Las novelas tienen, además, una intención moral. Influidos por las ideas socialistas, los naturalistas piensan que, ya que no pueden modificar la herencia






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fecha de publicación02.07.2015
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Las novelas tienen, además, una intención moral. Influidos por las ideas socialistas, los naturalistas piensan que, ya que no pueden modificar la herencia biológica, sí es posible igualar las condiciones sociales en que viven los hombres.

El Naturalismo fue conocido pronto en España y levantó enseguida una gran polémica entre partidarios (Emilia Pardo Bazán) y detractores. El Naturalismo español aprovecha de este movimiento ciertos recursos narrativos y su interés por los ambientes míseros y degradados, pero no acepta la idea de convertir la literatura en una ciencia. Se advierten rasgos naturalistas en Galdós , en Clarín y en Vicente Blasco Ibáñez.

A final de siglo, la estética realista entra en crisis. Se desarrollan entonces diversos movimientos estéticos que buscan nuevos caminos: Impresionismo, Parnasianismo, Simbolismo, Decadentismo, Modernismo, etc. Con ellos se entra ya de lleno en el siglo XX.

Muchísimos son los escritores que descuellan en esta época: Flaubert, Baudelaire, Zola Malarmé, Verlaine, Maupassant o Rimbaud en Francia; Gogol, Dostoyevki, Toltoi y Chejov en Rusia; Dickens y Stevenson en Inglaterra; Oscar Wilde y Yeats en Irlanda; D´Annuncio en Italia; Hawthorne, Melville, Whitman, Twain, y Henry James en Norteamérica; Eça de Queiroz en Portugal; Ibsen en Noruega, etc.

3. LA PROSA REALISTA ESPAÑOLA. AUTORES PRINCIPALES.

3.1. Introducción

Para el desarrollo de la prosa realista tiene gran importancia el auge del periodismo. La mayor parte de los prosistas del XIX ejercitan su pluma en los periódicos. La prensa contribuye a forjar una prosa directa, flexible y liberada de la grandilocuencia romántica. En uno de los géneros periodísticos, el artículo de costumbres, estaba el germen de lo que iba a ser luego la novela realista. Cada vez es mayor el interés por la reproducción fiel del entorno, así como la atención a la realidad contemporánea del autor y del lector. Antes del surgimiento de la novela realista, puede hablarse durante la década de 1850 a 1860 de una novela prerrealista, próxima todavía al costumbrismo.

Entre los realistas españoles suelen distinguirse dos grupos: los conservadores y los liberales. Esta oposición ideológica se manifiesta en la oposición entre el campo y la ciudad. Para los conservadores, la sociedad campesina es idílica, la ciudad es un nido de corrupciones. Para los liberales, en cambio, la ciudad es el lugar de la civilización moderna y del progreso, mientras que el campo –o la pequeña ciudad de provincias- es un medio inculto y atrasado en donde los personajes procedentes del medio urbano, instruidos y liberales, se enfrentan con graves problemas. Estas son las claves de las novelas de tesis, que escriben los narradores de ambos bandos.

Además del costumbrismo, otras influencias literarias contribuyen a la consolidación de la novela realista española. Una es la de los grandes escritores realistas europeos ( Flaubert,

Balzac, Dickens, Tolstoi, etc.) Otra es la novela de folletín, muy leída por los realistas españoles, así como la novela histórica romántica, que les sirve a los realistas como contramodelo: frente a los casos insólitos de los relatos románticos, los sucesos y personajes comunes en los realistas. Finalmente, una fuente muy importante de la novela realista española es la de la prosa española de los siglos XVI y XVII (Cervantes, la picaresca, Quevedo…)

Con todo este bagaje, los novelistas realistas recogen, cuestionan y superan los procedimientos anteriores, con lo que crean el género de la novela en sentido moderno.

La transición de la prosa romántica a la novela prerrealista se manifiesta en las obras de Fernán Caballero y Pedro Antonio de Alarcón. El Realismo se consolida con la narrativa de Juan Valera, José Mª de Pereda, Emilia Pardo Bazán y, sobre todo, de Benito Pérez Galdós y de Leopoldo Alas, Clarín.

  • Fernán Caballero es el seudónimo de Cecilia Böhl de Faber (1796-1877).Aunque se ha considerado su obra como precursora del Realismo español, la abundancia de elementos románticos, el didactismo católico y la idealización de tipos y paisajes andaluces la alejan de los presupuestos centrales del realismo. Su obra más conocida es La gaviota (1849).

  • Pedro Antonio de Alarcón (1833-1891) es también un escritor prerrealista, cercano aún al Romanticismo y a la prosa costumbrista. Fue autor de gran éxito en su época, pero sus novelas no son de gran calidad: sus personajes carecen de individualidad y están construidos con un maniqueísmo absoluto; además su lenguaje peca de excesiva verbosidad. Una sorprendente excepción es la novela corta El sombrero de tres picos (1874), farsa costumbrista que recrea un cuentecillo folklórico.

  • Juan Valera (1824-1905) es un escritor peculiar dentro del movimiento realista. Él mismo no se consideró nunca realista y combatió el Naturalismo. Defiende el carácter poético de la novela y postula un tipo de narración que estudie más el interior de los personajes que lo externo a ellos. Según él, el arte, que es independiente de la verdad y de la moral, debe carecer de intención moralizadora y limitarse a crear sentimientos, pasiones, caracteres, emociones. En consecuencia, sus novelas suelen moverse dentro de marcos ideales donde difumina los conflictos de la época. Sus personajes no hablan de manera realista y su estilo es culto y academicista. El amor es el tema de la mayor parte de sus novelas. La primera y más valiosa es Pepita Jiménez (1874).

  • José María Pereda (1833-1906) es el máximo representante, dentro del Realismo, de la novela tradicionalista o conservadora. Defiende en sus novelas un mundo rural e idílico frente a los males del mundo urbano y burgués. Casi todas sus novelas trascurren en su región cántabra, y son ejemplo de novela regional. Sus obras adolecen de muchos defectos: personajes acartonados, moralismo abrumador, constantes intromisiones del narrador…sin embargo, son apreciables su gran calidad descriptiva, tanto del paisaje como de tipos locales, y la riqueza lingüística. De entre sus novelas destacan: Sotileza (1884) y Peñas arriba (1895).

  • Emilia Pardo Bazán (1851-1921) es una de las máximas defensoras del Naturalismo de Zola, aunque desde su particular óptica cristiana. Buena conocedora de las corrientes literarias de su tiempo, su obra narrativa es multiforme: con unos comienzos románticos, y tras unos escarceos naturalistas, será seguidora del espiritualismo ruso y, al final de su producción, de la estética modernista en boga. Su obra tiene un hilo conductor que le proporciona coherencia: su ideología cristiana y conservadora. Así, el Naturalismo, tan presente en novelas como La tribuna (1882), Los pazos de Ulloa(1886) y La madre naturaleza (1887), es siempre puramente formal: situaciones escabrosas, ambientes degradados, crudas descripciones, violencia…el determinismo es sólo externo y circunstancial, pues es corregido siempre en sus obras por la fe religiosa. Notable interés tiene, por otra parte, el más de medio millar de cuentos que la condesa de Pardo Bazán publicó en la prensa, parte de los cuales reunió en diversos volúmenes: Cuentos de Navidad, Cuentos de amor, Cuentos de la tierra


3.2. Benito Pérez Galdós

Nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1843 dentro de una familia acomodada. A los 19 años marchó a Madrid a cursar Derecho, pero abandonó los estudios para dedicarse al periodismo y a la literatura. A partir de 1873, cuando comienza la primera serie de Episodios Nacionales, se dedica casi en exclusiva a la literatura. En 1889 es elegido miembro de la Real Academia.

En la última década del XIX, prosigue su actividad como novelista, aunque emprende también con éxito su carrera como autor teatral. Ya en el siglo XX redacta una tercera serie de Episodios Nacionales y se sitúa políticamente al lado de los republicanos, siendo elegido diputado en 1907.

Sus últimos años son difíciles. En 1912 fracasa su candidatura al Premio Nobel por la oposición beligerante de los conservadores españoles. Agobiado por sus dificultades económicas y medio ciego, muere en Madrid en1920.

En cuanto a sus obras, se suele distinguir entre los Episodios Nacionales y el resto de sus novelas, dividiendo estas en los siguientes grupos:

  • Primeras novelas. Publicadas durante la década de los 70, casi todas son novelas de tesis en las que se contraponen dos ideologías, conservadora y liberal. Galdós no oculta sus simpatías por la España liberal y la intención didáctica es explícita. Escribe en esta época Doña Perfecta (1876), Marianela (1878) y La familia de León Roch (1878).

  • Novelas españolas contemporáneas. Algunas novelas de este período son La desheredada (1881), La de Bringas (1884), Tormento (1884) y Miau (1888). Todas estas obras analizan con maestría el mundo de la clase media, que culmina en su obra maestra, Fortunata y Jacinta (1887). Al igual que La Regenta, se trata de una novela extensa y cuidadosamente construida, que desarrolla, sobre la base de diversos triángulos amorosos, la convulsa y cambiante vida social madrileña entre 1873 y 1876, entrelazando los elementos de ficción y los históricos. En cuanto a las características narrativas de esta obra, destacan la minuciosa captación de ambientes y tipos, el uso magistral de los diálogos y el empleo de novedosos monólogos interiores. En ella alcanza su cumbre el llamado realismo total galdosiano.

  • Últimas novelas. La crisis de la estética realista y el interés por buscar nuevos cauces expresivos se manifiestan claramente en sus novelas desde1889. De este período son Tristana (1892) y Misericordia (1897). En ellas ensaya originales procedimientos narrativos: novelas dialogadas, narraciones epistolares, introducción de elementos fantásticos, sueños, etc.

  • Los Episodios Nacionales, constituidos por 46 novelas dispuestas en cinco series de diez episodios cada una (excepto la última que quedó inacabada), pretenden reconstruir en forma novelada la historia del siglo XIX español.

Las obras de Galdós, aunque ambientadas en su mayoría en Madrid, son una completa visión de conjunto de la sociedad española de la época. Aunque las clases medias son las que ocupan el primer plano en sus obras, la mirada de Galdós está siempre atenta a todas las esferas sociales: aristócratas arruinados, burgueses enriquecidos, especuladores, prestamistas, los más humildes, así como los menesterosos y desgraciados.

Los modelos literarios de Galdós son muy diversos. Es apreciable la influencia de Balzac, Dickens, Flaubert, Dostoyevski y Tolstoi. Es también muy notable la huella de la literatura española: La Celestina, la picaresca y, sobre todo, Cervantes, de quien aprende el recurso fundamental de la ironía.

El ideal estilístico galdosiano es el lenguaje llano y sencillo. Sus personajes se expresan de acuerdo a su condición y quedan caracterizados por su forma de hablar.
3.3. Leopoldo Alas, Clarín

Puede distinguirse en la producción de Clarín entre su labor periodística de carácter general, sus artículos de crítica literaria y su obra de creación.

Pese a su brevedad, es su obra narrativa la que le concede un puesto de primer orden en las letras españolas. Sólo escribe dos novelas, La Regenta y Su único hijo, algunas novelas cortas y poco más de cien relatos breves.

La Regenta (1885) es su obra maestra y una de las mejores novelas de la literatura española. Se encuadra dentro de dos modelos típicos de novela realista: la novela de adulterio, que tiene como protagonista a una mujer burguesa insatisfecha (Ana Ozores, la mujer del Regente), y la novela de sacerdote (Fermín de Pas), que vive el conflicto entre la castidad impuesta y el instinto natural. Ana Ozores y don Fermín de Pas son los dos protagonistas de la novela y coinciden en la profunda insatisfacción que suponen sus vidas.

El tercer personaje en importancia es Álvaro Mesía, insustancial don Juan, en cuyos brazos caerá la Regenta.

Pero, en el fondo, la auténtica protagonista de la novela es la sociedad provinciana de Vetusta, nombre literario de Oviedo, donde suceden los hechos. Clarín satiriza el comportamiento de la clase dominante: clero, nobles, burgueses…

Por otro lado, en La Regenta es muy importante la influencia del ambiente sobre los personajes, y por ello se ha insistido en su carácter naturalista.

Técnicamente, Clarín ensaya en esta novela múltiples recursos narrativos. El narrador, en consonancia con el Naturalismo, se distancia de sus personajes y deja que se expresen a través del estilo indirecto libre, discurso intermedio entre el del narrador y el personaje.

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