Biografía de antonio de nebrija






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BIOGRAFÍA DE ANTONIO DE NEBRIJA

BIOGRAFÍA

Antonio de Nebrija nació en la antigua Nebrissa Venena, llama­da hoy Lebrija, en la provincia de Sevilla, a 72 kilómetros de la capital, río Guadalquivir abajo, cerca de su margen izquierda, y casi limitando con la provincia de Cádiz. Sus padres, pertenecientes a la clase media, fueron: Juan Martínez de Cala e Hinojosa y Catalina de Xarana y Ojo'1. Fue el segundo de cinco hijos: tres hermanos y dos hermanas.

No está muy claro el año de su nacimiento. En la dedicatoria de su Vocabulario español-latino dice: «Mas aunque se me allega ia el año de cincuenta y uno de mi edad, porque nací un año antes que en tiempo del Rey Don Juan el Segundo, fue la próspera batalla de Olmedo»2. Esta batalla tuvo lugar en 1445; según este dato, nació en 1444. Si la publicación del Vocabulario se realiza en 1495, la fecha de su nacimiento es la anteriormente indicada. Pero en la mis­ma obra dice: «Assí que en edad de diez y nueve años io fue a Ita­lia», y un poco más adelante: «Mas después que allí gasté diez años»3. Después estuvo tres, según él mismo dice4, con don Alonso de Fonseca, arzobispo de Sevilla, cuya muerte acaeció al tercer año


de estar Nebrija a su servicio, en 1473. Si las cuentas son veraces, en esta última fecha, Nebrija tenía treinta y dos años, dato que induce a retrasar la fecha de su nacimiento a 1441. Sin embargo, González Llubera (1926, XVIII-XIX) señala el año de 1444 como el del naci­miento de nuestro gramático. El trabajo de José Bellido (1945) pro­porciona datos y razonamientos poco convincentes para fijar la fecha de su nacimiento en 1444.

Pasa su niñez en su tierra natal, a la que dedicará años más tar­de la deliciosa poesía Salve, parva domus5, que solía imprimirse al principio de las Introducciones latinas. Recordando aquel entorno romano lleno de lápidas en las que figuran los nombres de Elios y Elianos —nos dice en su obra anteriormente citada— es como se añade el prenomen de Aelius al suyo de pila.

«Y dexando agora los años de mi niñez passados en mi tierra debaxo de bachilleres y maestros de grammática y lógica; dexando aquellos cinco años que en Salamanca oí en las Mathemáticas a Apo-lonio, en la Filosofía natural a Pascual de Aranda, en la Moral a Pedro de Osma, maestros cada uno de su arte muy señalado; luego que me pareció que según mi edad sabía alguna cosa, sospeché lo que era y lo que el Apóstol San Pablo liberal mente confessó de sí mes-mo, que aquellos varones, aunque no en el saber, en el dezir sabían poco. Assí, que en edad de diez y nueve años io fue a Italia, no por la causa que otros van, o para ganar rentas de iglesia, o para traer fórmulas de Derecho civil y canónico, o para trocar mercade­rías, mas para que por la ley de la tornada, después de luengo tiempo restituiesse en la possessión de su tierra perdida los autores del latín, que estavan ia, muchos siglos avía, desterrados de España»6. En Ita­lia es becario del colegio español de San Clemente, en la Universidad de Bolonia. Su deseo, él mismo lo dice, como hemos visto, es apren­der nuevas cosas de los grandes maestros del Humanismo, cuya sede era a la sazón Italia, y poder introducir nuevos métodos en las Uni­versidades españolas.

«Mas después que allí gasté diez años7 en los deprender, pen­sando ia en la tornada, fue conbidado por letras del muí reverendo y assí sabio varón, Don Alonso de Fonseca, Arzobispo de Sevilla, el cual, la primera vez que me vio y mandó que fuesse suio ... todos aquellos tres años que gozé de su familiaridad ninguna otra cosa hize sino reconocer toda mi gente, y por exercicio apercebirme para ense-ñar la lengua latina, como si divinara que con todos bárbaros se me aparejava alguna grande contención» 8. En este tiempo fue preceptor del sobrino del arzobispo Fonseca, don Juan Rodríguez de Fonseca, quien luego sería obispo de Badajoz, Córdoba, Falencia y Burgos, su­cesivamente.

Hagamos en este punto un alto en la biografía de Nebrija. Francisco Rico, en su interesante obra Nebrija frente a los bár­baros, expone cómo en Italia Lorenzo Valla emprende una lucha titánica contra los que habían provocado la degeneración de la len­gua latina. Según Rico (1978, 22): «En la Epístola apologética a Joan Serra..., Valla apuntaba inequívocamente el arranque y la fina­lidad de su labor intelectual al acentuar la importancia de los Elegantiarum linguae latinae libri VI no difundidos todavía: ‘Dico et, si fas est, omni maledicorum turba audiente proclamo semper libros meos, quos dixi, melius mereri de lingua latina quam omnes qui sexcentis iam annis vel de grammática vel de rhetorica vel de lógica vel de iure civili atque canónico vel de verborum significatione scripserunt.' No menos seguro, afectaba escandalizarse de enumerar a los salvajes que en esos seiscientos años habían corrompido las faculta­des que las Elegantiae iban a restaurar. 'Pudet hos nominare: Franciscum Butum, Gerardum, Martinum, qui de modis significandi volumina evomuit; Alexandrum, qui praecepta latina a Prisciano sumens barbaris versibus enuntiavit et de suo multum erroris adiecit; Alanum, Venturium, Petrum a Vineis, Uguiccionem, Catholiconem, Aimonem, Azzonem, Dionysium, Travetam, Benvenutum monachum...'»

Nebrija se encuentra en España ante el mismo panorama: la bar­barie de mediocres maestros había corrompido el latín, y era preciso luchar por restablecerlo en su pureza: «nunca dexé de pensar alguna manera por donde pudiesse desbaratar la barbaria por todas las partes de España tan ancha y luenga mente derramada. Y luego se me ofreció el consejo de que S. Pedro y S. Riblo, príncipes de los Após­toles usaron para desarraigar la gentilidad e introduzir la religión cristiana. Porque assí como aquéllos para echar los cimientos de la iglesia no acometieron unos pueblos escuros y no conocidos, como suelen hazer los autores de alguna seta falsa, mas el uno dellos a Athenas y entrambos a Antiochia, ciudades en aquel tiempo muí nom­bradas en el estudio de las letras, y, después, el uno y el otro a Roma, la reina y señora de todo el mundo. Assí, io, para desarraigar la barbaria de los ombres de nuestra nación no comencé por otra parte sino por el estudio de Salamanca, el qual, como una fortaleza, toma­do por combate, no dudava io que todos los otros pueblos de España vernían luego a se rendir» 9. El 4 de julio de 1475 firma un contra­to, como lector de la Universidad, por cinco años; se compromete a leer dos lecciones diarias, una de Elocuencia y otra de Poesía. El 9 de enero de 1476 se opone a la Cátedra de prima de Gramática, que había quedado vacante; el 22 de enero toma posesión de ella.

Llega a su cátedra y, como dice Rico (1978, 40), «no había pro­blema en fijar que [auctores] imitandos' convenían a los estudian­tes. Otro cantar era qué 'auctores ediscendos' proponerles», pues ninguno se ajustaba a sus ideas ni a sus métodos. Por eso, se dedica en aquellos años a escribir sus Introductiones latinae, que imprime en Salamanca en 148110. Era su primera publicación. Esta obra mar­ca una época en la historia del humanismo español. Se editan mil ejemplares, que pronto se agotan. Al año siguiente, se publica la se­gunda edición 11. El libro es un éxito; se convierte en el texto utili­zado en la enseñanza de la lengua latina, a la par que intenta demos­trar que la barbarie imperante entonces en todas las ciencias puede combatirse con el arma de la gramática. Ya en la dedicatoria de la primera edición de las Introductiones dice al cardenal Mendoza: «si con tu favor logro vencer a los enemigos de la lengua latina, a los cuales declaro la guerra con este libro, te ofreceré agradecido las décimas del botín».

En 1485 lee su primera Repetido, y en junio de 1486 la Repe-titio secunda, de corruptis Hispanorum ignorantia quarumdam litte-rarum vocibus, dedicada a la reforma de la pronunciación del latín.

Por este tiempo —se ignora la fecha12— se casa con doña Isa­bel Montesino de Solís, perteneciente a una familia salmantina. De este matrimonio nacieron seis hijos.

Es también en esta época cuando Nebrija conoce al entonces obis­po de Avila, fray Hernando de Talavera, que tanto le ayudó en su carrera 13. Hacia 1485, éste expone a Nebrija el deseo de la reina Isabel de que editase las Introductiones con una traducción en espa­ñol. Fueron sus Introduciones latinas... contrapuesto el romance al latín [Salamanca, ca. 1486]. En ellas, puede leerse el motivo de hacer esta traducción: «a lo menos se siguirá aquel conocido prove­cho que de parte de vuestra Real Majestad me dixo el muy Reverendo Padre y Señor, el Obispo de Avila: que no por otra causa me manda-va hazer esta obra en latín y romance, sino porque las mugeres re­ligiosas y vírgenes dedicadas a Dios, sin participación de varones pudiessen conocer algo de la lengua latina»14.

Sigue enseñando en Salamanca. A sus clases acudían numerosos y selectos estudiantes. Él se siente orgulloso de la labor emprendida y del fruto que va recogiendo. Así nos lo dice en la dedicatoria del Diccionario latino-español: «Porque hablando sin sobervia fue aque­lla mi dotrina tan notable que aun por testimonio de los embidiosos y confessión de mis enemigos todo aquello se me otorga, que io fue el primero que abrí tienda de la lengua latina, y osé poner pendón para nuevos preceptos, como dice aquel oraciano Catio. Y que ia casi del todo punto desarraigué de toda España los Dotrinales, los Pe­dros Elias, y otros nombres aún más duros, los Gaiteros, los Ebrardos, Pastranas y otros no sé qué apostizos y contrahechos grammáticos no merecedores de ser nombrados. Y que si cerca de los hombres de nuestra nación alguna cosa se halla de latín, todo aquello se a de referir a mí»15. Se hace patente en estas palabras el éxito que iba obteniendo en su lucha contra la barbarie latinista imperante en Es­paña entonces. Pero él debió pensar que su labor en las aulas sal­mantinas no tenía un alcance demasiado amplio, y que su actividad podría dirigirla hacia otra vertiente, de tal modo que pudiese influir en el mayor número posible de personas. De este modo, dice en su Diccionario latino-español: «Es por cierto tan grande el galardón de este mi trabajo, que en este género de letras, otro maior no se puede pensar; mas toda aquella mi industria de enseñar estava dentro de mui estrechos términos apretada. Porque como gastase casi todo mi tiempo en declarar los autores ocupado cada día cinco o seis oras en cosa no menos dificile que enojosa, quiero decir la verdad, que no era todo aquel negocio de tanto valor que oviesse de emplear tan buenas oras en cosa que parecía tocar al provecho de pocos, siendo por aventura nacido con maior fortuna y para obras maiores y que fuessen a los nuestros mucho más provechosas»16. Pero tropieza con el problema económico: vive sólo del sueldo de la Universidad, que, por tanto, no puede dejar. La solución se la brinda don Juan de Zúñiga, Maestre de la Orden de Alcántara, y luego Cardenal-Arzobispo de Sevilla, que, además, había sido discípulo de Nebrija. Entra al servicio de don Juan de Zúñiga17, dejando su Cátedra de la Uni­versidad de Salamanca al final del curso del año 1487, después de doce años de ejercicio18. El tiempo pasado en la casa de Zúñiga es sumamente productivo para Nebrija: escribe y publica el Diccionario latino-español (1492) y el Vocabulario español-latino (ca. 1495), la Gramática de la lengua castellana (1492), la Muestra de Antigüeda­des, la Tabla de la diversidad de los días (1499), etc., sabemos que enseñó en la misma casa de don Juan de Zúñiga y públicamente en Santa María de la Granada19, y aún le sobraba tiempo para compo­ner en latín el Epitalamio, que él mismo leyó en la boda del príncipe don Alonso de Portugal, con la infanta Isabel, primogénita de los Reyes Católicos20.

Mientras tanto, el cardenal Cisneros había ido pergeñando la fun­dación de la Universidad de Alcalá y la edición de la Biblia poli­glota. En 1499 el papa Alejandro VI otorga una bula creando, a petición del cardenal Cisneros, el Colegio de San Ildefonso; se pone su primera piedra en 1500. Nebrija, interesado en el proyecto de la Biblia, pasa a formar parte del equipo que trabajaba en ella, integra­do por los maestros Alonso de Zamora, Pablo Coronel y Alonso de Alcalá, hebraístas; Hernán Núñez de Toledo, helenista; Lorenzo Balbo de Lillo, el bachiller Diego López de Estúñiga, etc. Comenzaron los trabajos preparatorios en el 1502, y Nebrija se dedica con gran entusiasmo a este proyecto.

En 1503, a la muerte del maestro Gomiel, catedrático de Prima de Gramática, la Universidad de Salamanca escribe a Nebrija para que firme la oposición de esta Cátedra. La gana, pero no se incor­pora a ella. Renuncia y se sigue dedicando al trabajo de la Biblia poliglota. Este hecho coincide también con el nombramiento de don Juan de Zúñiga como cardenal de Sevilla, y, posiblemente, también influyese en la actitud de Nebrija el deseo del nuevo prelado de que el filólogo sevillano no se separase de él en estos momentos.

Nebrija pensaba que debía aplicarse un criterio filológico en la edición de la Biblia latina, que él tenía encomendada: era necesaria una revisión del texto de la Vulgata para fijar el texto de la nueva edición. La actitud de Nebrija chocaba con la de los teólogos del equipo, quienes sostenían que no se debían modificar los textos. Estos convencen a Cisneros, y Nebrija se retira del equipo.

Años después, en la Epístola a Cisneros21, explica al cardenal el motivo de su decisión: «Cuando vine de Salamanca, yo dejé allí pu­blicado que venía a Alcalá para entender en la emendación del La­tín, que está común mente corrompido en todas las Biblias latinas, cotejándolo con el hebraico, caldaico y griego. Y que agora, si alguna cosa o falta en ello se hallasse, que todos cargarían a mí la culpa, y dirían que aquella ignorancia era mía, pues que dava tan mala cuenta del cargo que me era mandado. Entonces V.S. me dijo que hiziese aquello mesmo que a los otros avía mandado: que no hiziesse mu­danza alguna de lo que común mente se halla en los Libros anti­guos; mas que si sobre ello a mí otra cosa pareciesse, que devía escri­bir algo para fundamento y prueva de mi intención.»

En 1504, muere don Juan de Zúñiga, y el 2 de mayo de 1505, toma nuevamente posesión de la Cátedra de Salamanca, tras oponerse a ella22.

En 1503, publica en Salamanca su De Vi ac Potestate Litterarum23, que es una ampliación de la Repetido secunda. También pu­blica este año, en Sevilla, su Persius. Ambas obras estaban dedicadas a don Juan de Zúñiga.

Ya en Salamanca, lee el 30 de junio de 1506 su Repetitio tertia: De peregrinum dictionum accentu. En este mismo año de 1506, publica también el Lexicón luris Civilis. Al año siguiente, lee la Re petitio quarta: De Litteris Hebraicis. Descuida sus clases de la Uni­versidad de Salamanca. Cuando comienza el curso 1508-9 está au­sente de la Cátedra más de cuatro meses. La Universidad la declara vacante el 19 de febrero de 1509. El rey, para consolarle y compensarle económicamente, le nombra su cronista.

El 31 de agosto del mismo año de 1509 se opone a la Cátedra de Retórica de la Universidad, y como no se presentó ningún otro opositor el claustro se la dio a Nebrija el 3 de octubre de 1509.

En la Universidad, el ambiente le es cada vez más hostil. Él ha­bía aparejado una «gran contención» contra los bárbaros; decía en la dedicatoria a la Reina Católica en las
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