Carmen Perilli. Colonialismo y Escritura en América Latina, Tucumán. Iiela, 1997






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Carmen Perilli. Colonialismo y Escritura en América Latina, Tucumán. IIELA, 1997.

Los cuidados del tiempo barroco

Son las chispas de la rebelión,

que surgidas de la gran lepra creadora

del barroco nuestro, está nutrida,

ya en su pureza, por las bocanadas

del verídico arte americano. (Lezama Lima)
En el siglo XVII se inicia la fractura del proyecto imperial español. La tensión entre la fuerza de la enorme maquinaria del poder metropolitano y los nuevos sujetos coloniales domina la cultura cuyo modo de expresión dominante es el barroco. Es importante tener en cuenta la importancia de la colonización del imaginario y a la necesidad de la monarquía de mantener un férreo control del heterogéneo mundo que dominaba en las Indias. Muchas son las polémicas generadas en tono al barroco. Aún hoy se lo considera expresión propia de lo americano. Sin embargo, durante la colonia, la imposición de una estética enajenada de la realidad, estuvo, al igual que la evangelización, destinada a desconocer lo diferente, a defender de la heterogeneidad que lo amenaza. La figura caballeresca del conquistador fue sustituida por la brillantez del letrado, en connivencia con el príncipe- el rey o sus representantes. Un arte al servicio de la propaganda, que busca crear un locus amoenus que suture la crisis. La sociedad colonial e debate entre dos tensiones: el carácter conservador y el impulso hacia lo nuevo. Esto está claro en el ámbito científico, el descubrimiento y la invención inquietaban al pensador barroco.

En la estética barroca se pueden distinguir tres mecanismos de la artificialización. La sustitución; la proliferación-operación metonímica por excelencia- y la condensación-permutación, espejeo, intercambio, etc. La parodia, la creación de dobles, copias que permiten volver a leer el original- es una operación barroca que se apoya en la intertextualidad- a través de la cita y la reminiscencia así como en la intratextualidad que posibilita el espejeo, la obra dentro de la obra.”El espacio barroco es el de la superabundancia y el desperdicio...el lenguaje barroco se complace en el suplemento, en la demasía y la pérdida parcial de su objeto, con una gran carga de erotismo-. El festín barroco...con su repetición de volutas, de arabescos y máscaras, de confitados sombreros y espejeantes sedas, la apoteosis del artificio, la ironía e irrisión de la naturaleza la mejor expresión de...la artificialización” (Sarduy).

.-

La vida religiosa y la iglesia juegan un papel decisivo. Los signos tiene un aspecto sagrado, se los libera de cualquier subordinación posible a las circunstancia ya que todo se organiza en torno a las cultura como legitimadora del poder. La palabra clave del sistema cultural de la colonia es "orden". El orden impuesto sobre todo para pensar "lo otro" lo exterior, lo que está lejos de los márgenes de la similitud. El "orden" es siempre arbitrario, implica una jerarquía en el mundo de las cosas. “La ciudad barroca corresponde al momento crucial en la cultura de occidente en que las palabras comenzaron a separarse de las cosas. Las ciudades, las sociedades que las habitan y los letrados que las explican se fundan y se desarrollan al mismo tiempo que el signo deja de ser una figura del mundo, deja de estar ligado a lo que marca y empieza a significar desde el interior del conocimiento. Dentro de ese cauce del saber y del poder surgirán las ciudades americanas, las regirá una razón ordenadora que se revelará en un orden social jerárquico representado en un orden distributivo geométrico” (Rama)

La "ciudad espectáculo" obedece a la ley la ostentación: el lujo, la riqueza de los trajes, el número y la opulencia de los banquetes y las comidas, encuentran allí su escenario. Todo el edificio político y administrativo, económico y social reproduce la voluntad de la monarquía absoluta. Con este fin se levantan templos y palacios, organizan fiestas y se montan deslumbrantes fuegos de artificio. Se trata de ocupar el espacio público, de domesticar lo urbano a través de la cultura. Bernardo de Balbuena, en su Grandeza Mexicana (1604) muestra la opulencia de la ciudad de México: De la famosa México el asiento, /origen y grandeza de edificios, /caballos, calles, trato, cumplimiento, / letras, virtudes, variedad de oficios, / regalos, ocasiones de contento, /primavera inmortal y sus indicios, /gobierno ilustre, religión, estado, /todo en este discurso está cifrado. El discurso remite al código cultural de la mitología clásica, al humanismo cristiano, a la cultura grecolatina y a la escolástica medieval. Mediante innumerables interpolaciones,muchas de ellas en latín, el autor cubre cualquier desviación y fundamenta sus afirmaciones en la seguridad de la Autoridad. La equivalencia de comunidad lingûística y social entre el letrado y el noble se apoya en la relación semántica entre el poeta y el príncipe.El centro del universo es el Rey, el Poeta es un rey dentro de otro universo:el del esplendor de la cultura.Suscita así la envidia de quienes lo observan adornados con las galas de su arte.

En el sujeto colonial (colonizado-colonizador) está latente la dualidad entre una visión que concuerda con el Imperio con un lugar de enunciación diferente geográficamente que se traduce en una temporalidad distinta. Este hecho arroja una pertenencia conflictiva. En el siglo barroco, también surgen las primeras respuestas criollas, la de la narrativa de resistencia que culminará en el siglo XIX.” Repitiendo la frase de Weisbach, adaptándola a lo americano, podemos decir que entre nosotros el barroco fue un arte de la contraconquista. Representa un triunfo de la ciudad y un americano allí instalado con fruición y estilo normal de vida y muerte. Monje, en caritativas sutilezas teológicas, Indio pobre o rico, maestro en lujosos latines, capitán de ocios métricos, estanciero con quejumbre rítmica, soledad de pecho inaplicada, comienzan a tejer en torno, a voltejear con amistosa sombra por arrabales, un tipo, una catadura de americano en su plomada, en su gravedad y destino. El primer americano que va surgiendo dominador de sus caudales es nuestro señor barroco”. ( José Lezama Lima)

Con la conquista surge un individuo híbrido: el criollo que se definirá como el americano. Dentro de esta clase criolla el mestizo es lo doblemente nuevo. No solamente nueva construcción cultural sino también inauguración de un cuerpo. Un cuerpo marcado por dos mundos irreconciliables que intenta generar un linaje propio, a partir de la afirmación de una geografía. En las iglesias barrocas hay una tensión entre mundos-Si contemplamos el interior de Juli en Perú o la Basílica del Rosario en Puebla entre lo abierto y lo cerrado.
La función del letrado se afianza en el aparato administrativo del estado dentro del violento mundo colonial así como se consolida la configuración de una sociedad cuyo sistema cultural central postula la homogeneidad en oposición a la caótica y amenazante heterogeneidad de la ciudad real. La Lengua, la Cultura y la Religión son los tres instrumentos más sutiles y eficaces de colonización. En la mejor tradición de las cortes de la caballeresca medieval, se construye como un doble paródico en el centro de un abigarrado y contradictorio mundo donde la Corona ha impuesto una máscara de paz sobre la más violenta explotación.
El discurso criollo se sostiene la tensión de lo nuevo, que intenta conseguir los títulos que acrediten la igualdad de sus derechos y de sus posesiones con los metropolitanos. Siempre lejos, el criollo es un sujeto construido en la exclusión de los discursos y del poder.: “El indiano es reflejo de lo que piensan que piensan de él y esos pensamientos son figuras grotescas pasadas por prismas paranoides espesados por el disloque físico y temporal”. (González Echevarría). A comienzos del siglo XVII la concepción del español americano y del habitante de las Indias como un ser débil y subalternizado es un lugar común. Junto con el indio pasa a engrosar el lugar marginal del niño y de la mujer. El discurso ideológico sobre América y sus habitantes es disfórico. Por oposición letrados como Juan de Espinosa Medrano ( el Lunarejo) en el Virreinato del Perú o Carlos de Sigüenza y Góngora y Sor Juana Inés de la Cruz en el de la Nueva España construyen una narración que exalta las virtudes del Nuevo Mundo. Dice el Lunarejo:”. Por consiguiente, los peruanos no hemos nacido en rincones oscuros y despreciables del mundo ni bajo aires más torpes sino en un lugar aventajado de la tierra, donde sonríe un mundo mejor” (Prefacio a la Lógica.). Sin embargo este americano busca diferenciarse de la plebe:”Porque siendo plebe tan en extremo plebe, que sólo ella lo puede ser de la que se reputare la más infame, y lo es de todas las plebes por componerse de indios, de negros, de criollos y bozales de diferentes naciones, de chinos, de mulatos, de moriscos, de mestizos, de zambaigos, de lobos y también de españoles que, declarándose zaramullos (que es lo mismo que pícaros, chulos y arrebatacapas) y degenerando de sus obligaciones, son los peores entre tan ruin canalla”(Alboroto y motín de los indios de Carlos de Sigüenza y Góngora)
El esplendor del barroco americano se asienta, especialmente, en los dos virreinatos más opulentos y ricos, el del Perú y el de la Nueva España. Vamos a referirnos brevemente a sus características y a tres de las figuras más representativas. Para Irving Leonard, en el México colonial,:” En la esfera intelectual, los dos distinguidos criollos mencionados, Sor Juana Inés de la Cruz y don Carlos de Sigüenza y Góngora, ejemplificaron el alborear del espíritu crítico y el incipiente declinar del escolasticismo, muchos más perceptibles en la Europa de su tiempo.(...) La intelligentsia de la Indias Españolas estuvo mucho menos aislada del mundo cambiante y de las ideas revolucionarias de Europa de lo que a menudo se supone, y varios intelectuales nacidos en América durante el curso del siglo XVII mostraron un conocimiento sorprendente del pensamiento europeo de la época”. En el Virreinato del Perú se destacan figuras como el Lunarejo y Juan del Valle y Caviedes. Nos referiremos someramente al primero.

Los letrados escriben las glorias de los virreyes para obtener "su generosa tutela" y que probar su superioridad dentro de las relaciones de la corte, sin escapar a los mecanismos de la subordinación. La fuerza del grupo letrado queda demostrada en la capacidad que adquieren para institucionalizarse a partir de sus funciones específicas. Forman parte de instituciones como las Audiencias, los Capítulos, los Seminarios, los Colegios y las Universidades. Como jueces, como notarios, y aún como consejeros de la Cancillería regia, los letrados se aseguran una participación que, a través de un lento proceso, irá siendo cada vez más importante, fundada no en un deber feudal de fidelidad, sino en el saber que han alcanzado y en la relación política general de súbditos.. Aparece el oficio del letrado, no como servicio doméstico al rey sino como función pública. Sin embargo, la organización de los estudios en los que se racionalice la adquisición de un saber instrumental no se ha dado aún. El estado eclesiástico reúne el mayor número de letrados y tiene el monopolio del saber. Juan de Espinosa Medrano brilla por sus sermones, a pesar de su condición mestiza; Carlos de Sigüenza y Góngora, aunque es expulsado de la Compañía Jesuita, es nombrado Cosmógrafo Real; Sor Juana, desde el palacio o desde el convento mantiene una fluida relación con el poder. El espacio siempre es el púlpito, la corte, la universidad o el claustro. El barroco americano, si bien revela los gérmenes del iluminismo, es dominado por una concepción tradicional del saber que se verá conmovida a fines del siglo XVII y comienzos de XVIII.

En 1680, el cabildo de la ciudad de México levantó un arco triunfal para dar la bienvenida al nuevo virrey, Marqués de Laguna. La estructura era de madera; cumplía con todas las reglas de la arquitectura barroca. Estaba dividida en tres niveles sostenidos por columnas corintias, con dieciséis pedestales y nichos reservados para estatuas emblemáticas. Estos edificios eran un rasgo bastante común de las celebraciones cívicas en el período moderno temprano. Estos monumentos estaban sobrecargados de imágenes e inscripciones, habitualmente tomadas de la mitología clásica y de la historia. Como lo explicó un sabio de la época “La doctrina simbólica (en que se comprenden empresas, jeroglíficos, emblemas) es una ciencia en que, con breves y compendiosas palabras expresamos algunos insignes y variados misterios, algunos tomados de los dichos sabios y otros de las historias”. Para la ocasión se componen dos textos, el Teatro de virtudes políticas y el Neptuno Alegórico- Mientras con el primero Sigüenza opta por la historia. Sor Juana, a través de su arco elige la fábula. La monja hace uso de los códigos de composición de los arcos triunfales imperiales para demostrar su habilidad e ingenio en el mismo campo que los prestigiosos letrados europeos mientras que Sigüenza introduce la especificidad de lo mexicano.

No sólo los letrados sino las instituciones luchan por el espacio de poder ante el virrey. La Catedral y el Cabildo-el primero le encarga el trabajo a la jerónima, el segundo a Sigüenza-exigen su lugar. El letrado señala que se trata de las “puertas por donde la ciudad se franquea.”Doble frontera que debe atravesar el virrey: el arco de Sigüenza y, en segundo lugar, el de Juana. Frontera histórico-territorial el Teatro y frontera erudito-hermética el Neptuno. Ambas le ofrecen al virrey una imaginería para gobernar el Imperio Mejicano. En el barroco la urbe ocupa un lugar predominante, la obra de arte atraviesa los límites de su propia forma y se piensa en el espacio concreto interactuando con él. La relación con la propaganda es evidente, se busca al espectador. Una teatralidad que, en la entrada, adquiere efecto de ritual político. El intelectual interviene en el espacio de visibilidad de lo urbano reformulando espacios y jerarquías; la ciudad barroca es espacio de dominio y manipulación. En este caso por la exhibición de un saber oculto que establece una relación entre la ciudad y el poder. La alegoría es el género privilegiado.

En el Virreinato de la Nueva España el simbolismo del arco de Sigüenza es explícito. Se exhibe ante el virrey el linaje de la ciudad que iba a gobernar se había fundado en 1327 y había poseído el linaje de los monarcas indios antes de la conquista española. El arco tenía estatuas de los doce jefes mexicanos; cada uno encarnaba diferentes virtudes políticas. Huitzilihuitl era elogiado como legislador, el emperador Moctezuma era presentado como guerrero y como protector de la religión. El segundo Moctezuma, descrito como "este monarca absoluto", era elogiado por su libertad, y su infortunado sucesor Cuitlahuitzin por sus esfuerzos por "defender la libertad y la patria"; en este panteón, Cuauhtémoc aparecía como un Catón indígena, siempre firme en la adversidad. Toda la estructura simbólica expresaba la esperanza de que "renaciesen los mexicanos monarcas de entre las cenizas en los que lo tiene el olvido, para que como fénixes del Occidente los mortalizase la fama" Las "virtudes imperiales" de estos gobernantes ofrecían modelos al hombre de Estado, tan inspiradores como los de la antigua Roma o Grecia; así, el pasado mexicano quedaba rodeado del aura de la cultura clásica que lo legitimaba.

Carlos de Sigüenza y Góngora (1645 - 1700), autor del diseño del arco y del escrito que explicaba su significado, fue poeta, filósofo, matemático, astrónomo, anticuario e historiador. Desarrolló en la Nueva España el pensamiento del hermetismo cosmológico del barroco austríaco. Ningún campo de investigación fue ajeno a su curiosidad intelectual: la historia y la arqueología, las matemáticas y las ciencias aplicadas, ocuparon gran parte de sus escritos. Sus estudios sobre las civilizaciones prehispánicas se iniciaron el año de su expulsión del seminario. Pudo reunir libros, códices, mapas y otros manuscritos relacionados con las antiguas culturas mexicanas gracias a su manejo de las lenguas autóctonas. La información que le proporcionaban los libros, combinadas con sus propias excavaciones arqueológicas, particularmente en las pirámides toltecas de Teotihuacán, fueron motivos de extensos trabajos teóricos de los cuales lamentablemente sólo se conserva el nombre. Sigüenza conservó los manuscritos y los códices de Ixtlilxóchitl, colección que le fue entregada por el hijo mestizo de Juan Alva, cacique de Teotihuacán. No se sabe hasta qué punto logró Sigüenza aprender a interpretar las pictografías indígenas. Constantemente criticó a muchos estudiosos de México que despreciaron el "estudio de los jeroglíficos", como "trivialidad despreciable de nuestra nación criolla". Encontró muchas dificultades para publicar sus descubrimientos, ya que carecía del dinero y de los subsidios necesarios para afrontar los gastos de la impresión. Sus obras:
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