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previo juicio, Guadalupe Rodríguez. Culmina esta campaña con la ruptura de relaciones con la Unión Soviética, decretada por Emilio Portes Gil.
Es, en este ambiente, que se prepara la federalización de la legisla, laboral.
4. La Ley Federal del Trabajo de 18 de agosto de 1931
Como antes dijimos, en el Anteproyecto de Constitución presentado por Venustiano Carranza en Querétaro, se señalaba que sólo el Congreso tendría facultades para dictar leyes en materia de trabajo. Esta tesis fue desechada y en el proemio del art. 123 se concedió la facultad para hacerlo, tanto al Congreso como a los gobiernos de los Estados. Sin embargo, pocos años después, el Presidente Portes Gil, en la Sesión Extraordinaria de la Cámara de Senadores celebrada el 26 de julio de 1929, propuso la reforma de la fracción X del art. 73 constitucional, relativa a las facultades del Congreso, y la del proemio del art. 123 (además de la reforma de la fracción XXIX relativa al seguro social), para que sólo el Congreso contara con esa facultad. Pese a la oposición del senador Sánchez, fue aceptado el proyecto, y contando con el consenso unánime de los diputados y de las legislaturas de los Estados, con fecha 22 de agosto de 1929 se declararon aprobadas las reformas. A partir de ese momento, quedó expedita el camino para dictar la Ley Federal del Trabajo.
El primer "Proyecto de Código Federal del Trabajo" fue presentado en el mes de julio de 1929. Había sido redactado por una comisión integrada por Enrique Delhumeau, Práxedis Balboa y Alfredo Iñarritu, por encargo de Portes Gil. La oposición de las agrupaciones obreras, fundada no sólo en los errores que presentaba el Proyecto en materia sindical y de huelga, sino también en la antipatía hacia Portes Gil, determinó que fuera rechazado.
El segundo Proyecto, que ya no llevaría el nombre de "Código", sino de Ley, fue formulado siendo Secretario de Industria, Comercio y Trabajo el licenciado Aarón Sáenz, La comisión redactora la integraron los licenciados Eduardo Suárez, Aquiles Cruz y Cayetano Ruiz García, quienes tuvieron en consideración para prepararlo las conclusiones de una Convención obrero-patronal organizada por la propia Secretaría de Industria. La Ley fue promulgada por el presidente Pascual Ortiz Rubio, el 18 de agosto de 1931. En el artículo 14 transitorio se declararon derogados todas las leyes y decretos expedidos con anterioridad por las legislaturas de los Estados y por el Congreso de la Unión, en materia de trabajo.
La Ley de 1931, que estuvo en vigor hasta el 30 de abril de 1970, fue reiteradamente reformada y adicionada. Sería excesivamente prolijo —y nos tememos que innecesario—, hacer una relación precisa de sus modificaciones. Baste señalar algunas de las más importantes: a) En el año de 1933, se modificaron los artículos relativos a la integración y funcionamiento de las comisiones especiales del salario mínimo; b) por ley de 30 de diciembre de 1936, se estableció el pago del séptimo día de descanso semanal; c) la ley de 17 de Octubre de 1940, suprimió la prohibición que los sindicatos tenían de participar en asuntos políticos; d) En el año de 1941 se modificaron diferentes preceptos sobre el derecho de huelga; e) Por decreto de 29 de diciembre de 1962 se reglamentaron las reformas constitucionales del mismo año relativas a los trabajos de mujeres y menores, salarios mínimos, estabilidad en el emplee y participación en las utilidades, y se introdujeron modificaciones que reflejaban la tesis de la "relación de trabajo".
Independientemente de los valores reales de la ley de 1931, particularmente en relación a las condiciones mínimas que concedió a los trabajadores, su verdadera trascendencia debe de encontrarse en tres instituciones: el sindicato, la contratación colectiva y el derecho de huelga que, de la manera como fueron reglamentadas y no obstante los vicios derivados de su aplicación práctica, han constituido el instrumento adecuado para una mejoría constante de una parte de la clase obrera. En vez de ser un freno a la industrialización y, en general, para el desarrollo económico, la ley, gracias a esos tres instrumentos, ha hecho factible la paz social, dentro de un desarrollo armónico de las relaciones obrero patronales. Es importante reconocer que. paralelamente, produjo un efecto indirecto: la mayoría de los trabajadores mexicanos han vivido al margen del sindicalismo o bien, sufren un sindicalismo entreguista. A ellos no les han tocado los beneficios de las revisiones bienales de las condiciones de trabajo. De ello resultó que, al cabo de un tiempo importante: el transcurrido entre los años de 1931 y 1970, se hubiera producido un diferencial radical en la condición económica de los trabajadores, que la Nueva Ley, como lo señala en su Exposición de Motivos, trató de borrar elevando a la categoría de normas generales algunas de las que establecían los beneficios alcanzados en contratos colectivos. Así, el aguinaldo, la prima de vacaciones, la de antigüedad, etcétera.
Por no ser suficiente la Ley, el Ejecutivo ha venido creando otros instrumentos legales que han surgido de las necesidades reales. Pueden mencionarse los siguientes: los reglamentos interiores de trabajo de la Secretaría del Trabajo y de la Previsión Social, de la JFCA y de la JLCA del D. F Reglamento de la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo; el de la Inspección Federal del Trabajo; el de Agencias de Colocación de Jurisdicción Federal; el de Medidas Preventivas de Accidentes de Trabajo; el de Policía Minera y Seguridad en los Trabajos de las Minas; el de Inspección de Calderas de Vapor; el de Higiene del Trabajo; el de Higiene Industrial el de Labores Peligrosas e Insalubres y el de habitaciones para obren -cual fue sustituido por las disposiciones de la Ley de 1970, ya reformadas-entre otros.
5. El movimiento obrero en el cardenismo
La figura de Lázaro Cárdenas es, sin duda, una de las más controvertidas de la historia contemporánea de México. Nada de lo que a él se refiere pt ser tratado desapasionadamente y cualquier testimonio sobre su actuación a favor o en contra, podrá ser siempre tachado de parcial. Ni en las referencias que de él hace Daniel Cossío Villegas —tan objetivo en otros casos— puede vislumbrarse el menor signo de ecuanimidad. Nosotros ¡afortunadamente! no escapamos a esa regla, aunque, independientemente de la parte de deuda impagable que nos toca, como uno más de los que ¡gracias a él! tuvimos el privilegio de integramos a México, nuestra admiración por Lázaro Cárdenas es el producto del examen de su obra y de haber seguido, reverentemente, su paso firme por la historia de nuestro país.
A pesar de nuestra parcialidad a su favor, intentaremos aquí exponer, así sea a grandes pinceladas, lo que él y sus circunstancias —como diría Ortega v Gasset— significaron de positivo y negativo para el desarrollo del movimiento obrero en México.
La presencia del general Cárdenas en la vida obrera del país aparece vinculada a dos cuestiones fundamentales:, por una parte, y en razón del conflicto con el callismo, su lucha por destruir la fuerza de la CROM, de Luis N. Morones; por la otra, su deseo de integrar una nueva organización sindical que sustituya a la vieja CROM y que dé a su régimen el apoyo obrero, dentro de una tendencia socialista, que es una de las características de su forma de gobierno. Una y otra cuestión van, como es lógico, unidas en forma indisoluble.
Para destruir la fuerza de Morones —que ya para entonces se había claramente definido en un total apoyo a los intereses de la burguesía con los que Calles, en su última época, también se identifica—, Cárdenas recurre a un hombre brillante como es Vicente Lombardo Toledano, intelectual de primer orden y profundo conocedor del marxismo. Éste, a su vez, en un curioso maridaje, se apoya en la fuerza real de un grupo de líderes —los famosos cinco lobitos— que encabeza Fidel Velázquez e integran, con él. Fernando Amilpa, Jesús Yurén, Alfonso Sánchez Madariaga y Luis Quintero.
De este equipo sindical surge la organización obrera más importante de México, la Confederación de Trabajadores de México (CTM), cuya participación en la vida del país ha sido destacada, en lo positivo y en lo negativo.
La CTM nace en el año de 1936. Sin embargo sus raíces deben encontrarse en la constitución de la Confederación General de Obreros y Campesinos de México (CGOCM), que es creada el 31 de octubre de 1933, con el ánimo de lograr la unificación de la clase proletaria de México. En realidad constituye un grupo antagónico de la CROM, y vivirá sólo el tiempo necesario para dar origen, una vez Cárdenas ocupa la presidencia, a la CTM.
Otro organismo, surgido en la primera etapa cardenista lo fue el' Comité de Defensa Proletaria, constituido el 15 de junio de 1935 y cuya finalidad fundamental era unificar a los diversos grupos sindicales. Nace como resultado de un pacto de solidaridad, propuesto por el Sindicato Mexicano de Electricistas, que agrupa a todas las centrales con excepción de la CGT.
la Base Quinta del documento que le da origen se anuncia el propósito ie recurrir a la huelga general en el momento mismo en que aparezcan en el país manifestaciones de carácter fascista o de cualquier otra índole que pongan en peligro la vida de las agrupaciones obreras o campesinas de la República, o de los derechos fundamentales de la clase trabajadora, tales como: Derecho de Huelga, de Libre Asociación, de Libre Expresión del Pensamiento Revolucionario, de Manifestación Pública, o que el Estado tolere o fomente organizaciones cuyo propósito o tendencias sean abiertamente (sic) a tales derechos...
El grupo adicto a Morones no permanece inactivo. Ha creado la "Cámara Nacional del Trabajo", con el abierto apoyo del Presidente Abelardo L. Rodríguez. Al momento del enfrentamiento entre Calles y Cárdenas, y habiendo perdido en el nuevo gobierno las posiciones de privilegio con que contaba se alía a Calles y al sector patronal, según se relata en los Anales históricos de la C.T.M.16 Coincide en su empeño con el grupo patronal de Monterrey. Unos y otros, acusan a Cárdenas de comunista.
El joven presidente michoacano enfrenta la situación. Viaja a Monter y ante los directores del Centro Patronal pronuncia un discurso el 11 de febrero de 1936 en el que expone los catorce puntos de su política obrera. S los siguientes:
1. Necesidad de que se establezca la cooperación entre el gobierno y los factores que intervienen en la producción para resolver permanentemente los problemas que son propios de las relaciones obrero-patronales, dentro de nuestro régimen económico de derecho.

2. Conveniencia nacional de proveer lo necesario para crear la Central Única de Trabajadores Industriales, que dé fin a las pugnas intergremiales nociva por igual, a obreros, patrones y al gobierno.

3. El gobierno es el árbitro y el regulador de la vida social.

4. Seguridad de que las demandas de los trabajadores serán siempre consideradas dentro del margen que ofrezcan las posibilidades económicas de las empresas.

5. Confirmación de su propósito expresado anteriormente a los representes obreros, de no acordar ayuda preferente a una determinada organización proletaria, sino al conjunto del movimiento obrero representado por la Cent Unitaria.

6. Negación rotunda de toda facultad a la clase patronal para intervenir en La» organizaciones de los obreros, pues no asiste a los empresarios derecho algo para invadir el campo de la acción social proletaria.

7. Las clases patronales tienen el mismo derecho que los obreros para vincular sus organizaciones en una estructura nacional.

8. El gobierno está interesado en no agotar las industrias del país, sino I acrecentarlas, pues aun para su sostenimiento material, la administración pública reposa en el rendimiento de los impuestos.

9. La causa de las agitaciones sociales no radica en la existencia de núcleos comunistas. Estos forman minorías sin influencia en los destinos del país. Las agitaciones provienen de la existencia de aspiraciones y necesidades justas de las masas trabajadoras que no se satisfacen y de la falta de cumplimiento de las leyes del trabajo, que da material de agitación.

10. La presencia de pequeños grupos comunistas no es un fenómeno nuevo ni exclusivo de nuestro país. Existen estas pequeñas minorías en Europa, en los Estados Unidos y, en general, en todos los países del orbe. Su acción en México no compromete la estabilidad de nuestras instituciones, ni alarma al gobierno ni debe alarmar a los empresarios.

11. Más daño que los comunistas, han hecho a la nación los fanáticos que asesinan profesores; fanáticos que se oponen al cumplimiento de las leyes y del programa revolucionario y, sin embargo, tenemos que tolerarlos.

12. La situación patronal reciente no se circunscribió a Monterrey, sino que tuvo ramificaciones en otros centros importantes de la República, como la Laguna, el Distrito Federal, Puebla y Yucatán.

13. Debe cuidarse mucho la clase patronal de que sus agitaciones se conviertan en bandería política, porque esto nos llevará a una lucha armada.

14. Los empresarios que se sienten fatigados por la lucha social pueden entregar sus industrias a los obreros o al gobierno. Eso será patriótico; el paro, no.
Palabras claras. Conceptos terminantes. Y una preocupación fundamental: la unificación de la clase obrera para acabar con las pugnas intergremiales, producto, no tanto de inquietudes sociales, como del sindicalismo político.
La Confederación de Trabajadores de México es constituida el 29 de febrero de 1936. Su base se encuentra en la CGOCM y en el Comité Nacional de Defensa Proletaria. De inspiración marxista, no constituye sin embargo, ni siquiera en su primera época, un sindicato de combate. Aunque repugna formalmente de la acción múltiple, en realidad llega a ser la más precisa expresión de ese sistema de ficción sindical. Nace mediatizada, en la medida en que es el instrumento de Cárdenas para combatir la fuerza política de b CROM.
La declaración de principios de la CTM, redactada por Lombardo Toledano, expresa claramente las tendencias originales de esta Central. Allí se afirma que la sociedad burguesa se apoya en el fascismo para subsistir y señala que la situación que prevalecía entonces en México era la siguiente propiedad privada de los medios de producción, en manos de una minoría; salarios de hambre y no intervención del trabajador en la dirección del proceso económico, de lo que derivaba que el poder social verdadero estuviese en manos de la burguesía. Se apunta como meta mediata para el proletariado la abolición del régimen capitalista, pero pasando precisamente por la liberación política y económica del país. Propone la nacionalización del trabajo y la capacitación, como medios para lograr la transformación social. Plantea que la huelga general revolucionaria será el medio a emplear en contra de cualquier intento de dictadura y se pronuncia por la fraternización entre el ejército y el pueblo y por la lucha en contra de los credos religiosos.
En la propia declaración de principios se admite la celebración de alianzas transitorias que no afecten a los principios fundamentales del movimiento obrero, manteniendo siempre la independencia ideológica y de clase. Por primera vez en México se acepta el internacionalismo proletario y el carácter socialista del sindicalismo, lo que acusa una influencia directa de Lenin. El lema adoptado expresa claramente esta tendencia: "Por una sociedad sin clases."
El primer Comité Ejecutivo Nacional de la CTM fue integrado de la manera siguiente: Secretario General, Vicente Lombardo Toledano; Secretario de Trabajo y Conflictos, Juan Gutiérrez; Secretario de Organización y Propaganda y Acuerdos, Fidel Velázquez; Secretario de Finanzas, Carlos Samaniego; Secretario de Acción Campesina, Pedro A. Morales: Secretario de Estudios Técnicos, Francisco Zamora; Secretario de Educación y Problemas Culturales, Miguel A. Velasco.
A partir de ese momento, el movimiento obrero entró en auge. Resuelto el problema político con la expulsión de Calles y Morones; decretada el I j de marzo de 1938 la expropiación petrolera y destruido en sus raíces el movimiento rebelde de Saturnino Cedillo, Cárdenas plantea su política en una decidida reforma agraria y en un apoyo absoluto a las organizaciones sindicales. En el orden internacional brinda la ayuda de México a la República Española: voz aislada en medio de tanta ignominia y al ser ésta derrotada, abre las puertas de México a quienes salen de España y luego de Francia, en busca de una nueva patria.
La obra de Cárdenas, que se advierte formidable a la distancia, no está sin embargo, exenta de errores. Su amor por la unidad obrera lo lleva a crear un organismo que habría de representar después lo más negativo en el movimiento obrero. Ni Lombardo Toledano, expulsado de la CTM en 1947. Ni Fidel Velázquez, su astuto sucesor han realizado lo que, sin duda habría querido Cárdenas. El primero, excesivamente teórico, falto de apoyo popular, se pierde en los vericuetos de un socialismo claudicante y se convierte, a lo último, en un opositor teórico y en un factor de apoyo al gobierno, cualquiera que sea su tendencia. El segundo y su grupo, hacen del sindicalismo político su bandería, y prestan su adhesión incondicional al Presidente en turno, a cambio de posiciones políticas y otras ventajas, transformando a la CTM, en muchos de los casos, en una gran fábrica de líderes venales y de contratos colectivos de trabajo a gusto de los patrones. La cláusula de exclusión se convierte en arma patronal. Los empleados bancarios pierden el beneficio de la sindicalización.
Pero cualesquiera que hayan sido los errores de Cárdenas —y podría destacarse el de que no eligió a un sucesor congruente con su modo de pensar— los méritos son mucho mayores y los borran. Hizo de la Revolución una bandera y no sólo un artículo de demagogia. Mantuvo a lo largo de su vida una postura de dignidad personal y de respeto por la libre determinación de quienes después de él han ocupado la silla presidencial que le ha ganado el homenaje de quienes fueron sus más decididos adversarios. Y, sobre todo, consolidó la situación de un país que, a partir de él, pudo construir en paz un camino que intenta ser mejor y lo logra, a pesar de tantos factores en contra.


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