Elvio romero






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fecha de publicación02.09.2015
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Elvio Romero

Contra la vida quieta
Editorial Candaya


Candaya Poesía 1
Prólogo de José Vicente Peiró.

Textos críticos y de homenaje de Rafael Alberti, Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias y Nicolás Guillén.
Contiene CD con la voz del autor. Además, Rafael Alberti recita “Elvio Romero. Poeta paraguayo” y Lizza Bogado canta “Cielito del Paraguay”.

280 págs. 15 €

ISBN 84-933546-0

ELVIO ROMERO




Elvio Romero nació en Yegros, el 12 de diciembre 1926.

Hijo del dueño de un tiovivo y tallador de imágenes de santos, Elvio Romero, que se define a sí mismo como “hijo de la intemperie”, cambió pronto la escuela por el oficio de carretero, tan acorde a su vocación de “caminante”. Sin embargo, la lectura casi clandestina de un cuaderno de su madre con poemas recortados y pegados de Rubén Darío, Gutiérrez Nájera y Amado Nervo, le hizo descubrir la poesía y la necesidad de cultivar la palabra con sensibilidad y conocimiento.

Siendo muy joven se incorporó a la vida literaria de Asunción y compartió tertulias con Roa Bastos, Josefina Plá, Hérib Campos Cervera, Hugo Rodríguez Alcalá, Óscar Ferreiro, José Antonio Bilbao y otros altos exponentes de las letras paraguayas de entonces. Todos ellos forman la llamada Generación del 40, muy emparentada por su estética vanguardista y su compromiso social con la del 27 español.  

En 1947, tras el triunfo del golpe de estado del general Morínigo, Elvio Romero tuvo que exiliarse. Primeramente vivió en Presidencia Roque Sáenz Peña , en el Chaco argentino. Por su casa pasaron, camino del exilio, figuras como José Asunción Flores, Herminio Giménez, los hermanos Larramendia, y muchos otros. Posteriormente se instaló en Buenos Aires, donde fue apadrinado por Rafael Alberti (quien con el poema “Elvio Romero. Poeta paraguayo” prologó Dias roturados, su primer libro). También en Buenos Aires conoció y se hizo amigo de los más importantes poetas del momento (Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Raúl González Tuñón...) que lo integraron en los círculos de la poesía latinoamericana, donde su voz poética pronto fue conocida y apreciada.

La poesía de Elvio Romero ha recibido el elogio y el reconocimiento de numerosos lectores, entre ellos tres ganadores del Premio Nobel de Literatura, como Gabriela Mistral (que afirmaba leerlo "como acostada sobre la tierra"), Miguel Ángel Asturias ( "Poesía invadida llamo yo a esta poesía, poesía invadida por la vida, por el juego y el fuego de la vida") y Pablo Neruda ( "poesía llena de fuerza y follaje"). El poeta Hamlet Lima Quintana lo señala como uno de los referentes más importantes de la  poesía latinoamericana. Josefina Plá dice que al leer la poesía de Elvio Romero "se va a escuchar la voz de un pueblo reclamando su lugar en el coro de la libertad". Nicolás Guillén le dedicó un emotivo y cálido poema en el que le llamaba “Elvio Romero, mi hermano”.

Elvio Romero es la voz poética paraguaya más conocida en el mundo hispanohablante. Su obra poética está compuesta por 13 poemarios:

Días roturados (1948) Resoles áridos (1950) Despiertan las fogatas (1953) El sol bajo las raíces (1956) De cara al corazón (1961) Esta guitarra dura (1961) Libro de la migración (Yby-Ñomimbyré) (1966) Un relámpago herido (1967) Los innombrables (1970) Destierro y atardecer (1975) El viejo fuego (1977) Los valles imaginarios (1984) Flechas en un arco tendido (1994)

Como prosista publicó una biografía Miguel Hernández - Destino y poesía (Ed. Losada, 1958), El poeta y sus encrucijadas (Ed. RP, 1991) y Fabulaciones (Ed. El Lector, 2000). 

Producido en 1989 el derrocamiento de Alfredo Stroessner, Elvio Romero pudo regresar al país donde tomó contacto con sus amigos y colegas paraguayos. Fue miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y socio del PEN Club del Paraguay. En 1991 obtuvo el primer premio Nacional de literatura de la historia paraguaya. Y su nombre sonó insistentemente para los premios Cervantes y Príncipe de Asturias.

Desde febero de 1995 hasta días antes de su fallecimiento, ocupó el cargo de Agregado Cultural en la Embajada del Paraguay en Argentina.

Elvio Romero murió en Buenos Aires el 19 de mayo de 2004.

LA OBRA: CONTRA LA VIDA QUIETA

Contra la vida quieta es una amplia antología de la obra poética de Elvio Romero. Recoge 99 poemas que recorren cronológicamente los 13 poemarios publicados hasta el momento por el poeta paraguayo y algunos poemas sueltos.
Testimonio de los padecimientos de su pueblo, la obra de Elvio Romero puede encuadrarse dentro de la poesía social de denuncia hispanoamericana junto a la de Nicolás Guillén, Ernesto Cardenal, Pablo Neruda, Nicanor Parra y Manuel del Cabral.
Ya en su primera obra Días roturados (1948), subtitulado “Poemas de la guerra civil”, aparecen intensos poemas revolucionarios que, como “Presento a Tacaxí” o “Todos aquí llegamos”, despliegan la exaltación y vindicación de un abanico de esperanzadores valores humanos: el coraje, la honestidad, la lucha por un ideal igualitario, la humildad y el sacrificio por la colectividad y por el semejante. En Resoles áridos (1950), la influencia del Miguel Hernández de Vientos del pueblo enlaza con el Alberti de verso más ancho de Capital de la gloria.
En Despiertan las fogatas (1953) sustituye el canto a la lucha armada por la añoranza del país perdido y de los ancestros. Recuerda al gran creador del teatro popular paraguayo en “Carta a Julio Correa”, dirige una mirada oblicua a su país lejano en “Alegres éramos” o canta al secular Sur en “Costa Ferroviaria”. Elvio empieza a modificar su forma de expresar el enojo y la rabia ante la opresión, sustituyendo progresivamentete el himno por el canto, la exaltación por la ironía sutil.
En El sol bajo las raíces (1956) las imágenes no son tan abstractas como las de anteriores poemarios. Algunas composiciones están dedicadas a personajes concretos de extracción popular: el tallista Lacú, el cegador de alondras, el músico José Asunción Flores... Elvio comienza a sentir la necesidad de rendir homenaje a todos aquellos amigos extraviados, en un exilio cuyo final ni se aprecia ni se intuye siquiera a medio plazo.
Otros libros en que la temática social ocupa un lugar destacado son Esta guitarra dura (1961) y, sobre todo, Los innombrables (1970). Los innombrables -que tanto recuerdan a “los nadies” de Eduardo Galeano, aunque el poema de Romero fue escrito 19 años antes- son todos aquellos que hoy en día asustan a nuestra comodidad aburguesada: los justos, los pobres, los perseguidos, los rebeldes, los trabajadores conscientes de su realidad, los hombres del sur que gimen ante la opulencia del norte... Son los pobres y perseguidos de “De caminante” o los que aparecen en ese “Tren con banderas”, en cuyos vagones cabría el Paraguay entero y en el que se condensaría toda la fuerza de las gentes con el afán soterrado de la libertad.
En Los valles imaginarios (1984), Elvio Romero sigue la línea marcada por Los innombrables, pero con una tendencia más pronunciada a la mirada evocativa de su país.
Elvio Romero es, por otra parte, el cantor del pueblo guaraní. En toda su poesía se reconocen las presencias silenciosas y reveladoras de los antepasados indios del palmar y el horizonte”: los nivaklé, los toba, los sanapaná, los guaraní ñandeva o los ayoreos que “sueñan con sus bosques" y “están presos del espejismo de la palmera azul”. Pero es, sobre todo, en dos libros donde ese universo de emociones” que le proporcionan los mitos y ancestros guaraníes se convierte en tema central: El libro de las migraciones y Flechas en un arco tendido.
En Libro de las migraciones (1966), Elvio Romero opta por profundizar en el origen legendario de su pueblo. En una única estrofa de carácter mítico, a la que precede un prólogo en prosa poética, rememora la “inmensa arcilla de mitos” de la “tierra sin mal” y los lejanos éxodos de aquellos indígenas antecesores del pueblo paraguayo.
Flechas en un arco tendido (1994) es un libro sobrecogedor y triste, donde Elvio Romero lamenta que “ni nómadas ni errantes”, estemos en el suelo y ya apenas sea posible “contemplar el firmamento” ni avanzar tras él. Aunque, como en la vida o en la obra de Elvio Romero las derrotas nuncason definitivas, en “Cumpliendo los rituales” promete que “seguiremos danzando” y entonces los versos se convierten en conjuros y adquieren la cadencia sagrada de la oración ritual y protectora que va a acabar con el maleficio: “Por donde nos quitaron la tierra, si la alimaña de la peste avanza, cuando la plaga es de viruela negra, cuando la boa a la avestruz sorprende, cuando todas las aguas se emponzoñan... ¡Vamos a matar al tigre, al tigre malo!”.
Pero la poesía de Elvio Romero no se agota en la temática social o indigenista. En permanentemente desacuerdo con lo real, Elvio Romero es un intérprete de los anhelos más hondos del hombre y un poeta en perpetuo asombro que persigue lo desconocido y lo casi inasible. Vertientes temáticas más intimistas de su poesía son su reflexión sobre el extrañamiento del exilio y su lírica amorosa.

Su poemario dedicado al exilio por antonomasia es Destierro y atardecer (1975). El contraste entre el allá y la nostalgia del acá, los contrasentidos y vacíos de la distancia, los recuerdos umbríos... Es tarde para el poeta cuando alguien le habla de su país. La tristeza, la desazón y la ausencia de esperanza recorren unos versos, en los que se adivina un resignado escepticismo hasta entonces imperceptible en el poeta.
Elvio Romero es autor de tres espléndidas obras de lírica amorosa: De cara al corazón (1961), Un relámpago herido (1967) y El viejo fuego (1975). En De cara al corazón (1961) nace el Elvio Romero más intimista. Como ahora existe un interlocutor concreto (la amada) la tercera persona es sustituida por la segunda. La sentimentalidad se vuelve en ocasiones erotismo liberalizador y el amor es un recodo del camino donde todo se goza con plenitud. “Por qué” afirma la legitimidad de los deseos y reivindica la vida como búsqueda compartida. Elvio Romero alcanza un tono poético consumado en Un relámpago herido, una intensa obra llena de imágenes irracionales que combinan lo prosopopeico y la metáfora corporal. Son versos luminosos, de secretos revelados y de noches largas de más de cien años de lluvias, donde el ansia de totalidad y de perfección del conocimiento es aún más notoria. En El viejo fuego (1977), el amor es viaje hacia la lumbre (“Cabalgata”) y ansia de plenitud que lo abarca todo: la amada y la tierra (“Bajo una luna grande”), la casa de la infancia y los padres lejanos (“Son ellos”) o el abrazo solidario con los otros (“La historia de mi corazón”).
Elvio Romero es el primer poeta paraguayo que se publica en España. Con Contra la vida quieta, la Editorial Candaya espera reparar, aunque algo tardiamente, el olvido incomprensible de uno de los más intensos poetas de la lírica hispanoamericana actual.

SOBRE “CONTRA LA VIDA QUIETA”

Elvio Romero refleja en su poesía la esencia de la tierra donde nació. Aquella tierra de ríos y cascadas, de regiones selváticas y campos resecos de los indios guaraníes. Aunque conoció el dolor del exilio y fue un viajero infatigable, su voz se nutre del lenguaje con el que aprendió a nombrar el mundo. Con esa voz canta a la tierra dura y magnánima, al trabajo, que debiera ser un acto de libertad –y no causa de opresión-, y al amor, como fuerza que redime y salva (…)
Un rasgo fundamental de la poesía de Elvio Romero es el trabajo del poema: la ordenación interior, los latidos rítmicos de los versos, el espacio metafórico y la fluencia de los símbolos, que abarca la tierra, los gestos humanos y los sueños: “Éste es el aire, el aire venturoso/ en viaje hacia el rumor y la espesura/ que orla tus labios con lo más dichoso”
Teresa Martín Taffarel. Lateral, abril de 2004.


En Romero convergen el impulso de afirmar la pertenencia a una tierra nativa, característica del desterrado, y la orgullosa reivindicación de las raíces guaraníes de Paraguay; inquietudes que lo acercan, además a su más célebre compañero de generación, Augusto Roa Bastos.
Heredera de la vertiente romántica y cancioneril del 27 español –Romero escribió un semblanza de Miguel Hernández-, su voz sueña a veces próxima a la del Neruda comprometido: “Piedra en la piedra, el hombre, dónde estuvo?” escribe éste en “Alturas del Macchu Picchu”; y Romero: “¿De dónde vino el indio? ¿De dónde su pesado/ carbón mordido y negro”?, en su primer libro Días roturados (1948), contemporáneo del Canto General (…) Los oficios de la gente humilde (entre ellos, titiriteros y talladores de santos), la memoria de caciques guaraníes, las leyendas del Chaco paraguayo son asuntos frecuentes en sus páginas. La templada tristeza del folclore pampeano resuena en sus versos como un grave compás.
Edgardo Dobry. Babelia. El País, 9 y 10 de abril.

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