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fecha de publicación17.07.2015
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1. Modernismo y 98
La primera cuestión que se debe abordar al estudiar la literatura española de este período es el término que empleamos para designar a los autores del final del siglo XIX y la primera década del XX. Se suele hablar de Modernismo y Grupo del 98.
A finales del siglo XIX, España vive una grave crisis general: el sistema político no funciona; se acrecientan los desfases sociales; comienzan a surgir los primeros conflictos sociales violentos… En los últimos años del XIX, un grupo de intelectuales propugnó una serie de medidas concretas para solucionar los problemas del país.
Esta situación crítica se agudiza con la independencia, en 1898 de Cuba y Filipinas, últimas colonias españolas. Este desastre provoca cuantiosas pérdidas económicas y humanas. Surge entonces un grupo de escritores preocupados por los problemas del país, por el tema de España. Son los miembros del Grupo del 98.
Este grupo se incluye dentro de un movimiento más amplio, el Modernismo. Los modernistas son autores que, partiendo de un resentimiento contra su época, buscan nuevos cauces de expresión alejados de los habituales, que asocian a la burguesía.
Así pues, el Modernismo es un movimiento literario y cultural dentro del cual aparece el Grupo del 98, formado por una serie de autores que se dedicaría, con un lenguaje más sobrio, a indagar en las causas de la crisis finisecular.
1.1 El Grupo del 98
Pertenecen al Grupo del 98 Miguel de Unamuno, José Martínez Ruiz «Azorín», Pío Baroja y Ramiro de Maeztu. Además, se incluye tradicionalmente a Ramón María del Valle-Inclán y a Antonio Machado.
1.2 El Modernismo
El Modernismo supuso la reaparición de la angustia característica de la literatura romántica europea, sentimiento que pareció declinar gracias a la fe del XIX en el racionalismo, pero que renace tras quedar demostrado que no todo puede basarse en la razón. Se acude a la poesía para rememorar los felices momentos pasados: la niñez, los paraísos perdidos, los jardines…
Principales tendencias del Modernismo
La estética modernista halla su momento de máximo esplendor a comienzos del siglo XX. Iniciado «oficialmente» por Rubén Darío en 1888, aunque el primero fue José Martí. Este inicio «oficial» comenzó con la publicación de Azul. El modernismo supone la integración de diversas tendencias que se habían desarrollado a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, en especial del Simbolismo y del Parnasianismo, de origen francés. Las raíces estéticas del Modernismo son, pues, variadas, y encuentran su punto de unión en el deseo evidente de los escritores de habla hispana de crear un lenguaje nuevo.

Para ello se acude a fuentes diversas: la poesía de los estadounidenses Whitman y Poe, el Prerrafaelismo británico, el Decadentismo de D’Annunzio… Tampoco se pueden obviar las fuentes hispánicas: Berceo, Manrique, los cancioneros… El Modernismo es un movimiento envolvente que acumula elementos de distinta procedencia y los hace suyos.
Modernismo canónico o parnasiano
El Modernismo canónico deriva del Parnasianismo, movimiento liderado por Leconte de Lisle.
Los temas más cultivados por estos autores son los siguientes:
Escapismo. Implica la evasión del mundo real por medio del ensueño. El poeta escapa y nos traslada, bien a espacios lejanos y exóticos o bien a otra época (el Medievo o la niñez). Hay también referencias a la mitología clásica. Abundan elementos propios de un mundo elegante y exquisito: dioses, ninfas, centauros, caballeros, odaliscas, pagodas y viejos castillos, salones versallescos, jardines perfumados, cisnes y camellos, flores de loto, marfiles y piedras preciosas… Subyace la idea de que el arte (imaginación, magia) supera a la vida (vulgar y despreciable) y ésta debe imitarlo.
Cosmopolitismo. Es un aspecto más del deseo de evasión. Además, aporta a los modernistas un sentido aristocrático. París, símbolo del cosmopolitismo y la bohemia, se convierte en la capital del Modernismo.
Desazón romántica. Se exaltaban las pasiones y lo irracional: el misterio, lo fantástico. No faltan manifestaciones de tedio y de profunda tristeza, de lo otoñal, de lo crepuscular, de la noche… La melancolía es un sentimiento muy característico.
Amor y erotismo. Se escriben poemas de amor delicado, pero también otros de intenso erotismo: los primeros, de amor imposible; los segundos, de desenfreno.
Temas americanos. Complementarios del cosmopolitismo, son una muestra más de la tendencia a la evasión hacia el pasado legendario, hacia los mitos indígenas. En Hispanoamérica esta línea será capital.
Lo hispánico. Este tema se acentúa al advertir el protagonismo de los EE.UU. Se reivindica lo español frente a los valores culturales norteamericanos.


En cuanto a la forma, la estética modernista se plasma en:
–La búsqueda de efectos sensoriales que provoquen el goce de los sentidos. La sinestesia es el principal recurso de esta preocupación formal.

- Enriquecimiento del idioma (vocablos extranjeros y neologismos, americanismos, arcaísmos).

- Búsqueda de la sonoridad y la musicalidad en el uso del lenguaje (esdrújulas, aliteraciones, ritmo, rima...).

- Evocación de sensaciones: abuso del adjetivo, apelación a los cinco sentidos (cromatismo, sonoridad, sinestesias, pintar con palabras...).

Modernismo simbolista
La segunda línea del Modernismo deriva del Simbolismo francés y enlaza con poetas como Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé o Verlaine. Lo esencial es la sugerencia (de ahí la importancia de la música) y el poder evocador de las palabras. El didactismo queda totalmente desterrado (Edgar Allan Poe hablaba de la «herejía del didactismo»).
Ahora la evasión no se dirige hacia mundos lejanos, sino hacia el mundo interior del poeta. Después de la interiorización, el escritor vuelve sus ojos al mundo exterior. Se descubre el paisaje, en realidad símbolo de la Historia o del poeta.
Los autores españoles, influidos por el simbolismo de Verlaine y por el intimismo becqueriano, suelen pertenecer a esta línea del Modernismo, más simbolista que la hispanoamericana.
Métrica modernista
La métrica modernista se caracteriza por la experimentación y la renovación:
-Uso de los versos alejandrinos, dodecasílabos y eneasílabos, escasos en la tradición poética anterior.

-Introducción de novedades en las estrofas clásicas:


    • Sonetos en alejandrinos, con serventesios en lugar de cuartetos.

    • Sonetillos (sonetos de arte menor).

    • Silva: además de los clásicos endecasílabos y heptasílabos, se emplean también pentasílabos y eneasílabos.

    • Romances en versos heptasílabos, eneasílabos y endecasílabos.

    • Aparición del verso libre en las últimas etapas del Modernismo por influjo del norteamericano Walt Whitman.

    • Intentos de crear una poesía basada en pies métricos al estilo de la poesía latina.



2. La lírica a principios del siglo XX

2.1 Rubén Darío
Obra
Rubén Darío se caracteriza por su capacidad para poetizar todo tipo de temas: medievales, renacentistas, dieciochescos, americanos… Es el poeta del amor y el erotismo es su afán de gozar sin límites. Las obras más destacadas de su producción son:
Azul (1888). Supone el “inicio” del Modernismo. Es una obra en la que se observa variedad de ritmos y metros. Los poemas se caracterizan por la elegancia y la sensualidad.
Prosas profanas (1896). Representa la plenitud del Modernismo parnasiano. Sorprende por la musicalidad de los versos, en los que se aprecia la variedad métrica del movimiento. Es una poesía preciosista, exótica, de fantasía refinada. El poeta, que declaró «detesto la vida y el tiempo que me tocó nacer», se refugia en una torre de marfil (símbolo aristocrático del aislamiento del exterior).
Cantos de Vida y Esperanza (1905). Se produce una crisis del esteticismo anterior. Ahora asistimos a una poesía más íntima, más preocupada por el hombre, más angustiada. Abundan los temas serios, hondos, a veces muy amargos. Rubén Darío reflexiona sobre el arte, el placer, el amor, el tiempo, la muerte (preocupación obsesiva), la vida, la religión…
Trascendencia
Darío es el principal poeta modernista. Su figura es fundamental para la renovación de la lírica española de este siglo.
2.2 Juan Ramón Jiménez
Obra
El propio Juan Ramón Jiménez propuso dos clasificaciones de su obra:
–En Eternidades (1916) divide su producción en cuatro etapas: poesía pura, etapa modernista, etapa de progresiva simplificación y poesía desnuda.
–Posteriormente, la clasifica en tres etapas, aunque la producción de Juan Ramón se caracteriza por una clara unidad, fruto de su afán revisionista:



  • Etapa sensitiva (hasta 1916, fecha de Diario de un poeta recién casado). Se distinguen, a su vez, dos momentos:




  1. Primeros libros. Obras teñidas de tristeza muy influidas por Bécquer y por los simbolistas franceses. Se incluyen en esta época títulos como Arias tristes, Jardines lejanos o Elegías.




  1. En un segundo momento, aparecen los temas típicos del Modernismo, pero tratados de forma personal: la belleza, el amor, los pájaros, las flores. Destaquemos La Soledad sonora (1911), Poemas májicos y dolientes (1909-1911), Poemas agrestes (1910-1911), Sonetos espirituales (1914-1917) y Estío (1915), en los que se aprecian rasgos de mayor depuración. En prosa poética escribe por entonces Platero y yo, visión armónica del hombre y de la naturaleza a través de la cual cuenta sus vivencias en Moguer.



  • Etapa intelectual (1916-1936). Es una poesía más conceptual y compleja que la anterior, dedicada a la minoría siempre. Los títulos más significativos son Diario de un poeta recién casado (1916), Eternidades (1916-1917) y Piedra y cielo (1917-1918). Se trata de poemarios de raíz simbolista en los que el poeta siente deseos de renombrar las cosas para descubrir su pureza original. De ahí la llamada a la inteligencia para que le dé el nombre exacto de las cosas. Destaca la presencia del mar, símbolo del eterno tiempo presente, de la unidad del cosmos, del ansia de eternidad.




  • Etapa suficiente. Formada, entre otras, por Animal de fondo (1949) y Dios deseado y deseante (1957). Nos presenta un poeta obsesionado por el tema de la vida poética, de la eternidad, del deseo de trascendencia en su obra. El escritor-poeta se vuelve poesía, se crea a sí mismo al escribir, es un dios porque crea, es creador (dios deseante); también es un dios a partir de lo que ha creado (dios deseado).


Estilo
Para Juan Ramón la poesía es belleza, conocimiento y ansia de eternidad:


  • Belleza. La búsqueda y la expresión de lo bello lo convierten en un poeta conscientemente minoritario. Se ha hecho famosa la dedicatoria de sus obras: A la minoría siempre.

  • Conocimiento. Su poesía implica un intenso deseo de profundizar en el auténtico ser de las cosas, en su esencia íntima. Emplea el símbolo.

  • Ansia de eternidad. El poema, eterno y perdurablemente bello, sobrevive a la muerte. El poeta se hace eterno al escribir, ya que vive en la memoria.



2.3 Antonio Machado
Obra
Lo mejor de su obra lírica se encuentra en sus dos primeros libros:
Soledades, Galerías y otros poemas (1907). Esta primera obra pertenece al Modernismo simbolista. Trata los temas del paso del tiempo, la melancolía, Dios y, sobre todo, la muerte, una constante en su obra. Se vale de algunos símbolos como la tarde o la fuente, que encierran su concepto de tiempo.
Campos de Castilla (1912). A los temas anteriores, se une el de Castilla. Se observan descripciones subjetivas de paisajes y una actitud crítica (atraso y pobreza, denuncia de los problemas del país…). También apreciamos hermosas composiciones dedicadas a su mujer, Leonor, en las que a través del paisaje se muestra el estado de ánimo del poeta.
En poemas posteriores se irá acrecentando la crítica social, hecho que le valió la admiración de los poetas de posguerra. Hoy en día se está revalorizando la poesía intimista de su primera época.
Machado escribió también teatro y prosa.
Temas
El tiempo es, tal vez, la preocupación principal de Machado; el poeta crea distintos símbolos: la fuente, el reloj, el agua, el camino... Le preocupa el tiempo que fluye, que pasa, pero que siempre es igual a sí mismo: niños, fuentes, corrientes, norias… Machado definió la poesía como palabra esencial en el tiempo. Así, la esencia del ser humano se encuentra, precisamente, en su conciencia temporal. Mediante el lenguaje poético se capta lo propio de las cosas en su devenir.
–La soledad, compañera del poeta (yo era muy niño, / y tú, mi compañera).
–El sueño (de la vigilia) como forma de conocimiento, de acercamiento a la realidad profunda de las cosas.
–El amor evocado. Destacan los poemas dedicados a Leonor tras su muerte.
Dios, desde una doble perspectiva: por un lado, sufre una crisis de fe a la muerte de Leonor; por otro, medita constantemente sobre la existencia y la noción de Dios. Así, confesará estar «siempre buscando a Dios entre la niebla».
Los sentimientos que el poeta refleja (la angustia, la soledad, la melancolía) son consustanciales al ser humano, que se pregunta por su destino y el sentido de su existencia que transcurre. Su poesía refleja, por lo tanto, lo que el poeta denominó universales del sentimiento, que son las grandes emociones que afectan al alma en su contacto con el mundo. Esos universales del sentimiento se refieren generalmente a tres grandes temas: el tiempo, la muerte y Dios. El Dios que aparece en la obra de Machado es a menudo un sueño, un deseo que, no obstante, no se hace presente de forma clara.
Estilo
El estilo machadiano se caracteriza por la presencia de símbolos. Los principales son la tarde (que representa su angustiado y melancólico estado de ánimo), el reloj o el agua (en los que se aprecia su obsesión por el paso del tiempo y la muerte). La sencillez formal y métrica aporta la esencialidad y la sobriedad características del 98. En este sentido, son habituales los poemas en alejandrinos y la silva-romance. Su poema «La tierra de Alvargonzález» marca un hito en la recuperación del romance (y, por extensión, de la lírica tradicional) para la poesía culta.
3. La narrativa a principios del siglo XX: novela noventayochista
Si la lírica en los inicios del siglo XX viene marcada por el Modernismo, en el terreno de la ficción narrativa y de la prosa serán los hombres del Grupo del 98 los que sobresalgan. En todos ellos se observan similares sentimientos: angustia, obsesión existencial por el paso del tiempo y por la muerte, y preocupación por el presente y el futuro de España. El tema de España y la preocupación existencial están en la base de esta narrativa.


3.1 Miguel de Unamuno
Obra
La obra de Miguel de Unamuno representa no sólo una referencia fundamental del Grupo del 98, sino de toda nuestra literatura. El escritor vasco cultivó con acierto casi todos los géneros, desde el ensayo a la novela, sin descuidar la lírica o el teatro.


  • Ensayos. En ellos reflexiona principalmente en torno a dos temas:




  • El sentido de la vida y el más allá: La agonía del cristianismo y Del sentimiento trágico de la vida. Trata en estas obras el problema de Dios, el sentido agónico de la existencia, la inmortalidad, etc., con un marcado tono existencialista.

  • La preocupación por España: En torno al casticismo, Vida de Don Quijote y Sancho y Por tierra de Portugal y España… Unamuno evoluciona desde un deseo de reforma y modernización del país a una postura contraria, en la que acabará proclamando la necesidad de españolizar Europa.




  • Novelas. Se desarrollan los mismos temas ya citados. Dado que al autor le interesa, sobre todo, el conflicto interno de sus personajes, las novelas carecen, en gran medida, de planteamiento y desenlace.

Por este motivo, las novelas de Unamuno se parecen muy poco a las de su época. La crítica del momento negó el carácter novelesco de algunas de estas obras. Por ello, Unamuno las llamó nivolas. Podemos clasificar su producción en tres momentos:


  • Hasta 1897, año de su crisis religiosa más grave, que le supuso la pérdida de la fe y el inicio de sus conflictos religiosos y existenciales. Se trata de una etapa progresista y de ideología socialista. También aparece la preocupación por la inmortalidad.




  • De 1897 a 1914. Es una época de obsesión por el tema religioso. Se fragua en este momento el concepto negativo del progreso. Los temas fundamentales son la angustia, la lucha entre la razón y la fe, y la preocupación por la inmortalidad.




  • De 1914-1936. Es la etapa de sus principales nivolas: Niebla, La tía Tula y San Manuel Bueno, mártir.


3.2 Pío Baroja
Obra
Pío Baroja es uno de los novelistas más importantes del 98. Su producción literaria está constituida casi exclusivamente por novelas. Consciente de la transcendencia y complejidad de sus obras, el mismo Baroja las clasificó basándose en un criterio cronológico:


  • Antes de 1912. Etapa prolífica y variada, la crítica considera que Baroja escribe en estos años sus mejores obras: Camino de perfección y El árbol de la ciencia. En ellas, a través de sus dos protagonistas, construye arquetípicas etopeyas (descripción de las costumbres y rasgos morales de un individuo). También es la época de La lucha por la vida, Zalacaín el aventurero o Las inquietudes de Shanti Andía. Esta última pasa por ser una de sus obras más interesantes. Es reconocida como ejemplo de tránsito entre las dos épocas.




  • Después de 1912. Escribe desde ese año novelas de diferentes estilos y temática, entre las que señalamos la serie titulada Memorias de un hombre de acción, compuesta por veintidós obras.


La obra de Baroja también puede agruparse temáticamente en ciclos o trilogías. Los ciclos más destacados son:


  • Tierra vasca: La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz; Zalacaín, el aventurero.




  • La vida fantástica: Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox; Camino de perfección; Paradox, rey.




  • La lucha por la vida: La busca; Mala hierba; Aurora roja.


Estilo
Baroja consideraba la novela como un género abierto que admitía gran cantidad de técnicas diferentes. En cualquier caso, una característica común de las obras barojianas es que carecen de acción. Son, en cambio, novelas de personaje. En ellas, todo queda condicionado a un protagonista en torno a cuya biografía y evolución hacia un fracaso anunciado se construye todo lo demás. Los demás personajes, que a menudo se diluyen en el argumento, no son más que adornos estéticos.
Su estilo es preciso, sencillo y sobrio. La sencillez aparente de su pluma, que en ocasiones puede resultar grosera, encierra, como sucede a veces, una medida elaboración. Es un virtuoso de la descripción impresionista y del diálogo, así como del manejo de un humor especialmente amargo. Abundan las frases cortas con escasa subordinación y el estilo conversacional. No empleó nunca demasiadas figuras retóricas.
Con todo, debemos indicar que su influencia ha sido decisiva en escritores posteriores de la talla de Camilo José Cela o Luis Martín Santos.
3.3 José Martínez Ruiz, «Azorín»
Obra
El desarrollo literario de «Azorín» coincide con la misma evolución desencantada de la mayoría de los escritores que le fueron contemporáneos. Todos ellos se lamentan de la realidad que les rodea y reconocen las dificultades para modificarla.
Destaca su producción novelística y, en concreto, sus tres novelas «autobiográficas»: La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo. La voluntad manifiesta la intención de «Azorín» de sustituir el modelo narrativo del Realismo y el Naturalismo del XIX por un tipo de novela más cercana a las impresiones personales y a un estilo que hoy podríamos caracterizar como propio de un reportero.
Otras obras significativas del escritor alicantino son: Los pueblos o Castilla, en las que aparece una enérgica protesta social, Lecturas españolas, Clásicos y modernos, Los valores literarios y Al margen de los clásicos, en las que pretende revitalizar a los clásicos; o sus libros de recuerdos o semblanzas, como Valencia, Madrid y Memorias inmemoriales.
Su estilo se caracteriza por la pureza y la exactitud, por la precisión, y por la frase breve y contundente, de marcado carácter impresionista.

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