Aportes al canon lírico colombiano del encuentro internacional de mujeres poetas, cereté de córdoba






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APORTES AL CANON LÍRICO COLOMBIANO DEL ENCUENTRO INTERNACIONAL DE MUJERES POETAS, CERETÉ DE CÓRDOBA

Por: Beatriz Vanegas Athías

“…y el amor también fija ojos atentos; mas lo que

permanece, lo fundan los poetas”

Hölderlin
Desde hace quince años, Cereté, la tierra de Raúl Gómez Jattin, allí donde él fue un dios y un demonio; la tierra del Oro blanco; la célebre población inmortalizada por el cabo Herrán en su porro “El Guayabo de la Y”, festeja con fervor la vigencia que tiene la poesía en el país de la sinrazón. Una mujer serena, generosa y muy organizada, de nombre Lena Reza García, más conocida en Cereté de Córdoba como la “seño Lena”, convoca año tras año, a más de treinta mujeres de toda Colombia y de diferentes partes del mundo y contra todo nefasto presagio – léase demora de los patrocinadores- el Encuentro Internacional de Mujeres Poetas se realiza en el mágico Centro Cultural Raúl Gómez Jattin a orillas del otrora imponente caño Bugre, brazo del caudaloso río Sinú..

Los Inicios

Lena Reza García es una mujer de poco verbo teórico, pero de mucho verbo de acción. En ella se conjuga la rigurosidad y pausa de la gestora cultural, con la generosidad de los seres humanos plenos. Es el alma del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas que año tras año durante casi cinco días inunda de poesía a Cereté de Córdoba.

Si hacemos memoria, debemos anotar que el Encuentro de Mujeres Poetas nació en el seno del grupo de Arte y Literatura El Túnel, con su director, el escritor monteriano José Luís Garcés González, quien invita al taller del grupo, a mujeres poetas de Córdoba para que lean
sus creaciones. Inicialmente se llamaba” Recital de Mujeres Poetas de Córdoba”. Pero Garcés González se siente desamparado en Montería y en 1994 traslada el naciente evento a Cereté. Aún no existía el Centro Cultural Raúl Gómez Jattin.

Ampliar la convocatoria era la nueva meta a cumplirse, y de ello se encargó Lena Reza. Así, en 1996, al grupo de Mujeres Poetas de Córdoba entre quienes estaban: Rosita Santos Rodríguez, Betty Brunal, Antonia Reza García, Indira Críales, Carmen Amelia Pinto, Jaidith Soto, Isabel Cristina Petro, Gladis Patrón y Lenis Rocío Luna, se sumaron nombres de poetas del Caribe. Fue el Primer Encuentro con Meira del Mar, con Nora Carbonell y Lya Sierra de Barranquilla, también participaron: Miriam Reina y Leda Beatriz Mendoza de Santa Marta y la poeta cubana Zoelia Frómeta. A partir de ese año, el Encuentro comienza a consolidarse, la poetas nacionales asisten en mayor número, por eso ha sido posible tomarle el pulso a la escritura poética de mujeres de España, Canadá, Venezuela, Ecuador, Cuba, México, Costa Rica, entre otros.

Las Casas De Poesía

Y nacen las Casas de Poesía. Original actividad que se realiza durante el segundo día del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas y que configura el espacio para que la poesía visite los barrios y en las últimas versiones, los corregimientos de Cereté. Un bus lleno de música y de las risas de las poetas, las traslada del Hotel o de ese paraíso llamado Corpoica, a barrios de todos los estratos en Cereté: Santa Paula, Venus, La Esperanza, Santa Teresa, Santa Clara o a los inolvidables Cotorra, San Pelayo y Carrillo, corregimiento en donde habita Margarita Carrillo, la sapiente maestra que despliega sin envanecerse todo su conocimiento sobre el ritmo musical del porro.

En cada barrio o vereda aguarda un auditorio de veinte o veinticinco personas, que reciben con viandas y postres a tres o cuatro poetas que escogen lo mejor de su producción literaria para emocionar al ama de casa, al campesino que aún no ha emigrado; a la abuela que en sus años mozos leyó y declamó a Julio Flórez; a los aprendices de poetas que aprovechan para solicitar el autógrafo a la poeta venida de tal o cual departamento o país; a la tía que se arriesga a sacar su viejo e invaluable cuaderno de “pensamientos” y sonetos y los lee con emoción represada.

Las casas de poesía de poesía aterrizan a muchas escritores con poses de vedettes, vuelven útil al poema y al oficio de escribir. Las Casas de Poesía transforman a los habitantes privilegiados: ellos aplauden, posan como periodistas al indagar por la vida y milagros de las escritoras; interrogan sobre el oficio de poetizar. ¿Por qué este poema? ¿Qué lo inspiró? ¿Por qué escribe así? Y se toman la palabra: los maestros aprovechan para mostrarse y presentar las creaciones de sus estudiantes; el compositor canta su más reciente canción; el decimero recita con la perfección métrica infaltable a la décima.

En ocasiones se arman verdaderos conversatorios. Los asistentes piden repetir un poema que les tocó los vellos del alma. Las Casas de Poesía son un espacio de verdadera comunicación. Cada año es necesario aumentar el número de Casas a petición de los habitantes de Cereté y sus corregimientos. Igual sucede con las poetas venidas de otros países, cada año asisten en mayor número, por ello ha sido posible tomarle el pulso a la escritura poética de mujeres de España, Canadá, Venezuela, Ecuador, Cuba, México y Costa Rica, entre otros.



EL CANON POÉTICO COLOMBIANO O LA MISOGINIA INSTAURADA

El Encuentro Internacional de Mujeres de Cereté ha situado a la poesía como una posibilidad abierta a todos los seres, cualquiera que sea su temperamento, su ánimo o su disposición. La naturaleza primigenia de la lírica se rescata en Cereté porque el poema aquí, establece contacto con el lector y con el auditorio. El lector participa y revive de veras el poema. El evento, a lo largo de los 16 años de existencia, ha consolidado nombres que representan las tendencias poéticas vigentes de Colombia. Voces poéticas que no aparecen incluidas en las clasificaciones que hacen los dueños poder poético nacional.

Al realizar un barrido por clasificaciones que instauran los Hitos Poéticos Contemporáneos en Colombia, es evidente la ausencia de voces femeninas. El Modernismo que inaugura el siglo XX sólo reconoce a José Asunción Silva y a Guillermo Valencia quien tuvo como arte poética considerar al poeta como un elegido, un ser superior. Es consecuente que en esta entronización de la figura del poeta por parte de los simbolistas criollos, es muy difícil que tuviese presencia una mujer. Luego vino el Posmodernismo que pretendió ser una reacción contra la ampulosidad y los tonos grandilocuentes del Modernismo. El Posmodernismo fue el espacio poético en el que brillaron la antipoesía, la irreverencia, la angustia existencial de Luis Carlos López y Porfirio Barba Jacob. También aquí carecemos de un referente femenino, la apabullante poética de los Zapatos viejos y de la Canción de la vida profunda fue más que suficiente. Y qué decir de Los Nuevos, un grupo de poetas que también intenta apartarse del Modernismo y de la tradición española y grecolatina hasta entonces imperante. Sin embargo, configuran una pléyade de egocentrismos que los confinó a una retórica fallida y a adquirir compromisos políticos. Allí se catapultaron nombres como León de Greiff, Rafael Maya, Luis Vidales y Jorge Zalamea. Cada uno con un estilo muy personal decide emprender un viaje poético en el que tampoco hay mujeres.

Luego el canon oficial ha determinado que los poetas que sucedieron a Los Nuevos fueron los Piedracielista, quienes retomaron como influencia la más tradicional poesía española. Jorge Rojas, Carlos Martín, Gerardo Valencia, Darío Samper, Arturo Camacho y Eduardo Carranza cultivaron el soneto y la esbeltez de sus formas; los temas de su poesía se mantenían alejados de las preocupaciones nacionales: Todo está bien: el verde en la pradera, /el aire con su silbo de diamante/ y en el aire la rama dibujante/ y por la luz arriba la palmera. /. Escribía Eduardo Carranza. Fueron poetas cuya actitud vital consistió en ser fieles a la religión católica, a la patria y a los partidos políticos. Intentaron –y lo lograron- una depuración retórica del lenguaje poético colombiano.

Continuaron por esta vertiente los poetas agrupados por la crítica bajo el rótulo de “Los Cuadernícolas o Cántico”, denominados así por la colección de cuadernillos editados en la librería Siglo XX hacia 1944, bajo la dirección de Jaime Ibáñez. Este nombre de la colección, era un homenaje al poeta español Jorge Guillén. Son figuras ilustres de este hito poético Fernando Charry Lara y Álvaro Mutis. Ellos serían el preámbulo para la llegada, en la década del 50, de la Generación de Mito. Entronizada por el canon, al punto de que Pedro Gómez Valderrama dijo de Eduardo Cote Lamus, Jorge Gaitán Durán, Fernando Arbeláez y Rogelio Echavarría que fueron “una parábola maravillosa de inteligencia, de decisión, salto hacia adelante, enfoque nuevo de las cosas, actitud vigilante sobre la vida nacional”. Allí, en Mito, crecería Rogelio Echavarría, uno de los poetas que asumiría su oficio de escritor con igual vehemencia que su oficio de antólogo. A él, lo mismo que a José Luís Díaz Granados, Juan Gustavo Cobo Borda y a María Mercedes Carranza, entre otros, se le deben sendas antologías en las que, por supuesto, es ínfimo el número de voces poéticas femeninas.

Y llegaron Los Nadaístas, pese a la época, la “única” huella vanguardista que según la crítica proliferó en Colombia, tampoco tuvo en su legión una mujer que asumiera la iconoclastia y la beligerancia poética de Gonzalo Arango, Jota Mario Arbeláez, Jaime Jaramillo Escobar, Darío Lemos, Eduardo Escobar, a no ser que a lo lejos resonaba el eco de Fanny Buitrago como posible novelista Nadaísta.
En la década de los 70, el turno es según el canon oficial para la Generación sin nombre o Desencantados. Los poetas allí incluidos son en su mayoría oriundos de Bogotá y Medellín. Algunas clasificaciones incluyen a Raúl Gómez Jattin (Cereté), Giovanni Quessep (San Onofre, Sucre) y a Harold Alvarado Tenorio (Cali). Sólo una mujer: María Mercedes Carranza quien ostentó una obra determinante para las letras colombianas, al igual que un significativo poder cultural y político.

Cabe preguntarnos: ¿En nueve generaciones poéticas colombianas, resulta verosímil la existencia de una sola mujer poeta?

Pero pululan las antologías y Festivales de poesía que sí incluyen nombres de creadoras, sólo que al momento de instituir el canon, apenas sobreviven una o cuatro. Es el caso de Meira Delmar, Emilia Ayarza, María Mercedes Carranza, Orietta Lozano, Piedad Boneth.

EL APORTE DEL ENCUENTRO INTERNACIONAL DE MUJERES POETAS

Diez voces hacen parte esencial del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté. Diez mujeres de diferentes regiones del país que han consolidado una obra y que, año tras año, asisten al evento poético, respondiendo a cierta fidelidad tácita con un público que ya conoce, disfruta y ha interiorizado sus estilos, tonos y maneras poéticas.

Me refiero a Yirama Castaño Güiza (El Socorro, 1964); Nora Carbonell (Barranquilla, 1960); Patricia Iriarte (Sincé, 1964); Monique Facuseh (Santa Marta, 1964); Betty Brunal (Montería, 1962); Gloria María Bustamante (Medellín 1968); Ela Cuavas (Montería, 1987) e Irina Henríquez (San Juan de Nepomuceno, 1988).

Todas tienen formación académica y realizan una labor cultural en sus respectivas regiones. Creen que el rigor poético no riñe con una poética que conmocione y genere catarsis en los lectores. Es decir, sus tonos oscilan entre una reflexión sobre la poesía dentro de la poesía misma y la visceralidad con que asumen las incertidumbres del tiempo que les correspondió vivir. Y asisten a Cereté con puntualidad, pese a que tienen otras oportunidades de convivencia poética, las cuales desdeñan la mayoría de las ocasiones. Se han constituido una suerte de símbolos y presencias vivas imprescindibles para los lectores de esta vasta región del Caribe colombiano.

Los tópicos o tendencias poéticas podríamos sintetizarlas así:

  1. El tema de la mujer como víctima poderosa de la ancestral violencia tanto social como patriarcal.

  2. Poemas que nombran el espacio geográfico habitado por cada escritora, hasta configurar un mapa de los más angustiosos vacíos existenciales.

  3. Un erotismo lúcido, matizado de ternura y ausencias. Aquí el amor se traduce en contenidos poemas de desamor. No es un amor gozoso al cual secanta, incluso no hay canto.

  4. Un tono que narra a través de símbolos, metáforas e ironías, el impacto del día y de la noche.

  5. El silencio como tema que instaura la posibilidad de la creación poética.

  6. Utilización del recurso de la intertextualidad en una clara identificación con los autores predilectos o considerados influencias directas.

  7. Son herederas de una vasta cultura musical proveniente de la canción social, el rock, el bolero, los ritmos autóctonos de Latinoamérica como la salsa, la tambora, el vallenato clásico.

  8. Sus influencias inmediatas provienen de escritores franceses como Rimbaud, Mallarmé, René Char. Además de escritoras latinoamericanas como Vicente Quirarte, Alejandra Pizarnik, Jaime Sabines, Homero Aridjis, Raúl Gómez Jattin, Dylan Thomas, el haikú japonés, Sylvia Plath, Albert Beguin, entre otros.

  9. La figura de Dios como un ser a quien se le habla sin solemnidad, como un viejo amigo susceptible de equivocarse: la poesía como instrumento de profanación o de racionalización de Dios.

  10. La preocupación por el entorno y su deterioro paulatino: están en crisis el río, la calle, el bosque, la montaña, el mar, está pendiendo de un hilo el ser.

LAS VOCES

I

Tres poetas que hacen parte de “la nómina” del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté son Nora Carbonell, Yirama Castaño y Patricia Iriarte. Pese a que sus textos y poemas han aparecido en numerosas revistas y portales literarios de Colombia y el exterior, y han sido incluidos en diversas antologías, el canon oficial no involucra sus voces como esenciales en la historia de la poesía colombiana del siglo XX.

YIRAMA CASTAÑO GÜIZA, santandereana de El Socorro. Nació en 1964, en esta población a la cual Bolívar en su gesta independentista llamó “tierra de mujeres varoniles”. Allí vivió parte de su infancia, pero ha desarrollado su proyecto de vida en la capital de Colombia. Ha publicado Naufragio de luna, 1990; Jardín de sombras, 1994; El sueño de la otra, 1997; Memoria de aprendiz, 2000 y mantiene inéditos dos poemarios. Es periodista de profesión y por vocación. Ha trasegado por diarios y revistas del país a través de la crónica y del artículo de opinión. Heredera de Fernando Garavito, “El Señor de las Moscas” y de Juan Manuel Roca y esa suerte de poesía del periodismo que es la crónica, ha creado un mundo en el que el parque, la noche, las carencias amorosas y la cruda certeza de la mortalidad son los sitios, espacios y estados que la poeta ha legado a los lectores: A lo lejos,/ un pájaro canta/ en honor del Dios verde de los árboles. /Nadie, entre aquellos que conversan, / se ha dado cuenta de que la mudez/ mueve sus alas. La poeta Castaño escribe porque no sabe hablar. Ella nombra al mundo con el silencio y sus versos llenos de un apretado y profundo simbolismo, configuran a la poesía como un arte que sirve para profanar:

Mínima para un malabarista

Opuesto a lo que algunos

puedan pensar o escribir,

La poesía sirve para profanar.
Y este verbo es mucho más

que sacar la tierra de los muertos,

o llegar hasta el tú después de excavar en el yo,

o espiar por la rendija del paraíso.
Profanar es habitar el silencio

para darle forma de boca roja.
De JARDÍN DE SUEÑOS, 1994
Yirama Castaño vive en Bogotá y allí ejerce como editora y periodista. Permanece alejada del mundillo del coctel literario, pero a ella acuden aprendices de poetas. Sólo asiste año tras año a la cita de Cereté y en esas tierras presenta su ideario poético que habla de un país poblado por ausentes, un país de adioses y de sueños mutilados: De un país en guerra: Hombre contra hombre/Pulso contra pulso/ Viene el gran ejército/ El dedo que destruye/ El naipe de los sueños! Hace exactamente una semana, sus lazos con Común Presencia Editores se volvieron a unir y después de un silencio de casi una década, la poeta Castaño acaba de publicar “Memoria de Aprendiz”, libro de la madurez.
PATRICIA IRIARTE DIAZGRANADOS. Patricia Iriarte es sucreña. Nacida en Sincé, la tierra del músico Juan Madera quien compuso la música de ese poema popular llamado “La pollera colorá”. Posee una amplia trayectoria como periodista con trabajos de reportería que ha realizado en medios nacionales de radio, prensa y televisión. Se formó en Bogotá y hoy despliega su quehacer periodístico y poético en Barranquilla, ciudad en la está radicada hace más de diez años. Ha publicado: Mal de amores (1992), Territorio del delirio (1998) y Libro de viaje (2009).

Su interés por los temas sociales y la realidad colombiana ha hecho que desde el periodismo y la poesía, aborde problemáticas que atañen a la tierra y al río como espacios lacerados por la intervención del hombre. Su amplio y hermoso reportaje “Totó: Nuestra diva descalza” tendrá segunda edición en la próxima versión de la Feria del Libro, publicado por la Editorial Pluma de Mompox en la colección “Voces del Fuego: Testigos del Bicentenario”

La poeta, como Whitman, nos conmina: me pregunto cómo hace/ para albergar tanta tortura.

El camino de Ciénagas

Hoy quiero escribir sobre tu piel de agua, Ciénaga morena./ Sobre la proa de una barca te recorro, y me siento penetrar/ en el cielo que reflejan tus aguas./ (…)

Tú eres del color de los hombres que te sueñan. Del color/ de sus ojos. Eres el cabello de las mujeres que te habitan./

Tienes esperanza, aunque las garzas hoy caminen sobre/ la desembocadura de tus ríos. Aunque las redes regresen /vacías, la magia no se va con tus cardúmenes. La leyenda/ anda en canoa y en boca de poetas.

Del libro Territorio del delirio

Hay en su voz un dolor contenido en el que se palpa la espera como quien toca el aire que es la única compañía. Un erotismo represado por la nostalgia que

El tópico del amor en la poesía de Iriarte como en la mayoría de las poetas, objeto de nuestro estudio, aparece con la envoltura metafórica de la nostalgia y la espera. El amor es volcánico pero sólo cobra presencia en el recuerdo y en la carencia.

Fiesta de campanas: Encuentro en tu voz/ una fiesta de campanas/ y un rumor de hojas / bajo mis pies desnudos

Y es en tu voz donde me busco/ y es con tu voz que me rescatas/ y es a tu voz/ a quien mi voz pregunta/ si me dejaras amarte un poco.

NORA CARBONELL. Barranquilla, 1955. Además de poeta, Nora es narradora de cuentos infantiles y para otro tipo de lectores. En Barranquilla, ciudad que habita y la habita desde siempre, es maestra de adolescentes y de niños. Es decir, lee para formar lectores. Al lado de otra esencial poeta barranquillera, Margarita Galindo, desarrolla una labor de promoción de lectura y mueven el ambiente cultural en Barranquilla. Ha publicado Voz de ausencia (1983) Horas del asedio (1990), entre otros.

Nora es una poeta que le canta a los espacios y a los instantes como alegorías de las más insondables pasiones vividas por la mujer y el hombre: Un domingo y gente./ hay una sombra de presencia/ en el sitio que tú deberías ocupar.

No consigue la paz la poeta en virtud del amor. Es un viaje continuo como el del héroe homérico en versión de Kavafis:

El olvido:

He perdido mis caminos.

En vano

dejé regado

mi nombre

por tus lugares.

Los momentos gastados

vencen con destreza a

a la memoria.

Al despuntar el olvido,

la banal cordura

es un recuerdo en fuga

solamente.

Nora Carbonell, Patricia Iriarte, Yirama Castaño, poseen un parque, un río, una ciudad, un bosque que las protege de la muerte, pero que las acerca a ella. Configuran un latido silencioso en un país “donde ya ninguna puerta abre”, como sentencia Yirama Castaño. Saben que Dios también tiene miedo y que la certeza del amor es improbable: No hay un lugar/ donde hombres/ y palabras/ se encuentren/ sin dolor/, afirma con desasosiego Patricia Iriarte.
II
Otro grupo de poetas que hace parte de esta naciente investigación, lo conforman, Monique Facuseh, Betty Brunal, Ela Cuavas Avilés e Irina Henríquez.
MONIQUE FACUSEH: Nació en Santa Marta en 1964. Ha sido maestra de Inglés y se ha desempeñado en el ámbito de la Hotelería y el turismo. Siempre ha vivido a orillas del mar. Ha publicado Entre tonos Ciudad al fondo y Lianas. Al lado del poeta Hernán Vargascarreño codirigió la Fundación Poetas al Exilio que marcó un hito en la divulgación de la poesía colombiana a través de los encuentros realizados en la capital samaria y la publicación de la revista homónima.
Monique, como Kavafis, continúa en Santa Martha y en el 2009 publicó –luego de un largo silencio- un libro de una hondura poética especial. Se trata de Lianas. Desde el título que evoca las amarras de las que pende la vida, hasta el recorrido existencial por la infancia, el amor-desamor y la inminencia de la vejez, es este un poemario de profunda trascendencia para la poesía colombiana.
El lenguaje poético de Monique es claro, transparente, visceral. No hay en él asombro de artificio. Los fardos que carga la poeta son nombrados con tal honestidad que el lector terminará asumiéndolos. Allí están el río como símbolo perenne de la vida que no cesa, el pueblo indolente que observa a los poetas como seres desposeídos, pero necesarios:
Bajando el puente
hay un camino largo que recorro/ Maletín en mano, medio cuerpo cargado---/ En el pueblo todos miran,/ se voltean para ver al forastero./ Lisonjean con frases nobles y a medio decir./ Niños desnudos jugando al pie de la tierra; / cerdos de lado a lado aún con el lodo/ del primer revolcón/ El trayecto se hace eterno./ La temperatura de la una es desolación./ El río está cerca/ Camino a él y me hipnotiza./ No es el río de Raúl/ pero mueve la taruya / como los deshechos de mi alma./ Un ferry aparece de la nada./ Su carga pesa tanto como el ayer./ Podría quedarme entera frente al paisaje/ pero la soledad me nombra/ Ya en el cuarto/ en el silencio del mango y/ los cocoteros que se atraviesan por la ventana/ estoy yo./ Cruzo el puente que imagino y / río arriba estás tú/ -tan distante de la tierra y del abrazo-/ Horizonte arriba vas tú / -con mi resto de cuerpo desposeído-/
Luego están Betty Brunal y Ela Cuavas de Montería e Irina Henríquez de San Juan Nepomuceno, Bolívar-
BETTY BRUNAL hace parte de las poetas fundadoras del evento. Esta monteriana es quizás la única de las poetas aquí referenciadas que no se desempeña en el ámbito cultural. Sin embargo su obra ha sido construida pacientemente a lo largo de estos 15 años y ha sido divulgada en la Costa y en revistas y cuadernillos de circulación nacional.
Hay en sus motivaciones una constante indagación por el ser y por la finitud de la vida. También ha construido su poética a orillas de un río que debería tener las respuestas, pero que sólo pasa y ve pasar las vidas:

ESE RÍO SE DERRAMA LENTO
A ese cuerpo que se estire manso

como un perro domesticado

sobre el herbaje

y la memoria irrevocable

de la tierra

llegan cada tarde

las mujeres de mi pueblo

a lavar su desdén

a exprimir hasta la usura

la miseria mojigata

que tiñe la piel

y se asienta en forma de polvo

sobre ese polvo que vamos siendo

ELA CUAVAS E IRINA HENRÍQUEZ
La poeta Cuavas es de Montería y es Licenciada en Español y Literatura de la Universidad de Córdoba. Ha crecido, al igual que IRINA HENRÍQUEZ (San Juan de Nepomuceno, 1988) al amparo del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté. Irina publicó el año pasado su primer poemario titulado: Trece poemas a riesgo decaer, en media isla editores. Ela, presentará Juntar los huesos en la próxima feria del Libro de Bogotá. La editorial que publicó el libro de la poeta Cuavas es la Pluma de Mompox.
Constituyen dos voces potentes en formación que poseen una vasta cultura literaria absorbida en los Talleres de creación a los que han asistido y que también promueven.
Tres tópicos presenta la poesía de Cuavas y Henríquez: la muerte, el sueño y el amor banal. Son voces que responden a la crudeza e ignominia de la época histórica que les correspondió. Por ello, el sujeto lírico configurado por Ela Cuavas, declara: El poeta no tiene entrañas, nació del sueño y debe vivir en él.

Por ello, el sujeto lírico configurado por Irina Henríquez ofrece isotopías que encarnan la desidia y la desesperanza exacerbada. No hay concesiones, pero tampoco reclamos ante el desamparo colectivo, ante la ausencia de armonía, ante el abandono de los dioses. Creen, como diría William Ospina que es tarde para el hombre:
Todos los dioses han caído en el trasfondo de mi jardín,

lágrimas caen sobre la hoja,

el tallo se estremece y bajo su sombra,

sobre la tierra, la flor caída.

Dignas discípulas de Héctor Rojas Herazo, Virginia Woolf, Plath, Miller, Thomas, Coleridge, confiesan la incapacidad para fundar idilios perdurables. Sólo la carne prodiga instantes de algo que en un tiempo remoto se llamó amor. Y en otro tiempo, aún más remoto, felicidad.

EN EL SUR LAS MUJERES NO CONOCEN EL AMOR

Vivo al sur, y en el sur las mujeres son meros objetos, niñas lindas con vestidos manchados, reinas populares, amantes de un prestamista.

Mujeres que comparten al marido con el mismo asco con que se comparten un cepillo de dientes.

Aquí, donde los niños juegan a imitar al norte, escondiéndose y buscando para dar su primer beso, el amor no es más que un sueño de telenovelas, porque no queda tiempo para inventarlo entre tantos recibos sin pagar y tanta orfandad.

En el sur las mujeres no conocen el amor, no quieren ser Madames Bovary, prefieren someterse renunciar; las más “afortunadas”, las que tienen intenciones doctas, se vuelven amantes de un poeta misógino que recita a Novalis cada vez que quiere hacerles el amor y las anula para siempre.

ELA CUAVAS

Agua, agua por todas partes,

/y no hay una sola gota para beber.

Samuel Taylor Coleridge

Para beber no.

Sólo para ahogarnos brinda su cauce el río.

Para ver morir la tarde inundada de pájaros heridos

que se llevan las aguas.

Pero he de morirme de sed,

no de arrojada a las aguas.

Pero he de morirme ahogada,

no de reseca la garganta.

Partiré para inclinarme ante otros ríos,

los de palabras, los de silencios.

Partiré al filo de la tarde con el corazón en mano

porque en mi espalda ya no caben más miradas opresoras,

porque mis ojos vuelan lejos de mi cuerpo

en busca de las olas verdes de los días

y de las olas negras de otros ojos.

Para beber no.

Sólo para ahogarnos en su cauce el río se desborda.

Aguardaré a que sobrepase mis fronteras

Me invada.

Me consuma.

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