Literatura española hasta 1939






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títuloLiteratura española hasta 1939
fecha de publicación29.05.2015
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LITERATURA ESPAÑOLA HASTA 1939
LA NARRATIVA ESPAÑOLA DEL SIGLO XX (HASTA 1939)
El amplio movimiento de renovación cultural y artística que se produce en España entre finales del XIX y principios del XX tiene su reflejo en el género novelístico. Esta renovación puede ejemplificarse en escritores de la Generación del 98 como Unamuno, Azorín, Valle-Inclán y Baroja, que se rebelaron contra la literatura oficial, con la excepción de Galdós. Realizaron una serie importante de cambios, haciendo desaparecer casi todas las características de la novela realista: trama compleja, amores muy desarrollados, descripciones minuciosas y estáticas que imitan las técnicas pictóricas tradicionales... (1).
Las modificaciones más relevantes que introducen los escritores del 98 son las siguientes:


  • La novela se estructura en torno a un único personaje.

  • El proceso de cambio se centra en la mentalidad del protagonista y no en sucesos externos.

  • El orden cronológico por el que se rige el relato tradicional es sustituido por la lógica interna del recuerdo o la divagación de la conciencia.

  • Se sustituyen los incidentes por diálogos.


Este enfoque psicológico y subjetivo de la novela se debe a las nuevas preocupaciones e intereses que conforman la sensibilidad de la época como consecuencia de la crisis del positivismo y del desarrollo de la psicología y del psicoanálisis. Si el mundo externo carece de valor, describirlo miméticamente, como hacían los escritores realistas, es un empeño absurdo. Se atiende a las sensaciones y se hace un uso abundante del impresionismo literario. Los escritores noventayochistas reproducen las sensaciones que causa en ellos la realidad, a la manera de los pintores impresionistas, con lo que la sensación de dinamismo es intensa. (2).
No obstante, junto a estos escritores del 98, se encuentran otros que viven un tanto al margen de los cambios y siguen los modos clásicos de la novela naturalista o realista: Blasco Ibáñez, Felipe Trigo, Eduardo Zamacois...
El proceso de renovación del género novelístico lo continuarán los escritores novecentistas. Según Ortega y Gasset, el relato tradicional es un género agotado, entre otras razones, por la reiteración de los temas. En la novela moderna ha de interesar más el ambiente que la acción. El novelista debe cuidar el detalle y prescindir de definir a los personajes, cuyos rasgos han de ser descubiertos por el lector inteligente. Lo importante no será la trama de la novela, sino el juego intelectual, la estructura y el estilo. El resultado será una novela deshumanizada, de lectura difícil y al alcance de pocos, que se acerca al ensayo. En este línea, con más o menos matices, se sitúan: la novela lírica de Gabriel Miró, la novela intelectual de Pérez de Ayala (3), y la novela vanguardista de Gómez de la Serna.
A partir del año 1920, surge un grupo de escritores (José Díaz Fernández, Joaquín Arderius, César M. Arconada) que, movidos mayoritariamente por una finalidad social, cultivan una novela realista en oposición al arte deshumanizado. Se proponen, sin renunciar a los hallazgos de las vanguardias, una recuperación del realismo, una rehabilitación de lo humano, del valor testimonial y de la trascendencia social de la literatura. Puede afirmarse que, cuando se proclama la República en 1931, este tipo de narrativa ha triunfado definitivamente; sin embargo, el triunfo electoral de la derecha en noviembre de 1933 provoca un retroceso de la novela social, que queda prácticamente truncada con el estallido de la Guerra Civil.

TEXTOS COMPLEMENTARIOS



TEXTO 1
(1) “A mi izquierda, y en primer término, dos altísimos conos unidos por sus bases, de Norte a Sur, como dos gemelos de una estirpe de gigantes; enfrente de ellos, a mi derecha, las cumbres de Palorpera dominadas por el Cuerno de Peña Sagra, que extendía sus lomos colosales hacia el Oeste; y allá en el fondo, pero muy lejos, cerrando el espacio abierto entre Peña Sagra y los dos conos, las enormes Peñas de Europa, coronadas ya de nieve, surgiendo desde las orillas del Cantábrico y elevándose majestuosamente entre blanquecinas veladuras de gasa transparente hasta tocar las espesas nubes del cielo con su ondulante y gallarda crestería. Por el lado en que me encontraba yo descendía la sierra blandamente hasta la base del primer cono, de la cual arrancaba hacia la derecha un cerro de acceso fácil que resultaría montaña desde el fondo de la barranca en que terminaba bruscamente”
(“Peñas arriba” de José María de Pereda)
CUESTIONES


  1. ¿Qué orden sigue Pereda en la descripción? ¿Qué efecto consigue?

  2. ¿En que medida se ajusta el estilo hasta forma de describir?



TEXTO 2
(2) “Aclaraba el cielo, una franja roja bordeaba el campo. Empezaba a cambiar el paisaje, y el suelo, antes llano, mostraba colinas y árboles que iban pasando por delante de la ventanilla del tren.
Pasada La Mancha, fría y yerma, comenzó a templar el aire. Cerca de Játiva salió el sol, un sol amarillo que se derramaba por el campo entibiando el ambiente. La tierra presentaba ya un aspecto distinto.”
(“El árbol de la ciencia” de Pío Baroja)

CUESTIONES


  1. ¿Qué orden sigue Baroja en la descripción? ¿Qué efecto consigue?

  2. ¿En que medida se ajusta el estilo a esta forma de describir?



TEXTO 3
(3) “La cualidad primordial del dramaturgo (léase Apolonio) es la aptitud para la simulación eficaz. Esta simulación no es solo externa y de superficie. El dramaturgo, desde el fondo de su propia alma, comienza a simular para consigo mismo, pero el ego más recóndito y personal permanece siempre ausente e inhibido de la emoción. Por eso el dramaturgo es incapaz de amar verdaderamente. Hay una paradoja en del dramaturgo: es la misma que Diderot llamó paradoja del comediante. La emoción no se comunica sino que se provoca. Para provocar una emoción hay que mantenerse frío. Hacen llorar los actores que saben fingir el llanto. Los que lloran de veras, hacen reír. Lo mismo con el dramaturgo. La dramaturgia creó el tipo del hombre que provoca amor en todas las mujeres, porque él finge amar, pero a ninguna ama: don Juan (...) Providencialmente, frente al dramaturgo está el filósofo (léase Belarmino). El filósofo se halla constituido a la inversa del dramaturgo. Por fuera, serenidad, impasibilidad; es lo más secreto, ardor inextinguible... El filósofo vive todos los dramas; jamás es espectador. El dolor ajeno lo siente como dolor propio; el dolor propio lo multiplica por todos los dolores ajenos; y así en lo dolor propio como en el ajeno experimenta el contacto de esta o aquella brasa de la gran hoguera que es el dolor universal, el drama de la vida.”
Se observará que estas teorías son enteramente opuestas a las de don Amaranto. Para don Amaranto, el dramaturgo es el que penetra en el drama individual; y el filósofo el que se aleja de él. Para Escobar, el que penetra en el drama es el filósofo, y el dramaturgo es el que permanece a distancia. ¡Desconcertante disparidad y contraposición de los pareceres humanos! La doctrina de don Amaranta es refutable , y no menos defendible, y otro tanto la de Escobar. Y en resolución todas las opiniones humanas. El error es de aquellos que piden que una opinión humana posea verdad absoluta.”
(De “Belarmino y Apolonio” de Pérez de Ayala)

CUESTIONES


  1. Señala los rasgos de la novela intelectual que aparecen en el texto.

  2. ¿Qué visión del mundo refleja el gusto por el contraste, de enfrentar opiniones diversas, que se reconoce en el texto?

  3. ¿Estás de acuerdo con esta visión del mundo? ¿Hay verdades absolutas o, por el contrario, todas las verdades son relativas?



LA POESÍA LÍRICA ESPAÑOLA DEL S. XX (HASTA 1939)

El primer momento de la poesía lírica española del siglo XX es simbolista. Aunque el modernismo sea un movimiento sincrético en el que se mezclan el simbolismo, el decadentismo y el parnasianismo, entre otros, es el primero de éstos el que ejerce mayor influencia. En Rubén Darío se encuentra desarrollada la concepción simbolista según la cual la realidad sensible está poblada de símbolos; no obstante, sus poemas buscan más la belleza formal (la sonoridad, el ritmo) que la sugerencia. También es muy característico de Antonio Machado, especialmente en su etapa de Soledades, el uso de símbolos físicos (la tarde, la fuente...) para expresar sus estados anímicos.
Juan Ramón Jiménez, por su parte, busca una depuración del simbolismo alejándose del preciosismo que había dominado nuestro modernismo. Esa búsqueda, de signo netamente novecentista, conduce al poeta de Moguer hacia la poesía desnuda basada en la economía de medios y un extremado rigor en la construcción de los textos.
Las vanguardias españolas, que tienen como principal impulsor a Ramón Gómez de la Serna, ocupan un espacio paralelo al novecentismo, cuando no compartido. Su papel es fundamentalmente revulsivo: rechazan la herencia romántica y su aprecio del subjetivismo o del sentimiento, y también la herencia realista o naturalista que desplazaba el interés del poema hacia la realidad. Los rasgos que caracterizan a las vanguardias son:


  • El experimentalismo.

  • El juego.

  • La escisión entre vida y literatura.

  • Las rupturas lógicas.

  • La libertad formal.


En nuestro país aparecen los siguientes movimientos de vanguardia:



  • El ultraísmo, que pretende ir más allá de todos los "ismos".

  • El creacionismo, que defiende la autonomía del poema con respecto a la realidad.

  • El surrealismo que propugna escribir al dictado del subconsciente.


La Generación del 27 intenta aunar vanguardia y tradición, pues por una parte utiliza un lenguaje renovador, de raíz vanguardista, y centrado en la imagen, y por otra parte asume nuestro cancionero de los siglos XV y XVI. Este grupo de escritores, entre los que se encuentran Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Gerardo Diego y Dámaso Alonso, llegó a ser la más brillante promoción de la literatura española del siglo XX. En su poesía aparecen los grandes temas de la cultura occidental:


  • La ciudad, que para ellos significa progreso.

  • La naturaleza tanto la que se encierra en la ciudad como la paisajística.

  • El amor pleno de la pareja liberada.

  • El compromiso social, especialmente durante la guerra civil.


Su gran innovación formal fue el verso libre, a través del cual descubrieron a los lectores las posibilidades y la riqueza expresiva de un mundo métrico nuevo que, al no estar sujeto a medida, respondía bien a las características del mundo moderno.
Cuando llega la guerra civil, unos componentes del grupo adoptan una actitud de silencio, como Guillén y Salinas, y otros se comprometen con la causa republicana cultivando una literatura de agitación política, como Prados y Alberti. La derrota de la república y la posterior dictadura franquista disgregó a este grupo de escritores que jamás volvería a juntarse.


TEXTOS COMPLEMENTARIOS

TEXTO 1

Sonatina

La princesa está triste . . . ¿qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro,

está mudo el teclado de su clave sonoro;

y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.

Parlanchina, la dueña dice cosas banales,

y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
(Rubén Darío)

TEXTO 2
Recuerdo infantil
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.


  Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel
junto a una mancha carmín.


  Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.


Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
mil veces ciento, cien mil,
mil veces mil, un millón.


  Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.


(Antonio Machado)

TEXTO 3
Vino, primero, pura,

vestida de inocencia;

y la amé como un niño.

   Luego se fue vistiendo

de no sé qué ropajes;

y la fui odiando sin saberlo.

   Llegó a ser una reina,

fastuosa de tesoros...

¡Qué iracundia de yel[1] y sin sentido!

   ... Mas se fue desnudando.

Y yo le sonreía.

   Se quedó con la túnica

de su inocencia antigua.

Creí de nuevo en ella.

   Y se quitó la túnica,

y apareció desnuda toda...

¡Oh pasión de mi vida, poesía

desnuda, mía para siempre!
(Juan Ramón Jiménez)


TEXTO 4
Girándula




(Guillermo de Torre)

TEXTO 5
Si el hombre pudiera decir lo que ama

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
(Luis Cernuda)

EL TEATRO ESPAÑOL HASTA 1939
El teatro, por su carácter de espectáculo público, se ve afectado, más aún que otros géneros, por los cambios sociales, los acontecimientos históricos y los gustos cambiantes del público. De ahí que la historia del teatro español del siglo XX sea, en gran medida, la historia de las tensiones de la época y la expresión de la mentalidad de las clases que lo sustentan.
En el primer tercio del siglo, le nacieron al teatro duros competidores: el cine y diversas manifestaciones del canto y la danza (music-hall, tablaos, el auge del cuplé...). Desde entonces a nuestros días no han dejado de restarle espectadores, aunque no han logrado acabar con él, como han pronosticado mil veces los agoreros.

Las grandes tendencias de este periodo son: el teatro poético, el drama burgués, el teatro cómico y el de experimentación y vanguardia.
El teatro poético contaba con el favor del público, siempre atraído por la sonoridad del verso, excesivamente buscada por los dramaturgos, en algunos casos hasta el amaneramiento. Este tipo de drama se encuentra estrechamente ligado al Modernismo en autores como Francisco Villaespesa que busca sus argumentos preferentemente en la historia lejana y las leyendas. En Eduardo Marquina, sirve para exponer valores estereotipados del carácter español. Otros autores de dramas en verso son los hermanos Machado y López de Alarcón.
El drama burgués o alta comedia, que enlaza con algunas modalidades del siglo XIX, se especializa en presentar conflictos de la clase media-alta de la sociedad, que, además, se convierte en su público más asiduo. De ahí la crítica amable que aparece en algunas de las mejores obras. El mejor exponente y el más aceptado por los espectadores es Jacinto Benavente, Premio Nobel de Literatura en 1922, que escribió, entre otras obras, “Los intereses creados” y “La malquerida”. Tras él, destaca la figura de Gregorio Martínez Sierra.
Algunos autores parten de la comedia burguesa para aportar visiones particulares. Es el caso de Alejandro Casona con obras llenas de fantasía, nostalgia y referencias populares, que continuará su labor después de la Guerra Civil, en el exilio. En su producción dramática destacan “Nuestra Natacha”, donde censura la pedagogía autoritaria vigente en los reformatorios, y “La dama del alba”, drama rural en el que la muerte personificada viene desempeñar su función entre los humanos. También escribió algunas piezas cortas, contenidas en el libro “Retablo jovial”, para su grupo teatral de las Misiones Pedagógicas.
El teatro que más domina en la cartelera es el cómico. Carlos Arniches y sus sainetes de costumbres madrileñas, cuyo elemento caracterizador es el lenguaje; los hermanos Álvarez Quintero, que presentan una Andalucía superficial y de inagotable encanto y gracia en sus comedias costumbristas; y Muñoz Seca con el astracán, representan la mejor vertiente de un teatro popular al que no faltan virtudes artísticas.
Sin embargo, lo que más interesa, en cuanto a calidad, para la evolución del teatro español del siglo XX son los intentos innovadores de un grupo de dramaturgos. La mayoría de ellos tienen problemas para estrenar sus obras y sólo la valiente actuación de algunas compañías y actores, especialmente de Margarita Xirgu, logra que las piezas sean representadas. Este es el camino seguido por autores como Jacinto Grau, Azorín, Unamuno, Gómez de la Serna y Alberti. Pero los que mejores resultados consiguen son Valle-Inclán y García Lorca, que representan lo mejor del teatro español del siglo XX. Su concepción totalizadora del espectáculo y la renovación de los personajes y temas los sitúan en una posición particular con respecto a sus contemporáneos. Valle-Inclán es el creador del esperpento, género dramático que se basa en una distorsión sistemática de la realidad. Su obra más relevante es “Luces de bohemia” donde expresa su indignación por la situación política española. García Lorca escribe, durante los años 30, su mejor teatro: “Bodas de sangre”, “Yerma”, “Doña Rosita la soltera” y “La casa de Bernarda Alba. Todas estas obras tienen en común el protagonismo de las mujeres, cuya situación de marginación social denuncia.
Durante la Guerra Civil (1936-1939), el teatro sirve, en la mayor parte de los casos, como propaganda de los dos bandos en conflicto. Su poca consistencia artística se debe en gran medida a haber sido escrito apresuradamente.
La guerra y el exilio, cuando no la muerte de muchos de los dramaturgos que lo hubieran hecho posible, impiden el desarrollo de la tendencia teatral más innovadora, durante varias décadas.

TEXTOS COMPLEMENTARIOS
TEXTO 1
"Y en ellas visteis, como en las farsas de la vida, que a estos muñecos como a los humanos, muévenlos cordelillos groseros, que son los intereses, las pasioncillas, los engaños y todas las miserias de su condición: tiran unos de sus pies y los llevan a tristes andanzas; tiran otros de sus manos, que trabajan con pena, luchan con rabia, hurtan con astucia, matan con violencia. Pero entre todos ellos desciende a veces del cielo al corazón un hilo sutil, como tejido con luz del sol y con luz de luna, el hilo del amor, que a los humanos, como a estos muñecos que semejan humanos, les hace parecer divinos, y trae a nuestra frente resplandores de aurora, y pone alas en nuestro corazón y nos dice que no todo es farsa en la farsa, que hay algo divino en nuestra vida que es verdad y es eterno y no puede acabar cuando la farsa acaba."
(Fragmento de “Los intereses creados” de Benavente
CUESTIONES



  1. ¿De que trata el texto?

  2. Explica qué tipo de procedimientos d e cohesión textual son: “Pero” y “todos ellos”.



TEXTO 2
ABUELO. No tengo nada que decirte. Por dura que sea la vida, es lo mejor que conozco.

PEREGRINA. ¿Tan distinta me imaginas de la vida?¿Crees que podríamos existir una sin la otra?

ABUELO. ¡Vete de mi casa, te lo ruego!

PEREGRINA. Ya me voy. Pero antes has de escucharme. Soy buena amiga de los pobres y de los hombres de conciencia limpia ¿Por qué no hemos de hablarnos lealmente?

ABUELO. No me fío de ti. Si fueras leal no entrarías disfrazada en las casas, para meterte en las habitaciones tristes a la hora del alba.

PEREGRINA. ¿Y quién te ha dicho que necesito entrar? Yo siempre estoy dentro, mirándoos crecer día por día detrás de los espejos.

ABUELO. No puedes negar tus instintos, eres traidora y cruel.

PEREGRINA. Cuando los hombres me empujáis unos contra otros, sí. Pero cuando me dejáis llegar por mi propio paso... ¡Cuánta ternura al desatar los nudos últimos! ¡Y qué sonrisas de paz en el filo de la madrugada!

ABUELO. ¡Calla! Tienes dulce la voz y es peligroso escucharte.

PEREGRINA. No os entiendo. Si os oigo quejaros siempre de la vida, ¿por qué os da tanto miedo dejarla?

ABUELO. No es por lo que dejamos aquí. Es porque no sabemos lo que hay al otro lado.

PEREGRINA. Lo mismo ocurre cuando el viaje es al revés. Por eso lloran los niños al nacer.

(Fragmento de “La dama del alba” de Casona)

CUESTIONES





  1. ¿Qué postura defienden cada uno de los dos personajes?

  2. Descompón estas palabras en sus lexemas y morfemas correspodientes y explica el significado que le aportan éstos: “disfrazada”, “habitaciones”, “traidora” y “desatar”.


TEXTO 3
PRIMITIVO. Adiós, canterito.

SEÑOR BONIFACIO. (Dejando de leer y mirando por encima de las gafas.) ¡Atiza, qué pareja de pollos! (A su mujer.) Atiende, tú.

SEÑÁ ANGUSTIAS. (Que asoma a l puerta.) ¡Virgen!... ¡Vaya un par de banderillas de lujo!

SEÑOR BONIFACIO. Pero ¿de dónde salís tan enlutaos?

EL SARDINA. (Muy serio. De la Negrópolis.

PRIMITIVO. Venimos de inhumanizar a Saturnino, el de la Bastiona.

SEÑÁ ANGUSTIAS. (Asombrada.) ¿S´ha muerto?

EL SARDINA. Del todo. En cinco días. Ayer la diñó.

SEÑOR BONIFACIO. ¿Y qué ha sido?

PRIMITIVO. Pos un paralis local que le cogió to el cuerpo y parte de la cadera.

SEÑÁ ANGUSTIAS. ¡Buena estará la pobre viuda!

EL SARDINA. ¡Carcúlate!… Un chica soltera, sin costumbre de estas cosas…; pues está que no la deja un ataque que no la coja otro.

PRIMITIVO. En la cama la hemos dejao con uno, que los gritos se oían en la Arganzuela.

SEÑOR BONIFACIO. Pero pasar, si queréis, galanes.

EL SARDINA. ¿Dais algo?

SEÑÁ ANGUSTIAS. Las buenas tardes y un taburete.

PRIMITIVO. No es pa repartir invitaciones.

EL SARDINA. ¿No tendrías un buchito de cualisquier cosa pa un dolor de muelas que trae aquí mi colega?

SEÑOR BONIFACIO. ¿Sus haría triple anís?

EL SARDINA. ¡Digo!... Mejor que el Polo.

SEÑOR BONIFACIO. Pues adentro, pirandones.

EL SARDINA. ¡Hale, Primi!
(“La risa del pueblo” de Carlos Arniches)
CUESTIONES


  1. Comenta los recursos lingüísticos que utiliza Arniches para producir humor.


TEXTO 4
(Se asoman Magdalena y Angustias. Se siente crecer el tumulto.)

PONCIA. (Entrando con Bernarda.) ¡Bernarda!

BERNARDA. ¿Qué ocurre?

PONCIA. La hija de la Librada, la soltera, tuvo un hijo no se sabe con quien.

ADELA. ¿Un hijo?

PONCIA. Y para ocultar su vergüenza lo mató y lo metió debajo de unas piedras, pero unos perros con más corazón que muchas criaturas, lo sacaron y, como llevados por la mano de Dios, lo han puesto en el tranco de su puerta. Ahora la quieren matar. La traen arrastrando por la calle abajo, y por las torchas y los terrenos del olivar vienen los hombres corriendo, dando unas voces que estremecen los campos.

BERNARDA. Sí, que vengan todos con varas de olivo y mangos de azadones, que vengan todos para matarla.

ADELA. ¡No, no, para matarla no!

MARTIRIO. SÍ, y vamos a salir también nosotras.

BERNARDA. Y que pague la que pisotea la decencia.

(Fuera se oye un grito de mujer y un gran rumor)

ADELA. ¡Qué la dejen escapar! ¡No salgáis vosotras!

MARTIRIO (Mirando a Adela.) ¡Qué pague lo que debe!

BERNARDA. (Bajo el arco.) ¡Acabad con ella antes que lleguen los guardias! ¡Carbón ardiendo en el sitio de su pecado!

ADELA. (Cogiéndose el vientre.) ¡No! ¡No!

BERNARDA. ¡Matadla! ¡Matadla!
(“La casa de Bernarda Alba” de García Lorca)
CUESTIONES


  1. Escribe un breve resumen del texto.

  2. Indica el tema y la organización de las ideas.

  3. Comentario crítico sobre el contenido del texto.

  4. Explica las funciones sintácticas que desempeñan los elementos que integran el siguiente fragmento: “para ocultar su vergüenza lo mató y lo metió debajo de unas piedras”.

  5. Explica los significados denotativo y connotativo de la frase “que pague la que pisotea la decencia”.



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