Ii congreso de Historia Intelectual de América Latina [Centro de Historia Intelectual / unq y CeDInci / unsam]






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II Congreso de Historia Intelectual de América Latina

[Centro de Historia Intelectual / UNQ y CeDInCI / UNSAM]

Ponencia


Juan Sebastián Morgado

Licenciado en Psicología (UBA, 1971)

Investigador independiente

Eje temático 2: Las instituciones culturales latinoamericanas y los espacios de sociabilidad intelectual.

Gombrowicz, Martínez Estrada y sus vínculos sociales; epistolario.

jmorgado@ajedrez-de-estilo.com.ar
Introducción

¿Qué pueden haber tenido en común dos personalidades de tan distintos orígenes como Witold Gombrowicz y Ezequiel Martínez Estrada? No pertenecieron ellos a ninguna corriente de pensamiento, y por ese motivo resultaron molestos para ciertas élites literarias y también políticas. Sin embargo, mantuvieron contactos sociales intensos, variables y cambiantes con las figuras más destacadas de su época.

De la investigación de sus trayectorias, surge la afinidad que mantenían en varios temas importantes: los atrapó el ajedrez, tuvieron experiencias con la llamada izquierda (Santucho, Revolución Cubana), fueron anarquistas intelectuales, mantuvieron posturas alejadas del peronismo y absolutas independencias personales de los sistemas de poder reinantes, se refirieron a Buenos Aires en términos negativos, ocuparon posiciones burocráticas grises para sobrevivir (Correo Argentino, Banco Polaco), murieron en edades productivas luchando contra enfermedades paralizantes, fueron tildados de traidores a la patria, y sus posturas se caracterizaron por ser a-nacionalistas, anti-nazis y anti-fascistas. Se los nominó para el Premio Nóbel, y obtuvieron importantes lauros literarios (Primer Premio Nacional de Poesía en 1929 y de Ensayo en 1933, y Premio Formentor, respectivamente). Además, podríamos agregar que Gombrowicz nunca pudo volver a Polonia, y Martínez Estrada se sintió, por momentos, un extranjero en su propio país; y que sus obras se caracterizan por un profundo análisis psicosocial y un cierto sentido de la paradoja.

La documentación hallada indica que Gombrowicz y Martínez Estrada se conocieron personalmente en 1947/8, y mantuvieron una amistosa relación durante esos dos años. Luego pierden contacto al mudarse Martínez Estrada a Bahía Blanca en 1949. Asimismo, ambos compartieron amistades y peleas con diversos intelectuales de la época: fueron notables, por ejemplo, las fuertes discusiones que ambos tuvieron con el Grupo Sur (Borges, Bioy Casares, Sábato, Victoria Ocampo).

En tanto Gombrowicz convirtió al Salón Rex en su segundo hogar durante la mayor parte de su estadía en Buenos Aires –allí se tradujo Ferdydurke en tumultuosas y multitudinarias sesiones–, Martínez Estrada formó parte del Círculo de Ajedrez, entidad fundada en 1916 por ex parroquianos del 36 Billares y del Café Colón de los anarquistas, y allí comenzó a escribir su ensayo Filosofía del Ajedrez. Queda claro entonces que ellos crearon su propio ambiente literario en esas instituciones.

Gombrowicz ha sido un observador agudo de la realidad argentina a través de obras como Diario Argentino. Como expresó Carlos Huerga, ¨desde la experiencia de la traducción española de Ferdydurke, realizada por el propio Gombrowicz, hasta la inclusión del autor polaco dentro de manuales de literatura argentina, podemos considerar que un autor marginal y extranjero puede cobrar una importancia sustancial dentro de una literatura nacional y alterar el canon literario, acercándose a la idea intercultural de la Weltliteratur de Goethe¨.1

Podría quizás decirse que Martínez Estrada fue el primer argentino que padece una enfermedad ¨sociopática¨: el sufrimiento que le provocó el desembarco del peronismo en 1946 le ocasionó una grave dolencia en la piel que lo tuvo postrado entre fines de 1950 y 1955, por momentos al borde de la muerte. Se curó ¨mágicamente¨ cuando cayó Perón, y él mismo bromeó luego diciendo que había padecido una ¨peronitis¨. Luego de escribir contra el peronismo cuatro obras que él mismo llamó panfletarias, y criticar duramente luego al gobierno de la llamada Revolución Libertadora y al de Frondizi, tuvo un serio enfrentamiento con varios colegas. Inició un destierro voluntario que lo llevó a México en 1959, y a Cuba entre 1960 y 1962, contratado por Casa de las Américas para escribir sobre Martí. Decepcionado y nuevamente con serios problemas de salud, volvió a la Argentina, para fallecer en 1964.
Gombrowicz y Martínez Estrada

Hay muy pocas referencias a la relación personal que tuvieron Witold Gombrowicz y Ezequiel Martínez Estrada. En general, todos coinciden, como Juan Carlos Gómez y Miguel Grinberg, en que no hubo vínculos entre ellos. Pero este autor, conociendo sus trayectorias contemporáneas, intuyó que podrían haber tenido en algún momento una relación cercana, vista la comunidad de ideas que mantenían en muchos temas fundamentales como los que se mencionaron en la introducción.

El hallazgo de dos obras dedicadas por Gombrowicz a Martínez Estrada constituye una prueba fehaciente del mutuo respeto y simpatía que se tuvieron. En Kronos,2 Martínez Estrada no es mencionado en el índice onomástico, pero sin embargo, está incluido en las láminas finales (Tableaux). También encontramos varias referencias a él en el libro de Klementyna Suchanow.3

Mencionaba Gombrowicz a Martínez Estrada en su carta a Piñera de marzo de 1947,4 cuando las pruebas de galera de Ferdydurke estaban en pleno proceso, en tanto Sábato y Lida criticaban fuertemente el texto resultante de las discusiones en el Rex:

—Confieso no poder comprender, Piñera,5 cómo entre dos buenos estilistas como usted y Ernesto pueden existir tales divergencias. Usted es el presidente del Comité de Traducción y Juez Supremo, pero, ¿no sería conveniente que se reuniera con Ernesto para saber qué seriedad tienen sus objeciones? (...) ¿O que esas páginas se discutan, por ejemplo, con Martínez Estrada, Borges, Gómez de la Serna, o algún otro buen estilista? Considero que esto le permitiría a usted entrar en relación con ellos, lo que ya es importante. Así sabremos al menos qué es lo que critican Lida y Ernesto6, y a lo mejor, habría que dar más fuerza a sus aclaraciones o tomar alguna otra medida—7

El 25 de abril de 1947 aparece Ferdydurke, presentado en El Querandí. Una semana después, el 2 de mayo, Gombrowicz obsequia y dedica un ejemplar a Martínez Estrada, con la sola palabra ¨cordialmente¨. Klementyna Suchanow informa además que Martínez Estrada participó en planes de promoción de Ferdydurke, y lo califica como uno de los ¨ensayistas más trascendentales, especialmente por su destacada obra Radiografía de la Pampa¨; y que también propuso promocionar la obra en la Sociedad Hebraica Argentina y en los ambientes literarios de élite, aunque sin éxito.8

El 28 de agosto de 1947 Gombrowicz expone su famoso texto Contra los poetas9 en el Salón Literario Fray Mocho, sito en Sarmiento 1820. Asisten al curso cuarenta personas, lo que le deja un rédito de $ 57.-10 En la oportunidad, Martínez Estrada lee como introducción una carta, que sería la de Manuel Gálvez.11 En 1948, poco después de editado El Casamiento,12 Gombrowicz se encuentra nuevamente con Martínez Estrada, y le obsequia un ejemplar de su nueva obra, esta vez con una cálida dedicatoria en forma de versito:

A Ezequiel Martínez Estrada

gran obispo

ofrece esta Iglesia

el autor diácono
Evidentemente, al tratar a Martínez Estrada de ¨gran obispo¨, se está refiriendo a su condición de ajedrecista, ya que los alfiles representan a los obispos; en tanto, Gombrowicz se presenta como un ministro eclesiástico.
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Notable dedicatoria de Gombrowicz a Martínez Estrada en El Casamiento (1948)

(Fundación Martínez Estrada)
En la solapa de la primera edición de esta obra se cita la opinión de Martínez Estrada, donde éste la describe como ¨una irrupción de fuerza, originalidad y gracia trágica; indudablemente, (Gombrowicz es) un escritor de primera línea¨.

El año 1948 puede haber sido el último en que se produjeron contactos entre ellos. En 1949 Martínez Estrada se muda a Bahía Blanca, y en 1950 adquiere una terrible enfermedad psicosomática de la piel que lo dejará casi postrado hasta 1955. A modo de conclusión, entiendo que Martínez Estrada debe ser excluido de la lista de escritores argentinos mal considerados por Witoldo.

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Beinecke Library, Yale University Library - Witold Gombrowicz, Pág. 3/3

Martínez Estrada es mencionado en la 9ª línea de arriba (bajo el nº 5) y en la 5ª línea de abajo

Hoja en la que Gombrowicz planifica la promoción de Ferdydurke
Sábato, Martínez Estrada (¿y Gombrowicz?)

En los primeros tiempos, Sábato y Martínez Estrada mantuvieron una relación fluida, de reconocimientos mutuos. Una prueba de ésto son las dedicatorias en libros,13 especialmente en el período 1928 -1953:

*Al Poeta y Radiólogo de la Pampa, Ezequiel Martínez Estrada, grande y admirable, con cuyo visto bueno no han publicados estos ensayos. Ni él ni nadie es responsable de ésto. Se trata de un suicidio. (Ernesto R. Sábato) (Dedicatoria de Sábato a Martínez Estrada, Tres Glosas, Teseo, 1942).

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A Don Ezequiel Martínez Estrada, con el cariño, el reconocimiento, y la gran admiración intelectual de (Ernesto) Sábato. (Dedicatoria de Sábato a Martínez Estrada, Uno y el Universo, 1945)

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* A Don Ezequiel, espíritu admirable de este tiempo nuestro, angustiado y roto me trato de analizar, con la admiración invariable y la profunda amistad de (Ernesto) Sábato (Dedicatoria de Sábato a Martínez Estrada, Hombres y Engranajes, 1951).

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Sin embargo, a poco de caer Perón, ambos tomaron caminos muy diferentes con respecto a la llamada Revolución Libertadora, y se enfrentaron en una tremenda polémica, incluidos golpes bajos y agravios. Ya en octubre de 1955 Sábato fue designado interventor de la revista Mundo Argentino, e hizo público un documento donde criticaba a Juan Perón pero rescataba la figura de Eva Perón. Dirigió esa revista hasta julio de 1956, cuando se producen los fusilamientos de José León Suárez –junio de 1956–, que repudió. En mayo de 1956 le había publicado a Gombrowicz el Fififor Forrado de Niño. De acuerdo a Carlos Brück 14 en su exposición del I Congreso Gombrowicz recientemente realizado, para esta época Sábato y él estaban muy cercanos, y Jorge Alejandro fue uno de los seudónimos que utilizó algunos años antes.

Martínez Estrada hizo varios intentos para conseguir un editor para sus últimos trabajos pero, distanciado tanto del peronismo como del nuevo gobierno, nadie se los aceptaba. En su búsqueda, se dirigió a Sábato pensando en Mundo Argentino, pero lo que parecía simple se transformó en un inesperado escándalo. El documento clave que explica la situación es la carta de Martínez Estrada a Sábato del 23 de abril de 1956:

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Carta de Martínez Estrada a Sábato (Hoja 1), 23 de abril de 1956

Fundación Martínez Estrada
Señor Director de Mundo Argentino

Doctor Ernesto Sábato – Buenos Aires

Por segunda vez, doctor Sábato, me trata usted con inmerecida desconsideración. Esta última con la amenaza de que si no le contesto con una aclaración escrita y responsable publicará usted la entrevista con los antecedentes, incluso la carta. Me amaga usted con practicar un hara-kiri en Diagonal Norte y Florida, a las 12. Quiere usted suicidarse en las letras después de haberse suicidado en las ciencias. ¿Es que usted tiene siete vidas? ¿Es usted, como (Manuel) Gálvez, inmortal, inmune al escándalo y a la infamia? Rehúyo, suplicante, esa responsabilidad ante la historia de la Física.

Pero es lo cierto que remover un asunto tan poco limpio, tan poco caballeresco, indica en usted un mal gusto temperamental. Pues la verdad es que la carta que usted firma y que contesto de inmediato, no puede o no debiera haber sido escrita por usted. Conozco muy poco de su prosa y nunca hice gran caso de la muchísima gente que lo cita a usted de memoria con evidente mala fe. Pero esa carta está redactada en un estilo impropio inclusive de un empleado subalterno de la Empresa Editorial Haynes Ltda. S. A. No me obligue a un análisis minucioso. 15

Vuelvo al tema; y es que lo que me ha ocurrido con usted es tan desagradable, por no utilizar el epíteto que corresponde, que me asombra que lo exhume usted y que amenace pasearlo por las calles. Lo voy a contestar en el tono que usted me da con su corista (Sic); me ha indignado usted y estoy sobreexcitado. Una vez me humilla y otra me ofende. Frecuentemente en los últimos años de mi vida lo que he escrito ha surgido en estados de ánimo muy desfavorables. Y otra vez me pone usted en trance de perder todo control. Si yo fuera coronel, o director de suplemento literario, o editor, o director de radio, usted no me habría despreciado tan sin piedad. 16 Pero usted lo ha publicado ya: yo he sido un empleadito postal, bastante aprovechado. Lo que no pudo usted decir, ni podrá, es que yo chupo de la ubre de la Revolución Libertadora, que es la del país. No tengo sino una jubilación de dos empleos acumulados, que equivale algo menos al sueldo de un barrendero municipal. Voy a desempeñar una cátedra en la Universidad y otra en el Liceo, ambas ad honorem, en éste porque el gobierno no tiene dinero para habilitar otra división y hay cuarenta muchachas que no podrían seguir estudiando. Yo voy a ayudar al gobierno; ¿qué le parece, doctor Sábato? 17

No creo lo que dice para asustarme: que en Buenos Aires se comenta que usted no quiso publicarme la entrevista. Esto, además, no es cierto, pues usted me ofreció publicarla y (yo) estaba dispuesto a cumplir su promesa bajo condiciones humillantes. No he manifestado ni publicado ni palabra de lo ocurrido. Ya sabe usted cuán difícil me es publicar nada desde que me colgaron los escapularios de antipatriota, amargo, pesimista, comunista, anarquista y ateo. Esto ha dado pie a que usted me pisotee en el suelo. Sólo hablé con Rosita, su pariente, a quien usted llama Señora Cendrero, y que es doctora. Era con ella con quien tenía que plañirme, por lo que paso a contarle.

Una tarde concurrió a (mi) casa, en Buenos Aires, su señora esposa Matilde con Rosita Cendrero. Había otras personas, como de costumbre, pero no recuerdo quiénes. Expresé yo entonces que encontraba dificultades para editar dos libros de análisis del peronismo. Había solicitado la edición a siete casas importantes, sin resultado. En 1954 La Nación me había rechazado dos colaboraciones, que pasé a Sur, que tampoco me las publicó. Mandé colaboraciones a El Mundo, La Vanguardia, y no se habían publicado a principios de marzo, ni acusado recibo. Remití en diciembre veintidós cartas y sólo me contestó mi viejo y querido amigo Carloncho18, aconsejándome que no fuera mimoso. Le pedí a (Vicente) Barbieri,19 dos veces, que me dejara hablar en la SADE, y no me contestó. Después leí dos capítulos de un libro (mío) en el Museo Social Argentino.

De todas esas menudencias me quejaba, de consentido que soy, y de que pasé cinco años enfermo, en hospitales de caridad. Doña Matilde se compadeció:

—Mándele algo a Ernesto—20

La señora Cendrero se ofreció a llevar una declaración de cómo juzgaba yo la situación actual de mi país, reproduciendo conceptos que había expresado en una carta abierta dirigida a Sur, que tampoco se publicó. Hice un cuestionario en forma de preguntas y respuestas. Usted ofreció enviar a un redactor para hacerme algunas preguntas; mas creo lo importante eran las respuestas: le dije que me preguntaría y me contestaría yo. Sabe usted, señor Director, que es costumbre universal que se haga cuando se trata de personas de responsabilidad que además escriben sobre temas serios y con fundamento. Nada de raro, pues. 21

A las tres semanas recibo una nota de Mundo Argentino, donde se me dice:

1) que estando ausente el director me remiten para mi aprobación una nota que precederá la entrevista;

2) se dice allí que yo no encontraba dónde publicar mis escritos;

3) que Mundo Argentino me ofreció hospitalidad en mi desamparo;

4) que me mandaría un redactor, pero yo manifesté lo que ya he dicho;

5) que el lector quedaba enterado que yo era el único responsable, etc.

(…) Contesté: ¨de acuerdo¨, porque estaba tan deprimido que no acerté a cantarle a usted las cuarenta, como se lo merecía. (…) 22

Pues yo había tomado en serio que había que denunciar un mal tan nefasto (como el peronismo). Siempre ingenioso, ¿verdad, doctor Sábato? (…)

A los tres o cuatro días que usted me entregara a la policía con las manos atadas después de haberme invitado a su mesa, me enteran de que el escritor Luis Alejandro le había llevado un cuestionario que yo (no) le contesté; muy ingenioso de su parte, pues usted sabe que a mí me falta esa gracia que Dios le da a los hombres de ciencia. Usted se negó a publicarlo. Me pareció lógico. 23

Por casualidad, al día siguiente, un amigo que llegaba a Buenos Aires me enteró de que un periodista de Bahía Blanca, Rubén Bugallo,24 hacía tres meses que le había enviado a usted una nota sobre el problema de la metrópoli y del país –de lo que trata el último número de su revista sin mencionarlo a él ni a mí, que soy el padre de la criatura; Sarmiento es el abuelo– que ni se le había publicado ni se le había contestado. Ahí me citaba profusamente. Me preguntaban si tenía yo algo con usted, pues el señor Bugallo no se explicaba la desatención, que hacia mí había sido lo habitual. Le contesté que entre usted y yo no había ninguna afinidad ni relación, y que no me atribuyera fama de jettatore. 25

Mas lo cierto es que entonces se me hincharon las glándulas salivares, las parótidas, y le mandé un telegrama rogándole que no publicara la entrevista. Un asunto tan sucio ya echaba hedor. Eso es todo. ¿Quiere usted darle publicidad? ¿Es eso periodístico? Esta respuesta que me adelanto a enviarle es un confite; la artillería pesada me la reservo por si me humilla usted o me ofende de nuevo. Me humilló cuando reveló que yo había escrito Radiografía de la Pampa en la oficina de correos donde trabajaba, robándole al Fisco el sueldo. Yo era algo así como el cartero que robaba la correspondencia. Ah, doctor Sábato: si usted fuera escritor comprendería que un librito así no se escribe a patadas. Le digo todo esto porque me pide usted una declaración escrita y responsable, pues su perspicacia ha descubierto que suelo escribir sin responsabilidad. 26 Óigame, Sábato: si usted me humilla y me ofrende otra vez, le voy a caer encima con todas las fuerzas que me quedan, y lo voy a aniquilar sin piedad, aunque ya sé que tiene usted patente de genio. No me exaspere, no me hostigue, no se sume usted a los que desde hace 25 años me destrozan la vida. Deje que esa suciedad sea sepultaba en el olvido. Pero si elije usted la espada en vez de la pipa, ¡ay del vencido! Lo saluda desde una colina (Ezequiel Martínez Estrada)27
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