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LA CONSTITUCIÓN DE 1917
1. El Congreso Constituyente de Querétaro
La gran aventura constitucional de Querétaro fue iniciada por el Primer Jefe con el ánimo de reformar la Constitución de 1857, sin que existiera, realmente, la intención de hacer una nueva.

A pesar de que en el art. 127 de la antigua Constitución se establecía el procedimiento de reforma, por lo que habría bastado la aprobación mayoritaria de dos terceras partes de los individuos presentes en el Congreso, y de la mayoría simple de las legislaturas de los Estados, Carranza señaló que, en su concepto, ese procedimiento podía limitar la voluntad soberana del pueblo. Por otra parte adujo —y con razón— que la facultad constituyente podía ser ejercida por otros procedimientos.
El razonamiento de Carranza fue impecable desde el punto de vista estrictamente constitucional —nos dice Miguel de la Madrid—. Si bien es cierto que la Constitución de 1857 señalaba en su art. 127 el procedimiento de su reforma por medio de un órgano revisor de la Constitución, integrado por poderes constituidos, es principio básico en la teoría constitucional democrática y realidad política inexorable que el poder constituyente del pueblo no puede ser constreñido por disposiciones jurídicopositivos (sic), aun cuando éstas tengan rango constitucional.
Para la reforma de la Constitución, Carranza promulgó, el día 14 de septiembre de 1916, un decreto de reformas al Plan de Guadalupe, que le autorizaba para convocar a elecciones para un Congreso Constituyente. Tanto el Distrito Federal como los Estados tendrían derecho a nombrar un diputado propietario y un suplente por cada 60,000 habitantes o fracción que excediera de 20,000, con base en el Censo de 1910. Los Estados y Territorios que no alcanzaran el mínimo, podían, de todas maneras, nombrar un diputado propietario y un suplente. Quedaban inhabilitados como candidatos quienes hubiesen ayudado con las armas o hubiesen ocupado puestos públicos en los gobiernos o facciones hostiles al constitucionalismo.
El 19 de septiembre el Primer Jefe convocó a elecciones para el Congreso Constituyente señalando que éste habría de verificarse en la Ciudad de Querétaro, a partir del día lo. de diciembre, y con una duración máxima de dos meses.
Las elecciones se llevaron a cabo en 218 de los 246 distritos electorales.
No fueron ni podían ser muy democráticas ni muy representativas —dice Adolfo Gilly—. En muchos Estados se realizó un simulacro de elección y los representantes locales fueron designados directamente. En otros, fueron una formalidad que encubría la designación por acuerdo entre los jefes militares constitucionalistas del Estado y sus secretarios y Estados Mayores... Así se integró el constituyente de Querétaro, entre cuyos 200 diputados apenas tres venían del movimiento sindical y había algunos como los de Morelos que habían sido enviados desde la capital, porque en el estado zapatista ni siquiera simulacro de elección había podido realizarse.
En realidad en el Congreso se pusieron de manifiesto, de inmediato, dos tendencias. La progresista o avanzada, algunas veces denominada jacobina, era sensiblemente apoyada por el Secretario de Guerra, general Alvaro Obregón, La conservadora representaba al grupo adicto al Primer Jefe j de ella formaban parte, entre otros, los autores del Proyecto de reformas. Luis M. Rojas, Félix Palavicini, José Natividad Macías y Alfonso Cravioto.
El día 20 de noviembre dieron comienzo las sesiones preparatorias del Congreso, bajo la presidencia de Manuel Amaya, Diputado por Coahuila, con el objeto principal de aprobar las credenciales de los presuntos diputados, en función de Colegio Electoral. El día 30 de noviembre se efectuaron las elecciones para la Mesa Directiva del Congreso, siendo designado Presidente Luis Manuel Rojas. A Rojas le correspondía la gloria de haber acusado al embajador norteamericano Wilson de ser responsable moral del asesinato de Madero y Pino Suárez. El día lo. de diciembre, Venustiano Carranza inauguraba las sesiones del Congreso, presentando, con un discurso inaugural, el proyecto de reformas.
En su discurso Carranza recordó su promesa anterior, hecha al reformar el Plan de Guadalupe, de conservar intacto el espíritu liberal de la Constitución de 1857. Con relación al problema social señaló que mediante la reforma de la fracción XX del artículo 72, que confería al Poder Legislativo la facultad para expedir leyes sobre el trabajo, se lograría implantar después todas las instituciones del progreso social en favor de la clase obrera y de todo* los trabajadores; con la limitación del número de horas y trabajo, de manera que el operario no agote sus energías y sí tenga tiempo para el descanso y d solaz y para atender al cultivo de su espíritu para que pueda frecuentar el trato de sus vecinos, el que engendra simpatías y determina hábitos de cooperado» para el logro de la obra común; con las responsabilidades de los empresarios para los casos de accidentes; con los seguros para los casos de enfermedad y de vejez; con la fijación del salario mínimo bastante para subvenir a las necesidades primordiales del individuo y de la familia y para asegurar y mejorar su situación; ...
En realidad el Proyecto de Reformas no aportaba casi nada en favor de los trabajadores, salvo una adición al art. 5o., que establecía que "El contrato de trabajo sólo obligará a prestar el servicio convenido por un período que no exceda de un año y no podrá extenderse en ningún caso a la renuncia, pérdida o menoscabo de los derechos políticos y civiles".
Factores inesperados y, desde luego, la acción enérgica del ala jacobina v radical hicieron posible a pesar de Venustiano Carranza, que las inocuas reformas de corte liberal dieran lugar a un documento que no obstante expresar una ideología sustancialmente burguesa, ha sido modelo de legislación social avanzada.
2. El nacimiento del artículo 123
En la vigésimo tercera sesión ordinaria celebrada la tarde del martes 26 de diciembre, y bajo la presidencia del diputado Luis Manuel Rojas, se inició la discusión del art. 5o. del Proyecto. El secretario dio lectura al dictamen de la Comisión en el que se introducían modificaciones, alguna de ellas propuesta por Aquiles Elorduy y se desechaban las presentadas por Aguilar, Jara y Góngora. Estas, relativas al principio de la igualdad de salario en igualdad de trabajo, al derecho a recibir indemnizaciones por accidentes del trabajo y enfermedades profesionales y al establecimiento de comités de conciliación y arbitraje para la resolución de los conflictos entre el capital y el trabajo, eran consideradas ajenas al capítulo de las garantías individuales, por lo que la Comisión proponía aplazar su estudio para cuando llegare a examinar las facultades del Congreso. De todas maneras se había agregado, además, un párrafo final al Proyecto en el que se señalaba: "La Jornada máxima de trabajo obligatorio no excederá de ocho horas, aunque éste haya sido impuesto por sentencia judicial. Queda prohibido el trabajo nocturno en las industrias a los niños y a las mujeres. Se establece como obligatorio el descanso hebdomadario."
Al ser sometido a discusión el Dictamen, se inscribieron catorce oradores para hablar en su contra. Comenzó así, el debate más importante en la historia de nuestro Derecho del trabajo.

La discusión a propósito del art. 5o. abarcó las sesiones de los días 26, 27 y 28 de diciembre. Como acertadamente lo subrayó Cravioto, uno de los "carrancistas" fieles, no importaba que los oradores se inscribieran en "pro" o en "contra". En realidad su oposición resultaba del deseo de hacer más extensos los beneficios a la clase trabajadora. En rigor, la única oposición seria fue la del primer orador, Fernando Lizardi, quien años después fuera maestro de derecho constitucional en la UNAM. Para Lizardi, este último párrafo donde principia diciendo: «La jornada máxima de trabajo obligatorio no excederá de ocho horas» le queda al artículo exactamente como un par de pistolas a un Santo Cristo, y la razón es perfectamente clara: habíamos dicho que el art. 4o. garantizaba la libertad de trabajar y éste garantizaba el derecho de no trabajar; si éstas son limitaciones a la libertad de trabajar, era natural que se hubiera colocado más bien en el art. 4o. que en el 5o., en caso de que se debieran colocar; pero en el art. 4o. ya están colocadas, porque se nos dice que todo hombre es libre de abrazar el trabajo lícito que le acomode.
La frase de Lizardi, que ha quedado incorporada definitivamente a nuestra historia constitucional, fue objeto de agudas críticas. En algún momento el diputado obrero Von Versen llegó a decir que "si es preciso para garantizar las libertades del pueblo que ese Santo Cristo tenga polainas y 30-30 ¡bueno!" y Fernández Martínez, en la sesión del día 27 de diciembre, agregaría: "Pues bien, señores, si Cristo hubiera llevado pistolas cuando lo llevaron al Calvario, señores, Cristo no hubiera sido asesinado", lo que provocó risas y aplausos.
Salvo la intervención del diputado Martí, quien se inscribió en contra del dictamen, y atacó un texto inexistente, al grado que Múgica, miembro de la Comisión, lo puso en evidencia, la discusión se llevó en un plan de altura. Claro está que abundaron los discursos floridos, los ataques a los abogados, y aun los ataques directos entre los diputados, como los que sufrieron el propio Martí y Palavicini, éste último a manos de Gracidas, pero en conjunto se produjeron unas sensacionales jornadas constituyentes.
El problema comenzó, a propósito de las adiciones propuestas por la Comisión al texto del Proyecto. Criticadas por Lizardi y a medias por Martí —en realidad éste no sabía por dónde andaba— Jara intervino para defenderlas. Especialmente, el ilustre veracruzano insistió en la necesidad de establecer la limitación de la jornada, aunque ello no fuera tarea propia de una Constitución.
... yo estimo —decía Jara— que es más noble sacrificar esa estructura a sacrificar al individuo, a sacrificar a la humanidad; salgamos un poco de ese molde estrecho en que quieren encerrarla; rompamos un poco con las viejas teorías de los tratadistas que han pensado sobre la humanidad, porque, señores, hasta ahora le verdaderamente eficaces, leyes verdaderamente salvadoras, no las encuentro Victoria, el brillante diputado por Yucatán, el estado socialista donde el general Alvarado había puesto en vigor la ley del trabajo, tomó después la palabra en contra del dictamen porque le parecía insuficiente. Pidió rechazarlo y crear unas bases constitucionales que permitieran legislar en materia de trabajo, comprendiendo lo siguiente: "jornada máxima, salario mínimo, descanso semanario, higienización de talleres, fábricas, minas, convenios industriales, creación de tribunales de conciliación, de arbitraje, prohibición del trabajo nocturno a las mujeres y niños, accidentes, seguros e indemnizaciones, etcétera.".
Zavala intervino después para defender el dictamen, por lo que hacía a las cuestiones laborales y propuso se votara por partes. Von Versen se produjo en contra, en virtud de que consideraba inconveniente para los trabajadores el año de duración fijado al contrato de trabajo.
En la misma sesión inicial, tomó la palabra Manjarrez. Habló de la diferencia entre revolución política y revolución social. Mencionó que, en un principio se había peleado sólo por un cambio de gobierno, pero que al incorporarse a las fuerzas de la Revolución los obreros, los humildes, la raza, los indios, los yaquis, los tlaxcaltecas, los de la sierra de Puebla, la lucha se había convertido en una revolución social. Puso el ejemplo de la ley sonorense que creó la Cámara de Trabajo. Y pidió que se dictara, no un solo artículo, "sino todo un capítulo, todo un título de la Carta Magna", que hiciera más explícita la situación de los trabajadores. En ese momento, en la conjunción de la preocupación social de Jara y de Múgica, éste como miembro de la Comisión; de Victoria, al establecer el contenido; y de Manjarrez, al sugerir la forma, se concibió nuestro artículo 123. Después Gracidas, con su encendida defensa del sindicalismo, de la participación de utilidades v del derecho de huelga; Cravioto, "renovador y anarquista", al insistir brillantemente en la necesidad de dictar un artículo especial para los trabajadores y José Natividad Macías, el vilipendiado "monseñor", al abogar por el contenido preciso del artículo propuesto, que habría de inspirarse en la Legislación obrera que preparó por instrucciones de Carranza, y proponer : ¡e Pastor Rouaix estableciera las bases generales del nuevo proyecto, hicieron lo necesario para que, de acuerdo con Múgica, se retirara el dicta-— en sobre el artículo 5o. y se preparara un nuevo proyecto, tanto de dicho artículo, como de otro en favor de los trabajadores.
La propuesta de Macías fue aceptada. De inmediato se integró una comisión redactara que presidida por Pastor Rouaix, secretario de Fomento del primer Jefe estaba, además, integrada por Victorio E. Góngora, Esteban Baca Calderón, uno de los dirigentes de la huelga de Cananea, liberado por u Revolución de la prisión de San Juan de Ulúa, Luis Manuel Rojas, presidente del Congreso, Dionisio Zavala, Rafael de los Ríos, Silvestre Dorado v Jesús de la Torre. Participó también en los trabajos el general y licenciado José I. Lugo, jefe de la Dirección de Trabajo en la Secretaría de Fomento. Colonización e Industria, según se señaló en la Exposición de Motivos que la Comisión hizo del Proyecto.
Relata Trueba Urbina que además de la Comisión oficial, en sus trabajos participaron otros muchos diputados y, muy especialmente, el gran guanajuatense, José Natividad Macías. El fue autor principal de la Exposición de Motivos. En el Proyecto intervinieron también, además de los comisiona dos, el licenciado Alberto Terrones Benítez, Antonio Gutiérrez, los militare José Álvarez, Donato Bravo Izquierdo, Samuel de los Santos, Pedro A. Chapa y Porfirio del Castillo, además de Carlos L, Gracidas y el licenciado tabasqueño Rafael Martínez de Escobar.
El Proyecto fue terminado el 13 de enero. Además de las firmas de lo miembros de la Comisión, presentaba las de otros 46 diputados que, o habían intervenido en su redacción o, conociéndolo, le daban su aprobación previa. De inmediato fue turnado a Comisión, donde se modificó sustancialmente la tendencia del proyecto de limitar la protección sólo al trabaje económico, y a instancias de Múgica, se extendieron sus beneficios a toda las actividades de trabajo, sin modificar las finalidades de la propia legislación laboral, como acertadamente menciona Trueba Urbina.
En la quincuagésima séptima sesión ordinaria, celebrada el día 23 d< enero de 1917, se presentaron a discusión tanto el texto del art. 5o. come el del art. 123. El primero fue modificado a instancias de Macías y se reservó su votación. Del segundo se leyó el dictamen de la comisión y, de inmediato, empezó la discusión.
En rigor, ya no se repitieron las intervenciones de los días 26, 27 y 2i de diciembre. De todas maneras intervinieron algunos diputados; Rodiles para plantear una cuestión relativa a los Tribunales de Menores, que con muy buen juicio Terrones pidió se declarara fuera de la cuestión y Cano diputado obrero, quien expresó su temor de que la fracción XVIII, relativa a las huelgas ilícitas, fuera motivo de represión en contra de los obreros.
La intervención de Cano produjo un pequeño revuelo. El diputado Aguirre Escobar, quien había sido Presidente del Segundo Consejo de Guerra que condenó a muerte a Velasco, el líder electricista, tomó la palabra para justificar su actuación, en razón de que Cano había hecho referencia 2 ese inicuo proceso. Martí —no podía ser menos— intervino para apoyar La política represiva de Carranza y Cano le replicó defendiendo, quizá con poca fortuna, el derecho de huelga. Terciaron Ugarte, Victoria, y, especial mente, Jara, para defender el dictamen y explicar a Cano sus alcances. Después de otros diputados —Palavicini y De la Barrera—intervino Múgica, siempre preciso y ponderado, para aclarar por qué la Comisión había modificado el Proyecto, en el sentido de que la huelga no tendría por objeto realizar la justa distribución de los beneficios", sino "conseguir el equilibrio entre los diversos factores de la producción, armonizando los derechos del trabajo con los del capital".
La sesión, después de otras cuestiones, fue suspendida. El mismo día, por la noche, se reanudó con la presencia de 152 diputados. Continuó la discusión sobre algunos puntos. Múgica aclaró el sentido del artículo transitorio, propuesto por la Comisión y en el Dictamen, que ordenaba la extinción, de pleno derecho, de las deudas que por razones de trabajo hubiesen contraído los trabajadores, hasta la fecha de la Constitución, con los patronos, sus familiares o intermediarios. Se rechazó una proposición de Gracielas para que se incluyera en el transitorio una disposición relativa a la validez de los contratos de trabajo hechos hasta la fecha.
Al sugerir el secretario se votaran, aisladamente, el art. 5o., el capítulo de trabajo y el transitorio, la Asamblea pidió se hiciera una votación conjunta. Se tomó la votación nominal y por la afirmativa votaron 163 diputados. Había nacido así el primer precepto que a nivel constitucional otorgó derechos a los trabajadores. México pasaba a la historia como el primer país que incorporaba las garantías sociales a una Constitución.
3. El texto del artículo 123
El texto aprobado por el Constituyente, tantas veces reformado y adi-nonado después, fue el siguiente:
Del trabajo y de la previsión social
Art. 123. El Congreso de la Unión y las Legislaturas de los Estados deberán expedir leyes sobre el trabajo, fundadas en las necesidades de cada región, sin contravenir a las bases siguientes, las cuales regirán el trabajo de los obreros, jornaleros, empleados, domésticos y artesanos, y de una manera general, todo contrato de trabajo.
I. La duración de la jornada máxima será de ocho horas;

II. La jornada máxima de trabajo nocturno será de siete horas. Quedan prohibidas las labores insalubres o peligrosas para las mujeres en general y para los jóvenes menores de dieciséis años. Queda también prohibido a unos y otros el trabajo nocturno industrial; y en los establecimientos comerciales no podrán trabajar después de las diez de la noche;

III. Los jóvenes mayores de doce años y menores de dieciséis, tendrán, como j jornada máxima, la de seis horas. El trabajo de los niños menores de doce años no podrá ser objeto de contrato;

IV. Por cada seis días de trabajo deberá disfrutar el operario de un día de i descanso, cuando menos;

V. Las mujeres, durante los tres meses anteriores al parto, no desempeñarán, trabajos físicos que exijan esfuerzo material considerable. En el mes siguiente parto, disfrutarán forzosamente de descanso, debiendo percibir su salario ir. gro y conservar su empleo y los derechos que hubieren adquirido por su c trato. En el período de lactancia tendrán dos descansos extraordinarios por c de media hora cada uno, para amamantar a sus hijos;

VI. El salario mínimo que deberá disfrutar el trabajador será el que se considere suficiente, atendiendo las condiciones de cada región, para satisfacer necesidades normales de la vida del obrero, su educación y sus placeres honestos, considerándolo como jefe de familia. En toda empresa agrícola, corriere fabril o minera, los trabajadores tendrán derecho a una participación en utilidades, que será regulada como indica la fracción IX:

VIL Para trabajo igual, debe corresponder salario igual, sin tener en cuerna I sexo ni nacionalidad;

VIII. El salario mínimo, quedará exceptuado de embargo, compensación a 1 descuento;

IX. La fijación del tipo de salario mínimo y de la participación en las utilidades a que se refiere la fracción VI, se hará por comisiones especiales que formarán en cada municipio, subordinadas a la Junta Central de Conciliar que se establecerá en cada Estado;

X. El salario deberá pagarse precisamente en moneda de curso legal,
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