La literatura de la primera mitad del siglo XIX. El romanticismo






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LA LITERATURA DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX. EL ROMANTICISMO


  1. LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX




  1. EL ROMANTICISMO

    1. Rasgos del Romanticismo




  1. ORÍGENES Y DESARROLLO DEL ROMANTICISMO ESPAÑOL

    1. Etapas del Romanticismo español

      1. Primera etapa: principios de siglo

      2. Segunda etapa: mediados de la década de 1830

      3. Tercera etapa: 2º mitad del siglo XIX. El Posromanticismo




  1. TEMAS ROMÁNTICOS




  1. LA POESÍA ROMÁNTICA




    1. JOSÉ ZORRILLA (1817-1893)

      1. Poesía narrativa: las leyendas

      2. Poesía lírica

    2. JOSÉ DE ESPRONCEDA

      1. Biografía y personalidad

      2. Obra

        1. Etapas de la poesía de Espronceda

      3. Estilo

    3. Poesía intimista posromántica ( románticos tardíos)

      1. ROSALÍA DE CASTRO

        1. Biografía

        2. Obras

      2. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

        1. Vida y personalidad

        2. Obra lírica

        3. Obra en prosa





  1. LA PROSA




    1. LA NOVELA

      1. Novela histórica

      2. La novela por entregas. El folletín




    1. EL PERIODISMO

      1. El costumbrismo

    2. MARIANO JOSÉ DE LARRA

      1. Biografía

      2. Obras

        1. Poesía, novela y teatro

        2. Artículos periodísticos

      3. Estilo




  1. EL TEATRO

    1. RASGOS DEL DRAMA ROMÁNTICO

    2. EVOLUCIÓN DEL TEATRO ROMÁNTICO

    3. PRINCIPALES AUTORES

      1. Ángel de Saavedra, duque de Rivas

      2. José Zorrilla



  1. LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX




  • La Santa Alianza: la derrota de Napoleón en 1815 supuso la creación durante el Congreso de Viena de una organización integrada por Rusia, Austria, Prusia y Francia para defender a las monarquías de posibles revoluciones liberales.




  • La doctrina Monroe: los Estados Unidos prosiguieron su expansión territorial y demográfica mediante la guerra, la compra o el asentamiento de colonos. Además las colonias españolas americanas van adquiriendo su independencia y Estados Unidos las ven como su lugar de influencia natural, según expresa la conocida doctrina Monroe, explicitada en 1823 por el presidente del mismo nombre: América para los americanos.




  • Revoluciones de 1848: tienen su epicentro en Francia y se extienden por toda Europa. Es muy significativa la participación de las masas obreras en estas revueltas. Las reivindicaciones obreras no se escuchan y los participantes son duramente reprimidos. Se produce una honda fractura entre el liberalismo burgués y los movimientos obreros. La burguesía se vuelve cada vez más conservadora.




  • Aparición de nuevas clases sociales: los burgueses o propietarios y los proletarios u obreros. Los proletarios sólo tienen su fuerza de trabajo y sus hijos. Las condiciones laborales de los proletarios son durísimas: no hay límite de edad, sexo ni horario para el trabajo.




  • Socialismo utópico: defendido por Saint Simon, condena los abusos del capitalismo y propone un nuevo modelo social con un reparto más justo de los bienes. Anticipa el desarrollo del movimiento obrero durante la segunda mitad del siglo XIX.




  • Liberalismo: propiciado por la burguesía, defiende una serie de libertades: libertad de pensamiento, de expresión, de asociación, de reunión. Propugna un sistema político basado en el sufragio universal y en el que la soberanía popular y la capacidad legislativa residan en el parlamento. No obstante, cuando los liberales llegan al poder adaptan sus principios a las circunstancias: sufragio censitario (sólo pueden votar los que alcanzan un determinado nivel de renta), recortes de las libertades, proteccionismo comercial, etc.




  • Ultramontanismo: pensamiento reaccionario, abiertamente antiliberal, que defiende el poder de la Iglesia católica, los antiguos privilegios y una moral católica muy conservadora.




  • Guerra de la Independencia: los numerosos errores diplomáticos de Godoy y las rivalidades entre Carlos IV y su hijo Fernando conducen a la invasión francesa de 1808, con la que el imperio napoleónico pretende extenderse hasta la península ibérica. Con la ayuda de Inglaterra el ejército español consigue derrotar al bando francés en 1814.




  • Afrancesados: se suelen llamar así a los españoles, normalmente intelectuales ilustrados, que apoyan el régimen político impuesto por Napoleón, quien colocó en el trono español a su hermano José I. Los afrancesados esperaban que este rey extranjero trajera por fin, el progreso a España. La mayor parte de los afrancesados debieron partir para el exilio cuando Fernando VII regresó al trono.




  • Trienio liberal (1820-3). Tras la llegada a España de Fernando VII, comienza un periodo absolutista. La sublevación del general Rafael Riego abre el Trienio Liberal (1820-3), periodo en el que se intentan ciertas reformas que, aunque moderadas, asustan a los absolutistas españoles y a los gobiernos europeos que mandan a los Cien mil hijos de San Luis, que no encuentran resistencia alguna y restauran el poder real absoluta.




  • Década ominosa (1823-1833). Tras la restauración absolutista comienza la Década ominosa, caracterizada por la represión brutal: ejecución inmediata de Riego y sus partidarios; fusilamiento del guerrillero Juan Martín el Empecinado, de Torrijos y sus compañeros liberales, de Mariana Pineda, etc. Muchos liberales deben partir al exilio. Las tensiones entre liberales y conservadores quedan definitivamente cristalizadas.




  • Guerra carlista (1833-40). A la muerte de Fernando VII se produce la guerra civil entre los absolutistas, partidarios de Carlos, hermano del rey, y los liberales, defensores de la hija de Fernando, la futura Isabel II.




  • Periodo de las Regencias. Dada la minoría de edad de Isabel, su madre, María Cristina ejerce de regente hasta 1840. En este periodo se dan los primeros pasos para la instauración de un régimen liberal: reconocimiento de las libertades básicas, elección de las Cortes por sufragio censitario, centralización administrativa, etc. El fin de la primera guerra carlista trajo consigo la sustitución de la reina madre por el general Espartero, cuya regencia duró hasta 1843, cuando Isabel II fue nombrada mayor de edad.




  • Desamortización de Mendizábal. Es la medida liberal más importante tomada durante la regencia de María Cristina. La desamortización supuso la expropiación de grandes extensiones de tierra en manos de la Iglesia, que pasaron a manos del gobierno.




  • Década autoritaria (1843- 1853). Periodo de retroceso de las libertades dominado por la figura del general Narváez. La nueva Constitución restringe las libertades y los derechos. En 1848, Narváez implanta la dictadura.



  1. EL ROMANTICISMO


Se conoce con el término de Romanticismo el movimiento natural que se opone, de forma más o menos explícita, a los principios característicos de la Ilustración y que es resultado de la profunda crisis social e ideológica de un mundo en acelerado cambio, como es el de principio de siglo XIX.

Los orígenes del Romanticismo hay que buscarlos ya en el siglo XVIII, sobre todo en la filosofía y la cultura alemana. Se produce allí el movimiento Sturm und Drang (Tempestad y Pasión), que propugna la creación literaria al margen de las reglas clásicas y revaloriza la expresión artística de los sentimientos y las vivencias. Esta sensibilidad prerromántica se manifiesta también pronto en Inglaterra1 y, con mayor o menor intensidad, se extiende por toda Europa.


    1. Rasgos del Romanticismo




  • Irracionalismo. Se niega que la razón explique por completo la realidad. Es más, se abandona la idea de que existan verdades fijas e inmutables. Por el contrario, la realidad es en esencia cambiante, caótica e incomprensible. Por ello, no hay entre los románticos un pensamiento sistemático y coherente que aspire a comprender el mundo de forma global. Este rechazo de la razón y de lo racional justifica también la preferencia de los románticos por temas como lo sobrenatural, lo mágico y lo misterioso. Para ellos, el mundo es en esencia un misterio, algo oculto a lo que la razón es incapaz de llegar.

  • Subjetivismo. Si la razón tiene sus límites, son necesarias otras formas de conocimiento que para los románticos son la intuición, la imaginación y el instinto. De ahí la importancia de las emociones, los sueños o las fantasías que permiten bucear en el inconsciente para descubrir allí los impulsos no racionales, los escondrijos del espíritu humano. Frente a la razón, se levanta la bandera del sentimiento siempre arrebatado, aun cuando se tiña a veces de melancolía. La pasión es en el Romanticismo una fuerza superior a la razón.




  • Idealismo. En conexión con la filosofía idealista, fundamentalmente alemana, que se impone con fuerza en toda Europa en la primera mitad del siglo, el hombre romántico siente predilección por lo absoluto, lo ideal. No quiere una parcela de libertad, un avance en el progreso o la contemplación de algo bello, sino que se lanza a la búsqueda de la Libertad, del Progreso, de la Belleza. Hay en los románticos un sentimiento de no plenitud, una conciencia de lo incompleto de la existencia humana que les hace buscar casi desesperadamente lo absoluto. Ello explica, por una parte, su necesidad de acción, su vitalismo, pero también, por otra, que sus anhelos se vean insatisfechos, lo que los conduce a la frustración y a la infelicidad.




  • Individualismo. El hombre romántico tiene una conciencia aguda y dolorosa de la propia personalidad, de ser distinto de los demás, y afirma constantemente ese yo frente a lo que lo rodea. En algunos casos, se siente superior a todo lo otro: exalta su propia sensibilidad, sus emociones que nadie puede siquiera comprender, su genio, pero también su desgracia o su infelicidad, mayores que las de nadie. Esta afirmación del yo lo conduce a la soledad que es uno de los temas básicos del Romanticismo. El yo del artista pasa a ocupar el primer plano de la creación. Los artistas vierten en sus obras sus sentimientos, expresan su insatisfacción con el mundo circundante, su ansia de infinito, su búsqueda del absoluto, su amor apasionado, su deseo vehemente de libertad, sus estados de ánimos, etc. Por eso la poesía lírica o la música son en esta época las artes supremas.




  • El genio creador. Durante el Romanticismo se cree que el arte es una forma de expresión del genio que el creador lleva en su interior. El artista nace, no se hace. De ahí la revalorización de lo espontáneo, de lo intuitivo, de lo original, de aquello que es característico del genio creador. La obra de arte es el resultado de un momento de inspiración que refleja la valía de su autor. La posibilidad de desarrollo de su capacidad creativa hace del romántico un individuo vitalista, eufórico y apasionado. Pero de aquí proceden también sus quejas de artista incomprendido, sus protestas cuando siente que la sociedad desconoce o desprecia su genio individual otra vez la conciencia de la soledad.




  • Inseguridad radical. El romántico es por naturaleza alguien inseguro e insatisfecho, pues, al haber perdido la confianza en la razón, ya no hay certezas absolutas en el mundo y no sirven las respuestas tradicionales a los interrogantes que la realidad ofrece. Ello da lugar a la desazón vital romántica. Pero la inseguridad y la insatisfacción vitales son al mismo tiempo motores de la creación artística, porque el romántico busca constantemente respuestas y soluciones a las dudas y problemas que se le plantean.




  • Desengaño. El choque entre el yo hipertrofiado romántico y la realidad prosaica y gris que no da satisfacción a sus anhelos e ideales produce en el artista romántico un hondo desengaño, un tedio y un hastío vitales que lo llevan a rebelarse contra las normas morales, sociales, políticas o religiosas.




  • Evasión. Para escapar de ese mundo en el que no encuentra cabida su idealismo extremo, el romántico opta por huir de esa realidad inmediata que no le gusta. La evasión puede producirse en el tiempo o en el espacio:

    • Evasión en el tiempo: los románticos están especialmente interesados por la Edad Media, un periodo histórico que les parece especialmente interesante.

    • Evasión en el espacio: los románticos se evaden a lugares lejanos o exóticos, como Oriente, América o la misma España, que para muchos escritores europeos era, con sus antiguas tradiciones y su peculiar folclore prototipo de país romántico.

    • Suicidio: una forma de evasión extrema. Europa fue recorrida por una sorprendente ola de suicidios provocada por la lectura del Werther de Goethe.




  • Soledad. Además de la evasión temporal y espacial, adquiere especial importancia la huida de la realidad mediante el refugio en sí mismo, con lo que el gusto por la soledad se convierte en uno de los temas románticos por excelencia. Esto justifica la preferencia por lugares solitarios como castillos, cementerios, jardines, espacios apartados o recónditos, etc. La soledad del romántico nace de su individualismo, de la afirmación de su yo: en este sentido, la soledad produce también dolor y lo lleva a ansiar la integración, la comprensión de los otros, el amor.




  • Naturaleza dinámica. Frente a la naturaleza artificiosa y bucólica del Neoclasicismo, el artista romántico representa la naturaleza en forma dramática, en movimiento y con preferencia por la ambientación nocturna. Opone, pues, al orden, a la mesura y a la armonía neoclásicos, el desorden y la falta de proporción. La naturaleza se identifica con los estados de ánimo del creador y, según sean estos, es turbulenta, melancólica o tétrica, como una proyección de sus sentimientos. Pero a la vez la naturaleza está por encima de todo, lo que deja traslucir cierta concepción panteísta del universo, como se advierte en el tópico romántico de las ruinas, que simbolizan el predominio de la naturaleza sobre el hombre y sus obras.




  • Nueva sensibilidad. El sentimentalismo, manifiesto ya en muchos autores ilustrados, se prolonga y amplía durante el Romanticismo, que lleva a primer plano la intimidad. Resultan ahora características la introspección, la nostalgia, la melancolía, la tristeza y la soledad. Se extiende el sentimiento de la fugacidad e infelicidad de la vida humana, que provoca la típica angustia romántica. El gusto por lo sombrío y crepuscular es revelador de tal sensibilidad.



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