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BOLETÍN

DE LA
ACADEMIA ARGENTINA

DE LETRAS
TOMO LXXVII, enero-abril de 2012, N.os 319-320

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BUENOS AIRES

2012

EL ESPAÑOL ADVENIENTE: ¿NEUTRO?, ¿GENERAL?

¿GLOCAL? ¿INTERNACIONAL?1
Pedro Luis Barcia
Quizá, inicialmente, convenga hacer una explicación de uno de los términos del título de esta exposición: “adveniente”. Es un neto latinismo, proveniente del verbo advenire. y que genera su adjetivo adveniens. Como se sabe, hay tres dimensiones respecto de lo futuro en relación con lo humano. Lo futuro, propiamente dicho, que es incognoscible para el hombre, a quien le está vedado el penetrar en esa dimensión temporal. Por esta jibris (hybris) fue castigado el bueno de Edipo. Lo porvenir es aquella franja o tierra de la dimensión futura próxima a nosotros, pero que tampoco podemos conocer. En tanto que lo adveniente es aquella avanzada del futuro que se nos está anticipando a través de señales, de atisbos, de insinuaciones, que podemos leer si somos buenos semiólogos. Estas señales anticipatorias son como los síntomas para el médico clínico. Dice la Escritura: “Cuando veas que la higuera echa brotes, está cerca el verano”. Tan simple como eso. Lo que aquí estimaré, sin necesidad de asumir actitud profética, es el conjunto de signos de los tiempos que anticipan lo que vendrá, pero que ya está avanzando en nuestro presente. Por ejemplo, es un rasgo de lo adveniente el crecimiento incesante de la lengua española en el seno de Norteamérica. Este pasado mes de noviembre alcanzó los 50 millones de hablantes. Por eso, hace unos años decíamos que para comienzos del siglo xxi sería el segundo país hispanohablante, después de México. Ya lo es.

También es anticipación adveniente el señalar los efectos del poder unificador de la televisión respecto de rasgos regionales del idioma2.

Con el tiempo, es posible que desparezcan las tonadas, o tonillos, como dicen los españoles, que diferencias las distintas regiones fonéticas interiores de nuestro país (Córdoba, La Rioja, Santiago del Estero, Corrientes, etc.), arrasadas por el modelo impositivo de la televisión porteña3.

Basados en esta fuerza igualadora que parece unificar la lengua, en todos sus campos, nos hemos aplicado a obras de materia argentina neta: el Diccionario de argentinismos del siglo xix, el Diccionario de fraseología del habla argentina4, los muchos tomitos de la colección “La Academia y la lengua del Pueblo”, con léxicos especiales, algunos de oficios que van desapareciendo, como el de las teleras o el de los fabricantes de toneles para vino5. Y los que aparecerán en el transcurso de este año: Refranero argentino; Diccionario de argentinismos netos; Diccionario de indigenismos de uso en la Argentina6 y el mencionado Las tonadas argentinas. Es factible que sobre mucha de esta materia debamos dejar correr una furtiva lágrima filológica por su condición de obsolescente. Entre tanto, previsores, las colectamos y ofrecemos para el conocimiento de las actuales y las futuras generaciones7.

El Tercer Congreso Internacional de la Lengua Española, realizado en noviembre 2004, en nuestro país, tuvo como lema: “Identidad y Globalización”. Esta tensión polar entre los elementos del enunciado es uno de los ejes de la discusión que subyace en esta cuestión disputada que hoy comentaré aquí8.

En la nominación de este fenómeno de expansiones mundiales de diverso orden, ganó el anglicismo de base (global) que generó el vocablo “globalización”, por sobre el mucho más antiguo galicismo mondialisation, ya propuesto en la década de 1940. Esto ya preanuncia la dirección que la realidad tomaría en el campo de las expansiones lingüísticas: un predominio franco de lo inglés.

El hombre es una creatura globalizadora en dos dimensiones: tiende a dar sentido general a las cuestiones que se plantea y se mueve por una apetencia de expansión universal de diversas índoles: política, económica, cultural. Y ello se refleja en la lengua. Piénsese, por ejemplo, de qué manera, cuando Alejandro Magno dilata su poder político sobre el vasto campo de la Hélade, adopta una lengua común para toda esa dimensión política: la coiné9, integradora de la variedad de dialectos griegos que convivían en los territorios conquistados. A la distancia, en otro contexto, pero con igual recurso, será el caso del Imperio Inca que, al expandirse hacia el norte y sur de Tahuantisuyo, adoptó el quechua como lingua franca para dar unidad a las lenguas diversas de los pueblos sojuzgados.

Los estoicos inventaron el término con que se definían: cosmopolita, ‘habitante del mundo’. Pero no pensaron en una “cosmoglosa”, una lengua universal que fuera el instrumento de comunicación adecuado. Pero si ellos no lo hicieron, las generaciones siguientes se atarearán en ello.

De igual, pero de más vasta manera, el español se expandirá en territorio americano en los siglos xvi y xvii. El siglo xviii será la hora del francés, y el xix, la del inglés, que desde entonces hasta hoy, ha mantenido su posición delantera con marcada ventaja10.

El proceso globalizador, iniciado en el xvii y entronizado por la Modernidad, en el xviii, con el sueño de la universalidad, se fue instalando en el mundo y alcanzando, gradualmente, todos los ángulos y aspectos de la realidad. Las lenguas no podían escapar a esta proyección.

Respecto de lo que podríamos llamar “globalización lingüística”, cabrían varias acepciones. Atendamos a una primera distinción entre “lengua universal” y “lengua universalizada”.

La designación de “lengua universal” correspondería a las lenguas artificiales de propuesta mundial, o panglosas. Esta ha sido una tentación obsesiva de los hombres que, a lo largo de la cultura occidental han insistido en invertir el efecto del castigo bíblico por el proyecto humano de la Torre de Babel, retornando a una lengua común universal. Umberto Eco, en el libro que destinó al tema11, catalogó más de doscientos intentos, tales como el solresol, lingualumina, el spokil, el volapük, con una anticipo notable de un alfabeto fonético universal, el vola alfab, o el esperanto, que es la lengua artificial que mayor acogida ha recibido, y cuya propuesta renace, de vez en cuando, en el seno de la ONU12.

La segunda situación sería la de una “lengua universalizada”, es decir, el caso de una lengua real, natural, existente, que alcanza dimensiones mundiales de expansión. Claramente es el ejemplo del inglés, cuya extensión se ha ido afirmando hasta ser la lengua más usada en nuestro siglo en el universo mundo, con exitosa difusión. Radica en esa lengua una libido principiandi, una apetencia de gobierno, de poder, que le ha abierto los caminos. Pero ello va asociado a dos factores: el prestigio y la propaganda, de sentido económico y político que, articulados, han logrado ese efecto universalizante13.

El idioma inglés va asociado, además, para robustecer esta presencia, a lo que con desajuste designativo se nomina “cultura global”. En verdad, esta criatura no existe. Una “cultura global” sería la síntesis de la esencia de todas las culturas del mundo. Y de lo que se trata, en el caso presente, es de una “cultura globalizada”: la norteamericana, que constituye una suerte de supercultura que, sobre la base de la lengua inglesa, integra cine, música, dibujos animados, series televisivas, ropa deportiva, comida rápida, etc., elementos que constituyen un fuerte conjunto impuesto por las dos vías señaladas: el prestigio y la propaganda14. El inglés es hoy la más internacional de las lenguas vivas, con una auténtica proyección mundial y con un notable poder penetrativo.

Las dos lenguas con mayor cantidad de hablantes del mundo –el hindi y el chino– no se proyectan más allá de sus territorios. En cambio, hay otras dos que tienen y han consolidado una potencia dinámica de expansión, ganando hablantes año a año, que son el inglés y el español. Al español, varios pasos atrás, no le disgustaría competir por ese primer puesto de lengua más universalizada. Secretamente abriga esa promoción en un horizonte de competencia con el inglés, y hasta algunos augures fáciles señalan que hacia mitad de este siglo nuestra lengua alcanzaría la vanguardia.

Cabe señalar que en el campo de Internet, el primer puesto lo mantiene el inglés, y el español va cuarto, luego del chino y el japonés15.

El español es lengua materna en 21 países. Se puede recorrer todo el continente americano, desde Tierra del Fuego a Canadá hablando español16. Cosa que no pueden hacer, por ejemplo, el alemán o el francés.

Las profecías de la fragmentación del español en varias lenguas, a semejanza del latín medieval en lenguas romances, que hicieron varios lingüistas, entre otros Rufino José Cuervo, no se cumplió. Ya en 1911, Menéndez Pidal afirmaba que los medios de comunicación asegurarían la unidad del español, y, por entonces, apenas se contaba con la prensa17. Pero lo que se ha ido verificando es una creciente unidad del español.

Pero más allá de los dos usos señalados para la expresión “globalización lingüística”, hay otra situación en la que se habla también, análogamente, al aplicar el término y sería la búsqueda de una modalidad del español, en el seno de esa lengua, que tenga carácter internacional. Esto se denominaría la “internacionalización del español”. El español internacional es una modalidad de esta lengua que va adquiriendo relevante expansión. Se trata de un estándar en desarrollo.

A lo largo de casi cinco siglos, España fue el Greenwich lingüístico para el español. Y los hispanohablantes respetaron esa rica historia y autoridad natural. Pero, hoy, de cada diez hablantes de español, nueve son hispanoamericanos. Es obvio que el peso idiomático lo lleva Hispanoamérica, y que la norma peninsular no cuenta para la mayoría de la comunidad hispanoahablante.

Desde hace algo más de una década, revigorizada la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) con la capitanía equilibrada de España, ha dado pasos notables hacia una política lingüística panhispánica de notables efectos y trascendencia. Bastaría recordar que en esta década se han editado dos de los tres grandes códigos de la lengua española: la Nueva gramática de la lengua española (NGLE, 2009) y la Ortografía de la lengua española (OLE, 2010), con sus versiones manual y básica. Se trabaja actualmente, y saldrá en 2013, en la nueva versión del Diccionario de la lengua española, mal llamado hasta hoy DRAE, sigla que señala como fruto de la autoría la de la Real Academia de la Lengua Española, cuando es producto de la contribución de todas las academias que venimos trabajando en él. Este trío de obras refuerzan una norma lingüística panhispánica.

A estas obras se les anticipó el Diccionario panhispánico de dudas (DPD, 2005), la primera obra trabajada realmente por las 21 academias de la lengua, con verdadero criterio panhispánico18. El DPD se constituyó en uno de los instrumentos de la lengua más eficientes y con mayores aportes a la homogeneidad del español, lengua que de por sí es muy homogénea19. El DPD ha hecho innecesarios los libros de estilo de los medios –que proliferaron en la década 1980-1990–, en lo que hace a su parte lingüística. En Madrid, en 2004, se estableció un acuerdo con los medios orales y escritos más importantes de España y América para adoptar el DPD como referencia básica. Importante hito en la unidad de la lengua, asistida por los medios.

La comunidad panhispánica20 está constituida por nueve regiones lingüísticas21. Ello supone que no puede aplicarse en todas las cuestiones un criterio único porque no se trata de una norma monocéntrica sino policéntrica, si tenemos en cuenta las grandes capitales de Hispanoamérica, Buenos Aires, Santiago, Bogotá, México, etc. No obstante, se mantiene un gran porcentaje de unidad y homogeneidad22.

Denominaciones
Estos intentos y logros de búsqueda de una modalidad del español superadora de las variantes regionales, ha recibido distintos nombres y designaciones. Voy a considerar cada una de estas denominaciones.

Dejemos de lado la oposición español-castellano23; español de España y español de América, que, por lo demás, no suponen una sola variedad en cada caso.

1. Español latino opuesto a español castellano es una designación fallida. No hay otro español posible que el latino. No existe el español sajón o español germánico. Ahora, si lo de “latino” quiere abreviar “latinoamericano”, también es erróneo, porque confunde “latinoamericano” con “hispanoamericano”. Latinoamérica comprende todos los países que hablan lenguas provenientes del latín. Es decir: los que hablan español, más Haití, la Guayana Francesa y el sector francófono de Canadá, que hablan francés, más Brasil, que habla portugués. Todas lenguas neolatinas. Hispanoamérica solo comprende las naciones que hablan español. E Iberoamérica, las que hablan español, más Brasil, por su portugués, de origen ibérico.Esto de español latino es etiqueta errónea.

2. Español acultural. Quieren decir con esto, que está al margen de cualquier cultura determinada. La voz “aculturación”, en antropología significa “contacto de culturas”, no “vaciamiento cultural o arrasamiento cultural, o grado cero de cultura”. No es prefijo negativo. Confunde aculturación con desculturación. La descarto.

3. Español universal. Ha dejado de usarse.

4. Español mundial. No se ha adoptado.

5. Español global. Se asocia la designación a la designación de Marshall Mc Luhan del mundo como “aldea global”. El proceso globalizador alcanza a todos los niveles. Lo global puede verse como un proyecto, una realidad en proceso o una realidad instalada.

La aspiración de nuestra lengua puede ser esa, pero está lejos de alcanzarlo, como lo ha logrado el global english24.

6. Español glocal. La designación la tomamos del Club de Roma, que acuñó el adjetivo; toma el modelo de Japón en sus publicidades comerciales, con la solución publicitaria, por ejemplo, de Honda, que se hizo fórmula para el campo publicitario: 25 segundos de mensaje global y 5 segundos de mensaje local. La primera parte se destina a los detalles de interés general del auto nuevo y los segundos finales se dedican a poner al auto en un marco alusivo o directo, a un lugar reconocible del país en donde se pretende venderlo o se lo ofrece, y adapta la publicidad: el Honda atravesando la pampa argentina, o con el fondo de las cataratas del Iguazú.

Esta designación es apta, referida solo al seno del español, por ejemplo, para designar el producto de los periódicos actuales que registran en sus textos un 98,70 % de español general y 1,30 % de léxico local. Son un producto glocal.

7. Español general. Alude en el léxico a las voces que son patrimonio común panhispánico (revólver, casa, madre, etc.) que constituye el mayor caudal de todo léxico. En el caso del español, el general ocupa un 80 % y el regional, de cualquiera de las nueve regiones, el 20 %. En el general, podremos distinguir: el absoluto general, que incluye a España e Hispanoamérica (casa, madre, cielo, etc.); y el general hispanoamericano (pollera, estancia, abra, etc.) frente a los regionales (mina, azulejo, pavote, y su rica fraseología).

8. Español neutro. El latinismo neuter significa “ni lo uno ni lo otro”. Las industrias culturales buscan el mayor radio de venta para sus productos, lo que supone un uso de lengua que ofrezca mayor competencia comprensiva para todos los públicos consumidores, y, a la vez, se beneficie con una economía de tiempo, esfuerzos, etc. Si no, no hay venta del producto. Esta postura tiene defensores y detractores. Entre los primeros figuran los que trabajan en las industrias culturales; entre los segundos, la mayoría de los lingüistas.

Desde el punto de vista de la lengua, y en este terreno, lo neutro es lo no marcado por el lugar de procedencia: ni nación, ni región, ni identidad reconocible. Todo rasgo identitario en la lengua es visto como un escollo para la oferta general de los productos que se valen del instrumento lingüístico.

El proceso por el cual la lengua es sometida a un tratamiento que extirpe los localismos, regionalismos y marcas identitarias se denomina “neutralización lingüística” y su resultado es la modalidad que se denomina “neutra”. Es la designación más usada en el mercado comunicacional. Esto alude a lo económico, desde dos conveniencias: la proyección a la mayor latitud de destinatarios y la ampliación de trabajo para los profesionales.
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