Tema 23 : la literatura hispanoamericana del siglo XX






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TEMA 23 :LA LITERATURA HISPANOAMERICANA DEL SIGLO XX.

  1. Introducción

Consideraciones generales:

_ Durante el siglo XX, la producción literaria en este continente ha alcanzado una gran importancia e influencia en la literatura española (el modernismo y Rubén Darío, las vanguardias y Huidobro) e incluso en la literatura universal ("boom" de la narrativa).

_ La existencia de un mestizaje cultural entre las culturas de los colonizadores y las culturas autóctonas, junto con los rasgos africanos de los esclavos traídos siglos atrás.

_ Se han producido a lo largo del siglo XX influencias mutuas entre la literatura y cultura hispanoamericana con las europeas y la norteamericana. Pero, a pesar de éstas, la literatura hispanoamericana es en buena medida el intento de encontrar una voz propia que revele una identidad común.

- El siglo XX en Hispanoamérica ha sido un siglo profundamente convulso y turbulento en lo político y social (revoluciones, dictaduras militares...).

  1. La poesía hispanoamericana del siglo XX

Se suelen distinguir tres grandes etapas:

1. Modernismo y Posmodernismo

En Hispanoamérica, el Modernismo nació como rechazo a la mentalidad positivista y utilitaria de finales de siglo XIX y, también, como continuidad del romanticismo tardío. Hubo poetas precursores del modernismo, llamados también «Primera generación modernista»: José Martí [español y cubano] o Manuel Gutiérrez Nájera [cubano].

Los trabajos de estos poetas fueron el caldo de cultivo para la culminación del movimiento modernista con su máximo representante: Rubén Darío [nicaragüense] (1867¬1916), cuya obra fue el punto de referencia de toda la lírica hispana a ambos lados del Atlántico. Sus obras más conocidas son Azul (1888) en prosa y verso, donde pone de manifiesto la nueva estética que renueva la métrica y el vocabulario poético, que exalta la Grecia clásica y la preferencia por ambientes exóticos con una preocupación por el ritmo y la musicalidad de los versos. Pero donde esta estética encuentra su máxima expresión es en Prosas profanas (1896) en la que la ornamentación brillante y los aspectos antes indicados llegan a su extremo: un mundo de belleza y colorido en estrofas poco habituales en la lírica hispana. Esta exuberancia formal, se depura un tanto en Cantos de vida y esperanza (1905), donde hay un tono más intimista e incluso a veces amargo.

Pronto comenzó a notarse un cansancio de las exageraciones retóricas modernistas y se tiende hacia una poesía de expresión más sencilla. Esto es lo que se ha denominado «Posmodemismo», consistente en la poetización de lo cotidiano sin abandonar la exaltación de lo americano (primeros libros de César Vallejo, Neruda y poetas como José Juan Tablada (Méjico), Gabriela Mistral (Chile), Alfonsina Storni (Argentina).

2. El vanguardismo

Algunos de los poetas anteriormente citados darán cabida, con el pi.so del tiempo, en su producción poética a los experimentos vanguardistas. Las vanguardias suponen la superación del modernismo, a pesar de su desigual arraigo en los distintos países.

Al igual que en España, se crean diversas revistas y grupos de difusión de los -ismos europeos, así como de otros de invención propia, siempre con los rasgos de provocación, y beligerancia.

Entre los distintos movimientos hispanoamericanos, tendrán mayor importancia:

- El Creacionismo chileno, con Vicente Huidobro a la cabeza, cuya máxima era la no imitación de la naturaleza por parte del poeta, sino la creación por parte de él mismo de nuevas realidades.

- El ultraísmo argentino, con Jorge Luis Borges, que aunque reúne las características del europeo, presenta aspectos que lo hacen singular como es la búsqueda de la esencia de lo argentino.

- El estridentismo mexicano fue impulsado por Manuel Maples Arce y se encuentra próximo a la estética futurista: exaltación de los aparatos, negación del pasado cultural y literario, libertad en el lenguaje, unido todo ello a una actitud provocadora.

- La poesía pura, en la línea de Juan Ramón Jiménez o Paul Valéry, fue otra vía de superación del modernismo. Pero los poetas que siguieron esta línea renovadora presentan un tono nada provocador. Representativo es Mariano Brull [Cuba].

Además, debemos mencionar dos figuras principales en la poesía hispanoamericana del momento y también superadoras del modernismo: César Vallejo y Pablo Neruda.

César Vallejo [Perú] (1892-1938):

De humildes orígenes, sintió siempre el estigma de la marginación unido también a su condición de mestizo en un país abiertamente racista por entonces. De ahí que en su poesía esté siempre su sensibilidad ante la injusticia y el dolor, junto con una conciencia de clase.

Sus inicios poéticos están influenciados por la estética modernista (Los heraldos negros, 1919) tanto en el lenguaje como en las imágenes de carácter simbólico; no obstante, en algunos poemas ya se advierte la tendencia a reflejar lo cotidiano con un lenguaje conversacional, junto con una sombría visión de un mundo en el que se encuentra sufriendo el ser humano y para el que no encuentra solución.

Su siguiente libro, Trilce (1922), ofrece ya sin duda una ruptura total con la poesía anterior. El pesimismo se acentúa, pero este dolor y desolación aparecen ahora expresados con un lenguaje nuevo, muy cercano a la estética vanguardista: la sintaxis se descompone e incluso desaparece, con lo que llega a crearse una sensación de caos y angustia.

Tras Trilce, Vallejo deja de publicar libros de versos, sí lo hará de prosa. Sin embargo, seguirá llevando a cabo su actividad poética, de la cual se conocen muestras mediante las revistas literarias. Esta época es la de su estancia en Europa, de donde no se marchará hasta su muerte. Sus contactos con el surrealismo y con la ideología comunista hacen que su poesía se decante hacia una rehumanización. A ésta época pertenece la obra póstuma Poemas en prosa, Poemas humanos... y también España, aparta de mi este cáliz (1939). Esta última obra trata acerca de la Guerra Civil española.

Pablo Neruda [Chile] (1904-1973)

Seudónimo de Neftalí Ricardo Reyes. Conjugó su actividad literaria con su carrera político-diplomática.

De Neruda es sabida la importante influencia ejercida por su poesía en los autores del 27 (diplomático en España 1934-37) y en el propio autor quien se decanta por un compromiso social haciéndose militante del Partido Comunista. Fue Premio Nobel de Literatura en el año 1971.

Su obra se puede clasificar del siguiente modo:

- poesía inicial, de influencia modernista. Neruda es prácticamente un adolescente cuando se inicia en esta estética. A esta etapa pertenecen Crepusculario (1923) y Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) donde recoge una tradición de poesía amorosa que parte del Romanticismo y llega hasta el Modernismo (la mujer como algo huidizo y evanescente, el amor como culminación del ser pero también como fuente de inquietud).

- una segunda etapa, de poesía surrealista. Tras una crisis existencial, el poeta encuentra una voz personal con la que expresa su profunda desolación, una voz con resonancias surrealistas (imágenes visionarias, enumeraciones caóticas) Residencia en la tierra (1933-35).

- La tercera etapa es la de la poesía comprometida. Fruto de su estancia en España y de su afiliación al ideario marxista, da paso a un lenguaje directo y claro. Tercera residencia (1947), Canto general (1950).

3. La poesía tras las vanguardias

La lírica hispanoamericana transita tras las vanguardias por distintos derroteros:

a) Como hemos visto en Neruda o Vallejo, las vanguardias son asimiladas y cómo posteriormente hay una rehumanización por la vía del compromiso político.

b) Esa rehumanización de la poesía encuentra un camino peculiar en la poesía negra o afroantillana, desarrollada en las islas del Caribe desde finales de los años veinte. Podemos considerar la poesía negra como una americanización de las vanguardias y también como fruto del influjo de algunos poetas españoles de la generación del 27 que buscaron una poesía neopopularista. Es una poesía llena de vitalismo y sensualidad, al mismo tiempo que denuncia las condiciones de marginación de negros y mulatos. El máximo representante es Nicolás Guillén [Cuba] (1902-1989).

c) Otro modo de rehumanización de la poesía, pero sin participar del compromiso político, es el que efectúa José Lezama Lima [Cuba] (1912-1976). En poeta encuentra su propia forma de expresión en un estilo barroco, dificil, muy cercano al neogongorismo del 27, pretendiendo aprehender realidades de orden superior, de tono casi místico. Es lo que algunos críticos has denominado trascendentalismo.

d) La idea de considerar la poesía como signo trascendente llega también al poeta mexicano Octavio Paz (1914-1998). El rasgo más peculiar de este poeta es su enorme capacidad de adaptación a nuevas corrientes espirituales y sistemas de pensamiento. Sus inicios poéticos se sitúan en un tono neorromántico de raíz modernista, aunque depurado por el influjo de los poetas puros del grupo «Los contemporáneos». Posteriormente, también se decantó por el compromiso político antifascista. A finales de los años 30, entra en contacto con el surrealismo y posteriormente con el existencialismo francés que ejercerán una notable influencia en su producción de los años 50 (Águila o sol, 1951; Semillas para un himno, 1954). Durante los años 60, su poesía se decanta hacia una vertiente metafísica, fruto de su estancia en la India donde entra en contacto con el pensamiento budista y filosofías orientales. Su lírica posterior regresa a la reflexión sobre la existencia humana aunque con una mayor densidad conceptual.

e) Otro camino que sigue la poesía hispanoamericana es el de la antipoesía. Se trata de una poesía irónica, antirretórica y prosaica cuyo máximo representante es el poeta chileno Nicanor Parra.

f) Finalmente, debemos citar el regreso durante los años 60 de Jorge Luis Borges a la composición poética. Se trata de una poesía que ha gozado de gran fama dada su calidad, con un tono muy próximo al conceptismo, de tono existencial y metafísico.

III. La narrativa hispanoamericana

1. En las primeras décadas del siglo XX

a) La prosa modernista. Desde principios de siglo, la narrativa se siente influenciada por la estética modernista, encontrando como el cauce más adecuado para ello el cuento. Destaca la atracción por lo decadente y el gusto por un estilo preciosista. Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga y Enrique Larreta

b) La novela de la tierra. Intento de abandono del modernismo. Fundamentada en los anhelos de encontrar una identidad nacional en los distintos países, se buscan las esencias de lo americano en el folklore y las costumbres tradicionales. El tema fundamental de estas novelas es el intento del hombre de dominar la naturaleza, siendo una lucha desigual (la debilidad del hombre, frente a la fortaleza de la naturaleza. Rómulo Gallegos.

c) La novela social. Las diferentes circunstancias históricas por las que pasaron los distintos países tuvieron su correlato literario en narraciones diversas que abordaban aquellos sucesos como tema o como marco argumental. Así, hay distintos tipos de novela social:

- «Novela de la Revolución mexicana». Los sucesos que en ella se produjeron inspiraron numerosas novelas de corte realista. Destacan autores como Mariano Azuela con Los de abajo (1915), novela considerada la precursora de la tendencia.

- «Novelas proletarias» (años 30). De orientación socialista y comunista en distintos países.

- «Novela indigenista», se plantean los problemas del colectivo indígena que, sin duda, soporta las peores condiciones de vida. Esta situación se denuncia en novelas como Raza de bronce (1919) de Alcides Arguedas [Bolivia], Huasipungo (1934) de Jorge Icaza [Ecuador], El mundo es ancho y ajeno (1941) de Ciro Alegría [Perú].

2. Renovación de la novela hispanoamericana a mediados de siglo

La tendencia iniciada de profundizar en lo peculiar americano a partir de los años 40 se acentúa; sin embargo, lo que cambia es la estética más o menos realista de las etapas anteriores, dándose una renovación y un enriquecimiento de importancia suma como resultado de la asimilación de técnicas narrativas de autores europeos de la primera mitad de siglo, junto con las vanguardias y a los profundos cambios sociales vividos por esos años en Hispanoamérica.

En lo que respeta al contenido, las novelas hispanoamericanas de los años 40-60 presentan diversas tendencias:

a) Narrativa metafísica. Bajo esta etiqueta se agrupa la obra de autores como Jorge Luis Borges (1899-1986) [Argentina] y José Lezama Lima [Cuba], bastante diferentes entre sí, pero sin embargo, mostrando una común preocupación por cuestiones trascendentes. En el caso de Borges, no se trata de un novelista, sino más bien de un autor de relatos breves y cuentos en los que se encuentran referencias de todo tipo (clásicas, literarias .. ), el uso de símbolos, el gusto por los juegos intelectuales ... Todo se resume como una concepción mágica y fantástica del mundo bajo una perspectiva metafísica e irónica. Algunas obras significativas son: Ficciones (1944), El Aleph (1949) o El libro de arena (1975). Por lo que respecta a Lezama Lima, su producción narrativa es poca, pero de gran notoriedad. Sus dos únicas obras son Paradiso (1966), con un lenguaje barroco nos expone algunos momentos de la vida del autor plagados de reflexiones metafísicas, y Oppiano Licario (1977)

b) Narrativa existencial. Las preocupaciones existenciales de la cultura occidental tienen un fiel reflejo en la producción noveIística de dos autores del medio siglo como son Juan Carlos Onetti (1909-1994) [Uruguay] y Ernesto Sábato (1911-) [Argentina]. En el caso de Onetti, se aprecia siempre en todas sus obras una concepción profundamente pesimista de la existencia humana, destacando obras como El astillero (1961) o Juntacadáveres (1964). Por lo que respecta a Sábato se aprecia una preocupación sobre los límites del conocimiento racional y el impacto del pensamiento científico en el hombre contemporáneo. Sus principales obras son El túnel (1948) o Sobre héroes y tumbas (1961).

c) Realismo mágico, lo real maravilloso, realismo fantástico. La novela hispanoamericana de la segunda mitad de siglo muestra como uno de sus rasgos más llamativos la ruptura con el realismo. Esta ruptura se manifiesta en las obras por medio de la aparición de elementos míticos, legendarios, mágicos, fantásticos...; pero, como las tramas siguen ofreciendo un aspecto básicamente verosímil se denominan estas obras como pertenecientes al «Realismo mágico». Esta técnica o tendencia se convierte por excelencia en la forma mediante la literatura hispanoamericana pretende encontrar una entidad propia:

América pasa a identificarse con una realidad mágica y maravillosa, muy distinta de la europea. Dentro de esta corriente podemos incluir los siguientes autores:

* Miguel Ángel Asturias (1899-1974) [Guatemala). En su obra conviven perfectamente la América maravillosa con la denuncia social y las vanguardias (surrealismo). Algunas novelas son: Leyendas de Guatemala (1930), su más afamada obra es El señor Presidente (1946), o su "Trilogía bananera" (1950-1960). Asturias fue Premio Nobe1 en 1967.

* Alejo Carpentier (1904-1980) [Cuba] es uno de los principales narradores en nuestra lengua de todos los tiempos, tanto por su prodigioso dominio de la lengua como por la constante renovación del panorama literario que suponen cada una de sus novelas. Es además uno de los principales teóricos de "lo real maravilloso", tal y como lo hace en su novela El reino de este mundo (1949). Su novela más conocida es Los pasos perdidos (1953) en la que presenta a un musicólogo que se introduce en la selva amazónica en busca de antiguos instrumentos indígenas, entrando en contacto con diferentes culturas, ritos, magias ... También lo es El siglo de las Luces ( 1962).

* Julio Cortázar (1914-1984) [Argentina). Se trata de otro de los grandes renovadores de la narrativa hispanoamericana, pero en sus textos aunque introduce lo real maravilloso siempre lo hará desde el distanciamiento europeo y con una clara influencia de la cultura francesa. Destaca sobre todo como cuentista (Bestiario, 1951; Las armas secretas, 1958; Historias de cronopios y de famas, 1962 ... )

* Augusto Roa Bastos (1917-2005)[Paraguay] Se centra en su país yen la cultura guaraní de modo recurrente, haciendo una reflexión de tipo social-político como estético¬metafísico Obras La guerra del Chaco (1932-35); Yo el Supremo (1974).

* Juan Rulfo (1918-1986) [Méjico). Representa su obra la culminación de la novela de la revolución mexicana. Pero la intensidad narrativa, la depuración estilística y su capacidad de penetración en lo humano hace que sobrepase aquella corriente y que se llegue a considerar la gran figura de la literatura hispanoamericana de todos los tiempos. Solamente dos son sus obras: El llano en llamas (1953) es un libro de relatos breves (16) que nos presentan un mundo cerrado y hostil en el que habitan unos personales solitarios. En esta obra pretende nos ofrece una honda meditación sobre temas humanos de alcance universal. Pedro Páramo (1955) Nos presenta un espacio mítico que es el ámbito fantasmal de la muerte. Una obra con una intemporalidad y una indefinición espacial que sirven para crear un universo en el que se cruzan los destinos de unos personajes avocados a la muerte. Dislocaciones temporales, fragmentación y reiteración de historias, tiempo circular, elipsis, concentración expresiva son algunos de sus rasgos estilísticos.

3. La novela hispanoamericana desde 1960

Durante los años 60 se produce la gran difusión internacional de la narrativa hispanoamericana. Se ha hablado por ello del «boom» de la novela hispanoamericana o de «nueva novela hispanoamericana». Pero, como hemos visto, la renovación profunda se había producido ya en las décadas anteriores: autores como Borges, Carpentier, Rulfo..., había abierto los horizontes por los que transitarán los nuevos escritores desde 1960. Este fenómeno de difusión estuvo muy ligado a intereses comerciales de editoriales francesas y españolas y no estuvo exento del rechazo por parte de algunos novelistas.

En estos años, no sólo aparecen nuevos escritores, sino que muchos de los que venían escribiendo desde antes continúan: Carpentier (Rayuela, 1963), Sábato (El siglo de las luces, 1962... ).

De modo general, se puede decir que las obras de los nuevos novelistas muestran la perfecta asimilación de las innovaciones técnicas producidas en la novela durante todo el siglo XX (Joyce, Kafka, Faulkner…) así como las de la tradición novelística hispana (Cervantes) e hispanoamericana.

Destacan los siguientes autores:

* Gabriel García Márquez (1928- ) [Colombia) Es el más conocido y difundido de los narradores hispanoamericanos, siempre compaginando su actividad periodística con la creación literaria. Sus principales notas son: una gran capacidad narrativa, la mezcla de lo real e imaginario, la fusión del mito y la Historia, Su primera obra es La hojarasca (1955), novela corta, desarrollada en el lugar imaginario de Macondo donde se dan conjuntamente lo mítico y lo histórico y donde transcurrirán otras de sus novelas como El coronel no tiene quien le escriba (1961), La mala hora (1962) Y la gran obra de G. Márquez Cien años de soledad (1967), novela que gira de forma obsesiva entre dos temas: el tiempo y la soledad. Otras obras son Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en tiempos del cólera (1985), Noticia de un secuestro (1996). Fue Premio Nobel de Literatura en 1982.

* Carlos Fuentes (1928- ) [Méjico]. Heredero directo de la novelística dedicada a la revolución mexicana, en sus obras busca la identidad mexicana, pero es un escritor esencialmente cosmopolita y de sólida formación cultural, siempre participando de las experiencias renovadoras de la novela. Sus obras más destacadas son La región más transparente (1958), La muerte de Artemio Cruz (1962), novela que revoluciona la narrativa de su momento dado que ofrece innovaciones como la pluralidad de puntos de vista, la dislocación temporal; Zona sagrada (1967), Gringo viejo (1985).

* Mario Vargas Llosa (1936- ) [Perú]. Ha sido un escritor exitoso desde sus primeras obras: Los jefes (1958) o La ciudad y los perros (1962) y son consideradas las precursoras del «boom» de la novela hispanoamericana. Vargas Llosa ofrece ya en ellas sus perfectas dotes de narrador manejando recursos variados e innovadores. Sus obras se caracterizan por una gran capacidad de fabulación, realismo mordaz y crítico y elementos autobiográficos. Otras obras son La casa verde (1966), Conversación en la Catedral (1969), Pantaleón y las visitadoras (1973), Lituma en los Andes (1993)... Ha logrado el Premio Nobel de Literatura en 2010.

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