Rafael Alberti nació en una familia de origen italiano que se dedicaba al negocio del vino en Cádiz. Tuvo una infancia despreocupada y libre de tutela hasta que es ingresado en el colegio de jesuitas San Luis Gonzaga del Puerto donde recibió una educación estricta y tradicional






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títuloRafael Alberti nació en una familia de origen italiano que se dedicaba al negocio del vino en Cádiz. Tuvo una infancia despreocupada y libre de tutela hasta que es ingresado en el colegio de jesuitas San Luis Gonzaga del Puerto donde recibió una educación estricta y tradicional
fecha de publicación20.09.2015
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VIDA Y OBRA

DE

RAFAEL ALBERTI

Leticia Godino Candón

Celia Hinojosa Paredes

Vida de Rafael Alberti.

Rafael Alberti nació en una familia de origen italiano que se dedicaba al negocio del vino en Cádiz. Tuvo una infancia despreocupada y libre de tutela hasta que es ingresado en el colegio de jesuitas San Luis Gonzaga del Puerto donde recibió una educación estricta y tradicional.

El joven que empezó a obtener malos resultados académicos, fue expulsado por mala conducta. No superó el cuarto año de bachillerato.

En 1917 se traslada a Madrid con su familia. Rafael decide seguir su vocación de pintor demostrando gran capacidad estética para captar el vanguardismo de la época. Consigue exponer en el Salón de Otoño y en Ateneo de Madrid.

En 1920 muere su padre. Delante del cuerpo de su padre, Rafael escribe sus primeros versos. Nace el Alberti poeta. Una afección pulmonar le obliga a desplazarse a la localidad segoviana de San Rafael, en la sierra de Guadarrama. En el retiro comienza a trabajar los versos que luego formarían "Marinero en tierra".

Una vez recuperado regresa a Madrid donde empieza a visitar la Residencia de Estudiantes y se rodea de otros poetas. Conoce a Federico García Lorca, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego y otros jóvenes autores que van a constituir el más brillante grupo poético del siglo XX.

En 1925 recibe el Premio Nacional de Literatura por "Marinero en Tierra" convirtiéndose en una figura preeminente de la lírica española.

En 1927, con ocasión del tricentenario de la muerte de Luis de Góngora, aquel grupo de poetas decide rendir un homenaje en el Ateneo de Sevilla al maestro del barroco español. Aquel acto supuso la consolidación de la llamada Generación del 27, protagonista de la edad de plata de la poesía española.

En los años siguientes Alberti sufre una crisis existencial debida a su delicada salud, sus penurias económicas y la pérdida de la fe. Todas estas cosas se manifiestan en su poesía de estos años. Nace el Alberti comprometido con la política, en plena dictadura del general Primo de Rivera. Participa en revueltas estudiantiles y se afilia al Partido Comunista. Para él, la poesía se convierte en un arma necesaria para sacudir conciencias, una forma de cambiar el mundo.

En 1930 conoce a María Teresa León con la que funda la revista revolucionaria "Octubre". Viaja a la Unión Soviética donde asiste a una reunión de escritores antifascistas.

En 1936 estalla la Guerra Civil. Durante este periodo Alberti fue miembro de la Alianza de Intelectuales Antifascistas junto con otros autores como María Zambrano, Ramón Gómez de la Serna, Miguel Hernández, José Bergamín, Rosa Chacel, Luis Buñuel, Luis Cernuda, Pedro Garfias, Juan Chabás, Manuel Altolaguirre entre otros. En su actividad, además de la propiamente cultural, se hicieron manifiestos, charlas y llamamientos contra el ascenso del fascismo que representaba el Ejército sublevado de Franco, así como la realización de boletines y publicaciones entre las que destacó El Mono Azul. Rafael Alberti colabora en salvar los cuadros del Museo del Prado de los bombardeos, acoge a intelectuales de todo el mundo que apoyaban a la República y llama a la resistencia del Madrid asediado recitando versos que se difunden hasta los frentes de batalla. .

Tras la derrota republicana, Alberti y María Teresa León se ven obligados a exiliarse. Se trasladan a París hasta que el gobierno de Pétain les retira el permiso de trabajo por ser considerados comunistas peligrosos. En 1940 y ante la amenaza alemana, se embarcan en Marsella a bordo del "Mendoza" rumbo a Buenos Aires donde llegaron el 2 de marzo de 1940. Vivirán en Buenos Aires y en la estancia El Totoral de Córdoba. En Argentina nace su hija Aitana.

A partir de entonces Rafael Alberti vive un largo exilio que le llevará a Buenos Aires, Punta del Este y Roma. No regresa a España hasta 1977, después de la muerte del dictador Franco. Ese año es elegido como diputado al Congreso en las listas del Partido Comunista, pero no tarda en renunciar al escaño porque lo que desea es estar en contacto con el pueblo.

A partir de entonces asiste a recitales, conferencias y homenajes multitudinarios.

No consiguió sillón en la Academia, pero obtuvo Alberti el mayor reconocimiento literario, el Cervantes, que se adjudicó en 1983. Antes había sido distinguido con galardones internacionales como el Lenin de la Paz (1965) y el premio Roma de Literatura (1991), además del Nacional de Teatro (1980). Renunció al otro gran galardón de las letras españolas, el Príncipe de Asturias, debido a sus fuertes convicciones republicanas.

El 28 de octubre de 1999 murió en su casa de El Puerto de Santa María, en su pueblo natal. Sus cenizas fueron esparcidas en el mismo mar de su infancia

Obra poética

En la poesía de Alberti hay que distinguir las siguientes etapas:

 Etapa Neopopularista

En la primera etapa de su poesía, Alberti ha sabido recrear con alabada gracia y sorprendentes aciertos formales, la lírica popular de los Cancioneros del siglo XVI, y de Gil Vicente. Juan Ramón Jiménez definió esta primera poesía albertiana como "poesía fresca y acabada a la vez, rendida, ágil, graciosa, parpadeante: andalucísima". Es la corriente neopopularista que ya habían iniciado antes el mismo Juan Ramón Jiménez y Manuel Machado, y que hereda también García Lorca. En Marinero en tierra expresa el poeta la nostalgia de un mar de infancia - la suya propia en el litoral gaditano-, como paraíso perdido, y en La amante traza, estilizadamente, en brevísimas canciones, caminos poéticos de tierra adentro -de Castilla la Nueva a la Vieja y al litoral santanderino-, en El alba del alhelí el paisaje protagonista es el pueblo de rute y la serranía cordobesa que lo rodea, en donde Alberti pasó una larga temporada en el año 1924.

Marinero en Tierra de 1925, donde el poeta recuerda con nostalgia el paraíso perdido de la infancia y la nostalgia del mar desde la tierra adentro. Todo se vuelve añoranza de ese mundo infantil inocente y puro al que le dedicará buena parte de la Arboleda perdida.

El libro lo empezó en el Sanatorio de San Rafael, en Guadarrama, donde se recupera de una tuberculosis. Presenta todo el mundo infantil del poeta, sus recuerdos cerca del mar y su deseo de volver a fundirse con él, lo cual da al libro un cierto aire de ensueño. Lo más significativo es que el mar no aparece como un elemento épico, como había sido habitual en la poesía, sino como un elemento de sugestiones sobre el que el poeta proyecta sus deseos más íntimos.

Esa fantasía marinera tiene la cualidad de combinar también los animales y de alterar su localización: una fantasía zoológica marina y onírica preside la mayoría de los poemas del mar.

La amante, de 1926, corresponde a las impresiones recibidas por un viaje hecho por tierras de Castilla y País Vasco con su hermano Agustín, corredor de vinos, en el verano de 1925

Se caracteriza por la ligereza gracejo, ritmo y canción espontánea, con una visión de Castilla muy diferente a la de la generación del 98, se trata de plasmar la impresión que le produce un paisaje que a sus ojos se desenvuelve como exótico. La amante, según Alberti era una mujer que conoció durante unos días de reposo en Guadarrama.

El alba del alhelí, de 1928, publicado por José María de Cossío en una edición reducidísima, surge a partir de sus experiencias en Rute; presenta la Andalucía del interior, que se contrapone a la del mar, luminosa y libre.

Etapa Neogongorina y vanguardista

Del Neopopularismo, Alberti evoluciona a una poesía culta y barroca en que la influencia de Góngora -del Góngora barroco- es visible, como lo muestra su libro Cal y Canto (1927), cuya aparición coincide con el centenario de Góngora que la generación del 27 celebró con fervor. 

Cal y canto es publicado en 1929. Aquí llega incluso a calcar la sintaxis y las imágenes de Góngora. En general, puede decirse que el libro es más un ejercicio de virtuosismo poético que de expresión poética personal. En este nuevo libro se somete Alberti a la disciplina de una geometría verbal que muestra la perfección técnica de la forma. Su mejor fruto será Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, que es un homenaje a los artistas del cine mudo. Son poemas secuenciales y visuales, en un intento de recrear el lenguaje cinematográfico.

Etapa surrealista

Con Sobre los ángeles, publicado en 1929. Representa un cambio brusco de tema: del mundo geométrico y mecánico -la ciudad moderna- a un mundo misterioso de ángeles angustiados y rebeldes. Con Sobre los ángeles, Alberti se incorpora al surrealismo; es un libro desesperanzado, y prepara la poesía de compromiso político-social de los años treinta.

De forma cuidada y originales conceptos poéticos, está vinculado, por otra parte, a una crisis íntima del autor, que convierte a sus ángeles en la encarnación de sus sentimientos, y así la angustia y la desesperación del hombre contemporáneo toman la forma de imágenes visionarias, imágenes ciertamente insólitas y ausentes del resto de la obra poética de Alberti..

Sermones y moradas, escrito en 1924-30, es un libro en el que introduce el irracionalismo; no tiene unidad temática, y los versos, sin rima, son muy largos

Poesía política 

  Los largos años de exilio, desde 1939 han enriquecido considerablemente la obra poética de Rafael Alberti. En enero de 1930 escribe la elegía Con los zapatos puestos tengo que morir, que supone el inicio de un periodo nuevo en su poesía y en su vida. Ingresa en el Partido Comunista, crea la revista El mono azul,  y califica de burguesa a la poesía hecha hasta entonces. A partir de ahora se dirigirá a la inmensa mayoría.   De esta etapa son: Un Fantasma recorre Europa (1933), Consignas, del mismo año, 13 banderas y 48 estrellas (1935), Capital de la gloria; en 1961, al editarse sus Poesías completas, se agrupan en El poeta en la calle (1931-35) y De un momento a otro (1934-39). A partir de este momento y a través de Elegía cívica —«crisis anarquista y tránsito de mi pensamiento poético», en palabras del autor—, Alberti desemboca en la poesía política, que cultivará hasta el final, aunque con frecuentes retornos a la «poesía burguesa», que repudió en 1931.


 Etapa del Exilio

Alberti ha sido siempre fiel a las virtudes y cualidades que le han caracterizado como poeta: la maestría de la técnica poética, la gracia alada del verso, el sentimiento finísimo del ritmo, lo encontramos en algunos de sus libros del exilio, como sus Canciones del Paramá (1943-1944), aunque ahora la lejanía y nostalgia de la patria empañen a veces de melancólica tristeza sus canciones. El recuerdo y la añoranza de España aparecen y reaparecen a lo largo de tos su poesía del destierro, especialmente en sus libros Entre el clavel y la espada (1941), Retornos de lo vivo y lo lejano (1952), Ora marítima (1953) y Baladas y canciones del Paraná (1954). La añoranza del mundo infantil, del mar, se suma a la de la patria perdida en Pleamar. También existen otras preocupaciones, como la pintura y sus teorías estéticas: A la pintura, de 1945.

Como García Lorca, también cultivó Alberti el teatro, y en ese género destacan sus dramas El Hombre deshabitado, El trébol florido, La gallarda, La pájara pinta, El Adefesio y Noche de guerra en el Museo del Prado;  También se le deben prólogos, antologías trabajos editoriales y traducciones.

En conjunto, Alberti Tiene una extensa obra con gran variedad en cuanto a temáticas, estilos y esquemas temáticos. Alberti es un hombre capaz de seleccionar “los medios expresivos más acordes con sus intenciones de cada momento”, según dice Dámaso Alonso, sin embargo en sus comienzos se acerca mucho al neopopularismo de Lorca.  

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