1. Ejercicio de comprensión oral Carmen Martín Gaite






descargar 48.19 Kb.
título1. Ejercicio de comprensión oral Carmen Martín Gaite
fecha de publicación30.07.2016
tamaño48.19 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Literatura > Documentos

DEPARTAMENTO DE LENGUA ESPAÑOLA Y LITERATURA. IES DRAGO. CURSO 2007/08

_________________________________________________________________________________

1.- Ejercicio de comprensión oral

Carmen Martín Gaite



(Salamanca, 1925 - Madrid, 2000)
Carmen Martín Gaite nació en Salamanca el 8 de diciembre de 1925. Se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca, donde conoció a Ignacio Aldecoa y a Agustín García Calvo. En esa universidad tuvo además su primer contacto con el teatro participando como actriz en varias obras. Colaboró en varias revistas como Trabajos y Días en Salamanca y Revista Nueva en Madrid. Se trasladó a esta ciudad en 1950 y se doctoró en la Universidad de Madrid con la tesis Usos amorosos del siglo XVIII en España. Ignacio Aldecoa, cuya obra estudiaría posteriormente, la introdujo en su círculo literario, donde conoció a Josefina Rodríguez, Alfonso Sastre, Juan Benet, Medardo Fraile y Jesús Fernández Santos y Rafael Sánchez Ferlosio, con quien se casó en 1954. De esta manera se incluyó en la que sería conocida como la Generación del 55 o Generación de la Posguerra.

Escribió su primer cuento, Un día de libertad, en 1953, aunque confiesa escribir desde los 8 años. Comienza su carrera literaria con El balneario obteniendo en 1955 uno de los premios literarios de mayor prestigio en España, el Café Gijón. Tres años después presenta la que sería su obra señera, Entre visillos, al Premio Nadal, ganándolo.

Escribe dos obras de teatro, el monólogo A palo seco en 1957, que fue representado en 1987, y La hermana pequeña en 1959, rescatada en 1998 por el director de teatro Angel García Moreno y estrenada el 19 de enero de 1999 en Madrid.

Durante la década de los sesenta continúa cultivando la narrativa, con obras tan importantes como La ataduras (1960) o Ritmo lento (1963), pero es en los setenta cuando vemos la versatilidad de Martín Gaite. Publica sus dos ensayos sobre el proceso contra Macanaz además de su tesis, recopila su poesía en A rachas (1976), y una de sus obras cumbre, la novela Retahílas, sale a la luz en 1974. También a esta década debemos su primera recopilación de relatos, Cuentos completos. Su faceta periodística se caracteriza por su etapa de redactora en los comienzos de Diario 16.

Su matrimonio con Rafael Sánchez Ferlosio duró unos años antes de acabar en una amistosa separación, en los cuales tuvieron una hija, Marta, a quien dedicó el cuento La reina de las nieves. Falleció antes que ella.

Entre otros logros, Martín Gaite destaca por haber sido la primera mujer a la que se le concede el Premio Nacional de Literatura con El cuarto de atrás en 1978, y por haber ganado en 1994 el Premio Nacional de las Letras por el conjunto de su obra. Fue una de las personas más, y mejor, premiadas del mundo de la literatura; obtuvo el Príncipe de Asturias en 1988 compartido con el poeta gallego José Ángel Valente [1929-2000], el Premio Acebo de Honor en 1988 como reconocimiento a toda su obra, el Premio Castilla y León de las Letras en 1992, Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes en 1997, Pluma de Plata del Círculo de la Escritura otorgada en junio de 1999 y cuya ceremonia fue retransmitida por videoconferencia a través de Internet, algo sin precedentes, hasta aquel momento, en el mundo literario. Con su ensayo Usos amorosos de la posguerra española recibió en 1987 el Premio Anagrama de Ensayo y el Libro de Oro de los libreros españoles. Esta obra dispara sus ventas, y desde entonces las obras de Carmen Martín Gaite están siempre entre las más vendidas en España, siendo espectacular su éxito en la Feria del libro de Madrid, donde solía ser su obra de cada temporada la más vendida de la feria.

Cultivó también la crítica literaria y la traducción destacando en autores como Gustave Flaubert [1821-1880], Rainer Maria Rilke [1875-1926] y Emily Brönte [1818-1848], colaboró, asimismo, en los guiones de series para Televisión Española Santa Teresa de Jesús (1982) y Celia (1989), serie infantil basada en los famosos cuentos de la escritora madrileña Elena Fortún (1886-1952).

Publica dos enormes éxitos de crítica y público, Lo raro es vivir en 1997 e Irse de casa en 1998, y en 1999 se publica y representa La hermana pequeña .

Se interesó también por la literatura infantil y juvenil. Escribió varias obras de este género, destacando los siguientes títulos: El castillo de las tres murallas, El pastel del diablo, y especialmente Caperucita en Manhatan, novela en la que recoge, desde la perspectiva de una niña de diez años, su estancia en Nueva Cork.

En 2000 se le diagnostica un cáncer que cerca de mes y medio después acabará con su vida el 23 de julio en una clínica de Madrid. Es enterrada en El Boalo, donde residió sus últimos años en la casa familiar y donde están enterrados sus padres y su hija.

Escuchemos finalmente palabras de la autora reflexionando sobre su labor literaria:

Otras cosas he perdido en la vida, pero no la capacidad de enfrentarme a una nueva historia, de inventar algo dejándome llevar por el ritmo de la propia historia, que tiene su ritmo, desde luego. Una es la de cuando escribes. A mí lo que me gusta es escribir. No manejo el tema hasta que lo tengo bien cogido. Con mis notas, mis apuntes, y mi memoria compongo ese tema. Ya sabes cómo aludo en mis textos a coser, a los hilos, a ese quitar y poner las cosas, a componerlas... No contarlo todo de golpe, eso es lo esencial para mantener el interés del lector...

Perfil

Lamenta la prisa de la gente, escribe a mano y no le gustan los teléfonos móviles. Tampoco le importan especialmente los premios ni aspira a entrar en la Real Academia de la Lengua. Y sin embargo, Carmen Martín Gaite es una de las autoras españolas más leídas en España, sobre todo por los jóvenes, un detalle que personalmente le encanta. En realidad, a esta autora salmantina que emborrona cuartillas desde que tenía uso de razón, sólo le interesa escribir y vivir, saboreando en lo posible cada momento. Contra la prisa, recomienda "hacer una cosa detrás de otra, como las puntadas de una labor", y está convencida de que la vida es algo muy curioso, "lo que pasa es que no sabemos verlo, pero en un sólo día anodino nos suceden muchas más casualidades que en cualquier novela". La vivacidad y el magnetismo personal de Carmen Martín Gaite provienen de una curiosidad inagotable por todo lo que la rodea, y le gusta tanto narrar como observar y escuchar a la gente. "Yo", asegura, "quiero morir aprendiendo".


Preguntas
El alumnado de segundo ciclo de la ESO y Bachillerato debe escuchar atentamente y realizar anotaciones para luego redactar sus respuestas. No es necesario copiar las pregunta, únicamente la numeración de éstas. Para el alumnado de primer ciclo, se debe recortar la información, y por lo tanto, simplificar las preguntas.

Es importante corregir el texto en clase para reconstruir correctamente la información sobre la autora.
1.- ¿Dónde nació la escritora? ¿En qué época?

2.- ¿Empezó a escribir a temprana edad o más bien fue una escritora tardía?

3.- ¿Cuál fue el grupo literario del que formó parte?

4.- Carmen Martín Gaite escribió sobre todo novelas, pero también cultivó otros géneros ¿cuáles?

5.- CMG Fue una escritora de éxito y obtuvo numerosos premios, ¿podrías citar algunos de ellos? ¿Cuál fue el que ella es la primera mujer escritora en obtener?

6.- Esta autora escribió numerosas obras, ¿podrías citar algunos títulos?

7.- ¿Tiene alguna obra para un público infantil y/o juvenil?

8.- ¿Cómo cree la escritora que puede mantener el interés de sus lectores?

9.- ¿Qué rasgos destacarías de su personalidad?

2.- Fragmento de Caperucita en Manhattan
Resumen del argumento

Caperucita en Manhattan nos presenta a Sara Allen: es una niña de diez años solitaria, preguntona, escritora, creativa y deseosa de libertad que vive en Brooklyn, Nueva York. Su mayor deseo es ir sola a Manhattan para llevar a su abuela un tarta de fresa. La abuela de esta moderna Caperucita ha sido cantante de music-hall y se ha casado varias veces. Vive sola inventando historias y sin miedo a las apariencias. Una tarde en que los padres no están, Sara decide llevarle ella sola a la abuela una tarta de fresa, especialidad de la madre Sara se encuentra también con Mr. Woolf, el lobo, un pastelero multimillonario, propietario de la mejor pasteleria de Manhattan, que vive cerca de Central Park en un rascacielos con forma de tarta y que busca desesperadamente la receta de la tarta de fresa. A diferencia del lobo convencional, el Sr. Woolf no quiere comerse a Sara ni seducirla, sino quedarse con la abuela en quien ha reconocido a una amante suya de los años de juventud.

Fragmento

Sara se encontró sola en un claro de árboles de Central Park; llevaba mucho rato andando abstraída, sin dejar de pensar, había perdido la noción del tiempo y estaba cansada. Vio un banco y se sentó en él, dejando al lado la cesta con la tarta. Aunque no pasaba nadie y estaba bastante oscuro, no tenía miedo. (...) Era un señor bien vestido, con sombrero gris y guantes de cabritilla, sin la menor pinta de asesino. Y además no decía nada, ni se movía apenas. La mirada parecía de fiar; era evidentemente la de un hombre solitario y triste. De pronto sonrió. Y Sara le devolvió la sonrisa.

- ¿Qué haces aquí tan sola, hermosa niña?- le preguntó cortésmente-. ¿Esperabas a alguien?
- No, a nadie. Simplemente estaba pensando.
- ¿Vives por este barrio?- preguntó el hombre mientras se quitaba los guantes.
- No, no tengo esa suerte. Mi abuela dice que es el mejor barrio de Manhattan. Ella vive al norte, por Morningside. Voy a verla ahora y a llevarle una tarta de fresa que ha hecho mi madre.
(...)
Se disponía a coger la cestita, cuando notó que aquel señor se adelantaba a hacerlo, alargando una mano con grueso anillo de oro en el dedo índice.
(...)
- A mi abuela le encanta le encanta bailar. Ha sido una artista muy conocida. Se llama Gloria Star.
- ¡Gloria Star!- exclamó Mister Woolf, mirando al vacío con ojos soñadores-. Nada podrá descubrir quien pretenda negar lo inexplicable. ¡Qué gran verdad!
- No te entiendo bien. ¿La conoces?- preguntó Sara, mirándole con curiosidad.
- La oí cantar varias veces cuando yo era casi un chiquillo y vivía en la calle 14. Parece un sueño. Era una mujer extraordinaria tu abuela.
- Sigue siendo extraordinaria- afirmó Sara-. Y además, te va a dar la receta de la tarta de fresa. Que no se te olvide.
- De acuerdo. Me consume la impaciencia. Vamos, Sara. Tenemos que salir para casa de tu abuela inmediatamente, cada uno en una limousine, ya que a ti te gusta ir sola, según has dicho.

(Adaptación de Caperucita en Manhattan, Carmen Martín Gaite)


-Imagina cómo termina la historia de esta peculiar versión de Caperucita Roja.

- Explica con tus palabras las siguientes frases de la autora:

La soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente.

3.- Selección de poemas
Los poemas de Carmen Martín Gaite

Tiempo de flor




Cuando el tiempo de flor
venga a fundir
la nieve en la montaña,
ya no te esperará mi corazón,
alondra.

¡Ay!, ¿cómo eran sus labios?
- cantará el surtidor.

De nuevo el mismo sol
se vendrá a los tejados, perezoso,
herido por el grito de los niños

que juegan en la plaza.
Y, como hoy,
la mañana despertará encendida
por fuera de mis ojos.

Pero mi corazón, alondra,

ya no te esperará.


Desembocadura




Y siempre queda más agua en
mi pozo,
y si me asomo al borde
es más hondo y me asusta en su
negrura.

Siempre queda más agua
y no quiero beber
los cubos que he sacado.
Sólo quiero seguir en mi tarea
de verlos cómo suben
derramando agua viva una vez más.

Enredaré canciones y canciones,
desparramando trigo
en era de verano.

Y no habrá oído nadie nada nuevo
ni habrá bebido nada nuevo.

Y cuando muera,
mi pozo seguirá todavía lleno,
no mudado, profundo,
y desembocaré.


Luna llena




Fuera del mundo, ausente,
mellada contra andamios,
has nacido otra noche
con tus venas azules,
igual que un globo inflado,
Luna llena.
Globo inflado te llamo,
otros rostros de muerta,
nave, farol, pandero,
o blanca rebanada
o novia o meretriz
te llamaron por turno.
A tu luz se acogieron
deslumbrados,
tristes y balbucientes
los poetas,
frioleros y turbios,
estremecidos, los enamorados.
Te invocaron sin tregua
a lo largo de un río subterráneo
de palabras marchitas
que viene desde Safo y Rosalía
a morir en tu boca. Jugamos a invocarte,
levantamos antorchas de mentira
que sólo manosean tu vestido de
tul.

Y tú, intacta y desnuda,
te escapas, luna llena,
subiendo apenas
perceptiblemente,
navegando le noche con oblicuo
reflejo,
como si nos oyeras, como si nos
miraras.
Nadie te alcanzará,
ni por tu hueco abierto a
incógnitos paisajes
ha atravesado nadie.
Tú rozas con tu luz la otra
ladera.


Pídeme que esté alegre





Aún me entra cielo azul
y lo miro en mis charcos
reflejado a jirones.

Pídeme que esté alegre.
Si tú me lo pidieras,
en un caballo blanco subiría,
en un caballo bravo y montaraz.

Pídeme que esté alegre.
y correré a ponerme
atavíos de fiesta,
abriré las cien puertas de mi casa
y saldré entre piruetas
y saltos de través
aturdida de sol,
y a las verdes palomas
daré migas de pan.

Pídeme que esté alegre.
En un caballo blanco correría,
en un caballo loco y montaraz,
si tú me lo pidieras.


Por el mundo adelante





Me atrapa como un pulpo
el color ya sabido de las cosas,
me asfixian mis sonrisas,
no respiro en las de ellos.
Dormí noches y noches
con el balcón cerrado
y al recordar después
la imagen mentirosa,
multicolor del sueño,
siempre había a mi lado unos
oídos
y unos ojos abiertos;
me gustaba amasar
mi falaz pesadumbre
ante el espejo aquel.

Abrid ya las ventanas.
Adentro las ventiscas
y el aire se renueve.
Quiero huir de los ámbitos
calientes y tapiados,
salir sin compañía
por el mundo adelante.


CAMPANA DE CRISTAL

A veces yo querría haber seguido
en aquella campana de cristal,
todo limpio y pulido,
tamizada la luz, clara e igual.

Pero estas inherentes cicatrices
grabadas día a día en la memoria
en muebles y pasillos,
en lo que digo y dices,
han escrito una densa y sofocante historia
ceniza que se cuela entre visillos.

Sol frío, luz de nieve, resplandor;
por la Plaza Mayor
cruzo con mi cartera de estudiante;
mi madre dice desde el mirador
de la casa varada, apaciguante:
Quédate aquí, no crezcas, que es peor.
A veces yo querría haber seguido
en aquella campana de cristal,
todo limpio y pulido,
tamizada la luz, clara e igual.

3.- Fragmento del ensayo Usos amorosos del dieciocho en España.
(hay que incluirlo)


4.- Texto complementario: Discurso al recibir el Premio Príncipe de Asturias en 1988.
Ya que el premio que hoy nos reúne aquí lleva el nombre del Príncipe de Asturias, y aprovechando la coyuntura de que él en persona nos acompañe, me parece de cajón elegirle como interlocutor de mis palabras, hablarle directamente a él, teniendo en cuenta que ésta de la dedicatoria es una cuestión fundamental para marcar el tono y el contenido de lo que se va a decir.

Pero en este caso las cosas se complican, porque no hablo sólo en mi nombre. Mi primera perplejidad cuando me comunicaron que era yo la encargada de hilvanar este discurso nació al darme cuenta de que tal encargo da al traste con los estilos que presidieron mi educación de chica de provincias y que llevo todavía bastante arraigados porque no los he vivido como un lastre. Dado que el Premio Príncipe de Asturias de las Letras lo comparto, y muy a gusto, con un escritor de mi generación, crecido como yo en los primeros años de la postguerra, lo que sería de esperar es que hablara el chico, y la chica quedara en un discreto segundo plano sorbiendo un gin-fizz y mirándole de reojo, de acuerdo con los esquemas educativos a que me refiero y que he analizado cumplidamente en mi ensayo Usos amorosos de la postguerra española. Yo a José Ángel Valente, si nos hubiésemos conocido en alguna de las romerías de la provincia de Orense que, sin saberlo, frecuentamos por los mismos años, nunca me habría atrevido a sacarlo a bailar. Hoy lo hago, aunque un poco cohibida, obedeciendo a instancias superiores, y espero que se deje llevar por mi ritmo. Lo he ensayado tanto en casa que espero que no haya ningún pisotón.

La segunda perplejidad surgió al imaginar una situación como la presente, que se vuelve insólita -ya lo he dicho- por la condición insólita del receptor de mis palabras, o sea que estoy dirigiéndome a un Príncipe.

Me di cuenta de que, entre los modelos literarios que podían ayudarme a prefigurar un discurso de esta índole, el que me resultaba más amable y menos encorsetado era el proporcionado por algunos cuentos de hadas -que Felipe de Borbón habrá leído en su infancia, como yo los leí en la mía-, donde el príncipe es un ser humano como los demás de la fábula, con sus contradicciones, esperanzas y miedos, ansioso de ver y aprender cosas nuevas, y que en muchos tramos del relato siente como un disfraz incómodo el manto de terciopelo con que el destino le carga. En los cuentos de hadas, donde las situaciones prodigiosas están tratadas como si fueran la cosa más natural y cotidiana, un príncipe se admite que pueda dialogar de igual a igual con ermitaños, leñadores, hechiceras, animales dotados de palabra sentenciosa y caminantes desharrapados que se lanzaron al mundo en busca de aventura y no llevan en el zurrón más que una manzana y un mendrugo de pan. Esta retórica de lo maravilloso ayuda a tejer sueños capaces de sacar al niño de un mundo que a veces le resulta duro de habitar y difícil de entender, ya sea por la falta de perspectivas a que le reduce su miseria, ya sea por el aislamiento a que le condena su instalación en el jardín encantado adonde difícilmente llegan los zarpazos de la realidad más abrupta.

En su libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas, Bruno Bettelheim trata de demostrar que la asidua lectura de estos cuentos no solamente proporciona placer al niño, sino que le enseña a hacerse la pregunta sobre los problemas que se le presentan a lo largo de su lenta y vacilante conversión en adulto.

Para la ocasión presente, que -como tantas otras de cariz inesperado- no me ofrece más puerto de abrigo que el retorno a los mitos de mi infancia, me ha tentado más esta retórica de convertir en llano lo maravilloso que la de atenerme a convencionalismos impuestos por el protocolo oficial. Descarto, pues, la opción de emplear la empachosa oratoria del laureado que se deshace en ditirambos sobre los inmerecidos laureles que el príncipe le otorga, y prefiero dirigirme a Felipe de Borbón, si él me lo permite, de una forma más distendida, serena y también nostálgica, como le hablaría a cualquier joven de su edad. Entre otras cosas, porque creo que le resultará más entretenido.

Él es un niño español al que he ido viendo crecer, convertirse en adolescente y acceder a estudios superiores, mientras se producían los cambios políticos, diplomáticos y económicos que han transformado la situación española a lo largo de trece años, desde que su padre fuera elegido rey. Durante ese tiempo yo, sin dejar de ser espectadora puntual de esas mudanzas y víctima de las que fueron transformando mi vida personal, he continuado aferrada tercamente, como única tabla de salvación, a mi pluma estilográfica que heredé de mi padre y llenando cuadernos con la mejor letra posible, como en mis tiempos de escolar aplicada.

Esta fidelidad a una vocación -aunque el término "vocación" esté cada día más desprestigiado- es el solo privilegio que conservo de los muchos que la vida me ha arrebatado: la fe en la palabra y en el pensamiento. Y desde ese reducto -una especie de atalaya precaria y amenazada-, me atrevo a hablar al joven Felipe de Borbón, como si le lanzara un hilo de seda muy frágil, el único de que dispongo, para que lo recoja si lo tiene a bien.

Él se va a enfrentar con una sociedad supertecnológica, dominada por las máquinas y los medios de comunicación de masas, por la prisa y la violencia, por el afán desmedido de prosperidad material, una sociedad en el seno de cuyas aceleradas mutaciones se infiltra de forma cada vez más descarada la convicción de que todo es negociable y de que no obedecer más que al logos, como nos enseño Platón, es atenerse a una conducta anticuada y que no trae cuenta. Y sin embargo, yo solamente puedo aceptar el honor que hoy se me concede si lo considero un premio a mi perseverancia en esa conducta, por denostada que esté, la que se rige por la obediencia al logos, o sea la palabra. Y no me refiero solamente a la dada, sino también a la recibida.

Quien tiene pasión por la palabra y está abierto a ella recibe, tanto de los libros que ha leído como de las conversaciones que ha escuchado, un continuo acicate que le puede tentar a escribir, una especie de savia que le entra por todos los poros y lo encarrila hacia una expresión más eficaz y cuidadosa. Y en este sentido, aunque no pueda decir de forma diáfana cómo hemos aprendido a escribir, sí sabemos que ese misterioso aprendizaje, que se inició en la infancia, siempre se ha visto fomentado por los textos o discursos que nos proponían preguntas que por lo menos nos suministraban infalibles respuestas. ¿Para qué se escribe? Se escribe para lanzar al aire nuevas preguntas, para interrumpir los asertos ajenos, para tratar de entender mejor lo que no está tan claro como dicen. Para distanciarse de la realidad, mirarla como un espectador y convencerse de que nada es lo que parece. Un escritor, aunque haya vislumbrado la inconsistencia de su aportación personal e incluso el aumento de caos que puede suponer, escribe a pesar de todo. ¿Por qué? Porque cree que lo que él va a decir no lo ha dicho nadie todavía desde ese punto de vista. Puede tomarse como un vicio, como una arrogancia o como una defensa, que de todo tendrá.

Pero en cualquier caso, de acuerdo con la famosa frase de Unamuno "creer es crear", me parece que el de la escritura es fundamentalmente un asunto relacionado con la fe, no con el medro ni el negocio.

Y precisamente por ahí derivan las contradicciones de su aprendizaje. Porque, si bien es cierto que cuando nos iniciamos en su ejercicio tenemos mucha menos destreza en el "oficio", la fe y el entusiasmo suelen ser mucho mayores en la primera edad, cuando se inicia la aventura. A medida que van pasando los años y el escritor consigue un mayor o menor reconocimiento por parte del público, se ve forzado a confesarse muchas veces que la fe de los comienzos se le ha venido abajo, y que todo consiste en recuperarla, en revivirla. Si no lo consigue, corre el peligro de estarse metiendo por unos raíles demasiado cómodos, que le van a amortiguar cualquier sobresalto. Y en el fondo de su ser no es eso lo que busca ni lo que quiere.

El de la escritura es un aprendizaje que nunca se cierra, sino que se está renovando y poniendo en cuestión cada vez que nos vemos frente a un papel en blanco. Un carpintero que ha construido una mesa sólida puede estar relativamente seguro de que ya ha aprendido a hacer mesas, pero a un escritor nadie le garantiza que, porque ha escrito un libro, el próximo que escriba tenga que ser mejor ni tan siquiera bueno.

Es verdad que, una vez alcanzada cierta etapa de su carrera, al escritor pueden ayudarle y servirle de ánimo las opiniones de los demás sobre el resultado de su obra. Pero no debe caer en el halagüeño espejismo de justificar y dar por bueno, en nombre de lo que hizo, todo lo que haga en adelante.

Quienes consideran el oficio de escribir como un camino donde las flores crecen por generación espontánea suelen encarecer la suerte que supone desempeñar un trabajo donde no tenemos por encima de nosotros a nadie que nos mande. Y eso efectivamente es verdad. Si no escribimos no pasa nada grave ni nadie nos riñe ni nos va a echar de la oficina. Pero también es verdad que no se trata de un negocio espectacular sino de una inversión lenta, que bien podría llevar por lema aquella máxima del Eclesiastés: "Echa tu pan a las aguas, que después de mucho tiempo, lo hallarás".

La tarea del escritor es una aventura solitaria y conlleva todos los titubeos, incertidumbres y sorpresas propios de cualquier aventura emprendida con entusiasmo. Pero en un mundo donde se huye cada vez más de la soledad, el escritor desconcierta como un nadador contra corriente, y de todas partes surgen brazos que le quieren anexionar a un determinado grupo y hacerle esclavo de sus normas y de sus reglas. Contra este peligro, no le queda al disidente más remedio que seguir aguantando en su reducto, a partir de cero, invocando aquella fe juvenil de la que hablaba.

Nadie lo ha dicho de forma más emocionante que Teresa de Jesús, cuya escritura ejemplifica ese camino emprendido partiendo de cero y cuya exploración pone en cuestión y en juego la propia vida. Para acometer esa tarea, que a ella se le planteaba como un combate, es menester según sus propias palabras:

"Una grande y determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabaje lo que trabajare, murmure quien murmurare, siquiera me muera en el camino, siquiera se hunda el mundo".

Ningún mensaje resumiría mejor que éste de la santa cuya festividad celebramos hoy, lo que yo le deseo al Príncipe en los umbrales de un mundo donde las vocaciones están supeditadas al negocio y donde empieza a valer todo, como en el rugby: que no pierda ni la fe en la palabra ni la determinada determinación.





Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

1. Ejercicio de comprensión oral Carmen Martín Gaite iconActividad de comprensión lectora. Primer ciclo de ed primaria Carmen...

1. Ejercicio de comprensión oral Carmen Martín Gaite iconComunicación oral: Comprensión oral y Expresión oral

1. Ejercicio de comprensión oral Carmen Martín Gaite iconCarmen martin fraile

1. Ejercicio de comprensión oral Carmen Martín Gaite iconComprensión oral. Expresión oral

1. Ejercicio de comprensión oral Carmen Martín Gaite iconDra. María del Carmen Rodríguez Martín

1. Ejercicio de comprensión oral Carmen Martín Gaite iconEjercicio de comprensión de lectura tipo prueba saber

1. Ejercicio de comprensión oral Carmen Martín Gaite iconEjercicio de aplicación y comprensión de la epc, las inteligencias...

1. Ejercicio de comprensión oral Carmen Martín Gaite iconDeclaración jurada de martin garbus a favor de la moción de anular...

1. Ejercicio de comprensión oral Carmen Martín Gaite iconEl área de Lengua Castellana está constituida por los siguientes...

1. Ejercicio de comprensión oral Carmen Martín Gaite iconEn el episodio 1, Linda Toledo y su madre, Carmen vivieron en San...






© 2015
contactos
l.exam-10.com