¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina?






descargar 26.71 Kb.
título¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina?
fecha de publicación27.01.2016
tamaño26.71 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Literatura > Documentos
¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina?

(Segunda Parte y final)

Por Alejandro Zamora Montes
Alejandro: ¿Qué rol debería desempeñar un rapero en la Cuba de hoy, y la que se avecina?
Tomás: Bueno, en este sentido, tomar más conciencia histórica. Ya se trate de un rapero blanco o negro. Porque podemos definir que el rap es solamente de negros, pero esto me parecería absurdo, aunque mayoritariamente haya más raperos negros que blancos en el movimiento. Es más saludable y consciente hablar de que somos cubanos, más allá del color de la piel. Porque dentro del rap existen ciertos movimientos afrocentristas. Yo en particular estoy en contra de todos los centrismos. Si lucho contra el eurocentrismo, también lucho contra el afrocentrismo. Mi lucha es por el respeto de todos nuestros ancestros. Los que vinieron de Europa, África u otras partes del mundo. Hay que tomar conciencia de que nosotros los desclasados, los económicamente marginados, tenemos una lucha que debemos enfrentar unidos. Blancos, negros, mulatos, chinos, etc. Y a partir de esa lucha, cada uno como hombre, como mujer, como religioso, cada cual con su orientación sexual, unir todo lo que nos une y apartar lo que nos disgrega. Entonces la contribución del rap es llevar a sus canciones, a sus expresiones, todo lo que pueda unir estas nuevas voces, este nuevo pensamiento, este nuevo afán por lograr una sociedad mejor. No una sociedad revolucionaria, porque respeto mucho esa palabra. En mi experiencia, tanto dentro como fuera de nuestro país, es difícil hallar verdaderos revolucionarios. Son pocos. Pienso que es la conciencia de que formamos parte de una sociedad cubana que forma parte de una sociedad más amplia, donde también, en mayor o menor medida o en diferentes direcciones, se está luchando por lo mismo que se está luchando en Cuba. Lo que yo le pido al rapero de Cuba es lo mismo que le puedo pedir a un rapero colombiano, chileno o norteamericano: luchar por la concientización de porqué debemos luchar y contra lo que tenemos que luchar. Porque muchas veces luchando contra nosotros mismos, nos equivocamos de objetivo. No ver que porque cuando una persona canta algo o crea un poema que puede ser considerado erróneo, sea un enemigo nuestro. Por eso la cuestión de la Articulación Regional Afrodescendiente de América Latina y del Caribe tiene un objetivo, un propósito. Ahora bien, materializarlo sí es difícil, porque siempre habrá escollos. Tú mismo me has hecho una pregunta ¿Qué es lo que deben hacer las raperas y los raperos en este sentido? Deben hacer lo que toda persona consciente de la situación social de nuestro país, de la crisis que estamos enfrentando, haría: luchar para que los errores del pasado no se repitan. Debemos llevar a cabo el pensamiento de José Martí, «Con todos y para el bien de todos». Como la historia de cualquier sociedad (y la nuestra no se excluye), nunca ha sido para el bien de todos, sino para el bien de los que están en el poder. Para ellos todo, para los que nos hemos quedado afuera, nada. Debemos luchar por hacer realidad pensamientos muy románticos, muy lindos, que han quedado en nuestra historia. El racismo es uno de los fenómenos más lamentables de este siglo. Que lo viven y padecen no solamente los de raza negra. Nosotros estamos involucrados dentro de esta lucha por nuestros ancestros africanos, pero habría que ir a otros continentes para ver cómo se manifiesta esta problemática racial. Que a veces no es racial, sino que aparece como un problema étnico. Es un fenómeno complejo, porque recordemos que las grandes guerras civiles en África han sido por divisiones étnicas. Pero también detrás de estas guerras existen intereses de tipo económico y político. Estas guerras son provocadas por el control de estas dos últimas dimensiones. Todo esto que he venido hablando contigo, no está al margen del poder de las grandes transnacionales. Es como reza el dicho: «Divide y vencerás». Esas son las cosas que hay que visualizar, cuál es el enemigo común de todos nosotros. Y dentro de eso, analizarlo en cada país, con sus peculiaridades.
Alejandro: ¿Cree que deba existir un acercamiento o diálogo más profundo entre los raperos y los intelectuales cubanos?
Tomás: Pienso que eso sería muy beneficioso para todos. Porque existe una intelectualidad cubana interesada en estos temas. Yo me considero, como tú bien sabes, un hombre de pueblo. Pero como he publicado libros e impartido conferencias, me dicen que soy un intelectual. Si me lo dicen, pues bien, acepto que soy un intelectual. Pero yo nací y me crié en el barrio de Belén, y actualmente vivo en Atarés. La intelectualidad de la cultura antes de la Revolución (y esto es un fenómeno cubano muy particular), consideraba que para ser un intelectual había que saber mucho de literatura griega, de literatura universal. La cultura dominante era la eurocéntrica. Sin embargo, una de las cosas que la Revolución nos ha enseñado y particularmente a mí, es que todos somos cultos. Los abakuás son cultos, los santeros son cultos, pues tienen un conocimiento que muchos profesionales de la universidad no tienen. Ser culto no es conocer la historia universal. Ser culto es saber lo que está en tu entorno, cómo tú puedes utilizar y relacionar esa cultura helénica, africana, griega, bizantina, oriental, china, japonesa. Cómo tú interactúas con esas culturas en el contexto social en que tú vives. Eso es ser intelectual, a mi entender. Martí decía que había que estar abierto a todas las culturas del mundo, y sacar de ellas lo mejor. Y no es querer imitar una u otra. Te repito: yo no soy africano ni español, yo soy cubano. Y todo lo que hago es pensando como cubano. Históricamente, ha habido un sector de la población que no ha tenido los mismos beneficios por sus orígenes. Como bien dijo Juan Gualberto Gómez de los negros, ya que ellos fueron traídos a Cuba como esclavos. Por lo tanto, pienso que es muy importante esa interrelación de los intelectuales con los raperos. Yo asisto a muchas actividades en el Callejón de Hamel, en El Sábado de la Rumba y raramente veo a académicos allí. He coincidido con algunos en La Casa de África, en el Festival Orígenes de Matanzas y los he visto bailando conga, sumándose a lo que la mayoría de los asistentes hacían. Pero no sé si es influenciado por el contexto o por una necesidad vital de ellos como intelectuales.
Alejandro: Ser un intelectual orgánico…
Tomás: Así es. Una de las cosas que más me gustó del proyecto La Fábri_K, fue su interrelación con la comunidad. Los mismos conciertos que ofrece Silvio Rodríguez por los barrios, deben constituir un estímulo para que otros cantantes líricos, sinfónicos, así como dramaturgos, cineastas, hagan lo mismo.
Alejandro: Sería formidable que se expanda aún más la conciencia de llevar arte a las cárceles. Por cierto, además de las/os raperas/os, fueron las bibliotecas quienes empezaron a llevar la cultura a los centros penitenciarios. ¿Me equivoco?
Tomás: No te equivocas. Las bibliotecas han jugado un rol importantísimo en este sentido, que no ha sido reconocido ampliamente. En la actualidad, las bibliotecas siguen realizando un trabajo muy meritorio. La misma Biblioteca Nacional sigue haciendo ese trabajo con algunas comunidades de granjas, de prisiones. Yo mismo he visitado otras provincias y he podido verificar esto que te digo. No olvides que soy bibliotecario, llevo trabajando 51 años en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí (BNCJM) y sé que en todas las provincias del país existe un plan donde las bibliotecas promueven actividades culturales a los presos. Pienso que esto debe formar parte de las políticas culturales e intelectuales del país. Esa vinculación de los artistas con el pueblo y por supuesto, de los mismos intelectuales que forman parte del pueblo, aunque muchas veces y desde el punto de vista histórico se ha querido establecer una separación entre intelectualidad-pueblo, es importante. A veces, por ejemplo, a mí me hablaban críticamente del libro titulado El rey de la Habana o de Trilogía sucia de la Habana, de Pedro Juan Gutiérrez, porque me decían que eso no reflejaba la realidad. Y yo siempre decía: La sociedad cubana tiene muchas realidades. No te metas en el mundo de las realidades de los abakuás, de los masones, de los islámicos. Y por favor, recordemos que en Cuba existen ahora también comunidades rastas. Y uno se pregunta cuando se adentra en estas dimensiones: ¿Cómo es posible que esto esté sucediendo en Cuba? Sencillamente, que ahora tengamos integrado el vudú haitiano tiene que ver con el hecho de que hubo haitianos que vinieron a trabajar aquí en Cuba dejando a sus familias y nos han dejado el creole haitiano como una manifestación verbal que incluso, se ha «criollizado». ¿Pero y la cultura Rastafari? ¿Qué antecedentes tenemos nosotros de los rastas? Esos sueños de los rastas de volver a un África que sólo existe en su imaginario, porque la sociedad actual africana está llena de todas las contradicciones. A ver, cómo te explico... Por ejemplo, cuando tuvieron lugar las olimpiadas en Sudáfrica y se exhibieron las imágenes. ¿Quién podía decir que ese lugar era África? Como Johannesburgo, Pretoria, ciudades llenas de edificios modernos. Con todos los males y contradicciones de las sociedades capitalistas contemporáneas.
Alejandro: ¿Lo que usted sugiere es que algunas tribus urbanas en Cuba asumen un modelo de África que no existe?
Tomás: No, no existe. Esto tiene mucho que ver con las doctrinas de Marcus Garvey, por ejemplo. Porque Garvey deseaba crear un estado africano libre. Y cuando yo reflexionaba sobre estas cuestiones, me parecía que era una gran utopía. Pero parece que las utopías y los grandes utópicos son también necesarios, porque es indudable todo el trabajo que realizó este idealista dentro del movimiento social de los negros estadounidenses, y lo que significó Marcus Garvey para todo el movimiento negro del Caribe. Esa meta de volver a África (su gran proyecto), yo lo analizo ahora y me parece una gran utopía. Él deseaba realizarlo en un momento donde el colonialismo era muy fuerte. Todavía no se habían iniciado los movimientos nacionales de liberación y él ya estaba pensando en una sociedad africana nueva, pero también capitalista. Esto no siempre se aborda académicamente, al menos, desde la lengua castellana.
Alejandro: Tomás, coménteme su vínculo con el rap afronorteamericano y los cursos impartidos por usted en la BNCJM.
Tomás: Bueno, no te diré que estoy vinculado con el rap afronorteamericano, más bien me enlazo con el rap hecho por afrocubanos no en Cuba, sino a partir de una visita que realicé en el año 2001 a EUA. En agosto, específicamente. Fui testigo presencial de la desaparición de las torres gemelas y tuve la dicha de ver a raperos cubanos allá. Conocí a Ariel Fernández, A Magia y Alexei, a los muchachos de Anónimo Consejo, entre otros. Yo venía asistiendo desde hacía mucho tiempo a los encuentros que se celebraban en La Madriguera. Me interesaba saber qué se hablaba allí, cuáles eran los temas, más allá de la música. La participación en aquellos encuentros fue ampliando mi visión sobre la problemática racial en Cuba. La Madriguera, en ese sentido, fue como una gran escuela para mí. En ese momento no me vinculé 100 % con el movimiento rap como tal, porque estaba metido en muchas tareas y eso me impedía trasladarme a Alamar con frecuencia. Otro aspecto: el rap que yo había oído en aquel entonces era muy machista, homofóbico, sexista. Yo tenía mis preguntas, pues buscaba ese rap crítico, social. En ese momento no veía las cosas muy claras. Con el tiempo, me di cuenta de que esas letras y ese arte eran cultivados por agrupaciones que elaboraban un rap para distraer, no para educar. Sin embargo, cuando estoy en Nueva York, me avisan de que hay un grupo de raperos de La Habana que se van a presentar y va a haber un diálogo con ellos en el Caribbean Cultural Center. Asistí y escuché sus canciones. Intervine, les dije que yo era un cubano de la isla, hice mis pequeñas críticas constructivas. Muchas veces sucede que cuando un cubano viaja por motivos profesionales y se encuentra con otro cubano que hace algún tipo de pregunta o crítica a su obra, consideran inmediatamente que se trata de un cubano que desertó y toda esa bobería. A partir de ahí, yo interactué con ellos y para mí fue una sorpresa ver el pensamiento social, de lucha, antirracista que ellos sostuvieron en aquella ocasión. Da la casualidad que en una ciudad tan grande como Nueva York, me encuentro dos veces en la calle con Ariel Fernández. Intercambiamos brevemente algunos criterios y le manifesté que impartiría varios cursos en Cuba. Ellos regresan antes que yo y cuando arribo a Cuba en febrero, me entero que a la semana siguiente habría una actividad con la cual se iniciaría el espacio Último Jueves de la revista Temas. El panel estaba formado por Nancy Morejón, Fernando Martínez Heredia, Jorge Ibarra y como moderador Rafael Hernández, director de esta publicación. Pero sucede que el local estaba recién pintado, Jorge Ibarra tiene una crisis de asma y Rafael me pide que forme parte del panel, pues yo había elaborado un texto sobre el Partido Independiente de Color. El contenido de esa mesa se publicó posteriormente. Ese mismo día, aproveché la ocasión para hacer el anuncio de un curso que impartiría yo mismo. El curso tendría por nombre El negro en Cuba y se inició el 13 de mayo del 2002 en la Biblioteca Nacional. Ariel Hernández me garantizó en aquel momento que llenaría el aula de raperos. Y realmente el aula se llenó de raperas y raperos. Hubo una matrícula de postgrado, asistieron como 7 u 8 extranjeros, estuvieron como alumnos Silvina Testa, Pedrito Cuba, Yesenia. Incluso asistieron no pocos rastas. Eso trajo como consecuencia que una persona cuyo nombre no voy a mencionar por motivos éticos, pasó por allí y dijo que yo estaba dando un curso de diversionismo ideológico. Impartí mi clase el lunes. Me marcho el martes para Veracruz, para participar en el festival afrocaribeño. Ese mismo día se celebra un encuentro motivado por una exposición del artista Diago en el Museo Nacional. Cuando regreso el sábado de la semana siguiente, el entonces director de la Biblioteca Nacional me pide que suspenda el curso. Me enteré luego que se había discutido el curso impartido por mí en un Consejo de Dirección Ampliado del Ministerio de Cultura. Debo agradecer eternamente a Lourdes Serrano, del Centro de Antropología, la cual intervino a mi favor. Ella informó a mis detractores que yo no tenía dos discursos, uno para los norteamericanos, y otro para los cubanos. Que yo sólo tenía uno. Que era cierto que a veces yo decía cosas que no gustaban en ciertos círculos de la posición gubernamental. Ella enfatizó que «Tomasito no dice mentiras», y con esa intervención cambió el curso de los acontecimientos. El hecho de que el entonces director de la Biblioteca Nacional me pidiera suspender las clases, me sorprendió muchísimo. Yo había visto a Abel Prieto (entonces Ministro de Cultura) y este me había felicitado por el postgrado, incluso me pidió mantenerlo abierto hasta donde yo quisiera. Yo lo estaba terminando y le planteé al director de la BNCJM una vez que concluyó el mismo, mantener un encuentro mensual con los alumnos. No lo aceptó. Posteriormente, he impartido cursos similares en la propia Biblioteca Nacional, en el Instituto Juan Marinello, en el Centro de Estudios del Caribe, de la Universidad de Oriente.
Alejandro: ¿Cómo se ve Tomás Fernández Robaina dentro del movimiento hiphopero en Cuba y dentro de la cultura cubana en general?
Tomás: No me veo dentro del movimiento de Hip Hop, no me veo dentro de nada. No sé si la metáfora sea correcta, pero me considero un rostro más en la muchedumbre, tal vez un rostro con una peculiaridad: es un rostro que grita, que aúlla. Porque lo que provoca mi aullido es algo que me estremece, que me ataca, que me provoca un dolor. Yo nací y me crié en una sociedad muy injusta, que a veces uno no toma conciencia de ello porque no se da cuenta. Es como el mismo problema de cuán racista somos. Porque el racismo está tan enraizado dentro de la mente de negros y blancos que nos induce (a los que podemos analizar el problema un poco más profundamente) un aullido ante este complejo asunto, aún no analizado en su total dimensión. En Cuba no hay racismo, se dice constantemente. Pero cuando vienen los extranjeros blancos, negros e indios, llama la atención que en los lugares públicos de los hoteles haya pocos negros en la recepción, que haya pocos negros dirigentes en algunas esferas. Y sin embargo, todos los que limpian el piso son negros. Nosotros históricamente no lo hemos visto como una demostración de racismo, y muchas personas hoy día consideran que en efecto, no son manifestaciones de racismo. Porque si proporcionalmente nosotros, los afrodescendientes, formamos parte del 49 o 50 % de la población, debiera existir esa representatividad más o menos orgánica en todos los niveles administrativos, laborales, etc. Y entonces surgen otras interrogantes: ¿Cómo me veo yo? ¿Cómo me visualizo en esta sociedad? Como una persona que gracias al proceso que se inició en 1959 ha tomado conciencia de muchos fenómenos sociales que antes no vislumbraba. Entonces, desde una posición muy modesta, pongo mi granito de arena para ayudar a los otros, para que no pasen por lo que he pasado. En lo personal, me siento muy orgulloso de ser cubano, pero Cuba ha sido un país muy duro para muchos cubanos también. Para otros puede que haya sido una felicidad, una suerte de paraíso (es como dice el dicho, si naces en cuna de oro, siempre estarás en cuna de oro) pero cuando somos parte de esa gran mayoría de la población que tenemos que luchar para poder sobrevivir y garantizar un nivel de vida lo más normal posible, ya la recepción es completamente diferente. Hemos tenido que enfrentar los prejuicios heredados, los problemas burocráticos, las concepciones incorrectas. No ha sido fácil. Pero hablar sobre esto sería tema para otra entrevista, otro encuentro.

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina? iconGUÍa de lectura para el repartido homero de mario delgado robaina

¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina? iconA ¿Qué representa para el poeta el río Duero y el discurrir de sus...

¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina? iconPoemas de Tomás de Iriarte
«¡Qué ansias tan mortíferas! Quiero por mis turgencias semi-hidrópicas, chupar el zumo de hojas heliotrópicas»

¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina? icon¿CÓmo eres? (Rap 2)

¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina? icon¿Qué son y para qué sirven los valores?

¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina? icon¿Cón qué hipérboles manifiesta el poeta su dolor? (VV. 1-9) ¿Qué...

¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina? iconCuestionario ¿Qué son las correas y para qué se utilizan? Graficar e indicar sus partes

¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina? iconPoesías la canción de los cocodrilos (ritmo de rap)

¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina? iconAna María Fernández El campo grupal Notas para una genealogía

¿Qué es el Rap para Tomás Fernández Robaina? iconSalomé, la estrella de rap iraní que desafía al régimen de Ahmadinejad






© 2015
contactos
l.exam-10.com