Tema nuevos modelos narrativos a partir de la segunda mitad del siglo XX. Gabriel García Márquez






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fecha de publicación24.06.2015
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TEMA 7. Nuevos modelos narrativos a partir de la segunda mitad del siglo XX. Gabriel García Márquez


O. CONTEXTO SOCIO HISTORICO (PARA LOS TEMAS 7-8-10)

I. Hacia una novela social

II. La primera narrativa de la postguerra: los años 40 (repetido T-7 como introducción)

III. El realismo social: la novela entre 1950 y 1962

A. Los narradores de la Generación del medio siglo

IV. El llamado "boom" de la narrativa hispanoamericana


A. Algunas características

B. Autores

C. Después del ‘boom’

V. La novela española desde 1975 a la actualidad: rumbos plurales


A. Características principales de la narrativa última:

B. Clasificación
O. CONTEXTO SOCIO HISTORICO
Al finalizar la Guerra Civil española del siglo XX en 1939, intelectuales, militares y civiles de todo tipo que se haban comprometido con la causa republicana tuvieron que refugiarse de la revancha del Ejército de Rebeldes Insurgentes y emigrar a los diversos países que los acogieron: México, (gracias al apoyo del presidente Lázaro Cárdenas -más de quinientos médicos fueron a parar a México) Chile, Argentina, Cuba, que se benefició de un elenco intelectual y artístico formado en su mayor parte por las instituciones derivadas de la República. También la URSS, Francia y los Estados Unidos. Esta fuga de cerebros empobreció la vida cultural de la posguerra española

Más de medio millón de personas fueron internadas en los campos de concentración que el gobierno Daladier francés habilitó. Algunos se vieron inmersos como combatientes en la 2ª Guerra Mundial. España permanece al margen de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

El país está destrozado: el malestar y la angustia serán las notas predominantes en este período. La influencia de la censura produce que los escritores se autocensuren. Obsesión por los temas religiosos.

Miembros de las generaciones del 14 y del 27 y de las Vanguardias emigraron en su mayoría. Lo llamaron trastierro o destierro. Novelistas como Max Aub, Ramón J. Sender, Francisco Ayala, Arturo Barea, Manuel Andújar, Manuel Azaña… poetas como Alberti, Salinas, Cernuda, Juan Ramón Jiménez, Prados, Altolaguirre, Gil-Albert... y otros muchos intelectuales abandonaron España

1953 España y los Estados Unidos firman un acuerdo de cooperación proporcionando el establecimiento de bases militares y en 1955 el acuerdo entre los Estados Unidos y la Unión Soviética permite a España entrar en las Naciones Unidas con otras quince naciones. Las elecciones del 15 de junio de 1977 marcan un proceso que crea una nueva legitimidad democrática; se declaran como lenguas co-oficiales el catalán, vasco y gallego.

La República mantuvo su gobierno en el exilio como símbolo de la vigencia y de la resistencia de un régimen democrático expulsado por los rebeldes insurgentes. Tras la muerte de Franco y tras la aprobación de la Constitución Española en 1977, el gobierno de la República se autodisolvió.

I. Hacia una novela social


Durante los años treinta, el panorama político y social se ensombrece no sólo en España sino en toda Europa, en especial a causa de las nuevas ideologías populares que limitan con el fascismo y que darán lugar, en especial en Alemania, Italia y España a nuevas pautas de conducta. Todo ello desemboca en la 2ª Guerra Mundial y en unos nuevos postulados (nazismo, antisemitismo, racismo...) que hicieron de esta época una de las más crueles de la Historia.

En España, el advenimiento de la 2ª República en 1931 y la Guerra Civil de 1936 son hitos que, en la literatura, provocan un tipo de narraciones ancladas en los problemas sociales de las clases bajas. De ahí arranca Ramón J. Sender, narrador de la llamada Primera Generación de Postguerra (junto a Cela, Gironella o Delibes). Su más famosa novela es Réquiem por un campesino español (1960), que trata sin prejuicios un tema de la guerra española -la existencia de un cura atormentado por no haberse atrevido a ayudar a un campesino al que acaban fusilando por su ideología-.

II. La primera narrativa de la postguerra: los años 40 (repetido T-7 como introducción)


Con el encapsulamiento de la nación en las primeras horas del franquismo, se produce una desorientación cultural a la que contribuye la función de la censura y el miedo a posibles represalias ante la falta de libertad de expresión. En este ambiente surge como primer aldabonazo La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, novela insólita para la época por lo bronco del lenguaje y la presentación de situaciones crudas en unos personajes de una elementalidad difícil de aceptar sin sentir estupor. Es lo que se ha dado en llamar el tremendismo. Fue esta obra el arranque que animó a la narrativa española a bucear en el análisis de la sociedad española, tal como vemos en Nada (1944), de Carmen Laforet, la historia de una joven barcelonesa que no encuentra en la mediocridad del ambiente un aliciente para vivir. Destacan estos autores y estas obras de la primera generación de postguerra (Cela, Laforet, Sender, Delibes, Gironella...) por unirse en mayor o menor medida a las corrientes existenciales de estos años, así como por su tono de angustia o de denuncia contenida y por aparecer personajes desorientados, marcados por un fuerte individualismo.

III. El realismo social: la novela entre 1950 y 1962


Es de nuevo Cela quien, con La colmena (1951), sienta las bases de una narrativa donde el protagonista individual deja paso a un protagonista colectivo: la propia sociedad de la época, diluida en una multiplicidad de personajes -296 en total- que desfilan, entran y salen en los distintos espacios por los que transcurre la narración. Se la ha definido como una novela cuyos rasgos definitorios serían la concentración del tiempo, la reducción del espacio, una geografía urbana, una ausencia de argumento y un protagonista colectivo. Parecidos objetivos tiene La noria, de Luis Romero, así como las novelas de Delibes de esta época (El camino, Las ratas, La hoja roja), verdaderos retratos sociales de la España de provincias y rural, no exentas de ternura pero tampoco de una visión crítica.

En todo caso, este realismo social tiende por una parte al objetivismo (Sánchez Ferlosio, El Jarama), donde el autor tiende a desaparacer, convertido ya en simple espectador, observador neutral de los hechos; por otra parte, el realismo de la narrativa puede ser crítico, un realismo de denuncia y de compromiso del autor (engagé, como se decía) con las injusticias de la época.

A. Los narradores de la Generación del medio siglo


A mediados de los años cincuenta surge una generación de narradores -coetánea de otra de poetas-, a la que también se denomina "los niños de la guerra", por haber vivido ésta en la infancia. Se caracterizan por abrirse a fórmulas y esquemas narrativos alejados de la novela tradicional española, así como por tratar los temas sin prejuicios ni cortapisas. Su lenguaje y la estructura de sus obras es de una elevadísima calidad, así como un peculiar tratamiento del realismo. Estos autores son Rafael Sánchez Ferlosio, que abre nuevos caminos para un objetivismo narrativo, y autor de Alfanhuí, novela fantástica que trata de la iniciación a la vida de un niño; Juan Benet (Volverás a Región), Carmen Martín Gaite, que cultiva el intimismo y una delicada visión de los personajes en Entre visillos, Juan Marsé, Ignacio Aldecoa o Juan Goytisolo, que renuevan el panorama narrativo de esos años, más alejado de los fantasmas de la guerra civil.

Luis Martín Santos escribe Tiempo de silencio, narración en forma de parábola paródica sobre un "viaje" hecho por los dos protagonistas (a la manera de Quijote y Sancho) por el Madrid de esos años. Tanto el lenguaje, lleno de neologismos, alusiones cómicas, extranjerismos y recursos que recuerdan en ocasiones al Valle Inclán más distorsionador y expresionista, como la propia estructura de la obra se consideraron pronto como un reto en favor de la ruptura con los cánones tradicionales. La importancia de esta novela es similar a la de Pascual Duarte o a la de La colmena en los años anteriores.

IV. El llamado "boom" de la narrativa hispanoamericana


Se conoce así al espléndido desarrollo que a partir de 1960 conoce la nueva narrativa hispanoamericana, que acaba por influir decisivamente en los narradores españoles de ese momento. Es ya con narradores anteriores como Miguel Angel Asturias (Señor Presidente) cuando comienza a cultivarse eso que se dio en llamar "lo maravilloso real", precedente del realismo mágico que define la obra de autores posteriores como García Márquez, Julio Cortázar, Alejo Carpentier o el propio Borges, y que se refiere a esa necesidad de aliar la fantasía y la realidad para explicar el mundo hispanoamericano, con sus violentos contrastes entre la selva y lo urbano, lo mítico y la modernidad, la historia y la leyenda, de la magia, de la poesía....

Se trataba de un fenómeno editorial en que tienen responsabilidad editores y editoriales como Barral y Seix-Barral en Barcelona; Gallimard, a través de la colección "Croix du Sud" en París -desde donde la novela hispanoamericana se vuelca hacia el mundo de la vanguardia europea- y también de editoriales americanas, como Sudamericana y Losada (Buenos Aires), Monte Avila (Caracas), Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Joaquín Mortiz y Era (México)...

En 1962, el joven escritor peruano Mario Vargas Llosa publica La ciudad y los perros, una de las primeras grandes obras del "boom". Y en 1967 llegaría la consolidación de la narrativa hispanoamericana con Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Ambas obras participan de las mismas características de las de otros autores de Hispanoamérica como el gran Borges, Juan Rulfo (Pedro Páramo donde realidad y fantasía se mezclan para mostrar un mundo onírico y alucinado pero a la vez dominado por las preocupaciones obsesivas de la realidad histórica del México contemporáneo. Es el modelo más acabado de realismo fantástico), Ernesto Sábato (El túnel)... Todas ellas responden a una voluntad de renovación de la novela realista mediante técnicas narrativas fundadas en la narrativa extranjera (Kafka, Proust, Faulkner), en un lenguaje de recursos cinematográficos y en una especial combinación entre lo real y lo fantástico, o tomados del lenguaje surrealista, cuyos hallazgos lingüísticos se emplean para expresar lo maravilloso. Desorden cronológico, cambios de punto de vista, alternancia de diálogo y monólogo interior, empleo del lenguaje popular como elemento poético

El "boom no tiene carácter generacional. Lo llenan escritores de diversas edades y países, y frecuentemente con escasa relación entre ellos.

A. Algunas características

1. Preocupación por el desarrollo de las estructuras narrativas, lo que exige un lector extraordinariamente activo, dispuesto a organizar una materia narrativa que se le entrega de forma muy compleja.

2. Experimentación lingüística, con diversas causas y efectos. P. ej. búsqueda de una identidad cultural en García Márquez, descripción extremadamente precisa en Carpentier...

3. Insistencia en el derecho del autor a crear ficciones, por lo que con frecuencia se plantea la propia creación literaria como tema.

4. Importancia de lo histórico-social. Por ello frecuente exploración de la realidad próxima y compleja.

5. Alternancia entre la novela épica de gran aliento y por el contrario obras extremadamente intimistas.

6. Rechazo de la moral burguesa y de ciertos comportamientos. Frecuentemente ligado a este tema aparecen novelas de maduración de jóvenes o adolescentes enfrentados a sus modelos dominantes.

7. Tendencia a unir diferentes géneros literarios bajo la forma de la novela..

8. Gran variedad de fórmulas narrativas. Es frecuente la ruptura de la línea argumental y el descoyuntamiento de la narración lineal para constituir a veces verdaderos rompecabezas temporales; el uso de técnicas de contrapunto; la combinación o superposición de personas narrativas y puntos de vista; el empleo del monólogo interior...

Todo este proceso de renovación de la novela hispanoamericana, lejos de convertirse en un puro experimentalismo estetizante se pone al servicio de una literatura revolucionaria, muy comprometida con la realidad de una tierra sometida a violentos y traumáticos procesos históricos. De ahí la novedad que supone una novela muy equilibrada entre lo estético y la denuncia histórica, que ha servido de modelo a buena parte de la novela contemporánea no solo en Europa, sino también en otros ámbitos. [Como ejemplos E1 tambor de hojalata de Günter Grass (Alemania).

B. Autores

  • Ernesto Sábato (argentino) primero científico y luego ensayista y escritor, ha cultivado una novela donde se interpolan largos fragmentos que son verdaderos ensayos. De carácter fuertemente simbólico, sus novelas reflejan temas como la locura, la incomunicación y el malestar existencial. El túnel, sobre la base de un crimen pasional muestra esos problemas de la angustia vital y su dramática y destructiva combinación con el amor.

  • Julio Cortázar (argentino-francés) Cuentos donde el elemento fantástico surge con absoluta naturalidad y se mezcla impasiblemente con la vida cotidiana. El perseguidor, Todos los fuegos, el fuego, Octaedro... Estructura perfecta y minuciosamente calculada, el lenguaje y significado, la aparición del mundo real los aproxima a otras preocupaciones más inmediatas Dado al experimentalismo, y así cultivó el "libro objeto", una especie de "collage" con mezcla indisoluble de textos narrativos y poéticos y elementos pictóricos, fotografías y tipográficos para expresar una realidad compleja, como en Último Round y La vuelta al día en ochenta mundos. Su máxima novela es Rayuela, una obra compleja que

  1. permite y propone al lector varios modos diferentes de seguir la lectura;

  2. posee una gran complejidad estilística;

  3. incluye textos no novelescos, que van desde el ensayo hasta la crónica de sucesos;

  4. muestra personajes desarrraigados a la búsqueda de una verdadera personalidad;

  5. La búsqueda se efectúa en lugares como París y Buenos Aires, representando realidades diferentes y formas distintas de entender la vida;

  6. Hay un constante uso del humor.

  • Carlos Fuentes (mexicano) de sólida cultura influida por su formación norteamericana, es un crítico de la burguesía y del sistema político de su país, a la vez que se propone un proceso de renovación del lenguaje narrativo. La región más transparente describe la vida urbana de México D.F. La muerte de Artemio Cruz reconstruye la vida de un cacique rural mexicano y su mundo de dominio y violencia (con una técnica debida a Faulkner destaca por su uso riguroso del relato en segunda persona). Relatos Cantar de Ciegos...

  • Gabriel García Márquez es el más influyente de los autores del "boom", especialmente desde que le fuera concedido el Premio Nobel. Sus primeras novelas cortas tanteaban ya en la búsqueda de la unión de lo real y lo fantástico y en la formación de un peculiar mundo imaginario, al modo de Faulkner. Así aparecen novelas cortas como La hojarasca; El coronel no tiene quien le escriba; La mala hora; Los funerales de la Mama Grande... Todos ellos crean el mundo fantástico de Macondo, y suponen por tanto un aprendizaje para escribir Cien años de soledad, la novela que marcó el surgimiento del "boom"y supuso todo un fenómeno en las literaturas hispánicas (y tal vez en la literatura mundial). La obra es a la vez una síntesis de la historia de un poblado fantástico, Macondo -íntimamente unida a la familia de los Buendía- , que representa metafóricamente la historia de América Latina, y de la Humanidad en general, con los riesgos que la acosan: los más elementales problemas humanos, amorosos, incesto..., los problemas sociales, explotación, guerras... pero todo ello aparece representado en la novela por elementos fantásticos, fuerzas naturales insólitas, y en resumidas cuentas elementos maravillosos, que dan a la novela una textura peculiar entre el realismo y lo fantástico, acentuada por la mezcla de elementos trágicos, cómicos y extrañamente grotescos.

Una técnica semejante se empleó al servicio de la "novela de dictador" en El otoño del patriarca, con un fantástico dictador que quiere ser el símbolo de todos los déspotas americanos y de su fantástico y peculiar modo de ejercer el poder. Crónica de una muerte anunciada es una magistral novela corta que reproduce minuciosamente un crimen pasional del mundo rural de la infancia del autor, explorando minuciosamente los hechos, sus motivaciones, el estilo de vida que da lugar a ellos, las pasiones humanas que lo desencadenan... pero a través de una técnica rigurosísima de documentación, y luego de descomposición temporal y de análisis pormenorizado de los hechos, que presta un peculiar "suspense" a unos hechos cuyo desenlace se conoce desde el principio.

  • Mario Vargas Llosa (Perú....) alcanzó fama desde su primera novela La ciudad y los perros, crónica y crítica de la formación en una escuela militar al servicio de la burguesía limeña. Novela muy compleja en lo formal superponiendo acciones, personajes y tiempos y empleando sistemáticamente el monólogo interior. Igualmente compleja y con un mundo rural aún más violento, La Casa verde. Conversación en "La Catedral" es un larguísimo diálogo en que se evoca el Perú de la juventud del autor para hacer una profunda crítica política. La complejidad técnica ha disminuido, pero la superposición de diálogos diferentes hace la novela de difícil lectura. Más reciente es la explosiva Pantaleón y las visitadoras, hilarante crónica de la adscripción al ejército peruano de un grupo de prostitutas. Destaca sobre todo por el uso de documentación y materiales narrativos en estado bruto como oficios internos del ejército; el contraste entre su lenguaje y la realidad lleva al límite el absurdo y la hipocresía. Más reciente aún, La Guerra del fin del mundo es una recreación alucinada de las guerras internas latinoamericanas.

C. Después del ‘boom’

El boom dejó en años posteriores un terreno favorable en editoriales y público para la multiplicación de autores y títulos. La avalancha de producción fue enorme y sólo el tiempo fue capaz de separar el grano de la paja. El gran prestigio de los consagrados (Márquez, Fuentes, Cortázar, etc.) movió a un público,  ávido de novedades, que exigía descubrir talentos a cada instante, a un consumo de novela sin excesiva exigencia de calidad estética. Por otro lado las editoriales aprovecharon el filón y acudían al constante lanzamiento de novelas. Fue la resaca del boom. Los autores se hallaban ante una disyuntiva: por un lado debían abrir nuevos rumbos narrativos, superar a los maestros, ser originales; pero por otro, debían aprovechar las aportaciones de los grandes en sintonía con un público que deseaba encontrar en ellos la fascinación e interés que los primeros habían sido capaces de despertar. En algo estaban todos de acuerdo y era en la importancia de los aspectos formales y sobre todo lingüísticos de la narración. Por lo demás dos corrientes simplifican el complejo panorama de la novela de los años setenta y ochenta:

1. El autor asume su papel de comunicador en una sociedad regida por los mass media, desplaza su producto estético (la novela) de un punto central y privilegiado y lo sitúa al mismo nivel que otras comunicaciones, como el cine, la televisión, el cómic, el pop, lo camp o el kitsch, de cuyos lenguajes y técnicas se aprovecha. En esta corriente se inscriben la narrativa de Manuel Puig, las últimas novelas de Vargas Llosa...

2. Otros, en trayectoria opuesta, sacralizan el arte y sitúan la novela en un lugar privilegiado, sólo accesible a los iniciados; su elitismo les lleva a una escritura hermética, para minorías.

V. La novela española desde 1975 a la actualidad: rumbos plurales


Tras la muerte de Franco, un nuevo contexto sociopolítico viene a variar los fenómenos culturales de España. La narrativa pasa a cultivarse en multitud de tendencias, estilos y registros. Progresivo auge que se manifiesta en la amplia producción y edición de novelas y relatos cortos ( significativa recuperación), con el consiguiente aumento de las colecciones dedicadas a la narrativa, traducciones de textos españoles a otras lenguas y proliferación de títulos, premios, reseñas, suplementos, revistas, etc. Las características que se presentan constituyen tan sólo puntos de referencia, dado que, si hay algo que define a la nueva novela, es precisamente la falta de unos criterios universales.

A. Características principales de la narrativa última:

  1. Sin renunciar por completo a la renovación formal, tiende a utilizar recursos más tradicionales.

  2. No tiene ya como objetivo preferente la búsqueda o la experimentación, sino que prefiere la vuelta al placer de contar: retorno a la fábula

  3. Quedan lejos ya las intenciones políticas o sociales o cualquier finalidad didáctica o ideológica.

  4. Ausencia de maestros, pese a que no falten influencias concretas reseñables.

  5. Coexisten temas, motivos, estilos y maneras de contar muy diversos entre sí.

  6. Coexisten los tonos humorísticos, lúdicos o irónicos, junto a los aires nostálgicos o líricos en novelas de fuerte carácter intimista; los tratamientos culturalistas, exquisitos o refinados; el empleo libre y sin trabas de la fantasía. No es frecuente el realismo minucioso.

  7. Los grandes personajes han sido sustituidos por seres perdidos, desvalidos e inseguros: es el antihéroe.

En cuanto al lenguaje, se advierte una notable preocupación formal que muchas veces deriva en un barroquismo o en un amaneramiento de la prosa, pero que, por lo general, revela la sensibilidad y la preparación cultural y literaria de los narradores jóvenes y su esfuerzo por lograr un estilo personal y de calidad. No es raro que muchas de las novelas de los jóvenes autores constituyan auténticos ejercicios de virtuosismo lingüístico.

La estructura narrativa se ha hecho más ligera, variada y dinámica como consecuencia del experimentalismo de los sesenta y setenta, pero también ha tendido al empleo de formas sencillas, no demasiado alejadas de las tradicionales: por lo general, se prescinde de disposiciones del texto que resulten trabajosas para el lector.

B. Una posible clasificación

Aunque no es posible proceder a una clasificación mínimamente rigurosa, se sugiere el siguiente esbozo de clasificación que atiende a los motivos temáticos y formales dominantes:

  1. Novela negra o de carácter policíaco, sobre la que han ejercido notable influencia los narradores de la generación inmediatamente anterior, como Eduardo Mendoza (La verdad sobre el caso Savolta) y Manuel Vázquez Montalbán (la serie de novelas protagonizadas por el detective Carvalho, por ejemplo), y a la que puede adscribirse la producción de Juan Madrid, Andréu Martín, Arturo Pérez Reverte, Antonio Muñoz Molina (El invierno en Lisboa; Beltenebros), etc.

  2. Novela histórica, en sentido extenso. Esta tendencia venía desarrollándose desde años atrás y a ella no han sido ajenos algunos novelistas de las generaciones precedentes: Gonzalo Torrente Ballester (Los gozos y las sombras), Eduardo Mendoza (La ciudad de los prodigios), Jesús Femández Santos (Extramuros), etc. Han proliferado últimamente los escritores sobre cuestiones históricas como Juan Eslava Galán (En busca del unicornio), Arturo Pérez-Reverte (El maestro de esgrima), Antonio Muñoz Molina (Beatus ille, El jinete polaco), Julio Llamazares (Luna de lobos), Lourdes Ortiz (Urraca), Rosa Regás (El gran azul), etc.

  3. Novela culturalista. Esta tendencia es patente en diversas manifestaciones de la creación artística a partir de los novísimos y el grupo de poetas que comenzaron a escribir en torno al año 70. Uno de ellos, Antonio Colinas, (Un año en el Sur y Larga carta a Francesca) son verdaderos paradigmas de la corriente culturalista que como tendencia es heterogéneo: en ocasiones evoca ambientes de épocas pasadas, y se confunde con la novela histórica; describe con minuciosidad ambientes exquisitos atemporales o presentes, pero vinculados a la creación estética; recrea motivos literarios, legendarios o mitológicos. pero, sobre todo, elige como motivo la reflexión acerca del proceso creativo. Gustavo Martín Garzo (El lenguaje de las fuentes)… Podrían adscribirse al grupo algunas novelas de Álvaro Pombo, Jesús Ferrero -cuya narrativa, al menos durante su primera etapa, está marcada por gustos exóticos (Bélver Yin, Opium)-, Javier Marías (Todas las almas)

  4. Novela intimista. de personaje y de introspección psicológica: Aunque no es fácil deslindar esta categoría, pueden considerarse en este apartado aquellas novelas que de manera directa o metafórica recojan un intento de ahondar en las raíces de la propia personalidad que se presenta casi siempre como desasistida y frustrada. En algunos autores es perceptible un profundo lirismo presente en la historia misma o en su expresión formal y literaria, como ocurre con Julio Llamazares (La lluvia amarilla), Adelaida García Morales (El sur); Luis Landero (Juegos de la edad tardía en otros, la historia aparece tamizada por la ironía, el sarcasmo o, simplemente por la actitud de desesperanza o desidia, como en Juan José Millás (El desorden de tu nombre) y Soledad Puértolas (……………..).Álvaro Pombo (El metro de platino iridiado (1990)

  5. Novela experimental. El retroceso del experimentalismo que caracterizó al período anterior no ha impedido ni la presencia minoritaria de una corriente experimental entre los narradores jóvenes, ni sobre todo, la asimilación de una renovación formal presente en muchos de los novelistas jóvenes. Por lo demás, el experimentalismo se ha prolongado en la narrativa de autores más veteranos como Luis Goytisolo (Reivindicación del Conde don Julian).

  6. La metanovela: cuenta una historia y el proceso seguido en la elaboración de la misma (La orilla oscura (1985) de José Mª Merino), o reflexionan sobre sí misma en el diálogo de los personajes. Una síntesis de estas posibilidades se ve en El desorden de tu nombre (1988) de Juan José Millás.

  7. El relato de aprendizaje y el memorialismo narrativo, es decir, nos cuentan el proceso de formación o una autobiografía verídica o ficticia (Corazón tan blanco (1992) de Javier Marías).

Esta multiplicidad es la característica principal de la literatura española hasta hoy: la convivencia de grandes líneas que no se estorban entre sí, desde la novela policíaca o de ciencia ficción al relato lírico de Gustavo Martín Garzo, pasando por la mezcla de géneros y registros de Vila-Matas, el realismo tradicional de los LEONESES Luis Mateo Díez, Antonio Pereira, maestros en la creación de un mundo sugestivo en sus relatos de suave ironía y lenguaje exquisito. Bernardo Atxaga (Obabakoak) en diferentes claves narrativas mantienen viva la novela de finales de siglo en lengua española, sin olvidar figuras de la narrativa actual hispanoamericana, sucesores de los escritores del “boom” como Roberto Bolaños (Los detectives salvajes), prematuramente desaparecido, que renovó el acento del género en sus novelas.





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