30 AÑos de L. I. J. Con acento aragonéS






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fecha de publicación30.05.2015
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30 AÑOS DE L.I.J. CON ACENTO ARAGONÉS
2ª PARTE: “MÁS ORO DEL QUE RELUCE”

La historia de los últimos treinta años de la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) en Aragón empieza, mutatis mutandis, como la Biblia: “al principio sólo era el Verbo”…. Con la pequeña diferencia de que aquí por no haber no había ni verbo.

Hubo que esperar hasta principios de los 80 para que Fernando Lalana terminara su carrera de Derecho y volviera de hacer el servicio militar en el Grupo de Regulares de Melilla para contar con la primera piedra de un edificio que poco a poco se va construyendo y en el que la mayoría de las demás se han ido poniendo en estos últimos diez años. Bien pronto empezó Lalana a recoger el fruto de su trabajo, pues en 1981 quedó finalista del premio “Barco de Vapor”, con una obra que fue publicada un año más tarde: El secreto de la arboleda. A partir de ahí, y durante toda la década se sucedieron títulos y premios tales como el Gran Angular de novela por El zulo en 1984 y por Hubo una vez otra guerra en 1988, así como el Lazarillo en 1990 por La bomba y el Premio Nacional de Literatura Juvenil por Morirás en Chafarinas, novela basada en sus experiencias como soldado (para que luego digan que la mili no servía de nada). Pero ¿es que en todo el panorama aragonés solamente estaba él? No, pero casi. “Me gustan las cosas redondas y a lo grande, las verduras, el sol, los cigarrillos, el martini seco, el bourbon, la niebla gris y el vino fuerte y negro de mi tierra. La risa, la vida, Edith Piaf, Henry Purcell; la juventud, la elegancia, la belleza y el arrojo generoso. Lo que más, bañarme en un torrente frío de montaña” Así se autorretrataba en la revista Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil de Marzo de 1990 Francisco Meléndez, quien recibió en 1987 el Premio Nacional de Ilustración por La oveja negra y demás fábulas, y la Medalla de Plata en la exposición “Los libros más bellos del mundo” de Leipzig por El verdadero inventor del buque submarino. Hombre conocedor de todo lo relacionado con las Artes Gráficas, concedía mucha importancia a todos los aspectos relacionados con la edición de sus obras: encuadernación, papel, texto, imágenes. El resultado eran unas historias ambientadas en el pasado y pobladas por figuras muy estilizadas, arriesgadas perspectivas y complejas composiciones que suponían unas propuestas exigentes a la vez que sugerentes para los niños a los que estaban destinadas. Fue característica su particular técnica basada en el uso de tinta china con pluma, bolígrafo y rotuladores de color. Si se preguntan por qué al hablar de él empleo siempre el pasado, la razón es que en un momento dado decidió desaparecer del panorama, convirtiéndose en nuestro Thomas Pynchon particular. Hasta la fecha.

El tercer lado de este triángulo lo constituye el turolense de Olalla Luis Royo, quien a partir de 1978 empieza a dibujar cómics y en 1980 expone en el Salón del Cómic de Angoulême; a partir de ahí se suceden sus publicaciones en las míticas revistas 1984, Comix Internacional, Rambla, El Víbora y Heavy Metal. En 1983 se inicia como ilustrador profesional en Norma Editorial y se internacionaliza, trabajando tanto en Europa como en EE.UU. Pero como él dice “eso de repetir contantemente personajes” – artículo en Heraldo de Aragón de 30 de Julio de 2004 – no era lo suyo, por lo que la experiencia sólo duró tres años, a partir de los cuales sus ilustraciones se dirigen a portadas de libros que por sí mismas se convertirán a su vez en recopilaciones tales como Women, Malefic o Fantastic Art, juegos de ordenador, trading cards y revistas de todo el mundo. Afortunadamente, sigue en activo.

Entre finales de los 80 y principios de los 90, empiezan a surgir las primeras señales de que algo se cuece en la LIJ aragonesa, aunque sea a fuego muy lento; tal es el caso de obras como El fantasma cataplasma de Ana G. Lartitegui y Javier Sebastián, La Estrella y El vendedor de Jesús Olóriz, El último hombre libre de Manuel L. Alonso o El botón Antón y la botona Ramona de Sergio Lairla y Ana G. Lartitegui, todas estas obras en la misma editorial: Edelvives. Pero es a partir de mediados de la década de los 90 cuando la LIJ fabricada en nuestra tierra empieza a tomar una forma más concreta, siendo así que ya se podría bien hablar de un diccionario (in)completo y ¿razonado? de autores e ilustradores aragoneses que paso a desarrollar.

Ana Alcolea reivindica la mentira en literatura como fuente de conocimiento de “verdades como la belleza o como el arte, que tanta falta nos hacen en nuestra vida real” (Heraldo de Aragón, 20-XI-2003). Sus novelas El medallón perdido y El retrato de Carlota han merecido por su estilo comparaciones con Isak Dinesen. Ahí es nada. José Mª Almárcegui tiene en su haber el indiscutible mérito de ser la cabeza pensante que proporciona las ideas que luego Fernando Lalana convierte en palabras; además, y por si fuera poco, ilustra dichas obras; así sucede en la serie de Mari Juli y Gil Abad, Aurelio tiene un problema gordísimo o Silvia y la máquina Qué. Samuel Alonso constituye uno de esos poco frecuentes casos en los que una primera obra supone una auténtica consagración para su autor. Por muchos motivos El grito de la grulla es ya objeto de estudio a la par que admiración entre la crítica y, lo que es más importante, entre un público lector tan exigente como son los niños. Elisa Arguilé es en palabras de su a veces partenaire Daniel Nesquens “una de las mejores ilustradoras del mundo”. Aunque defiende que no ha creado nada nuevo, que ya está todo inventado, lo cierto es que sus creaciones son un soplo de aire fresco en el mundo de la ilustración: Chilindrinas, Hasta (casi) 100 bichos o Kangu va de excursión son algunas de sus aportaciones. David Guirao y Alberto Gamón dejaron afortunadamente de ser promesas para convertirse en importantes realidades plasmadas en trabajos tan interesantes como El canario de Brunei y Romances –Guirao- y Operación J o distintas ilustraciones en la presa local como el San Valero aparecido el día 29 de Enero pasado en el Periódico de Aragón –Gamón-. Los anteriormente mencionados Ana G. Lartitegui y Sergio Lairla merecen una mención especial dentro de este repaso, tanto por su dilatada trayectoria – El charco del príncipe Andreas, La vida grata del pirata, No se lo digas a nadie, El camino más corto, entre otros – como por ser autores del que posiblemente es el álbum ilustrado de mayor trascendencia que haya salido de nuestra tierra en los últimos 15 años, si no más; se trata de La carta de la Señora González, un cuento cuya dinámica metaficcional – poner en evidencia la naturaleza misma de la ficción - mereció en su día un extenso artículo de Marcela Carranza en la más prestigiosa revista de LIJ en la red en lengua hispana como es Imaginaria. De hecho, esta obra les valió el “Premio al Mejor Libro” en la Feria Internacional de México del 2000. A pesar de ello constituyen el ejemplo más patente de ese dicho que reza “Nadie es profeta en su tierra” porque alguno de sus trabajos (pienso en este momento en Lobo y Abel ) ha sido publicado en Zurich, Nueva York o Ljubliana pero en España no. Eso sí: los gilicuentos de Madonna que no nos falten, por favor. José María Latorre es el maestro indiscutible del terror: La mirada de la noche, La leyenda del segundo féretro, La mano de la momia, El palacio de la noche eterna, etc. Avalan su recorrido literario en estos años al frente de un género al que muchos se acercan pero en el que pocos triunfan. A pesar de ciertos clichés reiterativos en sus últimas obras – Códex Nigrum – lo cierto es que sigue teniendo un amplio crédito. De Fernando Martín Godoy podría decirse que es “el” ilustrador de Gonzalo Moure, pero no sólo porque trabaje habitualmente con él, sino porque sus ilustraciones parece hechas “ex profeso” para dar vida al extraordinario universo de sentimientos del escritor valenciano. Quien no haya leído todavía Palabras de Caramelo o Maíto Panduro que lo haga sin tardanza. Ignacio Martínez de Pisón, más volcado ahora en la novela para adultos, dejó en su día una importante huella en la LIJ con tres obras verdaderamente importantes: Una guerra africana, El tesoro de los hermanos Bravo y Un viaje americano, todas ellas focalizadas en momentos muy importantes de nuestra historia y que están tratadas con el habitual estilo de Pisón: claridad, sencillez y emoción. Miguel Mena es otro de esos personajes que no pueden faltar en un repaso por nuestras letras; decir Cambio de marcha, Onda Media, El escondite inglés, Bendita calamidad o Vinagre en las venas es hablar de novelas llenas de acción, ironía, aventura y humor: mucho y buen humor. No en vano sus novelas son de las más recomendadas en los centros de enseñanza aragoneses. Javier Sáez Castán, según sus propias palabras, se plantea cada cuento “como una pequeña representación de teatro. No espero que el lector suba al escenario, pero sí que tenga una buena localidad y que disfrute de la función” Esta particular manera de enfocar su trabajo queda patente sobre todo en Los tres erizos, obra de cuyo texto es también autor. Sus más recientes aportaciones ilustrando algunos cuentos de Andersen y su espectacular e interactivo Animalario universal del Profesor Revillod hacen de este oscense uno de los más elegantes ilustradores del panorama español actual. Un caballo hecho con tres pinzas, un trozo de cartón y unos toques de rotulador… parece fácil ¿verdad? Pues intenten hacerlo, a ver qué sale. Si quien se pone a hacerlo es Javier Solchaga, efectivamente saldrá un caballo; y bien bonito, además. Lo mismo construye animales de granja que animales salvajes, personajes de circo, de cuento ,habitantes de un castillo, o dice ¡Alehop! y crea un libro. Si Ana Alcolea crea una literatura “escapista” en el sentido de que escribe historias que ayudan a escapar de la realidad, Félix Teira ¿o debería decir María Arregui? hace justo lo contrario, es decir, se sumerge de lleno y con él al lector en los problemas más cotidianos y candentes de la adolescencia: amor, desengaño, racismo, violencia. Para él la literatura juvenil “no es un tratado moral ni normativo, sino la asimilación de una experiencia que fomenta el juicio personal” (extracto de las Actas de las Primeras Jornadas sobre LIJ en Aragón de próxima publicación); de ahí que Saxo y rosas, Una luz en el atardecer o ¿Y a ti aún te cuentan cuentos? Expresen las inquietudes de varias generaciones de chicos y planteen cuestiones con las que se pueden sentir identificados.

Estos no son, en absoluto, los únicos nombres que se pueden citar si se quiere hacer un recorrido lo más ajustado posible por los referentes que a día de hoy significan algo en el ámbito de la LIJ aragonesa; en el campo de la ilustración, no podemos olvidarnos de gente como Josep Antoni Tàssies, autor e ilustrador de obras como El secreto, Volando del revés y, sobre todo, autor del álbum Comemiedos que tantos padres compran para leer a sus niños y conjurar así los típicos miedos de la infancia. Antonio Santos, que ha ilustrado – entre otros – el conocido álbum Pancho y que tiene un premio al Mejor Libro Infantil por Y con la cebra qué pasó. Óscar Sanmartín, ilustrador del fenomenal libro-álbum Leyendario (Editorial Leyere) sobre textos de Óscar Sipán, reseñado recientemente en este suplemento (Artes & Letras nº96 16-XII-2004). Antonio Postigo que ha ilustrado, entre otras, una novela por entregas – Rigor Mortis – de Fernando Lalana en el Periódico de Aragón. Carlos Pérez Aznar, ilustrador fundamentalmente en la editorial aragonesa Imaginarium de obras como ¡Tachaaaaaán! o Cocinar es divertido. Miguel Ángel Pérez de Arteaga, creador de una deliciosa obrita para los más pequeños: A soñar con los angelitos. Álvaro Ortiz, con obras como Bajo un centenar de cielos. David MaynarTres días de gloria, ¿De quién son estas patas? Jesús Cisneros, ilustrador de la tremenda leyenda aragonesa Marieta (Editorial Pirineo), Nacho Casanova - …Y te diré quién eresCalpurnio que es autor del inimitable Cuttlas. Silvia BautistaAdivina quién soy – y Alberto Aragón ilustrador de Jorge y las sirenas sobre texto de Antón Castro (en preparación). En lo que se refiere a la narración tampoco se pueden olvidar aportaciones como las de Begoña OroLa elefanta Jo, Lecturas para dormir -, María Dolores TolosaLa rebelión de los niños verdes (¿para cuándo la publicación de su novela Caruso?) y las incursiones en la LIJ de autores que habitualmente escriben para adultos: Magdalena Lasala con El círculo de los muchachos de blanco, José Luis CorralEl corazón rojo (Egido Editorial) –, Anabel Lapeña que con ilustraciones de Orosia López y Adriana Araujo nos ha enseñado a conocer un poco más la historia de nuestras tres capitales de provincia y del Monasterio de San Juan de la Peña (Mira editores); por fin César Rodríguez Martín con sus dos novelas (con la inestimable colaboración de su hija Noemí) Luisito es un pirata y Luisito es un espía (Mira editores).

No se puede terminar este repaso sin reseñar alguna de las aportaciones de autores aragoneses al teatro y poesía infantil y juvenil. En teatro es nuevamente Fernando Lalana quien surge como estandarte con obras como Edelmiro II y el dragón Gutiérrez o la recientemente aparecida – y celebrada por la crítica - Se suspende la función. Como colofón, el mundo de la poesía, desgraciadamente siempre en un segundo plano, está representado en nuestras letras por gente como María Luisa Muñoz Balzola con sus tres poemarios de la colección Sonrisas Breves (Mira editores) y por las aportaciones de gente de la talla de Ismael GrasaPiscina, Discoteca - y Miriam ReyesMi vientre es mi mundo interior, Soy lo que no entiendes - al poemario Efectos Secundarios.
Toda esta gente, su convergencia en un lugar y momento concretos, constituye el motor que prácticamente “obliga” a poner en marcha la maquinaria que incluye a autores, mediadores ( editores, bibliotecarios, maestros, críticos, libreros ) y a los propios lectores, para conseguir que todo este potencial no sólo no se diluya, sino que cada vez sea más fuerte y consistente. Estudiosos del tema como Rosa Tabernero en Contar en Aragón. La literatura infantil aragonesa en los umbrales del siglo XXI (Qriterio aragonés) y José Domingo Dueñas en Literatura juvenil actual: rémoras y retos en I Jornadas universitarias de LIJ en Aragón (en prensa) coinciden en presentar un panorama dominado en cierta medida por la confusión y la indeterminación, pero ciertamente esperanzador si se superan trabas como las que apunta Antón Castro en La literatura infantil y juvenil en Aragón (en las mencionadas Jornadas celebradas en Huesca) cuando habla de la falta en Aragón de “tejido industrial y coherencia en las políticas culturales”. Esto, como pueden imaginar, deja la última palabra – que al fin y a la postre es la que vale – en manos de los políticos. Sobran las palabras.

Al menos, una cosa parece clara: no habrá que esperar otros treinta años para hacer una retrospectiva como ésta. A lo sumo otros cien números de Artes & Letras.

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