Unidad 5 de 2º de Bachillerato Lengua Castellana y Literatura






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títuloUnidad 5 de 2º de Bachillerato Lengua Castellana y Literatura
fecha de publicación24.06.2016
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Unidad 5 de 2º de Bachillerato Lengua Castellana y Literatura
Contenidos
-Las proposiciones subordinadas adjetivas.

-El teatro del siglo XX hasta 1939.


LAS PROPOSICIONES SUBORDINADAS ADJETIVAS.
Las proposiciones que realizan la misma función que un adjetivo que acompaña a un nombre, es decir, la función de adyacente, son las proposiciones subordinadas adjetivas. Ejemplos:
El restaurante donde estuvimos ayer es demasiado caro.

Prop. Sub. Adj.

(Adyacente de “restaurante”)
Ayer vimos a los amigos con los que fuiste a esquiar.

Prop. Sub. Adj.

(Adyacente de “amigos”)
No conozco a las personas cuyo hijo nos presentaste.

Prop. Sub. Adj.

(Adyacente de “personas”)
Ahí venden el helado de chocolate que tanto te gusta.

Prop. Sub. Adj.

(Adyacente de “chocolate”)

También son llamadas proposiciones subordinas de relativo porque sus nexos son los pronombres relativos (que, cual, quien), el determinante relativo (cuyo) y los adverbios relativos (como, donde y cuanto).
Para reconocer el nexo de una subordinada, hay que sustituirlo por el cual, la cual, lo cual, los cuales o las cuales. Ejemplos:
El restaurante donde estuvimos ayer es demasiado caro.

El restaurante en el cual estuvimos ayer es demasiado caro.
Ayer vimos a los amigos con los que fuiste a esquiar.

Ayer vimos a los amigos con los cuales fuiste a esquiar.
Ahí venden el helado de chocolate que tanto te gusta.

Ahí venden el helado de chocolate el cual tanto te gusta.


Los nexos, además de la función de nexo, realizan otra función sintáctica añadida dentro de la proposición subordinada adjetiva. En los ejemplos anteriores:
-donde es complemento circunstancial de lugar de “estuvimos ayer”;
-con los que es complemento circunstancial de compañía de “fuiste a esquiar”;
-cuyo es determinante de “hijo”;
-que es sujeto de “tanto te gusta”.
En el cuadro siguiente, están todos los nexos de las subordinadas adjetivas.


NEXOS

FUNCIÓN EN LA PROPOSICIÓN SUBORDINADA

QUE

Todas las funciones.

CUAL, CUALES

Todas las funciones.

QUIEN, QUIENES

Todas las funciones.

CUYO, CUYAS, CUYOS, CUYAS

Determinante de un sustantivo.

COMO

Complemento circunstancial de modo.

CUANTO

Complemento circunstancial de cantidad.

DONDE

Complemento circunstancial de lugar.

CUANDO

Complemento circunstancial de tiempo.


Hay dos clases de subordinadas adjetivas, las adjetivas especificativas y las adjetivas explicativas. Las especificativas aclaran a qué nos referimos:
El coche que está aparcado junto al portal pierde aceite: “que está aparcado en la acera” es especificativa porque indica a qué coche en concreto nos referimos, es decir, diferencia a ese coche de todos los demás que también están aparcados.
El coche, que está aparcado junto al portal, pierde aceite: “que está apartado junto al portal” es explicativa porque nos da un dato innecesario sobre el coche, ya que aquí sí sabemos de qué coche estamos hablando.
Como se observa en los ejemplos, las explicativas van entre comas.

ORACIONES SUBORDINADAS SUSTANTIVAS Y ADJETIVAS PARA ANALIZAR:

  1. Después de aquel año cuando llovió en verano se apasionó por las olas.

  2. Todos se preguntaron cómo pudo evitar aquel riesgo.

  3. Nadie que se viera en aquel espejo ignoraba su auténtica alma.

  4. Giraron muy fuerte alrededor de la fuente donde lucían los pequeños sapos.

  5. La ciudad no parece terminar nunca.

  6. Mira dónde pones la manos.

  7. Hablamos siempre de quien menos nos importa.

  8. Me acerqué a la ventana cuyo vano invitaba al aire.

  9. Estamos hablando de los amigos con quienes nunca compartes nada.

  10. Yo soy lo que el tiempo ha querido.

  11. Las avispas zumbaban sobre un gatito negro, que se acurrucaba entre las hojas.

  12. El agua brillaba del modo como lo haría el oro en el fuego.

  13. Los chiquillos, cuyas manos cazaban los higos al vuelo, volaban de rama en rama.

  14. Con los pies descalzos pisaban el campo donde los terrones resecos cortaban la piel.

  15. Ignoro dónde está el paquete de cigarrillos.

  16. Al que apareció primero le permitieron cruzar la puerta.

  17. A cualquier hora cuando no trabajes escribe tus reflexiones sobre el asunto.

  18. Desde el suelo, que estaba reblandecido por el estiércol, contemplaba los pájaros.

  19. Los domadores, de quienes se alejaban los caballos sudorosos, se calentaban en la hoguera del patio.

  20. Perdió el sombrero de quien dormía en su casa.


EL TEATRO DEL SIGLO XX HASTA 1939

1. El teatro comercial de éxito
A finales del siglo XIX, se producen varios intentos de acabar con el teatro heredado del Romanticismo. Sin embargo, sería Jacinto Benavente el encargado de dar forma al nuevo teatro. Benavente se garan­tizó la aceptación de los espectadores repitiendo unas fórmulas teatrales fijas. Sus tramas presentan problemas poco conflictivos: Benavente ponía en escena leves defectos de las relaciones personales o sociales. Los intereses creados (1907) es su obra más apreciada hoy en día.
Otra línea teatral fueron los sainetes, caracterizados por el ambiente pinto­resco de determinadas regiones españolas (Madrid, Andalucía), por los personajes típicos y por su lenguaje humorístico. Carlos Arniches y los hermanos Álvarez Quintero fueron los dramaturgos más representativos de este teatro. Por otro lado, destacó también el teatro poético, que fue un teatro en verso, influido por el Modernismo, y caracterizado por sus temas históricos y su conservadurismo ideológico, que evocaba con nostal­gia episodios de un pasado glorioso.

2. El teatro renovador y marginado
Algunos autores crearon un teatro cuyos propósitos los condena a ser marginados de los escenarios. En la Generación del 98, destaca Jacinto Grau, que emplea una prosa poética en obras de temas tradicionales, como en El señor de Pigmalión (1921), sobre la rebelión de unos muñecos que acaban matando a su creador. Por su parte, los autores del 27 intentaron crear un nuevo público mediante el acercamiento del teatro al pueblo. Compañías teatrales como La Barraca, de Lorca y las Misiones Pedagógicas republicanas pretendie­ron, con sus giras, una educación teatral del público distinta de la domi­nante.
3. El teatro de Valle-Inclán.
El primer teatro de Valle se inscribe en la corriente modernista más decadente. El ciclo mítico, con las Comedias bárbaras es el resultado de la prueba es una trilogía formada por Águila de blasón (1907), Romance de lobos (1908) y la tardía Cara de plata (1922). La Galicia mítica y rural es el marco en el que se desarrollan estas historias. En ellas, los episodios truculentos se suceden con un ritmo vertiginoso, ayu­dado por los continuos cambios de escenario y la abundancia de per­sonajes. La culminación de este ciclo es Divinas palabras (1920). Simultáneamente, Valle-Inclán desarrolla una serie de farsas caricaturescas, protagonizadas por fantoches y marionetas ridículas. Farsa italiana de la enamorada del Rey y Farsa y licencia de la Reina Castiza, las dos de 1920, pintan un retablo satí­rico y despiadado de la España isabelina.
En ese mismo año de 1920, Valle-Inclán encuentra la fórmula en la que cuajan las líneas anteriores: el esperpento. Con la primera versión de Luces de bohemia, Valle da nombre a un género literario propio. Lo esperpéntico es una manera de ver el mundo, un reflejo deformado de una realidad ya deformada, que nos revela el verdadero rostro de la vida española. Los personajes (seres de ficción o reales) son seres grotescos en un mundo grotesco, semejantes a marionetas ridículas y de pesadilla, aun­que en ocasiones el autor tenga un gesto de ternura hacia ellas.
Luces de bohemia es la obra maestra del teatro valleinclanesco. Basada en la vida del escritor bohemio Alejandro Sawa -amigo personal del escritor y de Rubén Darío-, narra la última noche del poeta Max Estre­lla. Este, acompañado de su lazarillo Don Latino de Hispalis, recorre diversos lugares de un Madrid (librerías, tabernas, cafés, calles, despachos de ministerios...) y en todos encuen­tra motivos para la desolación.

El teatro esperpéntico agrupa a la men­cionada Luces de bohemia (1920 y 1924) y la trilogía Martes de carnaval, integrada por Los cuernos de don Friolera (1921), Las galas del difunto (1926) y La hija del capitán (1927).
4. El teatro de Federico García Lorca.
El tema dominante en casi todo su teatro es siempre el mismo, un tema muy presente también en sus libros de poemas: el enfrentamiento entre el individuo y la autoridad. El individuo tiene como armas el deseo, el amor y la libertad, pero es derrotado por la autoridad, es decir, el orden, el some­timiento a la tradición, a las convenciones sociales y colectivas.
Su primer intento dramático, El maleficio de la mariposa (1919), resultó fallido. La siguiente obra, Tragicomedia de Don Cristóbal y la Señá Rosita (1923) es una farsa de guiñol, al igual que el Retablillo de Don Cristóbal (1931). También son farsas, aunque para ser representadas por actores, La zapatera prodigiosa (1929-1930) y Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín (1930).
Mariana Pineda (1923), supone la pri­mera tentativa de acercamiento al drama lírico, al representar la historia de la heroína ajusticiada por bordar una bandera republicana en la época del absolutismo de Fernando VII. A continuación, dos obras testimonian la influencia del surrealismo: El público, escrita hacia 1929, y Así que pasen cinco años (1931). El lirismo y un ambiente onírico e ilógico son las características dominantes de estos dos dramas.
Pero las obras más importantes de Lorca forman la llamada trilogía rural: Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. Las tres presentan ras­gos comunes: la índole sexual de los problemas tratados, la mujer como protagonista, la ambientación en el campo andaluz y el desenlace trágico. De estas tres, La casa de Bernarda Alba (1936) es la cumbre teatral de Lorca. Bernarda Alba, a la muerte de su segundo marido, impone un luto de ocho años a sus cinco hijas, que prácticamente se ven enterradas en vida. Cuando Pepe el Romano se compromete con Angustias, la hija mayor, se desencadena una lucha de pasiones entre Adela y Martirio, que conducirá a un trágico final: el suici­dio de Adela. En La casa de Bernarda Alba culminan, por tanto, las grandes obsesiones del propio Lorca.

TEXTOS DE BODAS DE SANGRE PARA COMENTAR:

TEXTO I
NOVIO.-Déjelo. Comeré uvas. De­me la navaja.

MADRE.-¿Para qué?

NOVIO.-(Riendo.) Para cortarlas.

MADRE.-(Entre dientes y buscán­dola.) La navaja, la navaja. .. Malditas sean todas y el bribón que las inventó.

NOVIO.-Vamos a otro asunto.

MADRE.-Y las escopetas y las pis­tolas y el cuchillo más pequeño, y hasta las azadas y los bieldos de la era.

NOVIO.-Bueno.

MADRE.-Todo lo que puede cortar el cuerpo de un hombre. Un hombre hermoso, con su flor en la boca, que sale a las viñas o va a sus olivos propios, porque son de él, heredados...

NOVIO.-(Bajando la cabeza) Calle usted.

MADRE.- ... y ese hombre no vuelve. O si vuelve es para ponerle una palma encima o un plato de sal gorda para que no se hinche. No sé cómo te atreves a llevar una navaja en tu cuerpo, ni cómo yo dejo a la serpiente dentro del arcón.

NOVIO.-¿Está bueno ya?

MADRE.-Cien años que yo viviera, no hablaría de otra cosa. Primero tu padre; que me olía a clavel y lo disfruté tres años escasos. Luego tu hermano. ¿Y es justo y puede ser que una cosa pequeña como una pistola o una navaja pueda acabar con un hom­bre, que es un toro? No callaría nunca. Pasan los meses y la des­esperación me pica en los ojos y hasta en las puntas del pelo.

NOVIO.-(Fuerte.) ¿Vamos a aca­bar?

MADRE.-No. No vamos a acabar. ¿Me puede alguien traer a tu pa­dre? ¿Y a tu hermano? Y lue­go el presidio. ¿Qué es el presi­dio? ¡Allí comen, allí fuman, allí tocan los instrumentos! Mis muer­tos llenos de hierba, sin hablar , hechos polvo; dos hombres que eran dos geranios. ..Los matado­res, en presidio, frescos, viendo los montes. ..

NOVIO.-¿Es que quiere usted que los mate?

MADRE.-No. ..Si hablo es por­que. ..¿Cómo no voy a hablar viéndote salir por esa puerta? Es que no me gusta que lleves navaja. Es que. ..que no qui­siera que salieras al campo.

NOVIO.-(Riendo.) ¡Vamos!

MADRE.-Que me gustaría que fue­ras una mujer. No te irías al arro­yo ahora y bordaríamos las dos cenefas y perritos de lana.

NOVIO.-(Coge de un brazo a la MADRE y ríe.) Madre, ¿y si yo la llevara conmigo a las viñas?

MADRE.-¿Qué hace en las viñas una vieja? ¿Me ibas a meter deba­jo de los pámpanos?

NOVIO.-(Levantándola en sus bra­zos.) Vieja, revieja, requetevieja.

MADRE.- Tu padre sí que me lleva­ba. Eso es buena casta. Sangre. Tu abuelo dejó un hijo en cada esquina. Eso me gusta. Los hom­bres, hombres; el trigo, trigo.

TEXTO II
(Entra el PADRE de la novia. Es anciano, con el cabello blanco reluciente. Lleva la cabeza inclinada. La MADRE y el NOVIO se levantan y se dan las manos en silencio.)
PADRE.- ¿Mucho tiempo de viaje?

MADRE.-Cuatro horas. (Se sientan.)

PADRE.-Habéis venido por el camino más largo.

MADRE.-Yo estoy ya vieja para andar por las terreras del río.

NOVIO.-Se marea. (Pausa.)

PADRE.-Buena cosecha de esparto.

NOVIO.-Buena de verdad

PADRE.-En mi tiempo, ni esparto daba esta tierra. Ha sido necesario castigarla y hasta llorarla, para que nos de algo provechoso.

MADRE.-Pero ahora da. No te quejes. Yo no vengo a pedirte nada.

PADRE.-(Sonriendo.) Tú eres más rica que yo. Las viñas valen un capital. Cada pámpano una moneda de plata. Lo que siento es que las tierras...¿entiendes?...esten separadas. A mí me gusta todo junto. Una espina tengo en el corazón, y es la huertecilla ésa metida entre mis tierras, que no me quieren vender por todo el oro del mundo.

NOVIO.-Eso pasa siempre.

PADRE.-Si pudiéramos con veinte pares de bueyes traer tus viñas aquí y ponerlas en la ladera. ¡Qué alegría!...

MADRE.-¿Para qué?

PADRE.-Lo mío es de ella y lo tuyo de él. Por eso. Para verlo todo junto. ¡que junto es una hermosura!

NOVIO.-Y sería menos trabajo.

MADRE.- Cuando yo me muera, vendéis aquello y compráis aquí al lado.

PADRE.- Vender, ¡vender!, ¡bah! Comprar, hija, comprarlo todo. Sí yo hubiera tenido hijos hubiera comprado todo este monte hasta la parte del arroyo. Porque no es buena tierra; pero con brazos se la hace buena, y como no pasa gente no te roban los frutos y puedes dormir tranquilo. (Pausa.)

MADRE.-Tú sabes a lo que vengo.

PADRE.-Sí.

MADRE.-¿Y qué?

PADRE.-Me parece bien. Ellos lo han hablado.

MADRE.-Mi hijo tiene y puede.

PADRE.-Mi hija también.

MADRE.-Mi hijo es hermoso. No ha conocido mujer. La honra más limpia que una sábana puesta al sol.

PADRE.-Qué te digo de la mía. Hace las migas a las tres, cuando el lucero. No habla nunca; suave como la lana, borda toda clase de bordados y puede cortar una maroma con los dientes.

MADRE.-Dios bendiga su casa

PADRE.-Que Dios la bendiga.

TEXTO III
(Sale el NOVIO. Entran tres invitados.)
PADRE. (Dramático.) Pero ¿no es­tá en el baile?

CRIADA. En el baile no está.

PADRE. (Con arranque.) Hay mu­cha gente. ¡Mirad!

CRIADA. ¡Ya he mirado!

PADRE.   (Trágico.) ¿Pues dónde está?

NOVIO. (Entrando.) Nada. En nin­gún sitio.

MADRE. (Al PADRE.) ¿Qué es es­to? ¿Dónde está tu hija?
(Entra la mujer de LEONARDO.)
MUJER. ¡Han huido! ¡Han huido! Ella y Leonardo. En el caballo. ¡Iban abrazados, como una exha-lación!

PADRE. ¡No es verdad! ¡Mi hija. no!

MADRE. ¡Tu hija, sí! Planta de ma­la madre, y él, también él. ¡Pero ya es la mujer de mi hijo!

NOVIO.  (Entrando.) ¡Vamos de­trás! ¿Quién tiene un caballo?

MADRE. ¿Quién tiene un caballo ahora mismo, quién tiene un ca­ballo? Que le daré todo lo que tengo, mis ojos y hasta mi len­gua...

VOZ. Aquí hay uno.

MADRE.   (Al hijo.) ¡Anda! ¡De­trás! (Sale con dos mozos.) No. No vayas. Esa gente mata pron­to y bien...; ¡pero sí, corre, y yo detrás!

PADRE. No será ella. Quizá se ha­ya tirado al aljibe.

MADRE. Al agua se tiran las hon­radas, las limpias; ¡ésa, no! Pero ya es mujer de mi hijo. Dos ban­dos. Aquí hay dos bandos. (En­tran todos.) Mi familia y la tu­ya. Salid todos de aquí. Lim­piarse el polvo de los zapatos. Va­mos a ayudar a mi hijo. (La gen­te se separa en dos grupos.) Por­que tiene gente; que son sus pri­mos del mar y todos los que lle­gan de tierra adentro. ¡Fuera de aquí! Por todos los caminos. Ha llegado otra vez la hora de la sangre. Dos bandos. Tú con el tu­yo y yo con el mío. ¡Atrás! ¡Atrás!
TEXTO IV
(Van saliendo mientras hablan. Aparecen LEONARDO y la NOVIA.)
LEONARDO.­-

¡Calla!
NOVIA. 

Desde aquí yo me iré sola.

¡Vete! Quiero que te vuelvas.
LEONARDO.-

­¡Calla, digo!

NOVIA. 

Con los dientes,

con las manos, como puedas,

quita de mi cuello honrado

el metal de esta cadena,

dejándome arrinconada

allá en mi casa de tierra.

Y si no quieres matarme

como a víbora pequeña,

pon en mis manos de novia

el cañón de la escopeta.

¡Ay, qué lamento, qué fuego

me sube por la cabeza!

¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!

LEONARDO.­-

Ya dimos el paso; ¡calla!

porque nos persiguen cerca

y te he de llevar conmigo.

NOVIA. 

¡Pero ha de ser a la fuerza!
LEONARDO. 

¿A la fuerza? ¿Quién bajó primero las escaleras?
NOVIA. 

Yo las bajé.
LEONARDO. 

¿Quién le puso al caballo bridas nuevas?
NOVIA. 

Yo misma. Verdá.
LEONARDO. 

¿Y qué manos me calzaron las espuelas?
NOVIA. 

Estas manos, que son tuyas,

pero que al verte quisieran

quebrar las ramas azules

y el murmullo de tus venas.

¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta!

Que si matarte pudiera,

te pondría una mortaja con los filos de violetas.

¡Ay, qué lamento, qué fuego

me sube por la cabeza!

TEXTO V
NOVIA. (A la VECINA.) Déjala; he venido para que me mate y que me lleven con ellos. (A la MA­DRE.) Pero no con las manos; con garfios de alambre, con una hoz, y con fuerza, hasta que se rompa en mis huesos. ¡Déjala! Que quiero que sepa que yo soy limpia, que estaré loca, pero que me pueden enterrar sin que nin­gún hombre se haya mirado en la blancura de mis pechos:

MADRE. Calla, calla; ¿qué me im­porta eso a mí?

NOVIA. ¡Porque yo me fui con el otro, me fui! (Con angustia.) Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de lla­gas por dentro y por fuera,y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, sa­lud; pero el otro era un río os­curo, lleno de ramas, que acerca­ba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío, y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis he­ridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!, yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un gol­pe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, aun­ que hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen aga­rrado de los cabellos. (Entra una vecina.)

MADRE. Ella no tiene la culpa, ¡ni yo! (Sarcástica.) ¿Quién la tiene, pues? ¡Floja, delicada, mujer de mal dormir es quien tira una co­rona de azahar para buscar un pedazo de cama calentado por otra mujer!

NOVIA. ¡Calla, calla! Véngate de mí; ¡aquí estoy! Mira que mi cuello es blando; te costará me­nos trabajo que segar una dalia de tu huerto. Pero ¡eso no! Hon­rada, honrada como una niña re­cién nacida. Y fuerte para demos­trártelo. Enciende la lumbre. Va­mos a meter las manos: tú, por tu hijo; yo, por mi cuerpo. Las retirarás antes tú. (Entra otra ve­cina.)

MADRE. Pero ¿qué me importa a mí tu honradez? ¿Qué me impor­ta tu muerte? ¿Qué me importa a mí nada de nada? Benditos sean los trigos, porque mis hijos están debajo de ellos; bendita sea la lluvia, porque moja la cara de los muertos. Bendito sea Dios, que nos tiende juntos para des­cansar. (Entra otra vecina.)

NOVIA. Déjame llorar contigo.

MADRE. Llora. Pero en la puerta.



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