Entrevista a Liliana Bodoc






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títuloEntrevista a Liliana Bodoc
fecha de publicación28.07.2016
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Entrevista a Liliana Bodoc









por Patricia Rodón





Es como si realmente estuviéramos abriendo un libro antiguo; uno de esos enormes libros cosidos, de pesadas y polvorientas tapas de cuero, tal vez con algún raro relieve repujado en el centro que anticipara y ocultara al mismo tiempo las maravillas de una historia que pudo ser y que nunca podremos ni querremos comprobar. "Lo que voy a relatar sucedió en un tiempo
lejanísimo; cuando los continentes tenían otra forma y los ríos tenían otro curso. Entonces, las horas de las Criaturas pasaban lentas, los Brujos de la Tierra recorrían las montañas Maduinas buscando hierbas salutíferas, y todavía resultaba sencillo ver a los lulus, en las largas noches de las islas del sur, bailando alrededor de sus colas. He venido a dejar memoria de una grande y terrible batalla", leemos al comienzo de Los días del venado ­primera parte de la que será la trilogía La saga de los confines­, de la mendocina Liliana Bodoc. Publicado recientemente por Norma (que inició por esta novela la colección Otros Mundos) el libro nos remite de inmediato a la tradición de la más pura literatura épica. Lectora intensa, desordenada y audaz, Liliana Bodoc confiesa que viene "de una infancia, con largos períodos de enfermedad, entonces leía. Yo no podía estar en la vereda jugando, pero podía estar con Alicia en el país de las maravillas. La literatura es tan importante para mí, que a veces he tomado decisiones cruciales en mi vida aferrada a un verso. ¿Qué hago?, me preguntaba y me acordaba de Maiacovsky y decía: hago esto. La literatura es un puntal". Y esta vez, en su primera novela, la sostiene con una contundencia impecable. Grandes dosis de poesía, imaginativos personajes, climas y atmósferas maravillosos pero verosímiles, diálogos de clara intención coloquial, un original uso del vocabulario y la creación de palabras nuevas donde se nota el concienzudo trabajo de estilo, son los ingredientes que Bodoc utiliza para desarrollar una intriga donde el bien, el mal y la magia son los protagonistas de una historia épica muy bien contada.

¿Cómo se te ocurrió escribir este libro?

La idea inicial fue la magia. Desde chica mantengo una afinidad importante con lo mágico. Para mí lo mágico es una forma de entender al mundo, una forma de relacionarse con el cosmos. Siempre he estado vinculada con lo mágico pero quería que mi tratamiento literario fuera con seriedad. Tuvieron que pasar muchos años para que pudiera escribir una novela desde lo mágico y también desde lo americano. Todo empezó ahí.

Acotemos el término "mágico": ¿en lo literario, en la naturaleza, en la vida?

La literatura y la magia han estado unidas desde el principio de los tiempos. Los textos sagrados de todas las culturas son mágicos o tienen elementos mágicos. Pienso en la magia como en una constante de la civilización, en la magia le hace saber al hombre que no está separado de las cosas, que no es distinto de su entorno, sino que es hermano de él. Esto

es muy propio del indígena americano. Y este es un punto de unión. Cuando digo hombre mágico digo el hombre que todavía puede entender lo que le dice un ficus, por ejemplo, porque cree en el ficus. Si nos alejamos de la magia, ya no entendemos lo que nos dicen las cosas. De alguna manera es saberse hermanado con todos. Es lo que decían los surrealistas y muchos otros antes, hablar de la magia como de la vida. Creo que la magia es una forma de
conocimiento.

Y esta reunión de lo mágico con lo americano, ¿cómo aparece?

Lo mágico aparece de millones de maneras. Con animales, frutos o actitudes de la tierra personificados; pero aparece como un sustrato permanente y eso es lo que quise que se manifestara en mi texto; quise que apareciera como una cosa cotidiana, porque el hombre americano es un hombre mágico. No es un elegido, que está como por encima de los demás.

Tiene todos los elementos de la novela épica. Habláme del sentimiento de lo épico.

Yo tenía mi historia y sabía que seguía un molde épico. Me atuve a las condiciones y las reglas de la épica: que tuviera sus héroes, sus viajes, sus guerras, su gesta heroica, su división maniquea entre el bien y el mal. Esta es una historia de una gesta colectiva, de muchos pueblos moviéndose a través de vastos territorios para librar una batalla final contra el Mal con mayúsculas.

El rol que tienen los personajes femeninos en tu novela tienen características singulares.

Los personajes femeninos están vinculados con la sabiduría y con la ternura, con la paciencia, con eso de saber esperar al hombre que vuelve de la guerra, con saber esperar la cosecha o la lluvia.



También la presencia y el protagonismo de los niños en tu novela es infrecuente en la épica.

Mirá, no se me había ocurrido. Me doy cuenta ahora. Es cierto. Y tienen una presencia muy fuerte. No sé, tendría que ponerme a pensar por qué están. 

Y a mí no se me había ocurrido la asociación con lo americano. 

Me alegra muchísimo que me digás eso. La asociación con lo americano me sirvió para mi trabajo pero no lo busqué premeditamente; me sirvió para abrevar en tradiciones, leyendas, imágenes, nombres, paisajes, pero nunca me planteé una referencia textual y que el lector se remitiera a tal o cual imaginario indígena. Lo americano me sirvió como sustrato para armar este mundo, que podría definir como un imaginario contra los avasallamientos. Entonces busqué en lo nuestro. No iba a remitirme al imaginario celta o alemán, como pudo haber hecho Tolkien, por ejemplo. Yo deconstruí el paisaje, la tradición, la historia de América, pero sin ninguna intención de que se viera ese sustrato ni que se leyera tal cual. Es un mundo propio,
cerrado.

En esta deconstrucción simbólica por un lado y reconstrucción literaria por otro, ¿en qué libros abrevaste?

En la literatura que todavía nos queda, en las tradiciones, en las leyendas, leí libros antropológicos, el Popol Vuh y los libros que explican el Popol Vuh; leí poemas indígenas, crónicas, biografías, diarios; leí a Hernán Cortez, a Colón, a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, a Galeano. Una inmensa cantidad de cosas.

¿Cuánto hay de imaginación y cuanto de recreación de toda esa investigación en la novela?

Hay mucho de una y de otra cosa. Un dato, por ejemplo, me servía como disparador de imágenes o situaciones. De inspiradores, si querés.

En una entrevista te asimilaron, muy erradamente, a Harry Potter. 

Mirá, la verdad es que cuando vi ese título los quería matar. No entendieron nada.

Creo que lo tuyo es más Tolkien, por lo épico. Harry Potter es literatura fantástica.

A Tolkien lo admiro profundamente, lo he leído con intensidad. Creo que indudablemente estamos emparentados por el género, pero distanciados por lo ideológico en el sentido amplio de la palabra. Tolkien en sus maravillosas historias marca, por ejemplo, que hay razas superiores por naturaleza, los elfos y por eso son bellos y sabios. Esa es una distinción muy importante, además del estilo, del lenguaje. Pero también los personajes son diferentes; Tolkien no trabaja con los aspectos íntimos de los personajes, cosa que me parece que está bien en él porque sus personajes son grandes, fantásticos, maravillosos. Más allá de estas diferencias formales, está la diferencia conceptual que te mencioné y que me parece fundamental. 

Es que los personajes de Tolkien son imaginarios, totalmente fantásticos, planos, sin evolución, sin aristas; los tuyos, son humanos: evolucionan, tienen conflictos, personalidad propia, más allá del marco del "tipo" del guerrero, el mago o el mensajero.

Eso es lo que quise lograr. Quise hacer personajes con más aristas, con dudas, más como nosotros. 

El protagonista, por ejemplo, el guerrero, es machista, autoritario, severo. ¿Tomaste a alguien de modelo?

(Risas) No, a nadie. Pero sí, Dulkancellin es un soberbio; muchos amigos me decían "lo odio", pero también tiene todas las virtudes del héroe.




Entrevista con Liliana Bodoc, autora de Los días del Venado

por María Malusardi
Nueva On LineLa revista del interior


Año VIII, N° 488, domingo 19 de noviembre de 2000.

Bajo el título "Tras los pasos de Harry Potter", Nueva. La revista del interior —una publicación que se distribuye en las ediciones dominicales de importantes diarios de Argentina—, reproduce la entrevista que le realizó la periodista María Malusardi a la escritora mendocina Liliana Bodoc a propósito de la aparición de su novela Los días del Venado.

Reproducimos algunos de sus párrafos. La nota completa puede leerse en la página web de la revista Nuevaen esta dirección.

Liliana Bodoc, "autora desconocida y alejada de los territorios del canon y la farándula literaria, se armó de valentía, calzó el manuscrito listo bajo el brazo y se lanzó al abismo de las editoriales en Buenos Aires. Lo único a su favor era la calidad literaria de su novela, Los días del Venado. Y aunque esto, paradójicamente, no siempre suele ser un requisito de relevancia en los tiempos que corren, el milagro se produjo: la novela acaba de salir a la venta."

"Me largué a buscar las editoriales que me sonaban conocidas —relata—. Estaba a punto de irme a Brasil de vacaciones, y ciertos trámites retrasaron la partida; el caso es que me quedé en la ciudad unos días más. Me había sobrado una copia de la novela, porque ya había repartido el resto. Y entonces busqué en la guía y encontré Norma, a la que no tenía registrada como una editorial que le pudiera dar mucho corte a esta novela. Cuando volví de Brasil y revisé el correo electrónico, encontré un mail de Antonio Santa Ana (editor de literatura infantil y juvenil de Norma). No lo podía creer. El corazón me latía fuerte: Santana me estaba buscando. Nos encontramos y me dijo: —Voy a editar este libro—. Nos vimos pocas veces, pero él trabaja con pasión y entrega. Sé que está tomando un riesgo y me siento muy agradecida.

"Una épica latinoamericana

"Los días del Venado podría ser considerada como una novela 'épica mágica': —Traté de escribir una novela sobre otros mundos, que era lo que tenía ganas de leer en ese momento. No quería una historia actual; necesitaba dispararme hacia otros tiempos y lugares —confiesa la escritora. Durante dos años de trabajo constante, sin interrupciones ni páginas en blanco, personajes como los husihuilkes y los curiosos lulus, entre otros tantos, rondaron los pagos de la chacra en el barrio de Vistalba, donde Bodoc vive algo alejada de la ciudad de Mendoza y atiende su huerta, sus ciruelos, manzanos y cerezos. Allí mismo, a la manera tenaz e irreversible de las criaturas de Luigi Pirandello, los personajes de Los días del Venado aún rondan con insistencia.

"—Todo el que tiene la ventura de nacer personaje vivo —escribió Pirandello en Seis personajes en busca de autor—, hasta puede reírse de la muerte (...). Morirá el hombre, el escritor, instrumento de la creación; ¡la criatura no muere nunca más!— Bodoc contrapuntea: —Yo no los dejo en paz a ellos, y todavía los persigo. Sé que estarán siempre en mi corazón con un perfil más bajo, pero por ahora viven muy cerca de mí; los he querido entrañablemente, como a hermanos. De Dulkancellin —confiesa pudorosa— estoy casi enamorada.’"

"(...) Para construir semejante historia, Bodoc pasó mucho tiempo leyendo textos específicos, los diarios de Colón, cartas de Hernán Cortés, libros de historia, antropología, literaturas varias americanas y mitos. Una vez empapada de datos concretos, pudo inventar su propia leyenda, armonizando entre lo que rogaba la intuición y lo adquirido por la razón: la escritura debía sustentarse en un mundo imaginario.

"—Trabajé durante un largo tiempo para construir un lugar creíble. No me largué a escribir hasta que no configuré una geografía, un continente, una civilización con sus comidas, rituales y lenguas. Entonces hubo un trabajo que me gustó, que disfruté enormemente, cuando construí ese sostén a partir del cual empezaría la historia. (...)

"La literatura salva

"Bodoc nunca experimentó la escritura como una obligación. Más bien, la escritura se le encapricha, la envuelve y le reclama tiempo, obsesivamente, desde hace más de ocho años.

"—Nunca tuve que decir 'pucha, tengo que escribir'. No, por el contrario. A veces, por ahí uno escucha hablar del dolor de escribir. Yo sé que hay momentos de desasosiego, de rabia, de impotencia, pero a mí me parece que hablar del dolor de sentarse a escribir una historia, en el mundo en el que vivimos, tiene bastante poco de honrado, no tengo cara para decir que es doloroso sentarse a escribir, porque si todos los dolores humanos fueran así, ¡qué bueno!

"Sugiere Bodoc que la literatura posee —como un yuyo mágico— poderes curativos, una instancia de conjuro.

"—Mis hijos se ríen cuando me mejoro del hígado con una oda de Pablo Neruda; hay una estrofa que repito y me cura. La literatura siempre me ha aliviado. Desde muy chica tenía afecciones a la salud y por mandato médico no podía correr, salir ni jugar. Entonces leía. Después crecí y mejoré, pero la lectura se me quedó pegada a la vida.

"Ingresó entonces a la carrera de Letras en la Universidad Nacional de Cuyo, y todavía le quedan pendientes tres materias.

"La falta de docentes obliga a que los alumnos avanzados ejerzan la docencia. Fue mi caso, y enseñé durante ocho años en un colegio de la Universidad.

"Durante ese tiempo, Bodoc confiesa que ha sido insistente, y quizás en esto sí incondicional y maniquea:

"La literatura salva y he enfatizado sobre esto, he intentado transmitirlo a los alumnos. Salva, ayuda a tomar decisiones y calma el dolor. Ojalá alguno de mis alumnos se acuerde de esto alguna vez’. (...)

"La alianza del Venado

"El Venado es una alianza del bien para enfrentar al mal. Una gran alianza de un mundo que tiene que defenderse y sobrevivir y que está integrado por los hombres, las fuerzas naturales, los lulus, los animales y Los Supremos Astrónomos, entre otros. Elegí conscientemente una épica que no tiene la gran gesta colectiva que presupone, los hechos colectivos heroicos —dignos de ser contados diría el diccionario—, porque también quise historias más chiquitas, más íntimas e individuales.

"Hay héroes, porque toda épica los tiene, pero también hay personajes que se resisten a ser héroes, como Cucub, por ejemplo, que al cabo termina siéndolo, pero a su pesar y con miedo. Todo este imaginario está sustentado en una geografía real, un tiempo histórico, una mitología, una cosmovisión que es indudablemente la del hombre americano, la de las culturas precolombinas, pero en esto no quisiera avanzar más porque si no siento que empiezo a direccionar lecturas.

"La magia es eje vertebral de la novela. Y también la oposición entre dos magias: aquella ligada a las criaturas, es decir, la magia que interpela al mundo y que no se pone por encima para someter; y aquella otra que viene de las Tierras Antiguas, que es la magia que se puso a caballo de las criaturas para someterlas con su supuesta superioridad.Hay un propósito de devolverle a la magia, de alguna manera, su lugar. Hablo de magia como de un modo de conocer. Y me atrevo a afirmar que no ha habido civilización humana que se haya desarrollado sin magia. Porque, como el arte, es otra mirada sobre el mundo y en nada se opone a la ciencia.Esta novela es, creo, una gran metáfora. Yo lo diría así: hay una gran guerra que todavía no se terminó de librar y en la que se enfrentan dos mundos: uno que pelea por la vida y otro que pelea para la muerte."


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