Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman






descargar 497.12 Kb.
títuloDirección: Liliana Heer / Arturo Frydman
página11/16
fecha de publicación17.07.2015
tamaño497.12 Kb.
tipoDirección
l.exam-10.com > Literatura > Dirección
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   16

Adán Buenosayres

Mari Pirrone
Aceptar el convite de transitar estas autopistas fue un desafío, que agradezco.

No sabía, como pasa generalmente qué vicisitudes surgirían, en principio la extensión del texto y otro convite, esta vez de Marechal, que me invitaba no solo a leer sino a convertirme en gorrión y sobrevolar Buenos Aires, desde Las Florestas hasta Avellaneda.

Me proponía participar de aquello que acontecía en el transcurso de la mañana del 28 de abril a la madrugada del 30, en una Buenos Aires en marcha allá por los años veinte.

Ser testigo de una experiencia muy particular, usando sus palabras; “desde el despertar metafísico de Adán B” en su piecita de Villa Crespo, hasta el momento de “la pelea por su alma”, frente al Cristo de la mano rota, de la iglesia de San Bernardo” a la media noche del día siguiente.

Era preciso decidir entre correr la aventura en una Bs As visible o en aquella otra Bs As, la ininteligible, la de los umbrales de Cacodelphia, su infierno dantesco. al que se podía ingresar por el agujero de un ombú y bajar por un santobogán.

Acepté el reto y pretendo trasmitirles muy sesgadamente algo de lo que me sugirió.

Poco conocía yo del autor, quizás por su condición de “poeta depuesto”, como gustaba llamarse, pero desde las primeras letras me conmovió su ternura, su descarnada ternura y la precisa tensión entre la veta poética y la humorística.

Su poesía, no tiene la modesta factura de aquel ataúd, sostenido por 6 amigos, “ataúd, cuya levedad era tanta, que nos parecía llevar en su interior, no la vencida carne de un hombre muerto, sino la materia sutil de un poema concluido”.

Casi 20 años mediaron entre el comienzo y la publicación de esta obra, que presenta un gran despliegue de erudición, desde referencias Homéricas a alusiones bíblicas y un ejercicio filosófico, metafísico y porque no psicoanalítico con cada uno de sus personajes.

El autor dice haber atravesado una onda crisis espiritual que le hizo abandonar su escritura. Solo pudo retomarla cuando entendió que “su camino no era el de los perfectos”, concluir su obra se tornó según nos confiesa, “un gesto penitencial y de reconocimiento”.

Así el prologo indispensable: un entierro, sus reflexiones y una dedicatoria:

“a sus camaradas Martinfierritas”.

En su texto muerte y poesía, lo popular y lo aristocrático, lo más bajo y lo más sublime hacen trama.

Lo más humano es estofa y es por eso que la angustia sobrevuela. Es a través del humor que desliza y toma el semblante satírico. Para Marechal la sátira es una de las formas de la caridad, pero solo “si se dirige a los humanos con la sonrisa que tal vez los angeles esbozan ante la locura de los hombres”.

Su pertenencia al peronismo lo condenó al silencio y la oscuridad, no era aceptable por esos tiempos pasar del martinfierrismo a la barbarie peronista.

¿Será entonces, una forma de caridad o de ironía la dedicatoria a aquellos que jamás le perdonaron haber adherido al peronismo?, posiblemente las dos, pues con humor “angélico” nos dice que cada uno de ellos, “pudo ser el héroe de esta limpia y entusiasmada historia”.

Es posible reconocer en su Odisea porteña, con ecos del Ulises de Joyce, en una escritura en clave y con alusiones esotéricas a; Xul Solar, en el personaje del astrólogo Schultze, con su teoría de los super hombres que poblaran la argentina.

El sociólogo Bernini, muy posiblemente se tratara de Scalabrini Ortiz

Borges en la figura de Luis Pereda, criollósofo y dramático, o el bibliotecario de Cacodelphia, “aquel que miraba desde brumosas lejanías, hombre rigurosamente neutro, de quien ya era imposible descubrir si habia sido un intelectual o un idiota”.

Tesler el ruso, su compañero de pensión, “el filosofo dionisíaco y metafísico villacrespense, un Diogenes o un ecléctico de primera agua”, posiblemente fuera Jacobo Fijman que según dicen murió internado en el Borda.

La amada de Adán Bs As, Solveig Amundsen, esa creación entre celestial y sublime, la destinataria de su “cuaderno de tapas azules” ,pudo haber sido Nora, la que enamoró a más de un poeta.

Titania, “la gran dama de la aristocracia porteña, la mujer intelectual que se dedicó a la pezca en otros continentes, porque no le alcanzaba la producción de hombres local”, posiblemente aludiera a Victoria Ocampo.

El mismo, en AB, “una enigmática bestia razonante, combinación difícil de un cuerpo mortal y un alma imperecedera, monstruo dual cuya torpeza de gestos hace llorar a los ángeles y reír a los demonios”, desaforado poeta cuyas elucubraciones pueden generar las ovaciones de un público invisible, maestro de escuela y sobre todo tejedor de humo, uno mas del grupo de “artistas” , como los nombra en su libro IV.

Para el filósofo Tesler, nuestra literatura es un puchero de gallina (ave gorda y torpe por excelencia, símbolo perfecto de Bs As) . “Si a la gallina desplumada le agregamos el choclo de la melancolía y el alegre perejil del sarcasmo, ese pucherete se convertirá en nuestra literatura”.

Marechal en cambio, dice que al escribir su AB, se basó en la “Poética de Aristóteles”, “no entendí salirme de la poesía, me pareció que todos los géneros literarios eran y deben ser géneros de la poesía”, ya en su temprana infancia “don Bruno” su maestro en la escuela de Maipú predijo ante sus compañeros que sería un poeta, en su novela es Aquiles que produce el rubor de AB niño con dicha sentencia.

Cortázar destaca la poética del texto y lo considera, un verdadero empujón “a lo de veras nuestro”. Me gustaría detenerme en su comentario, sobre la espectativa que produjo la publicación y la irritación que generó en ciertos sectores. Podríamos conjeturar que probablemente hayan sido muy afines a los que aun hoy siguen denunciando “crispaciones”. Que suelen ser las propias, cuando lo popular los irrita.

Según la visión de Cortázar joven, Marechal no se traiciona con una mediocre nivelación de los desajustes, señala su diversa desmesura, donde el imperio de los contrarios se imbrican. Lo nombra como un desarraigado de la perfección.
Hernaiz en cambio considera que la estética de Marechal denuncia el desorden y se propone sobretodo como un movimiento hacia el orden “una estética del ordenamiento”, que se permite narrar desde el disloque, “lo alto desde lo bajo” y “lo bajo desde lo alto”, AB percibe el mundo y lo organiza desde su sistema ideológico; pone en evidencia lo dislocado y lo busca. Es así como cada uno de los personajes practica un discurso hiperbolizado y dogmático hasta la parodia.

Acordaría con Hernaiz que este discurso con cintura humorística señala lo imposible, pero su estética, a mi entender no es la del ordenamiento, sino la del movimiento que rechaza toda consistencia.

La falta de consistencia, está representada en la monstruosa figura gelatinosa del ultimo infierno, ese objeto informe, horroroso e inofensivo, al que las palabras no pueden situar y que al ser interpelado por Schultze, con un ¿Qué le parece? muy analítico, Adán Buenos Aires solo responde con una serie de aforismos populares. ¿Qué nos dice Marechal con su ironía angelical? Que la cosa no consiste, aunque sea “solemne como pedo de inglés”.

Un cuaderno de tapas azules papel arana

Carlos Gustavo Motta
Un cuaderno de tapas azules papel arana, eso anotaba en la primaria casi siempre, cuando las clases comenzaban y la maestra o el maestro de grado, solicitaban los útiles escolares. No sé por qué, pero recuerdo que en aquellos Marzo siempre hacía frío. No se hablaba del calentamiento global y mucho menos del efecto mariposa, aunque si en un heredado Tesoro de la Juventud se podía leer acerca del efecto invernadero.

Esta es la primera asociación cuando leí sólo el título del libro VI de Adán Buenosayres “El cuaderno de tapas azules”

Una nouvelle dentro de la novela: un recuerdo del Amor en relación con la Muerte, desasosiegos comunes; la búsqueda y los grados de alquimia personal frente a la presencia de la mujer terrestre en mujer celeste. Pasos de mi ser propio Adán en un itinerario asociativo que paso a contarles.

Perla era mi compañera de la secundaria; rubia, de ojos claros; graciosa, frágil (al menos así la veía); diecisiete años (uno más que yo) y fue un flechazo directo a mi corazón.

Le escribía cartas de amor, muchas; poemas que hacían manifiesto mi afecto hacia ella como así también, referencias a mis estados de soledad, propios de la edad. De ella, recibía respuestas escritas muy ambiguas, que las interpretaba a veces, como un rechazo (que no iba a ser capaz de aceptar) o una actitud de protección para no lastimarme.

Creo que esta relación epistolar, era el recurso que me alejaba de mi propio miedo a enfrentarla y confesarle mi amor en persona.

Ya por esa época comenzaba a elaborar pensamientos obsesivos, y se me había impuesto que debía decirle lo que sentía en una fecha determinada: el viaje de fin de curso a la ciudad de San Carlos de Bariloche, que incluso coincidía con su cumpleaños. Para mí, ese era el momento: un cálculo que se sostenía por el destino mismo (y mi pensamiento mágico).

Mi objetivo era darle un regalo para esa ocasión y manifestarle mis sentimientos...

Ese día finalmente llegó, acompañado con la alegría inmensa de finalizar mis estudios secundarios y dedicarme a mi carrera universitaria elegida: una medicina jamás practicada (pero que merece otro capítulo para ser contado y no en esta oportunidad). Abordamos el autobús que nos conduciría al lugar deseado, meca de estudiantes argentinos. Sin embargo, existía una particularidad de aquella agencia contratada: las “chicas” se iban antes en tren y nosotros los varones, en micro, seguramente argumento de alguna economía de género y bolsillo. El efecto de aquella decisión tuvo como resultado que el conducto del radiador del vehículo, se quebrara y eso provocó una demora de dieciocho horas.

Volviendo al regalo que había elegido, se trataba de un corazón de Murano, me acompañaba sin latir muy próximo al mío, que sí latía y muy rápidamente, producto de la ansiedad del encuentro deseado. Luego de esa pequeña odisea, llegamos al hotel y mi primera reacción fue buscar a Perla. Pregunté desesperadamente por ella. Y la respuesta era la misma, no sé donde está.

Mi desesperación fue lentamente en aumento y creo que se intensificó, hasta que por fin me pude encontrar con ella....al día siguiente. Fue antes del desayuno y la excursión planeada. Cobré fuerzas y fui directamente a su encuentro.

Feliz cumpleaños y un beso fueron mis palabras.

Ella se sorprendió, no parecía esperarme y sonrió forzadamente agregando un gracias de compromiso.

Me tengo que ir –me dijo- y un esperá fue mi respuesta.

De mi bolsillo de la campera tomé esa pequeña caja que guardaba el corazón y se la entregué.

La tomó con sus frágiles dedos, la abrió, rompió la envoltura y en principio, ni se dio cuenta de qué estaba hecho semejante dije como ella lo calificó.

Me dio un beso en la mejilla, lo guardó apresuradamente en un bolsillo y se fue por el pasillo.

La seguí un poco y fui testigo de mi primera desilusión amorosa: un instructor de sky la estaba esperando. Un instructor que la besó apasionadamente y juntos, así, se esfumaron de mi campo visual. Solo había percibido ese pequeño hilo de saliva que se provocaba al separar sus bocas fusionadas.

No recuerdo que más ocurrió, pero puedo asegurarles que ese viaje de fin de curso no fue feliz.

Me quedé de una sola pieza.

Muchos años después y con motivo de la muerte de mi padre, decidí ir a Italia.

El dolor que sentía era diferente, pero igual puedo asociarlo al amor, ahora frente al ser querido que nunca más iba a ver.

Ese viaje fue como un homenaje a él y quería rendírselo en la tierra de sus abuelos, de su sangre, de su historia y de la mía. Desde el primer momento que pisé Italia, la sentí próxima. No era solamente porque pertenezco a ella, sino por el clima familiar que respiraba.

Desde Roma tuve la oportunidad de ir a Venecia.

Aún hoy, nunca me fui de esa ciudad históricamente magnética: sus canales son su sangre y sus calles su erótica, su libido, sus fantasmas, sus climas, por momentos asfixiantes, laberínticos; por otros, tan sublimes, tantos como el ser humano puede imaginar y, luego, crear.

Era un día soleado que invitaba a pasear por las islas.

El trayecto de la Plaza San Marcos hasta la pequeña industria del cristal en la isla Murano, atravesaba las aguas a bordo de una simpática y atiborrada embarcación hasta que sorpresivamente, la imagen espectral del cementerio de la isla de San Michele, se recortó sobre un fondo verde azulado, transformándose en una herida que recordó una vez más mi dolor.

Poco después de ese impacto, llegué a Murano y comencé a caminar sus coloridas calles.

Observando los negocios y sus escaparates, alcancé a ver muchos de esos corazones que de adolescente había regalado. Diversos colores, distintas dimensiones, más costosos, más accesibles económicamente. Numerosa cantidad que me retrotrajo a la escena de amor entre Perla y yo (la primera de mi vida). Pensé que había muchos corazones allí, que estaban al alcance de todos, que no eran únicos y no pude menos que sonreír frente al recuerdo de mi adolescencia.

De pronto y sin ninguna intención, torpemente me volteé sin tener en cuenta que sobre mi hombro izquierdo cargaba con la mochila y juro que fue ella, y no yo, que tiró todo un estante abarrotado de objetos obviamente frágiles.

Los rompí todos, frente a la mirada incrédula del vendedor y mi asombro.

Me quedé de una sola pieza.

Las tratativas entre el vendedor y mi persona cuestionada por él decidieron con sus palabras la acción que tomé sin chistar: ¡Vai via!

Pasé una tarde maravillosa y vi un atardecer único que creo (estoy seguro) que no se repetirá.

Pude comprobar las palabras de Borges que hice mías en ese instante: el de Venecia es un crepúsculo delicado y eterno, sin antes y después.

Al abordar el vaporetto, mi pensamiento recorrió el viejo recuerdo que terminé de elaborar mientras que tomaba un ristretto en el café Florian ubicado en la misma Plaza San Marcos: mientras lo hacía, busqué entre mis efectos personales mi libreta de apuntes y comencé a escribir.

No pude dejar de sorprenderme como testimoniaba en esas pequeñas hojas en blanco, una historia que creí haber olvidado, un fragmento de mi adolescencia que ubicaba un acontecimiento preciso y que hoy lo relacionaba con el rechazo.

Mi asombro dio paso al período del duelo que estaba llevando a cabo para luego, ubicar la escena de la tienda de Murano y todos aquellos fragmentos de ese cristal trabajado artesanalmente.

Pedazos de cristal que ni servían para un juego de abalorios. Roturas que también simbolizaban mis heridas del corazón, representadas por el amor al ser querido que no iba a estar más a mi lado.

El sonido del Campanille detuvo mis asociaciones que, efectivamente, eran muy libres.

Tomé mis cosas y me dirigí al hotel.

Al día siguiente debía partir de Venecia con rumbo a Roma.

Venecia me había atrapado, pero también había exorcizado mis sentimientos.

En la pequeña isla de Murano me había despedido del dolor y, como casi siempre sucede en los sueños, sus cicatrices comenzaban a permanecer indelebles en mi memoria, seguro de rememorarlas cuando fuese preciso y necesario hacerlo.

Cuando llegué a Buenos Aires, quise guardar estos recuerdos asociativos y encontré por allí en alguna librería, un cuaderno de tapas azules papel arana. En aquellas hojas escribí aquellos gritos de mi alma y un nuevo despertar, así como Marechal nos muestra esa alma tocada por el amor, avanzando en el conocimiento del mundo y preguntándose por un sentido que no hay pero que de todas formas construye nuestro destino.
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   16

similar:

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconDirección: Liliana Heer / Arturo Frydman

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconDirección: Liliana Heer / Arturo Frydman

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconDirección Arturo López

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconEntrevista a Liliana Bodoc

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconClaudia liliana martinez neira

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconOctaedro julio cortázar liliana llorando

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconAlumna: Liliana de la Fuente Domínguez Equipo

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconHoja de vida liliana vallejo monroy

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconLiliana Bodoc: "Lo mágico es aquello que todavía no podemos explicar"

Dirección: Liliana Heer / Arturo Frydman iconLiliana Bodoc: "Lo mágico es aquello que todavía no podemos explicar"






© 2015
contactos
l.exam-10.com