono modernista, aunque el lenguaje ha evolucionado y se convierte en más desgarrado que en las obras anteriores. Valle-Inclán se aparta de cualquier influencia literaria o de cualquier corriente estética para inventar algo absolutamente personal, definido por él mismo como el esperpento. Un esperpento es algo feo, absurdo o ridículo. Valle utilizará esta palabra para referirse a la deformación de la realidad para destacar lo que tiene de grotesco. Es una técnica literaria cuya finalidad principal es mostrar la realidad a través de la caricaturización de la misma: los personajes se ven deformados, convertidos en marionetas, distorsionados, todo ello narrado con una prosa cargada de ironía y sarcasmo, con concesiones al lenguaje vulgar perteneciente al hampa. Dentro de la técnica del esperpento, la novela Tirano Banderas (1926) es considerada una de las obras maestras de su autor (trata sobre un dictador hispanoamericano despiadado. La utilización del diálogo es magistral, y, además, Valle-Inclán emplea un gran número de americanismos). La trilogía “El ruedo ibérico” está formada por La corte de los milagros (1927), ¡Viva mi dueño! (1928) y Baza de espadas (1932). Se trata de la aplicación de la técnica del esperpento al reinado de Isabel II, caracterizado por la corrupción y la injusticia.

José Martínez Ruiz “Azorín” (1873-1967).

El estilo de su obra es bastante característico: sencillo, claro y preciso. Utiliza frases cortas y evita la subordinación. Su narración fluye lentamente a través de detalladas descripciones líricas del paisaje. Utiliza abundantes adjetivos, así como metáforas y otros recursos literarios. Al igual que Unamuno, rescata palabras del olvido y las intenta revitalizar. Incluye palabras desusadas o rurales, además de un léxico variado y preciso que dan a su obra un vehículo de expresión prácticamente perfecto. Otra cosa son los contenidos. Los argumentos que Azorín desarrolla en sus novelas son poco consistentes. Son relatos lírico-descriptivos que incluyen las impresiones del autor como elemento subjetivo. Entre los temas principales que desarrolla, encontramos los recuerdos de su infancia y juventud, llenos de nostalgia; la descripción de la tierra castellana y de sus habitantes, sus ciudades, su historia, como medio de análisis de la realidad española del momento; las descripciones de los paisajes a partir de los viajes que realizó por toda España. Aúna el paisaje y el sentimiento, en un arranque noventayochista. Algunos fragmentos de su obra pueden ser calificados como prosa poética a causa del lirismo y la subjetividad que encierran, amén de los numerosos recursos literarios. Ya hemos dicho que sus novelas prácticamente carecen de argumento y son más un pretexto para que el autor describa ambientes y aporte su punto de vista personal sobre el paisaje. Destacan las primeras que publicó por sus elementos autobiográficos: La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904). Posteriormente desarrolló dos novelas de tema amoroso: Don Juan (1922) y Doña Inés (1925).
Ramiro de Maeztu (1874-1936).

Puede ser considerado un autor menor dentro de la Generación del 98, ya que el alcance de su obra no es comparable a autores como Unamuno o Baroja. Ramiro de Maeztu, nacido en Vitoria, destacó fundamentalmente por sus ensayos, acertados y críticos con la situación del momento, además de representativos de la ideología de su Generación. En Hacia otra España (1899) analiza la decadencia en la que se hallaba sumida España, intentando aportar soluciones. Ideológicamente evolucionó hacia el antirrepublicanismo, y escribió Defensa de la hispanidad (1934), centrándose en los logros del Imperio Español y en su valor integrador. Interpretó acertadamente los tres personajes más importantes de nuestra literatura en Don Quijote, don Juan y la Celestina (1926). En 1936 fue condenado a muerte.

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